domingo, 17 de mayo de 2026

INDIGNANTE: A TIROS CON UN IBIS EREMITA EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

 


ECOLOGISTAS EN ACCIÓN

El cadáver de Hel, un ibis eremita de un año y medio, con un disparo mortal. Hel había nacido en Austria. En octubre de 2023, junto a otros 34 ejemplares, completó un viaje de más de 40 días seguido el ultraligero con parapente amarillo de Johannes Fritz, director del proyecto LIFE-NBI de la UE. Lo criaron Helena Wehner y Barbara Steininger, vestidas de amarillo para que las aves las identificaran como su madre. Cruzaron Europa. Aterrizaron en Cádiz, donde ibis eremitas reintroducidos forman una colonia de más de 300 ejemplares. Hel, sin embargo, era un explorador. Se alejó hacia Badajoz. Y allí, alguien con un arma decidió que su vida no valía nada. La denuncia la ha presentado Ecologistas en Acción. Piden la suspensión de la actividad cinegética en ese coto. El responsable del proyecto, Miguel Ángel Quevedo, veterinario del Zoobotánico de Jerez, no puede contener la indignación: "Después de todo el esfuerzo, de los recursos tanto humanos como económicos invertidos, de la implicación emocional de sus criadores con ellos, ocurre esto... Quien hace eso no es un cazador, es un descerebrado". La muerte de Hel no es solo una tragedia local. Es un símbolo del conflicto entre conservación y tradición. El ibis eremita es una especie en peligro de extinción. Desapareció de Europa hace tres siglos. Las poblaciones actuales proceden de reintroducciones de ejemplares de zoológicos. Cada pájaro cuenta. Cada muerte es un revés. Y la de Hel es particularmente dolorosa porque representa el fracaso de la educación ambiental: alguien vio un ave protegida, con un anillo en la pata, y decidió disparar. No por hambre, no por defensa propia, sino porque sí. Porque se puede. Porque en un coto de caza, todo lo que vuela es un objetivo.

El artículo, un reportaje desolador pero bien documentado, narra los hechos y el contexto. El proyecto de reintroducción del ibis eremita es uno de los más ambiciosos de Europa. Las aves son criadas en cautividad y entrenadas para seguir ultraligeros en sus primeras migraciones. El objetivo es que aprendan la ruta y luego la realicen por sí mismas, conectando las poblaciones de Austria y España. Hel había cumplido su parte. Llegó a Cádiz. Sobre el invierno. Pero luego, como tantos jóvenes exploradores, quiso ver más allá. Acabó en Extremadura, a 200 kilómetros de la colonia. Y allí, un cazador (o alguien que se hace llamar cazador) lo mató. No es el primer ibis eremita muerto por disparos. Otros han caído electrocutados o atropellados. Pero la muerte por bala es especialmente cruel porque es evitable. No hay necesidad de disparar a un ibis. No es una plaga. No es una amenaza para la ganadería. Es un ave protegida, reconocible (negro brillante, pico curvo, cresta erizada). Quien lo mató sabía lo que hacía. O debería haberlo sabido. La legislación española prohíbe cazar especies protegidas. Las penas pueden incluir prisión. Pero los cazadores suelen alegar "error de identificación". En este caso, parece difícil equivocarse. El ibis eremita no se parece a ninguna otra ave cinegética en Extremadura.

Las consecuencias ecológicas y morales de esta noticia son un aldabonazo contra la impunidad. Ecológicamente, la muerte de Hel reduce la diversidad genética de la población reproductora. Cada ibis cuenta en una especie que aún está lejos de ser segura. La población española tiene más de 300 ejemplares y 48 parejas reproductoras, un buen número, pero insuficiente para garantizar la supervivencia a largo plazo. La mortalidad juvenil ya es alta (50% en el primer año). Añadir muertes por disparos es añadir una presión innecesaria. Moralmente, la noticia es una vergüenza colectiva. Los proyectos de reintroducción requieren años de trabajo, financiación europea, dedicación personal de biólogos y voluntarios. Hel era un embajador de su especie. Su viaje en ultraligero había sido noticia internacional. Su muerte debería serlo también. Pero los cazadores (o al menos las asociaciones de cazadores) suelen guardar silencio o minimizar estos incidentes. No piden disculpas, no colaboran en las investigaciones. El coto de Fregenal de la Sierra, si no se toman medidas, seguirá funcionando. Y otros ibis podrían correr la misma suerte.

¿Hay esperanza? La esperanza realista está en la presión social y judicial. La denuncia de Ecologistas en Acción puede llevar a una investigación. Si se identifica al autor, podría enfrentarse a penas de prisión. La suspensión temporal del coto sería una medida ejemplarizante. La esperanza también está en la educación. Las campañas de sensibilización dirigidas a cazadores pueden reducir los errores de identificación y los disparos "por diversión". La esperanza más poderosa es que el proyecto del ibis eremita continúe. A pesar de Hel, otros 36 ibis llegaron a España en 2024. La colonia de Cádiz sigue creciendo. La población de Marruecos (la única silvestre del mundo) ha pasado de 48 parejas a cerca de 180 gracias a los esfuerzos de conservación. La especie ha salido de la categoría de "peligro crítico" a "en peligro". Es un avance. La muerte de Hel no lo revertirá, pero es un recordatorio de que la conservación no termina en la suelta. Termina cuando la sociedad entera respeta a los animales. Y eso aún no ocurre.

La pregunta que Hel, con su cuerpo sin vida y su anilla de seguimiento, nos lanza desde el coto de caza extremeño es un graznido de dolor: ¿Cuántos ibis más tendrán que morir a tiros para que los cazadores entiendan que no todas las aves son piezas de caza? La respuesta, desgraciadamente, es "muchos". Porque la cultura cinegética está arraigada. Porque muchos cazadores ven el campo como un campo de tiro. Porque la educación ambiental es insuficiente. Hel no murió por un accidente. Murió porque alguien quiso matar algo, y lo que tenía delante era un ibis. No importaba que fuera raro, protegido, valioso. Importaba que volaba. Y estaba en su punto de mira. Ojalá el autor se arrepienta. Ojalá la justicia actúe. Ojalá los cazadores de Extremadura reflexionen. Pero la única garantía es que no habrá justicia para Hel en el sentido literal. Ya está muerto. Su viaje, truncado. Su potencial reproductor, perdido. Lo único que podemos hacer es contar su historia. Y que sirva para que otro ibis no corra la misma suerte. Eso, si acaso, sería un final digno. Pero no es suficiente. Nunca lo es. Hel merecía volver a Austria. Merecía criar. Merecía vivir. Los cazadores que lo mataron le robaron todo eso. Y a nosotros, también. Porque la pérdida de un ibis es la pérdida de un pedazo de esperanza. No podemos permitir que se repita. No podemos. Hel, descansa en paz. Ojalá tu vuelo final no haya sido en vano.

DdA, XXII/6347

LÓPEZ DE LA CALLE: ANDOAÍN SE PUSO EN PIE/ PARA RECHAZAR LA MUERTE...


Ana Cardo

Como recordamos en su día en este pequeño periódico, cuando empezamos a publicar las décimas de mi estimado colega Félix Maraña, los versos como comentario, sátira o crítica de la actualidad tuvieron larga vida en el periodismo español, sobre todo en el que se hacía antes de la guerra. Echábamos de menos que las décimas de Félix no se publicaran en el periódico en el que colabora regularmente desde hace toda una vida, pródiga en el servicio del autor a la cultura en Euskadi. Décimas de fiebre será el título de la sección que con los versos de Maraña se acaba de incorporar cada semana a las páginas del Diario Vasco. En los siguientes recuerda el asesinato de un periodista vasco, José Luis López de la Calle, que tanto nos dolió entonces, sobre todo a quienes lo querían y conocieron. La memoria de aquellos crímenes de ETA también cuenta en la memoria del dolor y la ignominia de este país. Ocurrió en 7 de mayo de hace 26 años y la imagen sigue doliendo:

Matar al periodista

No perdamos el detalle:
Cuando fuera asesinado,
él caminaba enfrascado,
sangre fría, en plena calle,
José Luis López la Calle,
en leer los titulares
de la prensa, y sus andares
eran los de un despistado.
Allí sería fusilado,
cerca de sus familiares.
Andoain se puso en pie
para rechazar la muerte,
mientras su cuerpo, ya inerte,
reposa y nos pide que
exijamos con más fe,
pidamos justicia a gritos.
Luchemos contra los mitos
que ha creado el fanatismo.
Digamos no al terrorismo,
hartos ya de sus delitos.
José Luis ha sido obrero
en alguna papelera
de Tolosa y en la acera,
junto al paraguas primero,
y de su sangre un sendero,
yace la prensa diaria.
Llega ya la funeraria,
llega Ertzantza y sanitarios
y le cubren con sudarios
y con civiles plegarias.

DdA, XXII/6347

CUBA: UN GENOCIDIO LENTO, SIN CAMPOS DE CONCENTRACIÓN DE ALAMBRE DE PÚA

El mundo asiste impávido a un experimento social que lleva décadas perfeccionándose: estrujar la vida de once millones de almas para ver cuánta desesperación es necesaria para hacerlas claudicar. Le llaman eufemismos, le maquillan con legajos leguleyos, pero su nombre verdadero es asfixia, esa asfixia cantada en voz baja por los verdugos de oficina. Es un genocidio lento y blanco, sin campos de concentración de alambre de púas, pero con el cerco invisible de la necesidad inducida. Y yo sueño con que callar no sea parte del negocio. El dolor del cubano es un producto financiero bruto: se invierte en él, se especula con su hambre, se subsidian disidencias de salón que viven de administrar la miseria que otros generan. 



Raulito Torres/Aquí en La Habana


Existe una fábrica tenebrosa que nunca duerme. No opera con acero ni cemento, sino con la intangible materia del sufrimiento humano. Es la gran destilería del desaliento, un laboratorio meticuloso donde se capitaliza el dolor de todo un pueblo, donde la angustia de una madre que no encuentra medicina para su hijo se cotiza como un bono geopolítico. Es la industria del cerco convertida en carroña.
Lo saben bien quienes se benefician del silencio. El mundo asiste impávido a un experimento social que lleva décadas perfeccionándose: estrujar la vida de once millones de almas para ver cuánta desesperación es necesaria para hacerlas claudicar. Le llaman eufemismos, le maquillan con legajos leguleyos, pero su nombre verdadero es asfixia, esa asfixia cantada en voz baja por los verdugos de oficina. Es un genocidio lento y blanco, sin campos de concentración de alambre de púas, pero con el cerco invisible de la necesidad inducida.
Y yo sueño con que callar no sea parte del negocio. El dolor del cubano es un producto financiero bruto: se invierte en él, se especula con su hambre, se subsidian disidencias de salón que viven de administrar la miseria que otros generan.
Y sin embargo, en medio de esta larga noche del hostigamiento, hay una paradoja que rompe la lógica del mercado: la generosidad irracional de la víctima. Nosotros, los habitantes de esa isla condenada al castigo eterno por el pecado de la soberanía, no conocemos el rencor estéril. Somos la nación absurda que, mientras le aprietan el cuello, extiende las manos para salvar al que pasa por delante.
Recórrase el atlas de las últimas décadas: ¿Dónde está la huella de Cuba cuando un huracán arrasa el Caribe, cuando un terremoto devasta Haití, Pakistán, Nepal o Turquía, cuando el Ébola amenazaba con devorar el África profunda? Ahí está, diminuta y colosal. No llegamos con la sobra, llegamos con lo que nos falta. Hemos practicado la solidaridad como un acto reflejo de la dignidad, donando recursos que no nos sobran porque sencillamente entendemos que el dolor ajeno no es una anécdota, sino un imperativo moral. Mientras los mercaderes del asedio intentan sembrar el egoísmo a través de la escasez, el cubano se multiplica partiéndose en pedazos para curar al mundo.
Esta generosidad no es virtud de un gobierno, es el carácter de un pueblo que es el gobierno legítimo, acaben de entender!... que ha hecho de la resistencia una obra de arte y de la solidaridad un músculo hipertrofiado. Pero esa misma nobleza ha sido secuestrada por la hipocresía global.
¡Basta ya de hipocresía, conciencia del mundo! Basta ya de este genocidio silencioso que se esconde tras los dígitos de una ley extraterritorial. No se mata solo con misiles; se mata con la indiferencia calculada, con la prohibición de un respirador, con la demora forzosa de una pieza de oncología. Se mata convirtiendo la mesa del pobre en un desierto para regocijo de los halcones.
Les convoco a escuchar la súplica de Sísifo en el Caribe. Rompan el silencio cómplice. El dolor no se ha de capitalizar, se combate.
Si algo hemos demostrado los cubanos, desde nuestra trinchera sitiada, es que la vida solo vale la pena si se entrega. Pero no estamos dispuestos a seguir siendo la ofrenda sacrificial de los poderosos en el altar de la indiferencia.
Mírennos a los ojos. Somos el mismo pueblo que curó a sus esclavistas cuando el huracán mató al odio. Somos los que compartimos la penuria para que otro viva. Exijo, como un grito telúrico nacido del Malecón y de la Sierra, que nos dejen vivir en paz. Cese ya la asfixia, cesen las sanciones del oprobio, o carguen para siempre con la vergüenza de haber subastado la compasión mientras nosotros, una vez más, compartíamos el poco pan que no teníamos para alimentar al mundo.

DdA, XXII/6347

viernes, 15 de mayo de 2026

SANGRE QUE ATESORABA PARA EL AMOR SUS DONES


Lazarillo

Acabamos de tener noticia de la llegada a las librerías de una nueva obra del historiador Andrés Amorós, del que tuvimos el gusto de leer varias biografías, todas excelentes, como las de Pablo Neruda, Salvador Allende o Dolores Ibarruri. Ahora Amorós nos obsequia con la del poeta Miguel Hernández, del que también estos días se han publicado en Alianza Editorial sus escritos periodísticos durante la guerra, despreciados por Andrés Trapiello en un artículo publicado en el diario El Mundo, donde critica con insania el editor de la obra, Joaquín Riera Ginestar, lo que impulsó a éste a la correspondiente réplica. De ambos libros esperamos dar cumplida cuenta en este DdA porque los dos me parecen imprescindibles, aunque Trapiello prefiera a Chaves Nogales, que puede que escribiera mejor de la guerra como profesional del periodismo, pero que no la contó tan de cerca como lo hizo Hernández.  Por quitarnos el mal sabor de boca que dejan siempre estas menudencias, sobre todo cuando se notan en exceso filias y fobias, recuperamos este poema de Miguel Hernández, que no necesita más crédito que el de sus versos -escribiendo dos años después del comienzo de la guerra- para llegarnos al alma:

Es sangre, no granizo, lo que azota mis sienes
Son dos años de sangre: son dos inundaciones.
Sangre de acción solar, devoradora vienes,
hasta dejar sin nadie y ahogados los balcones.
Sangre que es el mejor de los mejores bienes.
Sangre que atesoraba para el amor sus dones.
Vedla enturbiando mares, sobrecogiendo trenes,
desalentando toros donde alentó leones.
El tiempo es sangre. El tiempo circula por mis venas.
Y ante el reloj y el alba me siento más que herido,
y oigo un chocar de sangres de todos los tamaños.
Sangre donde se puede bañar la muerte apenas:
fulgor emocionante que no ha palidecido,
porque lo recogieron mis ojos de mil años".
18 de julio 1936, 18 de julio 1938

DdA, XXII/6346

"DESPUÉS DE UN DÍA DE MIERDA EN EL INSTI", LEYÓ LA REINA CONSORTE


La reina Letizia durante el acto de entrega de la 48 edición de los Premios SM de Literatura Infantil y Juvenil


Ana Cardo

Leo que en los medios y mentideros conservadores no ha sentado bien que una reina consorte de España, la actual esposa de Felipe VI, se haya expresado públicamente, aunque sea leyendo un texto literario, poniendo en sus labios la palabra mierda que utilizaba la autora del escrito, perteneciente al libro de Alba Quintas Garciandia La cuarta vida de Blanca Cuervo, galardonado con el premio de literatura infantil y juvenil El Barco de Vapor y Gran Angular. Doña Letizia Ortiz, muy interesada por este tipo de literatura, acudió al acto donde se celebró la concesión de esos premios, la Casa de Correos, e hizo una estupenda lectura dramatizada de un breve fragmento del libro: "Después de un día de mierda en el insti", comenzaba la lectura de la Reina. Empiezo a ver TikToks… Y veo a una tía impresionante (…) Vacaciones en playas que parecen paraísos y tú te quedas ahí con el culo torcido y entras en su perfil para ver en qué trabaja y tiene un link al perfil de otra red social, la que realmente le da dinero y ya lo sabes", leyó la reina. Lo hizo muy bien y dijo además cosas interesantes acerca de la lectura y los riesgos que corren los menores en  las redes sociales. Que a la salida del acto, en la Puerta del Sol, doña Letizia se interesara por las demandas de las educadoras infantiles solicitando en sus movilizaciones dignidad y reconocimiento para su trabajo, creo que merece ser reseñado. Pareció la de la reina consorte una jornada más propia de una presidenta de la tercera república. Sabiendo como sabemos de infantas e infantes con querencias de ese signo en el pasado, no estaría mal una reina republicana como colofón de la dinastía borbónica.

DdA, XXII/6346

DESDE CUBA: A LOS HIJOS E HIJAS DEL PUEBLO ESTADOUNIDENSE

Dicen que van a invadirnos. No saben que llevamos más de sesenta años invadidos por huracanes, tornados, dengue, chicunguya, pandemia y el constante el asedio de ustedes, y seguimos de pie. Pero esta vez no les hablo desde la resistencia épica, les hablo desde la fragilidad voluntaria del que tiende un puente de papel y tinta. No queremos sus bombas, queremos sus abrazos. No queremos su victoria, queremos su amistad. Que no sea demasiado tarde para que nuestros nietos sepan que elegimos la vida. Obliguen a los suyos a mirar el mapa con ojos de cooperación, escribe Torres desde La Habana. No permitan que la maquinaria del complejo militar-industrial les devore también a sus hijos, sus impuestos, su decencia. Piensen en esa noche cercana en que un crucero lleno de pasajeros curiosos podría atracar en La Habana y ser recibido con flores en lugar de barricadas. Piensen en los hoteles construidos juntos, donde el trabajador de Iowa y el campesino de Pinar del Río beban un café bajo una misma luna. Piensen en lo que significa crecer sin que nadie tenga que morir.


Raulito Torres/Aquí en La Habana

Esto no lo escribe un enemigo. Lo escribo como quien ha aprendido a conocerlos en los escombros de la historia, en los gestos solidarios que cruzan el Estrecho de la Florida cuando ese gobierno cierra los ojos. Escribo con la mano temblorosa de quien ha visto a su pueblo resistir lo que ninguna estadística podría medir: el bloqueo que casi nos asfixia, la asfixia que no nos ha vencido. Y sin embargo aquí estamos, respirando con creatividad, con solidaridad de vecinos que comparten el último pan, con la resiliencia terca del que planta un jardín sobre el cemento. Por eso, cuando escucho que el gobierno de ustedes planea una invasión, no puedo callar. No desde el odio, sino desde un amor entrañable por lo que ambos pueblos podríamos llegar a ser… y estamos a punto de perder.
Quieren un baño de sangre. Pero la sangre no distingue pasaportes. Créanme cuando les digo que ese baño de sangre no se detendrá en nuestras costas: regresará a las suyas en bolsas negras, en soldados rotos, en un nuevo precipicio moral que les costará décadas de luto y deshonra. Su propio pueblo, el que madruga para trabajar, el que sueña con llevar a sus hijos a la universidad, será sacrificado en el altar de un designio imperial que ni siquiera los mira. Las élites que hoy invocan la guerra no pondrán sus cuerpos en la línea de fuego. Pondrán los suyos.
Piensen en todo lo que se perderían ustedes. No hablo de territorios ni de hegemonías, hablo del abrazo posible entre dos pueblos que han sido condenados al desencuentro. Hablo de cada oportunidad que la soberbia asesina antes de nacer. Cierren los ojos un instante e imaginen conmigo, desde esta izquierda que es más ternura que ideología, lo que podría florecer si en lugar de portaaviones enviaran sus barcos llenos de científicos a intercambiar vacunas, a investigar juntos los misterios del cáncer con la biotecnología que supimos desarrollar en la carencia. Imaginen caravanas culturales donde nuestros músicos toquen en sus barrios y el jazz de Nueva Orleans se funda con el son de Santiago. Imaginen equipos de béisbol jugando amistosos no como propaganda, sino como niños que comparten el mismo guante bajo el mismo sol. Eso es lo que nos roban.
Eso y la protección del medioambiente: el Caribe que compartimos nos necesita como aliados, no como adversarios. Juntos podríamos restaurar los arrecifes de coral, limpiar las costas, enfrentar huracanes sin que el bloqueo retrase ni un solo panel solar. ¿Sabe lo que significa para un isleño pensar que el turismo de naturaleza, los cruceros llenos de viajeros que buscan la belleza y no la bala, los negocios hoteleros que respetan el paisaje y el alma local, podrían ser el pan de cada día en lugar de esta economía de resistencia perpetua? Hablo de crecimiento mutuo, de un intercambio digno donde ustedes vengan a caminar por Viñales, a escuchar el silencio elocuente de nuestros mogotes, a dejarse envolver por una noche de trova en el Malecón, mientras nosotros aprendemos de su espíritu emprendedor sin perder el alma solidaria. Todo eso está ahí, al alcance de la mano, y sin embargo prefieren los instructivos de guerra.
Cuánta oportunidad perdida. Cuánta belleza ahogada en la retórica del miedo. Se perderían ellos, sí: perderían la posibilidad de mirarse en nuestro espejo y descubrir que la resistencia creativa de un pueblo bloqueado no es una amenaza, sino una lección de humanidad. En nuestros barrios, donde a veces falta casi todo, sobra esa risa que inventa soluciones con alambre y amor. Ahí hay una sabiduría que ningún ejército puede conquistar, pero que cualquier vecino puede compartir si se acerca sin prepotencia. Ese intercambio, el más valioso, el de la inteligencia colectiva, es lo que ustedes dejarían de recibir si la bestia de la guerra se desata.
Me parte el alma, como músico y como cubano, comprender que la historia vuelve a poner sobre la mesa la peor versión del ser humano: la que confunde poder con destrucción. La filosofía de esta izquierda que abrazo no busca vencer a nadie; busca un nosotros más vasto, un nosotros sin bloqueos ni tanques, donde el mar deje de ser frontera para convertirse en puente. Sé que en el pueblo estadounidense palpita ese mismo anhelo. Lo he visto en los científicos que burlan las prohibiciones para investigar con nosotros, en los artistas que tienden sus manos, en los ciudadanos que llenan un avión de solidaridad cuando el huracán arrasa nuestros techos. Ellos son el pueblo real. No los que planean invasiones.
Por eso les alerto, casi con un nudo en la garganta: elijan mejor. Obliguen a los suyos a mirar el mapa con ojos de cooperación. No permitan que la maquinaria del complejo militar-industrial les devore también a sus hijos, sus impuestos, su decencia. Piensen en esa noche cercana en que un crucero lleno de pasajeros curiosos podría atracar en La Habana y ser recibido con flores en lugar de barricadas. Piensen en los hoteles construidos juntos, donde el trabajador de Iowa y el campesino de Pinar del Río beban un café bajo una misma luna. Piensen en lo que significa crecer sin que nadie tenga que morir.
Dicen que van a invadirnos. No saben que llevamos más de sesenta años invadidos por huracanes, tornados, dengue, chicunguya, pandemia y el constante el asedio de ustedes, y seguimos de pie. Pero esta vez no les hablo desde la resistencia épica, les hablo desde la fragilidad voluntaria del que tiende un puente de papel y tinta. No queremos sus bombas, queremos sus abrazos. No queremos su victoria, queremos su amistad. Que no sea demasiado tarde para que nuestros nietos sepan que elegimos la vida.
Confío en que estas palabras germinen en algún corazón al norte del Golfo, porque el amor entre los pueblos no es utopía: es una semilla que el odio insiste en pisotear, pero que siempre vuelve a brotar. Entre los cañaverales quemados de la historia, siempre, siempre vuelve a brotar. Nosotros tenemos muchísima experiencia.... Hágannos caso.

DdA, XXII/6346

jueves, 14 de mayo de 2026

LA SANGRE DE PALESTINA: VERSOS COMO GRITOS



Valentín Martín

Cuando yo llegué a la cantina de las viudas madrileñas, Mahmud Darwisch ya había cambiado de casa 12 veces. Darwisch amaba las aldeas, como sus siete hermanos y la estirpe galilea de sus padres. Nunca olvidó Birwa. Pero murió a corazón abierto, en el mismo lugar donde asesinaron al primer presidente católico de los Estados Unidos de América. Se le había hecho muy corta la vida, como a todos los palestinos a los que iban echando de sus casas los colonos sionistas.
Cuando yo llegué a la cantina de las viudas madrileñas era también un hijo ardido de aquel Mayo del 68 que pudo cambiar el mundo. Tiempo después, Don Victoriano, que había sido estudiante en Salamanca y ahora ganaba debates en la capital, cerró el nuestro con una contundencia: se perdió Mayo del 68 porque los obreros dejaron solos a los estudiantes. Que un obrero se ausente de una revolución va contra natura. Así que no sé yo, Don Victoriano.
Cuando yo llegué a la cantina de las viudas madrileñas los palestinos habían visto morir todas sus esperanzas al perder los árabes la guerra de los Seis Días que empezó con el exterminio de los aviones egipcios antes de despegar. Algo tendrían que decir los servicios secretos británicos y estadounidenses, pero el tema es otro: el olvido de Palestina.
Junto a un joven guerrillero y con un ensayo sobre poetas palestinos recorrí los periódicos de Madrid intentando evitar ese olvido. Todos hicieron oídos sordos, incluso el periódico del Opus que tenía como entrevistador de lujo para los domingos a un magnífico poeta comunista. Sólo escuchó el portaviones menos esperado.
No hay mayor dolor que el olvido. El olvido es la muerte total porque es como si no hubieses existido. Y hacia ese olvido silencioso de Palestina caminamos, no dándonos por aludidos cuando nos hablan 77.000 cadáveres que ya no palpitan.

Nuestro Félix Maraña sigue con la guadaña diaria contra las arrogancias y las tonterías. Pero también con un profundo amor por los más débiles o pobres. Y no hay pobreza mayor que 77.000 cadáveres palestinos. Para que no se olviden, para gritar sus nombres, ha escrito un libro, "La sangre palestina", con prólogo de Mikel Ayestaran, corresponsal de prensa en Oriente Medio, y un epílogo de Alfonso Pascal, edición de Huerga y Fierro (en su web está ya). El libro es un grito. Contra el genocidio, pero también contra el olvido. Porque nos estamos acostumbrando al olvido diario. Cómplices de ese genocidio seremos todos si nos callamos o no escuchamos. La sangre lejana de Palestina clama en los versos también. Y esta vez no hay un solo obrero a quien echar la culpa. 

DdA, XXII/6345

TRAS EL SHOW DE FLORENTINO, EL NACIONALMADRIDISMO PODRÍA LLEGA A SER CÓMICO

Ayer La Sexta, la de Ferreras, íntimo de Pérez, ofreció una larga y sumisa entrevista sorpresa con Florentino, presidente del Real Madrid, que fue de lo más denigrante para la profesión periodística, dado que el periodista se limitó a acatar las interrupciones continuas de su entrevistado, insistiendo hasta el hartazgo en que defendía a los socios del club, auténticos propietarios del mismo, y que por eso se presenta a las elecciones que ha convocado otra vez. Hoy nos dice Tecé en CTXT que lo que lo que hasta ayer era una tragedia de medios en manos del nacional-madridismo podría convertirse en algo cómico tras el show de Florentino. 


Gerardo Tecé

Sentados en el sofá, con el niño acostado y el mando de la tele en la mano, convencí a mi novia para cambiar la serie por el vídeo de la rueda de prensa que Florentino había dado por la tarde. Ni de coña, dijo en un primer momento de negociación. Te va a gustar, tiene muy buenas críticas, respondí. Ni muerta. Dura una hora, como un capítulo. Me divorcio. Tengo que escribir una columna mañana sobre esto –jugué sucio–, es un tema de trabajo. Pásame el cuaderno de crucigramas y déjame en paz para siempre, acabó aceptando encantada. Como el viejo Logan Roy en Succession, el capo del Real Madrid llegó a la rueda de prensa que había convocado de urgencia con esa cara de pocos amigos tan característica en gente que amasa enormes cantidades de poder y dinero. Buenas tardes, no voy a dimitir, voy a convocar elecciones porque hay gente que quiere robarnos el Real Madrid. ¿Ves? Es un thriller, le dije, pero ella andaba con el 8 horizontal –símbolo del cobalto, CO–. No tengo cáncer, como se ha dicho por ahí. Si lo tuviera, alguien me habría visto entrar en una clínica o algo, ¿no?, explicaba el presidente y ella, orgullosa y cabreada, fijaba la vista en un país europeo de cinco letras negándose al placer de aquella maravilla televisada.

He visto un artículo en el ABC que no me ha gustado, sacó el móvil Florentino y preguntó si estaba allí presente el despojo humano capaz de escribir con tono negativo sobre el mejor club de la historia de la Vía Láctea. Tras encararse con un periodista presente en la sala y decirle aquello de me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre del disgusto, prepárate a morir, Florentino anunció que mañana mismo se daría de baja del periódico del Grupo Vocento al que su padre lo suscribió hace 40 años. Un drama familiar, le dije a ella, que ya había llegado a la conclusión de que el país era Suiza y andaba por un guiso de carne picada de seis letras y sin inmutarse ante el acontecimiento cinematográfico de la década. Si entrase ahora desnudo Ferreras y se sentase junto a Florentino, ¿aceptaría que esto es majestuoso o seguiría negando la realidad por pura cabezonería?, me llegué a preguntar en plan con quién comparto mi vida.

¿Por qué se meten los periodistas con el Madrid?, se lamentaba Florentino una y otra vez en lo que ya hacía rato había pasado a ser un homenaje a Donald Trump. Make Real Great AgainGreat, Again: MR. GAGA. Hay una mujer que ha escrito un artículo sobre el Real Madrid y ni siquiera sé si esta señora sabe de fútbol, denunciaba Florentino que hay gente –mujeres para más inri– que no ha superado el Floren-test que permite ejercer el oficio en España. Y sin embargo ahí están, escribiendo en medios como si tal cosa. Indignante. Gracias a mí, los niños de África ven el fútbol gratis. Soy el mejor presidente de la Historia. Todos los años se dan de hostias varios jugadores en el vestuario –mira, ¿ves? A ti te gustó El club de la lucha, le dije, y el guiso de seis letras era gigote–. Esto es lo normal en el vestuario del club más señor del planeta, lo indignante es que la prensa lo cuente, explicaba Florentino, que de ahí pasó a denunciar que le han robado siete ligas. Es decir, que la carrera futbolística de Messi fue una estafa, un cuento, un invento perpetrado por aquellos que tanto odian al Real Madrid, que son muchos. Turno de preguntas. Venga, niña, pregunta tú que estos son muy feos. Es The Office, le dije, y ella que si río de Italia PO.

Tras cinco años usando su poder para censurar la publicación de sus famosos audios crucificando a periodistas y jugadores, Florentino Pérez convocó a los medios para insultar a todo bicho viviente, esta vez sin grabadora oculta, mostrando lo de aquellos audios en directo y televisado. Una estrategia curiosa, un guion difícil de entender como una peli de Christopher Nolan –¿de verdad va a terminar este espectáculo y tú sin mirar? Nave es Nao– en el que el argumento central es que existe gente que opina cosas sobre el Real Madrid sin permiso de Florentino y eso no se va a tolerar más. Como en la escena de El Padrino en la que durante el bautizo del hijo de Michael Corleone se aprovecha para ajustar cuentas pendientes, Florentino dirigía su propia eucaristía mientras en la sede de Vocento, editor de ABC, se anunciaba un repentino cambio en la presidencia. Tras años de litigio, en la mañana posterior al show florentiniano, la Audiencia Provincial de Madrid anuncia que lo del ruido de los conciertos del Bernabéu no tiene nada que ver con el Real Madrid. Las quejas vecinales han sido, una vez más, un movimiento malintencionado. Puro antimadridismo, tal vez. O, quién sabe, el vecino del quinto infiltrado en la trama Negreira para dañar al club más grande, limpio y admirado de la historia universal del fútbol mundial.

Conocimiento de las propias limitaciones y defectos, ocho letras, humildad. Me van a tener que echar de aquí a tiros, dejó como gran titular Florentino y no era fácil elegir ante tal avalancha de señorío y saber estar desplegado durante más de una hora. ¿Por qué los madridistas tenemos que soportar leer o escuchar cosas que no nos gustan? No hay derecho. Los florentiners, doloridos como quien durmió anoche en el –asiento cómodo para dos o más personas– sofá, lamen las heridas de su amo a la espera de que los terribles enemigos anunciados aparezcan por algún lado. Si no lo hacen, si todos esos enemigos finalmente no llegan, a alguien se le va a poner cara de Quijote. Quijote con poder suficiente para poner y quitar periodistas. Para obligar a este oficio a llevar en portada que hay molinos moviéndose. Lo que hasta ayer era una tragedia de medios en manos del nacionalmadridismo podría convertirse en algo cómico tras el show de Florentino. Estaremos atentos.

DdA, XXII/6345

HERNANDO VUELVE A MANCHARSE DEFENDIENDO A ACOSADORES


Lazarillo

Como se les ha retirado la acreditación a dos acosadores de los parlamentarios y periodistas de izquierda que acudían con ese fin al Congreso de los Diputados, uno de los diputados cuyo currículum cuenta con episodios tan poco ejemplares como un intento de agresión de Pérez Rubalcaba o sus agravios a los familiares de las víctimas de la dictadura, acaba de encorajinarse diciendo que esa retirada de acreditación a periodistas no tiene precedentes en el Congreso en casi cincuenta años de democracia. Defiende con ello Rafael Hernando a quienes no son periodistas pero contaron con el dinero del Partido Popular para que un determinado canal catapultara a uno de los acosadores para que ejerciera como tal micrófono en mano. En efecto, no hay precedentes en casi cincuenta años de democracia de que tipos así actuaran como lo viene haciendo estos sujetos, a sueldo de medios afines a una derecha cada vez más montaraz. No debería Hernando recurrir a los precedentes históricos en el Congreso, sabiendo como sabe que en los suyos hay manchas que no se quitan, mucho menos si se defiende a quienes trata de defender. 

DdA, XXII/6345

CARTELADA DESMOVILIZADORA DEL PP CONTRA EL PSOE EN ANDALUCÍA


Félix Población

Parece que sí, que definitivamente y a pesar de las encuestas favorables, el Partido Popular se ha puesto nervioso ante la posibilidad de que las elecciones autonómicas en Andalucía ofrezcan unos resultados no tan favorables como los previstos. Si no, no se explica la pegada de carteles que han aparecido por las ciudades andaluzas, tal como el que ilustra este post, tratando de desmovilizar el voto al Partido Socialista. Lo leemos en El Diario y tal como también se indica en este mismo periódico, el hecho nos recuerda una campaña desmovilizadora similar que en este caso pretendió dirigirse a los electores de izquierda en general. El promotor entonces (2019) fue un empleado del consultor Aleix Sanmartín, gurú electoral de Pablo Casado, y puesto que Sanmartín ya había lanzado anteriormente una operación similar a favor del Partido Popular en Andalucía con mensajes falsos de supuestos militantes socialistas que enfrentaban a Pedro Sánchez con Susana Díaz, bien parece que lo de ahora a modo de copia literal podría tener similar origen. En todo caso, este recurso me parece, por viejo y simple, un síntoma de que al Partido Popular alguien le ha ido con el soplo de que no se fíe de las encuestas que se publican y ha tratado de reaccionar con lo primero que se le ha ocurrido, que es esta muy primaria y caduca pegada de carteles a unos pocos días de los comicios. Puede también que esta operación tan avejentada de sentido obedezca a que en la calle Génova no han quedado muy satisfechos con la semblanza de Moreno con los papeles por el suelo en el primero de los debates televisivos, sin que tan mala imagen haya sido enmendada con el segundo. Ya sabemos que no son comparables unas elecciones autonómicas con unas generales, pero no debemos olvidar que en las generales de hace tres años Partido Popular y Partido Socialista estuvieron bastante igualados, sin que esto quiera decir que lo vayan a estar ahora. Con todo, esta cartelada de última hora resucitando a Susana Díaz de una vieja campaña no me parece lo más concordante con la previsión de resultados que han dado las encuestas.

DdA, XXII/6345

Publicidad

Alojado en Cyberneticos