Con la croniquilla futbolera de Rajoy recordó Tecé que la fuerza del fascismo no está en el nazi capaz de patear a un inmigrante, sino en el tipo simpaticón que cuenta chistes racistas en la sobremesa recibiendo risas. Rajoy nos recuerda en su columna que la gran ventaja de los pensamientos podridos es su enorme compatibilidad con el buen rollo. Uno puede ir por ahí diciendo que no le gustan los gitanos, que las tías son unas histéricas y los mariquitas viciosos y que eso sólo le convierta en racista, machista u homófobo en los histéricos ojos de los amargados que pretenden darte una charla.
Gerado Tecé
La última actuación de Mariano Rajoy como cómico fue en una de esas quedadas organizadas por señores con chaqueta, corbata y suficientes apellidos como para jurar por el marquesado del abuelo que llegaron a CEO mediante sacrificio y esfuerzo. Empecé en un garaje, fue aparcando el Porsche cuando mi padre me dijo que se jubilaba. En una de esas reuniones en las que a darse la razón y comer bien se le llama foro, el expresidente nos hizo reír una vez más. Ahora no puedes separar el tapón de la botella de agua, decía, y yo me pongo perdido, qué necesidad hay de esto, un poco de sentido común, por favor, se quejaba de las medidas medioambientales europeas –con el voto a favor de su propio partido– y los presentes se meaban de la risa. No se puede ser más gracioso, es un crack, alababan en los corrillos a aquel tipo inhabilitado para abrir una botella girando un tapón de rosca, pero capaz de aplicar recortes salvajes contra los pobres, esa gente que si no se ríe es porque no acude a los foros suficientes.
Que Rajoy cae mejor que Greta Thumberg no es un secreto ni en una manifestación por el clima. Es humano. ¿Quién no se ríe más con el repetidor que con el empollón de la clase? ¿Quién prefiere quedar para unas cervezas con el amigo responsable que con el inconsciente? ¿Cómo no va a caer bien un Rajoy –no confundir con M.Rajoy– que, mientras negociaba presupuestos para asfixiar a los trabajadores, hacía pausas para ver jugar al Madrid? Quien pensó que, tras cada partido de la selección española, don Mariano podría escribir –o enviar por audio de whatsapp– una columna de opinión, es un genio. Como amante del fútbol y de la política no me pierdo una. Con Rajoy siempre se aprende. Que gana el que marca más goles, que son once contra once y eso suma veintidós. Que, al fin y al cabo, una portería está formada por tres palos y se trata de hacer pasar la pelota por ahí en medio. Sus análisis no ganarán un Pulitzer, pero un buen día podrían sacar del coma cerebral a una coliflor o una lechuga y verás el susto.
Además de aprender, con Rajoy se recuerda. En su último análisis, quien dirigiera el gobierno de España durante siete años aseguró que en la selección de Francia no hay franceses y no sabemos cómo han reaccionado las lechugas, pero esto ha confundido a muchos humanos. Yo, que he visto durante este último mes marcar goles a los parisinos Mbappé y Dembélé, dar asistencias al llionés Barcolá o defender al normando Tchouamení, no entendía hasta que recordé. Recordé que los titulares de Francia son negros y que Rajoy es aquel gallego de familia acomodada que en su juventud, antes de ser presidente del gobierno o periodista deportivo, escribía que los hijos de buena estirpe siempre superan a los demás. Recordé que la fuerza del fascismo no está en el nazi capaz de patear a un inmigrante, sino en el tipo simpaticón que cuenta chistes racistas en la sobremesa recibiendo risas. Rajoy nos recuerda en su columna que la gran ventaja de los pensamientos podridos es su enorme compatibilidad con el buen rollo. Uno puede ir por ahí diciendo que no le gustan los gitanos, que las tías son unas histéricas y los mariquitas viciosos y que eso sólo le convierta en racista, machista u homófobo en los histéricos ojos de los amargados que pretenden darte una charla. Uno puede ser el presidente del gobierno que cobraba sobresueldos y animaba por SMS a corruptos mientras castigaba a los pobres para pagar la fiesta de los ricos y que esos mismos pobres te consideren un un tío majo, encantador, simpático. Rajoy no hace daño a nadie por decir que si eres negro no eres francés. Negar derechos por el color de la piel no lo convierte en un ultra o un racista, sino en el tío simpático de siempre, un moderado que habla de fútbol sin meterse con nadie. Pues verás como viene algún radical y llama facha al pobre Mariano.
UN ARTÍCULO DE RAJOY DE 1983 EN EL DIARIO FARO DE VIGO (PINCHAR EN EL TEXTO PARA LEERLO)
CTXT DdA, XXII/6406








