Abbas Fahdel
Abbas Fahdel
Félix Población
Lo que más sorprende de esta fotografía de Vinck*, que data de 1915 y la facilita el Muséu del Pueblu d'Asturies, es la calidad de la imagen**. El arenal de San Lorenzo, en Gijón, era ese día de verano -posiblemente festivo, por el vestuario que lucen damas, caballeros y menores- un lugar de paseo y encuentro en torno a los balnearios de La Favorita y Las Carolinas, ubicados entre la escalera 2 de acceso a la playa y La Escalerona actual (1933), aproximadamente.
No hay en la instantánea atisbo alguno del mar, ni hay tampoco presencia identificable de bañistas. Se trata de una fotografía tomada con la marea baja en la que distinguimos al fondo, en el ángulo izquierdo, la torre y el atrio de la vieja iglesia de San Pedro, quemada durante la guerra y de la que el escritor Emilio Robles (Pachín de Melás, 1877-1938), fallecido en la cárcel de El Coto tras la ocupación de la ciudad por los sublevados, logró sacar antes los restos mortales de Jovellanos, a quien profesaba rendida admiración, según su hija.
El arbolado que antecede a la iglesia pertenece a lo que sigue siendo el Campo Valdés, un lugar de esparcimiento, con la gran chimenea de la Fábrica de Tabacos de Cimadevilla al fondo. El palacio de los Valdés y la capilla anexa de Nuestra Señora de Guadalupe (hoy colegio Santo Ángel) apenas se distinguen, pero sí el vecino edificio del Ayuntamiento gijonés. También, la vieja pescadería que lo precede, por detrás de la rampla de la escalera 2.
El edificio del balneario Las Carolinas es el siguiente, seguido a continuación por el de La Favorita, frente al cual se encuentra el personal en abigarrado trasiego, entre el que resaltan los vestidos blancos de las mujeres jóvenes y los trajes oscuros de lo hombres, en su mayoría con corbata y sombrero blanco. La presencia de unas pocas casetas revela posiblemente intenciones de baño por parte de sus ocupantes, aunque quizá servían más para protegerse del sol, considerado por entonces propio del campesinado trabajador.
En el ángulo superior derecho, por encima del rotulo que señala el restaurant de La Favorita, se advierte el último piso y la cúpula del edificio Varsovia, una de las construcciones históricas de la ciudad que resistió los brutales embates del desarrollismo a partir de los años sesenta del pasado siglo, tan nefastos para la conservación del rico patrimonio arquitectónico de aquella villa, a la que la fiebre especuladora privó de los mas significativo de su memoria histórica.
Tanto La Favorita, el más antiguo de los balnearios (1883) como Las Carolinas (1887) fueron unas edificaciones a modo de palafitos, a las que se añadían otras dos que no aparecen en la imagen, habida cuenta la importancia que desde el siglo XIX cobró Gijón como ciudad elegida para lo que se llamaba tomar los baños, según el gusto de incipiente turismo burgués. Esas otras dos edificaciones fueron La Sultana (1887), que se encontraba entre La Escalerona actual y la escalera 5, y que fue demolida en 1906 para la construcción de El Muro, y La Cantábrica, que se levantó en 1892, y se hallaba donde se encuentra el actual Real Club Astur de Regatas, centro que la sustituyó en 1920.
Como única huella de todo aquel conglomerado que vino a ser el precedente turístico más específico de una ciudad hoy afectada por la masificación de esta industria, apenas quedaron unos restos del posteado de madera, encajados sobre la arena y acerca de cuya procedencia y finalidad siempre nos preguntábamos los chavales que frecuentábamos la playa de San Lorenzo para bañarnos o jugar al fútbol. Estábamos muy lejos de imaginar entonces que eran lo que quedaba de los viejos soportes de madera de unos palafitos hoteleros. Todo un adelanto hace casi 150 años del boom turístico que desde hace unos años ha empezado a soportar aquella villa y Asturias en general.
*Tres generaciones de los Vinck trabajaron la fotografía desde que la familia se instaló en Gijón a mediados del siglo XIX. Su fondo fotográfico, con un total de 5.000 instantáneas, es uno de los más importantes de España.
*Agradezco a Gelu Díaz Sánchez que haya compartido esta fotografía. Amplíese para más detalle.
DdA, XXII/6466
Aunque en algunas comunidades autónomas gobernadas por la derecha extrema se repongan los capellanes en los hospitales públicos como en la extremeña y la andaluza (117 capellanes), el CIS recoge por primera vez que en España son más los ateos que los católicos practicantes. El dato está en el barómetro de septiembre del centro de investigaciones sociológicas, que ha sido publicado este lunes: un 17,1% afirma ser ateo por un 15,9% que se define como católico practicante. El CIS planteó a una muestra de 4.042 personas lo siguiente, como hace habitualmente: «¿Cómo se define en materia religiosa: católico/a practicante, católico/a no practicante, creyente de otra religión, agnóstico/a, indiferente o no creyente, o ateo/a?»

Raúl Bocanegra, Público
El CIS recoge por primera vez que en España hay más gente que se declara atea que quien se dice católico practicante. El dato está en el barómetro de septiembre del centro de investigaciones sociológicas —que ha sido publicado este lunes— en la pregunta número 36: un 17,1% afirma ser ateo por un 15,9% que se define como católico practicante. El CIS planteó a una muestra de 4.042 personas lo siguiente, como hace habitualmente: «¿Cómo se define en materia religiosa: católico/a practicante, católico/a no practicante, creyente de otra religión, agnóstico/a, indiferente o no creyente, o ateo/a?»
En la serie sobre religiosidad del CIS, que arranca en 2019, los católicos practicantes habían estado siempre por encima de quienes se dicen ateos. Hasta ahora. En mayo de 2019 era un 23% de católicos practicantes por un 11% de ateos. Desde entonces la brecha entre ambas opciones se ha ido cerrando y ahora hay que esperar a próximos sondeos del CIS para saber si esta cifra se consolida o si se trata solo de una cuestión coyuntural, fruto de fluctuaciones estadísticas o del tamaño de la muestra, según los sociólogos consultados. En septiembre de 2023 ya se produjo un empate entre quienes se definen como ateos y como católicos no practicantes -un 16,8% en ambos casos-, pero en los meses sucesivos los católicos practicantes retomaron el liderazgo.
«Ojo con las variaciones mensuales, que son sensibles a la muestra. Si observas el año anterior también [existen picos]. Por eso nosotros hacemos las medias totales del año, una vez tenemos todos los datos. Lo que nos dicen estos datos es [que hay] un trasvase interno del catolicismo, más o menos la caída de practicantes es similar al incremento de los no practicantes y [en paralelo], una estabilidad del bloque ateo», afirma a Público al respecto Hungria Panadero, directora de la Fundació Ferrer i Guàrdia que cada año elabora un informe sobre religiosidad.
Para el sociólogo Rafael Ruiz, profesor en la Universidad Complutense, autor de diversos estudios sobre secularización, «es un poco precipitado hacer un titular [que diga] los ateos superan al número de católicos practicantes porque es por la mínima y la muestra puede influir: es decir, no es descartable que el mes que viene el número de católicos practicantes vuelva a ser superior al de ateos. Al ser muestras distintas, puede haber oscilaciones estadísticas, sobre todo cuando hay tan poco margen». Ruiz añade también al respecto: «Pero sin duda va mostrando una tendencia a que el catolicismo practicante es lo que en sociología llamamos una minoría cognitiva en la sociedad española, pero una minoría cognitiva particular, porque cuenta con un trasfondo cultural católico mucho más amplio como avala el número de católicos no practicantes».
Para Panadero, el Estado «camina» hacia una secularización, y «muestra [de ello] son zonas como Catalunya«, donde la religiosidad es menor. «Aunque el cambio es lento», puntualiza. Este periódico se puso en contacto con la Conferencia Episcopal para que aportara, en su caso, una reflexión sobre este asunto, pero en el momento de publicación de esta información no la habían dado.
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Fuente avance barómetro del CIS, septiembre 2026
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La suma de católicos, si se añaden los que se declaran no practicantes, sigue siendo en efecto mayoritaria en España. El 38,5% de los encuestados afirma ser católico no practicante, lo que sumado a ese 15,9%, da un 54,3%, según el CIS. Un 3,2% se dice creyente de otra religión, distinta de la católica, un 12,2% declara ser agnóstico y otro 11,3% indiferente/no creyente, que se ubicarían en el bloque no religioso. Y un 1,7% no contesta. El barómetro sobre religiosidad y creencias del Observatorio del Pluralismo Religioso en España, publicado a finales de 2025, ya reflejaba una sociedad de espiritualidad compleja en la que existe «una división equitativa entre personas que declaran tener creencias religiosas y las que no».
Ese trabajo, uno de los más completos llevados a cabo hasta ahora sobre la cuestión, en el que han participado expertos de diferentes universidades y campos de investigación, reveló «un paisaje religioso fragmentado y en transición, caracterizado por el declive de las formas religiosas tradicionales y el surgimiento de creencias difusas, espiritualidades heterodoxas y formas híbridas de pertenencia«.
«La no identificación con una confesión religiosa —añade este estudio— no implica necesariamente la ausencia de creencias y prácticas espirituales: un 20% de quienes declaran no tener creencias religiosas, se autodefine como una persona espiritual sin pertenecer a ninguna confesión religiosa. Un 35% de este mismo colectivo afirma que puede existir algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital o cree en el poder de la naturaleza y la madre tierra. Entre las personas agnósticas la creencia en el poder de la naturaleza y la madre tierra asciende al 56%».
«Nos encontramos -se lee en el trabajo- porcentajes destacados de la población que afirman creer en mayor o menor medida en la existencia del alma (63%), las energías (64%), la astrología (42%) o la reencarnación (37%). También es relevante la práctica de actividades como meditar (40%), encender una vela o hacer una ofrenda con fines espirituales (37%), hacer yoga (22%) o consultar el tarot (10%). Estas formas de espiritualidad cotidiana, muchas veces híbridas y desinstitucionalizadas, revelan la existencia de una búsqueda activa de sentido más allá del marco religioso tradicional».
El CIS también pregunta a quienes se declaran religiosos con qué frecuencia asisten a misa u otros oficios, sin contar las ocasiones relacionadas con ceremonias de tipo social, por ejemplo, bodas, comuniones o funerales. Nunca responde el 26,2%; casi nunca, el 26,4%; varias veces al año el 23,6%; dos o tres veces al mes, el 8,8%; todos los domingos y festivos, el 10,4%, y varias veces a la semana, el 3,8%. El 0,9% restante no contesta. «La pertenencia católica —expone el barómetro— se sostiene más como identidad cultural que como espacio normativo o de pertenencia activa: el 44% no se consideran personas espirituales ni interesadas en lo sagrado».
ASTURIAS LAICA DdA, XXII/6465
Justo Serna
Félix Población
Coincidió ayer, o lo hicieron coincidir, que mientras el presidente del Gobierno era entrevistado en El Intermedio, en La Sexta, el presidente de la ciudad autónoma de Ceuta charlaba en otro canal con Motos en El Hormiguero. Quise atender a intervalos a lo expuesto por uno y otro acerca del problema que se le ha planteado a este país en Ceuta, pero obviamente no conseguí más que fragmentos de una y otra interviú. Sí comprobé una vez más el estilo asertivo de Pedro Sánchez, sin aclarar por qué se produjo un hecho insólito en cualquier otra frontera europea y que únicamente pudo ocurrir por la permisividad de las autoridades marroquíes, y la servicial y bochornosa colaboración de Motos poniéndose a los pies de Vivas y su catarata de titulares dictados desde Génova contra el Gobierno y su presidente. Si la entrevista en El Intermedio con Sánchez fue amable por no cuestionar al menos esa prevención del Gobierno de no importunar con explicaciones al régimen autoritario marroquí, la de Motos en El Hormiguero podría pasar a la historia como una de las más complacientes que hemos visto en los últimos años. Esto es, al tratarse de un asunto de carácter internacional que debería contar con la colaboración del Gobierno y la oposición para tratar de resolverlo, especialmente deplorable, pues si hubo errores en la gestión por parte del ejecutivo, que los hubo, la oposición nunca debería servirse de ellos con afanes tan descaradamente electoralistas, según hace siempre con asuntos de carácter nacional. Bien es cierto que la oposición conservadora en España desconoce lo que es hacer política de Estado, incluso cuando se dirimen cuestiones de carácter internacional. Quedó sobrada y lamentablemente demostrado hace más de veinte años, cuando el Partido Popular y su ejecutivo, gobernando Aznar, metió a España en una invasión (la de Irak, esa sí fue una invasión) con mentiras y también con mentiras sobre su autoría trató de sacar rédito electoral inmediato de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, en los que perdieron la vida casi 200 personas. ¿Qué imagen estamos dando como país si desde entonces la oposición política a los gobiernos del PSOE, bien en solitario o en coalición, en lugar de rectificar lo que aquello representó, no ha dejado de emplear tan miserable estrategia? Miserables los que tratan de sacar tajada política de lo que pasa en Ceuta, escribe Luis Gresa desde allí. También quienes desde los medios se prestan a colaborar tan servilmente como ayer Motos en El Hormiguero a la vera verita de Vivas:
Luis Glesa
“No es como lo pintan. Luego vienen los fondos europeos y todo el mundo pilla”, me dice un taxista camino de la playa del Trampolín. Quiero verlo y recorrer sus calles improvisadas hechas de la nada.
Para garantizar el control geopolítico y geoeconómico de su tradicional “patio trasero”, en un momento histórico marcado por “la derrota de Occidente” (de nuevo Todd), Estados Unidos se repliega en las Américas a fin de tomar impulso para las batallas decisivas contra China. En tal perspectiva, la visita de Marco Rubio a Colombia, Ecuador y Perú busca apretar el dogal de la dependencia a una nueva camada de palafreneros en los círculos gobernantes. Es la redición de una política exterior que a lo largo del siglo XX produjo a discreción gobiernos lacayos y cipayos, simbolizados en su esencia más brutal y honesta en la mítica frase atribuida a Franklin Delano Roosevelt: “Somoza may be a son of a bitch, but he’s our son of a bitch” (literalmente, según Sergio Ramírez Mercado, “es un hijo de la gran puta, pero es nuestro hijo de puta”, en referencia, indistintamente, a los dictadores Anastasio Somoza García y Rafael Leónidas Trujillo)
Carlos Fazio
La semana pasada, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, realizó una gira relámpago por Colombia, Ecuador y Perú. Lo hizo como emisario de la anacrónica Doctrina Donroe, definida en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 como el “corolario Trump” a la Doctrina Monroe. Dos siglos después, en su lucha existencial por conservar su hegemonía, la nueva doctrina imperialista busca convertir al llamado hemisferio occidental en una “fortaleza America” frente a los enemigos de “afuera”.
En su fase nihilista (Emmanuel Todd dixit), ante la emergencia de China, Rusia, India e Irán como motores de una nueva multipolaridad alternativa al patrón ideológico del Occidente liberal-atlantista, la nueva política agresiva de Trump –como instrumento del Estado profundo (deep state)– reivindica y se hace eco del “gran garrote” (big stick) con el que Theodore Roosevelt amenazaba a quienes se atrevían a resistirse al poder estadunidense. Lo hace al frente de un Estado gansteril signado por una megacorrupción descarnada, que ya no simula siquiera reconocer la soberanía limitada de sus estados satélites del área (a excepción de Cuba) y despliega su capacidad operativa como una atribución jerárquica expansionista del propio poder imperial.
En ese esquema solar, América Latina y el Caribe –también Canadá y Groenlandia– son asumidos por el actual inquilino de la Casa Blanca y quienes lo manejan como sendos espacios de jurisdicción estratégica ampliada; una zona de control expansivo cuya estabilidad, orientación política y arquitectura normativa deben estar alineadas con los intereses de Estados Unidos, como un supra-Estado investido con la facultad de ordenar, supervisar y corregir, mediante la fuerza bruta, el comportamiento del resto de las unidades políticas de la región.
La seguridad de Estados Unidos comienza hoy “en casa” (el hemisferio occidental) y no en Europa, Oriente Medio ni Asia. Se trata de una nueva estrategia de defensa hemisférica que integra el poder militar, la capacidad industrial, el dominio energético, la seguridad fronteriza, el control marítimo y las alianzas regionales en una única arquitectura defensiva. Sin esa profundidad estratégica, Estados Unidos corre el riesgo de verse gradualmente rodeado por sus rivales. Esa interpretación neomonroísta convierte a los demás países del área en una extensión funcional del territorio político estadunidense, estructurando de facto un orden vertical de corte feudal neoextractivista (remember la ex generala Laura Richardson del Comando Sur: “los hidrocarburos, el litio, el agua [etcétera] del hemisferio nos pertenecen”), en el que el derecho a existir de cada Estado vasallo está mediado por su grado de lealtad, sumisión y entreguismo al hegemón. Así, toda tentativa de autonomía, ya sea por proyectos nacionales de desarrollo, diversificación geopolítica o cooperación con países extrahemisféricos (como China, Rusia, India o Irán), es recodificada como una amenaza que habilita mecanismos de presión, disciplinamiento punitivo o intervención indirecta o directa violenta, como en el caso de Venezuela.
No obstante, la coyuntura luce complicada para el hegemón. Con un larvado proceso de desdolarización en curso impulsado por Rusia y China como motores del BRICS ampliado; humillado militarmente el Pentágono en Medio Oriente y la Península Arábiga por la doctrina de disuasión asimétrica del Ejército y la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y los hutíes de Ansarolá en Yemen, Washington necesita deslastrar. Por eso ha retomado las “negociaciones” con el Kremlin, por dos carriles, para buscar una salida temporal al conflicto en Ucrania: el deep state (que ve en Trump un presidente interino) mandó al director de la CIA, John Ratcliffe, representante del complejo militar-industrial; en tanto Trump, quien no controla algunos resortes clave del poder imperial, envió a sus dos representantes “inmobiliarios” de confianza, su yerno Jared Kushner y Steven Witkoff, tal vez con el fin de suavizar el ultimátum de Ratcliffe, representante de la línea atlantista que persigue la derrota estratégica de Moscú.
Es en ese contexto que para garantizar el control geopolítico y geoeconómico de su tradicional “patio trasero”, en un momento histórico marcado por “la derrota de Occidente” (de nuevo Todd), Estados Unidos se repliega en las Américas a fin de tomar impulso para las batallas decisivas contra China. En tal perspectiva, la visita de Marco Rubio a Colombia, Ecuador y Perú busca apretar el dogal de la dependencia a una nueva camada de palafreneros en los círculos gobernantes. Es la redición de una política exterior que a lo largo del siglo XX produjo a discreción gobiernos lacayos y cipayos, simbolizados en su esencia más brutal y honesta en la mítica frase atribuida a Franklin Delano Roosevelt: “Somoza may be a son of a bitch, but he’s our son of a bitch” (literalmente, según Sergio Ramírez Mercado, “es un hijo de la gran puta, pero es nuestro hijo de puta”, en referencia, indistintamente, a los dictadores Anastasio Somoza García y Rafael Leónidas Trujillo). Tras la era de los militares gorilas, siguieron los de la Doctrina de Seguridad Nacional, con el Plan Cóndor y la “guerra sucia” (Pinochet et al.). Ahora, con Trump, resurge la realpolitik de los “yes men” y “yes women” sin complejos ni disfraces, rebautizados por el jefe de la Oficina Oval como “besaculos” (“kissing my ass”).
Es el cinismo convertido en doctrina de Estado bajo el fantasmagórico Escudo de las Américas (con sus oxidadas herramientas al uso de los “narco-Estados” y los “narcoterroristas”), bajo el cual tendrán que alinearse y obedecer sin chistar los nuevos bufones del imperio Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori, que vinieron a sumarse a la troupe integrada por Bukele, Milei, los Bolsonaros, Katz, Paz, Asfura y su compinche, el resucitado por la gracia del Señor… Juan Orlando Hernández.
LA JORNADA DdA, XXII/6465
Habiendo pasado por la experiencia de 2008 es el momento de que los Estados aprovechen la debilidad y el desprestigio creados por el capitalismo financiero para imponerse sobre él. Naturalmente, los gobiernos europeos y la Unión Europea que crearon las autopistas y las condiciones para la primacía del capital sobre lo político deberán ser barridos. En ese contexto, gente como el economista francés Frédéric Lordon apuntan que Francia ofrece una coyuntura particularmente adecuada. En las presidenciales de la primavera del año que viene hay una opción de izquierdas madura que no existe en ningún otro país europeo, la de Jean-Luc Mélenchon, con posibilidades de dar la batalla.
Rafael Poch
Parece que estamos en ciernes de una nueva gran crisis. El dinero que se está invirtiendo en las compañías de Inteligencia Artificial no va a dar el retorno esperado. Esta gigantesca sobreinversión no está rindiendo y el problema se intenta sortear mediante créditos vía dudosos canales, lo que agrava las deudas. Nos están metiendo en una nueva y gigantesca pirámide financiera. El hundimiento y explosión de la burbuja que se avecinan (ponerle fecha es mucho más incierto) será mucho mayor, y peor, que el de 2007/2008. Entonces los Estados pudieron acudir al rescate de bancos y mercados. Ahora ya no pueden porque, como consecuencia de aquello, sus niveles de endeudamiento son enormes. Están en quiebra y al límite desde hace tiempo. La guerra de Irán (una guerra perdida para Estados Unidos y Occidente) está debilitando el petrodólar. Se compran cada vez menos bonos del tesoro americanos. En 2008 la deuda pública de Estados Unidos ascendía a 9 billones de dólares. Hoy, oficialmente, está en 40 billones y seguramente mucho más. En la zona euro la deuda pública supera de media el 80% del PIB. Así que no hay posibilidad de una nueva estafa/rescate. Solo queda el hundimiento.
Recuerdo la primera entrevista que realicé en Alemania a mi regreso de China, en 2008. Los debates giraban en torno a la crisis bancaria. Un conocido sociólogo berlinés me dijo: “No sabemos lo que va a pasar, lo único claro es que el capitalismo neoliberal tal como lo conocemos se ha acabado”. Veinte años después estamos en las mismas, pero ante un hundimiento mucho peor que va a dejar literalmente en cueros al capitalismo financiero y a los gobiernos a él subordinados. El sistema se hunde y con él sus políticos e instituciones.
Ante esta evidencia se abren ciertas posibilidades. Habiendo pasado por la experiencia de 2008 es el momento de que los Estados aprovechen la debilidad y el desprestigio creados por el capitalismo financiero para imponerse sobre él. Naturalmente, los gobiernos europeos y la Unión Europea que crearon las autopistas y las condiciones para la primacía del capital sobre lo político deberán ser barridos. En ese contexto, gente como el economista francés Frédéric Lordon apuntan que Francia ofrece una coyuntura particularmente adecuada.
En las presidenciales de la primavera del año que viene hay una opción de izquierdas madura que no existe en ningún otro país europeo, la de Jean-Luc Mélenchon, con posibilidades de dar la batalla. Si para entonces se ha producido el hundimiento, el cambio que invierta la actual relación de subordinación entre política y finanzas sería una cuestión de simple sentido común. Toda la corrupta artillería mediática sería incapaz de contrarrestar la realidad sufrida y experimentada por la inmensa mayoría de la ciudadanía. Y si Francia diera tal paso, el contagio podría ser inevitable: adiós a la UE, a sus infames tratados blindados y a su estúpida tecnocracia belicista y vasalla de Estados Unidos. Se abriría una oportunidad para el “momento 1848” que se necesita en Europa: una liberación popular alternativa a la guerra, el racismo, y el desastre climático.
Los catalanes definen este tipo de razonamientos y expectativas como un “soñar tortillas”, es decir un ilusorio cuento de la lechera. Pero, a menos que demos por buena la bobada del “fin de la historia” que nos han predicado los últimos cuarenta años, hay que recordar que los grandes giros históricos siempre han parecido ilusorios hasta su víspera misma. Los grandes cambios siguen siendo posibles y hay que ser conscientes de que el hundimiento del sistema contiene posibilidades.
CTXT DdA, XXII/6464
Félix Población
La obra dramática de Federico García Lorca que lleva por título Mariana Pineda se representó por primera vez en Barcelona en 1927, con decorados de Salvador Dalí, amigo del autor. Por tener como protagonista a la ciudadana granadina del mismo nombre que fue ejecutada en 1831 por defender la causa liberal frente al absolutismo de Fernando VII, después de que se le encontrara una bandera con las palabras Libertad, Igualdad y Ley, la obra se volvió a representar durante la Guerra de España, en 1937, bajo la dirección del poeta Manuel Altolaguirre y con el poeta sevillano Luis Cernuda como actor. (También figuraba en el elenco María del Carmen García Lasgoyti, como ella misma me contó hace muchos años hablando de La Barraca y las Misiones Pedagógicas). Es de resaltar una magnífica Mariana Pineda, dirigida por Etelvino Vázquez y puesta en escena por la compañía asturiana Teatro del Norte en 2013.
Sirva lo anteriormente recordado para recordar a su vez que entre aquella represión absolutista de los años treinta del siglo XIX y la que siguió durante la Guerra Civil y la dictadura franquista tenemos, a propósito de la heroína granadina y la bandera bordada por las mujeres del Albaicín, a otra mujer que también bordó la bandera republicana y fue torturada, violada y asesinada por los sublevados contra la Segunda República.
Se llamaba Carmen Arias García, tenía sólo 16 años y la mataron durante aquel verano sangriento de 1936 en el que también asesinaron a Federico García Lorca en Granada. Lo cuenta la historiadora Ana Cristina Rodríguez Guerra en su libro Historia y memoria la represión franquista en el Partido Judicial de La Vecilla (1936 – 1945) porque la joven residía en esta localidad de la montaña leonesa.
Para huir de la represión franquista, su padre se vio obligado a buscar refugio en el monte, mientras a la madre, Isabel García, la recluyeron en la prisión de partido de La Vecilla con su hijo de nueves meses, intentando con ello que su marido se entregara, según solían hacer los victimarios. Fue en septiembre de 1936 cuando también un grupo de falangistas buscó a la hija del matrimonio, que se encontraba trabajando en el campo:
"Querían que la joven les acompañase para interrogarla sobre cuestiones sin importancia, asegurando que no se demoraría más de dos horas. El miedo y la seguridad de que no había hecho nada «malo» llevaron a Carmen Arias a acompañar a los falangistas hasta su campamento. Las horas pasaban y Carmen no regresaba. Su familia decidió salir a buscarla al anochecer. Cuenta su propia sobrina-nieta, que fue el perro quien encontró los restos de Carmen abandonados tras sufrir múltiples violaciones, torturas y ser descuartizada. Como buenamente pudieron, los familiares recogieron los restos de su cuerpo para darles sepultura".
Cree Begoña Díez, uno de los familiares descendientes de Carmina, que esta detención, con sus posterior y cruel desenlace, podría estar motivada por la implicación política que presentaba el padre de Carmen. Sin embargo, a través de algunos testimonios orales recogidos por esta familiar, Carmen habría sido detenida por ser descubierta mientras bordaba una bandera republicana. En su acta de defunción, como solía ocurrir en no pocos casos, figura que la causa de su muerte fue «choc traúmatico», sin hacer referencia en ningún momento al brutal martirio y asesinato sufridos por la muchacha.
Si los testimonios orales recabados por este familiar fueran ciertos, y no hay motivo para cuestionarlos, tendríamos en la historia de este país, separados por más de cien años y unas cuantas guerras civiles, dos episodios de parecido contenido y desenlace, protagonizados por similares víctimas. En 1831, la condena a muerte de una mujer andaluza por bordar una bandera en pro de la igualdad y la libertad en tiempos del ominoso reinado represor de Fernando VII, y en 1936, bajo una guerra cuyo resultado fue la anulación por muchos años las libertades democráticas, el asesinato y tortura de otra mujer, en este caso leonesa, que bordó la bandera republicana defendida por su familia (su hermano también fue asesinado en 1936).
Han transcurrido casi 200 años de la ejecución de Mariana Pineda (1831) y nos faltan todavía algunos para que se cumpla un siglo del asesinato de Carmen Arias García. España y la ciudadanía que la habita debería tener muy claro -sobre todo las generaciones más jóvenes- que quienes no condenaron esas crueles represiones y hasta son afines al ideario de los vencedores en 1939 no deberían formar parte de su porvenir. Pero me temo que no es así porque, durante los últimos decenios, no se cultivó la memoria democrática como sería requisito fundamental de un Estado democrático*.
*Escrito este artículo, veo la película Aún estoy aquí, dirigido por Walter Salles en 2024. Versa sobre hechos reales ocurridos en el transcurso de la represión llevada a cabo por la dictadura en Brasil en 1971. Creo que es de todo punto recomendable refrescar en nuestros días con esta película lo que trae consigo una dictadura, contado en esta ocasión a partir de las vivencia de una familia brasileña. Contra el olvido, películas así. (Filmin).
DdA, XXII/6464