Diario del Aire
sábado, 25 de abril de 2026
TODO ES RUINA MENOS ESE CORAZÓN QUE PEDALEA EN POS DE LA VIDA
LA JUEZA PALACIOS GARANTIZA QUE NADA ESENCIAL SE DESORDEN, Y RAJOY LO SABE
La jueza Teresa Palacios no interroga: amortigua
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La jueza Palacios no protege a Rajoy de manera explícita-sería burdo, incluso peligroso- hace algo más sofisticado: garantiza que nada esencial se desordene
Lucio Martínez Pereda |
Hay interrogatorios judiciales que buscan la verdad y otros que buscan otra cosa . El de Teresa Palacios pertenece al segundo tipo
Rajoy comparece ante la jueza envuelto en el cariño judicial. No es una indulgencia descarada. Es algo más eficaz y sutil: una forma de deferencia construida con omisiones de preguntas y repreguntas que tengan filo punzante. No hay la aspereza del cuestionamiento. Esta amortiguación hace que Rajoy no necesite defenderse con vehemencia.
Rajoy está muy tranquilo, no sólo por el conocimiento del funcionamiento del sistema judicial adquirido por ser hijo del juez que exoneró de su responsabilidad a los envenenadores del caso Reace, sino por que sabe que la jueza tiene que gestionar un equilibrio delicado: el de permitir que el proceso exista sin que le llegue a perturbar en exceso. La jueza Palacios no protege a Rajoy de manera explícita-sería burdo, incluso peligroso- hace algo más sofisticado: garantiza que nada esencial se desordene.
Es una forma hábil de administrar la verdad: no negarla, sino domesticarla. Convertirla en algo inofensivo para quien responde y para quien pregunta. Rajoy, naturalmente, lo sabe. La jueza, también.
NR DdA, XXII/6325
AQUÍ EN LA HABANA: AGARRA LA MOCHILA DE LA LUZ
UNA BALA MORTAL EN "LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA"
Eduardo Galeano*
viernes, 24 de abril de 2026
EL AMOR DE LA ULTRADERECHA A ISRAEL Y LAS URNAS
Después de analizar el amor de los partidos de extrema derecha por Israel y su gobierno, según demostró la reciente visita del presidente argentino a aquel país, el articulista estima, en el fragor de una guerra cada vez más impopular, que no sería extraño que las ultraderechas de Europa y de los Estados Unidos decidan alejarse progresivamente de Israel, no por pacifismo sino por intereses meramente electorales. Por suerte para Netanyahu, todavía cuenta con aliados como el mandatario argentino, que insiste en comprar un conflicto abierto con Irán, cuando sus pares ideológicos se están replanteando si es lo mejor para su propia estrategia de supervivencia política.
Daniel Kersffeld
Cantó, bailó, lloró, rio… En Tierra Santa, en apenas tres días, y durante los festejos por el Día de la Independencia, Javier Milei vivió un cúmulo desenfrenado de sentimientos y emociones.
En el medio, el presidente argentino se definió nuevamente como uno de los principales aliados de Benjamin Netanyahu, volvió a insertar a Argentina en un conflicto absolutamente inconveniente y que ya generó dos atentados terroristas en su historia reciente y, desde un argumento mesiánico y cultural antes que político, señaló a Irán como un enemigo al que resulta imperioso derrotar. Poco faltó para calificar a la iraní como una civilización a la que se debía eliminar, como lo expresó Donald Trump en el punto álgido de la guerra en Medio Oriente.
Lo de Milei no es una excepción: desde hace ya varios años que las ultraderechas viven una suerte de encantamiento frente a Israel, a la que en muchos casos ven como una representación de sus máximas aspiraciones políticas. Hoy es sentido común lo que hace un par de décadas era impensable: las organizaciones ultranacionalistas convertidas en firmes actores sionistas…
El enamoramiento no es reciente y fue cultivado por Israel desde hace más de veinte años, bajo una lógica predictiva envidiable que imaginó que valía la pena dejar atrás viejas heridas y, en cambio, apostar por grupos y facciones, en muchos casos marginales, pero que, con el paso del tiempo, podrían ocupar desde cargos parlamentarios a ministerios y presidencias. Pragmatismo al mil por ciento y que, sin duda, tuvo sus resultado positivos.
El detonante de este acercamiento fue el ataque a las Torrres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 y el auge del “terrorismo islámico”, una expresión que se ocupó de condensar los nuevos terrores del siglo XXI en torno a expresiones religiosas y formas atávicas de denominarlas y enfrentarlas.
El extremismo de derecha comprendió que el cambio era inevitable si querían participar libremente en el juego electoral, sin condenas sociales. Fue una prueba de fe para su definitiva aceptación dentro de los marcos legales de las democracias y de los sistemas políticos occidentales que ya comenzaban a atravesar sus propias crisis de representación.
En las organizaciones radicalizadas de la derecha se comenzó a operar un cambio de amplias consecuencias. El miedo, como factor político existencial, sufrió un redireccionamiento clave: el judío sería “tolerado” (como hicieron los viejos liberales de los siglos XVIII y XIX) y, en consecuencia, el antisemitismo sería enterrado, aunque nunca destruido o erradicado. Y en lugar del “judío” otros colectivos serían responsabilizados por irradiar terror, como sucede con la población árabe e islámica en Europa, con los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, y con los trabajadores extranjeros, de países vecinos o de la región, cuando se contemplan las variadas expresiones de las ultraderechas latinoamericanas.
Quizás el caso más representativo de este cambio ocurrió en Francia cuando en la década pasada Marine Le Pen llevó adelante el pasaje del Frente Nacional a la Agrupación Nacional para reconvertirla en una organización de extrema derecha “moderna” que, por lo tanto, ya no rechazaba (al menos públicamente) a los judíos, sino que ahora combatía a la inmigración africana y asiática. El auto de fe de la dirigente, que de ese modo expresaría su renovado compromiso con la democracia, fue la expulsión en 2015 de su propio padre, Jean Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional y uno de los principales impulsores de la judeofobia en Francia en el último medio siglo.
El acercamiento a Israel fue el principal objetivo trazado por estas organizaciones, como prueba de su “desdemonización”. Así, ocurrió con Vox, de España; con Lega, de Italia, y con partidos de similar orientación en Países Bajos, Croacia, Finlandia, Grecia, etc. Este giro también tuvo lugar en el Partido Republicano de Estados Unidos, impulsado por la derecha y por sectores evangélicos sionistas. Por el lado israelí, fueron dirigentes ultranacionalistas como Bezalel Smotrich, Itamar Ben-Gvir y Gideon Saar, ente otros, quienes se ocuparon de tejer estas vinculaciones.
El atractivo que Israel ejerce sobre estos partidos puede medirse en varias dimensiones. En primer lugar, una visión clásica, impulsada más desde el cristianismo que desde el judaísmo, y que retoma argumentos vinculados a las Cruzadas, le otorga a esta nación un lugar de avanzada occidental en contra de los países árabes. Así, para la ultraderecha (aunque no sólo para ella) Israel debe ser sostenido a toda costa como la “última frontera” de los valores occidentales y racionales.
Por otro lado, el gobierno de Netanyahu encara como ninguna otra administración israelí la ambición de recrear una sociedad nacional a partir de una visión étnica particularista, y en la que el componente judío resulta excluyente. Es, seguramente, el aspecto más controversial en la cosmovisión actual de las ultraderechas, que hace un siglo llevaron adelante el exterminio de la población judía europea y que hoy, en cambio, defienden al ultranacionalismo israelí. Desde ya este aspecto no borra el antisemitismo histórico, sino que lo resitúa en la compleja trama generada por el quiebre de la globalización y por los nacionalismos exacerbados del siglo XXI.
Un tercer aspecto clave en la relación de las ultraderechas con Israel lo constituye la política brutal de Netanyahu contra los palestinos, pese a la amplia condena internacional y a las recomendaciones de organismos multilaterales y de derechos humanos para el urgente restablecimiento de la paz y el fin de la masacre de la población gazatí. Para los dirigentes de la extrema derecha, el Primer Ministro israelí es hoy en uno de los principales referentes del recurso armado contra civiles, enarbolando así un cuestionable imperativo de “seguridad de Estado” que, por cierto, estuvo prácticamente ausente en el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023.
No hay duda de que Milei y otros dirigentes se han dejado arropar por el misticismo y por el pensamiento religioso de sectores de la ultraderecha judía que resumen su visión del mundo en aspectos maniqueos y milenaristas, en guerras del bien contra el mal y en la recuperación de un paraíso perdido aplicando políticas económicas empobrecedoras y deshumanizantes…
Pese al esfuerzo de sus dirigentes, la vocación sionista de la extrema derecha está encontrando sus propios límites cuando se vulneran sus intereses aislacionistas y, más aún, cuando se pretende embarcar al Estado en conflictos no deseados. La actual guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán está replanteando varios ejes en la relación de estas derechas con el gobierno de Netanyahu.
De manera pública y visible, el antisemitismo tradicional de la ultraderecha está reapareciendo en la superficie en el trumpismo de MAGA y en organizaciones como Vox, colocando en entredicho a aquellos dirigentes que insisten en que sus armados políticos se han despojado de los aspectos más negativos de su pasado. En tanto que el régimen neofascista de Georgia Meloni decidió no renovar el actual acuerdo defensivo entre Italia e Israel, profundizando así la distancia con Trump.
En el fragor de una guerra cada vez más impopular, no sería extraño que las ultraderechas de Europa y de los Estados Unidos decidan alejarse progresivamente de Israel, no por pacifismo sino por intereses meramente electorales. Por suerte para Netanyahu, todavía cuenta con aliados como el mandatario argentino, que insiste en comprar un conflicto abierto con Irán, cuando sus pares ideológicos se están replanteando si es lo mejor para su propia estrategia de supervivencia política.
PÁGINA/12 DdA, XXII/6324
¿TRAMA CORRUPTA? VAYA USTED A SABER, HACE TANTO TIEMPO...
Las prisas que se da la justicia podrían dar pistas sobre algunas cosas. Por ejemplo, si uno es fiscal general del Estado, y en pocos meses lo están citando para ser juzgado porque el novio de Ayuso se ha pillado un rebote que casi estampa el Maserati, la cosa pinta mal. Si, por el contrario, la cita para que un mandamás del PP se pase por el juzgado a comentar un grave episodio de la democracia española, tarda 13 años en llegar, la cosa suele pintar amable, escribe Técé en CTXT, y añade: La entonces número dos del Partido Popular y el número uno Rajoy contaron lo poco o nada que sabían sobre aquella trama indigna para la democracia. Nada recordaban sobre lo que sucedió frente a las narices de la dirección de un partido beneficiario de aquel trabajo sucio. ¿Resulta indignante? Quién sabe. Hace ya tanto tiempo...Nunca tan cerca la política y la justicia del tinglado de la farsa, añado.
Gerardo Tecé
Hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo. La frase de la semana es un clásico en las reuniones de viejos amigos. Paco, ¿te acuerdas cuando te quedaste dormido en los baños de aquel karaoke? Hace tanto que ya ni me acuerdo, respondería Paco, aún con resaca 20 años después. La frase se escuchó este jueves en la Audiencia Nacional y es que aquello se asemejaba bastante a una reunión entre amigos con Rajoy y Cospedal declarando ante la justicia 13 años después. A ver si, en calidad de testigos, recordaban alguna anécdota divertida de aquella batallita del pasado llamada caso Kitchen. Cocina en inglés. Cuando compramos la cocina, el tipo nos dijo que daba igual la marca de los electrodomésticos porque la obsolescencia programada hacía que todas durasen diez años. De habernos comprado la cocina cuando Rajoy le decía a Bárcenas que fuese fuerte, ya hubiéramos tenido que cambiarla. Trece años. Hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo, respondía Rajoy y el tribunal asentía como entendiendo que arrojar luz sobre una vida anterior y tan lejana no era fácil para el simpático registrador de la propiedad allí presente. Tanto tiempo hace que algunos protagonistas, como el falso cura que secuestró a la familia Bárcenas a punta de pistola buscando, para destruirlas, las pruebas que implicaban a los peces gordos del PP, ya falleció. Tanto tiempo que algunos no reconocen su joven voz en los audios. Tanto tiempo que toda una generación de españoles no conoció aquella trama que consistió en usar recursos del Estado para eliminar pruebas de corrupción y proteger a los corruptos. Una actuación policial normal y corriente, lo llamó Rajoy durante su breve declaración, década y media más tarde.
Las prisas que se da la justicia podrían dar pistas sobre algunas cosas. Por ejemplo, si uno es fiscal general del Estado, y en pocos meses lo están citando para ser juzgado porque el novio de Ayuso se ha pillado un rebote que casi estampa el Maserati, la cosa pinta mal. Si, por el contrario, la cita para que un mandamás del PP se pase por el juzgado a comentar un grave episodio de la democracia española, tarda 13 años en llegar, la cosa suele pintar amable. Llámenme observador si quieren. Preguntado Rajoy si él podría ser el “barbas” de quien hablaban los fontaneros de las cloacas, el tipo en lo alto de la pirámide de aquel intento por destruir evidencias de delitos, quien fuese presidente respondió: “Yo me llamo Mariano Rajoy y luego cada uno me llama como quiere”. La sala tuvo que aguantarse la risa con el simpatiquísimo Mariano. ¿Trama corrupta? Pues mire, vaya usted a saber, hace tanto tiempo que este humilde registrador no recuerda gran cosa. Normal. Demasiado ha hecho tomándose la molestia de venir usted hasta aquí, podría haberle dicho la presidenta del tribunal antes de pedirle un selfie y allí nadie se hubiese extrañado.
Cospedal, menos simpática que Rajoy, pero con idénticos problemas de déficit de magnesio, no recordaba si se había reunido dos, tres o quince veces con Villarejo homenajeando así a un chaval de mi barrio que, en plena sequía adolescente, aseguraba haberse liado con entre una y diez chicas. No las cuento, dijo con gran elegancia y cero credibilidad. En ninguna de las reuniones entre Cospedal y Villarejo, de las que hemos escuchado audios grabados por el expolicía, Cospedal le hace al dicharachero comisario ningún tipo de encargo, aseguró la exministra. No eran encargos, eran preguntas sin más, explicó. Ese pendrive que guarda Bárcenas debe de estar llenito de cosas interesantes, ¿verdad comisario? Tráiganme a un experto en sintaxis que me niegue que, con signos de interrogación de por medio, se trata de una simple pregunta. Y si en lugar de preguntar, Cospedal hubiese reconocido que daba órdenes tampoco hubiese pasado nada. No se la juzgaba ni tampoco al presidente emérito Rajoy, que a esa hora y cumplido el trámite, podría estar ya camino de Sanxenxo o Abu Dabi. Donde quisiera y sin dar explicaciones. La entonces número dos del Partido Popular y el número uno Rajoy contaron lo poco o nada que sabían sobre aquella trama indigna para la democracia. Nada recordaban sobre lo que sucedió frente a las narices de la dirección de un partido beneficiario de aquel trabajo sucio. ¿Resulta indignante? Quién sabe. Hace ya tanto tiempo...
CTXT DdA, XXII/6324
LA NOVELA DE OSKAR MARIA GRAF EN LA QUE SE BASA LA SERIE "AMENAZA DE TORMENTA"
Félix Población
Si quienes se toman la ocupación de leer este modesto DdA tienen oportunidad de ver Amenaza de tormenta, una miniserie muy recomendable de dos capítulos de 90 minutos cada uno dirigida por Matti Geschonneck, quizá se interesen por la vida y obra de quien escribió la novela en la que se basa el filme, titulada con más acierto Unruhe um einen Friedfertigen/Inquietud por un hombre pacífico.
Se trata de Oscar Maria Graf (1894-1967), un autor al que el nacional-socialismo pasó por alto en principio, pero que, cuando residía en Viena, hizo que fuera finalmente condenado después de escribir Verbrennt mich/Quemadme, un artículo publicado en el diario austriaco Arbeitzeitung.
La novela en la que se basa la miniserie aludida discurre en Baviera, tierra natal del escritor, durante el periodo de entreguerras, teniendo como marco histórico la gestación y nacimiento del nazismo en un entorno rural, una vertiente esta poco conocida que concentra a pequeña escala todo el carácter criminal de violencia, control y opresión del régimen político que se iba a imponer en Alemania y que, por centrarse en una pequeña localidad bávara, cobra una mayor dimensión dramática, muy aconsejable de recordar en los tiempos que vivimos.
Con una ambientación sobria propia del entorno campesino y un guion muy preciso en su desarrollo que al parecer respeta al máximo la obra literaria en la que se basa, es de resaltar la interpretación de Josef Hader, el gran actor austriaco que encarna al zapatero de ascendencia judía, el hombre pacífico que da título a la novela, y que quizá sea un trasunto del padre del escritor bávaro, de profesión panadero como el propio Oskar Maria Graf en su juventud.
Teniendo en cuenta que la obra de Graf es desconocida en España, me parece que algunos de sus libros, incluyendo el que ha servido de guion a la miniserie -máxime habiendo sido tan bien recibida-, podrían publicarse ahora en español. Llama la atención, al leer lo que Wikipedia publica de Graf, que Das leben meiner Mutter/La vida de mi madre (1940), donde se cuenta la vida de Alemania desde Bismarck a Hitler, sea la última obra que aparece en la bibliografía de este autor, cuando la novela que dio contenido a la serie mencionada, Unruhe um einen Friedfertigen/Inquietud por un hombre pacífico, fue publicada posteriormente.
Toda la documentación sobre Oskar Maria Graf y sus libros, poemas, correspondencia y conferencias se encuentra en la University at Albany de Nueva York, en donde encontramos esta pormenorizada sinopsis biográfica, en la que es de destacar lo que se dice respecto a que nunca dominó el inglés para conservar mejor su alemán:
Oskar Maria Graf nació el 22 de julio de 1894 en Berg, a orillas del lago
Starnberg, en Baviera, Alemania. Fue el menor de los ocho hijos
supervivientes del panadero Max Graf y Therese Heimrath. Su padre, un
panadero próspero, proporcionó un hogar y un entorno confortables a la
familia Graf. Oskar ingresó en la escuela primaria de Berg en 1900; sin
embargo, poco después de la muerte de su padre en 1905, comenzó un
aprendizaje en la panadería familiar con su hermano mayor, Max. Aunque Oskar
soportó casi cinco años bajo la estricta vigilancia de su hermano, en 1911,
para escapar de los castigos, huyó a Múnich, donde se unió a un grupo
bohemio. Entabló contacto con el círculo anarquista "Die Tat" y en 1912
viajó a pie a la región de Tesino, en el sur de Suiza, para unirse a una
colonia anarquista. Se desilusionó con la colonia y regresó a Múnich.
Durante este tiempo, mientras se ganaba la vida con trabajos ocasionales,
comenzó a escribir poemas y cuentos. Sin embargo, no fue hasta 1914 que
logró publicar varios de sus poemas en la revista expresionista Die Aktion (Berlín).
Graf fue reclutado por el ejército alemán en 1915 para servir en el Frente
Oriental. Se declaró en huelga de hambre, fingiendo locura hasta que
finalmente fue internado en un hospital psiquiátrico. En 1916, fue dado de
alta del hospital y licenciado del servicio militar. Graf regresó a Múnich,
donde trabajó en una fábrica y escribió reseñas para el periódico
muniqués München-Augsburg Abendzeitung . En 1918, publicó su primera obra importante, Wir sind Revolutionäre , y se casó con su primera esposa, Karoline Bretting, con quien tuvo
una hija, su única hija, Annemarie, un año después. Ese mismo año, conoció a
Mirjam Sachs, prima de la poetisa Nelly Sachs, quien más tarde se
convertiría en su segunda esposa. Más adelante, ese mismo año, participó en
manifestaciones contra la guerra y, en 1919, tomó parte en una revolución
que dio lugar a la efímera República Soviética de Baviera, y, tras su
derrota, fue encarcelado por su participación.
En 1920, Graf se convirtió en el productor dramático del teatro obrero
socialista "Die neue Bühne" en Munich, y en 1922 publicó Frühzeit y Zur freundlichen Erinnerung , seguido de Bayrisches Lesebücherl en 1924. Sin embargo, no fue hasta 1927 que Graf obtuvo
reconocimiento internacional con la publicación Wir sind Gefangene . Graf continuó escribiendo, publicando Das bayrische Dekameron en 1928 y Kalender-Geschichten en 1929, seguido de Bolwieser: Roman eines Ehemanns en 1931 y Notizbuch des Provinzschriftstellers Oskar Maria Graf en 1932.
A principios de 1933, Graf se encontraba de gira de conferencias en
Austria. Fue durante este tiempo, poco después del ascenso de Hitler al
poder, cuando los nazis ordenaron la primera quema de libros. Con la
excepción de *Prisoner's All* , los libros de Graf fueron recomendados en lugar de quemados por el
régimen nazi. Esto impulsó a Graf a escribir su famosa "Verbrennt mich!"
("¡Quémame también!"), quizás una de las declaraciones antinazis más
célebres, publicada en el Wiener Arbeiter-Zeitung el 22 de mayo de 1933. Graf permaneció en Austria en el exilio, donde
vivió hasta 1934, trabajando como coeditor de la revista para expatriados
alemanes Neue deutsche Blätter . En 1934, tras participar en un levantamiento político de
trabajadores austriacos contra el régimen de Engelbert Dollfuss, Graf huyó a
Checoslovaquia (Brno), donde permaneció hasta 1938. Se ausentó brevemente
para asistir al Primer Congreso de Escritores Socialistas en Moscú, pero
regresó a Brno, donde continuó escribiendo. Su novela Anton Sittinger fue publicada en 1937 por la editorial alemana en el exilio Malik en
Londres.
En 1938, Graf abandonó Europa sin su esposa e hija y huyó a Nueva York.
Mirjam Sachs lo siguió a Nueva York; sin embargo, no fue hasta 1944 que
Karoline accedió al divorcio y la pareja finalmente se casó. La única hija
de Graf, Annemarie, permaneció en Alemania al cuidado de su madre y, con el
tiempo, se unió a una organización juvenil alemana bajo el régimen de Hitler
llamada Bund Deutscher Mädchen (BDM). Graf, quien se oponía vehementemente a
Hitler, nunca tuvo una relación cercana con su hija y no existen cartas
entre ellos en la colección. Durante su estancia en Nueva York, Graf
pronunció discursos ante grupos germano-americanos y escribió regularmente
para el periódico neoyorquino en alemán Aufbau , dirigido por el hermano de su esposa, Manfred George. También llegó
a ser presidente de la Asociación de Escritores Germano-Americanos durante
este período.
Durante un breve periodo, Graf vivió en la colonia de artistas de Yaddo,
cerca de Saratoga Springs, en el norte del estado de Nueva York, donde
finalizó la versión alemana de su novela La vida de mi madre (Das Leben meiner Mutter), que
retrataba la vida en Alemania desde la época de Bismarck hasta la de Hitler.
Posteriormente publicó Unruhe um einen Friedfertigen, la historia de un zapatero judío asesinado por los nazis tras haber
vivido muchos años plenamente integrado en la vida de un pueblo
bávaro.
Graf no pudo regresar a Alemania inmediatamente después de la guerra. El
régimen de Hitler no solo le había revocado la ciudadanía alemana, sino que
además se negaba a firmar los documentos de ciudadanía estadounidense porque
esto le obligaría a portar armas. Finalmente, en 1958, tras la eliminación
de la cláusula sobre el porte de armas, Graf se convirtió en ciudadano
estadounidense y, con su pasaporte estadounidense, pudo volver a visitar
Alemania, algo que hizo cuatro veces antes de su muerte.
La segunda esposa de Graf, Mirjam, falleció en 1959 tras una larga lucha
contra el cáncer de mama. Él nunca deseó regresar definitivamente a
Alemania, alegando que no le gustaba la "Nueva Alemania" y que se sentía
sumamente a gusto en su hogar de exilio en Nueva York. Nunca dominó el
inglés, principalmente porque, como escritor, quería que su alemán
permaneciera "puro". Fundó una tertulia alemana habitual llamada "Die blaue
Donau" en Nueva York y, en 1962, se casó con su compañera exiliada Gisela
Blauner, quien se había doctorado en jurisprudencia en Alemania antes de
exiliarse. En 1964, Graf se convirtió en miembro correspondiente de la
Academia de las Artes de Berlín.
Oskar Maria Graf falleció el 25 de junio de 1967 en Nueva York a causa de
complicaciones derivadas de una neumonía. Sus cenizas fueron inhumadas un
año después en Múnich, el 28 de junio de 1968. Le sobrevivió su tercera
esposa, Gisela, quien colaboró en la publicación de nuevas ediciones de sus obras y organizó
exposiciones dedicadas a su vida y obra. Su hija, Annemarie Koch
(1919-2008), y su nieta, Ricarda Glas (nacida en 1943), continuaron
residiendo en Alemania.
DdA, XXII/6324






