domingo, 22 de marzo de 2026

LA DESPEDIDA DE LORENZO AGUIRRE DE SUS HIJAS ANTES DEL GARROTE VIL

Siendo muy de valorar la campaña de micro-mecenazgo mediante la cual ha sido posible rescatar los cuentos escritos para sus hijas pequeñas por Lorenzo Aguirre, escenógrafo, ilustrador, paisajista y caricaturista republicano al que se la dictadura franquista aplicó la última pena (garrote vil) una mañana de otoño de 1942, le parece a este Lazarillo que existiendo una Dirección General de Promoción de la Memoria Democrática, objetivos como el llevado adelante por el editor valenciano José Caramillas, a través de una hija y un nieto del artista asesinado, no deberían tener que recurrir al micro-mecenazgo (7.000 euros) para publicar tres cuentos de Lorenzo Aguirre. Debería andar esa Dirección General más al tanto de lo que esos tres cuentos significan, pues Aguirre los escribió como despedida de sus tres hijas de siete, nueve y once años en los días previos a su ejecución. Los cuentos están ilustrados por el autor y el libro que los dará a conocer (Libres d'Encobert) recoge también la biografía de Lorenzo Aguirre, padre de la excelente poeta Francisca Aguirre. Según Coromillas, “estos cuentos son un tipo de carta de despedida para las niñas. Cambia la forma, pero el mensaje último que les deja Lorenzo Aguirre a sus hijas es el mismo que tantas otras víctimas del franquismo hicieron con sus hijos mediante cartas u otros objetos de memoria. Ese mensaje es: no tengáis rencor; estudiad mucho; ayudad a todo el mundo, incluso a los que os han hecho daño, y especialmente a los más débiles de la sociedad: si lo hacéis, todo el mundo podrá ser libre". Lo dicho, toda una Dirección Generar de Promoción de la Memoria democrática debería promocionar memorias tan entrañables como esta de Lorenzo Aguirre. Lazarillo


Paco Cerdá

Antes de que al pintor Lorenzo Aguirre lo sacaran de su celda para ajusticiarlo a garrote vil una mañana de octubre de 1942; antes de que el artista intentase calmar a su verdugo diciéndole “tranquilo, usted no es responsable: es su trabajo”; antes de que la maquinaria represora del franquismo asesinara en la cárcel madrileña de Porlier a este escenógrafo, cartelista, ilustrador, letrista, paisajista y caricaturista comprometido con la República que había escapado de España por la Guerra Civil y que luego regresó desde Francia por la ocupación nazi; antes de que su cuerpo cayese inerte al suelo y luego el régimen ordenase el borrado de su entrada en la Enciclopedia Espasa-Calpe para que nunca nadie volviese a oír el nombre de Lorenzo Victoriano Aguirre Sánchez, aquel hombre de 57 años condenado a muerte, acusado de auxilio a la rebelión, perseguido por comunista y masón... Antes de todo eso, aquel hombre calvo y de temperamento alegre se dispuso a despedirse de sus tres hijas en la frialdad de una celda. De su esposa, Paquita, ya lo había hecho por carta.

¿Pero cómo se dice adiós a tres hijas de 7, 9 y 11 años? ¿Cuáles son las últimas palabras de un padre a esas pobres niñas que, de rodillas, habían rogado clemencia para su papá ante la hija del Generalísimo, Carmencita, en el día de su santo?

Lorenzo eligió el cuento. Un cuento escrito, dibujado y pintado en acuarela para cada hija. Para la soñadora, para la valiente, para la presumida. Un cuento para cada una. La cucarachita presumida, para Margarita, que enseña que no hay que ser vanidoso ni buscar venganza, sino ayudar siempre a cualquiera que lo necesite, aunque te haya tratado mal en el pasado. Marimiaumiaumiau y Marrañauñauñau, para Jesusa, donde reivindica que los seres más pequeños, si se unen, pueden hacer caer hasta al ogro más poderoso. Y La ranita mágica, para Paca, que embriaga con amores a priori imposibles pero que la fuerza de la voluntad hace viables y que habla de un príncipe con un nombre usado por el novelista Blasco Ibáñez, admirado amigo de su padre.

Ahora, esos tres cuentos, después de toda una vida inéditos desde que fueron compuestos en la angustiosa soledad que precede a la pena capital, van a ver la luz. Los ha rescatado el editor valenciano José Camarillas, a través de una hija y un nieto de Lorenzo Aguirre, y está intentando editarlos en un álbum encuadernado en tapa dura mediante una campaña de micromecenazgo que avanza gota a gota. El proyecto La cucarachita presumida y otros cuentos de Porlier (Llibres de l’Encobert) necesita 7.000 euros para publicar los tres cuentos que Lorenzo Aguirre escribió e ilustró para sus hijas, que además irán acompañados de una investigación que reconstruye la biografía del artista y demuestra, según dice Camarillas, algunas “irregularidades” de su juicio.

Son curiosos los meandros de la Historia. Cuando la pequeña Paca Aguirre recibió el cuento de su padre, el de la ranita, y empezó a leer que en una cabaña muy distante de la ciudad vivía con su madre Rosalinda, una preciosa muchacha que después de atender los quehaceres de la casa llevaba las ovejitas a pacer al campo, era imposible que esa niña imaginara que poco después empezaría ella misma a escribir, y que con el paso de los años sería una inmensa poeta, esposa del poeta Félix Grande, secretaria del poeta Luis Rosales, y que su obra completa —atravesada por la memoria, la pérdida y las cicatrices del tiempo, que son angustia infancia espanto y lágrimas de oro— quedaría antologada en las 650 páginas de Ensayo general. Poesía reunida 1966-2017 (Calambur Editorial, 2018), y que casi al final de su vida recibiría el Premio Nacional de Poesía y el Premio Nacional de las Letras Españolas.

Cómo iba a imaginar Francisca Aguirre, al leer la aventura sobre aquel ogro temible al que había que derribar en el comienzo de aquella posguerra temible con otro ogro al que nadie podía o quería tumbar, cómo iba ella a imaginar que un día escribiría un poema titulado Memoria arrodillada —ella, que en vano se arrodilló ante la hija del dictador por su padre— y que en sus versos diría: “Detrás del tiempo siempre hay otra historia, una historia que fue y no fue, como en los cuentos infantiles”. Como en los cuentos de despedida que su padre les regaló a ella y a sus hermanas.

En opinión del editor José Camarillas, “estos cuentos son un tipo de carta de despedida para las niñas. Cambia la forma, pero el mensaje último que les deja Lorenzo Aguirre a sus hijas es el mismo que tantas otras víctimas del franquismo hicieron con sus hijos mediante cartas u otros objetos de memoria. Ese mensaje es: no tengáis rencor; estudiad mucho; ayudad a todo el mundo, incluso a los que os han hecho daño, y especialmente a los más débiles de la sociedad: si lo hacéis, todo el mundo podrá ser libre”. Ese legado de amor y dignidad, explica Camarillas, ya lo vio en las cartas de ochenta familias con las que trabajó para componer otro de sus libros: Las cartas de la memoria, que compila los escritos de despedida de numerosos asesinados por el franquismo y que van acompañados con las respuestas que sus familiares —hijas, nietos, hermanas o sobrinos— quisieron darles post mortem tantas décadas después. Una bomba de emoción retardada.

Aparte de artista con cinco cuadros en el Reina Sofía y un centenar de obras custodiadas por el Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante, Lorenzo Aguirre fue también policía. Ese fue el origen de sus problemas con la dictadura. Con el estallido de la guerra, Aguirre se mantuvo leal al Gobierno republicano. Había sido director de la Escuela de la Policía Española y en septiembre del 36 fue nombrado Jefe Superior de Policía de Madrid. El franquismo lo acusó de haber estado detrás del asesinato del diputado ultraderechista José Calvo Sotelo cinco días antes de la insurrección militar del 18 de julio. Sin embargo, en la investigación para este libro, José Camarillas asegura que ha encontrado una prueba que desmonta la trama argüida para condenarlo a muerte.

“El régimen lo acusa de haber ordenado a los escoltas de Calvo Sotelo dejar que lo mataran o rematarlo. A pesar de que desde hace décadas se sabe que este suceso fue una venganza por la muerte de José del Castillo y que Calvo Sotelo ni siquiera era el objetivo principal de los guardias de asalto que lo mataron, he encontrado una documentación novedosa para el caso. Hay bastantes testimonios calcados de policías conservadores contra Lorenzo Aguirre y hasta rencillas antiguas de cuando era profesor de dibujo en la Academia de Policía. Pero la trama principal la forman el diputado de Comunión Tradicionalista Joaquín Bau y el guardia Rodolfo Serrano de la Parte, escolta de Calvo Sotelo. Y hay nóminas y documentación que evidencian las contradicciones de lo que ellos atestiguan”, sintetiza el editor antes de que salga a la luz su investigación.

Al final de la guerra, tras pasar por València y Barcelona, Lorenzo Aguirre se exilió a Francia. Regresó en 1940 por temor a la Gestapo. Entonces las autoridades españolas lo detuvieron, lo torturaron, lo encarcelaron y, dos años después, lo ejecutaron en Porlier. Ajusticiaron a garrote a aquel artista que, según el informe que sobre él hizo la Logia masónica La accidental, “era un hombre de ideas democráticas, de amplia cultura, bueno de carácter y temperamento tranquilo y calculador, honradez profesional buena y buen comportamiento con su familia al igual que su solvencia moral es buena”. Nada de ello sirvió ante la ley franquista.

Muchos años después, el poeta Félix Grande le dedicó un bello y largo poema al suegro que nunca conoció, titulado El desterrado del Espasa, y que decía: “¿A cuento de qué lo ejecutaron? ¿Exterminaban en el pintor Lorenzo Aguirre a la Institución Libre de Enseñanza, a la República, a las pajaritas de papel que Miguel de Unamuno le enseñó a usted a manufacturar con las uñas pulgares y con un alfiler? ¿A cuento de qué lo mataron a usted, a tres años de acabada la guerra? ¿Qué ganaron con ese crimen? ¿Qué disfrute obtuvieron con toda una familia de dolor? ¿Y a qué venía la orden de retirar su nombre del Espasa?”. Su nombre cayó del Espasa y transitó por un largo olvido. Su letra, sin embargo, quedó en unos cuentos y en la memoria de tres niñas.

EL PAÍS DdA, XXII/6294

LA FURIA DE EPSTEIN: DECISIONES EQUIVOCADAS O NO

Puede que quienes tomaron las decisiones realmente se equivocaran por completo en sus cálculos, pero es igualmente posible, e incluso más probable, que el escenario de un conflicto prolongado no solo se haya tenido en cuenta, sino que se haya visto con buenos ojos.  Si el régimen iraní colapsa, el país y sus recursos serán saqueados y China quedará acorralada. Si resiste, los países del Golfo y la UE se verán perjudicados, lo que quizás debilite a China en cierta medida. En ambos casos, el lobby de Epstein saldrá fortalecido y con más poder que antes


Andrea Zhoc

El periódico Times of Israel dedicó un artículo a lo que para muchos era evidente desde el principio: la Operación “Furia Épica” contra Irán no tiene una fecha de finalización previsible y no hay señales de un colapso del régimen, ni de una “revolución de color”.

Podríamos alegrarnos de haber acertado. Muchos entendieron perfectamente desde el principio que la agresión frontal, en todo caso, solo puede consolidar y radicalizar un régimen, pero difícilmente convencer a la población de que quienes la bombardean se preocupan por ella y actúan en su beneficio. Podríamos concluir que el Mossad y el Estado profundo estadounidense son unos imbéciles, gente incompetente, que ni siquiera pudieron considerar la probabilidad de un resultado que parecía seguro para tantos. No hablamos de Trump, por supuesto, quien bien podría haber creído que sería coronado emperador de Irán en cuatro días y que perderá las elecciones de mitad de mandato (este hombre, si lo dejaran a su aire, podría dar vueltas en círculos todo el día buscando su propio pellejo). La cuestión es que estas decisiones no las toma Trump, salvo formalmente, y su condición de minoría facilita que los verdaderos responsables de la toma de decisiones (como Biden antes que él) lo utilicen como un sacacorchos. En resumen, puede que quienes tomaron las decisiones realmente se equivocaran por completo en sus cálculos, pero es igualmente posible, e incluso más probable, que el escenario de un conflicto prolongado no solo se haya tenido en cuenta, sino que se haya visto con buenos ojos.

Y aquí conviene reflexionar un momento sobre lo que implicaría tal escenario, un escenario en el que el conflicto se prolonga durante meses. ¿Quiénes se benefician? ¿Quiénes son los perdedores en este escenario? Dejemos de lado a las poblaciones, los civiles, el medio ambiente, etc., todo aquello que los oligarcas del poder global consideran meros insectos, en el mejor de los casos una injerencia que merece, como mucho, una publicación adicional en sus periódicos para impulsar la narrativa que les conviene. Los primeros perdedores son los países del Golfo, extremadamente ricos pero también extremadamente frágiles, países que se engañaron a sí mismos creyendo estar «bajo el paraguas estadounidense». Lo que les está sucediendo es lo que les sucederá a los europeos que aún se engañan creyendo estar «bajo el paraguas de la OTAN». El día que necesiten el paraguas, se darán cuenta de que no están «bajo el paraguas», sino que ellos mismos son el paraguas, recibiendo la lluvia en lugar de Estados Unidos. Kuwait, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, etc., quedarían arruinados en una guerra prolongada. (El mercado inmobiliario de Dubái perdió una quinta parte de su valor en una semana).

Ahora bien, los líderes de estos países pueden amenazar con retirar su capital del mercado estadounidense, como ya lo han hecho, pero ¿dónde invertirlo? ¿En China? Lo cierto es que está ocurriendo precisamente lo contrario: están desinvirtiendo en los países del Golfo, y el capital desinvertido se está trasladando a sus centros financieros, es decir, Nueva York o Londres.

Los segundos perdedores son los típicos comediantes de la Unión Europea, que se ensañan con sus intentos de aparentar que importan, dando interminables discursos sobre moralidad internacional, pero que, tras romper heroicamente sus lazos con Rusia para el suministro de energía, ahora ven reducidos sus suministros de gas y diésel debido al cierre del estrecho de Ormuz. El resultado es evidente: una mayor desertificación industrial, con las principales industrias trasladando su producción a Estados Unidos.

El tercer posible perdedor, aunque esto no está ocurriendo por el momento, sería China, que enfrenta dificultades para asegurar su suministro de petróleo. Esta opción también es evidentemente popular entre los oligarcas israelíes y estadounidenses.

Por último, y quizás lo más importante, se cierne la amenaza de la estanflación global. La estanflación en este contexto sería una combinación de inflación interna exógena (debido al aumento de los precios de la energía) y una desaceleración de la producción industrial. Algunos podrían dudar ingenuamente de que este sea un resultado deseable para los altos cargos y las oligarquías financieras. Pero, en realidad, este resultado es sumamente deseable para quienes poseen un exceso de capital acumulado que tiene dificultades para encontrar inversiones, y que actualmente ofrece rendimientos muy bajos.

Como siempre (véase la pandemia), no debemos centrarnos en las pérdidas a corto plazo, sino en la redistribución del poder comparativo a lo largo del tiempo. La estanflación global funciona como un mecanismo darwiniano, donde quienes poseen mayores inventarios pueden permitirse pérdidas temporales (como en los mecanismos de dumping) y salir fortalecidos. Al final de una crisis estanflacionaria, los capitalistas de nivel medio caen a la base, mientras que la élite financiera se consolida. La destrucción masiva causada por una guerra representa, al final, extraordinarias oportunidades de inversión para quienes cuentan con abundante capital ocioso.

Ahora bien, no todos estos procesos saldrán según lo previsto. Existen algunos problemas potencialmente críticos. El más importante es la resiliencia de la población israelí, que en algún momento podría presionar a su gobierno para que ponga fin a la guerra. No creo que sea una coincidencia que, por «razones de seguridad nacional», la cobertura nacional e internacional de la destrucción interna de Israel sea prácticamente inexistente esta vez. La censura es draconiana. Como suele ocurrir en el mundo moderno, si algo no sale en la televisión, no existe. (Si una bomba cae en la puerta de tu casa, pero las noticias no lo informan, significa que has tenido mala suerte en privado; simplemente tienes que aceptarlo).

No está claro cuánto durará este juego de negación. Pero, al final, como siempre ocurre con quienes toman decisiones acertadas, los resultados previstos son todos favorables (ganar-ganar). Si el régimen iraní colapsa, el país y sus recursos serán saqueados y China quedará acorralada. Si resiste, los países del Golfo y la UE se verán perjudicados, lo que quizás debilite a China en cierta medida. En ambos casos, el lobby de Epstein saldrá fortalecido y con más poder que antes.

 L‘interferenza/ DdA, XXII/6294

viernes, 20 de marzo de 2026

EL ADOLESCENTE ALFABETIZADOR SILVIO RODRÍGUEZ

 


Oportuno le parece a este Lazarillo recordar, ahora que el cantautor cubano ha reclamado y se le ha entregado un fusil para defender a su país de la posibilidad de una ocupación estadounidense ("toma" lo llama Trump), los meses de la adolescencia de Silvio Rodríguez como alfabetizador en los comienzos de la revolución cubana, cuando alguno de estos jóvenes fue asesinado por las tropas contrarrevolucionarias y tuvo lugar, en 1961 (Año de la Educación), el intento de invasión de Bahía Cochinos: más de mil mercenarios a sueldo de Estados Unidos fueron derrotados por las tropas de Fidel Castro. El cantautor recuerda con emoción y detalle aquella etapa de su vida, decisiva en la formación de su personalidad. Fue una gran enseñanza para todos los que participaron en la experiencia, confiesa Silvio, una experiencia que le sirvió de ensanchamiento como ser humano: "Me lanzó luego al mundo para aprender y ayudar", subraya el cantautor. Aquella fue una gran lección para Cuba y para el mundo. Consistió en usar como armas el lapicero y el libro, y combatir la ignorancia, que los que saben, enseñen, y los que no saben, aprendan. Catorce años tenía Silvio, cuando todos aquellos jóvenes estaban ansiosos de epopeya: "Hay locuras tan vivas/ Tan sanas, tan puras/ Que una de ellas será mi morir".

DdA, XXII/6293

ASÍ APUNTA ISRAEL A MUERTE CONTRA UN PERIODISTA DE RT

 


Ana Cardo

Cuando los libros de historia se refieran a la invasión de la Franja de Gaza por Israel -digo los libros de historia que pretendan contar la realidad de los hechos-, tendrán que contabilizar que sobre ese pequeño territorio palestino se asesinó a más profesionales de la información que en cualquier otro conflicto armado y que, la mayoría, fueron palestinos (261). Habrá para ello suficientes imágenes de las víctimas y del llanto de sus familiares y amigos, pero quizá hasta ayer no disponíamos de las que más fehacientemente demuestran la metodología asesina israelí, sobre todo -como es el caso- si el periodista pertenece a medios que critican la política de exterminio del gobierno israelí con el pueblo palestino. Tal ocurrió con el corresponsal británico de la televisión rusa RT Steve Sweeney, que junto a su cámara resultaron heridos al sur de Líbano, tal como se ve en el vídeo, al ser alcanzados ambos por la metralla de la explosión en el mismo momento en que el corresponsal informaba. Sweeney tiene el convencimiento de que han pretendido asesinarlo junto a su camarógrafo, y no hay por qué dudarlo. Más bien al contrario, vistos los datos.

DdA, XXII/6293
 

CON NETANYAHU, VIVO O MUERTO, TODO VA A PEOR


Félix Población

La que se conoce como Era de la Información, y también como Tercera Revolución Industrial, Era de Internet o Revolución Digital, tiene entre sus componentes en auge la Inteligencia Artificial(IA), cada vez más prodigada en las redes sociales. Estas semanas, desde el comienzo de la guerra que Israel impuso en Irán, no dejamos de ver vídeos del primer ministro israelí en los que sus difusores nos advierten insistentemente de que se trata de productos creados por la IA, dado que Benjamín Netanyahu se encuentra desaparecido, subsumido en un bunker o fue víctima mortal de uno de los muchos misiles lanzados por Irán sobre suelo israelí, que -a juzgar por las informaciones censuradas que llegan a nuestros medios de comunicación- apenas parecen afectar al país. Hasta ahora, ningún medio de información ha dado por verosímil que el primer mandatario israelí haya fallecido, pero habida cuenta la animadversión que con todo merecimiento se ha ganado Netanyahu después de haber sido acusado por la Corte Penal Internacional de genocida y criminal de guerra por las masacres de civiles y menores en la Franja de Gaza, es muy probable que sigamos viendo vídeos con ese contenido, así como burlas cuestionando la veracidad de las imágenes en las que aparece el primer ministro israelí. Resulta paradójico que en la llamada Era de la Información, las redes sociales nos estén deparando informaciones en las que se cuestiona la realidad física de Netanyahu, dándole al personaje carácter virtual, siendo como es el máximo responsable de que nuestro mundo, este maravilloso planeta Tierra, pueda desembocar por tercera vez en la historia en un conflicto armado mundial. Que esté vivo o muerto Benjamin Netanyahu nada está importando hasta la fecha, porque la guerra que desató prosigue con cada vez mayores y más graves riesgos para la humanidad.

DdA, XXII/6293

¿SE MOVILIZARÁ LA IZQUERDA CONTRA EL ESPERPENTO DERECHISTA O LE BASTA CON EL PROPIO?

Cree el firmante que el votante de derechas no premia la responsabilidad ni el orden, sino el esperpento, y ahí Vox no tiene rival. En esperpento competirá el PP –Feijóo ya está en ello– y en contra o a favor de ese esperpento votará o no la población española en la gran cita de 2027. Castilla y León nos dice que el duelo PP-PSOE, incluso en las zonas de tradición de derechas, podría estar igualado, pero que, en la segunda línea del combate, Vox arrasa a la izquierda. Por eso, ante la cita con unas elecciones generales, cabe preguntarse si el votante de esa izquierda a la izquierda del PSOE se movilizará contra el esperpento derechista o con el propio tendrá bastante. 



Gerardo Tecé

Tras el último ciclo electoral, una ardilla podría ir de Badajoz a Teruel casi sin cruzarse con diputados autonómicos a la izquierda del PSOE. Quizá la unidad para enfrentar a las derechas de la que tanto habla Rufián ya se haya puesto en marcha entre el electorado: el enésimo naufragio de la izquierda, esta vez en Castilla y León, coincide con la primera subida del PSOE desde que a Sánchez le brotaron con fuerza las canas. El problema ha sido el voto útil, dijo el candidato de IU-Sumar tras el desastre, sin caer en la cuenta de que el candidato de un partido no debería calificar de útil que los votos se los den a otro. Si el 15M comenzó como una denuncia contra la política profesional, quizá 15 años más tarde haya llegado el momento de pedir políticos profesionales, si por profesionalidad entendemos saber hacer lo tuyo. En el caso del fontanero, arreglar tuberías, en el del político, conseguir los votos que se traduzcan en fuerza para mejorar las cosas. En Castilla y León, como en tantas otras citas anteriores, las diferentes izquierdas a la izquierda del PSOE jugaron limpio, bonito, pimpampum, qué buen toque tienen, hablaron de lo que había que hablar, se sintieron satisfechas con sus campañas y se fueron a casa mientras la derecha celebraba la goleada. El doble de votos el friki de Alvise que Podemos, dan saltos de alegría y burla los medios de comunicación que ya no mienten contra el partido morado porque no lo necesitan. El resultado no ha sido bueno, pero estamos orgullosos de haber defendido lo correcto, repiten una y otra vez las candidaturas de izquierdas mientras son sistemáticamente devoradas por los ultras. La política, ya lo sabemos, no va de tener razón, sino de que te la den.

Si algún despistado encendió la tele el pasado domingo con el escrutinio acabado y se encontró con el PSOE de Castilla y León sobre el escenario, le dio un patatús con la sorpresa. ¿Hemos sacado mayoría absoluta?, se preguntaban desde casa los afines. ¿Veis como tenía razón Doña Isabel Durán y las elecciones están trucadas?, se encendieron los contrarios. En todo caso, un resultado sorprendente. No se entienden de otro modo las lágrimas de emoción, los gestos de celebración de gol mirando a la militancia, los abrazos de euforia o las declaraciones rotundas. “Hemos sabido entender a la perfección este territorio”, celebraba el candidato socialista en unas elecciones que, no se lo van a creer, ganó el PP de la mano de una ultraderecha que logra su récord en porcentaje de voto. Son tiempos jodidos estos. Alguien decía que, hoy, ver una serie del tirón sin mirar el móvil equivale en mérito y concentración a leerse un libro. También son tiempos en los que una derrota se saborea como un triunfo si el proyecto no colapsó. Un desastre agridulce, podríamos llamarlo. Enfrentar la extinción desde la serenidad, si fuésemos dinosaurios. Podrán quitarnos los votos, pero no las palabras con las que enmascarar derrotas.

El síntoma más claro de las sociedades en decadencia es el desprecio hacia la ciencia. Y la ciencia del día a día es la calculadora. Nadie le hace caso. Ni los que celebran derrotas como si fueran victorias ni los que creen que las victorias parciales son absolutas. Queremos gobernar solos, dicen desde un PP al que Vox le sopla la nuca. Quienes hace unos años ya se echaron en brazos de la ultraderecha creen que ahora que la ultraderecha está más fuerte que nunca va a conformarse con quedarse mirando desde fuera. Cómo de mal estará la cosa para que sean los ultras los que acierten con los números cuando responden: ni de coña. Se abre un nuevo ciclo político en el que el PP puede tener una cosa clara: Vox impondrá su agenda trumpista y el PP va a permitirlo. De lo contrario, la ultraderecha se saldrá de nuevo de los gobiernos, precipitará elecciones y volverá a subir, como ya ha ocurrido. El votante de derechas no premia la responsabilidad ni el orden, sino el esperpento, y ahí Vox no tiene rival. En esperpento competirá el PP –Feijóo ya está en ello– y en contra o a favor de ese esperpento votará o no la población española en la gran cita de 2027. Castilla y León nos dice que el duelo PP-PSOE, incluso en las zonas de tradición de derechas, podría estar igualado, pero que, en la segunda línea del combate, Vox arrasa a la izquierda. ¿Se movilizará el votante a la izquierda del PSOE contra el esperpento derechista o con el esperpento propio tendrá suficiente?

CTXT  DdA, XXII/6293


jueves, 19 de marzo de 2026

VAROUFAKIS: NI LA GUERRA ES LA PAZ, NI LA OCUPACIÓN ES LA LIBERTAD

Según el articulista (SINPERMISO),  debemos presionar a nuestros gobiernos para que detengan los bombardeos. Para poner fin a las sanciones que matan de hambre a los pobres y enriquecen a los contrabandistas del régimen. Para desmantelar la maquinaria propagandística que nos dice que la guerra es paz y la ocupación es libertad. Entonces, y sólo entonces, el pueblo iraní, ejerciendo su inmenso poder propio, podrá recuperar su futuro tanto de manos de los teócratas como de sus propiciadores imperiales.

Yanis Varoufakis

Una vez más, me encuentro atrapado en el dilema de oponerme a una guerra ilegal desatada por los Estados Unidos y sus aliados contra un país cuyo régimen rechazo con vehemencia. Es una carga ingrata, pero que los occidentales de izquierdas tenemos el deber de asumir, para no legitimar a los regímenes a los que nos oponemos, tanto en el país que está siendo bombardeado como en Occidente.

En 1999, tras haber hecho campaña anteriormente contra el régimen de Slobodan Milošević, denuncié el bombardeo de la OTAN sobre Yugoslavia. En 2003, tras dos décadas de campaña contra Sadam Husein, me manifesté contra la invasión de Irak por parte de la coalición norteamericana. En 2011, aunque era crítico con el régimen de Muamar el Gadafi, me opuse a los bombardeos liderados por los Estados Unidos sobre Libia que la convirtieron en un Estado fallido. El año pasado, aunque horrorizado por el despiadado reinado de Bashar al-Assad, lamenté las maquinaciones de los Estados Unidos e Israel que entregaron Siria a un antiguo miembro de Al Qaeda. Y ahora, después de haber celebrado la rebelión “Mujer, Vida, Libertad” tras la muerte de Mahsa Amini estando detenida, y tras haber criticado durante muchos años la teocracia de la República Islámica, el capitalismo de amiguetes y la brutalidad con las mujeres y las minorías, escribo estas líneas para condenar, con todas mis fuerzas, el plan norteamericano-israelí para destrozar Irán.

No se trata de neutralidad. Esto no es “neutralidad entre ambas partes”. Se trata del deber de la izquierda occidental. Cuando la pandilla que gobierna nuestro barrio lanza un ataque no provocado contra una pandilla que tampoco aprobamos, matando a transeúntes inocentes, nos negamos a permanecer neutrales o a tomar partido. Denunciamos a ambas, pero reconocemos un deber especial y primordial, el de detener a nuestra pandilla: porque son nuestros impuestos los que financian sus bombas, es nuestro silencio el que otorga consentimiento, son nuestros gobiernos los que están matando, en nuestro nombre.

Así pues, echémosle un vistazo a nuestros pandilleros. La afirmación occidental de que los Estados Unidos y Europa, por no hablar de Israel, quieren democracia, estabilidad y normalidad en Irán es una fabulación. Los orígenes de la tragedia iraní de la postguerra se remontan al golpe de Estado anglo-norteamericano de 1953 que derrocó al gobierno democráticamente elegido de Mohammad Mosaddeq, por tener la audacia de querer el petróleo iraní para el pueblo iraní. Fue entonces cuando los Estados Unidos y el Reino Unido perdieron toda pretensión moral como defensores de la democracia iraní al restaurar el poder absoluto del Sha, un monarca corrupto y autocrático que gobernaba Irán como un feudo para las corporaciones occidentales. Para mantenerlo en su trono de pavo real, la CIA ayudó a crear y adiestrar a la SAVAK [Oficina de Inteligencia y Seguridad Nacional], una policía secreta tan brutal que se convirtió en sinónimo de tortura. A lo largo de 26 años, los gobiernos de los Estados Unidos y el Reino Unido hicieron todo lo posible por negar a los iraníes cualquier atisbo de democracia. Una larga trayectoria de autoritarismo desencadenó la revolución de 1979 que derrocó al Sha.

Fue una revolución amplia y popular que, en un principio, movilizó no solo a islamistas, sino también a liberales, socialistas y comunistas. Sin embargo, los movimientos laicos que apoyaron al ayatolá Jomeini y vitorearon su regreso del exilio en París no sabían que Washington se había alineado con las facciones islamistas más reaccionarias en cuanto se dio cuenta de que los revolucionarios iban a triunfar. ¿Uno de los primeros actos bárbaros del nuevo régimen? La detención y ejecución sumaria de los dirigentes del Tudeh [Partido de las Masas], el gran partido comunista que había apoyado a Jomeini. Este intercambio de favores entre Washington y el régimen islámico durante la Guerra Fría, debería hacer reflexionar a los izquierdistas de hoy que viven bajo la ilusión de que la República Islámica está próxima a la agenda y los valores antiimperialistas de la izquierda.

Por supuesto, hay una razón por la que a los izquierdistas occidentales les resultó bastante fácil dejarse seducir por los elementos antiimperialistas y más populistas de la República Islámica. Las contradicciones, en las que la izquierda debería deleitarse, no pueden ser más intensas en el caso de la República Islámica: un régimen que adoptó, por un lado, un discurso antiimperialista como parte de su proyecto global para resucitar una ficticia edad de oro islámica, mientras que, por otro lado, aplastaba a la izquierda y su agenda emancipadora.

La confusión se agravó a la luz de la mayor fortaleza de la República Islámica. En marcado contraste con las plutocracias suníes, el movimiento chií liderado por Jomeini demostró cierto compromiso con las masas pobres y desoladas del mundo musulmán que incluía no solo la redistribución de la renta y, al menos inicialmente, campañas anticorrupción, sino también un apoyo genuino a los palestinos, a quienes casi todos los regímenes árabes habían abandonado por aquel entonces. Todo ello ofrecía una fuente poco común de esperanza emancipadora.

Tal como cabía esperar, esto condujo también a un enfrentamiento directo con los rivales suníes de la República Islámica. En 1980, incitado por Washington y financiado por Kuwait, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, Sadam Husein invadió Irán. Si alguna duda había de que Sadam fuera un títere de Estados Unidos, recordemos lo que ocurrió cuando, en 1987, un avión de combate iraquí disparó misiles Exocet contra el buque USS Stark, matando a 37 marineros norteamericanos e hiriendo a 21: el presidente Reagan declaró que “el villano de la historia es Irán”, a la vez que los diplomáticos norteamericanos volaban a Bagdad para impartirle a Sadam su absolución. En 1988, Sadam recurrió al uso de armas químicas contra las aldeas kurdas de Irak, ataques de los que los Estados Unidos tenían conocimiento y en los que fueron cómplices. Años más tarde, tras la invasión norteamericana de Irak, circulaba un chiste en Washington: “¿Cómo sabe usted que Sadam disponía de armas químicas?”, le preguntaban al portavoz de la Casa Blanca. “Es que guardamos los recibos”, respondió.

Las credenciales antiimperialistas de Teherán también se vieron reforzadas por la invasión israelí del Líbano en 1982, que dio lugar a un movimiento social y de resistencia financiado por Irán: Hezbolá. Esto le permitió al régimen iraní presentarse, con cierta justificación, como la única potencia regional dispuesta y capaz de proteger a los palestinos en particular y a los árabes en general de la violencia israelí, al tiempo que proporcionaba algunos servicios sociales básicos a los pobres. Además, a medida que la desigualdad alcanzaba niveles sin precedentes en la región, especialmente tras el enorme aumento de la mano de obra excedentaria a nivel mundial, el atractivo de Irán entre las masas se disparó. Como era de esperar, los Estados del Golfo vecinos de Irán se mostraron preocupados y, por ello, unieron sus fuerzas con los Estados Unidos para “contener” a Irán.

En 1991, una disputa familiar occidental llevó a los Estados Unidos a invadir Irak. Sadam estaba furioso porque Kuwait, que a instancias de Washington y las plutocracias del Golfo le había prestado gran parte del dinero para librar la guerra de ocho años contra Irán, le pedía que le devolviera el dinero, y estaba aumentando tanto su producción de petróleo que los propios ingresos de Irak se estaban tambaleando. Sadam, ya porque fuese confundido por los norteamericanos o porque los malinterpretó, pensó que contaba con su bendición para ocuparse de Kuwait invadiendo el país. Una vez que pisaron las botas norteamericanas suelo sagrado en Arabia Saudí, el fundamentalismo suní condujo a la formación de Al Qaeda, a la tragedia de las Torres Gemelas y a la desastrosa invasión de Irak por parte de Bush hijo, lo que, a su vez, dio lugar al ISIS, otro movimiento terrorista suní. Todos estos acontecimientos hicieron que la República Islámica pareciera moderada y relativamente progresista: un país que, aunque se alegraba de apoyar a los movimientos de resistencia popular locales que se enfrentaban a los enemigos regionales de Irán (en Palestina, Yemen, etc.), nunca invadió directamente ningún otro país y que resultó fundamental en la lucha contra Al Qaeda y, lo que es más impresionante, en la eliminación del ISIS.

A la luz de esta rica y trágica historia, la República Islámica debe entenderse como un poderoso sistema surgido de una crisis que se prolonga desde hace décadas, provocada por los Estados Unidos y alentada por Israel. Pero igualmente importante resulta comprender su economía política, que entra en contradicción con su postura antiimperialista hacia el exterior y se muestra hostil hacia todo lo que representa la izquierda. Desde los años 90, la privatización ha estado en pleno apogeo en un Irán en el que la facción reformista consideraba la inversión extranjera y la integración en el mercado mundial (esencialmente la Unión Europea y el Reino Unido) como único vehículo para contener su crisis. Al mismo tiempo, la coalición conservadora, bajo dominio de la Guardia Revolucionaria, estableció y controló empresas privatizadas, con el objetivo de expandirse a los mercados regionales.

Después de que Trump 1.0 pusiera fin al plan de Obama de reintegrar a Irán a los circuitos occidentales de comercio y finanzas, la facción conservadora se alineó de manera oportunista con China y, en menor medida, con Rusia. Sin embargo, durante todo este tiempo, han estado aplicando medidas de desregulación y eliminando las ayudas a los pobres, lo que ha provocado levantamientos populares espontáneos que reclaman justicia social. Luego, la crisis de 2008, que vio a China emerger como fuerza estabilizadora a escala global, motivó que la facción conservadora se volviera aún más hacia China y Rusia con la esperanza de eludir las sanciones norteamericanas y aliviar las tensiones que había causado su propio capitalismo de amiguetes.

Avancemos hasta 2022, cuando el asesinato de Mahsa Amini, una kurda suní de 17 años, desencadenó el movimiento “Mujer, Vida, Libertad”. Los comentaristas occidentales, cayendo una vez más en el error de las ilusiones proyectivas, imaginaron que ese levantamiento era prooccidental. No fue así en absoluto. Más bien, combinaba el descontento causado, por un lado, por la creciente desigualdad tras el giro de la economía iraní hacia un neoliberalismo con características islámicas conservadoras y, por otro, por las tensiones étnicas, sobre todo entre los kurdos.

Esa rebelión se vio derrotada no sólo por una represión brutal, sino, lo que es más importante, por la invocación al miedo a la desintegración del país: la perspectiva de que Irán se convirtiera en una nueva Siria o una nueva Libia, algo que ansía Benjamin Netanyahu y en lo que lleva años tratando de cooptar a los Estados Unidos para que lo haga realidad. Por eso el régimen sigue contando con el apoyo continuado de un amplio sector de la población, incluidos aquellos que, por lo demás, se oponen ideológicamente al régimen: pueden esperar y rezar por el fin de la República Islámica, pero también consideran que la desintegración de Irán es un mal peor que el régimen actual. Plenamente conscientes de que Trump y Netanyahu no pueden ni quieren traerles un Irán estable y democrático, las bombas norteamericanas e israelíes que hoy caen sobre ellos dan lugar a una mayor tolerancia hacia el régimen actual…hasta por parte de sus oponentes.

Y así llegamos hasta hoy: Mojtaba Jamenei, hijo de Ali Jamenei, es ahora el nuevo líder supremo de Irán. Los Estados Unidos e Israel han matado a su padre, a su madre, a su esposa, a su hermana y, muy probablemente, a uno de sus hijos. El régimen es brutal, impopular entre amplios sectores de su propia juventud y económicamente esclerótico. También es producto de 70 años de arrogancia y agresión occidentales. No va a desaparecer con los bombardeos. No se moderará por las sanciones. ¿Qué debe hacer y decir la izquierda en este contexto?

Debemos, sugiero, empezar por responder a los imperialistas liberales que nos preguntan: “¿Pero qué pasa con las mujeres? ¿Y la libertad?”. A ellos les digo esto: las mujeres de Irán no necesitan que Washington o Tel Aviv les lancen bombas los F-35. El camino hacia el lema “Mujer, Vida, Libertad” no pasa por las ruinas humeantes de Teherán. Pasa por la derrota de los mismos poderes que llevan 70 años asegurándose de que Irán nunca conozca la paz ni la democracia. El pueblo de Irán debe liberarse primero de las garras de la horrible elección entre el régimen actual y un destino peor que el de Irak, Libia y Siria juntos.

Nuestra tarea, como gente de izquierda en Occidente, consiste en presionar a nuestros gobiernos para que detengan los bombardeos. Para poner fin a las sanciones que matan de hambre a los pobres y enriquecen a los contrabandistas del régimen. Para desmantelar la maquinaria propagandística que nos dice que la guerra es paz y la ocupación es libertad. Entonces, y sólo entonces, el pueblo iraní, ejerciendo su inmenso poder propio, podrá recuperar su futuro tanto de manos de los teócratas como de sus propiciadores imperiales.

SINPERMISO  DdA, XXII/6292

SILVIO ES MUCHO SILVIO PARA HABLAR EN VANO


Félix Población

Es improbable que Donald Trump invada Cuba militarmente, por más que fanfarronee al respecto. Como me parece que está ocurriendo en Venezuela, hay otros caminos para evitar capítulos como el de Bahía Cochinos, si bien no debemos olvidar que sobre Caracas hubo una agresión militar al objeto de secuestrar al presidente de aquella república, sobre cuyo encarcelamiento se va acumulando el olvido. No obstante, como debe hacer un país y una ciudadanía conscientes de su soberanía e independencia, estos días se suceden las declaraciones en las que, desde el presidente cubano hasta su más prestigiosa figura de la cultura, el cantautor Silvio Rodríguez, manifiestan su disposición de defender resueltamente Cuba con las armas. Mientras Díaz-Canel afirma que cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable, el cantautor octogenario de "Yo me muero como viví", ha exigido su AKM "si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio". Que encontremos estas actitudes frente a las bravatas de Donald Trump, cuando desde hace tres meses todo un pueblo no recibe un sólo buque petrolero que suministre energía a la isla -castigada más de medio siglo con un embargo de lesa humanidad-, debería al menos llamarnos la atención, en contraste con la frivolidad con la que desde la mayoría de los medios de información se habla de una supuesta invasión cuyo balance sería la pérdida de miles de vidas humanas. Porque si las palabras del presidente del país podrían cuestionarse por motivo políticos debidos al cargo que ocupa al frente de la nación, es incuestionable que el mensaje dado por un poeta de la canción, admirado en todo el mundo de lengua española, tiene tanto poder de convicción como poder de poesía tienen su guitarra, su voz y los versos de sus canciones. Silvio es mucho Silvio para hablar en vano. No se calla el cantor, porque la vida de un pueblo y otros muchos pueblos lo acompañan: "Que tiemble la injusticia cuando lloran/ los que no tienen nada que perder./ Que tiemble la injusticia cuando llora/ el aguerrido pueblo de Fidel". Un poeta en Cuba acaba de hablar para exigir su fusil. Con un mundo en el que avanza la barbarie, protagonizada por dos ancianos mandatarios imperialistas, la palabra de Silvio es mucha para hablar en vano.

-SILVIO YA TIENE SU FUSIL-


O Ministerio das Forzas Armadas Revolucionarias de outorgou esta sexta feira unha réplica AKM e un fusil AKM de combate ao cantautor Silvio Rodríguez, como “xusto recoñecemento á súa patriótica disposición de empuñar as armas para defender a Patria”.

DdA, XXII/6292

"LA BALA", PARA VER SI PODEMOS MEJORAR LO QUE NOS QUEDE COMO PAÍS

 

Carlos Iglesias: ‘Tenemos que pasar página una vez que la hayamos leído, que es justamente lo que dice la película’

Aunque de esta película se hable mucho menos que de la de Santiago Segura, es de celebrar que Nueva Revolución haya entrevistado a Carlos Iglesias, actor, guionista y director de "La bala",  un thriller en clave de memoria que no dejará a ningún espectador indiferente. Narra la historia de un sacerdote que cumple la promesa hecha a su madre de recuperar el cadáver de su tía, enfermera fallecida en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. Las averiguaciones sobre la causa de la muerte acaecida 80 años antes le revelarán hechos del pasado absolutamente insospechados, que harán tambalear tanto sus creencias como las ideas que tenía sobre su origen familiar. Se trata de ver si somos capaces de reconocernos en esos antepasados que hicieron lo que hicieron. Y ver si podemos mejorar lo que nos quede como país, dice Iglesias.

 Sol Gómez Arteaga 

Carlos Iglesias Serrano (Madrid, 1955) no necesita presentación. Es una de las caras más conocidas de la televisión y el cine en España. Formado en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) es actor, director de cine y guionista. Entre multitud de trabajos en TV, cine y teatro, se dio a conocer en “Esta noche cruzamos el Mississippi” (Telecinco, 1995-1997). Interpretó el papel de Benito Lopera en la serie “Manos a la obra” (Antena3, 1998-2001), y en la secuela o continuación “Manolo y Benito Corporeision” (2006-2007). Es director y protagonista de la película “Un franco, 14 pesetas” (2006), relato autobiográfico sobre un grupo de españoles que emigran a Suiza, interpretación que le valió la nominación al premio Goya como mejor actor novel. Otros trabajos destacados incluyen “Ispansi” (¡Españoles!) (2011), que narra el envío de miles de niños a la Unión Soviética al comienzo de la Guerra Civil española y “2 francos, 40 pesetas” (2014).

¿Es ‘La Bala’ una película necesaria? ¿Por qué hay que seguir hablando de Memoria histórica en el año 2026?

Bueno, digamos que aporta su grano de arena para entender un poco el conflicto de derechas e izquierdas con respecto a la memoria histórica y a los enterrados en cunetas. Yo creo que, obviamente, no es imprescindible. Ninguna película lo es, pero todas las que tratan este tema con un distanciamiento y con poca pasión, pero con mucho espíritu reconciliador, son positivas. Ayudan a entender.

¿Qué aporta de diferente ‘La Bala’ a las historias ya contadas sobre la Guerra Civil?

Es una visión desde el presente sobre un hecho que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial en la que también estuvimos implicados con la participación en la División Azul. Es un thriller, con lo cual no solo aporta memoria democrática, sino que además crea un interés, un “suspens” como se decía antes, en tanto película policíaca, de investigación. Y, sobre todo, está contada desde una ideología opuesta a la del autor. Esto yo creo que es muy higiénico, porque siempre que se escribe un guion escribes desde tu lado. Aquí el esfuerzo mayor ha sido ponerse en el lugar del otro.

Cada personaje del thriller presenta contradicciones y tensiones internas que consiguen mantener a los espectadores en vilo los noventa y seis minutos que dura la película. ¿Qué supuso para ti escribir ese impresionante guion, meterte en la piel del protagonista principal, Julián, un cura obsesionado con la búsqueda de una verdad familiar para él desconocida, y dirigir la película con un elenco de personajes de la talla de Silvia Marsó, Carlos Hipólito, Miguel Rellán, Eloísa Vargas, Manuel Morán o Paula Iglesias, entre otros?

Me preguntas qué supuso para mí meterme en la piel de un sacerdote de derechas. La verdad es que no fue difícil, porque yo creo que todos tenemos amigos de derechas o yo, por lo menos, los tengo. Somos muy buenos compañeros y muy buenos amigos para todo, exceptuando justamente para hablar de política. Ahí mejor nos callamos o cambiamos de tema porque demostramos unas pasiones y unos intereses propios que chocan, obviamente, con los del otro, y que evitamos porque queremos seguir manteniéndonos como amigos. En este caso mucho más, porque esa ideología la vas a hacer pública para todos los espectadores que vayan a ver la película. Hay que ponerse en el lugar de Silvia Marsó, en el lugar del sacerdote. También en el lugar de la hermana del sacerdote, que es el personaje más completo, más complicado, más difícil, que tiene unas contradicciones tremendas y las tiene, además, desde hace mucho. Es un placer escribir y es un placer hacerlo en absoluta libertad. A veces yo tenía miedo de estar poniéndome demasiado en un lado o en otro porque hay que mantener un equilibrio para que el guionista no tome partido, para que el partido lo tome realmente el espectador. En los guiones se puede sugerir, pero nunca darlo “masticadito”, pues si lo damos “masticadito” el espectador ya no tiene nada que aportar y eso no es bueno.

En ‘La Bala’ intercalas dos planos temporales distintos: Uno trascurre durante la Segunda Guerra Mundial, otro en el año 2019. ¿Te has inspirado en hechos reales para contar esta historia?

Sí, me he inspirado en dos hechos reales. Uno el que salta a primera vista, que es el de los hermanos Garrido. Los conocí cuando hice una película que se llamaba “Ispansi” sobre los niños de la guerra. En ese momento la embajada rusa nos hizo un ágape en un acto muy bonito. Y allí se presentaron estos dos señores. Al preguntarles qué hacían en la embajada rusa me dijeron que ellos habían traído los cuerpos de cantidades de expedicionarios españoles, porque el primero que buscaron fue el de su tío que tenía una bala alojada justamente en la cadera. Todo eso de la bala, cómo se averigua la distancia a la que fue disparada, es lo que inspira una parte de la película.

La otra la inspira una historia que yo quería contar desde hace mucho tiempo, que es la historia de los enterrados en cunetas en nuestro país, los que están en fosas comunes que todavía no se han podido recuperar. Al encontrar a estos dos hermanos, de pronto me topé con unos aliados que no había buscado porque no sabía que existían. Pero de alguna forma me facilitaba muchísimo el trabajo porque ya podía poner dos ideologías enfrentadas pero una misma humanidad. Por eso la película ha conseguido llegar a tantísima gente de ideologías distintas, porque si estás de acuerdo con una forma de actuar no puedes estar en contra de la otra ni muchísimo menos. Sería absurdo.

En esta ocasión tratas un tema controvertido y complejo como es el tema de la Memoria Histórica, ¿qué buscas con esta apuesta?

Un poco lo que he buscado ya en mis anteriores películas, que es contar una parte de nuestra historia. Tocar un tema peliagudo que al menos un sector de nuestra sociedad quiere olvidar o que no salga a la luz. Pero yo creo que las heridas se curan oxigenándolas, sacándolas, hablando de ellas. Esto es absolutamente imprescindible. Tardé cuatro años en poder conseguir hacer “Un franco, 14 pesetas” porque no encontraba un productor que entendiese que había que hablar de cuando nosotros fuimos emigrantes. En el momento que hice la película ya no lo éramos y todos me decían: “¿Pero qué necesidad hay de contar eso tan feo de que nosotros fuimos inmigrantes?” “¿Feo por qué?” “Porque es feo”. Yo creo que un poco va en esa línea. O hablar de los niños de la guerra que mandó la República a la Unión Soviética, algo que muy poca gente conocía cuando hice “Ispansi”, sobre todo gente joven, gente de mi edad encontré muy poca, pero gente más joven que yo, precisamente, no encontré a nadie. En esa línea estamos, en hablar de los enterrados en cunetas y de aquellos que nos trajimos de la Unión Soviética, aunque toque las pelotas a mucha gente. En definitiva, ver si somos capaces de reconocernos en esos antepasados que hicieron lo que hicieron. Y ver si podemos mejorar lo que nos quede como país.

¿Qué ha sido hasta ahora lo más gratificante para ti de este thriller? ¿Con qué aprendizajes y aportaciones te quedas?

Lo más gratificante hasta el presente ha sido justamente que funcione la fórmula que había ideado para poder llegar a unos y a otros, y que a la salida del cine se hable justamente de este tema. Y eso sí está ocurriendo a día de hoy. Estoy absolutamente seguro de que ocurre porque ya son muchos los pases y los coloquios que he mantenido con el público después de la película. En algunos casos, ha corrido la voz entre personas de derechas de que la película cuenta también cosas de ellos, y lo cuenta con mucha humanidad y con mucho tacto.

El martes pasado, sin ir más lejos, ocurrió algo muy bonito, el enfrentamiento de un hombre de derechas y de mucha gente de izquierdas que llenaba el cine, pero fue un enfrentamiento acogedor, necesario, donde cada uno expuso sus razones opuestas a las del otro. Todos reconocieron que la película era una auténtica maravilla y que funcionaba muy bien para hacer justamente lo contrario, podernos dar un abrazo por fin de una vez por todas, porque han pasado ya muchos años y tenemos que pasar página una vez que la hayamos leído, que es justamente lo que dice la película.

A través de la trayectoria por distintos cines de España en los que se ha proyectado la película desde su estreno en noviembre de 2025, ¿crees que hay interés por parte de la población más joven en conocer uno de los episodios más traumáticos de la historia más reciente de nuestro país?

Ocurre que la película se ha proyectado en unos horarios en que los jóvenes o están estudiando o están trabajando. La gente que más acude a los museos, a las exposiciones, a los conciertos, al teatro o al cine es gente mayor que tiene el tiempo para hacerlo, sobre todo si pones unos horarios complicados para el resto del público. En aquellos casos en que he visto gente joven y me he acercado a ella, la verdad es que es que ha sido muy receptiva. A lo mejor, obviamente, no eran jóvenes de quince años, hablo de gente de veinticinco, de treinta años. Algunos ya estaban enterados y habían acudido al cine precisamente porque sabían de qué iba; a otros les sorprendió la película porque no se la esperaban en absoluto y, sin embargo, a partir de entonces han tenido interés de seguir investigando sobre sus raíces. Y hubo quienes me contaban historias que les habían transmitido sus antepasados y que estaban directamente relacionadas con la película. Me gustaría llegar más lejos, a las universidades, a colegios si fuera posible, no para proyectarla entre el público infantil, pero sí entre los jóvenes que ya pueden pensar y razonar las cosas. Para ello necesitaría algún apoyo que por ahora no he tenido.

¿Qué les dirías a los potenciales espectadores que aun no han tenido la oportunidad de ver la película?

Les diría, obviamente, que la vean. Sé que es complicado ver mi película porque en este momento solo estamos los martes a las seis en el cine Ideal de Madrid. He hecho una gira, sobre todo, por gran parte del norte de España, pero no he llegado a Barcelona, no he llegado a Sevilla, no he llegado a Valencia. En fin, me faltan cantidad de ciudades. No sé si algún día lo conseguiré. Por ahora estoy muy orgulloso del eco que ha tenido la película porque no tenemos nada de publicidad o funcionamos solo con el boca a boca, con lo poco que yo puedo subir a las redes sociales y no sé el seguimiento que pueda tener eso. Pero se está llenando todos los martes a las seis de la tarde el cine Ideal de Madrid. Los que estén cerca, los que puedan acercarse, pues sería maravilloso tenerles y que me digan de dónde vienen. Me he encontrado gente que ha venido de Salamanca, de Valladolid, de Murcia, de Toledo. Yo sé que es un esfuerzo extra. Pero así son las cosas. No soy Santiago Segura y, por desgracia, no tengo el éxito que él tiene.

No eres Santiago Segura pero estoy convencida de que haces mejor cine que él. Desgraciadamente el talento a veces no va aparejado a la audiencia. Te agradezco la entrevista y te deseo que ‘La Bala’ siga impactando conciencias.

NUEVA REVOLUCIÓN  DdA, XXII/6292

LA BANDA SONORA DE MI NIÑEZ FUE LA TOS DE MI PADRE


Valentín Martín

Al leer lo que Gabriel Calvo ha escrito de mí en el periódico que alumbra la Sierra de Francia me ha brotado un azogue. Primero por venir de quien viene, un humanista más allá del juglar. Él no lo sabe o no alcanza a medir el meollo que se trae entre manos escribiendo con la pureza de un hombre cabal nuestra historia absoluta sin contaminación ni expolios, la de ayer, la de hoy, y la de mañana también.
Luego está el donde. Un mensajero de papel lejos de las euforias en torno a caudillos, de la catequesis partidista y otras señales de humo. En las calles del pueblo me encontraréis, decía Federico a quien siguen prohibiendo, qué pánico tienen a la libertad. Pues ahí, entre la gente estamos los tres: el papel, el humanista y yo.
Gabriel Calvo ha sumado también a mi padre, un hombre al que mi hijo Rodrigo no conoció, y que sueña como una leyenda para él, según dijo en la espléndida presentación de un libro mío en el Café Comercial.
Mi padre fue cabeza de familia a los 12 años. De repente, 8 huérfanos en el campo, una hermanita de 2 cerraba la lista. Luego la muerte también de hijos, y la enfermedad que pudrió muy pronto su natural alegría de vivir. Yo vi a mi padre asfixiarse sobre el rastrojo, tratando de ayudarme a mí -un niño - a agavillar la mies que mi hermano segaba. Cuando se quedó en casa y dejó el campo fue para sobrevivir un poquito más. Y ahí empieza otra deuda mía con él. Arrumbado en la soledad, quiso hablar las veces que regresé, y encontró un mutismo que hoy no logro explicar. Ya al final de su tiempo, no bajó del dormitorio que había elegido para asomarse a la vida. Desde la alta ventana que daba al corral, veía a la Salina, la Morucha, la burra blanca, el burro Aquiles, las gallinas, el soldado alemán que yo había cincelado en la pared de la panera, todo su mundo estaba allí.
Gabriel Calvo recuerda que fue aperador de Anguas. La única ventaja que tenía allí sobre los demás criados es la de poner la saca con paja para dormir en el escaño y los demás en el suelo de la cocina de los amos. Cuando murió tan temprano, se supo que esos amos que le querían tanto no habían cotizado ni una peseta por él.
La banda sonora de mi niñez fue la tos de mi padre. La de hoy, la tristeza de no haberle dicho lo mucho que lo amé.

DdA, XXII/6292