jueves, 2 de julio de 2026

ALGO TAN POCO PREVISIBLE COMO LOS TERREMOTOS, HACE TRANSPARENTE LA CANALLA HUMANA

Las noticias están centradas en mostrar el desacuerdo con las actuaciones del gobierno. El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen una línea editorial. El chavismo y su gobierno actual son un lastre. Represión, corrupción y abandono institucional. Venezuela, señalan, es un Estado fallido, sobrepasado por las circunstancias. Todos los males tienen un nombre y apellido, la presidenta encargada Delcy Rodríguez. En contraposición, la figura de María Corina Machado se presenta como la alternativa democrática. 



Marcos Roitman

Siempre hay palabras para expresar el dolor. También para denunciar la falta de escrúpulos de quienes buscan aprovecharse de un desastre natural para obtener réditos políticos. Un hecho tan poco previsible como son los terremotos, hace transparente la canalla humana.

No hace mucho la humanidad sufrió los efectos de una pandemia zoonótica como el covid-19. Y ahí, se desnudaron las vergüenzas. No sirvió para mostrar lo humano del ser humano. Por el contrario, destapó a políticos, intermediarios y empresarios cuyo objetivo fue enriquecerse con la muerte y la enfermedad. 

Cobraron porcentajes desorbitados, negociaron con las mascarillas, vacunas o certificados de antígenos. Y por si fuera poco, políticos sin escrúpulos se saltaron las reglas. Boris Johnson, José María Aznar, Jair Bolsonaro, Donald Trump, celebraron fiestas, no respetaron la cuarentena y en algún caso llamaron a consumir lejía para contrarrestar el virus.

Hoy, la tragedia sacude a Venezuela, país que sufre la intervención del imperialismo estadunidense, a lo cual se agregan décadas de sanciones económicas, sabotaje, procesos desestabilizadores y una guerra no convencional con diferentes gamas de intensidad, desarrollada durante dos décadas. Se han confiscado sus reservas en oro, cuando no entregadas a opositores. Y se ha desarrollado una campaña mediática a nivel mundial señalando a Venezuela como un país terrorista. 

Un sismo sirve para seguir promoviendo una ayuda internacional destinada a favorecer a las políticas de la oposición. La Unión Europea, como en su momento hizo con Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino, dona 3 millones de euros a María Corina Machado para las víctimas del terremoto.

Lo cual es significativo. Constituye un atentado contra el derecho internacional. Ursula von der Leyen y su ministra de Exteriores, Kaja Kallas, prefieren hablar con quienes han decidido conspirar. Para eso sirve el dinero. Los partidos de la oposición venezolana y sus delegaciones en el exterior se aprestan a recibir millones. Abren cuentas para recaudar fondos, solicitan medicamentos y productos no perecederos. Se inicia la campaña: nada para el gobierno ni sus autoridades legítimas. Aducen caos, desorganización, inoperancia y corrupción. Ellos harán llegar las ayudas a los damnificados. Mientras, los medios de comunicación social, redes e influencers sirven para propagar su discurso.

La televisión pública y privada en España emiten imágenes una y otra vez donde se ve un edificio colapsando. A continuación, otro donde se observa gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas espantados. Todo presentado como si transcurriera en vivo. Sin embargo, el primer video corresponde al sismo del 6 de febrero de 2023, ocurrido en Turquía y la ciudad de Gaziantep. 

El segundo, donde se ve gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas, corresponde al incendio en la línea 1 del Metro de Caracas ocurrido el 25 de septiembre de 2021. Cuando las redes descubren los bulos, televisión española en su noticiero 24 horas tiene que salir a la palestra. No pide disculpas, señala que circulan bulos, obviando haberlos utilizado en sus informativos. Lo han emitido todas las cadenas de televisión. 

Y el mensaje no puede ser más insidioso. Todo lo que ocurre es producto del chavismo. La radio y la prensa escrita no son menos. Sus corresponsales hablan de inoperancia de las autoridades, de indolencia, de una descoordinación y abandono. El pueblo venezolano está desamparado. No hay orden, ni se ve la ayuda por ninguna parte. 

El periódico ABC titula: “Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como un castillo de arena”. Pero el desmentido es singular. Exequiel Gallardo, bombero chileno desplazado a La Guaira, experto en recuperación de personas, declara: “las viviendas vacacionales quedaron más destruidas que las sociales”. Y la foto del ABC, para más INRI, la foto muestra las viviendas sociales construidas por el “chavismo” incólumes. Invisibilizan la ayuda internacional entre estados. 

Tampoco mencionan la gran coordinación entre las instituciones públicas desde el gobierno, pasando por los ayuntamientos, los servicios médicos, bomberos, fuerzas armadas, ingenieros, arquitectos, trabajadores desplazados de todos los estados de Venezuela. Y tampoco se habla de los cooperantes internacionales que se han puesto a las órdenes de las autoridades para coordinar los trabajos de rescate y búsqueda de sobrevivientes. Nada sobre los ministros en el terreno y las múltiples organizaciones que trabajan día y noche. Menos de los médicos cubanos desplazados en más 50 para las labores de apoyo en hospitales. 

Las noticias están centradas en mostrar el desacuerdo con las actuaciones del gobierno. El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen una línea editorial. El chavismo y su gobierno actual son un lastre. Represión, corrupción y abandono institucional. Venezuela, señalan, es un Estado fallido, sobrepasado por las circunstancias. Todos los males tienen un nombre y apellido, la presidenta encargada Delcy Rodríguez. En contraposición, la figura de María Corina Machado se presenta como la alternativa democrática.

Se puede estar más o menos a favor del gobierno de Delcy Rodríguez, hay más que discutir. Pero no se puede utilizar la catástrofe para emponzoñar una acción ejemplar. Venezuela es un Estado asediado desde dentro y fuera. El objetivo: acabar con el proyecto de cambio social, reconquistar el poder y controlar la producción de hidrocarburos. Sean extranjeros o criollos. Hablen inglés o castellano.

LA JORNADA MX  DdA, XXII/6395

DESDE VENEZUELA: CARTA A LA MISERIA HUMANA EN TIEMPOS DE TRAGEDIA


No dejen de leer este texto, escrito desde el lugar de la tragedia, sobre todo si se siente el lector un tanto asqueado ante lo que la autora denuncia: "Venimos de lejos guardando el luto y la fuerza, escribe Grisel Marroquí,; sabemos lo que es el rugido de las aguas desde la tragedia del río El Limón en 1987, cuando la corriente devoró vidas en Aragua, y la furia de la naturaleza en la vaguada del 99, cuando la montaña se tragó a Vargas y tuvimos que refundar la vida sobre el lodo de la costa. Sabemos lo que es la asfixia: resistimos la hambruna del año 2015, cuando pretendieron vaciarnos los platos de comida para doblegarnos el estómago ignorando que el hambre de libertad de este pueblo no se apaga con decretos ni se rinde ante el asedio. Sabemos de la amenaza imperial y del zarpazo genocida del 3 de enero, una afrenta criminal que pretendió violar nuestra soberanía y enlutó el corazón de la patria. Que sepa el imperio que la soberanía nacional no se negocia ni se entrega. Somos herederos de Bolívar, de ese Simón glorioso que ante el polvo y el escombro de 1812 nos dejó un mandato eterno. ”Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.



Grisel Marroquí

Hoy, cuando se cumplen ocho días de la tragedia que nos convoca, les escribo desde el epicentro del dolor, donde la tierra aún cruje y el aire huele a polvo, a pérdida y a luto. Les escribo a ustedes, los que detrás de una pantalla han convertido la desgracia de un pueblo en un carnaval de desprecio. Hoy quiero enumerar, con profunda indignación, las heridas que sus palabras y sus acciones le infligen a la condición humana en medio de este desastre:
Primero: Los videos del odio digital. Esos registros infames donde se graba el dolor ajeno, el desplome de un hogar o el llanto de una familia, no para clamar por ayuda, sino para acompañarlo de comentarios burlones, de festejos macabros y de una deshumanización que asusta. Han convertido la tragedia en contenido para saciar su propio veneno.
Segundo: Las burlas selectivas ante la muerte. Pretender que el dolor de una pérdida tiene color político es la mayor muestra de indigencia espiritual. La muerte no pide carnet, el escombro no selecciona ideologías y el frío de la Parca es el mismo para todos. Burlarse de los muertos de los urbanismos humildes es un acto de cobardía que les arranca cualquier vestigio de humanidad.
Tercero: Los reclamos innecesarios e inoportunos. En el momento en que los vecinos intentan rescatar lo poco que les queda o buscan desesperadamente a sus familiares a tientas, ustedes aparecen con reproches políticos vacíos, sentencias soberbias y juicios de valor desde la comodidad de la distancia. No construyen, no ayudan, solo ensucian el silencio del luto.
Cuarto: Las ofensas directas a la dignidad de las víctimas. Tratar a los afectados con desprecio, tildarlos con adjetivos degradantes y sugerir que "merecen" la desgracia por sus convicciones, es una bajeza que no tiene justificación alguna. El dolor del hermano es sagrado y se respeta.
Quinto: El periodismo de carroña desde el exilio. Siento una profunda y absoluta vergüenza de que quienes hoy nutren sus programas asquerosos e infernales con nuestras ruinas se llamen mis colegas. Esquinas de pantalla encendidas para devorar nuestro dolor, mercantilizando la carne pisada entre el cemento y las cabillas de los edificios derrumbados. Es una infamia profesional transmitir desde la distancia segura, usando el polvo de los sitios destruidos y los gritos de auxilio de nuestra gente como el libreto de su propio espectáculo mediático.
Sexto: La hipocresía del análisis cómodo ante el asedio. Se desbocan criticando al gobierno, señalando las grietas y las carencias con el dedo inquisidor de la soberbia, pero guardan un silencio cómplice ante la verdadera raíz de nuestro estrangulamiento. Nuestra debacle viene desde las medidas coercitivas unilaterales, desde ese imperio devastador de conciencias, imperio genocida, colonialista y ecocida, que lleva años bloqueando el aire, el cemento, el hierro, los alimentos, la salud y los recursos de este pueblo. El cinismo de sus “análisis” es tan destructor como el sismo mismo: pretenden que olvidemos quiénes nos asfixian mientras nos exigen que corramos sin oxígeno.
Séptimo: El contraste de la luz y la solidaridad inquebrantable. Mientras los mercaderes del dolor teclean insultos desde el extranjero —y también desde Venezuela, su propia tierra—, la verdad se levanta sobre las ruinas con el uniforme de nuestros equipos de rescate. Frente a tanta miseria mediática, hombres y mujeres que desafían el peligro de las réplicas, con las manos rotas de tanto remover escombros, no preguntan por ideologías cuando escuchan un lamento bajo las moles de concreto. A ellos se suma el abrazo fraterno de los rescatistas internacionales; pueblos hermanos que no vacilaron en cruzar fronteras para traernos su aliento, herramientas y experticia en las horas más oscuras. En el terreno, todos ellos —propios y ajenos— demuestran lo que verdaderamente significa la condición humana: arriesgar la vida para salvar la de un desconocido. Esa es la respuesta más contundente al imperio y a sus coristas; el barro en sus botas vale más que todas las pantallas del odio.
Octavo: La mano herida del propio pueblo. Se les olvida mirar la grandeza de la gente común, el poder de la comunidad organizada que no espera instrucciones para salvarse entre sí. Mientras los laboratorios del odio teorizan en las redes, en los callejones son los mismos vecinos quienes comparten el agua, cuidan los hijos del ausente y levantan al herido.
Noveno: La lección de nobleza frente a la indigencia humana (El símil). Resulta una ironía conmovedora ver a los perros rescatistas hundir sus hocicos entre el polvo, arriesgando sus patas entre los hierros retorcidos, guiados únicamente por el instinto puro de salvar una vida, sin importarles quién está abajo. Esos animales demuestran una nobleza y una empatía que ya quisieran tener estos seres desalmados. Mientras un perro rasga la tierra con desesperación para rescatar un hálito de vida, los miserables del teclado usan sus uñas solo para raspar la herida, destilar veneno y celebrar la muerte. Qué inmensa lección de humanidad nos dan los “narices”, y qué profunda degradación muestran aquellos que, teniendo uso de razón, actúan con más saña y menos alma que cualquier criatura de la tierra. Nuestra coraza es la memoria.
A quienes pretenden quebrarnos con su desprecio, les recordamos que este suelo tiene la piel curtida y memoria larga. No saben de qué madera estamos hechos. Olvidan que venimos de resistir los embates más oscuros y que ya sabemos levantar el alma desde el fango y las sacudidas de la tierra.
Sabemos de sismos porque nuestra memoria guarda el crujido del terremoto del 67, que nos enseñó lo frágil que es el concreto en la noche de Caracas, y la fractura del terremoto de Cariaco en el 97, que nos dejó las escuelas caídas y el llanto en el oriente de la patria.
Venimos de lejos guardando el luto y la fuerza; sabemos lo que es el rugido de las aguas desde la tragedia del río El Limón en 1987, cuando la corriente devoró vidas en Aragua, y la furia de la naturaleza en la vaguada del 99, cuando la montaña se tragó a Vargas y tuvimos que refundar la vida sobre el lodo de la costa.
Sabemos lo que es la asfixia: resistimos la hambruna del año 2015, cuando pretendieron vaciarnos los platos de comida para doblegarnos el estómago ignorando que el hambre de libertad de este pueblo no se apaga con decretos ni se rinde ante el asedio.
Sabemos de la amenaza imperial y del zarpazo genocida del 3 de enero, una afrenta criminal que pretendió violar nuestra soberanía y enlutó el corazón de la patria. Que sepa el imperio que la soberanía nacional no se negocia ni se entrega. Somos herederos de Bolívar, de ese Simón glorioso que ante el polvo y el escombro de 1812 nos dejó un mandato eterno. ”Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.
Sabemos del miedo y del encierro, porque transitamos la incertidumbre de la pandemia, cuidándonos en colectivo, cuando países del llamado primer mundo incrementaban, desgraciadamente, su número de víctimas.
Cada golpe nos ha dejado cicatrices, pero ninguna ha podido apagar la terquedad de este pueblo. El escombro material que hoy nos duele no es el primero que nos toca ver, ni será el que nos deje de rodillas.
Guarden su silencio si no van a arrimar el hombro, apaguen sus cámaras si solo buscan alimentar el morbo. Venezuela y su gente están de luto, sí, pero de pie, limpiándose el polvo con manos soberanas. La historia recordará la infamia de sus palabras, pero también la terca dignidad de un pueblo que sabe reconstruirse desde las cenizas".

DdA, XXII/6395

150 AÑOS DE LA INSTITUCION LIBRE DE ENSEÑANZA



Ana Cardo

La Fundación Sierra Pambley recupera para la atención del público interesado un resumen antológico de la historia de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), un proyecto pedagógico que bien se puede decir que transformó España hasta que lo hundió la retrógrada dictadura franquista. La exposición "Institución Libre de Enseñanza. 150 años", que se podrá ver en la localidad leonesa de Villablino entre el 1 de julio y el 30 de agosto de este verano, recorre la historia de uno de los movimientos educativos más influyentes de la España contemporánea, el más odiado por el viejo régimen. Desde su fundación en 1876 por Francisco Giner de los Ríos y un grupo de catedráticos represaliados durante la primera restauración de la monarquía por defender la libertad de cátedra, la ILE impulsó una visión de la educación basada en el pensamiento crítico, la igualdad, el contacto con la naturaleza y la apertura a Europa. La muestra presenta documentos, fotografías y testimonios que permiten al visitante conocer de primera mano el alcance de la más lúcida práctica de enseñanza habida en la historia de este país. Esta exposición se articula en torno a los grandes hitos del institucionismo: la fundación del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, la creación de la Junta para Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes, las Misiones Pedagógicas o la Fundación Sierra Pambley, con especial presencia en la provincia de León, donde nacieron personalidades tales como Fernando de Castro o Gumersindo de Azcárate. A través de estos episodios, se muestra cómo la ILE sentó las bases de lo que los historiadores consideran el más brillante periodo de la cultura y la ciencia, con investigadores como Ramón y Cajal o creadores literarios y artísticos como Federico García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel o Juan Ramón Jiménez (dos Premios Nobel entre los citados).

DdA, XXII/6395

ADIÓS, AITANA ALBERTI LEÓN



Valentín Martín

Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde, nos dejó dicho Marguerite. Llegar tarde o no llegar nunca se parece mucho a una estafa que la oscuridad se guarda con la insistencia de los bastardos en los secarrales. Mientras la inmensidad de tantos amores vivos y muertos dibuja la geografía de pueblos y ciudades, llegan palomas equivocadas con el nombre de Alberti en sus alas que debieron quedarse quietas y no responder a la llamada. Porque es verdad que nos iremos, que tenemos los días contados, los nuestros y los de quienes más queremos. Ahora mismo tengo nostalgia de una ausencia repentina y concreta: la de Aitana Alberti León que ya no podrá acudir a una cita cuando antes José Luis Ferris, el escritor más decisivo, había cocinado para los tres en Madrid. Pasó algo y la charladuría con la hija de Rafael y María Teresa quedó para otra ocasión que no llegaría nunca. Tal vez sea verdad que vivir es dejarse gente y cosas por el camino. Hoy me acuerdo de esto cuando ya no veré nunca a Aitana Alberti León que amó tanto a Cuba que en esta Cuba malherida se ha quedado para siempre, transitando como nadie las revoluciones, la cultura, la memoria de la Generación del 27, las cenizas de su padre, el mármol de su madre, y todo el dolor del exilio en una arboleda perdida.
Hoy, una vez más, si me piden amar a cualquier dios, tendría que decir que se vayan con su música a otra parte.

DdA, XXII/6395

miércoles, 1 de julio de 2026

REVOLUCIÓN BOLIVARIANA VERSUS IMPERALISMO HUMANITARIO: LÍNEAS DE FRACTURA DE UN SEÍSMO

La Gran Misión Vivienda Venezuela, el programa de vivienda lanzado por Hugo Chávez en 2011, ha permitido construir millones de «viviendas dignas» en todo el país. La mayoría de estos edificios, construidos por diversas empresas chinas, brasileñas, bielorrusas y venezolanas, resistieron bien el seísmo. Cuando los edificios quedaron inhabitables —lo que ocurrió principalmente a lo largo de la falla costera—, tendieron a inclinarse en lugar de derrumbarse. Años de bloqueo y agresión imperialista han debilitado sin duda a Venezuela en el plano material. Sin embargo, la Revolución bolivariana ha engendrado un nuevo metabolismo social que no será fácil desmantelar: un pueblo organizado y un conjunto de instituciones capaces de responder a las crisis. Si el terremoto ha puesto al descubierto las vulnerabilidades del país, también ha revelado dónde reside su verdadera fortaleza: en el pueblo revolucionario y en unas transformaciones sociales e institucionales profundamente arraigadas.

 


Cira Pascual Marquina y Chris Gilbert
¿Qué cabe esperar de los imperios mediáticos sino el instante humanitario y las ruinas apocalípticas? Tras las campañas de la dictadura, el narcotráfico, la traición o la sumisión a los Estados Unidos, llegan ahora los primeros planos emocionales del Estado fallido, del vacío de poder, del descontento ante la inacción del gobierno. Con objetivos invariables: reforzar la campaña de la extrema derecha contra el gobierno bolivariano y neutralizar la opinión internacional de cara a una intervención exterior. Pero la realidad es muy diferente.
Veinticinco años de construcción de una poderosa organización popular, de una unidad cívico-militar impulsada por Chávez y de un Estado que, pese a más de 1.000 sanciones y el inhumano bloqueo de EE.UU. y la UE, mantiene como prioridad los servicios públicos, marcan la diferencia. A diferencia de los regímenes neoliberales, sin Estado, donde las ONG sirven de correa de transmisión del «imperialismo humanitario», Venezuela ofrece una respuesta rápida y masiva sobre el terreno. La soberanía alimentaria y el gran número de infraestructuras públicas han permitido atender las necesidades más urgentes. Las autoridades ya han distribuido más de 7.000 toneladas de alimentos a 75.238 familias. 10.834 voluntarios se han sumado a los miles de funcionarios de los equipos de protección civil y a los más de 30.000 funcionarios de los cuerpos de seguridad y del ejército para llevar a cabo las operaciones de socorro. El conjunto del personal de los ministerios, de las fuerzas armadas bolivarianas, la red nacional de organizaciones populares —entre ellas más de 5.000 autogobiernos comunales—, sin olvidar la cultura solidaria y anti-individualista de los venezolanos y las venezolanas, han salvado numerosas vidas y restablecido rápidamente los servicios públicos vitales, para pasar a la reconstrucción de miles de viviendas. El valiente personal de la solidaridad internacional, llegado de la ONU y de 32 países —entre ellos China, Suiza, Francia, Cuba, El Salvador, Vietnam, Brasil, Qatar, Estados Unidos, México, Colombia e India— representa la décima parte de la movilización nacional.
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No existe catástrofe puramente natural, sobre todo en un país en estado de sitio. Del mismo modo, la respuesta a toda catástrofe está siempre condicionada por factores sociales, políticos e incluso geopolíticos. Tras el devastador terremoto de 1812, ocurrido durante la lucha por la independencia, Simón Bolívar declaró: «Si la naturaleza se opone a nosotros, lucharemos contra ella y la haremos obedecernos.» Hoy, esta observación puede parecer chocante —como una extraña salida anti-ecológica—, pero lo que Bolívar quería decir es que el proyecto estratégico de emancipación debe permanecer en primer plano y guiar nuestras acciones, incluso ante un desafío natural.
Conviene tener esto presente al reflexionar sobre los seísmos que han golpeado recientemente a Venezuela. El hecho natural es simple: hubo un doble movimiento de tierra, primero una sacudida de magnitud 7,2 seguida, pocos segundos después, de otra de magnitud 7,5. A su paso, las destrucciones se produjeron a lo largo de fallas naturales, como la falla de San Sebastián que bordea la costa de La Guaira, pero también se propagaron a lo largo de fallas creadas por el imperialismo. En primer lugar figuraban las fracturas en las infraestructuras del país, en las capacidades de socorro de emergencia y en el sistema de salud, causadas por más de una década de paralizantes sanciones.
Estas sanciones, que aún superan las 1.000, no se reducen a simples palabras e intenciones hostiles. Las investigaciones llevadas a cabo por Mark Weisbrot en el CEPR de Washington estimaron que habían contribuido a unos 40.000 fallecimientos adicionales en el espacio de un solo año. Para quienes no conocen bien el sistema financiero internacional, el impacto de un régimen de sanciones de este tipo puede ser difícil de comprender. Sin embargo, el resultado neto es que toda transacción internacional se vuelve difícil. El comercio ordinario y las líneas de crédito se desmoronan, mientras que las empresas, los bancos y los gobiernos evitan las transacciones, incluso cuando son técnicamente legales en el marco del régimen de sanciones, pues carecen de certeza y temen represalias futuras.
Las consecuencias afectan a todos los aspectos de la preparación ante catástrofes y de las intervenciones en caso de catástrofe. En Venezuela, millones de personas comenzaron a emigrar poco después de la publicación del decreto presidencial de Obama en 2015, entre ellas médicos, socorristas, ingenieros civiles y otros profesionales cualificados. Se volvió más difícil reparar los equipos pesados de rescate, ya que las piezas de repuesto no podían importarse. Los hospitales tuvieron dificultades para reemplazar los equipos médicos especializados. Los servicios públicos aplazaron las operaciones de mantenimiento debido al agotamiento de la financiación y al temor de los proveedores a verse sometidos a sanciones secundarias. Incluso cuando las transacciones son técnicamente legales, los bancos y los fabricantes suelen actuar con excesivo celo, negándose a participar y obligando a las instituciones a improvisar en un contexto de escasez permanente.
Una segunda serie de fracturas se abrió a raíz de los ataques imperialistas del 3 de enero contra Venezuela, durante los cuales el presidente democráticamente electo Nicolás Maduro fue secuestrado en una operación militar que causó más de un centenar de muertos y dejó a muchas otras personas heridas y traumatizadas. Aunque la Revolución bolivariana logró conservar el poder político —elemento esencial en todo proceso revolucionario—, perdió el control de las ventas de petróleo de Venezuela (pero no de la soberanía sobre sus yacimientos, ni del resto de la economía) y se vio obligada a introducir «reformas» en la muy avanzada legislación del país que regula sus recursos naturales ante el bloqueo occidental, en particular en materia petrolera.
Todo ello significa que el seísmo que golpeó a Venezuela, devastador en todos los sentidos, fue hecho mucho más mortífero —tanto por su impacto inmediato como por sus consecuencias a largo plazo— por factores directamente imputables a la ofensiva continua y multiforme que el imperialismo estadounidense lleva a cabo contra el país y su pueblo. Cerca de 1.500 fallecimientos han sido ya oficialmente contabilizados, y este trágico balance seguirá aumentando en los próximos días. El número total de víctimas se dejará sentir en varios niveles, y la lucha para mitigar sus efectos mediante una respuesta eficaz, soberana y coordinada es ahora un campo de batalla, en cuyo centro se encuentra la contradicción con el imperialismo estadounidense.
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*Reacciones radicalmente diferentes*
Cuando el doble seísmo golpeó, fue percibido como una combinación inquietante de ruidos ensordecedores, sacudidas prolongadas y violentas, y un cielo de colores extraños. Un testigo lo describió como «un viento sin viento». La gente gritaba y los perros estaban presos del pánico. Edificios enteros se derrumbaron en montones de escombros, mientras se abrían grietas en la playa adonde muchos habían acudido a pasar el día festivo. Varios días después, personas permanecen aún atrapadas bajo los escombros. La situación es particularmente grave en las ciudades y pueblos que bordean la costa de La Guaira. En las redes sociales circulan cientos de fotos y nombres mientras las familias buscan desesperadamente a sus seres queridos desaparecidos.
En una situación así, es natural prestar ayuda sin pensar primero en los propios intereses. Eso es precisamente lo que han hecho las poblaciones de todo Venezuela y de los países vecinos. El gobierno de la presidenta en funciones Delcy Rodríguez también reaccionó con rapidez y determinación, movilizando los medios a su disposición en el espíritu centrado en el pueblo que caracteriza a la Revolución bolivariana desde hace tres décadas. Paralelamente a esta respuesta oficial, surgieron contribuciones espontáneas masivas: motos cargadas hasta los topes de suministros aflueron hacia las zonas siniestradas, mientras los voluntarios se unían a la inmensa operación de rescate llevada a cabo por el Estado, y equipos de ayuda procedentes de México, Cuba y Brasil llegaban rápidamente con asistencia concreta.
Si la compasión anima la reacción del gobierno venezolano y de los pueblos de América Latina, no puede decirse lo mismo del imperialismo estadounidense, para el cual la preocupación por la humanidad ha cedido paso a motivaciones de lucro, expropiación y dominación, y que tan a menudo ha buscado sacar provecho de la desgracia ajena. Al día siguiente del seísmo, el secretario de Estado Marco Rubio anunció fríamente que el Ministerio de Guerra, el SOUTHCOM y los marines desempeñarían un papel central en el esfuerzo de «ayuda» estadounidense.
Ya hemos visto cómo se desarrolla este escenario. Tras el devastador seísmo que golpeó Haití en 2010, el caballo de Troya apenas disimulado de la «ayuda humanitaria» estadounidense llegó en forma de un portaaviones y unos 20.000 soldados sobre el terreno. En el caso de Haití, esta ocupación de facto conllevó, entre otras cosas, una pérdida evidente de soberanía, casos probados de agresiones y explotación sexual, así como una epidemia de cólera propagada por las fuerzas de ocupación.
Frente a las ambiciones imperialistas, la voz del pueblo revolucionario venezolano se une en torno a tres reivindicaciones: Estados Unidos debe levantar completamente las sanciones, desbloquear todos los activos venezolanos y permitir al presidente Maduro y a Cilia Flores regresar a Venezuela. Si no se adoptan estas medidas, la presencia estadounidense se asemeja mucho a una simple ocupación militar —parte integrante de las ambiciones de recolonización expresadas por el imperialismo «MAGA» de Donald Trump, con su grotesca resurgencia de la doctrina Monroe.
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*La batalla por el control del discurso*
La lucha para defender de manera global al pueblo venezolano, su futuro y sus proyectos se desarrolla también en el terreno de los medios de comunicación y las redes sociales. Circulan alegaciones falsas y maliciosas que afirman que el gobierno no reacciona o que bloquea la ayuda humanitaria. Al mismo tiempo, vídeos procedentes de catástrofes sin relación con Venezuela —en particular terremotos en Turquía— han sido presentados como imágenes filmadas en Venezuela, acompañados de un aluvión de contenidos generados por IA. Gran parte de esta información proviene de la disconforme oposición de María Corina Machado, que se siente excluida de las negociaciones iniciadas tras el 3 de enero.
Lo que es cierto es que el gran número de conductores bienintencionados que intentaban llegar a La Guaira provocó un colapso en la autopista principal que une Caracas con La Guaira, impidiendo temporalmente la llegada de maquinaria pesada y ambulancias. Del mismo modo, tanta gente, coches y motos se concentraron alrededor de los lugares de socorro que las voces de las personas atrapadas bajo los escombros eran difíciles de escuchar, lo que entorpeció las operaciones de rescate. Los equipos de rescate nacionales e internacionales pidieron que se les dejara espacio para trabajar. El gobierno reaccionó estableciendo un centro de coordinación en el complejo deportivo llamado Poliedro de Caracas, donde la ayuda civil se recoge y se transporta en camiones hasta donde es necesaria. En dicho centro, los voluntarios son evaluados para determinar dónde pueden ser más útiles.
Si la pandemia de COVID nos enseñó algo, es que solo una respuesta dirigida por el Estado puede ser eficaz¹. Los actores no gubernamentales y los particulares son bienvenidos, pero deben inscribirse en un esfuerzo coordinado que solo un Estado soberano puede llevar a cabo. La «gran mentira» más difundida actualmente por los medios extranjeros es esencialmente la misma que siempre se ha utilizado contra la Revolución bolivariana: según esta mentira, un nivel de autoridad estatal comparable al ejercido por los gobiernos del Norte —y probablemente inferior— es calificado de «autoritario» cuando es ejercido en un país del Sur. Al mismo tiempo, algunos afirman que no hay respuesta gubernamental, abriendo así la puerta a una intervención exterior contundente.
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*Preparación revolucionaria*
Este doble seísmo golpeó a un país debilitado por las sanciones, pero fortalecido por la Revolución bolivariana, de 27 años de antigüedad, que ha marcado profundamente todos los aspectos de la sociedad venezolana. Si las sanciones han debilitado sistemáticamente las infraestructuras materiales de Venezuela, la Revolución bolivariana ha pasado más de dos décadas cultivando un nuevo metabolismo social. Aunque aún en proceso de formación, este ya se ha convertido en la mayor fuente de resiliencia del país. Los consejos comunitarios, las comunas, la unión cívico-militar y los programas de vivienda social han contribuido todos a la capacidad del país para responder colectivamente a la crisis.
La revolución no ha dejado de reforzar el parque inmobiliario del país. La Gran Misión Vivienda Venezuela, el programa de vivienda lanzado por Hugo Chávez en 2011, ha permitido construir millones de «viviendas dignas» en todo el país. La mayoría de estos edificios, construidos por diversas empresas chinas, brasileñas, bielorrusas y venezolanas, resistieron bien el seísmo. Cuando los edificios quedaron inhabitables —lo que ocurrió principalmente a lo largo de la falla costera—, tendieron a inclinarse en lugar de derrumbarse. El hecho de concentrar a las poblaciones en bloques de viviendas en lugar de dispersarlas en barrios precarios en laderas de cerros también es más seguro, tanto por las normas de construcción más estrictas como porque facilita la acción colectiva y la aplicación de la ayuda pública.
Un segundo factor es la alianza cívico-militar promovida por Chávez. Este modelo, ya asimilado por el conjunto de la población, se ha convertido en el marco de la respuesta combinada del gobierno, a la vez estatal y voluntaria. La alianza cívico-militar, que Maduro acertadamente amplió para incluir a la policía, ha sido siempre tanto un dispositivo institucional —encarnado por la milicia de seis millones de miembros— como una actitud política más generalizada, arraigada en la conciencia de clase tanto de los civiles como de los militares. Su primer banco de pruebas fue la tragedia de Vargas en 1999, precisamente allí donde el seísmo actual golpeó con más fuerza. La alianza cívico-militar estuvo a la altura de las circunstancias entonces, tal como lo hace hoy.
Finalmente, es en el seno de las comunas socialistas del país donde se perfila la respuesta más visionaria. Equipos de la red «Unión Comunera» se han desplazado a La Guaira para participar en las operaciones de socorro. En la comuna de El Panal, en Caracas, además de evaluar el estado de los edificios del barrio, los comuneros han establecido varios centros de recolección y están creando un refugio para las personas que se han quedado sin hogar a raíz del seísmo.
Al igual que ocurrió con los desafíos planteados por las escaseces alimentarias de mediados de la década de 2010, los ciudadanos de todo el país se vuelcan en las comunas para resolver colectivamente los problemas médicos y existenciales a los que se enfrentan y para encontrar un camino a seguir. Dada la fortaleza del movimiento comunal del país y su sólida formación ideológica, es posible que las comunas vuelvan a convertirse en catalizador de una renovada conciencia política. En estos tiempos difíciles, podrían resultar decisivas para movilizar al pueblo venezolano en torno al proyecto socialista, temporalmente eclipsado por el ataque del 3 de enero.
Años de bloqueo y agresión imperialista han debilitado sin duda a Venezuela en el plano material. Sin embargo, la Revolución bolivariana ha engendrado un nuevo metabolismo social que no será fácil desmantelar: un pueblo organizado y un conjunto de instituciones capaces de responder a las crisis. Si el terremoto ha puesto al descubierto las vulnerabilidades del país, también ha revelado dónde reside su verdadera fortaleza: en el pueblo revolucionario y en unas transformaciones sociales e institucionales profundamente arraigadas.
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¹ Leer «Covid-19 : le modèle vénézuélien, salué par l'OMS mais occulté par les médias», venezuelainfos.wordpress.com
, 20 de abril de 2020.
Fuente original: mronline.org
, 29 de junio de 2026. Traducción al francés: Thierry Fossaert.
Cira Pascual Marquina es educadora popular de la Pluriversidad Patria Grande, iniciativa educativa de la comuna El Panal (Caracas), y miembro de la Red Internacional de Democracia Comunal.
Chris Gilbert es profesor de ciencias políticas en la Universidad Bolivariana de Venezuela, redactor colaborador en Monthly Review y autor de Commune or Nothing! Venezuela's Communal Movement and Its Socialist Project (Monthly Review Press).

DdA, XXII/6394

LOS DERECHOS (DE LOS NIETOS) SE MIDEN POR JUSTICIA, NO POR CÁLCULO ELECTORAL


La imagen corresponde a la primera de las diásporas de españoles republicanos durante la Guerra Civil. Llegan a las costas de Bretaña los asturianos que salieron de los puertos marítimos de su tierra tras la ocupación de Gijón por los sublevados en octubre de 1937. Después, en los primeros meses de 1939, serían los republicanos de todo el país los que salieran por la frontera con Francia huyendo de la represión franquista. Dice Garmón: "Curiosa paradoja: las mismas derechas que en su día persiguieron a aquellas familias ahora cuestionan que sus descendientes recuperen lo que la Dictadura les arrebató por la fuerza. O tal vez no sea una paradoja ese doble castigo". Y añade: "La pregunta nunca puede ser a quién beneficia un derecho. Tampoco lo fue cuando España decidió que las mujeres podían votar. Los derechos no se miden por cálculo electoral, se miden por justicia".

José Antonio Garmón

Hay abuelos y abuelas que salieron de España con una maleta y una herida abierta. Empujados por la guerra, por la dictadura, por perseguir ideas, por amar a quien no debían... tuvieron que rehacer su vida en Buenos Aires, en La Habana, en México, lejos de su tierra, de su lengua, de su gente. Mucho sabemos de eso en Asturias.
Hoy sus nietos y nietas están recuperando lo que nunca debieron perder: la nacionalidad española. Gracias a la Ley de Memoria Democrática, cientos de miles de familias repartidas por el mundo han vuelto a decir "soy español" con el pasaporte en la mano y la memoria intacta.
Y sin embargo, hay en las derechas quien ahora pone en duda si esos nietos "merecen" ser españoles. Curiosa paradoja: las mismas derechas que en su día persiguieron a aquellas familias, ahora cuestionan que sus descendientes recuperen lo que la Dictadura les arrebató por la fuerza. O tal vez no sea una paradoja ese doble castigo.
La pregunta nunca puede ser a quién beneficia un derecho. Tampoco lo fue cuando España decidió que las mujeres podían votar. Los derechos no se miden por cálculo electoral, se miden por justicia. Prefiero que cada nieta, cada nieto, sepan que hay una España que no olvida ni abandona. ¿Y tú?

DdA, XXII/6394

LA SOLIDARIDAD HUMANA SIGUE RESCATANDO VIDAS BAJO LOS ESCOMBROS

Klieber Morán, tres años 

Félix Población

Mientras en la mayoría de los medios de información se insiste en la falta de medios con la que que el gobierno de Venezuela, después del ataque armado de Estados Unidos y el secuestro de su presidente, afronta los seísmos más graves sufridos por el país en su historia, sin tener en cuenta que desde los tiempos de Obama a la República Bolivariana de Venezuela se la ha acosado con intentos de golpes de Estado, sanciones y bloqueos, ayer dediqué buena parte de mi tiempo a observar los vídeos difundidos por las redes sociales. 

En concreto aquellos que exponen la actividad llevada a cabo por los socorristas de varios países para liberar a las personas vivas enterradas bajo los escombros. Quiero pensar que nunca antes, en una desastre de las características del que ha sufrido Venezuela, hemos tenido oportunidad de ver tan al detalle y con tanta frecuencia episodios donde se refleja de modo tan manifiesto la solidaridad con las víctimas, ya fueran personas o mascotas de las familias que perdieron sus casas y posiblemente sus vidas. 

Así, en plena madrugada del 30 de junio, seis días después de los seísmos, rescatistas llegados de Jordania lograron que el pequeño Klieber Morán, con sólo tres años de edad, fuera liberado de entre los escombros. Un leve susurro valió para que Fabiana, otra menor, fuera descubierta y nos mostrara la sonrisa en su rostro iluminado de gratitud al escuchar la palabras de ánimo y estrechar la mano de su salvador. 

Todo esto hace posible pensar que aún haya más vida bajo las montañas de ruinas apiladas, sobre todo en el Estado de La Guaira. Más de 3.300 rescatistas venidos de otros países, 45 delegaciones internacionales, 140 perros y 700.000 toneladas de ayuda humanitaria están haciendo lo posible porque la solidaridad prime sobre la bazofia informativa tergiversadora.

Eso es lo que necesita ahora el pueblo de un país al que se le han aplicado más de un millar de medidas coercitivas unilaterales, con un total de 226.000 millones de dólares de pérdidas (el 200 por ciento de su PIB y 80 millones cada día), y más de una década de asedio económico. 

Todo empezó dos años después de la extraña muerte del fundador de aquella república, el presidente Hugo Chávez. Como ocurrió en Cuba durante más de sesenta años, al que los responsables de estos bloqueos tienen la hipocresía de llamar Estado fallido, no se les ha permitido ni a Cuba ni a Venezuela que fracasasen solos con sus gobiernos socialistas. 

Obviamente, aunque una mayoría de medios de información lo olviden, entre los rescatistas en Venezuela también están las brigadas médicas cubanas, esas a las que pretende desalojar Donald Trump de otros países, porque lo suyo, como ocurrió en la historia de América Latina y está pasando incluso ahora en Venezuela, es mandar marines.

Fabiana, la más hermosa de las sonrisas: la de vivir


Recomendable: La Hojilla TV, del periodista Mario Silva: Una respuesta a los miserables que le hacen la comparsa al imperialismo. La Misión Vivienda de Hugo Chávez y los terremotos.

DdA, XXII/6394

LA MANIPULACIÓN DE LAS ELECCIONES Y LA COMPRA DE VOTOS

Paco Arenas

El 15 de junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones presuntamente libres y democráticas desde aquellas del 16 de febrero de 1936, celebradas cuarenta y un años antes, cuyo resultado no fue aceptado por los militares golpistas ni por la derecha más cavernaria. Aquella negativa desembocó en un sangriento golpe de Estado, una guerra civil y la instauración de un régimen represivo y genocida que se prolongó durante casi cuarenta años.
Viví en Ibiza hasta el 13 de marzo de 1977 y, aunque ya no estaba allí cuando llegaron las elecciones, mis compañeros, amigos y familiares me contaron con todo lujo de detalles lo sucedido antes y después de aquellas elecciones.
En vísperas de los comicios, la mujer del director del hotel sufrió una transformación casi milagrosa. Ella, que jamás se dirigía a los trabajadores si no era para dar órdenes secas y cortantes —muchas veces capaces de provocar más caos que organización—, comenzó de pronto a mostrarse cercana, afable y casi maternal. Aparecía en la habitación donde la camarera estuviera limpiando ( a veces con un refresco), en el comedor, en el bar, se colaba en la cocina o subía a la lavandería, interrumpía el trabajo de cualquiera y comenzaba a hablar de asuntos que la mayoría apenas entendía por falta de costumbre democrática.
—Esto de las elecciones no sirve para nada y, además, es muy peligroso. Imaginad que ganan los comunistas. Todos tendríamos que vestir camisas de cuello Mao, que no dejan ni respirar... ¡Qué horror!
Muy brillante no parecía la argumentación, porque los cocineros y los ayudantes de camarero ya llevaban camisas con cuello Mao; yo mismo llevé durante dos años. Las camareras soportaban un uniforme bastante más agobiante y, en recepción, donde trabajé un año, ocurría exactamente lo mismo. Pero ella hablaba con una convicción digna de mejor causa y, para reforzar su pedagogía, tuvo incluso pequeños detalles con los empleados que jamás había tenido antes.
La culminación de aquella campaña llegó cuando apareció con los sobres electorales ya cerrados con la papeleta de la UCD, acompañados de una promesa: si ganaban, la paga extraordinaria sería más generosa de lo habitual. Aquello debía de ser una innovación y ahorraba al trabajador el esfuerzo de pensar.
En Ibiza se votaba, además de en la capital, en Sant Antoni de Portmany —entonces San Antonio Abad— y en Santa Eulària y no sé si en Sant Josep. La UCD organizó autobuses para recoger a los payeses y llevarlos a los colegios electorales. Durante el trayecto se les entregaba el sobre y una pequeña propina para que, ya que habían tenido la molestia de votar y además era verano, pudieran tomarse una cerveza o comerse un helado. Todo muy refrescante para la democracia.
La costumbre no desapareció en las siguientes elecciones. Muerta la UCD, el relevo lo tomó el PP. En una de las campañas que terminó con la victoria de José María Aznar, la gratificación ascendió a cinco mil pesetas. No en vano, el candidato insular era un multimillonario, propietario de numerosos hoteles y hasta de un banco. La inflación también había llegado a la compra de voluntades.
En las primeras elecciones municipales, en 1979, yo trabajaba en la construcción con Bautista Soler. Una tarde apareció acompañado por el candidato de la UCD, Miguel Pastor López, y nos invitaron a todos al bar.
—Tomad lo que queráis, que esta tarde ya habéis trabajado bastante.
Corrieron las cervezas, las tapas y los discursos sobre la enorme conveniencia de votar a la UCD. Después llegó la inevitable fotografía de familia: ellos, impecablemente trajeados y sonrientes; nosotros, cubiertos de yeso, cemento y polvo. Yo me agaché discretamente y conseguí no salir en la foto.
Las últimas elecciones generales tampoco fueron aceptadas como plenamente democráticas por una parte de la derecha. Como ya es tradición, se habló de fraude electoral antes, durante y después del escrutinio. Ganaron las elecciones y, según sus dirigentes, quien debía gobernar era Feijóo... aunque, por alguna misteriosa razón, no fue presidente porque no quiso... La mayoría representada en el Congreso fue la que decidió, por votación democrática apoyar a un presidente que no fuera títere y rehén de la extrema derecha. Algo que tal vez pueda solucionar sino fuera un cobarde y presentara una moción de censura junto con Vox y Junts, con el apoyo de Puigdemont.
En los sucesivos procesos electorales han seguido alimentando el fantasma del fraude mediante bulos que solo prosperan entre quienes tienen verdadera vocación de creerlos. Primero fueron los votos del extranjero; luego, los descendientes de los exiliados, que ejercían un derecho reconocido por la ley; ahora les toca a los migrantes regularizados, pese a que estos no pueden votar en España salvo que obtengan la nacionalidad, algo que, en la mayoría de los casos, no sucede hasta pasados muchos años.
Da la impresión de que una parte de la derecha española conserva un viejo reflejo histórico: las urnas solo son impecablemente democráticas cuando el resultado les favorece. Cuando no es así, siempre aparece un fraude imaginario, una conspiración, un enemigo oculto, y últimamente algunos jueces dispuestos a realizar el trabajo que antes hacían los militares golpistas.

DdA, XXII/6394

martes, 30 de junio de 2026

GOLPES DE ESTADO, SANCIONES, BLOQUEO, UN ATAQUE ARMADO Y DOS TERREMOTOS, DOS

 

Contra la República Bolivariana de Venezuela hubo de todo en sus 27 años de historia, hasta llegar a los dos terremotos casi inmediatos que tuvieron un poder destructivo treinta veces mayor que el de 1967. Llueven ahora las denuncias sobre el chavismo como un supuesto “estado fallido”, pero la mayoría de los medios de comunicación que así editorializan eluden decir que si hay problemas para enfrentar las consecuencias del doble terremoto --falta de equipos como retroexcavadoras u otras maquinarias pesadas, insumos médicos, hospitales bien abastecidos, etcétera-- ello se debe a los diez años de sanciones y obstáculos comerciales y financieros de todo tipo con que se agredió a Venezuela desde el momento en que en marzo del 2015 el falso Premio Nobel de la Paz 2009 Barack Obama proclamó, con imperdonable alevosía, que el gobierno bolivariano representaba una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos".

Atilio Boron

En los primeros meses del 2026 Venezuela ha sido víctima de dos acontecimientos traumáticos. Primero, el 3 de enero, el ataque militar denominado “Operación Resolución Absoluta” lanzado por el gobierno de Estados Unidos en contra de Caracas y, marginalmente, otras ciudades como La Guaira. Segundo trauma: el doble terremoto del miércoles pasado. Pero vayamos por partes. Se suponía que con aquella audaz maniobra se crearían las condiciones necesarias para precipitar una insurrección popular en contra del gobierno chavista y, de este modo, lograr el tan ansiado “cambio de régimen” que Washington persigue sin pausa desde el momento mismo en que Hugo Rafael Chávez Frías triunfara en las elecciones presidenciales de diciembre de 1998. La operación de marras obtuvo un logro parcial pero importante: el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa, la diputada Cilia Flores. Pero pese a su pomposo nombre fue un fracaso monumental desde el punto de vista militar y político, como también lo fue la “Operación Furia Épica”, el ataque de EEUU e Israel contra Irán. Pese a lo intimidante de sus nombres en ambos casos el “régimen” --en este caso el gobierno chavista-- permaneció, al igual que su homólogo en Teherán, de pie. Hablamos de fracaso porque basta comparar el enorme despliegue de más de 150 aeronaves, entre aviones y helicópteros, un portaaviones, un submarino nuclear y un acorazado utilizados para asolar al territorio venezolano, más los 15.000 efectivos movilizados para el combate y el comando de 200 hombres de la Delta Force que fue la encargada de la “extracción” (eufemismo para no decir el secuestro) de Maduro, con los equipos y la tropa utilizados el 2 de mayo del 2011 para capturar nada menos que a Osama bin Laden, supuestamente escondido en la ciudad paquistaní de Abbottalabad: 23 integrantes del Comando Seal con el apoyo de un total de cinco helicópteros y un portaaviones, para concluir que la significativa desproporción entre el equipo y el personal utilizado en ambas iniciativas demuestra con elocuencia que la “Operación Resolución Absoluta” tenía objetivos muchísimo más amplios que el secuestro de Maduro. Y les salió mal. El gobierno chavista permaneció en el poder, el “régimen” no se desplomó y las masas no inundaron las calles pidiendo la cabeza de sus gobernantes. No obstante, la transición ordenada bajo la mortal amenaza explícitamente comunicada por la Casa Blanca al gobierno bolivariano delegó el mando en la persona de Delcy Rodríguez como “presidenta encargada”, dejando al gobierno chavista y a la economía venezolana en una condición de radical subordinación a los mandatos emanados desde Washington. De hecho, se habla de un protectorado informal o una condición semicolonial de facto que se manifiesta en el descarado e impune robo del petróleo venezolano, dado que lo producido por su venta se deposita en una cuenta especial del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y sólo una mínima parte se remite a Caracas; o del mantenimiento de las casi 1.100 “medidas coercitivas unilaterales” que aún hoy, cinco días después del doble terremoto que devastó La Guaira y parte de Caracas, siguen en pie; o los visibles cambios en la agenda de la política exterior de la República Bolivariana sobre todo después del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, interrumpidas durante siete años. Pero, ¡atención!: estamos ante acontecimientos “en pleno desarrollo”, como solía decir Walter Martínez, y no sólo en Latinoamérica y el Caribe sino a nivel mundial. Por eso el tiempo dirá si este avasallamiento de la soberanía nacional venezolana es una ineludible opción táctica defensiva --“por ahora”, como diría Chávez-- o sí, desgraciadamente, se trata de una capitulación definitiva. Confiamos en que sea lo primero. Es alentador que Washington no haya podido lograr sus objetivos de máxima, “cambiar al régimen”; pero hay que reconocer que lo que ha quedado en pie guarda pocas semejanzas con el chavismo original.
Vayamos al segundo acontecimiento traumático. La tragedia sociopolítica perpetrada por el trumpismo se multiplicó exponencialmente por el doblete sísmico del 24 de junio, cuando un poderoso terremoto de magnitud 7.2 fue seguido, apenas 39 segundos más tarde, por otro aún más intenso, alcanzando 7.5 en la escala logarítmica de Richter. No se trató de una réplica, aseguran los expertos, sino de dos terremotos distintos, el segundo precipitado por el primero y siendo dos veces y media más violento que aquél. En su conjunto estos dos terremotos tuvieron una intensidad inédita en la historia venezolana: fue treinta veces superior --repito: treinta veces superior-- al que conmovió hasta sus cimientos a la ciudad de Caracas en 1967.
La devastación material salta a la vista y junto con ello la elevada pérdida de vidas humanas, cuyas cifras difícilmente se conocerán a ciencia cierta sino en las semanas venideras. Pese a ello la derecha mundial, fiel a su talante reaccionario y necrofílico y su tradicional desprecio por la verdad, ahora acusa al gobierno de Delcy Rodríguez de no contar con los elementos necesarios para atender adecuadamente a las víctimas y los sobrevivientes de la terrible catástrofe. A partir de ahí llueven las denuncias sobre el chavismo como un supuesto “estado fallido”, pero los muy canallas omiten decir que si ha habido problemas para enfrentar las consecuencias del doble terremoto --falta de equipos como retroexcavadoras u otras maquinarias pesadas, insumos médicos, hospitales bien abastecidos, etcétera-- ello se debe a los diez años de sanciones y obstáculos comerciales y financieros de todo tipo con que se agredió a Venezuela desde el momento en que en marzo del 2015 el falso Premio Nobel de la Paz 2009 Barack Obama proclamó, con imperdonable alevosía, que el gobierno bolivariano representaba una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de estados Unidos.” Las consecuencias de esta política, agravada durante los años del primer Trump (2017-2921) fueron catastróficas, en el sentido más estricto de la palabra. Las restricciones impuestas a la comercialización del crudo y los vetos a la importación de equipos y repuestos para la industria petrolera produjeron un derrumbe sin precedentes de los ingresos producidos por la estatal PDVSA. Si en el 2012 las exportaciones petroleras habían alcanzado un pico de 93.000 millones de dólares luego de las sanciones comenzadas por Barack Obama y potenciadas por el primer Trump aquéllas bajaron en el año 2020 a 4.200 millones de dólares, o sea ¡menos del 5 por ciento de lo obtenido 8 años antes! La guerra económica desplegada con despiadada intensidad afectó gravemente a los ingresos del estado, imprescindibles para financiar las políticas públicas y por supuesto al bienestar colectivo de la sociedad y los ingresos de los trabajadores. Los esfuerzos y la creatividad del gobierno chavista presidido por Nicolás Maduro lograron atemperar en parte esta situación, colocando el nivel de las exportaciones en torno a los 18.000 millones de dólares, muy por debajo de la tendencia histórica anterior al bloqueo ordenado por Washington. Este criminal ataque económico produjo la desfinanciación de los servicios sociales prestados por el estado chavista en materia de salud, educación y rubros anexos y el consiguiente deterioro del nivel medio de remuneración salarial al funcionariado público. Un estudio sobre el impacto de las sanciones económicas en Venezuela realizado por Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs en el marco del Center for Economic and Policy Research de Washington DC concluye que las sanciones “han causado más de 40.000 muertes entre 2017 y 2018”. Estas sanciones, prosiguen los autores, “encajarían en la definición de castigo colectivo de la población civil” y no sólo violan la legalidad internacional sino también la propia legislación estadounidense.” (https://cepr.net/.../sanciones-economicas-como-castigo.../
)
Para concluir, es obvio que un gobierno atacado con tanta saña y durante tanto tiempo tropiece con dificultades a la hora de enfrentar una monstruosa combinación de dos tremendos terremotos. Pero hay que ir a las causas y éstas yacen, fundamentalmente, en los devastadores efectos del bloqueo que el gobierno de Estados Unidos ha decretado en contra de Venezuela y, desde hace más de seis décadas, en contra de Cuba. El bloqueo es genocidio, limpieza étnica, crimen de lesa humanidad, algo que los siniestros y mendaces papagayos mediáticos de la derecha y el imperialismo se encargan de ocultar para así poder culpar a las víctimas de los horrores que les infligen los victimarios. Confiamos en que más pronto que tarde tanto Venezuela como Cuba podrán dar vuelta esta horrorosa página de la historia del imperialismo.

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