Celestina Tenerías
Lo último que nos llega de la dulce y neblinosa Galicia aporta una variante digna de mención en el protagonismo histórico del señor Fraga Iribarne, en abundamiento del que glosaba aquí hace días mi estimado Félix Población. En aquella agraciada Comunidad, abocada a unos próximos comicios autonómicos un tanto opacos para el PP -a juzgar por algunas no muy favorables encuestas-, don Manuel, el anciano político forjado por el imperio hacia Dios, no sólo va a campear cual Rodrigo Díaz de Vivar en una última batalla, sino que va a asumir en la misma el papel de don Pelayo.
Esto, que podría sonar a leyenda de Santiago y cierra España, no lo ha divulgado ningún asaz reconcomido sociata arrimado al pesebre polanquista, sino el propio señor Fraga, espoleado sin duda por todos los impulsivos e inquietos afanes de reconquista nacional que su partido apetece tras el gran batacazo del 14-M. El viejo cazador de corzos, aún jactancioso de sus más que cuestionables aptitudes para la montería, está convencido de que en su muy querida tierra del grelo y la queimada se dirimirá el 19 de junio una nueva Covadonga.
Si después de tan vehemente propuesta de reencarnación histórica el Partido Popular pierde el gobierno en Compostela, es de temer que a don Mariano y a la actual ejecutiva les aceche otra reconquista con distinto héroe, pongamos que don José María, en quien también se aúnan los roles del Cid victorioso (después de su muerte política pero menos) y don Pelayo. Todo en provecho de la inaplazable y tantas veces perseguida consecución de una fiel y entusiasta delegación de Bush en España. No lo quieran las meigas.
sábado, 30 de abril de 2005
viernes, 29 de abril de 2005
El pájaro extinto del pico de marfil
Lazarillo
La nueva la dio la Universidad de Cornell a través del a no dudar perplejo científico John Fitzpatrick, del Laboratorio de Ornitología de dicha Universidad: el pájaro carpintero de pico de marfil, oficialmente dado por extinto en 1920, sobrevive en América del Norte. Las palabras de irreprimible entusiasmo del maravillado ornitólogo lo definen como el más hermoso pájaro que uno pudiera imaginar redescubrir. Esto es, a más de 25 centímetros de estampa y unas distintivas manchas negras y blancas en las alas, la imagen de todo un ave fénix reencarnado en vuelo y vida.
Si bien esa especie se declaró extinta hace más de ochenta años, posteriormente fue avistada la presencia de una hembra solitaria que sobrevolaba los restos de un bosque talado en la América septentrional. No debía ser su heroica soledad tan estricta como para que ahora se haya confirmado la presencia de un insólito descendiente. El observador del portento fue Gene Sparling, lugareño de Hots Springs, que tras contemplar al pájaro sobre los grandes bosques de Arkansas dio noticia del mismo a la Universidad de Cornell.
Tal parece que con estas informaciones la Naturaleza pretende dar fundados motivos al hombre para creer en el rescate de cuanto su inhumanidad depreda. Casi un siglo perdido de nuestra vista, el pájaro extinto de pico de marfil clama porque abramos los ojos a un horizonte más entero de esperanza.
La nueva la dio la Universidad de Cornell a través del a no dudar perplejo científico John Fitzpatrick, del Laboratorio de Ornitología de dicha Universidad: el pájaro carpintero de pico de marfil, oficialmente dado por extinto en 1920, sobrevive en América del Norte. Las palabras de irreprimible entusiasmo del maravillado ornitólogo lo definen como el más hermoso pájaro que uno pudiera imaginar redescubrir. Esto es, a más de 25 centímetros de estampa y unas distintivas manchas negras y blancas en las alas, la imagen de todo un ave fénix reencarnado en vuelo y vida.
Si bien esa especie se declaró extinta hace más de ochenta años, posteriormente fue avistada la presencia de una hembra solitaria que sobrevolaba los restos de un bosque talado en la América septentrional. No debía ser su heroica soledad tan estricta como para que ahora se haya confirmado la presencia de un insólito descendiente. El observador del portento fue Gene Sparling, lugareño de Hots Springs, que tras contemplar al pájaro sobre los grandes bosques de Arkansas dio noticia del mismo a la Universidad de Cornell.
Tal parece que con estas informaciones la Naturaleza pretende dar fundados motivos al hombre para creer en el rescate de cuanto su inhumanidad depreda. Casi un siglo perdido de nuestra vista, el pájaro extinto de pico de marfil clama porque abramos los ojos a un horizonte más entero de esperanza.
Voces en Silencio: el voto de los exiliados vascos
Félix Población
Bajo el epígrafe con el que titulamos hoy este comentario se agrupa una organización de víctimas del terrorismo. Literalmente, su aplicación a los miles de ciudadanos vascos que abandonaron aquel país por las coacciones y amenazas de ETA y su órbita de poder político y social es tan exacta como deplorable. Las cifras en torno a ese destierro rondan las doscientas mil personas, de las cuales una buena parte perdió su derecho a tener voz y voto en Euskadi. Demasiada gente, en verdad, para creer en la libre decisión de la sociedad vasca para forjar su futuro, esa añagaza del nacionalismo secesionista con la que el fibroso lehendakari en funciones pretendió forzar -a cuenta de su plan fraudulento- el sentido común de su propio electorado.
Pues bien, a la citada asociación se le ha ocurrido recientemente y con muy buen criterio proponer a don Gregorio Peces-Barba, alto comisionado de Ayuda a las Víctimas del Terrorismo, alguna fórmula para que esos vascos, forzados a salir de su tierra para vivir en paz, puedan votar en Euskadi. El señor Peces-Barba ha solicitado a tales efectos los oportunos informes de los peritos en Derecho Electoral para indagar si esa iniciativa puede tener cobertura legal.
Al margen de la complejidad que entrañe materializar el proyecto, aún en fase embrionaria, en la que cabe señalar la definición del propio término de exiliado y las pruebas demostrativas de que el elector a distancia abandonó su país como víctima de la coacción y las amenazas, la iniciativa se nos antoja de una lógica tan elemental que habría sido deseable su propuesta mucho antes. Sin duda el Plan Ibarreche motivó con sus chantajistas propósitos esa recuperación de las voces desterradas. Volverlas a oír en las urnas puede ser una obligación y un nuevo derecho de un Estado en armonía con la libertad.
Bajo el epígrafe con el que titulamos hoy este comentario se agrupa una organización de víctimas del terrorismo. Literalmente, su aplicación a los miles de ciudadanos vascos que abandonaron aquel país por las coacciones y amenazas de ETA y su órbita de poder político y social es tan exacta como deplorable. Las cifras en torno a ese destierro rondan las doscientas mil personas, de las cuales una buena parte perdió su derecho a tener voz y voto en Euskadi. Demasiada gente, en verdad, para creer en la libre decisión de la sociedad vasca para forjar su futuro, esa añagaza del nacionalismo secesionista con la que el fibroso lehendakari en funciones pretendió forzar -a cuenta de su plan fraudulento- el sentido común de su propio electorado.
Pues bien, a la citada asociación se le ha ocurrido recientemente y con muy buen criterio proponer a don Gregorio Peces-Barba, alto comisionado de Ayuda a las Víctimas del Terrorismo, alguna fórmula para que esos vascos, forzados a salir de su tierra para vivir en paz, puedan votar en Euskadi. El señor Peces-Barba ha solicitado a tales efectos los oportunos informes de los peritos en Derecho Electoral para indagar si esa iniciativa puede tener cobertura legal.
Al margen de la complejidad que entrañe materializar el proyecto, aún en fase embrionaria, en la que cabe señalar la definición del propio término de exiliado y las pruebas demostrativas de que el elector a distancia abandonó su país como víctima de la coacción y las amenazas, la iniciativa se nos antoja de una lógica tan elemental que habría sido deseable su propuesta mucho antes. Sin duda el Plan Ibarreche motivó con sus chantajistas propósitos esa recuperación de las voces desterradas. Volverlas a oír en las urnas puede ser una obligación y un nuevo derecho de un Estado en armonía con la libertad.
jueves, 28 de abril de 2005
También esta TVE maltrata a los niños
Félix Población
Es muy posible que la actual TVE, la de los socialistas, haya equilibrado en el terreno político la descarada manipulación partidista del ente en el pasado remoto y más inmediato. Al menos en eso hasta el Partido Popular ha mantenido un sintomático silencio crítico, algo que, habida cuenta la furia levantisca de la oposición, debería entenderse casi como un elogio.
Sin embargo, a ésta como a las precedentes TVE, a pesar de las insistentes propuestas de defensa de la calidad -aun a costa de la audiencia- y de la encomiable campaña de preservación para que el público infantil no asistiera a espectáculos de telebasura y violencia, le sigue faltando calidad -ahora también le falta audiencia- y respeto para con los niños.
La calidad está ausente de los telediarios -salvado el de la segunda cadena, magnífico, con una radiante y sugestiva Cristina Villanueva que dista años luz de la gélida inexpresión de sus colegas- y en los programas de libros (Extravagario), de una pedantería tan consagrada en los del género -antes y ahora- como extravagante. Es como si fuera definitivamente axiomático en TVE la riña entre cultura/literatura y amenidad, con Dragó el de las gafitas colgantes o con Rioyo el de Prisa.
En lo que se refiere al público infantil, los cambios para bien tampoco se han dejado notar. Incluso se han registrado casos de desatención o maltrato a esa audiencia como el presenciado el pasado sábado con el excelente programa de Fernando Argenta El Conciertazo. No se puede permitir el corte repentino de un espacio tan cualificado que reúne como ningún otro la diversión y la cultura. No hay inexcusable conexión en directo con la concesión del Premio Cervantes que lo justifique. Eso se prevé antes. Semejante falta de delicadeza para con nuestros menores, sin perdones ni disculpas expresas por parte de RTVE, constituye una evidencia de que en el ente sigue primando la cultura de la política sobre la política de la cultura. Lo manda la funcionarial pugna por el escalafón y el medre.
Es muy posible que la actual TVE, la de los socialistas, haya equilibrado en el terreno político la descarada manipulación partidista del ente en el pasado remoto y más inmediato. Al menos en eso hasta el Partido Popular ha mantenido un sintomático silencio crítico, algo que, habida cuenta la furia levantisca de la oposición, debería entenderse casi como un elogio.
Sin embargo, a ésta como a las precedentes TVE, a pesar de las insistentes propuestas de defensa de la calidad -aun a costa de la audiencia- y de la encomiable campaña de preservación para que el público infantil no asistiera a espectáculos de telebasura y violencia, le sigue faltando calidad -ahora también le falta audiencia- y respeto para con los niños.
La calidad está ausente de los telediarios -salvado el de la segunda cadena, magnífico, con una radiante y sugestiva Cristina Villanueva que dista años luz de la gélida inexpresión de sus colegas- y en los programas de libros (Extravagario), de una pedantería tan consagrada en los del género -antes y ahora- como extravagante. Es como si fuera definitivamente axiomático en TVE la riña entre cultura/literatura y amenidad, con Dragó el de las gafitas colgantes o con Rioyo el de Prisa.
En lo que se refiere al público infantil, los cambios para bien tampoco se han dejado notar. Incluso se han registrado casos de desatención o maltrato a esa audiencia como el presenciado el pasado sábado con el excelente programa de Fernando Argenta El Conciertazo. No se puede permitir el corte repentino de un espacio tan cualificado que reúne como ningún otro la diversión y la cultura. No hay inexcusable conexión en directo con la concesión del Premio Cervantes que lo justifique. Eso se prevé antes. Semejante falta de delicadeza para con nuestros menores, sin perdones ni disculpas expresas por parte de RTVE, constituye una evidencia de que en el ente sigue primando la cultura de la política sobre la política de la cultura. Lo manda la funcionarial pugna por el escalafón y el medre.
Celia Villalobos, sancionada por vivir en el mundo
Melibea del Huerto
Consta en las estadísticas del Congreso que el Partido Popular, en el transcurso de los últimos ocho años, mantuvo tal disciplina de voto entre sus diputados que las únicas sanciones contra sus señorías se debieron a motivos de ausencia. Ese recuento acaban de romperlo Celia Villalobos y Federico Trillo, bien que por razones diferentes. La primera votó a favor de la ley que aprueba el matrimonio entre homosexuales y el señor Trillo no se abstuvo ante la nueva legislación en torno a la reforma del divorcio, como su partido, sino que votó en contra.
Celia Villalobos, por personalidad y carácter, es una mujer de su tiempo. Fue en su día ministra de Sanidad y Consumo y mantuvo siempre, entonces y ahora, una sencillez de trato y una espontaneidad mediática inusuales en quienes alcanzan esos cargos y luego los lloran con hechuras de afectación revenida. Andaluza, vital, avispada, apegada al curso de la vida y a cuanto late en torno a los áridos predios de los dogmas ideológicos o los rigores partidistas, no podía mantener otra actitud que la que le ha valido esa magnífica sanción que la honra.
El colectivo de homosexuales y lesbianas debería reconocer y hasta homenajear a la indisciplinada doña Celia porque lo suyo ha sido más que un gesto. Representa una magnífica excepción de confianza, desde las filas de la derecha, en torno a proyectos políticos más abiertos, más libres y más en consonancia con nuestro entorno. Nuestra sociedad necesita con urgencia el despertar de esa derecha responsable y civilizada de la que Celia Villalobos acaba de dar testimonio. En la actual coyuntura, esa derecha haría mucho bien al país para sacudirnos de la tesonera e insidiosa campaña de crispación en la que un sector del PP y los medios a su sombra se enfangan.
Consta en las estadísticas del Congreso que el Partido Popular, en el transcurso de los últimos ocho años, mantuvo tal disciplina de voto entre sus diputados que las únicas sanciones contra sus señorías se debieron a motivos de ausencia. Ese recuento acaban de romperlo Celia Villalobos y Federico Trillo, bien que por razones diferentes. La primera votó a favor de la ley que aprueba el matrimonio entre homosexuales y el señor Trillo no se abstuvo ante la nueva legislación en torno a la reforma del divorcio, como su partido, sino que votó en contra.
Celia Villalobos, por personalidad y carácter, es una mujer de su tiempo. Fue en su día ministra de Sanidad y Consumo y mantuvo siempre, entonces y ahora, una sencillez de trato y una espontaneidad mediática inusuales en quienes alcanzan esos cargos y luego los lloran con hechuras de afectación revenida. Andaluza, vital, avispada, apegada al curso de la vida y a cuanto late en torno a los áridos predios de los dogmas ideológicos o los rigores partidistas, no podía mantener otra actitud que la que le ha valido esa magnífica sanción que la honra.
El colectivo de homosexuales y lesbianas debería reconocer y hasta homenajear a la indisciplinada doña Celia porque lo suyo ha sido más que un gesto. Representa una magnífica excepción de confianza, desde las filas de la derecha, en torno a proyectos políticos más abiertos, más libres y más en consonancia con nuestro entorno. Nuestra sociedad necesita con urgencia el despertar de esa derecha responsable y civilizada de la que Celia Villalobos acaba de dar testimonio. En la actual coyuntura, esa derecha haría mucho bien al país para sacudirnos de la tesonera e insidiosa campaña de crispación en la que un sector del PP y los medios a su sombra se enfangan.
miércoles, 27 de abril de 2005
El matrimonio homosexual: trifulca en el PP y corajina en la Iglesia
Félix Población
La negativa en primera instancia de varios alcaldes del PP de casar a parejas homosexuales, tal como la católica iglesia dispuso una vez aprobada la ley en el Parlamento, ha levantado una nueva trifulca en las interioridades del PP. Sólo el responsable del partido en Cataluña, señor Piqué, actuó con la energía y rigor necesarios expulsando a un militante, alcalde de un pueblecito de aquella Comunidad, por añadir a esa negativa una ofensa intolerable al colectivo afectado. Denigra a una formación política contar entre sus filas a elementos de esa laya, no sólo por su incongruencia mental sino porque constituyen una auténtica rémora para un partido con presencia activa y aspiraciones de representación social en el mundo corriente.
La nueva batahola entre los populares, ya sean alcaldes o concejales, fruto del ardor combativo del Vaticano en su oposición a la ley, no es lo más idóneo para que don Mariano Rajoy encare con lucidez de reflejos y sin ruido de fondo el próximo debate sobre el estado de la nación. Antes del 11 de mayo próximo, la ejecutiva del partido deberá acordar una línea clara de comportamiento ante el problema y eludir los riesgos de prevaricación que apelar a una supuesta objeción de conciencia puede comportar. Las diferencias de actitud entre el alcalde de Madrid, señor Ruiz Gallardón, dispuesto a cumplir la ley, y los alcaldes de Valladolid, León o Ávila, renuentes a ese acatamiento, pueden denotar algo más que diferencias de criterio en el seno de un partido.Máxime después de que un diputado del PP en las cortes valencianas, don Felipe del Baño, haya decidido hacer pública su homosexualidad.
Por lo que respecta a la católica iglesia, es de anhelar que esa primera corajina ceda con el tiempo ante las cuestiones pendientes, contantes y sonantes, que la institución mantiene con el actual gobierno acerca de su financiación. Cabe la posibilidad incluso de que esté utilizando su asonada por la ley en cuestión como fuerza de choque para obtener algunas concesiones que acaso estime más costoso lograr. No lo debe ver muy claro la jerarquía eclesiástica cuando el arzobispo emérito de Barcelona, monseñor Carles, ha llegado al demencial cotejo de asegurar que la obediencia a esa ley nos lleva a Auschwitz.
La negativa en primera instancia de varios alcaldes del PP de casar a parejas homosexuales, tal como la católica iglesia dispuso una vez aprobada la ley en el Parlamento, ha levantado una nueva trifulca en las interioridades del PP. Sólo el responsable del partido en Cataluña, señor Piqué, actuó con la energía y rigor necesarios expulsando a un militante, alcalde de un pueblecito de aquella Comunidad, por añadir a esa negativa una ofensa intolerable al colectivo afectado. Denigra a una formación política contar entre sus filas a elementos de esa laya, no sólo por su incongruencia mental sino porque constituyen una auténtica rémora para un partido con presencia activa y aspiraciones de representación social en el mundo corriente.
La nueva batahola entre los populares, ya sean alcaldes o concejales, fruto del ardor combativo del Vaticano en su oposición a la ley, no es lo más idóneo para que don Mariano Rajoy encare con lucidez de reflejos y sin ruido de fondo el próximo debate sobre el estado de la nación. Antes del 11 de mayo próximo, la ejecutiva del partido deberá acordar una línea clara de comportamiento ante el problema y eludir los riesgos de prevaricación que apelar a una supuesta objeción de conciencia puede comportar. Las diferencias de actitud entre el alcalde de Madrid, señor Ruiz Gallardón, dispuesto a cumplir la ley, y los alcaldes de Valladolid, León o Ávila, renuentes a ese acatamiento, pueden denotar algo más que diferencias de criterio en el seno de un partido.Máxime después de que un diputado del PP en las cortes valencianas, don Felipe del Baño, haya decidido hacer pública su homosexualidad.
Por lo que respecta a la católica iglesia, es de anhelar que esa primera corajina ceda con el tiempo ante las cuestiones pendientes, contantes y sonantes, que la institución mantiene con el actual gobierno acerca de su financiación. Cabe la posibilidad incluso de que esté utilizando su asonada por la ley en cuestión como fuerza de choque para obtener algunas concesiones que acaso estime más costoso lograr. No lo debe ver muy claro la jerarquía eclesiástica cuando el arzobispo emérito de Barcelona, monseñor Carles, ha llegado al demencial cotejo de asegurar que la obediencia a esa ley nos lleva a Auschwitz.
martes, 26 de abril de 2005
Las niñas de las guerras: más de cien mil esclavas del sexo y de la muerte
Félix Población
Es difícil hacerse a la idea de que tu hija, con sólo diez años, a la que acabas de dejar en el colegio con el primer beso del día, podría ser en Sri Lanka, Uganda o la República Democrática del Congo una niña de la guerra. Que su risa y sus lágrimas, fuentes de aprendizaje en el gozo y las primeras reprensiones de la vida, podrían amustiarse hasta el más hosco de los silencios ante la mutilación de todo su sentir de virgen rota, de toda su niñez desangrada por la ferocidad venal del instinto y la muerte. Cuesta creer que el dulce rostro de tu hija, dibujado en el rictus de ganar las vivencias como se gana el aire en libertad y anhelos, podría convertirse en una doliente expresión de sombra avejentada y dura surcada por el estigma deletéreo del odio.
Más de 120.000 niñas, algunas de ellas con apenas ochos años de edad, son forzadas a servir como combatientes o sirvientas en los oscuros y olvidados conflictos bélicos que afectan a esos países. Según la organización británica no gubernamental Save the Children (“Salven a los niños”), muchas de esas niñas fueron secuestradas y prácticamente todas han sido obligadas a ser esclavas sexuales o acompañantes de los combatientes. En Sri Lanka, nación que acaba de sufrir el devastador tsunami que conmovió más que avergonzó al primer mundo, 21.500 niñas están vinculadas a los grupos militares rebeldes. Cerca de 12.000 están asociadas a las fuerzas armadas en la República Democrática del Congo y unas 6.500 son reclutadas como soldados en Uganda por el Ejército de Resistencia del Señor.
Mike Aaronson, director general de Save the Children, parece clamar en el desierto cuando insiste en la necesidad de poner fin a tan atroz y desalmado pasaje de barbarie conjugado en presente. Su voz y la de su asociación no encuentran repercusión efectiva en la comunidad internacional. Los programas de rehabilitación previstos para estos fines –alega- son insuficientes e inapropiados para atender las necesidades de esas niñas de la guerra.
No jugaron con muñecas a ser madres. Secuestradas de la tierna caricia familiar y el hospitalario cuento del abuelo, es improbable que sus vientres alumbren otra cosa en el futuro que no sea la humillación y el asco, en el improbable supuesto de que tengan por delante el azaroso y arduo porvenir de criar esa angustia.
Es difícil hacerse a la idea de que tu hija, con sólo diez años, a la que acabas de dejar en el colegio con el primer beso del día, podría ser en Sri Lanka, Uganda o la República Democrática del Congo una niña de la guerra. Que su risa y sus lágrimas, fuentes de aprendizaje en el gozo y las primeras reprensiones de la vida, podrían amustiarse hasta el más hosco de los silencios ante la mutilación de todo su sentir de virgen rota, de toda su niñez desangrada por la ferocidad venal del instinto y la muerte. Cuesta creer que el dulce rostro de tu hija, dibujado en el rictus de ganar las vivencias como se gana el aire en libertad y anhelos, podría convertirse en una doliente expresión de sombra avejentada y dura surcada por el estigma deletéreo del odio.
Más de 120.000 niñas, algunas de ellas con apenas ochos años de edad, son forzadas a servir como combatientes o sirvientas en los oscuros y olvidados conflictos bélicos que afectan a esos países. Según la organización británica no gubernamental Save the Children (“Salven a los niños”), muchas de esas niñas fueron secuestradas y prácticamente todas han sido obligadas a ser esclavas sexuales o acompañantes de los combatientes. En Sri Lanka, nación que acaba de sufrir el devastador tsunami que conmovió más que avergonzó al primer mundo, 21.500 niñas están vinculadas a los grupos militares rebeldes. Cerca de 12.000 están asociadas a las fuerzas armadas en la República Democrática del Congo y unas 6.500 son reclutadas como soldados en Uganda por el Ejército de Resistencia del Señor.
Mike Aaronson, director general de Save the Children, parece clamar en el desierto cuando insiste en la necesidad de poner fin a tan atroz y desalmado pasaje de barbarie conjugado en presente. Su voz y la de su asociación no encuentran repercusión efectiva en la comunidad internacional. Los programas de rehabilitación previstos para estos fines –alega- son insuficientes e inapropiados para atender las necesidades de esas niñas de la guerra.
No jugaron con muñecas a ser madres. Secuestradas de la tierna caricia familiar y el hospitalario cuento del abuelo, es improbable que sus vientres alumbren otra cosa en el futuro que no sea la humillación y el asco, en el improbable supuesto de que tengan por delante el azaroso y arduo porvenir de criar esa angustia.
lunes, 25 de abril de 2005
Gobierno radical: el extremismo del Partido Popular
Félix Población
Se tiene la sensación, a lo largo de este último año en la oposición, de que el único objetivo del Partido Popular es cebar con demagogia a la facción más conservadora de su electorado. Al PP parece importarle un comino que entre sus nueve millones de votantes haya una mayoría muy equilibrada, ubicada en el centro ideológico, a la que pueden no sentarle muy bien las arrebatadas manifestaciones de sus líderes.
En esta ocasión ha sido don Mariano Rajoy, como antes lo fueron Zaplana, Acebes o el propio don José María -en quien este tipo de histerias no sorprenden-, el que ha acusado de radical al actual gobierno. Tal calificativo, sobre ser ridículo, va camino de tornarse muy peligroso por su reincidencia de uso, no sólo por el partido opositor sino por quienes propenden e incitan a esa jerga ultramontana desde el sectarismo mediático.
En esa línea insensata de comportamiento, el Partido Popular está jugando ahora con algo tan serio como el Pacto Antiterrorista, acuerdo vital para la gobernación en paz del Estado y el fin de la violencia etarra. La razón esgrimida ha sido el concurso del Partido Comunista de las Tierras Vascas en las recientes elecciones de esa comunidad, sin reconsiderar que fue el gobierno del señor Aznar, hace dos años, el que permitió la inscripción de esa formación política, con Acebes como ministro del Interior y don Mariano como vicepresidente.Bloquear ese frente común contra la violencia cuando acaba de producirse en Francia un importante robo de explosivos, con la presumible firme de ETA, es un infame despropósito.
Durante el año que acaba de cumplir el actual gobierno socialista al frente del Estado, el señor Rajoy ha sido recibido por el presidente de la nación diez veces más que el señor Zapatero por Aznar en toda una legislatura. El dato refrenda la intención expresa y fehaciente de diálogo por parte de Rodríguez Zapatero. Si el PP lo bloquea en algo tan decisivo como la lucha antiterrorista, una de dos: o en el Partido Popular hay una crisis de caballo por el liderazgo que lo tiene sumido en el desbarajuste, hasta el punto de perder los papeles, o se están dando en su interior crecientes tendencias extremistas y hasta cismáticas, más en armonía con los postulados ultras de señalados voceros de la intransigencia y el resentimiento que con la crítica constructiva e inteligente de una oposición responsable.
Se tiene la sensación, a lo largo de este último año en la oposición, de que el único objetivo del Partido Popular es cebar con demagogia a la facción más conservadora de su electorado. Al PP parece importarle un comino que entre sus nueve millones de votantes haya una mayoría muy equilibrada, ubicada en el centro ideológico, a la que pueden no sentarle muy bien las arrebatadas manifestaciones de sus líderes.
En esta ocasión ha sido don Mariano Rajoy, como antes lo fueron Zaplana, Acebes o el propio don José María -en quien este tipo de histerias no sorprenden-, el que ha acusado de radical al actual gobierno. Tal calificativo, sobre ser ridículo, va camino de tornarse muy peligroso por su reincidencia de uso, no sólo por el partido opositor sino por quienes propenden e incitan a esa jerga ultramontana desde el sectarismo mediático.
En esa línea insensata de comportamiento, el Partido Popular está jugando ahora con algo tan serio como el Pacto Antiterrorista, acuerdo vital para la gobernación en paz del Estado y el fin de la violencia etarra. La razón esgrimida ha sido el concurso del Partido Comunista de las Tierras Vascas en las recientes elecciones de esa comunidad, sin reconsiderar que fue el gobierno del señor Aznar, hace dos años, el que permitió la inscripción de esa formación política, con Acebes como ministro del Interior y don Mariano como vicepresidente.Bloquear ese frente común contra la violencia cuando acaba de producirse en Francia un importante robo de explosivos, con la presumible firme de ETA, es un infame despropósito.
Durante el año que acaba de cumplir el actual gobierno socialista al frente del Estado, el señor Rajoy ha sido recibido por el presidente de la nación diez veces más que el señor Zapatero por Aznar en toda una legislatura. El dato refrenda la intención expresa y fehaciente de diálogo por parte de Rodríguez Zapatero. Si el PP lo bloquea en algo tan decisivo como la lucha antiterrorista, una de dos: o en el Partido Popular hay una crisis de caballo por el liderazgo que lo tiene sumido en el desbarajuste, hasta el punto de perder los papeles, o se están dando en su interior crecientes tendencias extremistas y hasta cismáticas, más en armonía con los postulados ultras de señalados voceros de la intransigencia y el resentimiento que con la crítica constructiva e inteligente de una oposición responsable.
sábado, 23 de abril de 2005
Católicos contra la discriminación de los homosexuales
Lazarillo
Los recuerdo, en mi niñez ya lejana, vejados y humillados, víctimas de todas las miserias concertadas en contra de la libertad de ser cada cual el que era. Aquel tiempo de sombra y hostigamiento aún pervive en muchas mentalidades atrasadas en la inopia cerril de los dogmas y los prejuicios. De otra forma no se puede calificar la reacción inquisitorial de la católica iglesia, desde su sede central en El Vaticano, al comentar la reciente ley aprobada en nuestro Parlamento. Instigar a los funcionarios públicos de un país libre y soberano a la desobediencia civil, para no formalizar matrimonios entre homosexuales, supera toda previsión razonable de comportamiento por parte de un Estado sobre otro. Sólo se explica si la ingerencia parte de la Santa Sede y el Estado "rebelde" es España, a cuya larga historia le cabe el dudoso honor de haber sido sufriente nación más papista que el Papa, según certifican los rancios acuerdos preconstitucionales aún vigentes que privilegian a la confesión católica.
A propósito de la oposición de la alta jerarquía eclesiástica me permito traer hasta esta modesta bitácora algunos fragmentos suscritos por la otra iglesia católica, la que vive y respira cerca de la cotidianidad de los pueblos, en la base de las comunidades cristianas, a la orilla de los ríos de la vida, donde se involucra y pelea por los derechos y las prioridades de los más desfavorecidos. Pertenecen a un excelente artículo firmado por mi admirado convecino Quintín García, sacerdote dominico y cura rural, publicado el 24 de octubre del año pasado en El País. El texto le valió severas reconvenciones por parte de sus superiores y un masivo respaldo popular a su función pastoral en la pequeña localidad castellana donde la desempeña:
“Dicen que los católicos estamos en contra del matrimonio de los homosexuales. Lo han dicho estos días con belicosa vehemencia y melodía de viejas lamentaciones, tan propias, los obispos españoles, en colectivo y en particular, a tiempo y a destiempo, reclamando como única moralmente recta, también para la sociedad civil, su concepción del matrimonio. Yo no lo digo. Más bien digo que me parece muy bien que por fin no sean discriminadas, denigradas por su inclinación sexual las minorías homosexuales. Y que se les reconozca social y legislativamente sus derechos.(...)
Dicen los que dicen que los católicos estamos en contra del matrimonio de los homosexuales que lo dicen en nombre de Dios porque se apoyan en algunos textos de la Biblia y en el magisterio eclesiástico. Yo no lo digo.(...) Los eclesiásticos de cada época, a base de hilar argumentos de Biblia y conclusiones precipitadas, le han hecho decir a Dios muchas cosas que eran ellos –su ciencia, su cultura, sus intereses- los que las decían. (...)
¿No habrá llegado el momento de reconocer, como en tantos otros casos, que la condena de la homosexualidad, en nombre de Dios, ha sido un error porque se basaba en una ciencia y filosofía incorrectas? Yo pienso que sí. (...)
Si ser católico es ver la huella del Creador en las variadas y multiformes manifestaciones de la naturaleza, también en todas las manifestaciones diferentes de la sexualidad, y no sólo en algunas, yo soy católico. Yo soy católico si consiste en indagar con humildad, no en repetir y repetir el significado y aplicación hoy de las enseñanzas religiosas –no las culturales- recibidas de otra época, tantas veces difíciles de precisar y traducir.(...)
Si ser católico es respetar al prójimo en sus derechos, amarlo y no despreciarlo como se ha hecho y se hace con los homosexuales. (...) Si es aceptar que de muchas cosas de la vida uno no sabe nada, o poco, o sabe contradictoriamente, y a saltos, incluidas las cosas religiosas, yo soy católico.(...)
No usaré el púlpito de mi comunidad para defender los intereses de los obispos españoles –no los ideales católicos- en forma de leyes sobre la enseñanza religiosa católica; sobre el matrimonio civil para que se ajuste a la visión católica; sobre los privilegios de financiación de la iglesia católica; sobre los beneficiosos acuerdos Estado español-Estado vaticano. Intentaré usarlo para indagar “con temor y temblor”, y con la fuerza del Espíritu, el rostro amoroso de Dios, revelado en Jesús de Nazaret. Y la calle la usaré para alegrarme de que las minorías excluidas vean reconocidos sus derechos por los representantes legítimos de los ciudadanos.”
Los recuerdo, en mi niñez ya lejana, vejados y humillados, víctimas de todas las miserias concertadas en contra de la libertad de ser cada cual el que era. Aquel tiempo de sombra y hostigamiento aún pervive en muchas mentalidades atrasadas en la inopia cerril de los dogmas y los prejuicios. De otra forma no se puede calificar la reacción inquisitorial de la católica iglesia, desde su sede central en El Vaticano, al comentar la reciente ley aprobada en nuestro Parlamento. Instigar a los funcionarios públicos de un país libre y soberano a la desobediencia civil, para no formalizar matrimonios entre homosexuales, supera toda previsión razonable de comportamiento por parte de un Estado sobre otro. Sólo se explica si la ingerencia parte de la Santa Sede y el Estado "rebelde" es España, a cuya larga historia le cabe el dudoso honor de haber sido sufriente nación más papista que el Papa, según certifican los rancios acuerdos preconstitucionales aún vigentes que privilegian a la confesión católica.
A propósito de la oposición de la alta jerarquía eclesiástica me permito traer hasta esta modesta bitácora algunos fragmentos suscritos por la otra iglesia católica, la que vive y respira cerca de la cotidianidad de los pueblos, en la base de las comunidades cristianas, a la orilla de los ríos de la vida, donde se involucra y pelea por los derechos y las prioridades de los más desfavorecidos. Pertenecen a un excelente artículo firmado por mi admirado convecino Quintín García, sacerdote dominico y cura rural, publicado el 24 de octubre del año pasado en El País. El texto le valió severas reconvenciones por parte de sus superiores y un masivo respaldo popular a su función pastoral en la pequeña localidad castellana donde la desempeña:
“Dicen que los católicos estamos en contra del matrimonio de los homosexuales. Lo han dicho estos días con belicosa vehemencia y melodía de viejas lamentaciones, tan propias, los obispos españoles, en colectivo y en particular, a tiempo y a destiempo, reclamando como única moralmente recta, también para la sociedad civil, su concepción del matrimonio. Yo no lo digo. Más bien digo que me parece muy bien que por fin no sean discriminadas, denigradas por su inclinación sexual las minorías homosexuales. Y que se les reconozca social y legislativamente sus derechos.(...)
Dicen los que dicen que los católicos estamos en contra del matrimonio de los homosexuales que lo dicen en nombre de Dios porque se apoyan en algunos textos de la Biblia y en el magisterio eclesiástico. Yo no lo digo.(...) Los eclesiásticos de cada época, a base de hilar argumentos de Biblia y conclusiones precipitadas, le han hecho decir a Dios muchas cosas que eran ellos –su ciencia, su cultura, sus intereses- los que las decían. (...)
¿No habrá llegado el momento de reconocer, como en tantos otros casos, que la condena de la homosexualidad, en nombre de Dios, ha sido un error porque se basaba en una ciencia y filosofía incorrectas? Yo pienso que sí. (...)
Si ser católico es ver la huella del Creador en las variadas y multiformes manifestaciones de la naturaleza, también en todas las manifestaciones diferentes de la sexualidad, y no sólo en algunas, yo soy católico. Yo soy católico si consiste en indagar con humildad, no en repetir y repetir el significado y aplicación hoy de las enseñanzas religiosas –no las culturales- recibidas de otra época, tantas veces difíciles de precisar y traducir.(...)
Si ser católico es respetar al prójimo en sus derechos, amarlo y no despreciarlo como se ha hecho y se hace con los homosexuales. (...) Si es aceptar que de muchas cosas de la vida uno no sabe nada, o poco, o sabe contradictoriamente, y a saltos, incluidas las cosas religiosas, yo soy católico.(...)
No usaré el púlpito de mi comunidad para defender los intereses de los obispos españoles –no los ideales católicos- en forma de leyes sobre la enseñanza religiosa católica; sobre el matrimonio civil para que se ajuste a la visión católica; sobre los privilegios de financiación de la iglesia católica; sobre los beneficiosos acuerdos Estado español-Estado vaticano. Intentaré usarlo para indagar “con temor y temblor”, y con la fuerza del Espíritu, el rostro amoroso de Dios, revelado en Jesús de Nazaret. Y la calle la usaré para alegrarme de que las minorías excluidas vean reconocidos sus derechos por los representantes legítimos de los ciudadanos.”
viernes, 22 de abril de 2005
Aznar y Fraga, campeadores en Galicia
Félix Población
Se le podrán buscar muchas razones al adelanto de los comicios en Galicia, pero hay dos consideraciones, relativas en presente y futuro a los dos grandes patronos del Partido Popular, que no deben escapar a la estimación pública. Ambos líderes han demostrado un apego al poder que, en el caso de Aznar, parecía imprevisible tras limitar voluntariamente su plazo como presidente de la nación. En contra de ese principio ha jugado sin duda su nefasto final de partida, refrendado con las mentiras del 11-M, como si una salida tan poco airosa le obligara a enmendarla como líder repetidor.
Desde que se fue, don José María no ha dejado de estar presente. Sus libros, sus vídeos y sus manifestaciones públicas y viscerales, en muchos casos censurables, apenas han encontrado réplica crítica o matización en su partido, acaso porque el vasallaje que se le rinde por lealtad sea indicio de una posibilidad de retorno.
Que a don Manuel Fraga le va de lo lindo mandar es cosa que se conjuga con su talante y biología. Ya lo dijo en símil taurino que remeda la actitud de agónico sacrificio del propio Wojtyla. Lo suyo es morir en la plaza. El PP, consciente de ese afán de servicio, adelanta las elecciones porque teme que don Manuel, por su avanzada edad y maltrecha salud, pueda darles un disgusto antes de encabezar la campaña.
Apelar a un estado de crispación o al bloqueo del Plan Galicia por parte del gobierno de Madrid son excusas de poco fundamento. El Partido Popular teme que sin Fraga como cabeza de cartel pueda repetirse la substancial merma sufrida por CIU, privada de Jordi Pujol, en las últimas elecciones catalanas.
Aun así, con don Manuel en campeadora liza, bulle entre los bastidores del partido conservador un cierto hálito de aprensión ante lo que pueda depararles la tierra de don Mariano Rajoy. El porvenir de éste quedaría totalmente en entredicho si lo que se cosecha en Galicia apea al PP de la gobernación en Santiago. Puede que hasta la propia cohesión del partido sufriera las consecuencias. En tal circunstancia, sería más que presumible un retorno, desde la derecha de Bush, de don José María como líder salvador.
Se le podrán buscar muchas razones al adelanto de los comicios en Galicia, pero hay dos consideraciones, relativas en presente y futuro a los dos grandes patronos del Partido Popular, que no deben escapar a la estimación pública. Ambos líderes han demostrado un apego al poder que, en el caso de Aznar, parecía imprevisible tras limitar voluntariamente su plazo como presidente de la nación. En contra de ese principio ha jugado sin duda su nefasto final de partida, refrendado con las mentiras del 11-M, como si una salida tan poco airosa le obligara a enmendarla como líder repetidor.
Desde que se fue, don José María no ha dejado de estar presente. Sus libros, sus vídeos y sus manifestaciones públicas y viscerales, en muchos casos censurables, apenas han encontrado réplica crítica o matización en su partido, acaso porque el vasallaje que se le rinde por lealtad sea indicio de una posibilidad de retorno.
Que a don Manuel Fraga le va de lo lindo mandar es cosa que se conjuga con su talante y biología. Ya lo dijo en símil taurino que remeda la actitud de agónico sacrificio del propio Wojtyla. Lo suyo es morir en la plaza. El PP, consciente de ese afán de servicio, adelanta las elecciones porque teme que don Manuel, por su avanzada edad y maltrecha salud, pueda darles un disgusto antes de encabezar la campaña.
Apelar a un estado de crispación o al bloqueo del Plan Galicia por parte del gobierno de Madrid son excusas de poco fundamento. El Partido Popular teme que sin Fraga como cabeza de cartel pueda repetirse la substancial merma sufrida por CIU, privada de Jordi Pujol, en las últimas elecciones catalanas.
Aun así, con don Manuel en campeadora liza, bulle entre los bastidores del partido conservador un cierto hálito de aprensión ante lo que pueda depararles la tierra de don Mariano Rajoy. El porvenir de éste quedaría totalmente en entredicho si lo que se cosecha en Galicia apea al PP de la gobernación en Santiago. Puede que hasta la propia cohesión del partido sufriera las consecuencias. En tal circunstancia, sería más que presumible un retorno, desde la derecha de Bush, de don José María como líder salvador.
jueves, 21 de abril de 2005
Papa in pectore o las dotes premonitorias de Ratzinger en Compostela
Félix Población
Cristina Villanueva, la gentil y lozana presentadora de Noticias de la 2 -el más ameno de los telediarios en antena-, nos contó el miércoles una curiosa y reveladora historia a propósito del nuevo Papa Benedicto XVI. El mensajero de la noticia fue uno de esos amables hospederos que hacen del Camino de Santiago una profusa senda de hospitalidad. El hombre, en su condición de buen leonés apegado a la sobria veracidad narrativa, prestó al pasmoso relato una naturalidad de exposición no menos asombrosa.
Resulta que nada más asomarse el nuevo Papa a la Plaza de San Pedro, al buen hospedero berciano le sonó su cara en la memoria. Esa sintonía con el recuerdo quedó ratificada en cuanto conoció el nombre elegido por el nuevo pontífice. Benedicto XVI no sólo había visitado su hospedería hace cinco años, sino que el entonces cardenal peregrino había remitido al albergue, a la atención de su propietario, una amable postal desde Montpellier. El ilustre purpurado, además de suscribir el mensaje con sus dos apellidos, se permitía todo un alarde de dotes premonitorias a modo de posdata: futuro Papa Benedicto XVI.
Como no se le puede acusar a Joseph Ratzinger de tomar en vano la representación de Cristo en la tierra, cabe aventurar dos hipótesis, achacables en todo caso a un asomo de humana debilidad en el prelado: la primera se podría relacionar con la posibilidad de que Juan Pablo II, ya enfermo, cesara en el solio vaticano en el año 2000, tal como anotó en su testamento, y el teólogo alemán fuera su sustituto como Papa in pectore. La segunda tendría que ver con las miríficas cualidades del Camino, capaces de trocar en arúspices a quienes lo siguen con devota aquiescencia.
En todo caso, la fumatas negras previas de días atrás se nos antojan ahora un tanto retóricas. Pudiera ser que, dada la maltrecha salud de Wojyla, todo estuviera atado y bien atado mucho antes de la elección oficial.
Cristina Villanueva, la gentil y lozana presentadora de Noticias de la 2 -el más ameno de los telediarios en antena-, nos contó el miércoles una curiosa y reveladora historia a propósito del nuevo Papa Benedicto XVI. El mensajero de la noticia fue uno de esos amables hospederos que hacen del Camino de Santiago una profusa senda de hospitalidad. El hombre, en su condición de buen leonés apegado a la sobria veracidad narrativa, prestó al pasmoso relato una naturalidad de exposición no menos asombrosa.
Resulta que nada más asomarse el nuevo Papa a la Plaza de San Pedro, al buen hospedero berciano le sonó su cara en la memoria. Esa sintonía con el recuerdo quedó ratificada en cuanto conoció el nombre elegido por el nuevo pontífice. Benedicto XVI no sólo había visitado su hospedería hace cinco años, sino que el entonces cardenal peregrino había remitido al albergue, a la atención de su propietario, una amable postal desde Montpellier. El ilustre purpurado, además de suscribir el mensaje con sus dos apellidos, se permitía todo un alarde de dotes premonitorias a modo de posdata: futuro Papa Benedicto XVI.
Como no se le puede acusar a Joseph Ratzinger de tomar en vano la representación de Cristo en la tierra, cabe aventurar dos hipótesis, achacables en todo caso a un asomo de humana debilidad en el prelado: la primera se podría relacionar con la posibilidad de que Juan Pablo II, ya enfermo, cesara en el solio vaticano en el año 2000, tal como anotó en su testamento, y el teólogo alemán fuera su sustituto como Papa in pectore. La segunda tendría que ver con las miríficas cualidades del Camino, capaces de trocar en arúspices a quienes lo siguen con devota aquiescencia.
En todo caso, la fumatas negras previas de días atrás se nos antojan ahora un tanto retóricas. Pudiera ser que, dada la maltrecha salud de Wojyla, todo estuviera atado y bien atado mucho antes de la elección oficial.
miércoles, 20 de abril de 2005
Benedicto XVI: Más de lo mismo o peor
Félix Población
Como no pocos de sus fieles, soy de los que piensa que Juan Pablo II debió retirarse del solio pontificio mucho antes de inmolar su decadencia física a la aldea global. En ese sentido sigo creyendo que el nunc dimittis de su testamento espiritual, mediado el año 2000, expresaba esa humana y comprensible intención, propia de una persona ya seriamente enferma.
Su continuidad al frente de la iglesia de Roma a lo largo de todo un lustro, pregonada como un holocausto de entrega a la institución, contó con una ferviente feligresía proclive a la muy católica estimación y admiración del sacrificio. Esos cinco años de obstinada prórroga, sabiamente gobernados desde la curia vaticana mediante un intensivo despliegue mediático, le han valido a Wojtyla un meritorio pasaporte hacia la santidad y a la institución una decisiva credencial para la línea continuista y conservadora, refrendada ahora con la elección de Joseph Ratzinger.
Es de temer, aunque no se descarten del todo las sorpresas, que el papado del Benedicto XVI se inscriba en los derroteros del miedo que lo han gestado y sobre cuya mentalidad se expresaba no hace mucho el teólogo Leonardo Boff, silenciado precisamente por el cardenal alemán, según recordaba ayer Lazarillo: Lo que se da en Roma, sobre todo en la curia -dijo-, es miedo. Miedo a los laicos, mucho miedo a las mujeres, miedo a los pobres, miedo al pensamiento crítico y libre, miedo a que otras religiones puedan crecer más que el cristianismo. La misión de la iglesia sería, según Boff y la adscripción teológica que defiende, hacer del capital ético y espiritual de la fe, bíblicamente opuesta al miedo, una fuerza movilizadora contra la opresión y un motivo de liberación.
La pronta fumata blanca del pasado martes en el Vaticano no augura esos propósitos. Un nuevo Papa europeo podría hacer creer, por otra parte, que a la católica iglesia le preocupa la desmovilización vocacional que sufre la institución en el continente. No conseguirá paliarla, sin embargo, si se empecina en proseguir su misión contra natura y a la zaga de la vida.
Como no pocos de sus fieles, soy de los que piensa que Juan Pablo II debió retirarse del solio pontificio mucho antes de inmolar su decadencia física a la aldea global. En ese sentido sigo creyendo que el nunc dimittis de su testamento espiritual, mediado el año 2000, expresaba esa humana y comprensible intención, propia de una persona ya seriamente enferma.
Su continuidad al frente de la iglesia de Roma a lo largo de todo un lustro, pregonada como un holocausto de entrega a la institución, contó con una ferviente feligresía proclive a la muy católica estimación y admiración del sacrificio. Esos cinco años de obstinada prórroga, sabiamente gobernados desde la curia vaticana mediante un intensivo despliegue mediático, le han valido a Wojtyla un meritorio pasaporte hacia la santidad y a la institución una decisiva credencial para la línea continuista y conservadora, refrendada ahora con la elección de Joseph Ratzinger.
Es de temer, aunque no se descarten del todo las sorpresas, que el papado del Benedicto XVI se inscriba en los derroteros del miedo que lo han gestado y sobre cuya mentalidad se expresaba no hace mucho el teólogo Leonardo Boff, silenciado precisamente por el cardenal alemán, según recordaba ayer Lazarillo: Lo que se da en Roma, sobre todo en la curia -dijo-, es miedo. Miedo a los laicos, mucho miedo a las mujeres, miedo a los pobres, miedo al pensamiento crítico y libre, miedo a que otras religiones puedan crecer más que el cristianismo. La misión de la iglesia sería, según Boff y la adscripción teológica que defiende, hacer del capital ético y espiritual de la fe, bíblicamente opuesta al miedo, una fuerza movilizadora contra la opresión y un motivo de liberación.
La pronta fumata blanca del pasado martes en el Vaticano no augura esos propósitos. Un nuevo Papa europeo podría hacer creer, por otra parte, que a la católica iglesia le preocupa la desmovilización vocacional que sufre la institución en el continente. No conseguirá paliarla, sin embargo, si se empecina en proseguir su misión contra natura y a la zaga de la vida.
martes, 19 de abril de 2005
El fallecido tenía la voz entera
Félix Población
Ocurrió en Málaga hace una semana. La noticia obtuvo su relevancia en los medios porque para eso están los siempre llamativos titulares de la tragedia doméstica. Mueven al interés morboso y amontonan audiencia en torno a la gacetilla. Un contribuyente de cincuenta y tantos años con una enfermedad pulmonar crónica, habitante solitario de su domicilio como tres millones y pico más de ciudadanos españoles, se sintió repentinamente indispuesto y echó mano del 061. Había sufrido un desvanecimiento a las 20,36 horas y solicitó la pertinente asistencia médica. Repitió esa misma llamada, se supone que con una angustia incrementada por la creciente gravedad de su caso y el desolador sentimiento de olvido, a las 21,32 y a las 23,49. En la última hacía constar que su móvil se estaba quedando sin batería y que quizá no podría insistir en su petición de socorro.
Cuando la ambulancia se presentó en casa del enfermo al día siguiente –eran ya las 0,15 horas-, la única competencia que le cupo al facultativo fue confirmar la muerte del desatendido paciente. Éste, al parecer, había hablado con la voz tan entera a través del teléfono que su interlocutor no sospechó que la llamada fuera una urgencia vital.
Tal argumento, aun sin intención de excusa, mueve a patética guasa. En cuanto a la fatal ineptitud y falta de diligencia del servicio sanitario, culpables de hacer caso omiso a un agonizante durante cuatro horas, denuncian por sí mismas las carencias de un sistema de salud que dista mucho del que se merecería la tantas veces proclamada y no materializada sociedad de bienestar. Puede que la soledad del fallecido que tenía la voz entera nos represente más de lo que creemos en esta sociedad nuestra.
Ocurrió en Málaga hace una semana. La noticia obtuvo su relevancia en los medios porque para eso están los siempre llamativos titulares de la tragedia doméstica. Mueven al interés morboso y amontonan audiencia en torno a la gacetilla. Un contribuyente de cincuenta y tantos años con una enfermedad pulmonar crónica, habitante solitario de su domicilio como tres millones y pico más de ciudadanos españoles, se sintió repentinamente indispuesto y echó mano del 061. Había sufrido un desvanecimiento a las 20,36 horas y solicitó la pertinente asistencia médica. Repitió esa misma llamada, se supone que con una angustia incrementada por la creciente gravedad de su caso y el desolador sentimiento de olvido, a las 21,32 y a las 23,49. En la última hacía constar que su móvil se estaba quedando sin batería y que quizá no podría insistir en su petición de socorro.
Cuando la ambulancia se presentó en casa del enfermo al día siguiente –eran ya las 0,15 horas-, la única competencia que le cupo al facultativo fue confirmar la muerte del desatendido paciente. Éste, al parecer, había hablado con la voz tan entera a través del teléfono que su interlocutor no sospechó que la llamada fuera una urgencia vital.
Tal argumento, aun sin intención de excusa, mueve a patética guasa. En cuanto a la fatal ineptitud y falta de diligencia del servicio sanitario, culpables de hacer caso omiso a un agonizante durante cuatro horas, denuncian por sí mismas las carencias de un sistema de salud que dista mucho del que se merecería la tantas veces proclamada y no materializada sociedad de bienestar. Puede que la soledad del fallecido que tenía la voz entera nos represente más de lo que creemos en esta sociedad nuestra.
Días de fumata: Según el teólogo Boff, la curia tiene miedo
Lazarillo
Lo dijo hace días el teólogo brasileño de la liberación silenciado por el papable Ratzinger, junto a otros 140 durante el largo pontificado censorio de Juan Pablo II: Lo que se da en Roma, sobre todo en la curia, es miedo. Miedo a los laicos, mucho miedo a las mujeres, miedo a los pobres y al Tercer Mundo, miedo al pensamiento crítico y libre, miedo a que otras religiones puedan crecer más que el cristianismo y no sé cuántos miedos más.
Leonardo Boff considera que lo que se opone a la fe no es la negación de Dios o el ateísmo. Bíblicamente, lo que se opone a la fe es precisamente el miedo. Ante los derroteros que debería tomar la iglesia de Roma, el teólogo insiste en que el camino es hacer del capital ético y espiritual de la fe una fuerza movilizadora contra la opresión y un motivo de liberación. Acerca del Papa deseable, sus expectativas se centran en un pontífice pastor y no doctrinario, un Papa que desromanice a la iglesia reforzando las iglesias locales y su diálogo entre las culturas.
La fumata negra de ayer en el Vaticano mantiene de momento esas expectativas, pues todo hace indicar que las preferencias por Joseph Ratzinger, en lucha contra la dictadura hedonista del relativismo desde sus postulados dogmáticos, se quemaron en esa primera votación, aunque quizá renazcan hoy de sus cenizas. De no ser así, acaso se dé la mejor de las sorpresas y tengamos un Papa menos anacrónico.
Lo dijo hace días el teólogo brasileño de la liberación silenciado por el papable Ratzinger, junto a otros 140 durante el largo pontificado censorio de Juan Pablo II: Lo que se da en Roma, sobre todo en la curia, es miedo. Miedo a los laicos, mucho miedo a las mujeres, miedo a los pobres y al Tercer Mundo, miedo al pensamiento crítico y libre, miedo a que otras religiones puedan crecer más que el cristianismo y no sé cuántos miedos más.
Leonardo Boff considera que lo que se opone a la fe no es la negación de Dios o el ateísmo. Bíblicamente, lo que se opone a la fe es precisamente el miedo. Ante los derroteros que debería tomar la iglesia de Roma, el teólogo insiste en que el camino es hacer del capital ético y espiritual de la fe una fuerza movilizadora contra la opresión y un motivo de liberación. Acerca del Papa deseable, sus expectativas se centran en un pontífice pastor y no doctrinario, un Papa que desromanice a la iglesia reforzando las iglesias locales y su diálogo entre las culturas.
La fumata negra de ayer en el Vaticano mantiene de momento esas expectativas, pues todo hace indicar que las preferencias por Joseph Ratzinger, en lucha contra la dictadura hedonista del relativismo desde sus postulados dogmáticos, se quemaron en esa primera votación, aunque quizá renazcan hoy de sus cenizas. De no ser así, acaso se dé la mejor de las sorpresas y tengamos un Papa menos anacrónico.
lunes, 18 de abril de 2005
Jaque al lehendakari
Félix Población
No ocurrió lo mejor que podía suceder, pero casi. Las elecciones del domingo supusieron una derrota en toda regla del Plan Ibarreche, no sólo por la sustanciosa pérdida de votos del Partido Nacionalista sino por el alto índice de abstención registrado: uno de cada tres vascos no acudió a las urnas. Esto, habida cuenta el carácter plebiscitario que quiso dar a la convocatoria el fibroso lehendakari, también puede suponer una respuesta de rechazo a sus excesos soberanistas. Acaso entre los suyos se haya dado un porcentaje de electores capaz de eximirse como indicio reprobatorio antes que votar a otra alternativa no nacionalista. Por muy descomedidos que sean los afanes independentistas de un sector del PNV, la sigla comunista de EHEK no cabe en su horizonte conservador.
La lista blanca de Batasuna obtuvo más apoyo del esperado, cierto, pero no mucho más del que le asegura una nutrida fidelidad militante durante decenios, con probada y experimentada capacidad de movilización. A su favor ha jugado, además, toda la propaganda gratuita recibida a costa de su problemática legalización. Ahora, con nueve diputados, hay quien piensa que el futuro de EHEK puede ser el mismo de Batasuna si en sus postulados no cabe una condena expresa del terrorismo. De no darse esa formulación, se repetiría la credencial de ilegalidad contra el Partido Comunista de las Tierras Vascas y al PNV no le cabría otra posibilidad que la de pactar con el Partido Socialista de Euskadi para la formación del nuevo gobierno autónomo.
Sería lo más positivo que podría ocurrir en el País Vasco tras los elocuentes resultados de los recientes comicios. Después de una campaña electoral con ETA ausente, la ciudadanía supo dar la medida más cabal de una sociedad pluralista, acaso con más libertad y menos aprensión que en ocasiones precedentes. Lo que se merece esa sociedad ahora es que los políticos la representen y acrediten con los valores de la paz y la palabra, aglutinadores esenciales de la convivencia frente a la secesión.
No ocurrió lo mejor que podía suceder, pero casi. Las elecciones del domingo supusieron una derrota en toda regla del Plan Ibarreche, no sólo por la sustanciosa pérdida de votos del Partido Nacionalista sino por el alto índice de abstención registrado: uno de cada tres vascos no acudió a las urnas. Esto, habida cuenta el carácter plebiscitario que quiso dar a la convocatoria el fibroso lehendakari, también puede suponer una respuesta de rechazo a sus excesos soberanistas. Acaso entre los suyos se haya dado un porcentaje de electores capaz de eximirse como indicio reprobatorio antes que votar a otra alternativa no nacionalista. Por muy descomedidos que sean los afanes independentistas de un sector del PNV, la sigla comunista de EHEK no cabe en su horizonte conservador.
La lista blanca de Batasuna obtuvo más apoyo del esperado, cierto, pero no mucho más del que le asegura una nutrida fidelidad militante durante decenios, con probada y experimentada capacidad de movilización. A su favor ha jugado, además, toda la propaganda gratuita recibida a costa de su problemática legalización. Ahora, con nueve diputados, hay quien piensa que el futuro de EHEK puede ser el mismo de Batasuna si en sus postulados no cabe una condena expresa del terrorismo. De no darse esa formulación, se repetiría la credencial de ilegalidad contra el Partido Comunista de las Tierras Vascas y al PNV no le cabría otra posibilidad que la de pactar con el Partido Socialista de Euskadi para la formación del nuevo gobierno autónomo.
Sería lo más positivo que podría ocurrir en el País Vasco tras los elocuentes resultados de los recientes comicios. Después de una campaña electoral con ETA ausente, la ciudadanía supo dar la medida más cabal de una sociedad pluralista, acaso con más libertad y menos aprensión que en ocasiones precedentes. Lo que se merece esa sociedad ahora es que los políticos la representen y acrediten con los valores de la paz y la palabra, aglutinadores esenciales de la convivencia frente a la secesión.
sábado, 16 de abril de 2005
Fragmentos para una jornada de reflexión en el País Vasco
Fernando Savater*
*Sin duda no puede excluirse que antes o después el nacionalismo vasco radical propicie un nacionalismo español simétrico pero opuesto. Por eso mismo nos oponemos al primero, que es el que hay: para no darle ocasión de que acabe creando escuela.
*Si una sociedad de ciudadanos se ve sustituida por la fuerza por una comunidad étnica en la CE, quizá mañana salgan otras propuestas del mismo signo que despedacen a otras democracias vigentes, sean en Córcega, en la Padania o Dios sabe dónde. Sería el final de la Europa cosmopolita, plural e ilustrada que se pretende conseguir. En efecto, es posible que lo que hoy se está dilucidando en el País Vasco no es el futuro de la unidad de España sino el de la Unión Europea. Puede que de nuevo España sirva de escenario al ensayo general de una tragedia que asolará mañana a todo el continente.
*La identidad y la articulación de España es hoy un problema acuciante sólo porque lo quieren los nacionalistas y los políticos que tratan de disputarles el espacio electoral, y no porque preocupe a la inmensa mayoría de los ciudadanos...¡ni siquiera en las comunidades llamadas “históricas”, como si las demás careciesen de pasado! Seguir convirtiendo en eje del proyecto futuro del gobierno nuevas vueltas de tuerca al autonomismo ya ultraconsagrado refuerza la quejas de los disgregadores mientras desalienta a quienes realmente quieren creer en España como una comunidad y no como una maldición inventada por Aznar por orden del presidente Bush. Lo que está fastidiando a este país no es el nacionalismo de los nacionalistas, que después de todo no son tantos, sino el filonacionalismo contemporizador de los no nacionalistas.
*Con la colaboración directa o indirecta, la pasividad al menos, del gobierno nacionalista (que siempre ha condenado la violencia pero ha procurado distinguir a los violentos como parte de los "suyos" y nunca ha renuciado a aprovechar las ventajas que la intimidación de la sociedad ofrece a sus ideas), el terrorismo etarra ha resultado rentable a muchos en el País Vasco. Merced a él han podido florecer plantas carnívoras como el Plan Ibarretxe y fenómenos de teratología política adyacentes, destinados a establecer quiénes son vascos óptimo iure y quiénes son españoles o, aún peor, españolistas.
_____________________________________
*El gran fraude
Santillana Ediciones Generales, 2005.
*Sin duda no puede excluirse que antes o después el nacionalismo vasco radical propicie un nacionalismo español simétrico pero opuesto. Por eso mismo nos oponemos al primero, que es el que hay: para no darle ocasión de que acabe creando escuela.
*Si una sociedad de ciudadanos se ve sustituida por la fuerza por una comunidad étnica en la CE, quizá mañana salgan otras propuestas del mismo signo que despedacen a otras democracias vigentes, sean en Córcega, en la Padania o Dios sabe dónde. Sería el final de la Europa cosmopolita, plural e ilustrada que se pretende conseguir. En efecto, es posible que lo que hoy se está dilucidando en el País Vasco no es el futuro de la unidad de España sino el de la Unión Europea. Puede que de nuevo España sirva de escenario al ensayo general de una tragedia que asolará mañana a todo el continente.
*La identidad y la articulación de España es hoy un problema acuciante sólo porque lo quieren los nacionalistas y los políticos que tratan de disputarles el espacio electoral, y no porque preocupe a la inmensa mayoría de los ciudadanos...¡ni siquiera en las comunidades llamadas “históricas”, como si las demás careciesen de pasado! Seguir convirtiendo en eje del proyecto futuro del gobierno nuevas vueltas de tuerca al autonomismo ya ultraconsagrado refuerza la quejas de los disgregadores mientras desalienta a quienes realmente quieren creer en España como una comunidad y no como una maldición inventada por Aznar por orden del presidente Bush. Lo que está fastidiando a este país no es el nacionalismo de los nacionalistas, que después de todo no son tantos, sino el filonacionalismo contemporizador de los no nacionalistas.
*Con la colaboración directa o indirecta, la pasividad al menos, del gobierno nacionalista (que siempre ha condenado la violencia pero ha procurado distinguir a los violentos como parte de los "suyos" y nunca ha renuciado a aprovechar las ventajas que la intimidación de la sociedad ofrece a sus ideas), el terrorismo etarra ha resultado rentable a muchos en el País Vasco. Merced a él han podido florecer plantas carnívoras como el Plan Ibarretxe y fenómenos de teratología política adyacentes, destinados a establecer quiénes son vascos óptimo iure y quiénes son españoles o, aún peor, españolistas.
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*El gran fraude
Santillana Ediciones Generales, 2005.
viernes, 15 de abril de 2005
Historia de la Mierda
Félix Población
El que precede a estas líneas parece un epígrafe efectista con el que llamar a enganche al ocioso lector acerca de tan escatológica materia. También podría servir de reclamo para concertar una reflexiva y desalentadora sátira sobre el entorno medioambiental que nos embarga. Lo cierto es que el título obedece estrictamente a la cuestión argumental, y tal como aquí figura, aparece y responde a la convocatoria de la Universidad de Huelva, promotora de un curso bajo esa denominación.
La lección inaugural ya ha sido dictada por el distinguido catedrático don Manuel Alvar, que lo es de la Complutense de Madrid, con asiento de número en la RAE. Habida cuenta los méritos del conferenciante y el enunciado que glosa su alocución, Del vientre al diccionario, paseo por el campo de la defecación, no cabe ninguna duda sobre la amenidad, agudeza y calidad de la misma. Confieso mi ansiedad por conocerla.
En cuanto al resto de ponencias, todas a cargo de distinguidos humanistas, es muy posible que sus méritos compitan con los del texto inaugural. Versarán sobre muy variados y curiosos asuntos, desde la psicología de lo escatológico a la perspectiva biológica, sin olvidar la crónica de costumbres o una dilatada antología poética de la mierda a lo largo de los siglos, de la Gracia antigua a la contracultura punk.
Si el curso, organizado el por Grupo de Investigación, Literatura e Historia de las Mentalidades, ya ha tenido una gran acogida presencial por parte del alumnado de la universidad onubense, es de augurar que la complete con su ulterior difusión mediática. No sólo lo justifica la indudable originalidad e interés de la propuesta, sino la prometedora expectativa de futuro del tema.
El que precede a estas líneas parece un epígrafe efectista con el que llamar a enganche al ocioso lector acerca de tan escatológica materia. También podría servir de reclamo para concertar una reflexiva y desalentadora sátira sobre el entorno medioambiental que nos embarga. Lo cierto es que el título obedece estrictamente a la cuestión argumental, y tal como aquí figura, aparece y responde a la convocatoria de la Universidad de Huelva, promotora de un curso bajo esa denominación.
La lección inaugural ya ha sido dictada por el distinguido catedrático don Manuel Alvar, que lo es de la Complutense de Madrid, con asiento de número en la RAE. Habida cuenta los méritos del conferenciante y el enunciado que glosa su alocución, Del vientre al diccionario, paseo por el campo de la defecación, no cabe ninguna duda sobre la amenidad, agudeza y calidad de la misma. Confieso mi ansiedad por conocerla.
En cuanto al resto de ponencias, todas a cargo de distinguidos humanistas, es muy posible que sus méritos compitan con los del texto inaugural. Versarán sobre muy variados y curiosos asuntos, desde la psicología de lo escatológico a la perspectiva biológica, sin olvidar la crónica de costumbres o una dilatada antología poética de la mierda a lo largo de los siglos, de la Gracia antigua a la contracultura punk.
Si el curso, organizado el por Grupo de Investigación, Literatura e Historia de las Mentalidades, ya ha tenido una gran acogida presencial por parte del alumnado de la universidad onubense, es de augurar que la complete con su ulterior difusión mediática. No sólo lo justifica la indudable originalidad e interés de la propuesta, sino la prometedora expectativa de futuro del tema.
jueves, 14 de abril de 2005
Y ahora, una de milagros, ya
Félix Población
Habrá que prepararse para la de milagros que se nos vienen encima a cuenta de la santidad del nuevo Papa Magno, y que acaso requeriría un seguimiento de esa mirífica senda iniciada ya con tres testimonios, tres, en las personas enfermas de un niño mejicano, un atleta paralimpico y un cardenal tocados por la gracia del finado pontífice.
Tengo entendido, sin embargo, que no basta con que el tacto papal haya curado en vida y sentidos del difunto, sino que lo suyo o lo que hace al caso para subir a los altares es que su influencia sanadora proceda del más allá. Esto es algo para lo que de momento no parece creíble que haya tenido tiempo material, por mucha y urgida diligencia que sus respetables devotos, entre los que se cuentan algunos subordinados purpurados, quieran prestarle al caso. La ayuda del Opus será muy provechosa en tal cometido, en correspondencia con los favores recibidos y la celeridad con que su monseñor fue beatificado.
Con esa actitud añejamente retrospectiva me temo que a la católica iglesia siguen sin asomarle intenciones de modernidad, de puntual ubicación y flexible engranaje en la realidad latiente de nuestro mundo. Empeñarse en hacer de la sucesión de Juan Pablo II un inicial tránsito por la milagrería para meterlo en las hornacinas del culto es como para dudar de toda esperanzadora posibilidad de aggiornamento.
Habrá que rastrear en lo sucesivo, a fin de atisbar si se baten los record de santificadores procedimientos hasta ahora vigentes, las miríficas noticias que puedan producirse en los próximos meses, pues si es mucha la prisa para darle a Su Santidad el doble idem es de temer que se acumulen los portentos y se colmen muy pronto las prodigiosas crónicas.
Habrá que prepararse para la de milagros que se nos vienen encima a cuenta de la santidad del nuevo Papa Magno, y que acaso requeriría un seguimiento de esa mirífica senda iniciada ya con tres testimonios, tres, en las personas enfermas de un niño mejicano, un atleta paralimpico y un cardenal tocados por la gracia del finado pontífice.
Tengo entendido, sin embargo, que no basta con que el tacto papal haya curado en vida y sentidos del difunto, sino que lo suyo o lo que hace al caso para subir a los altares es que su influencia sanadora proceda del más allá. Esto es algo para lo que de momento no parece creíble que haya tenido tiempo material, por mucha y urgida diligencia que sus respetables devotos, entre los que se cuentan algunos subordinados purpurados, quieran prestarle al caso. La ayuda del Opus será muy provechosa en tal cometido, en correspondencia con los favores recibidos y la celeridad con que su monseñor fue beatificado.
Con esa actitud añejamente retrospectiva me temo que a la católica iglesia siguen sin asomarle intenciones de modernidad, de puntual ubicación y flexible engranaje en la realidad latiente de nuestro mundo. Empeñarse en hacer de la sucesión de Juan Pablo II un inicial tránsito por la milagrería para meterlo en las hornacinas del culto es como para dudar de toda esperanzadora posibilidad de aggiornamento.
Habrá que rastrear en lo sucesivo, a fin de atisbar si se baten los record de santificadores procedimientos hasta ahora vigentes, las miríficas noticias que puedan producirse en los próximos meses, pues si es mucha la prisa para darle a Su Santidad el doble idem es de temer que se acumulen los portentos y se colmen muy pronto las prodigiosas crónicas.
miércoles, 13 de abril de 2005
Memoria republicana un tanto personal (con motivo del 14 de abril de 1931)
Félix Población
Es descorazonador conmemorar un ideal en minoría, pero aún lo es más pasar por alto su significado histórico en una España que pretendió en su nombre acabar con la oligarquía y el caciquismo, esas dos lacras mayúsculas que arrumbaron a nuestro país en la miseria, el atraso y la incuria cultural.
Con aquel alentador proyecto de regeneración fomentado por la España de la idea acabó la España de la rabia. Pero aún hoy, en contados recordatorios, hay quienes se empecinan cada 14 de Abril en que la Segunda República no habite para siempre en el olvido. Para ellos va el texto que comento, entresacado de los archivos más menudos de la Historia, a veces tan reveladores.
No sé qué pensarán las jóvenes generaciones de futuros periodistas, actualmente en la Universidad y a la espera quizá de un ambicioso ejercicio profesional que colme sus apetencias vocacionales. Quizá los compromisos que estipula el enunciado del pasquín que traigo a colación no sean los más puntuables para colarse en las nóminas de cierto empresariado mediático, cada vez más acuciado por rendir cuentas comerciales en sus negocios múltiples y soslayar elementales principios deontológicos.
Puede incluso que hasta resulte de una candidez vergonzante sacarlo a la luz en el actual contexto social, tan desarropado de valores cívicos. Ni en la política ni en ese tipo de periodismo mercantilista apegado al poder encontramos muy caracterizados los criterios éticos que deberían sustentar tan fundamentales reflejos del espejo público de un país. Sólo basta con haber frecuentado esos ámbitos durante un no corto periodo biográfico para saber hasta qué punto distan de aquella filosofía republicana.
Tampoco primaban, desde luego, en los tiempos en que el que suscribe decidió estudiar Periodismo y dedicarse al oficio con la fe del novicio. Entonces, sin embargo, al término de la dictadura, era justo y necesario dejarse llevar por los frescos vientos de una razonable utopía. Cabía esperar muchas cosas del futuro porque en el presente faltaba la esencial, que era la libertad de expresarse. Esa necesidad sin duda favoreció el efecto que tuvieron en mí los llamados Mandamientos de la Ley Republicana, expurgados del viejo archivo de un querido familiar exiliado, y que dotaron de sentido y horizonte los primeros pasos de mi carrera profesional. Esto dicen y transcribo literalmente:
El primero, amar a la Justicia sobre todas las cosas; el segundo, rendir culto a la Dignidad; el tercero, vivir con honestidad; el cuarto, intervenir rectamente en la vida política; el quinto, cultivar la inteligencia; el sexto, propagar la instrucción; el séptimo, trabajar; el octavo, ahorrar; el noveno, proteger al débil; el décimo, no procurar el beneficio propio a costa del perjuicio ajeno.
El texto de la octavilla de mano, editada en la imprenta Gutemberg de Guadalajara el 31 de Mayo de 1931, y para la que se rogaba la mayor publicidad posible, comenta asimismo cada uno de esos mandamientos con meridiana claridad conceptual: Quien ama la justicia sobre todas las cosas no hace daño a nadie; respeta los derechos ajenos y hace respetar los propios. Quien rinde culto a la dignidad, se lo rinde a la libertad y la igualdad; ni avasalla a nadie, ni por nada se deja avasallar; ni reconoce primacías innatas, ni acata privilegios infundados. Ésas son las glosas de los dos primeros. Por resultar obvias las explicaciones de la mayoría de los restantes, sólo me parece destacable resaltar el octavo, donde se preconiza consumir menos de lo que se produzca, para crecer así los bienes de la Patria y de la Humanidad, y el décimo, que veda todas las explotaciones del hombre por el hombre, y todas las protecciones legales consistentes en aumentar los provechos de unos a costa de los bienes de otros.
Ignoro si los jóvenes estudiantes de periodismo comulgarán ahora con el mismo convencimiento que el mocerío universitario de los primeros setenta con esa estimulante filosofía. Supongo que sí compartirán sus nociones porque no otras han de ser las que avalan la conciencia teórica de su profesión. No obstante, como entre los que se postula y lo que se ejerce suele mediar el abismo de una práctica enviciada en la cotidiana realidad, me he permitido rescatar ese viejo pasquín de la Historia por la potencialidad de su resonancia y la posibilidad de su eco.
No puedo olvidar que el texto lleva como singular epígrafe A todas las buenas personas, y que éstas, las buenas gentes, son algo fundamental en la encarnadura y regeneración social de cada época. Por ellas, en las que es forzoso creer por encima de cualquier circunstancia histórica, se siguen mereciendo el periodismo y la política los principios de conducta que proclamaban los viejos mandamientos de la República Española del 14 de Abril. Principios por los que el abuelo del señor Rodríguez Zapatero dio la vida y a los que el propio presidente de España aludió al término de su discurso de investidura hace justamente un año.
Es descorazonador conmemorar un ideal en minoría, pero aún lo es más pasar por alto su significado histórico en una España que pretendió en su nombre acabar con la oligarquía y el caciquismo, esas dos lacras mayúsculas que arrumbaron a nuestro país en la miseria, el atraso y la incuria cultural.
Con aquel alentador proyecto de regeneración fomentado por la España de la idea acabó la España de la rabia. Pero aún hoy, en contados recordatorios, hay quienes se empecinan cada 14 de Abril en que la Segunda República no habite para siempre en el olvido. Para ellos va el texto que comento, entresacado de los archivos más menudos de la Historia, a veces tan reveladores.
No sé qué pensarán las jóvenes generaciones de futuros periodistas, actualmente en la Universidad y a la espera quizá de un ambicioso ejercicio profesional que colme sus apetencias vocacionales. Quizá los compromisos que estipula el enunciado del pasquín que traigo a colación no sean los más puntuables para colarse en las nóminas de cierto empresariado mediático, cada vez más acuciado por rendir cuentas comerciales en sus negocios múltiples y soslayar elementales principios deontológicos.
Puede incluso que hasta resulte de una candidez vergonzante sacarlo a la luz en el actual contexto social, tan desarropado de valores cívicos. Ni en la política ni en ese tipo de periodismo mercantilista apegado al poder encontramos muy caracterizados los criterios éticos que deberían sustentar tan fundamentales reflejos del espejo público de un país. Sólo basta con haber frecuentado esos ámbitos durante un no corto periodo biográfico para saber hasta qué punto distan de aquella filosofía republicana.
Tampoco primaban, desde luego, en los tiempos en que el que suscribe decidió estudiar Periodismo y dedicarse al oficio con la fe del novicio. Entonces, sin embargo, al término de la dictadura, era justo y necesario dejarse llevar por los frescos vientos de una razonable utopía. Cabía esperar muchas cosas del futuro porque en el presente faltaba la esencial, que era la libertad de expresarse. Esa necesidad sin duda favoreció el efecto que tuvieron en mí los llamados Mandamientos de la Ley Republicana, expurgados del viejo archivo de un querido familiar exiliado, y que dotaron de sentido y horizonte los primeros pasos de mi carrera profesional. Esto dicen y transcribo literalmente:
El primero, amar a la Justicia sobre todas las cosas; el segundo, rendir culto a la Dignidad; el tercero, vivir con honestidad; el cuarto, intervenir rectamente en la vida política; el quinto, cultivar la inteligencia; el sexto, propagar la instrucción; el séptimo, trabajar; el octavo, ahorrar; el noveno, proteger al débil; el décimo, no procurar el beneficio propio a costa del perjuicio ajeno.
El texto de la octavilla de mano, editada en la imprenta Gutemberg de Guadalajara el 31 de Mayo de 1931, y para la que se rogaba la mayor publicidad posible, comenta asimismo cada uno de esos mandamientos con meridiana claridad conceptual: Quien ama la justicia sobre todas las cosas no hace daño a nadie; respeta los derechos ajenos y hace respetar los propios. Quien rinde culto a la dignidad, se lo rinde a la libertad y la igualdad; ni avasalla a nadie, ni por nada se deja avasallar; ni reconoce primacías innatas, ni acata privilegios infundados. Ésas son las glosas de los dos primeros. Por resultar obvias las explicaciones de la mayoría de los restantes, sólo me parece destacable resaltar el octavo, donde se preconiza consumir menos de lo que se produzca, para crecer así los bienes de la Patria y de la Humanidad, y el décimo, que veda todas las explotaciones del hombre por el hombre, y todas las protecciones legales consistentes en aumentar los provechos de unos a costa de los bienes de otros.
Ignoro si los jóvenes estudiantes de periodismo comulgarán ahora con el mismo convencimiento que el mocerío universitario de los primeros setenta con esa estimulante filosofía. Supongo que sí compartirán sus nociones porque no otras han de ser las que avalan la conciencia teórica de su profesión. No obstante, como entre los que se postula y lo que se ejerce suele mediar el abismo de una práctica enviciada en la cotidiana realidad, me he permitido rescatar ese viejo pasquín de la Historia por la potencialidad de su resonancia y la posibilidad de su eco.
No puedo olvidar que el texto lleva como singular epígrafe A todas las buenas personas, y que éstas, las buenas gentes, son algo fundamental en la encarnadura y regeneración social de cada época. Por ellas, en las que es forzoso creer por encima de cualquier circunstancia histórica, se siguen mereciendo el periodismo y la política los principios de conducta que proclamaban los viejos mandamientos de la República Española del 14 de Abril. Principios por los que el abuelo del señor Rodríguez Zapatero dio la vida y a los que el propio presidente de España aludió al término de su discurso de investidura hace justamente un año.
martes, 12 de abril de 2005
El Valle de Todos los Caídos
Félix Población
De don Santiago Carrillo, a quien recientemente se le ofreció un colmado homenaje por su nonagésimo aniversario, no se sabe qué sorprende más, si la longevidad de su salud a toda prueba, inmune al tabaco y a las neumonías, o su sagaz sabiduría política, de la que da lecciones magistrales cada vez que se le brinda la oportunidad. Lo pudimos comprobar la otra noche en Las Cerezas con la perspicua Julia Otero y también a través de su atinado juicio sobre las redivivas querencias franquistas del Partido Popular.
Llevamos semanas atiborrados de comentarios acerca de la improcedencia o no de los símbolos franquistas en el callejero patrio. Con tal de alancear a su adversario político y todavía no repuesto de la herencia aznarí y su mal perder en las pasadas elecciones, el PP ha sido capaz de retrotraerse a lo más rancio de la derecha -su pasado franquista- y llegar a defender su significación conmemorativa. Bajo el absurdo sofisma de no hurgar en viejas heridas, el partido opositor ha perdido también aquí los papeles que le concedieron desde una cierta orientación centrista sus repetidos éxitos electorales.
Don Santiago lo ha dicho con la perspicacia que avala su largo currículo: Si el Partido Popular quiere asegurar su propio futuro político tendrá que tomar una actitud indiscutiblemente clara para diferenciarse de la dictadura franquista. La retirada de las estatuas de Franco no puede interpretarse como elemento de división puesto que, según lo certifica la lógica y Carrillo, España está ya en otra fase de la historia para la que sería igualmente improcedente erigir ahora monumentos republicanos.
Sí considera el ex secretario del PCE, sin embargo, que la amarga lección del franquismo no puede ser un oscuro pasaje para el olvido en la memoria de la nación. Antes al contrario, sus penosos avatares deben ilustrar el conocimiento de las sucesivas generaciones de españoles para que no vuelva a repetirse el conflicto fratricida sobre el que se levantó entre cárceles, hambre y miseria esa hosca etapa de nuestra historia.
Para ello, ante la posibilidad de remodelación del actual Valle de los Caídos, no sería del todo adecuado -si lo que se pretende es abogar por la tolerancia y no por la tumoración de las viejas rencillas entre las dos Españas- hacer de aquel ámbito un lugar de recordación en exclusividad de una u otra, tal como lo fue hasta ahora, sino de las dos. Ésa es la mejor lección histórica, ética y humanitaria que puede dar un régimen democrático, para reafirmarse en sus valores y con ello cultivarlos, a otro que no lo fue.
Con una visión de porvenir antes que de pasado, y dejando a un lado los caudillismos y liderazgos, las varias y diversas circunstancias, los errores y culpas que condujeron al conflicto, ese Valle de Todos los Caídos debería ser un homenaje a todas las víctimas de la inmisericorde Guerra Civil. No olvidemos que su extensísima lista se prolongó mucho más allá del Día de la Victoria, integrada entre su masiva penalidad por quienes en su condición de cautivos del bando vencedor construyeron el propio monumento.
Sobre esa base conmemorativa, bajo el cerro de Cuelgamuros se podría disponer de la documentación histórica y argumental más objetiva posible para que el visitante sacara la noción de ejemplaridad indiscutible que debe presidir aquel recinto: Nunca más, bajo ninguna circunstancia ni sinrazón.
De don Santiago Carrillo, a quien recientemente se le ofreció un colmado homenaje por su nonagésimo aniversario, no se sabe qué sorprende más, si la longevidad de su salud a toda prueba, inmune al tabaco y a las neumonías, o su sagaz sabiduría política, de la que da lecciones magistrales cada vez que se le brinda la oportunidad. Lo pudimos comprobar la otra noche en Las Cerezas con la perspicua Julia Otero y también a través de su atinado juicio sobre las redivivas querencias franquistas del Partido Popular.
Llevamos semanas atiborrados de comentarios acerca de la improcedencia o no de los símbolos franquistas en el callejero patrio. Con tal de alancear a su adversario político y todavía no repuesto de la herencia aznarí y su mal perder en las pasadas elecciones, el PP ha sido capaz de retrotraerse a lo más rancio de la derecha -su pasado franquista- y llegar a defender su significación conmemorativa. Bajo el absurdo sofisma de no hurgar en viejas heridas, el partido opositor ha perdido también aquí los papeles que le concedieron desde una cierta orientación centrista sus repetidos éxitos electorales.
Don Santiago lo ha dicho con la perspicacia que avala su largo currículo: Si el Partido Popular quiere asegurar su propio futuro político tendrá que tomar una actitud indiscutiblemente clara para diferenciarse de la dictadura franquista. La retirada de las estatuas de Franco no puede interpretarse como elemento de división puesto que, según lo certifica la lógica y Carrillo, España está ya en otra fase de la historia para la que sería igualmente improcedente erigir ahora monumentos republicanos.
Sí considera el ex secretario del PCE, sin embargo, que la amarga lección del franquismo no puede ser un oscuro pasaje para el olvido en la memoria de la nación. Antes al contrario, sus penosos avatares deben ilustrar el conocimiento de las sucesivas generaciones de españoles para que no vuelva a repetirse el conflicto fratricida sobre el que se levantó entre cárceles, hambre y miseria esa hosca etapa de nuestra historia.
Para ello, ante la posibilidad de remodelación del actual Valle de los Caídos, no sería del todo adecuado -si lo que se pretende es abogar por la tolerancia y no por la tumoración de las viejas rencillas entre las dos Españas- hacer de aquel ámbito un lugar de recordación en exclusividad de una u otra, tal como lo fue hasta ahora, sino de las dos. Ésa es la mejor lección histórica, ética y humanitaria que puede dar un régimen democrático, para reafirmarse en sus valores y con ello cultivarlos, a otro que no lo fue.
Con una visión de porvenir antes que de pasado, y dejando a un lado los caudillismos y liderazgos, las varias y diversas circunstancias, los errores y culpas que condujeron al conflicto, ese Valle de Todos los Caídos debería ser un homenaje a todas las víctimas de la inmisericorde Guerra Civil. No olvidemos que su extensísima lista se prolongó mucho más allá del Día de la Victoria, integrada entre su masiva penalidad por quienes en su condición de cautivos del bando vencedor construyeron el propio monumento.
Sobre esa base conmemorativa, bajo el cerro de Cuelgamuros se podría disponer de la documentación histórica y argumental más objetiva posible para que el visitante sacara la noción de ejemplaridad indiscutible que debe presidir aquel recinto: Nunca más, bajo ninguna circunstancia ni sinrazón.
lunes, 11 de abril de 2005
El extraviado perdón del lehendakari
Félix Población
Cumple señalar sin malevolencia, desde la arribada del actual y fibroso lehendakari a la cúpula del poder político en el País Vasco, que nunca como ahora se ha hecho su perfil tan antipático al resto de la ciudadanía no nacionalista. Su plan y su discurso electoral indigestan por lo fraudulento y chantajista de sus premisas, salvo a quienes comulgan con sus descabellados horizontes de grandeza demagógica y patriotera.
Merced a la larga permanencia del PNV al frente de los destinos de Euskadi, al partido lo arropa un nutrido sector de la sociedad tan inmovilista como satisfactoriamente dependiente del progresivo ensanche de los círculos de poder gestados durante un cuarto de siglo. Lo mismo pasaba en Cataluña con CIU hasta que los votos cambiaron de criterio.
Al señor Ibarreche le recordaba la prensa el pasado domingo, a través de una carta suscrita por la hija de Enrique Cuesta, delegado de Telefónica asesinado por ETA en 1982, la vieja deuda que como presidente de todos los vascos mantiene con las víctimas del terrorismo en aquel país. Cristina Cuesta reclama a Ibarreche que pida perdón por tanta torpeza, maltrato, desconsideración, ignorancia, humillación, ofensa continuada y hasta desprecio como un dolor añadido más, absolutamente innecesario y cruel, por parte de los precedentes gobiernos nacionalistas a lo largo de tantos años.
Sin ese perdón, extraviado sin duda en la agenda megalómana del fibroso lehendakari, su Euskadi seguirá siendo el de un nacionalismo confesional y extremo frente al que apuesta, con el resto de partidos demócratas, por una ciudadanía vasca sin sectarismos, libre y tolerante, capaz de sostener un proyecto de convivencia conjunto no determinado por la vieja y procelosa sombra del terror.
El 53,2 por ciento de los vascos cree actualmente que en su país no se puede ejercer la libertad de expresión sin miedo. El mismo porcentaje sostiene que lo mejor con vistas al futuro sería partir de cero para reformar el actual Estatuto. Quizá esos datos sean un indicativo alentador para que el próximo domingo se empiece a esclarecer un porvenir en paz con algo más de concordia.
Cumple señalar sin malevolencia, desde la arribada del actual y fibroso lehendakari a la cúpula del poder político en el País Vasco, que nunca como ahora se ha hecho su perfil tan antipático al resto de la ciudadanía no nacionalista. Su plan y su discurso electoral indigestan por lo fraudulento y chantajista de sus premisas, salvo a quienes comulgan con sus descabellados horizontes de grandeza demagógica y patriotera.
Merced a la larga permanencia del PNV al frente de los destinos de Euskadi, al partido lo arropa un nutrido sector de la sociedad tan inmovilista como satisfactoriamente dependiente del progresivo ensanche de los círculos de poder gestados durante un cuarto de siglo. Lo mismo pasaba en Cataluña con CIU hasta que los votos cambiaron de criterio.
Al señor Ibarreche le recordaba la prensa el pasado domingo, a través de una carta suscrita por la hija de Enrique Cuesta, delegado de Telefónica asesinado por ETA en 1982, la vieja deuda que como presidente de todos los vascos mantiene con las víctimas del terrorismo en aquel país. Cristina Cuesta reclama a Ibarreche que pida perdón por tanta torpeza, maltrato, desconsideración, ignorancia, humillación, ofensa continuada y hasta desprecio como un dolor añadido más, absolutamente innecesario y cruel, por parte de los precedentes gobiernos nacionalistas a lo largo de tantos años.
Sin ese perdón, extraviado sin duda en la agenda megalómana del fibroso lehendakari, su Euskadi seguirá siendo el de un nacionalismo confesional y extremo frente al que apuesta, con el resto de partidos demócratas, por una ciudadanía vasca sin sectarismos, libre y tolerante, capaz de sostener un proyecto de convivencia conjunto no determinado por la vieja y procelosa sombra del terror.
El 53,2 por ciento de los vascos cree actualmente que en su país no se puede ejercer la libertad de expresión sin miedo. El mismo porcentaje sostiene que lo mejor con vistas al futuro sería partir de cero para reformar el actual Estatuto. Quizá esos datos sean un indicativo alentador para que el próximo domingo se empiece a esclarecer un porvenir en paz con algo más de concordia.
domingo, 10 de abril de 2005
Niños gordos, viejos centenarios
Félix Población
Me cuenta mi hija, inserta por edad en periodo de chuches, que pocos de sus compañeros acuden al cole provistos del simple bocata casero. Nada digamos si como acompañamiento añaden una fruta al tentempié de la larga jornada matinal. Lo habitual entre ellos es hacer uso de la confitura envasada o la bolsita de golosinas en su más variopinta y multicolor gama de gusanitos. Hay colegios, incluso, que disponen en sus pasillos interiores de máquinas expendedoras de todo ese tipo de productos.
Ahora Sanidad ha tomado cartas en el asunto con un retraso evidente. Lo prueba el alarmante crecimiento del sobrepeso y la obesidad entre los niños menores de 12 años que nos sitúa por encima de la media europea. El incremento en los últimos años ha pasado de un 5 a un 16 por ciento, lo que traducido en gasto sanitario supone algo más de dos mil millones de euros anuales.
Es normal que las magnitudes económicas sean un baremo digno de la máxima estima por parte de los gobiernos. Que ante los gastos acumulados en exceso se primen directrices capaces de reducirlos. Ha ocurrido con las graves consecuencias sociales del consumo de tabaco y parece que en esa misma línea se orienta una estricta vigilancia de la alimentación infantil. Lo que no se entiende es la desatención que se ha tenido hasta la fecha con tan esencial aspecto del desarrollo de nuestros más jóvenes ciudadanos, llamados a sucedernos en el porvenir. Basarse en el gasto que comporta su mala alimentación no debería ser el acicate a posteriori para enmendarla. El incentivo en origen de un Estado que se dice de bienestar sería haber evitado esa lamentable deficiencia.
Es claro que para ello se deberían haber arbitrado antes las medidas que ahora se van a imponer con un cierto ánimo de rigor. Una reducción en la proporción de ácidos grasos saturados y azúcares en los productos infantiles, un seguimiento estricto de los menús escolares y el fomento del deporte parecen requisitos teóricos indispensables para evitar el sobrepeso infantil.
Sin embargo, como en todo proyecto que tenga por destino la niñez, de muy poco servirán las pautas que dicte la administración si desde la familia no se erradican ciertos hábitos de consumo y conducta muy arraigados en los últimos años. Entre los primeros no falta la diaria ingestión de chucherías atiborradas de aditivos y colorantes de dudosa identidad. A los segundos pertenece el hipnótico quehacer sedentario de la tele, los juegos de consola y demás videopatologías conducentes al aislamiento y la indiferencia social.
Recientemente se ha reunido en Cuba el llamado Club de los 120 años, una convocatoria que reivindica el altruista y por el momento lejano horizonte de llegar a esa avanzada edad con buena calidad de vida. La celebración de un seminario de esas características es sin duda singular en un mundo que tan de lado se muestra con la ancianidad, antaño maestra de las viejas culturas.
Pues bien, en ese querido país caribeño, obligado por circunstancias geopolíticas al más duro y largo bloqueo económico que haya sufrido nunca un pueblo, el número de centenarios en una población de 11 millones alcanza los 2.500 (al Club pertenece un total de 5.000 en todo el mundo). Varios de los cubanos han explicado las posibles razones de su longevidad alegando diversos motivos. Uno decía haber bebido mucha leche, otro se había hartado de tocino y tasajo y otro de tomate. Todos, sin embargo, coincidían en su gusto por la fiesta y el baile, y la única mujer iba más allá, mucho más allá de esa melódica afición tan arraigada en los naturales de la isla: Me gusta el baile, el baile con armonía, el danzón y son, y sobre todo me gusta que me quieran.
La señora se llama Caridad León, tiene 101 años y es tan seguro que no nada en la riqueza como que no ha probado una chuche en su dilatada existencia. Su criterio vital choca con el de nuestro mundo porque evoca, ante todo, el tiempo más preciado del que posiblemente más faltos y necesitados andamos en nuestra abundancia. Es el tiempo del bolero Amar y vivir. Lo mismo vale para buscar la palabra del amigo que para preparar el bocata del pequeño:
Se vive solamente una vez,
hay que aprender a querer
y a vivir.
Me cuenta mi hija, inserta por edad en periodo de chuches, que pocos de sus compañeros acuden al cole provistos del simple bocata casero. Nada digamos si como acompañamiento añaden una fruta al tentempié de la larga jornada matinal. Lo habitual entre ellos es hacer uso de la confitura envasada o la bolsita de golosinas en su más variopinta y multicolor gama de gusanitos. Hay colegios, incluso, que disponen en sus pasillos interiores de máquinas expendedoras de todo ese tipo de productos.
Ahora Sanidad ha tomado cartas en el asunto con un retraso evidente. Lo prueba el alarmante crecimiento del sobrepeso y la obesidad entre los niños menores de 12 años que nos sitúa por encima de la media europea. El incremento en los últimos años ha pasado de un 5 a un 16 por ciento, lo que traducido en gasto sanitario supone algo más de dos mil millones de euros anuales.
Es normal que las magnitudes económicas sean un baremo digno de la máxima estima por parte de los gobiernos. Que ante los gastos acumulados en exceso se primen directrices capaces de reducirlos. Ha ocurrido con las graves consecuencias sociales del consumo de tabaco y parece que en esa misma línea se orienta una estricta vigilancia de la alimentación infantil. Lo que no se entiende es la desatención que se ha tenido hasta la fecha con tan esencial aspecto del desarrollo de nuestros más jóvenes ciudadanos, llamados a sucedernos en el porvenir. Basarse en el gasto que comporta su mala alimentación no debería ser el acicate a posteriori para enmendarla. El incentivo en origen de un Estado que se dice de bienestar sería haber evitado esa lamentable deficiencia.
Es claro que para ello se deberían haber arbitrado antes las medidas que ahora se van a imponer con un cierto ánimo de rigor. Una reducción en la proporción de ácidos grasos saturados y azúcares en los productos infantiles, un seguimiento estricto de los menús escolares y el fomento del deporte parecen requisitos teóricos indispensables para evitar el sobrepeso infantil.
Sin embargo, como en todo proyecto que tenga por destino la niñez, de muy poco servirán las pautas que dicte la administración si desde la familia no se erradican ciertos hábitos de consumo y conducta muy arraigados en los últimos años. Entre los primeros no falta la diaria ingestión de chucherías atiborradas de aditivos y colorantes de dudosa identidad. A los segundos pertenece el hipnótico quehacer sedentario de la tele, los juegos de consola y demás videopatologías conducentes al aislamiento y la indiferencia social.
Recientemente se ha reunido en Cuba el llamado Club de los 120 años, una convocatoria que reivindica el altruista y por el momento lejano horizonte de llegar a esa avanzada edad con buena calidad de vida. La celebración de un seminario de esas características es sin duda singular en un mundo que tan de lado se muestra con la ancianidad, antaño maestra de las viejas culturas.
Pues bien, en ese querido país caribeño, obligado por circunstancias geopolíticas al más duro y largo bloqueo económico que haya sufrido nunca un pueblo, el número de centenarios en una población de 11 millones alcanza los 2.500 (al Club pertenece un total de 5.000 en todo el mundo). Varios de los cubanos han explicado las posibles razones de su longevidad alegando diversos motivos. Uno decía haber bebido mucha leche, otro se había hartado de tocino y tasajo y otro de tomate. Todos, sin embargo, coincidían en su gusto por la fiesta y el baile, y la única mujer iba más allá, mucho más allá de esa melódica afición tan arraigada en los naturales de la isla: Me gusta el baile, el baile con armonía, el danzón y son, y sobre todo me gusta que me quieran.
La señora se llama Caridad León, tiene 101 años y es tan seguro que no nada en la riqueza como que no ha probado una chuche en su dilatada existencia. Su criterio vital choca con el de nuestro mundo porque evoca, ante todo, el tiempo más preciado del que posiblemente más faltos y necesitados andamos en nuestra abundancia. Es el tiempo del bolero Amar y vivir. Lo mismo vale para buscar la palabra del amigo que para preparar el bocata del pequeño:
Se vive solamente una vez,
hay que aprender a querer
y a vivir.
viernes, 8 de abril de 2005
Dudas sobre los papeles de Wojtyla
Félix Población
Una vez hecho público el texto íntegro del testamento de Juan Pablo II, sorprenden cuando menos en su contenido tres cosas. La primera es el desconocimiento definitivo, al no figurar mencionado en dicho documento, del cuarto cardenal in pectore nombrado por Su Santidad en 2003. La segunda es la intención de dimitir del pontífice a mediados del año 2000, sobre la que pesa -una vez revelada- la hipótesis de un error espontáneo de traducción conceptual no muy digerible. En tercer lugar, su deseo y mandamiento expreso de que todos aquellos escritos personales fueran quemados a su muerte.
Tres de los cuatro cardenales in pectore elegidos por Karol Wojtyla son conocidos desde hace varios años. Se trata del arzobispo Pin-Mei, de la Republica Popular China, del arzobispo de Lviv (Ucrania) y del arzobispo de Riga (Lituania). Su nombramiento secreto (in pectore) obedece a razones de seguridad, que se pueden fundar en los riesgos de ejercicio del apostolado en un medio no favorable u hostil al catolicismo. ¿Por qué el Papa dejó sin mención el nombre del cuarto purpurado, que haría el número 118 en el próximo cónclave?
El humano y comprensible deseo de dimisión (nunc dimittis) de Juan Pablo II a mediados del Año Jubilar del 2000, alcanzada la edad octogenaria y resentido ya por los primeros achaques de la enfermedad, extraña en quien -según se ha venido reafirmando desde las instancias vaticanas más próximas al pontífice- ha querido mantenerse por propia voluntad hasta las penúltimas horas de su agonía a la vista de sus fieles.
El dictamen de Wojtyla de condenar al fuego cuanto escribió en la intimidad, como personal expresión y comunicación de sus pensamientos y su fe, es muy de lamentar para los creyentes que con tanto celo han acudido a Roma a despedirle. La gran acogida de los libros escritos por el Papa, que en reiteradas ocasiones demostró sus dotes literarias, haría segura una multitudinaria difusión de esos escritos póstumos para bien de la Iglesia.
Una vez hecho público el texto íntegro del testamento de Juan Pablo II, sorprenden cuando menos en su contenido tres cosas. La primera es el desconocimiento definitivo, al no figurar mencionado en dicho documento, del cuarto cardenal in pectore nombrado por Su Santidad en 2003. La segunda es la intención de dimitir del pontífice a mediados del año 2000, sobre la que pesa -una vez revelada- la hipótesis de un error espontáneo de traducción conceptual no muy digerible. En tercer lugar, su deseo y mandamiento expreso de que todos aquellos escritos personales fueran quemados a su muerte.
Tres de los cuatro cardenales in pectore elegidos por Karol Wojtyla son conocidos desde hace varios años. Se trata del arzobispo Pin-Mei, de la Republica Popular China, del arzobispo de Lviv (Ucrania) y del arzobispo de Riga (Lituania). Su nombramiento secreto (in pectore) obedece a razones de seguridad, que se pueden fundar en los riesgos de ejercicio del apostolado en un medio no favorable u hostil al catolicismo. ¿Por qué el Papa dejó sin mención el nombre del cuarto purpurado, que haría el número 118 en el próximo cónclave?
El humano y comprensible deseo de dimisión (nunc dimittis) de Juan Pablo II a mediados del Año Jubilar del 2000, alcanzada la edad octogenaria y resentido ya por los primeros achaques de la enfermedad, extraña en quien -según se ha venido reafirmando desde las instancias vaticanas más próximas al pontífice- ha querido mantenerse por propia voluntad hasta las penúltimas horas de su agonía a la vista de sus fieles.
El dictamen de Wojtyla de condenar al fuego cuanto escribió en la intimidad, como personal expresión y comunicación de sus pensamientos y su fe, es muy de lamentar para los creyentes que con tanto celo han acudido a Roma a despedirle. La gran acogida de los libros escritos por el Papa, que en reiteradas ocasiones demostró sus dotes literarias, haría segura una multitudinaria difusión de esos escritos póstumos para bien de la Iglesia.
jueves, 7 de abril de 2005
Que trabajen más y mejor, señor Zapatero
Félix Población
El pasado martes fue un día duro para el presidente de la nación. A primera hora se entrevistó con monseñor Blázquez y después tuvo un almuerzo con el comité ejecutivo de la CEOE. En ambas coyunturas parece que don José Luis se mostró distendidamente conciliador. Eso es algo que al señor Zapatero no le cuesta trabajo asumir, por convicción y talante.
A la católica iglesia le ha confesado que los acuerdos suscritos en 1976 y 1979 no los tocará la más mínima intención renovadora. A la patronal, que no se inquiete por la reforma laboral porque la semana de 35 horas, viejo sueño de la izquierda, no figura en la agenda del gobierno. De ese modo, el señor presidente vino a sacudirse ante dos poderes fundamentales y muy suspicaces, el religioso y el económico, de una cierta imagen de celeridad e imprudencia izquierdosas orquestada sobre todo desde los sectores más montaraces y afines a su predecesor en la Moncloa.
No debería don José Luis excederse en interpretar el papel de bueno ante quienes le imputan radicalismos que está muy lejos de sustentar o perseguir. Por programa y adaptación a su tiempo, el Partido Socialista debe su triunfo a su sintonía con una mayoría de la sociedad española cuyo progresismo es manifiestamente moderado. La revisión de los acuerdos de 1976, en los que se privilegia a la iglesia de Roma muy por encima de lo constitucionalmente prescrito después, y la mejora de las condiciones laborales son expectativas con las que contaba buena parte del electorado que votó PSOE hace poco más de un año.
En España hay que trabajar mucho, hay que trabajar más, dijo Zapatero a la patronal, acaso con intención de congraciarse y eludir toda sombra de duda sobre su moderantismo. Lo más coherente habría sido que el señor presidente, dada la efectiva precariedad del empleo que nos legó el anterior gobierno, propusiera como afirmación de futuro, tan justa como necesaria, que en España trabajen muchos más y mejor, tal y como prometió.
Si a los empresarios se les sigue permitiendo organizar jornadas de diez horas, limitando con ello el incremento del mercado laboral, o que los operarios cobren por ocho las que cuentan como dieciséis, más trabajo no será indicio de mejora laboral sino de explotación patronal. Y éste no es un término demagógico ni pasado de moda. Lo proclama la realidad cada día y entre más número de asalariados.
El pasado martes fue un día duro para el presidente de la nación. A primera hora se entrevistó con monseñor Blázquez y después tuvo un almuerzo con el comité ejecutivo de la CEOE. En ambas coyunturas parece que don José Luis se mostró distendidamente conciliador. Eso es algo que al señor Zapatero no le cuesta trabajo asumir, por convicción y talante.
A la católica iglesia le ha confesado que los acuerdos suscritos en 1976 y 1979 no los tocará la más mínima intención renovadora. A la patronal, que no se inquiete por la reforma laboral porque la semana de 35 horas, viejo sueño de la izquierda, no figura en la agenda del gobierno. De ese modo, el señor presidente vino a sacudirse ante dos poderes fundamentales y muy suspicaces, el religioso y el económico, de una cierta imagen de celeridad e imprudencia izquierdosas orquestada sobre todo desde los sectores más montaraces y afines a su predecesor en la Moncloa.
No debería don José Luis excederse en interpretar el papel de bueno ante quienes le imputan radicalismos que está muy lejos de sustentar o perseguir. Por programa y adaptación a su tiempo, el Partido Socialista debe su triunfo a su sintonía con una mayoría de la sociedad española cuyo progresismo es manifiestamente moderado. La revisión de los acuerdos de 1976, en los que se privilegia a la iglesia de Roma muy por encima de lo constitucionalmente prescrito después, y la mejora de las condiciones laborales son expectativas con las que contaba buena parte del electorado que votó PSOE hace poco más de un año.
En España hay que trabajar mucho, hay que trabajar más, dijo Zapatero a la patronal, acaso con intención de congraciarse y eludir toda sombra de duda sobre su moderantismo. Lo más coherente habría sido que el señor presidente, dada la efectiva precariedad del empleo que nos legó el anterior gobierno, propusiera como afirmación de futuro, tan justa como necesaria, que en España trabajen muchos más y mejor, tal y como prometió.
Si a los empresarios se les sigue permitiendo organizar jornadas de diez horas, limitando con ello el incremento del mercado laboral, o que los operarios cobren por ocho las que cuentan como dieciséis, más trabajo no será indicio de mejora laboral sino de explotación patronal. Y éste no es un término demagógico ni pasado de moda. Lo proclama la realidad cada día y entre más número de asalariados.
miércoles, 6 de abril de 2005
FRAGMENTOS: SOBRE LA DIGNIDAD HUMANA
Primer artículo de la Constitución Universal por la que aboga este libro, para activar en la sociedad globalizada la idea de la dignidad como salvación, ya que los que se haga con los bosques en Brasil no sólo efecta ese país: Nosotros, los miembros de la especie humana, atentos a la experiencia de la historia, confiando críticamente en nuestra inteligencia, movidos por la compasión ante el sufrimiento y por el deseo de felicidad y justicia, nos reconocemos como miembros de una especie dotada de dignidad, es decir, reconocemos a todos y cada uno de los seres humanos un valor intrínseco, protegible, sin discriminación por edad, raza, sexo, nacionalidad, idioma, color, religión, opinión política, o por cualquier otro rasgo, condición o circunstancia individual o social. Y afirmamos que la dignidad humana entraña y se realiza mediante la posesión y reconocimiento recíproco de derechos.
La lucha por la dignidad: Teoría de la felicidad política
José Antonio Marina y María de la Válgoma. Editorial Anagrama.
La lucha por la dignidad: Teoría de la felicidad política
José Antonio Marina y María de la Válgoma. Editorial Anagrama.
martes, 5 de abril de 2005
Cobertura confesional y tediosa (abundando en la nota de Lazarillo)
Félix Población
Resulta sabido que nadie mejor que la Iglesia de Roma para administrar la ceremonia de la muerte en sus tres actos fundamentales: agonía, defunción y exequias. Con el pontífice Wojtyla, futuro san Juan Pablo II el Magno si sus méritos quedan consagrados en la memoria vaticana -como parece previsible-, hemos tenido hasta ahora los dos primeros rituales. Al primero le sobró crudeza, por lo poco misericordiosa que fue para muchos creyentes la repetida comparecencia agónica del Papa polaco ante los fieles. Al segundo le sobraron horas de retransmisión tediosa a través de nuestra televisión pública.
Semejante cobertura, ofrecida desde un medio perteneciente a un Estado aconfesional, no desmerecería de la que se hubiera dado desde la vieja España franquista. Se podría interpretar que el gobierno Zapatero ha pretendido demostrar, con tan intensivo y soporífero seguimiento, que lo suyo con la Iglesia no es precisamente el anticlericalismo feroz que algunos talibanes de sacristía le reprochan.
Falta aún el tercer acto, que promete ser no menos dilatado y latoso que los precedentes. Con él se pondrá término a un pontificado ciertamente decisivo en la historia del siglo XX. Nadie le niega esa condición al de Juan Pablo II. Con todo, no puede justificarse por esa circunstancia una cobertura informativa tan extensiva este último fin de semana a costa del dinero de todos los españoles. Ese tratamiento mediático viene a evidenciar una vez más que los poderes de la institución católica, antes y ahora, cuentan con más privilegios de los que un Estado aconfesional debería permitirle. Esté quien esté en la Moncloa, con la Iglesia seguimos topando.
Resulta sabido que nadie mejor que la Iglesia de Roma para administrar la ceremonia de la muerte en sus tres actos fundamentales: agonía, defunción y exequias. Con el pontífice Wojtyla, futuro san Juan Pablo II el Magno si sus méritos quedan consagrados en la memoria vaticana -como parece previsible-, hemos tenido hasta ahora los dos primeros rituales. Al primero le sobró crudeza, por lo poco misericordiosa que fue para muchos creyentes la repetida comparecencia agónica del Papa polaco ante los fieles. Al segundo le sobraron horas de retransmisión tediosa a través de nuestra televisión pública.
Semejante cobertura, ofrecida desde un medio perteneciente a un Estado aconfesional, no desmerecería de la que se hubiera dado desde la vieja España franquista. Se podría interpretar que el gobierno Zapatero ha pretendido demostrar, con tan intensivo y soporífero seguimiento, que lo suyo con la Iglesia no es precisamente el anticlericalismo feroz que algunos talibanes de sacristía le reprochan.
Falta aún el tercer acto, que promete ser no menos dilatado y latoso que los precedentes. Con él se pondrá término a un pontificado ciertamente decisivo en la historia del siglo XX. Nadie le niega esa condición al de Juan Pablo II. Con todo, no puede justificarse por esa circunstancia una cobertura informativa tan extensiva este último fin de semana a costa del dinero de todos los españoles. Ese tratamiento mediático viene a evidenciar una vez más que los poderes de la institución católica, antes y ahora, cuentan con más privilegios de los que un Estado aconfesional debería permitirle. Esté quien esté en la Moncloa, con la Iglesia seguimos topando.
La Tierra herida
Félix Población
Acaban de atropellar a otro lince en Doñana y el riesgo creciente de extinción de ese hermosísimo felino pone una vez más en tela de juicio a quienes están llamados a evitarlo. Asfalto y velocidad colaboran activamente en el cerril despropósito de hacer de Doñana un lugar cada vez más inhóspito para esa especie. No se puede mantener una política de conservación del lince ibérico sembrando de carreteras el territorio donde aún sobrevive.
Todo parece indicar que, aun con campañas de protección diseñadas con teórica buena voluntad, la situación del lince en Doñana es de acorralamiento antes que de resguardo. A ello contribuyen los desaprensivos del perdigón y también la desaparición de conejos en la zona, afectados por un virus derivado de productos químicos, tal como señaló el biólogo Miguel Delibes de Castro. El diagnóstico del investigador es objetivamente pesimista respecto al porvenir del gran gato.
Precisamente estos días él y su padre, mi admirado don Miguel, tienen en los escaparates de las librerías una obra de escritura conjunta titulada La Tierra Herida, abierta con una cita muy pertinente de la Oda al Aire de Pablo Neruda. El anciano escritor, más sensibilizado que nunca por el futuro del planeta, pregunta a su hijo sobre varias y muy interesantes cuestiones acerca del estado de salud de nuestro mundo. Sostiene don Miguel que el calentamiento de la Tierra equivale a la fiebre de los organismos enfermos.
Me resisto a creer que las negras diagnosis de los científicos y las intuiciones no menos oscuras de los poetas tengan razón de ser y cumplimiento, pero el día en que sólo contemos un solo lince a flor de tierra, la herida de la Tierra en su hermosura será mucho mayor.
Acaban de atropellar a otro lince en Doñana y el riesgo creciente de extinción de ese hermosísimo felino pone una vez más en tela de juicio a quienes están llamados a evitarlo. Asfalto y velocidad colaboran activamente en el cerril despropósito de hacer de Doñana un lugar cada vez más inhóspito para esa especie. No se puede mantener una política de conservación del lince ibérico sembrando de carreteras el territorio donde aún sobrevive.
Todo parece indicar que, aun con campañas de protección diseñadas con teórica buena voluntad, la situación del lince en Doñana es de acorralamiento antes que de resguardo. A ello contribuyen los desaprensivos del perdigón y también la desaparición de conejos en la zona, afectados por un virus derivado de productos químicos, tal como señaló el biólogo Miguel Delibes de Castro. El diagnóstico del investigador es objetivamente pesimista respecto al porvenir del gran gato.
Precisamente estos días él y su padre, mi admirado don Miguel, tienen en los escaparates de las librerías una obra de escritura conjunta titulada La Tierra Herida, abierta con una cita muy pertinente de la Oda al Aire de Pablo Neruda. El anciano escritor, más sensibilizado que nunca por el futuro del planeta, pregunta a su hijo sobre varias y muy interesantes cuestiones acerca del estado de salud de nuestro mundo. Sostiene don Miguel que el calentamiento de la Tierra equivale a la fiebre de los organismos enfermos.
Me resisto a creer que las negras diagnosis de los científicos y las intuiciones no menos oscuras de los poetas tengan razón de ser y cumplimiento, pero el día en que sólo contemos un solo lince a flor de tierra, la herida de la Tierra en su hermosura será mucho mayor.
lunes, 4 de abril de 2005
Desmesurada cobertura a la muerte del Papa en RTVE
Lazarillo
Cabe preguntarse, hallándonos como estamos en un Estado aconfesional como dice ser y constar el nuestro, qué hubiera ocurrido en la RTVE pública de estar en estas fechas -como lo estuvo por decenios- bajo la tutela del viejo régimen. La respuesta no admite otra contestación que la dada en el titular de este comentario.
Bajo el gobierno socialista del señor Rodríguez Zapatero, acusado de persecutoria felonía anticlerical por las arengas de exaltados talibanes de sacristía, la televisión de todos los españoles ha contribuido con ferviente devoción a competir con la de la dictadura franquista en la exaltación de la Iglesia de Roma a cuenta del fallecimiento de Juan Pablo II.
Se tratará de justificar tan exhaustiva dedicación durante el fin de semana por razones de cobertura noticiosa, dada la dimensión del finado, pero mucho nos tememos que ese argumento no sea objetivamente defendible en la modesta apreciación de este Lazarillo. Como no lo sería que con los cuartos de todos se haga propaganda, a plena dedicación y durante horas y horas, de cualquier otro credo o creencia. ¡Y lo que nos queda hasta que la ceremonia de la muerte toque a su fin! Sólo estamos en el segundo acto de los tres de que consta, según mi admirado Juan Cueto. A la agonía y defunción, sobradamente difundidas a través de TVE, le falta la funeralia. El Vaticano estará muy satisfecho de que su espectáculo mejor administrado haya tenido en España la repercución propia de un país confesional más papista que el Papa.
Cabe preguntarse, hallándonos como estamos en un Estado aconfesional como dice ser y constar el nuestro, qué hubiera ocurrido en la RTVE pública de estar en estas fechas -como lo estuvo por decenios- bajo la tutela del viejo régimen. La respuesta no admite otra contestación que la dada en el titular de este comentario.
Bajo el gobierno socialista del señor Rodríguez Zapatero, acusado de persecutoria felonía anticlerical por las arengas de exaltados talibanes de sacristía, la televisión de todos los españoles ha contribuido con ferviente devoción a competir con la de la dictadura franquista en la exaltación de la Iglesia de Roma a cuenta del fallecimiento de Juan Pablo II.
Se tratará de justificar tan exhaustiva dedicación durante el fin de semana por razones de cobertura noticiosa, dada la dimensión del finado, pero mucho nos tememos que ese argumento no sea objetivamente defendible en la modesta apreciación de este Lazarillo. Como no lo sería que con los cuartos de todos se haga propaganda, a plena dedicación y durante horas y horas, de cualquier otro credo o creencia. ¡Y lo que nos queda hasta que la ceremonia de la muerte toque a su fin! Sólo estamos en el segundo acto de los tres de que consta, según mi admirado Juan Cueto. A la agonía y defunción, sobradamente difundidas a través de TVE, le falta la funeralia. El Vaticano estará muy satisfecho de que su espectáculo mejor administrado haya tenido en España la repercución propia de un país confesional más papista que el Papa.
Las vísceras de Aznar
Félix Población
Del DVD publicado recientemente por la FAES no sorprende la reincidencia cada vez menos creíble y más falaz del argumento. Tampoco su mala calidad, de la que es responsable el ex portavoz Rodríguez, fiel donde los haya al ex presidente Aznar. Lo que de verdad extraña y debería preocuparnos más de lo que parece es la tardanza en ser difundido, sobrepasado un año de la masacre del 11-M, y la inoportunidad de la fecha, poco antes de abrirse la campaña para las elecciones en el País Vasco. Si el retraso resulta chocante, con la que ha caído en los pasados meses, la coincidencia con el inicio del calendario de actividad promocional del voto mueve cuando menos a la perplejidad. Sobre todo si se estima el previsible descenso de apoyo en las urnas que las encuestas dan al Partido Popular.
Cuentan quienes disponen de antena confidencial en las sedes del PP en el País Vasco que esta última desmesura del presidente honorífico ha sentado muy mal a la militancia comprometida en los comicios. No es para menos cuando están en juego unos resultados sobre los que existe una dosis de trascendencia muy superior a la de otras convocatorias. Es como para pensar que el espíritu tutelar de don José María, antes que en la gobernabilidad más conveniente para Euskadi, confía en la que pueda resultar más desestabilizadora para el gobierno central.
En cuanto a las prudentes matizaciones de don Mariano Rajoy respecto al vídeo, su reproche sobre la visceralidad de quienes lo concibieron y diseñaron apunta una mínima disensión. La dependencia tutelar de Aznar sólo se puede mantener desde una derecha casi extrema e inoperante en la pugna electoral. Se notará en los comicios vascos, ahora. Y si se repite en los gallegos, después, probablemente la cohesión del Partido Popular se venga abajo por las vísceras de su jefe, que acaso oficie para la ocasión de revalidado adalid del sector más afín a sus descomedimientos.
Del DVD publicado recientemente por la FAES no sorprende la reincidencia cada vez menos creíble y más falaz del argumento. Tampoco su mala calidad, de la que es responsable el ex portavoz Rodríguez, fiel donde los haya al ex presidente Aznar. Lo que de verdad extraña y debería preocuparnos más de lo que parece es la tardanza en ser difundido, sobrepasado un año de la masacre del 11-M, y la inoportunidad de la fecha, poco antes de abrirse la campaña para las elecciones en el País Vasco. Si el retraso resulta chocante, con la que ha caído en los pasados meses, la coincidencia con el inicio del calendario de actividad promocional del voto mueve cuando menos a la perplejidad. Sobre todo si se estima el previsible descenso de apoyo en las urnas que las encuestas dan al Partido Popular.
Cuentan quienes disponen de antena confidencial en las sedes del PP en el País Vasco que esta última desmesura del presidente honorífico ha sentado muy mal a la militancia comprometida en los comicios. No es para menos cuando están en juego unos resultados sobre los que existe una dosis de trascendencia muy superior a la de otras convocatorias. Es como para pensar que el espíritu tutelar de don José María, antes que en la gobernabilidad más conveniente para Euskadi, confía en la que pueda resultar más desestabilizadora para el gobierno central.
En cuanto a las prudentes matizaciones de don Mariano Rajoy respecto al vídeo, su reproche sobre la visceralidad de quienes lo concibieron y diseñaron apunta una mínima disensión. La dependencia tutelar de Aznar sólo se puede mantener desde una derecha casi extrema e inoperante en la pugna electoral. Se notará en los comicios vascos, ahora. Y si se repite en los gallegos, después, probablemente la cohesión del Partido Popular se venga abajo por las vísceras de su jefe, que acaso oficie para la ocasión de revalidado adalid del sector más afín a sus descomedimientos.
domingo, 3 de abril de 2005
USA: Más armas que habitantes
Félix Población
Bush interrumpió sus vacaciones para tratar de socorrer legislativamente el caso Schiavo, ya concluso. Decidir sobre el porvenir de una vida querida que vegeta es una cuestión de sumo dolor y zozobra. Sólo quien se sostiene en tal estado debiera solventar su futuro en la previsión de sufrirlo. Los demás responden a ideas y creencias. De ahí la urgencia de Bush en juntarse con los suyos y defender la vida a cualquier precio.
También debería defenderla cuando la vida late feliz y bulliciosa en los colegios y un adolescente nazificado roba el arma de su abuelo para cometer una matanza entre los pupitres. Ya se han cometido muchas así y se seguirán cometiendo. Unos días antes fue otro muchacho el que se apoderó de la pistola de su madre para acabar con la vida de su hermano.
Bajo la primera presidencia de Bush, en septiembre pasado, se levantó la prohibición legal de venta de ametralladoras y otros fusiles automáticos de uso militar que estaba vigente durante los últimos diez años. El 68 por ciento de los norteamericanos creía necesaria la prorroga de esa razonable ley, pero el Congreso, dominado por los republicanos, no. El lobby armamentístico debió sentirse muy a gusto con ese parecer.
El total de armas contantes y en ocasiones trágicamente sonantes -como la de Minnesotta- alcanza en USA los 300 millones en una población de 290 habitantes. Que circulen más gatillos que cabezas se me antoja muy peligroso para cualquier país. También difícilmente explicable con un presidente que con tanto celo defiende la vida.
Bush interrumpió sus vacaciones para tratar de socorrer legislativamente el caso Schiavo, ya concluso. Decidir sobre el porvenir de una vida querida que vegeta es una cuestión de sumo dolor y zozobra. Sólo quien se sostiene en tal estado debiera solventar su futuro en la previsión de sufrirlo. Los demás responden a ideas y creencias. De ahí la urgencia de Bush en juntarse con los suyos y defender la vida a cualquier precio.
También debería defenderla cuando la vida late feliz y bulliciosa en los colegios y un adolescente nazificado roba el arma de su abuelo para cometer una matanza entre los pupitres. Ya se han cometido muchas así y se seguirán cometiendo. Unos días antes fue otro muchacho el que se apoderó de la pistola de su madre para acabar con la vida de su hermano.
Bajo la primera presidencia de Bush, en septiembre pasado, se levantó la prohibición legal de venta de ametralladoras y otros fusiles automáticos de uso militar que estaba vigente durante los últimos diez años. El 68 por ciento de los norteamericanos creía necesaria la prorroga de esa razonable ley, pero el Congreso, dominado por los republicanos, no. El lobby armamentístico debió sentirse muy a gusto con ese parecer.
El total de armas contantes y en ocasiones trágicamente sonantes -como la de Minnesotta- alcanza en USA los 300 millones en una población de 290 habitantes. Que circulen más gatillos que cabezas se me antoja muy peligroso para cualquier país. También difícilmente explicable con un presidente que con tanto celo defiende la vida.
Patrias y gestos
Félix Población
El orgullo y arrogancia de los vascos y vascas por la patria vasca lo soportamos todos los españoles cada domingo de Resurrección como una cita incuestionable de la actualidad. Cada año debemos aguantar las mismas soflamas de los nacionalistas más o menos exacerbados haciendo pueril demagogia. Esta vez con más motivo pues el lehandakari tiene un plan soberanista pendiente de consulta contra el orden constitucional y unas elecciones a la vuelta de la esquina. Toca acusar con mayor reincidencia a quien mande en Madrid de recortador de libertades, si no se garantizan las que los nacionalistas proclaman sin tener en cuenta a los que no lo son.
También a los batasunos les tocaba montarla con una cierta enjundia mediática a base de alboroto. Anulada su lista blanca por el Tribunal Supremo, los abertzales sin ley salieron a la calle para celebrar asimismo su otra patria vasca. Los avisados reporteros gráficos que estaban en la manifestación ilegal nos obsequiaron con unas imágenes muy ilustrativas de los líderes de Batasuna. Enzarzados con los agentes policiales en coléricos ademanes sin mayor riesgo, algunos muestran los dientes con la faz asilvestrada de un cánido y el mirar frío y enajenado del odio como mejor expresión de su ideario.
La patria de unos y otros, glosada hasta la saciedad por los medios cada domingo de Resurrección, es ajena a la mitad de la población que habita en el País Vasco. Sólo por eso merecerían menos eco quienes la utilizan como púlpito nacionalista excluyente y tienen concebido un plan de futuro en esa misma línea. Confiemos en la razonable sapiencia de los votos para que tal despropósito no sea posible.
El orgullo y arrogancia de los vascos y vascas por la patria vasca lo soportamos todos los españoles cada domingo de Resurrección como una cita incuestionable de la actualidad. Cada año debemos aguantar las mismas soflamas de los nacionalistas más o menos exacerbados haciendo pueril demagogia. Esta vez con más motivo pues el lehandakari tiene un plan soberanista pendiente de consulta contra el orden constitucional y unas elecciones a la vuelta de la esquina. Toca acusar con mayor reincidencia a quien mande en Madrid de recortador de libertades, si no se garantizan las que los nacionalistas proclaman sin tener en cuenta a los que no lo son.
También a los batasunos les tocaba montarla con una cierta enjundia mediática a base de alboroto. Anulada su lista blanca por el Tribunal Supremo, los abertzales sin ley salieron a la calle para celebrar asimismo su otra patria vasca. Los avisados reporteros gráficos que estaban en la manifestación ilegal nos obsequiaron con unas imágenes muy ilustrativas de los líderes de Batasuna. Enzarzados con los agentes policiales en coléricos ademanes sin mayor riesgo, algunos muestran los dientes con la faz asilvestrada de un cánido y el mirar frío y enajenado del odio como mejor expresión de su ideario.
La patria de unos y otros, glosada hasta la saciedad por los medios cada domingo de Resurrección, es ajena a la mitad de la población que habita en el País Vasco. Sólo por eso merecerían menos eco quienes la utilizan como púlpito nacionalista excluyente y tienen concebido un plan de futuro en esa misma línea. Confiemos en la razonable sapiencia de los votos para que tal despropósito no sea posible.
sábado, 2 de abril de 2005
Salamanca y los símbolos franquistas
Félix Población
Si en Madrid se ha desmontado el homenaje al Caudillo que representaba su estatua ecuestre, en Salamanca luce magnífico medallón en la plaza que ahora conmemora su ducentésimo quincuagésimo aniversario con mucha resonancia propagandística y escasa enjundia cultural. Plaza Mayor de Europa la nombran quienes la pregonan con ahínco más mercantil que entusiasta. En el medallón, a veces, se gasta el Ayuntamiento la pasta de todos porque el airado rojerío mancilla la efigie del Generalísmo con chafarrinadas de pintura.
Dice quien lleva el evento conmemorativo, el señor Estella, limítrofe con la nostalgia de aquel prolongado estado de excepción y muy próximo o adscrito al Partido Popular que gobierna la ilustrada ciudad del Tormes, que el mismo derecho tiene Franco a figurar en el medallero que las dos Repúblicas -hasta ahora ausentes por muy sintomático y prorrogado lapsus, qué se le va a hacer-, pues uno y otras forman parte de la Historia.
La razón de quien ha sido elegido para desempeñar ese cargo a costa del presupuesto público es la misma o similar a la esgrimida por el señor Zaplana para cargar contra el Partido Socialista por su radicalismo. Semejante reproche se ha formulado también en algunos medios afines a la derecha, hasta el punto de acusar al Gobierno de enconar los fantasmas de intolerancia del pasado.
Olvidan o pretenden hacer olvidar unos y otros que fue en el Parlamento de la nación donde se acordó no hace mucho, por el voto mayoritario de la representación popular, con la única excepción del PP, la supresión de los símbolos franquistas que todavía perduran en el callejero de España.
En cuanto a Salamanca, es muy dudoso que su bellísima y espaciosa plaza pueda aspirar así al título de Plaza Mayor de Europa. La constatación histórica no avala en Alemania blasones o similares de Hitler. Como tampoco le cabe ese honor a Stalin en la nueva Rusia. De la historia de los pueblos sólo merecen honrosa memoria pública los hechos y figuras que la dignifican. No se olvide que Europa luchó y sufrió contra el fascismo a lo largo de la mayor guerra vivida por la Humanidad. Con ese fascismo compartió nuestro viejo régimen algo más que símbolos.
Si en Madrid se ha desmontado el homenaje al Caudillo que representaba su estatua ecuestre, en Salamanca luce magnífico medallón en la plaza que ahora conmemora su ducentésimo quincuagésimo aniversario con mucha resonancia propagandística y escasa enjundia cultural. Plaza Mayor de Europa la nombran quienes la pregonan con ahínco más mercantil que entusiasta. En el medallón, a veces, se gasta el Ayuntamiento la pasta de todos porque el airado rojerío mancilla la efigie del Generalísmo con chafarrinadas de pintura.
Dice quien lleva el evento conmemorativo, el señor Estella, limítrofe con la nostalgia de aquel prolongado estado de excepción y muy próximo o adscrito al Partido Popular que gobierna la ilustrada ciudad del Tormes, que el mismo derecho tiene Franco a figurar en el medallero que las dos Repúblicas -hasta ahora ausentes por muy sintomático y prorrogado lapsus, qué se le va a hacer-, pues uno y otras forman parte de la Historia.
La razón de quien ha sido elegido para desempeñar ese cargo a costa del presupuesto público es la misma o similar a la esgrimida por el señor Zaplana para cargar contra el Partido Socialista por su radicalismo. Semejante reproche se ha formulado también en algunos medios afines a la derecha, hasta el punto de acusar al Gobierno de enconar los fantasmas de intolerancia del pasado.
Olvidan o pretenden hacer olvidar unos y otros que fue en el Parlamento de la nación donde se acordó no hace mucho, por el voto mayoritario de la representación popular, con la única excepción del PP, la supresión de los símbolos franquistas que todavía perduran en el callejero de España.
En cuanto a Salamanca, es muy dudoso que su bellísima y espaciosa plaza pueda aspirar así al título de Plaza Mayor de Europa. La constatación histórica no avala en Alemania blasones o similares de Hitler. Como tampoco le cabe ese honor a Stalin en la nueva Rusia. De la historia de los pueblos sólo merecen honrosa memoria pública los hechos y figuras que la dignifican. No se olvide que Europa luchó y sufrió contra el fascismo a lo largo de la mayor guerra vivida por la Humanidad. Con ese fascismo compartió nuestro viejo régimen algo más que símbolos.
viernes, 1 de abril de 2005
El Vaticano y el Código da Vinci
Félix Población
Con un ralentí inexplicable en su proverbial rigor censorio, el Vaticano se ha apercibido de la nefasta influencia que El código da Vinci puede ejercer entre su feligresía. Muy complejos y delicados asuntos han de ocupar a la curia romana para que el best seller se le haya escapado de su celo amonestante en este par de años. Quizá la sucesión del actual pontífice se presente con un grado de conflictividad mucho mayor del calculable y su compleja dilucidación reste dedicación analítica y ejecutiva a otros menesteres.
Lo comprobable es que Dan Brown lleva 18 millones de ejemplares vendidos en 44 idiomas, que su obra lidera las listas de ventas en países con una gran población católica como Estados Unidos, Francia y Brasil, y que sólo en español el número de lectores supera ya el millón. Esos datos han puesto nerviosa a la Iglesia, incapaz de discernir en un libro de ficción lo que una nutrida y feraz documentación pueden abonar en pro de la verosimilitud del relato.
Se sostiene en el mismo, entre otras claves fundamentales para el desarrollo literario de la historia, que Jesucristo estuvo casado con la ex prostituta María Magdalena, con la que tuvo un hijo, y que la Iglesia ocultó durante siglos ese singular matrimonio. Tal revelación, por muy incardinado que esté su motivo en la argumentación estrictamente novelesca, merece a juicio del Vaticano poco menos que una cruzada para rebatir el cúmulo de falsificaciones absurdas y vulgares en que se basa el autor.
Prueba de lo que preocupa al Vaticano la obra de Brown es que al frente de esa campaña figura el mismísimo obispo de Génova, cardenal Tarcisio Bertone, candidato significado a suceder a Juan Pablo II. Hasta el Opus Dei, cuyo protagonismo en la novela estima esa asociación afrentoso, ha llegado a solicitar a Dan Brown un prólogo explicativo en el que éste ratifique el carácter ficticio del relato, alegando eso de que todo parecido con la realidad es pura coincidencia.
Naturalmente, el señor Brown ni siquiera se ha molestado en responder a esa demanda, sin duda porque la polémica ayuda a sus intereses y acaso también porque le parezca una redundancia abundar en las características que como género definen a la novela. En cuanto al trato dado al Opus en su libro, el escritor se limita a manifestar en su Web que la descripción es equilibrada.
Por encima de apologistas y detractores, ya sea del contenido o de los méritos literarios del autor, está claro que entre las virtudes del libro la Iglesia ha quedado inquietamente impresionada por su verosimilitud, uno de los fundamentos capitales de toda buena novela. Esa verosimilitud, respaldada en un denso y meritorio bagaje documental, ha propiciado que el Vaticano, con su tardía llamada a rebato admonitorio, fomente la mejor campaña de mercadotecnia favorable a una mayor difusión lectora del Código da Vinci. El señor Brown lo va a notar con seguridad en su cuenta nada corriente.
Con un ralentí inexplicable en su proverbial rigor censorio, el Vaticano se ha apercibido de la nefasta influencia que El código da Vinci puede ejercer entre su feligresía. Muy complejos y delicados asuntos han de ocupar a la curia romana para que el best seller se le haya escapado de su celo amonestante en este par de años. Quizá la sucesión del actual pontífice se presente con un grado de conflictividad mucho mayor del calculable y su compleja dilucidación reste dedicación analítica y ejecutiva a otros menesteres.
Lo comprobable es que Dan Brown lleva 18 millones de ejemplares vendidos en 44 idiomas, que su obra lidera las listas de ventas en países con una gran población católica como Estados Unidos, Francia y Brasil, y que sólo en español el número de lectores supera ya el millón. Esos datos han puesto nerviosa a la Iglesia, incapaz de discernir en un libro de ficción lo que una nutrida y feraz documentación pueden abonar en pro de la verosimilitud del relato.
Se sostiene en el mismo, entre otras claves fundamentales para el desarrollo literario de la historia, que Jesucristo estuvo casado con la ex prostituta María Magdalena, con la que tuvo un hijo, y que la Iglesia ocultó durante siglos ese singular matrimonio. Tal revelación, por muy incardinado que esté su motivo en la argumentación estrictamente novelesca, merece a juicio del Vaticano poco menos que una cruzada para rebatir el cúmulo de falsificaciones absurdas y vulgares en que se basa el autor.
Prueba de lo que preocupa al Vaticano la obra de Brown es que al frente de esa campaña figura el mismísimo obispo de Génova, cardenal Tarcisio Bertone, candidato significado a suceder a Juan Pablo II. Hasta el Opus Dei, cuyo protagonismo en la novela estima esa asociación afrentoso, ha llegado a solicitar a Dan Brown un prólogo explicativo en el que éste ratifique el carácter ficticio del relato, alegando eso de que todo parecido con la realidad es pura coincidencia.
Naturalmente, el señor Brown ni siquiera se ha molestado en responder a esa demanda, sin duda porque la polémica ayuda a sus intereses y acaso también porque le parezca una redundancia abundar en las características que como género definen a la novela. En cuanto al trato dado al Opus en su libro, el escritor se limita a manifestar en su Web que la descripción es equilibrada.
Por encima de apologistas y detractores, ya sea del contenido o de los méritos literarios del autor, está claro que entre las virtudes del libro la Iglesia ha quedado inquietamente impresionada por su verosimilitud, uno de los fundamentos capitales de toda buena novela. Esa verosimilitud, respaldada en un denso y meritorio bagaje documental, ha propiciado que el Vaticano, con su tardía llamada a rebato admonitorio, fomente la mejor campaña de mercadotecnia favorable a una mayor difusión lectora del Código da Vinci. El señor Brown lo va a notar con seguridad en su cuenta nada corriente.