lunes, 30 de enero de 2023

"NO VERÁ USTED A UN CATÓLICO MATAR EN NOMBRE DE SU RELIGIÓN"

 


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El vicesecretario general de FET-JONS, José Luna (a la izda, de rodillas), asiste a una celebración religiosa en la iglesia de los Padres Jesuitas de Alcalá, con motivo de la inauguración del V Consejo Nacional del SEU / EFE/ Hermes Pato

Manuel Saco

La derecha tiene un problema con la Historia. Aunque quizá sea la Historia la que en verdad tiene un problema con la existencia misma de la derecha. Desde la ignorancia enciclopédica de Isabel Díaz Ayuso, que consideraba a los musulmanes que invadieron la península ibérica, a principios del siglo VIII, como usurpadores de nuestro suelo patrio, es decir, España, como si los anteriores invasores de Iberia, romanos o visigodos, hubiesen nacido en Chamberí… hasta la estulticia del nuevo líder de la derecha española, Alberto Núñez Feijóo, que llegó a afirmar que “no verá usted a un católico matar en nombre de su religión. Otros pueblos tienen algunos ciudadanos que sí lo hacen”.

La chispa que hizo saltar esta necedad fue el yihadista marroquí, con sus facultades mentales averiadas, que acababa de asesinar, machete en mano, al sacristán de una parroquia de Algeciras. Y Feijóo, con sus facultades mentales en un estado cada vez más sospechoso, en perfecta alineación con esa ultraderecha de Vox que le habita, avivaba la llama del odio racial y religioso con un discurso trufado de ignorancia e insensatez a partes iguales.

Espero que, desde las cátedras de Historia, gente más autorizada que yo le refresque la historia criminal del cristianismo, y en especial de la Iglesia católica, un pasado que precisamente la Yihad islámica utiliza como justificación de su guerra de venganza universal.

Para empezar, Feijóo es de esos católicos genuinamente más papistas que el papa. No hace mucho tiempo que Francisco, menos papista que Feijóo, pidió públicamente perdón, durante el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares en Santa Cruz, Bolivia, por los innumerables crímenes cometidos por la Iglesia católica contra los pueblos indígenas de América Latina. “Pido humildemente perdón no solo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América” (…) “Les digo esto con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios en nombre de Dios”. Ignorante Feijóo: en nombre de Dios, los muy piadosos conquistadores se aplicaron con saña al genocidio de millones de indígenas cuyo crimen no era otro que adorar tontamente a falsos dioses y poseer grandes sumas de oro y plata que con posterioridad habrían de tapizar los templos cristianos.

Ignorante Feijóo: por la módica cantidad de 19 euros puede usted comprar la Historia criminal del cristianismode Karlheinz Deschner, una obra monumental que repasa los crímenes cometidos por los cristianos desde el primer vagido de la Iglesia de Cristo hasta nuestros días. Un estudio minucioso de la saña aplicada por sus fieles contra ateos, disidentes y creyentes de otros credos.

Ignorante Feijóo: ya desde el Edicto de Milán, decretado por Constantino a principios del siglo IV, la Iglesia utilizó su poder e influencia para reprimir la cultura y la libertad, y condenar a muerte a los considerados rebeldes, como coartada divina del brazo represor de los sátrapas. La Iglesia católica, ya desde entonces, al servicio de la unidad (¿dónde habré oído yo esa palabra?) de la patria, del imperio.

La sed de sangre atascó las gargantas de los cristianos desde sus primeros avemarías. El año 415, el obispo de Alejandría, Cirilo I, ordenó la muerte de Hipatia. Y monjes a sus órdenes cumplieron la condena. La mujer más brillante de su tiempo, filósofa y matemática, fue asesinada con especial crueldad, violada y torturada por el pecado de no ser cristiana y predicar la ciencia y la razón como las únicas diosas que deberían guiar nuestros destinos. Y, además, mujer, ese subproducto creado por el Dios de los cristianos para solaz del varón (“no es bueno que el hombre esté solo”, vamos a crear a alguien que le haga la comida, las camas y le planche).

El ignorante Feijóo parece desconocer que al principio del siglo XI, en el concilio de Clermont, el papa Urbano II estrenó un grito de guerra que habría de tener consecuencias nefastas para media humanidad. “Dios lo quiere”, decía para justificar la puesta en pie de la invasión de los llamados Santos Lugares con un ejército mezcla de señoritos de la nobleza, bajo clero, asesinos, violadores y gente del hampa a la que se le prometía redención si se enrolaban en sus filas. Fue el comienzo de varias oleadas de cruzadas, de combatientes con la cruz cosida en el pecho, que asolaron, saquearon, violaron a todos los pueblos que encontraron a su paso camino de la tierra prometida.

En el asedio a la ciudad de Béziers, en 1209, el enviado del papa Inocencio III, en su lucha contra los albigenses, que abrazaban el catarismo, un movimiento hereje para la Iglesia católica, ordenó, por inspiración divina, pasar por las armas a todos los hombres, mujeres y niños, sin discriminación. “Matadlos a todos, que Dios sabrá reconocer a los suyos” (caedite eos, novit enim Dominus qui sunt eius).

Desconoce el ignorante Feijóo la página negra de nuestra Inquisición, el arma más temible de la Iglesia contra la herejía, contra la disidencia. Este tribunal condenó a la hoguera, decapitación, y tortura a miles de inocentes y presuntas brujas, después de juicios donde el reo apenas contaba con un abogado farsante. El gusto por la muerte, por parte de los cristianos, tanto católicos como protestantes, alcanzó la categoría de arte en la imaginación y construcción de aparatos de tortura para aplicar a los reos.

La garrucha, para descoyuntar los huesos. El potro, para estirar los huesos del reo hasta desmembrarlo. La pera, instrumento que se introducía en la boca, vagina o ano y que destrozaba las cavidades. La sierra, especialmente dedicado a las acusadas de brujería: se las abría desde el ano hasta el vientre con una sierra con el fin de matar el presunto feto engendrado por la bruja con el diablo. Los carbones al rojo vivo sobre la piel. El aplasta pulgares. El agua introducida por la boca con un embudo hasta reventar el estómago de la víctima. La cuna de Judas con la que se desgarraba el ano o la vagina del reo. La flagelación. La doncella de hierro, un sarcófago con pinchos metálicos que se clavaban en el cuerpo hasta morir desangrado…

Al otro lado de los Pirineos, en 1572, sin que Feijóo ni siquiera lo sospechase, el papa Pío V ordenaba uno de los crímenes colectivos más famosos de la historia criminal de los cristianos. Es la conocida como la matanza de San Bartolomé en la noche del 24 de agosto, cuando cerca de 3.000 protestantes hugonotes fueron degollados o muertos a tiros a manos de una multitud de piadosos católicos. Pero ahí no quedó todo. El festival de sangre continuó en las semanas siguientes hasta un total de 20.000 protestantes asesinados. Y en siglos posteriores: en el XVII, hordas de católicos saqueaban la ciudad de Magdeburgo (Alemania), con un saldo de 30.000 protestantes muertos.

El 17 de febrero de 1601, en la plaza romana de Campo dei Fiori, el filósofo, poeta, matemático y astrónomo Giordano Bruno, desnudo y atado a un palo, con la lengua sujeta por una prensa de madera para que no pudiese hablar, fue quemado vivo. Había sostenido, contra la barbarie cristiana, que el sol era tan solo una estrella, y que en el universo probablemente existirían innumerables civilizaciones inteligentes, según sus cálculos matemáticos. Todo ello apeaba al dios de los cristianos a un puesto irrelevante en la inmensidad del Cosmos.

Años más tarde, en 1633, Galileo Galilei, físico, astrónomo y matemático, fue condenado como hereje por la santa Inquisición, y torturado. Fue obligado a vestir traje de penitencia y a permanecer confinado en su casa de Florencia desde diciembre de 1633 hasta su muerte en 1638. Su delito había sido demostrar que era el Sol y no la Tierra el centro del sistema solar, y que era nuestro planeta, la obra cumbre de su dios, el que giraba como un vasallo alrededor del Sol. El tribunal cristiano, para perdonarle la vida, le obligó a abjurar de su teoría. Eppur si muove (“y, sin embargo, se mueve”) es la frase que, según la tradición, habría pronunciado después en voz baja para justificarse ante la Historia… y ante Feijóo.

Entre los Padres de la Iglesia, Tomás de Aquino, unos de los más venerados, justificaba sin paliativos la represión y muerte, si era preciso, de los que vivían en pecado. Era tal la podredumbre de su alma que en su obra magna, la Summa Theologica, llegó a escribir: “Para que los Santos puedan disfrutar más abundantemente de su beatitud y de la gracia de Dios, se les permite ver el castigo de los malditos en el infierno”. Tal era la bondad infinita del dios de los cristianos. Tal era el odio de Tomás a los infieles.

Juan Pablo II visita el Chile de Pinochet en 1987

eldiario.es DdA,XIX/5.362

UN LIBRO RECOMENDABLE SOBRE LA VALENCIA DE JUAN NEGÍN


Recordar és tornar a veure,/ mantenir una visió, retenir-la./L’oblit equival a una forma/o altra de fosca. Joan Fuster

Cecilia Remis

La Asociación Cultural Instituto Obrero, en su línea de difusión pedagógica, continúa haciendo memoria a través de publicaciones didácticas. En esta ocasión nos adentra en la vida del doctor Juan Negrín, presidente del gobierno de la Segunda República, en el espacio temporal que vivió en Valencia, desde noviembre de 1936 hasta su partida a Barcelona finalizando el mes de octubre del año 1937.

Negrín tomó posesión de su cargo en Valencia, donde entonces estaba la sede del Ejecutivo, como presidente del Gobierno de la República. Juan Negrín, asumió su cargo en un momento tremendamente difícil marcado por la Guerra contra los sublevados y por las tensiones internas de la II República. Fue el mandatario de la resistencia «resistir es vencer», nunca pudo imaginar a su llegada a Valencia que aquella región seria la última que pisaría del estado español, un domingo, 5 de marzo de 1939, partía desde una pista de arena de Monóver hacia un exilio que nunca tendría retorno.

Juan Negrín en Valencia es una publicación alrededor de su figura durante la capitalidad de la Valencia republicana. Las ilustraciones de Román Sánchez; el estudio del profesor Ricard Camil Torres y la investigación de Cristina Escrivà, completan la biografía del que fue ministro de Hacienda y presidente del Gobierno durante la guerra de España.

La publicación se estructura en tres secciones, con diferentes niveles de lectura, ofreciendo diversas posibilidades de comprensión. Tres partes divididas entre los colores de la bandera republicana: rojo, amarillo y morado.

Las ilustraciones de Román Sánchez Ortega van introduciendo al lector o lectora a través de la imagen gráfica, apoyada en una frase descriptiva. Previamente se ofrecen algunos datos cronológicos que van contextualizando la época de Juan Negrín, centrándonos en su etapa valenciana, que coincide con el segundo gobierno de Francisco Largo Caballero, donde Negrín ocupó el cargo de ministro de Hacienda, y los primeros meses de su presidencia como jefe del gobierno republicano.

La investigación de la escritora memorialista Cristina Escrivà Moscardó repasa las noticias de prensa donde Negrín ocupa un lugar protagonista. Este apartado va acompañado de más de cuarenta fotografías documentando los hechos narrados, junto a diferentes carteles. Seguidamente nos ofrece una ruta urbana por los lugares más representativos de su mandato en la ciudad del Turia. Este apartado incluye un código QR, que enlaza a un recorrido que se realizó con la presencia de Carmen Negrín, nieta de Juan Negrín, y el poeta e historiador Víctor Benavides, organizado por la Plataforma Republicana 14 d’Abril de Puçol.

La tercera parte, se ha hecho coincidir con el grafismo resaltado en morado, contiene un estudio del historiador y profesor de la Universitat de València Ricard Camil Torres Fabra que, además de adentrarse en el perfil biográfico de Negrín, reflexiona sobre la política desarrollada por su gobierno durante la guerra de España.

La “Ficha

La Valencia de Juan Negrín. Guion: Cristina Escrivà Moscardó.
Ilustraciones: Román Sánchez Ortega. Estudio: Ricard Camil Torres Fabra.
Edita: Cultural Instituto Obrero. ISBN: 978-84-125405-6-7.
Documentación: Associació Cultural Institut Obrer (ACIO), Fundación Juan Negrín,
Biblioteca Valenciana (BV), Archivo General de la Administración (AGA)
y Biblioteca Nacional de España (BNE).

Un trabajo dedicado a realizar la difusión del conocimiento sobre el doctor Juan Negrín,
en descarga gratuita en PDF, haz clic aquí.

LOQUESOMOS  DdA, XIX/5.362

EL ODIO Y LA EXCLUSIÓN AUMENTAN CON EL DISCURSO REACCIONARIO EN LA AGENDA PÚBLICA


Enrique del Teso

Ocurrían las tres cosas casi a la vez. Sánchez firmaba con Macron un tratado entre España y Francia de grueso calibre para el continente. Por varias comunidades se extiende la agitación en la sanidad pública, a la que empieza a asomarse tímidamente la enseñanza. En Cibeles Vox tocó el cornetín y acudieron decenas de miles al llamado ultra para luchar contra el comunismo y contra los moros, para invalidar las últimas elecciones porque la gente votó mal y, en general, para proteger a España de los españoles. Mirando el panorama con desgana, podría parecer que no está tan mal, que la España delirada de los mundos ultras de yupi flotó sobre la España real del mundo real como el aceite flota sobre el agua, sin mezclarse y sin disolución posible. Pero el mundo real es confuso e inquietante, el pasado es movedizo, nos extraviamos en el tejido de un presente desconocido y no hay pistas para el futuro.

Las cifras dicen que mejoramos, pero cada uno siente que algo difícil de concretar va a peor. En el desconcierto apetecen esquemas fáciles y simples. Cuando tenemos ese eczema que nos escuece y al que los médicos no acaban de encontrar solución, o ese dolor intestinal que no acaban de saber por qué es, la perorata de oligoelementos, pócimas mineralizantes y chutes de zinc del homeópata nos llena de certezas. Los cuatro bramidos simplones de los ultras disueltos en un buen puñetazo en la mesa por donde desfilen moros, feministas, progres vividores y chalés de Galapagar al menos son una explicación rápida y manejable y de repente mi frustración y mala leche dan orden en el caos.

Aunque el sentido común siga en nosotros, los delirios ultras no son aceite flotando sobre una realidad impermeable a ellos. Son una humedad que aprovecha la rareza de los tiempos y las debilidades de nuestro complejo sistema emocional y racional para hacer que lo más bajo de nuestras tripas más bajas se deje ver en nuestra conducta. Algo de ese aceite que se exhibió en garrafas en Cibeles se filtra y oscurece la convivencia.

Además es muy humano aflojar lo que nos aprieta. Para quedar con nuestros amigos ponemos la ropa que nos gusta llevar, pero al llegar a casa nos alivia cambiarla. Por mucho que queramos a la pareja o hijos con los que vivimos, siempre tiene algo de distensión y hasta de descanso quedarse de repente solo en casa. Hasta la convivencia más amable se compone de hilos invisibles que nos envuelven en una tensión difusa. No es mejor lo que nos distiende y peor lo que nos tensa. No es mejor estar solo que con compañía querida. Pero la distensión es un momentáneo placer.

La democracia es buena, pero no es simple. Siempre hay una delicada tensión entre lo que tienes que tolerar para que te toleren a ti y lo que tienes que respetar a regañadientes para que no te falten a ti al respeto. Los estrategas ultras conocen nuestra necesidad de explicaciones rápidas y simples que nos saquen del desconcierto y nuestra necesidad de aliviar nuestras tensiones en un mundo que nos aprieta y nos hace rozaduras. Están bien financiados para contar con estudios detallados y, como los extraterrestres de las películas, nos tienen bien observados.

Pero ese conjunto de apreturas y tensiones de las que nos distiende el discurso ultra no es otra cosa que la democracia. La llaman dictadura progre para que no se note. Y es verdad que la democracia, como la convivencia doméstica, tensa. Y cuanta más gente tenga derechos, más tensa. Como en todo lo demás, lo que distiende no es mejor que lo que tensa, decíamos que la soledad que distiende no es mejor que la compañía querida que tensa. De hecho, el conjunto de distensiones predicado en Cibeles es sencillamente la dictadura húngara. ¿Qué otra cosa puede ser aliviarnos de la democracia que no sea algún tipo de dictadura?

Pero sus mentiras no son perfectas. Alguna transparencia enojosa debía envolver el ambientazo de Cibeles, alguna franqueza inconfesable debía condensarse en aquella atmósfera, para que Ayuso y Feijoo apoyaran a los manifestantes y pero no quisieran que se les viera con ellos. Algún plumero debe estar a la vista cuando Vox lleva meses buscando a alguien que quiera ser candidato presidencial de su cacareada moción de censura, y ni siquiera los más motivados, ni siquiera los que pidieron sin ambages que saliera el ejército aprovechando nuestro confinamiento, quieren dar ese paso. Bien poco les pide Vox, solo que acepten ser candidatos y, si ganan, disolver el parlamento. Y alta es la misión solicitada: nada menos que liberar a España. Y se lo pide a gente que ya se le pasó el arroz y no tiene mejor cosa que hacer. Mal debe oler para tanta reticencia.

Que se filtre parte del discurso reaccionario a la agenda pública (medios palmeros no les faltan) tiene dos consecuencias. Una es que aumenta el odio y la exclusión, porque de eso va ese discurso, de españoles contra españoles, razas contra razas y moros contra cristianos. Y la otra es la monumental distracción de lo que realmente pasa, que es de lo que también va ese discurso: de que pensemos en hordas delincuentes en uno de los países más seguros del mundo, de que pensemos en invasiones bárbaras donde la pirámide de población exige inmigración, de que estemos con los nervios de punta por ETA en un país que ya dejó atrás la violencia política y de que queramos continuar las batallas del Cid en un país confortablemente encajado en el orden internacional.

Los acuerdos con Francia sí son realidad y no delirio. Se están produciendo movimientos geopolíticos de envergadura que van a marcar los próximos tiempos, en los que no estamos mal situados, y en los que se están marcando decisiones estratégicas: Francia, Marruecos, Sahara, EEUU, Alemania, Portugal, países nórdicos, Latinoamérica; todo esto está cambiando para España con decisiones unas veces inteligentes y otras inmorales y hasta peligrosas. La UE ya nos gobierna más que el Gobierno central, no tiene estructura democrática y no tiene definidos cuáles son los pilares de las democracias que exige en los estados miembros. Si no caben en la unión estados que se endeuden sin su permiso, si no caben estados que estatalicen sectores estratégicos como la siderurgia o la energía, debe instaurarse una dictadura progre que exija en los estados miembros estructuras sanitarias, educativas y de  jubilación públicas y de financiación solidaria y progresiva.

Los derechos son similares a la gracia de Dios. Son protecciones y beneficios que no hay que merecer y son automatismos que suceden porque la inercia social los asegura. En eso consiste que sean derechos. La privatización de servicios básicos hace desaparecer el derecho y Europa no debe ser un espacio donde la atención sanitaria, por ejemplo, sea un consumo y no un derecho. La dictadura progre debe prohibir sistemas fiscales que no garanticen esos derechos, igual que prohíbe ayudas públicas o medidas proteccionistas a empresas nacionales. Deben castigarse paraísos fiscales y las prácticas consentidas de evasión de impuestos. Es raro que la UE nunca nos pida moderar el dinero público que acaba en los cepillos de la Iglesia. Este tipo de cosas nos va en juego en la UE y en acuerdos con Francia, no la reconstrucción del imperio.

La agitación en la sanidad tiene que ver con todo esto. La injusticia fiscal deja anémicos los servicios públicos. Las bajadas de impuestos a los ricos, o su evasión, sencillamente elimina nuestros derechos, aunque sigan reconocidos en la ley. Madrid mete en los bolsillos de los más ricos unos 4.100.000 de euros al año (más de dieciséis mil millones por legislatura; cómo iban a reparar en gastos en el tamayazo)  quitándoselos de sus impuestos, es decir, quitándolos de hospitales, atención primaria, enseñanza, dependencia y demás servicios. Se hace en Madrid con más desvergüenza lo que se está haciendo calladamente en todas las comunidades. Hay que hablar todo esto en la UE por la misma razón por la que no se hablará en tinglados como el de Cibeles: porque eso es la democracia.

La Voz de Asturias  DdA, XIX/5.362

PENSIONES, DATOS Y RELATOS

 


Félix Población

Una de estas mañanas nevadas que nos han servido de reencuentro con el invierno,  fui a comprar el buen pan de leña que se expende en una pequeña localidad de la montaña leonesa y cuyo horno está en Puebla de Lillo, a cuyo panadero, que reparte su mercancía por los pueblos del entorno, felicito por el disfrute salivar que me procura su trabajo y me retrotrae a las hogazas que mi padre ferroviario traía a casa cuando era guaje.

Allí, en el establecimiento donde adquiero la crujiente, prieta y bien elaborada chapata, asistí casualmente a una conversación habitual entre dos lugareños cuando se da entre ellos una cierta familiaridad en el trato a lo largo de la vida y existen entre ambos diferencias ideológicas o de partido.

Quien tenía más edad y con toda seguridad había vivido la oscura y miserable posguerra, provocaba medio en broma medio en serio al otro, más joven y posiblemente proclive al Partido Socialista, afirmando que no había conocido un gobierno peor que el actual, según mantienen en el Congreso algunos voceros de las derechas.

Hubiera podido mediar en la charla, como por intención me suele pasar cuando caigo en la tentación que siempre me provoca una falacia y tengo confianza para intervenir en el diálogo, pero preferí no hacerlo porque no la tenía. Evité así apuntarle al pensionista que tanto él como yo no habíamos conocido en los años que cada cual lleva como jubilados –él más que yo- un incremento en la pensiones tan alto como el que el actual gobierno de coalición aprobó en los últimos presupuestos generales, y del que se están beneficiando 10 millones de personas en este país.

Probablemente, llevado por su ideología, por su cerrazón dogmática o por su fidelidad inquebrantable a un determinado partido político, ese ciudadano llegará a las urnas este año, como puede que lo hagan otros muchos pensionistas, comulgando con su criterio y haciendo posible quizá que el próximo incremento de su pensión sea el año que viene del 2,5 por ciento y no del 8,5 como en 2023.

Allá cada cual. Si cada pensionista reconociera en esta ocasión la evidencia de los números, al margen de su color político, la campaña electoral de los partidos que integran el vigente ejecutivo no consistiría más que en repetir y hacer notar la diferencia a favor de su gestión en esta materia entre esos dos guarismos.

Pero ya sabemos que no será tan fácil con gente como el anciano lugareño, porque lo que prima en el voto de muchos españoles no es la realidad de los datos sino el relato de la realidad que le hacen los medios que frecuenta. Y ya sabemos la pertenencia de la mayoría.

     DdA, XIX/5.362     

domingo, 29 de enero de 2023

¿PERO HAY OTRA POESÍA QUE NO SE ESCRIBA DESDE LA EXPERIENCIA?


Lazarillo

Es de celebrar siempre, sobre todo cuando no se tiene duda acerca de los méritos que concurren en la obra del premiado, que un poeta español sea reconocido internacionalmente. Cuando la poesía trasciende el propio idioma en el que fue escrita, alcanza ese horizonte de voz sin fronteras que la hace sentirse identificada con su razón de ser. El pasado día 26, Luis García Montero recibió en Venecia el Premio Montale Fuori di Casa. La distinción, que lleva el nombre del escritor Eugenio Montale, Premio Nobel de Literatura en 1975, se fundamente en que Montero es la  voz más popular y significativa del actual panorama español. También, según el jurado, el representante principal de la poesía de la experiencia. Este Lazarillo nunca ha llegado a entender esta última calificación, por lo que me permito hacer notar este modesto apunte, que espero no moleste a la crítica literaria inventora de ese concepto: ¿Existe algún tipo de poesía que no se escriba desde la experiencia vital y no trate de transmitir razones y emociones vitales que conmuevan la sensibilidad del lector? Si la hubiera, tengo muy claro que no me interesa lo más mínimo. Por eso me interesa y conmueve la del poeta granadino mencionado y galardonado en Italia hace unos días o la de Caballero Bondad, Ángel González, Olvido García Valdés, Carmen Conde, Antonio Colinas o Raquel Lanseros, entre otros.

DdA, XIX/5.361

FUNDADA Y AGRADECIDA APOLOGÍA DEL NABO Y LA ALGARROBA


Valentín Martín

Va a ser un mal año de nabos, a los nabos les sienta muy mal el frío. Y ahora mismo, aunque desterrados bancales, cerros y valles, en las depresiones de la planicie hortelana, se está helando el agua y no hay charcos, sino trampas.

Mal año de nabos, sí. Para el porvenir de la algarroba es pronto todavía, hay que esperar a la primavera. El nabo no sólo es muy vistoso, con su diámetro cilíndrico, sus 15 centímetros de longitud, y su púrpura en cuanto le da un rayito de sol, como si se pusiera contento. Es picante, sí. Pero también te da azúcares, fibra, grasas saturadas, monoinsaturadas, poliinsaturadas, proteínas, agua, tiamina, riboflvina, niacina, vitamina B, ácido fólico, vitamina C, vitamina E, vitamina K, calcio, hierro, magnesio, fósforo, potasio, sodio, zinc, la de cosas que te da el nabo para el colágeno, para los huesos, para los músculos, para los dientes, para los glóbulos rojos, para los glóbulos blancos, para los nervios de los nerviosos, para la piel, para el cabello, incluso para las embarazadas porque tiene mucho foliato y el nasciturus necesita mucho foliato para ser feliz. También es bueno para el estreñimiento, pero de eso no hablamos aunque Elvis Presley se muriese sentado en el váter intentando hacer de vientre.

Los nabos tienen nombres y los nabitos, también, y Nabo se llamaba una novia de Safo. O Safo, tan enamoradiza, llamaba Nabo a una de sus novias, ve tú a saber por qué. No hay que pasarse con el nabo porque también tiene una miaja de cianuro, y si vas sumando miajas de cianuro ves a dios antes de tiempo.

El apogeo de la algarroba es sorprendente. Antes de la guerra de Ucrania se vendían a 3 euros el kilo. Mis paisanos de La Armuña, que son más de lentejas, estarán que trinan. No sé si el presidente Sánchez ha tenido en cuenta el IVA de la algarroba a la hora del mimosear impuestos. Las algarrobas salvaron de morir de hambre a muchos españoles cuando el golpe de Estado de 1936 arrasó el país. Habría que compensar de alguna forma la labor humanitaria de la algarroba española, lo mismo que se hace con Paquito el Chocolatero, con el agua, azucarillos y aguardiente, con el tabaco y cerillas, y esas cosas de nuestra memoria musical. A la hora de la cosa digestiva, la algarroba le lleva la contraria al nabo, así que es recomendable aparcar la monogamia y simultanear.

Me parece que estoy volviendo al niño en un canto natural a las cosas de antaño. A los niños urbanitas de ahora se les intenta acercar a la Naturaleza, para que se olviden un poco de Nitendo. Mi nieto estuvo el pasado verano en una granja. Al regresar, dijo que había ordeñado las cabras y da mucho gusto. A él no contesté que dudaba, para no bajar su autoestima, pero no es lo mismo tocar teta que ordeñar.

Para sacar partido a unas tetas hay que hacerlo sentado. Y al trajinar las tetas, doblar el pulgar sobre el pezón y tirar hacia abajo con mucho amor. Siempre hacia abajo y con mucho amor, con la espalda del pulgar. Así el pezón lo agradece mucho y parece que crece. Y mana. Y qué agusto se queda la cabra entonces.

Yo creo que quizás la revolución en los tiempos de Neflix sea tan sencillo como volver al nabo. Será porque añoro mi corazón agricultor, será. Añoro los antaños de nabos, algarrobas y tetas, en los que existía una sola atmósfera limpia y caudal, libre, sin el ojo de halcón midiéndote y pesándote hasta los meandros, las eucaristías en feisbu, las cosas de poca importancia de León Felipe, los silencios. Incluso añoro aquella literatura porque era literatura.

DdA, XIX/5.361