Diario del Aire
martes, 14 de abril de 2026
FRENTE A TRUMP, HAY QUE CERRAR FILAS EN TORNO AL PAPA LEO
PÉTER MAGYAR DESAYUNA EN EL ATENEO DE MADRID
¿UNAMUNO ASESINADO?: TRES OPINIONES A CONSIDERAR
GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXI): LA PATRIA, COMPLEMENTO CIRCUNSTANCIAL… DE LUGAR
«...A veces, para algunas personas, el nombre de un escritor, el título de un libro pueden equivaler al de una patria.» Leonardo SCIASCIA (Racalmuto, Agrigento, Sicilia, Italia, 8 de enero de 1921 - Palermo, 20 de noviembre de 1989): Porte aperte –Puertas abiertas- (1987).
Cuando el Estado-nación moderno hace aguas en una marejada de poderes económicos transnacionales y organizaciones supranacionales con voluntad de mercaderes, acaso necesitamos (seguramente siempre lo hemos necesitado) otro tipo de patria que nos preste el calor del terruño, ahorrándonos chovinismos y xenofobias... Y, ya sin aldeas (convertidas en paisaje pintoresco para el fomento del turismo rural) ni verdaderos barrios (sin vida interna, transformados en inhóspitos habitáculos para el descanso de las alienadas huestes que llenan los grandes centros comerciales), habremos de volver la mirada a las mejores historias escritas...
¿Quién no ha sentido, en algún momento, que los aconteceres del Macondo de Cien años de soledad, de la Vetusta de La Regenta o los rincones de La Mancha transitados por Don Quijote eran más suyos que el tedio o las tensiones que envolvían su vida cotidiana?... ¿Quién no ha encontrado mil veces en Gabo, Clarín o Cervantes esa sensación maravillosa y reconfortante de las palabras mágicas que describen lo maravilloso o terrible del mundo al calor de una chimenea o una hoguera?.
lunes, 13 de abril de 2026
LA ARGENTINA DE MILEI: POLICÍAS CONTRA SOTANAS (PREMIO WORLD PRESS FHOTO)
GAZA, LÍBANO, EL GRAN ISRAEL Y EL FRACASO DEL ORDEN INTERNACIONAL
"Hay tantos cadáveres que ya no caben”. La frase no es una metáfora ni un recurso retórico. La pronuncia Alejandra Salvat, delegada de Cruz Roja en Líbano, para describir una realidad que desborda cualquier capacidad institucional. En algunos centros sanitarios se han tenido que instalar unidades de refrigeración adicionales para almacenar cuerpos que llegan sin descanso. La muerte, convertida en rutina logística, revela hasta qué punto la escalada militar en la región ha sobrepasado todos los límites. El problema radica en cómo parar la estrategia del Gran Israel ante el precedente que está significando la brutal violencia del expansionismo que alienta el actual gobierno de Netanyahu.
La escena no es una excepción ni un episodio puntual. Es el resultado directo de una presión sostenida sobre territorios que conviven con el conflicto permanente. Países como Líbano, junto a Gaza o Cisjordania, soportan el impacto de una dinámica que combina ofensiva militar, colapso de infraestructuras y una crisis humanitaria que ya no puede gestionarse con los recursos disponibles. En este vídeo que muestra la magnitud de la tragedia se observa con crudeza cómo la acumulación de víctimas se ha convertido en una constante.
Lo que ocurre sobre el terreno no puede entenderse sin analizar las ideas que lo sostienen. Durante años, el concepto del llamado “Gran Israel” fue relegado a los márgenes del debate político, asociado a sectores radicales y sin respaldo explícito desde posiciones de poder. Sin embargo, esa frontera entre lo marginal y lo institucional se ha ido desdibujando progresivamente.
Hoy, esa visión ya no se limita a discursos periféricos. Ha comenzado a aparecer en declaraciones públicas de figuras con responsabilidad gubernamental. La idea de una expansión territorial que trascienda las fronteras actuales, basada en argumentos históricos, religiosos y estratégicos, ha dejado de ser una hipótesis lejana para convertirse en un marco político que condiciona decisiones concretas.
El ministro Bezalel Smotrich ha verbalizado en distintas ocasiones posiciones que apuntan en esa dirección. No se trata solo de palabras. Estas declaraciones encajan con una práctica sobre el terreno que incluye ocupación, desplazamiento forzado y presión constante sobre territorios vecinos. La expansión no se formula únicamente como un proyecto ideológico, sino como una estrategia que se ejecuta paso a paso.
En este contexto, lo que ocurre en Líbano no puede analizarse como un fenómeno aislado. Forma parte de una lógica más amplia en la que la violencia se convierte en herramienta política. Cada infraestructura destruida, cada hospital colapsado y cada cuerpo almacenado en cámaras improvisadas responde a una dinámica estructural que prioriza el control territorial sobre la vida humana.
Las consecuencias son visibles. Sistemas sanitarios al límite, población civil atrapada y una comunidad internacional incapaz de frenar la escalada. La normalización de esta violencia no es casual. Es el resultado de años de impunidad y de una narrativa que ha permitido justificar lo injustificable bajo el paraguas de la seguridad.
Mientras tanto, la realidad sobre el terreno sigue deteriorándose. Las cifras de víctimas aumentan, las infraestructuras se desmoronan y la capacidad de respuesta humanitaria se agota. La pregunta ya no es si la situación es insostenible, sino cuánto tiempo más se va a permitir que continúe. Porque lo que está en juego no es solo el presente de una región, sino el precedente que se establece cuando la violencia sistemática deja de tener consecuencias.
Cuando almacenar cadáveres se convierte en un problema logístico, lo que ha fracasado no es un sistema sanitario, sino todo un orden internacional que ha decidido mirar hacia otro lado.
SPANISH REVOLUTION
QUIEREN ALMA DE OBRA BARATA PARA SU PENSAMIENTO ÚNICO
Valentín Martín
RADIO KRAS, PATRIMONIO CULTURAL DE GIJÓN
Félix Población
Es muy de celebrar que mi estimado Luis Miguel Piñera, cronista de Gijón con una colaboración semanal en el diario La Nueva España, dedique en la edición de hoy de este periódico una más que merecida crónica a Radio Kras, una iniciativa comunicacional de izquierda que este año cumple nada menos que 41 desde su fundación. El sonoro acrónimo responde al Colectivo Radiofónico Asturiano que puso en marcha este empeño, nacido en Gijón octubre de 1985, con un manifiesto fundacional en el que se hace constar que surge por el carácter conservador y la falta de imaginación de los medios de comunicación de aquella villa, "cosa que no facilita, e incluso impide, la expresión de una realidad rica en proyectos culturales, políticos y sociales alternativos". El acrónimo viene a ser, también, un homenaje a una vieja organización política, las Comunas Revolucionarias de Asturias (CRAS), en las que participaron junto a su inspirador, el recordado profesor anarquista José Luis García Rúa, algunos de los fundadores de esta Radio Kras que aún resiste en el 105 FM: la lucha obrera, la oposición a la OTAN, el antimilitarismo, la música, la insumisión y la cultura en general, formaron parte del guion informativo de esta emisora, tal como recuerda Piñera. Una declaración institucional de los grupos políticos representados en el Ayuntamiento de Gijón en 2015, coincidiendo con el trigésimo aniversario de Radio Kras, evitó el cierre de la emisora por parte de la Jefatura Provincial de Inspección de Telecomunicaciones, que pretendía sancionar al colectivo con una multa de entre 200.000 y 300.000 euros por carecer de licencia para emitir en FM. Esa declaración institucional consideraba a Radio Kras, con todo merecimiento, un "patrimonio cultural irrenunciable de la ciudad". Larga vida, pues, para quienes se han ganado este título y lo mantienen a viva voz después de más de cuatro décadas. Que sea así por muchos años, de parte de quienes en la muy lejana adolescencia y en esa misma villa cantábrica, carentes de libertades, sólo podíamos imaginar en tiempos futuribles iniciativas como Kras.
DdA, XXII/6314
"LA VERDAD ESTÁ EN LUCHA", UN POEMA REVOLUCIONARIO DE LUIS CERNUDA
Ana Cardo
Mi amigo en redes Esteban Zúñiga ha recuperado estos días previos a la conmemoración republicana -eludida de raíz en el vigente régimen-, aparte de la participación del admirable poeta Luis Cernuda en la manifestación de júbilo multitudinario celebrada en las calles de Madrid hace 95 años con motivo de la proclamación de la Segunda República el 14 de abril y el recuerdo de la breve militancia del poeta sevillano en el Partido Comunista (legalizado ahora hace 49 años), dos colaboraciones de Cernuda en la revista Octubre, escritores y artistas revolucionarios, fundada y dirigida por la escritora Teresa León y el poeta gaditano Rafael Alberti. Aunque son de similar enfoque revolucionario ambas colaboraciones, ateniéndose a la cabecera de la revista (sigo echando de menos una edición facsimilar), me parece más interesante la segunda, que su autor dio a conocer en el número 8 de la publicación, correspondiente al mes de abril de 1934. Se trata de su poema Vientres sentados, que yo desconocía y que Zúñiga ha ilustrado en su muro con la imagen del poeta montado en un burro en el pueblo abulense de Burgohondo, durante unas jornadas de las Misiones Pedagógicas en las que Luis Cernuda participó activamente junto a otros escritores, tratando con sus explicaciones de acercar el arte a las gentes de las aldeas y pueblos del país, víctimas en una proporción elevada de la pobreza y el analfabetismo, durante el tiempo de aquella memorable e histórica actividad cultural, emprendida en el primer bienio republicano:
IRÁN: SE PERCIBEN TUFOS DE FAKE EN ESTA PAUSA PACTADA
Mientras persista un sistema basado en la acumulación militarizada de riqueza, la competencia monopólica entre potencias y la subordinación de la vida a la lógica del capital, toda tregua estará atravesada por ambigüedades irresolubles. Podrá aliviar el sufrimiento en el corto plazo, pero difícilmente podrá garantizar una paz duradera liberada del capitalismo. Así, la tregua no es simplemente un alto al fuego ni un engaño total: es un signo en disputa, un momento de condensación de contradicciones donde se juega, en última instancia, la posibilidad de transformar la guerra administrada en una paz verdaderamente humana.
Fernando Buen Abad
¿Todo es mentira, Donald? ¿Esta pausa pactada es un circo de falacias o una esperanza cierta de pacificación? Se perciben tufos a fake. Nos ha pasado tantas veces. Toda tregua es también una operación ideológica. Ésta especialmente, y no porque parezca falsa en un sentido absoluto, sino porque su “verdad” está intoxicada por intereses mercantiles concretos que sólo se declaran abiertamente a sangre y fuego. Su tregua, en este sentido, no es una negación de la guerra, sino una de sus formas.
Suspende el estruendo de las armas mientras intensifica el murmullo de los negocios que buscan domesticar la conciencia de las mayorías. Se construye un relato de racionalidad, de prudencia, incluso de humanismo, que oculta las condiciones estructurales que hacen posible la violencia y ocultan a los muertos adultos e infantes.
Ahora la palabra “tregua” aparece, en el teatro contemporáneo de la geopolítica, como un signo de alta densidad semiótica que encubre una compleja red de intereses mercantiles, correlaciones de fuerza y operaciones ideológicas. Cuando Donald Trump enuncia o avala una “pausa” en el conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, no se trata simplemente de un gesto diplomático hipócrita, sino de una construcción discursiva que debe ser interrogada desde sus condiciones de producción, circulación y recepción. La tregua, como signo, no existe en el vacío: es parte de un sistema de significaciones donde cada palabra, cada imagen mediática, cada gesto institucional, contribuye a jerarquizar la percepción social de la dominación imperial.
No se trata de dictaminar, en términos ingenuos, si “todo es mentira” o si estamos ante una “esperanza real” de paz, sino comprender qué función cumple la idea misma de tregua en la reproducción de un orden mundial atravesado por la guerra cognitiva, la dictadura de las fake news y la retahíla infinita de falacias lenguaraces perpetradas por Trump. La tregua puede operar simultáneamente como suspensión táctica de hostilidades materiales y como intensificación de la guerra en el plano simbólico.
De hecho, la historia reciente muestra que los momentos de aparente distensión suelen coincidir con reconfiguraciones estratégicas que permiten a las potencias reordenar sus dispositivos de dominación, optimizar recursos y rearticular legitimidades. Y profundizar la ofensiva mediática.
Así es el capitalismo, en su fase imperial de acumulación globalizada y financiarizada, que no puede prescindir de la guerra como mecanismo de regulación. La guerra no es un accidente ni una desviación moral, sino una herramienta de saqueo de recursos naturales, explotación de seres humanos, subordinación de mercados, control de recursos estratégicos y disciplinamiento de poblaciones.
En este contexto, la tregua funciona como un dispositivo de gestión de la violencia: no la elimina, la administra. Ya no se trata de si la tregua es “verdadera” o “falsa”, sino de a quién sirve y qué oculta.
¿Suspende la violencia para proteger a las poblaciones o para reorganizar la capacidad ofensiva de los aparatos militares? ¿Abre espacios para una transformación estructural o consolida las condiciones que harán inevitable el próximo ciclo de confrontación?
Nuestra semiótica crítica obliga a leer la tregua no como hecho aislado, sino como un momento dentro de un proceso histórico más amplio donde la guerra y la paz son dos caras de una misma lógica del engaño burgués. Así, la figura de Trump resulta paradigmática, no por su excepcionalidad, sino por su capacidad de condensar en un estilo discursivo monstruoso que en otros contextos se presenta como un arma de aberraciones y dislates al servicio de la confusión programática. Por más imbécil o sicópata que parezca, más velada.
Su retórica oscila entre la amenaza abierta y la promesa de negociación, entre la exaltación del poder militar y la apelación a acuerdos de negocios. Esta oscilación esquizofrénica no es incoherente: es funcional a una estrategia que combina coerción y consenso, intimidación y seducción. La tregua, en su discurso, puede aparecer cual gesto magnánimo, pero también como advertencia implícita de que la violencia y el horror siguen disponibles.
Desde una mirada humanista rigurosa, la evaluación de la tregua no puede limitarse a sus efectos inmediatos, aunque estos sean cruciales en términos de vidas humanas. Toda pausa en la violencia que evite muertes es, en ese plano, valiosa. Pero el humanismo no puede reducirse a una ética de la urgencia que ignore las condiciones estructurales. Un humanismo de nuevo género exige interrogar las raíces de la violencia y no contentarse con su administración temporal. De lo contrario, se corre el riesgo de convertir la tregua en un ritual recurrente que legitima la continuidad del sistema que produce la guerra.
Así la dimensión semiótica de este problema se vuelve evidente cuando se analizan las narrativas mediáticas que acompañan la tregua. Se construyen imágenes de líderes dialogando, de acuerdos firmados, de declaraciones optimistas.
Estas imágenes funcionan como signos de estabilidad, como promesas de normalidad. Sin embargo, detrás de ellas persisten las estructuras de poder que hacen posible la violencia: bases militares, alianzas estratégicas, sanciones económicas, operaciones encubiertas. La tregua, en este sentido, puede ser leída como una superficie tranquila que oculta un subsuelo criminal en ebullición
Hay que romper con toda ilusión y desnaturalizar esta tregua como conquista civilizada. Hay que transparentar sus condiciones materiales. Esto no implica adoptar una posición cínica que niegue toda posibilidad de paz, sino construir una comprensión más compleja que permita distinguir entre una paz negativa –ausencia temporal de violencia directa– y una paz positiva –transformación de las condiciones que generan la violencia.
Mientras persista un sistema basado en la acumulación militarizada de riqueza, la competencia monopólica entre potencias y la subordinación de la vida a la lógica del capital, toda tregua estará atravesada por ambigüedades irresolubles. Podrá aliviar el sufrimiento en el corto plazo, pero difícilmente podrá garantizar una paz duradera liberada del capitalismo.
Así, la tregua no es simplemente un alto al fuego ni un engaño total: es un signo en disputa, un momento de condensación de contradicciones donde se juega, en última instancia, la posibilidad de transformar la guerra administrada en una paz verdaderamente humana.
LA JORNADA MX. DdA, XXII/6314






