viernes, 7 de agosto de 2026

LA MEMORIA DE AZAÑA SE LLAMA DOLORES RIVAS CHERIF

Hay personas -mujeres en su mayoría- que no ocuparon la primera línea de la historia, pero sin ellas la historia habría perdido parte de su memoria. Este es el caso de Dolores Rivas Cherif, esposa de Manuel Azaña, sin la cual la memoria que tenemos de quien fuera presidente de la Segunda República española no sería la que es en ninguna de sus vertientes, intelectual y política. No fue el único caso de mujeres que guardaron y preservaron la memoria de quienes compartieron su vida y sufrieron con sus maridos el exilio. El hermano de Dolores, el dramaturgo Cipriano Rivas, escribió una de las biografías más interesantes de Manuel Azaña, que suelo recomendar a menudo por ser de las más cruciales para entender la personalidad del protagonista.


Nacida en Madrid el 1 de octubre de 1904, pertenecía a una familia culta y liberal. Su hermano, Cipriano Rivas Cherif, dramaturgo y hombre de teatro, la acercó al círculo intelectual en el que conocería a Manuel Azaña. Entre ambos nació una relación cimentada en el afecto, la admiración y la complicidad, que culminó con su matrimonio en 1929. Desde entonces, Dolores acompañó a Azaña en el recorrido más intenso y dramático de la historia contemporánea de España. Compartió con él las esperanzas de la Segunda República, la responsabilidad del poder, la tragedia de la Guerra Civil y el amargo camino del exilio.
En febrero de 1939 cruzaron juntos la frontera francesa, dejando atrás un país devastado. Poco después se instalaron en Montauban, donde Manuel Azaña vivió sus últimos meses. Dolores permaneció a su lado hasta el final, asistiendo con serenidad y entereza a la muerte del presidente de la República el 3 de noviembre de 1940. En aquellos días oscuros fue ella quien luchó incansablemente por obtener el asilo que el Gobierno de México había ofrecido al matrimonio.
Viuda y exiliada, llegó a Veracruz en junio de 1941. México se convirtió en su patria de acogida durante más de medio siglo. Allí llevó una vida discreta, alejada del protagonismo, pero entregada a una misión silenciosa: preservar el legado moral, político y documental de Manuel Azaña para las generaciones futuras.
Con la llegada de la democracia, España volvió lentamente la mirada hacia quienes habían sufrido el exilio. Dolores recibió diversos reconocimientos institucionales, aunque el mayor de todos fue comprobar que la figura de Azaña comenzaba a ocupar el lugar que le correspondía en la memoria colectiva. Falleció en Ciudad de México el 30 de abril de 1993. Descansa en el Panteón Español, junto a su hermano Cipriano.
Dolores Rivas Cherif no fue únicamente la esposa del último presidente de la Segunda República. Fue la guardiana de una memoria perseguida, la testigo privilegiada de un tiempo decisivo y una mujer cuya discreción resultó tan valiosa como el más brillante de los discursos. Gracias a su fidelidad, una parte esencial de la historia de España logró sobrevivir a la larga noche del franquismo.

DdA, XXII/6429

jueves, 6 de agosto de 2026

LA PRESIDENTA ENCARGADA DE VENEZUELA ESTRECHA MANOS CON EL SIONISMO


 TERCERA Y ÚLTIMA ESPÍSTOLA PARA UN ECO, DESPUÉS DE VER EL ESTRECHÓN DE MANO CON SIONISTAS

Usted ya no existe en el habla de los que sufren, le dice el firmante a la presidenta encargada de Venezuela-; existe solo en los comunicados que nadie lee, por ejemplo en la embajada de Israel, donde la toleran como se tolera un mueble viejo (sí, tampoco se crea cosas), en los pasillos del poder real donde la consideran un trámite, un salvoconducto, una firma previsible. Ese es el desprecio último: la irrelevancia en vida, el ostracismo de los que aún respiran. Viva, Delcy. Viva muchos años. Viva para ver cómo el pueblo, ese al que usted dice haber salvado, reconstruye sobre sus ruinas morales una dignidad que usted ya no podrá habitar.

Raulito Torres Candil/ Aquí en La Habana.

Usted dijo "elegimos vivir". Pronunció esas palabras como quien revela una verdad profunda, cuando en realidad estaba confesando la bancarrota de un proyecto que alguna vez se atrevió a soñar con la dignidad como horizonte. Porque vivir, Delcy, viven también las cucarachas después de la hecatombe nuclear. Viven los gusanos en el cadáver del león. Vive el liquen adherido a la roca inmóvil. La cuestión nunca fue vivir; la cuestión fue siempre para qué, cómo, a costa de qué. Usted resolvió esa pregunta con la contabilidad menuda de quien pesa los huesos propios y ajenos en balanza de mercado, y encontró que los suyos valían más. Felicitaciones: sobrevivió. Pero sobrevivió para ser la administradora de la derrota, la notaria del despojo, la cara amable de la capitulación.
Los pueblos del mundo la miran hoy con ese desprecio ya no tan silencioso que se reserva a los gerentes del fracaso. No es odio: el odio requiere respeto, implica considerar al otro un adversario. Lo que los pueblos sienten por usted y por quienes como usted hicieron del "plegar" una profesión, es algo más corrosivo: es la indiferencia del que pasa frente a la estatua ecuestre de un general que nunca ganó batalla alguna. Es vergüenza ajena...
Hablaba usted del riesgo de masacre. Es cierto: el imperio asesina, encarcela, asfixia. Lo sabemos quienes venimos años siendo sometidos por el genocidio silencioso de un bloqueo real. Pero precisamente porque conocemos al monstruo, porque hemos sentido el peso de su soberbia durante décadas, sabemos distinguir entre quien negocia con el hocico del lobo para ganar tiempo y quien se hace amiga del lobo, almuerza con el lobo, termina pareciéndose al lobo. Usted cruzó esa frontera hace tiempo, y hoy el lobo la llama por su nombre de pila en las sobremesas de la dominación. Eso no es vivir, Delcy: eso es perdurar en calidad de administradora colonial del sufrimiento ajeno.
¿Sabe lo que dicen los migrantes venezolanos que cruzan el Darién con hijos en brazos? ¿Sabe lo que murmuran las madres que paren en hospitales sin luz, los jóvenes que empeñan el futuro por un pasaje de autobús, los viejos que mueren esperando pensiones que no alcanzan ni para el ataúd? No la insultan. No la reclaman. Simplemente han dejado de nombrarla. Usted ya no existe en el habla de los que sufren; existe solo en los comunicados que nadie lee, por ejemplo en la embajada de Israel, donde la toleran como se tolera un mueble viejo (sí, tampoco se crea cosas), en los pasillos del poder real donde la consideran un trámite, un salvoconducto, una firma previsible. Ese es el desprecio último: la irrelevancia en vida, el ostracismo de los que aún respiran.
Usted habló de elegir vivir. Pero vivir, en la tradición de quienes verdaderamente transformaron este continente, nunca fue preservar el pulso a cualquier precio. Vivir fue Bolívar atravesando los Andes con los pulmones rotos y la república a cuestas. Vivir fue Sucre negándose a disparar contra el pueblo en Quito y pagándolo con la vida. Vivir fue el Che en La Higuera diciéndole al verdugo "dispare, no tenga miedo". Vivir fue Allende en La Moneda con el casco y el fusil, mientras los aviones pintaban de humo el cielo de septiembre, vivir fueron 32 cubanos escoltas que decidieron que morir por defender la dignidad de tu pueblo era Vivir eternamente en su corazón...
Vivir fueron los miles de anónimos que jamás ocuparán un cargo ni firmarán un decreto, pero que sostuvieron huelgas de hambre, enfrentaron tanques con piedras, parieron en clandestinidad, amaron en medio de la persecución y murieron sin pedir permiso. Ellos eligieron vivir de tal modo que su muerte se volvió semilla. Usted eligió vivir de tal modo que su vida se volvió estiércol de dólar estéril, abono de nada, fertilizante del olvido.
La historia no la juzgará, Delcy. Eso sería concederle una estatura trágica que no posee. La historia la archivará en una nota al pie, en un párrafo breve de esos manuales que los estudiantes leen con prisa la noche anterior al examen. Será recordada como se recuerda a los virreyes que entregaron las llaves de la ciudad sin disparar un tiro, a los generales que pactaron el desmembramiento de la patria por conservar sus galones. Nadie escribirá odas sobre usted. Nadie pintará su retrato en los muros de las facultades. Nadie pondrá su nombre a una plaza, a una escuela, a un comité de base o a una niña. Será un fantasma burocrático, un eco de pasillo, una firma digital en documentos que el viento del tiempo dispersará sin duelo.
Mientras tanto, el pueblo, ese que usted dice haber salvado de la masacre, volverá a verse muriendo en las salas de espera de los hospitales, en las rutas migratorias, en las cárceles del continente, en la tristeza lenta de quien ve a sus hijos partir y sabe que no volverán. Seguirá muriendo, Delcy, pero sin usted. Porque el pueblo ya empezó a aprender a vivir sin su "consuetudinario servilismo" convertido en doctrina de Estado. Ya empezó a organizarse en la sombra, a curarse con lo que hay, a educar en los resquicios, a resistir en silencio mientras ustedes, los profesionales del pliegue, siguen negociando migajas de soberanía a cambio de migajas de verde impunidad.
Yo, que he gastado la vida en el oficio de las palabras, no encuentro una sola que pueda redimirla. No me sale la piedad. No me nace el consuelo. Solo puedo ofrecerle este espejo de tinta donde se mire y reconozca lo que el imperio hace de quienes eligen arrodillarse: no enemigos a vencer, sino sirvientes a despreciar. Usted ya no es peligrosa para ellos. Usted es útil. Y no hay destino más miserable para quien alguna vez se soñó revolucionaria que convertirse en herramienta del amo, en bisagra del sometimiento, en ese personaje lamentable que entra a las reuniones del poder real no por la puerta principal, sino por la de servicio, y aun así sonríe.
Viva, Delcy. Viva muchos años. Viva para ver cómo el pueblo, ese al que usted dice haber salvado, reconstruye sobre sus ruinas morales una dignidad que usted ya no podrá habitar. Viva para contemplar el día en que los nietos de los que hoy migran pregunten por su nombre y nadie sepa responder. Viva para entender, ya sin tiempo para enmendar, que hay formas de estar muerto que no requieren ataúd ni lápida: basta con haber firmado la propia irrelevancia histórica en el despacho de los vencedores.
Esa es la condena que le deseo. No la cárcel ni el exilio. No la persecución ni el escarnio. Le deseo la larga, interminable, asfixiante supervivencia de quien se sabe despreciada por los suyos, olvidada por los ajenos y tolerada apenas por aquellos a quienes entregó lo poco que quedaba por entregar. Le deseo décadas de vida para rumiar esta carta y todas las que no le escribirán. Le deseo el insomnio de las tres de la mañana, cuando los fantasmas de los que sí eligieron morir de pie se sientan al borde de su cama y no le digan nada, solo la miren.
Y usted sabrá, en ese silencio, que vivir no era suficiente.

DdA, XXII/6428

PARA CIERVOS CON CRITERIO, TOMÁS EL DE LINAREJOS

Lazarillo

Hoy el periódico La Nueva Crónica, que se publica en León bajo la dirección de David Rubio -un director que escribe-, ha tenido la amabilidad de publicar el artículo escrito por este Lazarillo Para ciervos con criterio, Tomás, en donde se considera la inteligencia del así llamado por el vecindario que le dio acogimiento en la localidad zamorana de Linarejos, al estimar el cérvido, ante la oleada de incendios que viene sufriendo la provincia en los últimos cinco años (en torno a cien mil hectáreas quemadas), que allí tiene mayor seguridad. Es de agradecer que en un diario impreso de asuntos varios se tengan en cuenta este tipo de consideraciones con la montaraz criatura, cuando tantos otros temas merecen la atención del respetable, bien sea por ser los habituales en los medios de información o porque pueden importar otros en circunstancias que la actualidad dicte. Los de los incendios forestales no son menores en Castilla y León, una de las comunidades autónomas más dañadas por el fuego y donde la gestión en prevención y extinción deja mucho que desear reiteradamente, año tras año, sin que el electorado cambie de parecer con quienes  la gobiernan.

DdA, XXII/6428

"AL VENCEDOR LE PERTENECEN LOS DESPOJOS", DICE TRUMP DE VENEZUELA

Bombardeo de Hiroshima, un día como hoy hace 81 años

Ana Cardo

"Al vencedor le pertenecen los despojos (las riquezas, los beneficios), ¿no?”¿Han oído eso antes? (...) Es la manera antigua, ¿verdad?”, declaró ayer el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al referirse al secuestro del primer mandatario venezolano, Nicolás Maduro, a inicios del año, como “una guerra de 48 minutos, duró 48 minutos. Y pagamos el precio de esa guerra con lo que estamos tomando (de Venezuela) una y otra y otra vez”. "Ahora amo Venezuela, la amo, y lo estamos haciendo maravillosamente allí”, añadió Trump durante un discurso en un evento en Las Vegas. “Estamos importando mucho petróleo desde Venezuela y nos llevamos muy bien con ellos. De Venezuela salen billones y billones de barriles de petróleo, es uno de los lugares más ricos en petróleo del mundo”, declaró el magnate. Se cumple estos días el octogésimo primero aniversario de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Nunca en la historia de la humanidad se perpetró acción armada tan brutal e inhumana sobre la población civil. Entre 105 000 y 120 000 personas murieron y 130 000 resultaron heridas. Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia. Estos días, el presidente de la nación que cometió en agosto de 1945 aquella barbarie se honra de seguir en guerra y apropiarse de los recursos de los países cuya soberanía pisa mediante una guerra de 48 minutos.

DdA, XXII/6428

90 AÑOS DESPUÉS LLEGA LA REPARACIÓN JURÍDICA E INSTITUCIONAL PARA RAMÓN ACÍN

 Iker González Izaguirre publica en diario libre de Aragón  AraInfo este artículo, coincidiendo con el nonagésimo aniversario del asesinato de Ramón Acín por las tropas sublevadas en 1936. El maestro, periodista, artista y pedagogo libertario oscense fue fusilado el 6 de agosto de 1936. Días después asesinaron también a su esposa Concha Monrás. Nueve décadas más tarde, la reparación judicial, los reconocimientos institucionales y las iniciativas memorialistas mantienen vivo el legado de ambos frente al intento del franquismo de borrarlos de la historia. Muy tarde para un régimen que se dice democrático y reparador de los crímenes del franquismo.


Ramón Acín, Conchita Monrás y sus dos hijas, Katia y Sol, en una fotografía conservada por la familia.



Noventa años después de que el fascismo asesinara a Ramón Acín Aquilué y, pocos días más tarde, a Concha Monrás, la memoria de ambos continúa conquistando nuevos espacios. Lo hace gracias al trabajo de quienes durante décadas se negaron a aceptar el olvido, pero también por una reparación jurídica e institucional que, aunque llega tarde, comienza a desmontar algunas de las consecuencias de la represión franquista.

El 6 de agosto de 1936, falangistas y militares sublevados contra la Segunda República fusilaron a Ramón Acín en las tapias del cementerio de Uesca. Tenía 47 años. Maestro, periodista, artista, pedagogo, anarquista y uno de los intelectuales aragoneses más brillantes de su tiempo, llevaba consigo unos lápices de colores en el bolsillo cuando fue asesinado.

Durante los primeros días posteriores al golpe militar, Ramón Acín permaneció oculto mientras falangistas y policías registraban repetidamente el domicilio familiar en la calle Las Cortes en busca de su paradero. En esos registros, Concha Monrás sufrió amenazas y agresiones constantes delante de sus hijas, Katia y Sol. No pudiendo soportar aquella violencia contra su compañera, Acín decidió entregarse el 6 de agosto. Concha se enfrentó entonces a los fascistas que se lo llevaban detenido y también quedó arrestada.

Ramón Acín fue asesinado ese mismo día. Concha Monrás permaneció encarcelada hasta que, el 23 de agosto de 1936, fue fusilada junto a otras 94 personas en las tapias del cementerio de Uesca. Con ambos asesinatos, la violencia franquista destruyó una familia profundamente comprometida con la cultura, la educación y la justicia social.

Un crimen que el franquismo quiso prolongar

La represión no terminó con los asesinatos. Como ocurrió con miles de personas represaliadas, el franquismo continuó persiguiendo a Ramón Acín y Concha Monrás después de muertos.

El 20 de julio de 1938, casi dos años después de que Ramón Acín fuera fusilado, una sentencia le impuso una sanción económica póstuma de 20.000 pesetas. Aquella multa formaba parte de los mecanismos de persecución material del franquismo y recaía sobre el patrimonio familiar, castigando también a quienes habían sobrevivido. Concha Monrás ya había sido asesinada meses antes y sus hijas, Katia y Sol, quedaron huérfanas mientras la dictadura continuaba persiguiendo judicial y económicamente a la familia.

Aquella maquinaria represiva convirtió el asesinato en una segunda condena, dirigida también contra sus familiares y contra todo aquello que representaban.

En abril de este año, los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción números 4 y 5 de Uesca dictaron sendos autos que declaran la nulidad de pleno derecho de todas las actuaciones administrativas y judiciales impulsadas por el franquismo contra Ramón Acín Aquilué, Concha Monrás y el juez Juan Llidó, asesinados tras el golpe de Estado de 1936.

Las resoluciones, dictadas al amparo de la Ley de Memoria Democrática, suponen una reparación moral y jurídica para las víctimas y sus familias. Además, Ramón Acín, Concha Monrás y Juan Llidó han quedado inscritos en el Registro y Censo Estatal de Víctimas de la Guerra y de la Dictadura, así como en el inventario oficial de incautaciones de bienes y sanciones económicas impuestas por el franquismo.

A esa reparación jurídica podría sumarse próximamente un reconocimiento institucional largamente esperado. El pasado 28 de mayo, el Ayuntamiento de Uesca anunció su intención de nombrar a Ramón Acín hijo predilecto de la ciudad y a Concha Monrás hija adoptiva, una distinción con la que pretende reconocer la dimensión humana, artística y democrática de ambos.

El reconocimiento, pendiente todavía de concretar su fecha y culminar la tramitación municipal, llegaría noventa años después de que fueran asesinados por los golpistas.

La memoria se construye desde abajo

Pero la recuperación de su legado no ha dependido únicamente de las instituciones. Durante los últimos años se han multiplicado las iniciativas impulsadas por asociaciones memorialistas, entidades culturales y movimientos sociales para mantener viva la figura de Ramón Acín y de Concha Monrás.

Cada 6 de agosto vuelven a aparecer las tradicionales pajaritas como símbolo de recuerdo al artista oscense. En los últimos años, el Ateneo Paco Ponzán ha promovido distintos homenajes para reivindicar su legado libertario y recordar que el fascismo no logró borrar su memoria.

Más recientemente, el Centro Social Autogestionado Boira Preta inauguró la Biblioteca Conchita Monrás, un espacio de pensamiento crítico creado para reivindicar la memoria de quien definen como “una figura fundamental de la historia oscense cuya memoria ha permanecido durante décadas en un segundo plano”. Con esta iniciativa, el nombre de Monrás sigue recuperando el lugar que le corresponde dentro de la memoria democrática aragonesa.

Todas estas iniciativas se suman a un movimiento memorialista que, año tras año, ha reivindicado la figura de Ramón Acín no solo como una víctima del fascismo, sino también como uno de los grandes referentes culturales, educativos y libertarios de Aragón.

Y es que Ramón Acín fue mucho más que una víctima del fascismo. Maestro innovador, periodista comprometido, artista de vanguardia, pedagogo libertario y mecenas de Luis Buñuel, defendió durante toda su vida que una sociedad sería más libre con más cultura y con unas condiciones de vida dignas para la clase trabajadora. Junto a él, Concha Monrás compartió ese compromiso con los ideales republicanos y libertarios, pagando con su vida la violencia desencadenada por los golpistas contra quienes defendían una sociedad más justa.

Su legado continúa creciendo. Los tribunales comienzan a desmontar la represión jurídica del franquismo; las instituciones avanzan, aunque lentamente, hacia el reconocimiento que nunca debió demorarse; y la sociedad civil sigue manteniendo vivos los nombres de Ramón Acín y Concha Monrás. Quienes intentaron borrarlos de la historia fracasaron. La memoria de Ramón Acín y Concha Monrás continúa conquistando nuevos espacios en Aragón: en los tribunales, en las instituciones y también en la sociedad. Frente al olvido que el franquismo quiso imponer, su legado permanece vivo.

ARAINFO DdA, XXII/6428

GIJÓN/XIXÓN ANTITAURINO Y ANTI PASEO GASTRO

 


Félix Población

Nos unimos desde aquí a Asturias Antitaurina en el día en que se conmemora en aquella villa el regreso en 1811 de Gaspar Melchor de Jovellanos a su ciudad procedente de su destierro en el castillo de Bellver, en Palma de Mallorca, hasta donde un día viajó una expedición de alumnos del instituto que lleva el nombre del ilustrado gijonés para rendirle un sencillo homenaje. Muchos de nosotros desconocíamos entonces, mediados los años sesenta del pasado siglo, que Jovellanos se había opuesto radicalmente a las corridas de toros, algo que personalmente ya hubiera celebrado, después de haber asistido más que obligado a una corrida en la plaza de toros gijonesa. Como es sabido, la actual alcaldesa de Gijón recuperó para Gijón las corridas de toros durante las fiestas de la ciudad, algo que había erradicado, como en otras ciudades de España, la anterior corporación municipal. Eso sí, Carmen Moriyón presidirá hoy el homenaje que se le rendirá a Jovellanos con la lectura de algunos de sus textos, sin incluir, por supuesto, ninguno de los que el ilustrado gijonés escribió contra el espectáculo taurino, al que calificó de sangriento y bárbaro, destinado "únicamente a dar salvajes diversiones al pueblo". Miembros de Asturias Antitaurina estarán también en el acto conmemorativo de la Plaza del Seis de Agosto para recordar, como ha hecho Medea López, la presidenta de este colectivo, que "la Ilustración española fue un periodo renovador y de progreso moral en España. La mayor parte de los ilustrados españoles se opusieron frontalmente a las corridas de toros. Y es que cada vez que a lo largo de la historia se ha producido en España el más mínimo intento modernizador, renovador o regenerador, la tauromaquia ha sido señalada como un obstáculo para el progreso cultural, social y educativo del país". Jovellanos comparó las corridas de toros con el circo romano y es seguro que se hubiese sentido tan reconfortado por la eliminación en su ciudad de tan nefasto espectáculo como indignado después por su recuperación a cargo de la actual corporación.

PS. Aprovecho este post para calificar igualmente de nefasta y más que deplorable la invasión de los Jardines de la Reina, en el puerto interior gijonés, por el llamado Paseo Gastro, dando vía libre al negocio gastronómico privado sobre suelo público. Puestos a invadir, lo próximo quizá sea habilitar plataformas de chiringuitos bien surtidos de cachopos sobre la misma mar del puerto deportivo. El caso es consumir hasta que el consumo nos consuma muy guapamente.



Se celebra hoy, 6 de agosto, el regreso de G. M. de Jovellanos a Gijón / Xixón en 1811, después de sus años de encarcelamiento en Mallorca. Con este motivo os enseñamos la divisa o escudo del Real Instituto Asturiano, que fue una de las iniciativas gijonesas más queridas de las que promovió Jovellanos. En 1794 encargó al pintor Luis Paret (1746 - 1799) este dibujo, que concibió él mismo, y que grabó Blas Ametller (1768-1841). Es una estampa muy rara. Nuestro museo es la única institución pública asturiana que conserva ejemplares de este grabado pegados en tres títulos emitidos por el Instituto Asturiano en la primera mitad del siglo XIX. El emblema está lleno de símbolos y alegorías al reino de España, la villa de Gijon / Xixón, el conocimiento de la náutica, la mineralogía, las matemáticas, etc, y encabezado por el lema: «Quid verum, quid utile» («A la verdad y a la utilidad pública»). Dos de estos títulos han ingresado recientemente por donación y proceden del archivo del arquitecto Borja Bordiu Cienfuegos-Jovellanos. MUSÉU DEL PUEBLU D'ASTURIES

DdA, XXII/6428

miércoles, 5 de agosto de 2026

LA MINISTRA ALEMANA DE EXTERIORES: GAZA, CISJORDANIA Y JERUSALÉN ESTE SON TIERRA PALESTINA


Ana Cardo

Por el rigor con el que se persiguen las manifestaciones a favor del pueblo palestino en aquel país, a pesar de estar sufriendo un genocidio por parte del Estado de Israel, sorprenden y reconfortan las declaraciones de la ministra de Asunto Exteriores de aquella república federal. Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este pertenecen a los palestinos, ha dicho Annalena Baerbock, y también ha asegurado que desplazarlos por la fuerza viola el derecho internacional y genera más sufrimiento. Esas tierras forman la base de un futuro Estado palestino, según sus palabras. Baerbock insiste en que nadie puede expulsar a la población civil. Un traslado forzado rompe las normas internacionales.  Además, tal acción solo traería más dolor y más odio. La ministra pide soluciones que incluyan a los propios palestinos. Ella respalda la idea de dos Estados que permitan vivir en paz y seguridad. Cuando declaraciones como estas se hacen públicas casi tres años después del comienzo de la invasión y masacre de la Franja de Gaza, siendo quien la hace ministra desde hace cinco años de uno de los gobiernos más importantes de Europa, cabe preguntarse por qué todo un lustro de silencio o acomodación a los criterios de ese gobierno, suministrador de armamento a Israel mientras eran asesinados miles de niños y niñas palestinos.

DdA, XXII/6428

NIÑOS DE LA HABANA EN 2016



Lazarillo

Han transcurrido diez años desde que mi estimado Fernando Silva, el fotógrafo viajero más y mejor buscador de belleza humana que conozco en este atribulado planeta, hizo esta fotografía en La Habana. Hoy, cuando esos niños y niñas serán ya adultos en un país sometido al más largo y cruel bloqueo sufrido por pueblo alguno, la comparte con un texto que todo persona con dignidad de tal y principios solidarios debería asumir sin ninguna reserva: "Los cubanos se merecen un futuro con esperanza. En la mañana del 8 de febrero del 2016 impartí una breve clase de fotografía en un aula de la Escuela “Sergio Luis Ferrol Ríos”, ubicada en el centro de La Habana. Una hora después me encontré casualmente a mis alumnos en la calle cuando venía de clase de gimnasia, y me regalaron un cariñoso saludo que inmortalicé en esta instantánea. Han pasado mas de diez años desde entonces y me pregunto que habrá sido de estos jóvenes que merecen tener un futuro esperanzador. Cuba está sufriendo un aislamiento internacional que no se merece, y nuestro silencio cómplice está contribuyendo a ello. Y todo porque se negaron a rendirse al imperialismo yanqui, que ahora pretende matarles de hambre, otra forma hacer de la guerra, pero sin bombas". Nuestra gratitud a Fernando por recordar esta imagen, que estoy seguro le conmovió en su día. Nos hace sentir mucho más desprecio, si cabe, por los responsables de la barbarie perpetrada y el silencio o la indiferencia mediática cómplice que históricamente la protege.

DdA, XXII/6428

Y AHORA 176 MEDIDAS ECONÓMICAS A PULSO DE VIRTUD Y ESFUERZO



Raulito Torres Candil/ Aquí en La Habana

He presenciado el teatro en esos hemiciclos de mármol frío y terciopelo gastado que llaman parlamentos. En mis años en España, vi cómo la palabra, esa herramienta sagrada que nos distingue como seres humanos, se degradaba hasta convertirse en un cascote arrojado al rostro del adversario. Era la hora infantil, el sol entraba a raudales por las vidrieras, y allí estaban ellos, los representantes del pueblo, desgarrándose las vestiduras, llamándose con nombres que no repetiré, en un aquelarre de egos donde el verbo en vez de construir era demoledor.
Lo entendí entonces con una claridad que dolía: aquella no era una crisis de cortesía, era la cancelación de la política como acto de amor y justicia. Porque gobernar, en su esencia más prístina, es prever, es cuidar, es resolver. Y ellos, atrapados en un bucle de agravios, olvidaban la gotera que inundaba la casa del obrero y la grieta que resquebrajaba la escuela pública. Como en la fábula de los dos halcones que peleaban por una rama mientras el árbol ardía, su combate era tan encarnizado que no vieron las llamas. El árbol, es decir, el pueblo, consumiéndose, y ellos, ciegos y sordos, desplumándose.
Ese recuerdo, esa decepción me hizo volver la mirada hacia nuestra trinchera, hacia nuestra isla en vilo. Y comprendí que nosotros no podemos permitirnos caer en ese lujo sangriento del insulto estéril. No tenemos tiempo para el circo cuando el reloj de la historia nos exige un salto, una especie de condensación del tiempo, un llegar más rápido y más lejos sin perder la esencia. Ahí residen estas 176 medidas. No son un legajo burocrático ni una lista de deseos; son la concreción de una urgencia filosófica: llegó el momento de demostrarnos de qué calibre estamos hechos.
Esta es la oportunidad, la bocanada de oxígeno. Siento esa imagen como una especie de epifanía: un pueblo entero que empuja hacia la superficie para romper el bloqueo de hielo sobre el agua y respirar. A ese bloqueo del imperialismo asfixiante, no podemos añadirle más bloques nosotros mismos con el encofrado de la burocracia paralizante, del desánimo, de la inercia.
Y el aire no se mendiga, se conquista.
Y cada una de esas nuevas medidas es un movimiento de brazos, una patada firme que nos impulsa hacia arriba.
Qué extraña y bella paradoja:
Es precisamente ahora, cuando el imperialismo muestra las grietas de su propia decrepitud y debilidad, cuando nuestro paso debe ser más férreo. Es la vieja lección del junco: el viento huracanado pasa y lo dobla, pero no lo parte, porque su fuerza no está en la rigidez, sino en la fibra flexible y solidaria. La firmeza no es sinónimo de estridencia; es temple.
El temple del herrero que, con paciencia, fuego y martillo, le da forma al metal. Así nosotros, en el yunque de la adversidad, necesitamos ese temple de cubanos.
Pero resistir no es aguantar, soportar el castigo como una condena. Resistir es "re-existir", es luchar para volver a existir de una manera más plena, más digna. Y debe hacerse con tres herramientas: la solidaridad, que es la ternura de los pueblos; la firmeza, que es la columna vertebral de las convicciones; y la gracia, esa mezcla única de elegancia y humor que le ponemos los cubanos hasta a la tragedia para desactivar su veneno. Sin gracia, la firmeza se vuelve fanatismo; sin firmeza, la gracia es frivolidad.
No escatimemos. Esa es la palabra justa. No escatimemos el talento, la controversia respetuosa que ilumina, la mano que se tiende al que tropieza. La fábula del colibrí lo resume: ante el gran incendio del bosque, el colibrí iba y venía con una gota de agua en su pico. Los otros animales, paralizados, le gritaban: "¿Estás loco? ¡Así no vas a apagar el incendio!". Y el colibrí respondió: "Lo sé, pero yo hago mi parte". Las 176 medidas son ese llamado a que cada cual, desde su trinchera, haga su parte, no para apagar un incendio, sino para encender la luz de un nuevo amanecer.
"El salto en el tiempo" que tenemos que dar no es una ilusión de ciencia ficción. Es la decisión consciente de quebrar las lentitudes heredadas, de limpiar el camino del presente para que el futuro llegue antes. Es la convicción martiana de que "hacer es la mejor manera de decir". Dejemos que los viejos parlamentarios europeos se tiren los trastos con la solemnidad de actores fracasados. Nosotros, en esta trinchera de futuro, tenemos la responsabilidad de callar el ruido con los hechos, de demostrar que la verdadera política se hace con las herramientas del albañil y la sensibilidad del poeta.
Ya vimos que nadie viene en socorro así que salgamos a la superficie por nuestros propios esfuerzos que somos la patria de los que arrancamos las estrellas al cielo y sorprendemos al universo cuando parece que estamos acabados ...
Rompamos la membrana del desánimo.
El oxígeno está ahí fuera, esperándonos. Un oxígeno que no se nos regala, ya pasó esa época hace rato...un oxígeno que debemos ganar a pulso de virtud y esfuerzo. Es la hora del temple, de la gracia inquebrantable, de la solidaridad entre nosotros a toda prueba. Porque, como nos recuerda el proverbio africano: "Si quieres ir rápido, ve solo; pero si quieres llegar lejos, ve acompañado".
Y nosotros necesitamos llegar lejos, todos absolutamente todos, sin dejar a nadie atrás, hacia esa bocanada de aire que es más que oxígeno: es futuro, es justicia, es soberanía, es nuestro sueño apurado queriendo hacerse realidad.

DdA, XXII/6428

SOBRE LA EDAD COMO ANTÍDOTO DE DEJAR LAS COSAS PARA ALGÚN DÍA

 


GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXXVII):
José Ignacio Fernández del Castro

«Un hallazgo.

Este relato, episodio, experiencia—como ustedes quieran llamarlo— fue narrado en la década de los cincuenta del pasado siglo por un hombre que, según su propia confesión, tenía en esa época sesenta años. Sesenta años no es mala edad a menos que la veamos en perspectiva, cuando, sin duda, la mayoría de nosotros la contempla con sentimientos encontrados. Es una edad tranquila; la partida puede darse casi por terminada; y manteniéndonos al margen empezamos a recordar con cierta viveza qué estupendo tipo era uno. He observado que, por un favor de la Providencia, muchas personas a los sesenta años empiezan a tener de sí mismas una idea bastante romántica. Hasta sus fracasos encuentran un encanto singular. Y, desde luego, las esperanzas del futuro son una buena compañía, formas exquisitas, fascinantes si quieren, pero —por así decirlo— desnudas, prontas para ser adornadas a nuestro antojo. Las vestiduras fascinantes son, por fortuna, propiedad del inmutable pasado, que sin ellas estaría acurrucado y tembloroso en las sombras.»
 Józef Teodor Konrad Korzeniowski, más conocido como 
Joseph CONRAD (Berdyczów, entonces Polonia–Ucrania hoy-, 3 de diciembre de 1857 – Bishopsbourne, Canterbury, Kent, Inglaterra, 3 de agosto de 1924): 
“The inn of the two witches” –“La posada de las dos brujas”- en Within the tides –Dentro de las mareas- (1913 -2006 
para la edición en castellano, titulada  La posada de las dos brujas y otros relatos-).

La edad es una cosa curiosa... Los ímpetus confusos de la juventud se tornan, con demasiada frecuencia, en frustraciones maduras que no deben hacerse “socialmente explícitas”, que deben guardarse cuidadosamente tras unas cuantas capas de apariencia que disimulen los fracasos personales y colectivos, que magnifiquen los mínimos y precarios triunfos.


¡Ah!, pero la llegada a la postmadurez (o la entrada en la prevejez, si se prefiere) supone, con una vida inevitablemente (para bien o para mal) hecha por detrás (como una biografía larga e insoslayable) y la esperanza desnuda de un tiempo abierto por delante (con un porvenir que se acorta), esa tranquilidad que nos sitúa un poco al margen del mundo y sus avatares, con la toma de perspectiva suficiente para analizarlo y, acaso, incluso atisbar mejoras colectivas, de lo común (ajenas, claro, al recetario neoliberal).

Es, sin duda, el tiempo en el que el pasado, nuestro propio ayer, se redecora con embrujo romántico para sentirnos ya mejores, afirmados en nuestro propio ser y estar por el ornamento con el que abrigamos lo que fue, dotándolo de calor y ternura hasta en los reveses y descalabros... El tiempo, sin embargo, en el que, entre “lamentos de boca pequeña” por un hoy que no ha heredado esos ropajes, nos negamos a vestir a priori un mañana que queremos despejado y claro para poder adornarlo (y, en la medida de lo posible, vivirlo) a nuestro antojo.

Uno, aún más acuciado si cabe por sus quebrantos de la mirada, navega por ese tiempo... Y ¡a fe que, pese a tantos nubarrones que amenazan el horizonte, no parece mala época!.
Porque, plenamente consciente de que algún día es ya demasiado tiempo, sigo con la decidida voluntad de ser y estar en el mundo.

DdA, XXII/6428