martes, 17 de marzo de 2026

PODEMOS Y LA COCACOLA



Manuel Santana Barbuzano

Cuando un partido político solo es votado por cuatro gatos, ¿de quién es la culpa? Si un refresco se consume mucho más que el zumo de naranja, ¿quién es el responsable? ¿A quién señalar si Torrente Presidente arrasa en taquilla mientras La voz de Hind no va a verla nadie?

Un partido político no es una Coca-Cola; no es un producto cuyo fracaso, de no ser vendido, deba caer sobre los hombros del fabricante. La diferencia entre la Cultura del Mercado y la Ética del Ciudadano es la responsabilidad. Si la Ley del Mercado piensa al sujeto como un potencial consumidor que debe ser captado —como una presa a la espera de ser seducida—, la ética del ciudadano exige la responsabilidad de desplazarse en busca del bien propio y de lo mejor para el colectivo.

Básicamente, el quid de la cuestión residiría en el movimiento: mientras el mercado nos quiere pasivos, quietos, estáticos, como ciudadanos adquirimos la obligación de la militancia, de recorrer el camino que está entre nosotros y lo que es mejor para la comunidad humana de turno. Así, la Cultura del Mercado nos adiestra para pensar que si un producto no es consumido suficientemente se debe a que, o bien el fabricante no ha creado un buen producto, o no ha sabido venderlo.

DdA, XXII/6290

NO PARA AYUDAR A CUBA SINO PARA AYUDARNOS

A veces escucho o leo argumentos que no comprendo. A veces un periodista pregunta escandalizado: ¿y qué va a hacer el gobierno cubano para dar soluciones a su pueblo? Es algo así como si en un patio de recreo donde un grupo grande estuviera pegando a un menor solo porque es distinto apareciera un periodista y en lugar de preguntar: ¿y qué vamos a hacer para que dejen de pegarle?, preguntara a la criatura agredida: ¿y qué vas a hacer para que dejen de pegarte?


Belén Gopegui

A veces escucho o leo argumentos que no comprendo. A veces un periodista pregunta escandalizado: ¿y qué va a hacer el gobierno cubano para dar soluciones a su pueblo? Es algo así como si en un patio de recreo donde un grupo grande estuviera pegando a un menor solo porque es distinto apareciera un periodista y en lugar de preguntar: ¿y qué vamos a hacer para que dejen de pegarle?, preguntara a la criatura agredida: ¿y qué vas a hacer para que dejen de pegarte?

A veces otros periodistas lamentan que, después de tantos años de revolución, Cuba no tenga más petróleo, olvidando que lo que se le ha prohibido ya no a Cuba, sino al país desde el que habla ese periodista, cualquiera que sea ese país, es vender petróleo a Cuba. Olvidando que cualquier país del mundo no productor de petróleo que sufriera las consecuencias de una prohibición semejante entraría en crisis. Olvidando que la palabra crisis, en este caso, no es una abstracción, son vidas con nombres y apellidos bombardeadas sin bombas, con el asedio, con el hambre de comida y de los recursos que alivian el dolor de las personas más frágiles, recién nacidos, personas ancianas, personas enfermas. El pueblo cubano, acostumbrado como está a los sistemas de protección institucional y comunitaria cuando llegan los huracanes y otras catástrofes, se organiza, se cuida, comparte la escasez, pero a veces todo eso no es suficiente contra un ciclón deliberado de muerte lenta, impuesto por la fuerza y consentido por la comunidad internacional.

Si esta misma prohibición se aplicara a cualquier país europeo, habría, pienso, algunas diferencias. Por un lado, es muy probable que en su población se desatara el resentimiento de los unos contra los otros, porque la convivencia europea se apoya en el abuso y el trato desigual que unos sectores de la población ejercen sobre los que recogen sus cosechas, los que cuidan a sus mayores y a sus hijos, los que limpian sus casas, los que reciben salarios en negro o ridículos para que otros puedan cobrar diez, veinte, cien veces más.

Por otro lado, desde ningún país se organizarían movimientos de solidaridad como los que organizan con Cuba, porque en Europa si algunos países dieron algo fue siempre de lo que les sobraba. Porque en el interior de esos países las prioridades de la economía estuvieron siempre subordinadas a dar más a quién más tenía y no al revés. Porque a la desigualdad interna se suma la externa, dado que la riqueza europea procede en parte de un colonialismo que aún dura bajo la forma de tratos desequilibrados. Y porque desconocemos, o hemos olvidado, aquello que ha sido llamado “sentido del momento histórico” y que hace que las personas se unan pues saben que de su acción depende la posibilidad de acabar con un pedazo de realismo capitalista.

Claro que Cuba no es perfecta, ni tiene obligación de serlo. Las revoluciones no se hacen para conseguir lugares perfectos, porque las personas no lo somos, sino para intentar que existan lugares que sean habitables para todas, y evitar así que el placer de un tanto por ciento de la población se compre con la angustia, la fatiga, el agotamiento y la humillación de otro tanto por ciento. Para intentar construir aspirinas del tamaño del sol y que todas las personas puedan celebrar la suerte de estar vivas. No es posible saber si habrían podido lograrlo, ni si aún podrán. Desde el principio y hasta el día de hoy Estados Unidos les ha estado impidiendo tener relaciones comerciales justas, a veces simplemente tenerlas, por el pánico a que la revolución avanzara y pudiera ser un camino a seguir.

El regodeo y el regocijo que, al hablar de las negociaciones en marcha entre el Gobierno de Cuba y el de Estados Unidos, emplean determinados opinadores sólo les describe a ellos mismos, y sólo anuncia que, cuando un matón nos pise los talones, esos opinadores estarán ahí, para rendirle pleitesía. Son ellos los que sostienen al matón, los que callan, los que asienten, los que contemplan el abuso y ante los golpes se burlan y le dicen a la persona golpeada: “¿Lo ves?”.

Si hay que hablar de cobardía con respecto a lo que pasa en Cuba, sepamos que cualquier decisión que tome ese país sólo cuestionará a quienes, desde fuera, asisten impasibles a la injusticia y después se miran, quizá nos miramos, preguntándonos con supuesta perplejidad: ¿por qué está pasando lo que está pasando en tantos ámbitos de la política y la vida? Porque hemos callado y hemos aceptado. Qué cobardía, sí, qué tristeza que ningún país europeo haya enviado petróleo a Cuba. Corre por ahí un vídeo de niñas y niños cubanos cantando a oscuras la canción de Silvio Rodríguez:

Me acosa el carapálida norteño por el sur el este y el oeste, por cada latitud,

me acosa el carapálida que ha dividido el sol

en hora de metralla y en hora de dolor.

La tierra me quiere arrebatar

el agua me quiere arrebatar

el aire me quiere arrebatar

y sólo fuego, y sólo fuego voy a dar

Yo soy mi tierra, mi aire, mi agua, mi fuego. 

Lo que se ha aprendido en y de Cuba, lo que se aprende, forma parte de lo que somos, sigue y seguirá dando tierra, aire, agua y fuego, a una forma de vivir posible, distinta, una forma de vivir sin pisar el cuello de nadie sólo porque se haya apropiado de menos recursos. Quedan muchos días por delante, cualquier acto de solidaridad es imprescindible, no para ayudar a Cuba sino para ayudarnos, para ayudar a que pueda existir una clase de mundo donde la palabra justicia no haya desaparecido y donde no haya que vivir con vergüenza, miedo y soledad.

    CTXT  DdA, XXII/6290

NETANYAHU, MEJOR VIVO Y CONDENADO, QUE MUERTO


Félix Población

Se ha venido especulando estas semanas, casi desde el mismo momento de la muerte del anterior líder supremo de Irán, con la posibilidad de que igual suerte hubiese corrido Benjamin Netanyahu, máximo responsable con su gobierno del genocidio en la Franja de Gaza, con el respaldo de Estados Unidos. Al parecer, fue el gobierno israelí también quien llevó al gobierno de Trump a comenzar los ataques contra Irán, por lo que igualmente Netanyahu tiene responsabilidad máxima en la guerra contra el régimen iraní, a la que añade la que sostiene contra la milicia proiraní de Hezbolá en Líbano. Nadie puede asegurar actualmente si Netanyahu está vivo o muerto. Ciertamente, como propaganda de guerra afín a su causa, desde Irán no dejan de difundirse amenazas de muerte contra el primer mandatario israelí, conscientes las autoridades del país persa de la mala imagen que se ha ganado Netanyahu después de arrasar la Franja de Gaza y asesinar a casi veinte mil menores. Pero, tal como leemos hoy en el editorial de Diario Red, el primer ministro israelí no  merece morir entre las víctimas israelíes que la defensa iraní está causando con sus misiles por haber decidido su gobierno el ataque a Irán. Es deseable que la persona a quien la Corte Penal Internacional ha acusado de genocidio y crímenes de guerra no muera durante la guerra que él mismo ha desatado con consecuencias imprevisibles para la humanidad, si no se para a tiempo. "A los grandes criminales políticos -leemos- hay que llevarlos a juicio, interrogarlos ante millones de espectadores y no regalarles jamás el honor de una muerte violenta. Netanyahu no debe morir como un soldado. Eso es lo que a él le gustaría; morir como su hermano. Netanyahu debe morir consumido por la vejez en la celda de una cárcel palestina después de ser juzgado como criminal de guerra, con todas las garantías, en una Palestina libre y soberana". Habrá quien diga, tal como vamos, que esta posibilidad es bastante remota, pero es la que correspondería a los tribunales internacionales de justicia, como ocurrió con los máximos responsables de Holocausto al final de la Segunda Guerra Mundial. Aquello, sin embargo, no fue suficiente para que hoy en día estemos en lo mismo, con el pueblo palestino como víctima. 

DdA, XXII/6290

¿SERÁ EL FIN DE UN IMPERIALISMO DISFRAZADO DE LIBERTAD?


Ricardo Miñana

Las declaraciones de Donald Trump no solo resultan patéticas, sino profundamente cínicas. Conviene hacerse una pregunta simple: ¿quién quiso atacar a Irán, un país soberano?. La iniciativa partió de Israel, y de nadie más. Sin embargo, Trump actúa como si todo fuese una obligación moral de Occidente, cuando en realidad parece rodeado de círculos sionistas a los que obedece sin el menor cuestionamiento.
Y ahora llega la escena más absurda: después de alimentar tensiones y respaldar esa escalada, Trump pretende pedir ayuda a la Organización del Tratado del Atlántico Norte para derrotar a Irán. ¿Acaso el llamado “pueblo elegido” ya no puede sostener por sí solo la guerra que impulsó?.
La realidad muestra dos hechos evidentes. Primero: Irán sigue en condiciones de combatir. Segundo: controla un punto estratégico del planeta, el Estrecho de Ormuz, por donde transita una parte vital del petróleo mundial.
Tal vez haya llegado el momento de poner freno a este imperialismo disfrazado de defensa de la libertad. Miles de muertos, pueblos devastados y generaciones enteras marcadas por guerras que no nacen de la necesidad de defenderse, sino de la ambición de poder y dinero. Ante semejante espectáculo, resulta difícil no sentir un profundo desprecio hacia quienes juegan con la vida de millones desde despachos cómodos, incluidos muchos dirigentes de la propia Unión Europea que predican democracia mientras actúan con una hipocresía cada vez más evidente.

DdA, XXII/6290

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXVII): VERDADES QUE SE AGOTAN Y MENTIRAS QUE NO SON LO QUE ERAN


José Ignacio Fernández del Castro

«En lo que no pensó jamás el doctor Alegre fue en los estragos que Stanley Black y su versión de Siboney estaban haciendo en su hijo, allá arriba, en su dormitorio. Con los primeros compases Carlitos había sentido algo sumamente extraño y conmovedor, explosivo y agradabilísimo, la sensación católica de un misterio gozoso, quizás, aunque la verdad es que demasiado cálida y veraniega como para ser tan 
católica. Y además a Carlitos se le cayó el rosario, pero ni cuenta se dio, o sea, el colmo en él. Y con mayor intensidad aún sintió la palabra fiesta vagando perdida por el jardín florido e iluminado que imaginaba allá afuera, esperando la alegría de los invitados de sus padres, bronceados, profesionales, cultos, viajeros, discretos y sumamente simpáticos, casi siempre. Siboney ya había terminado, pero él continuaba sintiendo algo demoledor, tirado ahí 
en su cama, ignorando siempre que lo suyo tenía que ver mucho más con el ardor de estío que con el fervor de la iglesia parroquial de San Felipe. Y sólo atinó a rascarse la cabeza al ver exacta la puerta de la calle 
que no había logrado cerrar y, entrando por ella, ella.»
 Alfredo Marcelo BRYCE ECHENIQUE (Lima, Perú, 19 de febrero de 1939- 10 de marzo de 2026): Fragmento del “Capítulo Primero” de 
El huerto de mi amada (2002).

Acaba de morir el último gran escritor relacionado directamente con el llamado boom latinoamericano (y el primero del postboom)… Pero seguirá enseñándonos a mirar el mundo con una sonrisa (siempre revolucionaria, como aquella con la que rechazara, por sus convicciones democráticas, la Orden de El Sol del Perú que le concediera Alberto Fujimori en 1995; o la que derivara con frecuencia en justa ira en los tres volúmenes, Permiso para vivir, 1993, Permiso para sentir, 2005, y Permiso para retirarme,2021 , de sus Antimemorias) y vivirlo desde sus paradójicas obsesiones (que lo son colectivas):  el amor, la soledad, la enfermedad (la depresión, muy concretamente) y la felicidad.
Pero nadie es perfecto y ahí están esas acusaciones gaditanas de plagio de algunos artículos…
En cualquier caso, superada, acaso, la fe en cualquier ente supramundano; desvaída, tal vez, la voluntad de vivencia religiosa; distraída, quizá, la atención de todo dogma; separada ya, probablemente, la actitud del culto a la personalidad, podremos, sin duda, percibir nuestros propios paraísos (terrenales)sentir nuestros propios placeres (mundanos)luchar por nuestros propios anhelos (posibles)... Y, desde luego, podremos hacer todo ello desacralizando símbolos; reconfigurando su sintaxis, su semántica y, sobre todo, su pragmática para hacerlos nuestros, para “colectivizarlos” de otros modos, para convertirlos, simplemente, en signo de retos comunes y necesarios con independencia de su origen y condición. ¿No es acaso la paloma, esa especie de rata voladora, el símbolo de la paz?, ¿alguien le ha preguntado a los gusanos si están de acuerdo?.
Liberados de cualquier representación personalizada, los símbolos deben ser utilizados con libertad como expresión de lo que nos es común, de lo que puede ser capaz de aglutinarnos, de lo que nos mueve en aras de una lucha compartida, de la defensa de unos derechos... O de la alegría, también compartida, de una fiesta mecida por los cálidos acordes de Siboney. Porque no hay que tener miedo tampoco a frivolizarlos… A fin de cuentas, las verdades se nos van agotando y las mentiras no son ya lo que eran.

DdA, XXII/6290

IRÁN NO ESTÁ EN GUERRA CON EL PUEBLO NORTEAMERICANO, DICE LARIJANI



Ana Cardo

Ali Larijani, el actual secretario de Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, es también licenciado en Matemáticas y Ciencias de la Computación por la Universidad Tecnológica de Sharif, máster en filosofía occidental por la Universidad de Teherán, en la que también se doctoró en esta materia con un trabajo sobre la metafísica, las ciencias exactas, la intuición y los juicios sintéticos en la filosofía de Kant. Su formación y conocimientos permiten creer que sus opiniones respecto a la agresión que está sufriendo su país desde hace tres semanas por parte de Israel y Estados Unidos, así como sobre el desarrollo que puede tener la guerra con la que Irán se enfrenta a la misma, merecen ser tenidas en cuenta. Larijani se ha referido estos días, con carácter de certidumbre, a que funcionarios estadounidenses, catalogados por el secretario del Consejo Supremo de Seguridad iraní como ""miembros de la red Epstein", han ideado una conspiración para crear un incidente similar al del 11-S de 2001 en Nueva York para culpar del mismo a Irán. Aquellos terribles atentados de Al Qaeda dieron lugar primero a la invasión de Afganistán, en agosto de aquel año, y posteriormente de Irak, en marzo de 2003. Ali Larijani resaltó que su país "se opone radicalmente a tales esquemas terroristas y no está en guerra con el pueblo estadounidense". Las declaraciones de Larijani nos llegan cuando abundan cada vez más los comentarios en USA, como los del periodista Tucker Carlson, otrora afín a Trump, acerca de la probabilidad de que tropas terrestres estadounidenses sean desplegadas contra Irán a raíz de una gran incidente en Estados Unidos, similar en cuanto a su impacto en la opinión pública al 11-S*.


DdA, XXII/6290

lunes, 16 de marzo de 2026

¿ESTAMOS ASISTIENDO A LA EXTINCIÓN SILENCIOSA DEL GATO MONTÉS?

EL CONFIDENCIAL  DdA, XXII/6289

PROFUNDA DEGRADACIÓN MORAL DE TRUMP: LA GUERRA COMO ESPECTÁCULO


Ricardo Miñana

Las palabras del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, apuntan a algo que debería estremecer a cualquier conciencia: la idea de que, en medio de una guerra y de vidas humanas que se pierden, alguien pueda hablar de “diversión”. Según él, personas están muriendo mientras Donald Trump trata la situación casi como un espectáculo. Si realmente se utilizan esos términos para describir un conflicto armado, no se trata solo de una torpeza política: es una degradación moral profunda.
Lo más inquietante no es únicamente la dureza de esas palabras, sino la reacción tibia de buena parte de los medios occidentales. Cuando la muerte se relativiza o se trivializa en el discurso público, el problema deja de ser solo político y pasa a ser ético. Las guerras ya son suficientemente trágicas como para convertirlas en material de retórica frívola.
También resulta inevitable preguntarse cómo un líder que emplea ese tipo de lenguaje puede seguir representando a millones de personas. Un presidente debería encarnar prudencia, responsabilidad y humanidad, especialmente cuando se habla de conflictos que cuestan vidas. Cuando esas cualidades parecen ausentes, la imagen que queda es la de un dirigente incapaz de comprender el peso de sus propias palabras.
En última instancia, lo que está en juego no es solo la reputación de un político, sino la dignidad de la política misma. Porque cuando la muerte de seres humanos se menciona como si fuera parte de un juego, lo que se revela no es fortaleza ni liderazgo, sino una inquietante falta de empatía. Y en un mundo ya marcado por demasiados conflictos, eso es quizá lo más peligroso de todo.

DdA, XXII/6289

“DEUS LO VULT”: LA DIMENSIÓN RELIGIOSA DE LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO

 

Escribe el firmante en El viejo Topo que entre analistas y observadores internacionales existe la preocupación de que un incidente —por ejemplo un ataque de falsa bandera atribuido a Irán— pudiera justificar una escalada religiosa de dimensiones imprevisibles. La destrucción de Al-Aqsa sería percibida por el mundo musulmán como una agresión intolerable, desencadenando un conflicto de alcance global. La gravedad del problema reside en que, bajo esta lógica, la guerra deja de obedecer a los principios racionales que han guiado tradicionalmente el pensamiento estratégico.

Eduardo Luque

“Deus lo vult” —Dios lo quiere— fue el grito que recorrió Europa cuando en 1095 el papa Urbano II llamó a la Primera Cruzada. Aquella consigna, invocada por multitudes convencidas de combatir en nombre de Dios, sintetizaba la lógica de una guerra en la que la política, el territorio y el poder aparentaban servir a la fe de Cristo. Casi un milenio después, el eco de aquel grito parece reaparecer en el discurso de ciertos sectores del poder occidental. No se trata solo de un conflicto geopolítico en Oriente Medio: cada vez con mayor claridad, se pretenden ocultar los intereses espurios de esta guerra bajo el manto de la ética religiosa. Estamos asistiendo a una nueva forma de guerra de religión.

Durante años, los análisis dominantes han interpretado los conflictos en Oriente Medio y en otros lugares en términos estratégicos: control energético, hegemonía regional, rivalidades entre potencias, cambios de régimen…. Sin embargo, esa lectura puede resultar insuficiente para comprender una dimensión más profunda y perturbadora. Para determinados sectores ideológicos en Estados Unidos, la guerra no sería únicamente un instrumento político, sino que se vendería como parte de un imaginario que interpreta los acontecimientos históricos como episodios de una narración bíblica. En ese marco, el conflicto con Irán adquiere una significación especial. No solo porque el país persa representa uno de los centros espirituales del islam chií, cuya autoridad religiosa se encarnaba en figuras como Ali Jamenei, sino porque algunos discursos dentro de círculos políticos y militares estadounidenses lo presentan como un enfrentamiento civilizatorio entre el cristianismo y el islam. En esa interpretación, la guerra deja de ser un medio racional para alcanzar objetivos políticos y se convierte en una lucha sagrada.

Las declaraciones públicas de ciertos dirigentes vinculados al poder estadounidense reflejan esa mentalidad. El actual secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha justificado bombardeos y operaciones militares con un lenguaje que trasciende el cálculo estratégico, describiendo la guerra en términos de destrucción total del enemigo. Se jacta del sufrimiento que provoca: “Tendrán muerte y destrucción desde el cielo día y noche”…  “Esta nunca ha pretendido ser una lucha justa, y no está siendo una lucha justa. Les estamos golpeando mientras están en la lona, que es exactamente como debe ser”. Por su parte, la telepredicadora Paula White, asesora espiritual en la Casa Blanca en esta administración, no duda en utilizar un lenguaje apocalíptico al referirse a los conflictos internacionales, invocando la victoria divina frente a los enemigos. “golpear, golpear, golpear, golpear, golpear…. Contra todo enemigo que se alce del suelo, tú nos darás la victoria Dios, oigo el sonido de la victoria….”

Más inquietante aún es la penetración de estas ideas dentro del propio aparato militar. Organizaciones dedicadas a preservar la neutralidad religiosa en las fuerzas armadas estadounidenses como la “Fundación para la libertad religiosa en el ejército” han denunciado durante años la presencia creciente de corrientes evangelistas radicales que interpretan la política exterior en clave apocalíptica. Para estos sectores, el enfrentamiento con Irán no sería una simple confrontación estratégica, sino parte del plan divino que conduciría al Armagedón, la batalla final descrita en la tradición bíblica.

El concepto de Armagedón ocupa un lugar central en esa cosmovisión. Según ciertas corrientes del sionismo cristiano, el conflicto definitivo en Oriente Medio precedería a la segunda venida de Cristo. Paradójicamente, en esa narrativa los judíos desempeñarían un papel instrumental: la existencia de Israel y la reconstrucción del templo de Jerusalén serían condiciones necesarias para desencadenar los acontecimientos profetizados. En ese contexto adquiere una importancia simbólica extraordinaria la Mezquita AlAqsa, uno de los lugares más sagrados del islam y situado en el recinto donde antiguamente se alzaba el Segundo Templo de Jerusalén. Para sectores ultranacionalistas religiosos en Israel y para algunos movimientos cristianos fundamentalistas en Estados Unidos, la destrucción de la mezquita y la construcción del llamado Tercer Templo formarían parte del cumplimiento de las profecías bíblicas.

Este escenario alimenta temores que, aunque puedan parecer extremos, no son del todo infundados. Entre analistas y observadores internacionales existe la preocupación de que un incidente —por ejemplo un ataque de falsa bandera atribuido a Irán— pudiera justificar una escalada religiosa de dimensiones imprevisibles. La destrucción de Al-Aqsa sería percibida por el mundo musulmán como una agresión intolerable, desencadenando un conflicto de alcance global.

La gravedad del problema reside en que, bajo esta lógica, la guerra deja de obedecer a los principios racionales que han guiado tradicionalmente el pensamiento estratégico.

Desde Carl von Clausewitz sabemos que la guerra ha sido entendida como “la continuación de la política por otros medios”. Pero si quienes toman decisiones interpretan el conflicto como un mandato divino, ese principio deja de tener validez. La política se diluye en la teología, y el cálculo estratégico cede paso a la fe.

En un escenario así, conceptos como interés nacional o equilibrio de poder pierden su centralidad. Para los creyentes en esa narrativa apocalíptica, el objetivo no es la victoria militar ni la estabilidad geopolítica, sino la aceleración de los acontecimientos que conducirían al fin de los tiempos. La guerra se convierte entonces en un fin en sí mismo: una herramienta necesaria para precipitar el cumplimiento de las profecías.

La historia ofrece precedentes inquietantes. Las Cruzadas medievales y las guerras de religión europeas demostraron hasta qué punto la fe puede movilizar sociedades enteras hacia conflictos devastadores. En ambos casos, la convicción de luchar por una causa sagrada permitió justificar una violencia ilimitada. Cuando la guerra se presenta como un mandato divino, el enemigo deja de ser un adversario político y pasa a encarnar el mal absoluto.

La cuestión que hoy se plantea es si el liderazgo político y militar occidental está comenzando a operar bajo una lógica similar. Si se trata únicamente de la retórica de unos pocos fanáticos, el riesgo podría ser limitado. Pero si esas ideas se extienden dentro de las instituciones que controlan el mayor aparato militar del planeta, la situación adquiere una dimensión mucho más preocupante.

En ese caso, el mundo podría encontrarse ante un tipo de conflicto radicalmente distinto del que describen los manuales de geopolítica. No una guerra por recursos, fronteras o hegemonía, sino una guerra escatológica, interpretada por algunos de sus protagonistas como el preludio del fin de la historia.

El eco del viejo grito de las Cruzadas —Deus lo vult— nos recuerda que la religión ha sido, en determinados momentos, una fuerza capaz de transformar la política en cruzada y la guerra en misión sagrada. La inquietante pregunta es si lo será ahora.

TOPOEXPRESS DdA, XXII/6289

CASTILLA Y LEÓN: MÁS DE LO MISMO, SE QUEME O SE DESPUEBLE LA REGIÓN

Lazarillo

Por el inmovilismo conservador que caracteriza a una mayoría de sus moradores, era de esperar el resultado que acaba de darse en las urnas en Castilla y León. Y eso que esta vez, está comunidad soportó en los últimos años los incendios forestales más extensos de su historia, con un balance arrasador en las provincia de León y Zamora. No ha habido reacción. Quienes de modo tan ineficaz están gestionando el patrimonio natural de esta comunidad autónoma, no sólo no han perdido votos sino que los han ganado (de 382.157 a 424.663), y de poco vale que el PSOE, socorrido por el también esperado desastre de la izquierda alternativa, haya logrado dos procuradores más. Castilla y León superará con el gobierno del Partido Popular, auxiliado por la extrema derecha, los cuarenta años al frente de esta comunidad autónoma, en donde tres provincias, tres, las tres de la región leonesa (León, Zamora y Salamanca), vienen sufriendo una una de las pérdidas de población más significativas del país. Nada se hizo ni nada se hará para evitarla, porque quienes deberían haberlo hecho durante casi cuarenta años parece que tiene asegurado el voto de por vida. Quedamos a la espera de lo que ocurra este verano en los montes de la región. Igual Mañueco restituye en su puesto al consejero responsable de Medio Ambiente durante esos desastres, visto lo votado.

DdA, XXII/6289