miércoles, 19 de agosto de 2026

LA AUTONOMÍA ASTURIANA NO ABANDONÓ EL VIEJO REGIONALISMO PROVINCIANO

 

Consejo Interprovincial de Asturias y León, Gijón enero de 1937 | Foto original Constantino Suárez / Museo del Pueblo de Asturias [1]
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El historiador Pablo Martínez Corral está detrás del descubrimiento de un valioso documento hallado en el Archivo General Militar de Ávila. Se trata de un proyecto de Estatuto del Consejo Regional de Asturias y León, alumbrado durante la Guerra Civil, en el que Asturias se une a las provincias de León, Zamora y Salamanca, con un esbozo de instituciones y objetivos para articular su autonomía dentro del marco estatal. El historiador sostiene que el documento de 1937 no demuestra cuál debía haber sido la Asturias autonómica de 1981. Demuestra algo quizá más incómodo y mucho más fértil: que había alternativas. Asturias podía haberse contado desde Covadonga, pero también desde sus experiencias de soberanía, desde el municipalismo, desde el movimiento obrero, desde la República, desde León o desde quienes intentaron gobernar colectivamente sus recursos.

Pablo Martínez Corral, La Nueva España

Asturias no estaba condenada a llegar a 1981 de la mano de Pelayo. La historia del autogobierno asturiano no puede reducirse a una línea que conduzca inevitablemente desde Covadonga hasta el Estatuto. Esa es una genealogía construida, no el único camino posible. Asturias existió antes como comunidad y sobre ella se proyectaron formas muy diferentes –y muchas veces enfrentadas– de entender el país. Las élites construyeron con enorme éxito la Asturias de Covadonga y la Reconquista: una tierra singular porque habría sido la cuna de España. Ese relato permitió reconocer Asturias y, al mismo tiempo, neutralizar políticamente su singularidad. El país podía ser exaltado siempre que su historia terminase desembocando en una España unitaria. El franquismo llevó esa tradición hasta convertirla en uno de los grandes mitos del nacionalcatolicismo.

Pero no fue el único proyecto. Hubo federalistas, regionalistas, republicanos y, sobre todo, una poderosa sociedad obrera que fue haciendo país desde otro lugar. Minas, fábricas, ferrocarriles y puertos conectaron el territorio; sindicatos, cooperativas, agrupaciones socialistas, ateneos y casas del pueblo construyeron una escala asturiana de organización. El movimiento obrero no necesitó proclamarse nacionalista para apropiarse políticamente del territorio. Su preocupación eran los salarios, la vivienda, la educación, la sanidad o el control de los recursos, pero al organizar esas luchas estaba creando redes, cuadros y capacidad de gobierno.

La guerra transformó esa capacidad social en poder efectivo. Después de julio de 1936, los comités, el Comité Provincial y finalmente el Consejo Interprovincial de Asturias y León tuvieron que administrar producción, abastecimientos, transportes, justicia, sanidad, orden público y defensa. El autogobierno no comenzó el 24 de agosto de 1937. Se construyó mucho antes, reunión tras reunión, porque el aislamiento obligaba a resolver en Asturias cuestiones que Valencia no podía atender a tiempo. Las propias actas muestran a un Consejo que dejó de ser un simple transmisor de órdenes y se convirtió en una verdadera administración regional.

En ese contexto aparece el proyecto de Estatuto[2] del Consejo Regional de Asturias y León, conservado en el Archivo General Militar de Ávila. El documento es mecanografiado, presenta correcciones y carece de fecha y firma. No sabemos quién lo redactó ni podemos atribuírselo a una persona concreta. Pero pertenece documentalmente al mundo institucional del Consejo y puede situarse prudentemente durante la etapa del Consejo Interprovincial, antes de la proclamación soberana. Eso cambia la perspectiva: no estamos ante una ocurrencia provocada por el derrumbe de Santander, sino ante el intento de pensar cómo aquella autonomía que ya se estaba practicando podía transformarse en una organización política duradera dentro de la República.

Aquí aparece una cuestión que va mucho más allá del documento. Había alternativas para imaginar Asturias. Una era la Asturias de Covadonga. Otra, la Asturias administrativa. Otra, la federal. Y durante la guerra apareció una Asturias popular que vinculaba autogobierno con trabajo, Hacienda, justicia, transportes, sanidad y control de los recursos. Incluso podía imaginarse Asturias más allá de los límites provinciales, recuperando su relación histórica con León y un espacio asturleonés que también pertenecía a nuestra memoria. ¿Por qué recordar únicamente a Pelayo y no reivindicar también otras tradiciones políticas de aquel viejo espacio común, incluso aquellas Cortes leonesas que forman igualmente parte de esa historia? No para inventar una continuidad medieval, sino para demostrar precisamente que el pasado disponible era mucho más amplio que el finalmente elegido.

Sin embargo, nuestra autonomía terminó simbólicamente abrazada otra vez a Covadonga y a la Santina. Y eso significaba mucho más que escoger una festividad. Se escogía un paisaje, una genealogía y una determinada manera de explicar Asturias. Frente a la Junta de 1808, Sama, Gijón o el Consejo de 1937, volvieron la cueva, Pelayo y la Reconquista.

Se construyó un Estatuto, se levantaron instituciones y se recuperó la Junta General, pero en el fondo no se abandonó por completo el viejo regionalismo provinciano. La nueva autonomía necesitó una memoria y volvió a escoger, en buena medida, la más antigua y la menos incómoda. Los lugares de memoria también son decisiones políticas: determinan qué pasado convertimos en tradición y qué otros pasados dejamos en los márgenes. Se nos vistió otra vez con la vieja casulla.

El documento de 1937 no demuestra cuál debía haber sido la Asturias de 1981. Demuestra algo quizá más incómodo y mucho más fértil: que había alternativas. Asturias podía haberse contado desde Covadonga, pero también desde sus experiencias de soberanía, desde el municipalismo, desde el movimiento obrero, desde la República, desde León o desde quienes intentaron gobernar colectivamente sus recursos.

Pablo Martínez Corral es historiador e investigador de «La Trókola», asociación asturiana dedicada al estudio, la investigación, la recuperación y la divulgación de la memoria histórica y social

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Notas Asturias Laica

[1] La foto de Constantino Suarez incluida en el blog tiene «retocada» la nitidez con IA (ver original difundida en prensa). De izquierda a derecha, Onofre García Tirador, Ramón Fernández Posada, Maximiliano Llamedo (de pie), Antonio Ortega, Valentín Calleja, Belarmino Tomás, Juan Ambou, Gonzalo López, Rafael Fernández (de pie), Maldonado y Aquilino Fernández Roces.

[2] Hallan un plan de Estatuto de Autonomía de Asturias hecho durante la Guerra Civil que aglutinaba también a León, Zamora y Salamanca (incluye el texto del proyecto de Estatuto).

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6441

LO QUE FUE "ERA", UNA EDITORIAL DEL EXILIO ESPAÑOL

 Ediciones Era anunció ayer su cierre definitivo a causa de la inviabilidad económica de proseguir sus operaciones. En un comunicado dirigido a clientes y amigos, la casa editora dio a conocer que “a 66 años de la publicación del primer libro de Ediciones Era, nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros libros. La red de librerías que existía antes de la pandemia y que garantizaba nuestra subsistencia desapareció, al grado de que las ventas se desplomaron hasta ser apenas 25 por ciento de lo que eran antes”El sello fue fundado en septiembre de 1960 por tres integrantes del exilio español: Neus Espresate, José Azorín y Vicente Rojo.



La pérdida de Era trasciende el ámbito comercial o bibliográfico para convertirse en un duelo colectivo en la cultura, la política y la sociedad de México y América Latina. Más que una editorial, se apaga una de las trincheras intelectuales de las izquierdas, un espacio que durante generaciones dio voz a la disidencia, al rigor estético y a la convicción transformadora en momentos en que la censura y la represión pretendían imponer el silencio.

El sello fue fundado en septiembre de 1960 por tres integrantes del exilio español: Neus Espresate, José Azorín y Vicente Rojo. Desde su nacimiento, hizo saber su vocación de parteaguas: el primer título al cual se alude líneas arriba fue nada menos que La batalla de Cuba, reportaje realizado por Fernando Benítez y Enrique González Pedrero, que hasta hoy es fundamental para entender la verdadera dimensión histórica de la revolución cubana. Once años después, Era se atrevió a imprimir La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, una obra que ninguna editorial orientada al lucro habría publicado por la evidente animadversión que generaba en el régimen ese documento clave para la memoria histórica del país.

La impresionante reunión de plumas cobijada por Era incluyó a Malcolm Lowry, José Revueltas –cuyas obras probablemente habrían quedado inéditas por décadas sin la valentía de Era–, Vicente Leñero, Carlos Monsiváis, Augusto Monterroso, Sergio Pitol, Friedrich Katz, Adolfo Gilly, Efraín Huerta, Juan Gelman, Eliot Weinberger, Carlos Fuentes y muchos otros. Allí se editó el primer poemario de José Emilio Pacheco, y allí el Premio Cervantes publicó el resto de su poesía y su narrativa. Además, se tradujo a Gramsci y a György Lukács; y se publicó a uno de los más insignes marxistas mexicanos, Adolfo Sánchez Vázquez. También fue la casa de Pablo González Casanova, quizá el sociólogo más importante de nuestro país y sin duda uno de los pensadores más lúcidos y comprometidos de nuestros siglos XX y XXI. Su revista Cuadernos Políticos fue el foro en el que se suscitaron los más importantes debates de la intelectualidad progresista en las décadas de 1970 y 1980, es decir, cuando México se convirtió en refugio para las grandes mentes que huían de las dictaduras auspiciadas por Washington en América Latina y el Caribe. En artículos de Cuadernos y en libros de Era se encuentran algunas de las páginas más importantes de la teoría de la dependencia, la propuesta conceptual latinoamericana más trascendente, el intento más acabado de explicar el origen y las peculiaridades del subdesarrollo en el subcontinente. Ya en la década de 1990, Era dio voz a los testimonios del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuya causa fue central en el pensamiento de González Casanova y renovó a las izquierdas mexicanas.

Que una casa editorial con semejante patrimonio no pueda sostenerse bajo las reglas del modelo económico actual evidencia las fallas estructurales de un sistema que valora las ideas en función de su rentabilidad. El cierre de Ediciones Era exige una reflexión urgente sobre la necesidad de proteger la edición independiente y la soberanía cultural ante un mercado que sólo es libre de nombre, pero en realidad está controlado por un puñado de corporaciones. La despedida de Era es un llamado a sostener la trinchera del pensamiento verdaderamente crítico y a defender la cultura como derecho inalienable de los pueblos.

Era surgió en el momento preciso para ser la voz de una generación, y desaparece víctima del cambio de época: más allá de la vigencia de su catálogo y de la necesidad de que las nuevas generaciones conozcan la praxis de Revueltas, la mordacidad de Monsiváis y la perenne lucha contra el imperialismo, lo cierto es que hoy las pantallas desplazan al papel; la capacidad de atender lecturas extensas y complejas se reduce por el ansia de inmediatez; las causas revolucionarias son aplastadas por el consumismo, pero también por un capitalismo mucho más salvaje que el de 1960, en el cual los jóvenes deben resolver lo inmediato y no parece quedar tiempo para hacer la revolución.

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LA JORNADA MX.  DdA, XXII/6441

GARCÍA LORCA, PORTADA DE L'HUMANITÉ, EL PERIÓDICO DE OTRO ASESINADO

Lazarillo

Ningún periódico diario de su país se atrevió con esta portada que le dedicó a Federico el 18 de agosto el diario francés L'Humanité con motivo del nonagésimo aniversario del asesinato en su Granada de García Lorca. Por esta y otras razones frecuento desde hace tiempo las páginas del diario fundado en 1904 por Jean Jaurés, el político socialista francés, también asesinado por oponerse a la barbarie de la Primera Guerra Mundial. Aquí en España parece que estamos abonados a un periodismo que no ceja en obsequiarnos con la actualidad corrupta de cada día o con la refriega permanente entre la oposición y el gobierno. Ni siquiera en el mes vacacional de agosto cabe la posibilidad excepcional de dedicar a uno de los más sobresalientes poetas en lengua española una primera página como la del periódico francés. Con ello nos viene a decir L'Humanité que sus lectores se la merecen, lo cual denota en ellos una cualificación cultural loable. Es lo que tiene haber tenido a Jean Jaurés como fundador y mantener como cabecera la que desde hace más de 120 años honra los derroteros de este diario. Esto escribió Jaurés en el primer editorial de L'Humanité: "Hacia este gran objetivo de la humanidad, el socialismo también progresa por medios humanitarios. A medida que la democracia y la razón se desarrollan entre los pueblos y los individuos, la historia se libra de la necesidad de recurrir a la violencia. Que se afirme e ilumine el sufragio universal; que una educación laica vigorosa abra las mentes a nuevas ideas y cultive el hábito de la reflexión; que el proletariado se organice y agrupe según una ley cada vez más equitativa y amplia; y la gran transformación social que debe liberar a la humanidad de la propiedad oligárquica se logrará sin la violencia que, hace ciento diez años, ensangrentó la Revolución democrática y burguesa, y que nuestro gran comunista Babeuf lamentó en una admirable carta". 

DdA, XXII/6341

APROPIARSE DE GARCÍA LORCA Y EVACUAR LA HISTORIA

Decir «todos somos Federico» no equivale necesariamente a reconocer por qué Federico fue asesinado, puede significar lo contrario: convertir su muerte en una desgracia meteorológica, en una fatalidad  sin verdugos ni cómplices. Se trataba de intentar construir un artificio sobre la desaparición de las diferencias: víctimas y victimarios, republicanos y sublevados, perseguidos y perseguidores reunidos en una misma fotografía.



Lucio Martínez Pereda 

En 1998 el Partido Popular y la prensa española de derechas descubrieron que los derechos humanos podían ser una herramienta de propaganda política. Aznar visitó entonces la casa natal de Federico García Lorca, acompañado de Ana Botella. Al día siguiente, el diario ABC titulaba a toda página: «Aznar: Hoy todos somos Federico».La frase convertía a Lorca en una figura abstracta, despojada de su biografía política, de sus compromisos, de la violencia que lo asesino. Federico podía ser de todos siempre que dejara de ser, al mismo tiempo, el poeta republicano, homosexual, antifascista y asesinado por una maquinaria de terror cuyos responsables jamás fueron objeto de investigación. El muerto -una vez deshistorizado- resultaba  integrable en el patrimonio propagandístico de la derecha. La operación era sencilla: apropiarse del símbolo y evacuar la historia.

Porque decir «todos somos Federico» no equivale necesariamente a reconocer por qué Federico fue asesinado, puede significar lo contrario: convertir su muerte en una desgracia meteorológica, en una fatalidad  sin verdugos ni cómplices. Se trataba de intentar construir un artificio sobre la desaparición de las diferencias: víctimas y victimarios, republicanos y sublevados, perseguidos y perseguidores reunidos en una misma fotografía.

Así, el asesinato deja de ser asesinato y adquiere el estatuto de desgracia nacional. Una tormenta histórica. Un exceso de pasión colectiva. Una inclemencia de aquellos tiempos. Y como sucede con las catástrofes meteorológicas: no hay responsables, sólo mala fortuna; no hay una violencia política organizada, sino una abstracción llamada “la Guerra”; no hay verdugos, sino un país entero sumido en una especie de extravío simétrico.

La fotografía de 1998 aspiraba a producir esa simetría retrospectiva. Víctimas y victimarios, republicanos y sublevados, perseguidos y perseguidores debían caber, en el mismo álbum familiar de la Transición. El procedimiento era de una eficacia notable: se igualaba a todos ante un Federico convenientemente vacío de biografía, de política, de Historia  y de cadáver.

NUEVA REVOLUCIÓN DdA, XXII/6441

martes, 18 de agosto de 2026

CUBA SÍ QUIERE AL JOSÉ MARTÍ QUE NO QUIEREN EN LÁNCARA

 El alcalde de Láncara, el socialista Darío Piñeiro, confirmó este domingo que enviará una carta a la cónsul de Cuba en Galicia solicitando formalmente la retirada del busto de José Martí, instalado el pasado jueves en este municipio, junto a la casa en la que nació Ángel Castro, el padre de Fidel Castro, convertida en Centro de Interpretación de la Emigración GallegaEl regidor, que avanzó el contenido de esta misiva a través de sus redes sociales, argumenta que la escultura de José Martí, inaugurada durante la celebración del centenario de Fidel Castro, ha generado "profundo malestar e indignación" en la ciudadanía.

(De los periódicos)



Raulito Torres Candil/Aquí en La Habana

Láncara, tierra de niebla y piedra antigua, cuna de Ángel Castro, guarda con nosotros un vínculo que no se rompe con un acuerdo de pleno ni con el silencio de un bronce ausente. Si el busto de José Martí les pesa, si les incomoda su mirada de hombre libre, no lo arrumben en un almacén: entréguennoslo. Nosotros, los cubanos, lo reclamamos con el derecho que da la sangre y la gratitud. Martí no es una pieza decorativa; es la voz que nos enseñó que “Patria es humanidad”. Y si en su plaza ya no hay sitio para esa voz, la nuestra le abrirá las puertas.

Lo pondremos en una plaza de Cuba, donde el sol lo abrace y los niños aprendan que la decencia no prescribe. Allí estará mejor, rodeado de los suyos, sin pedir permiso para ser amado. Porque un busto se retira, pero una idea no se desaloja con un decreto. Si Láncara decide olvidar, nosotros recordaremos por los dos: sin rencor, con la firmeza dulce de quien camina la historia, la canta y la defiende. Ese bronce no sea un símbolo de ruptura, ya no de continuidad entonces: de Galicia a Cuba el tramo es corto cuando se trata de acoger un símbolo tan elevado que representa una humanidad que no se rinde.

DdA, XXII/6440

Y AHORA, FLAVIO BOLSONARO, FINANCIADO POR TRUMP

 


Después de las elecciones en Colombia y la victoria de su seguro servidor en la presidencia de aquella república, y tras el secuestro del presidente de Venezuela y la imposición de sus directrices a la presidenta encargada, Estados Unidos pone la mirada en Brasil, como cabía esperar, en el marco de las elecciones presidenciales que tendrán lugar el próximo 4 de octubre, con un Lula da Silva exultante como adversario. El inquilino de la Casa Blanca Donald Trump, fijó su posición para impulsar y financiar la candidatura del ultraderechista Flavio Bolsonaro, quien se medirá al candidato del PT y representante de la continuidad de la izquierda en aquel extenso país de América del Sur. El nuevo episodio de #LaOtraVoz de Sasi Alejandre nos cuenta, como Donald Trump promueve al hijo de Jair Bolsonaro, al objeto de ampliar su dominio en América Latina.

DdA, XX/6440

INCENDIOS Y ESCOPETAS CONTRA EL LOBO


Félix Población

El incendio forestal de la Mierla, en la Sierra Norte de Guadalajara, ha quemado este verano 32.000 hectáreas. En esa sierra vivían hasta cuatro manadas de lobos, cuatro. Es muy posible, con algo de suerte, que los animales adultos hayan huido y que los cachorros hayan sido víctimas del fuego en las loberas. Lo ha comentado Juan Carlos Blanco, doctor en biología y experto en esta especie animal, a la que en algunas comunidades al norte del Duero se la ha vuelto a cazar poniendo en riesgo, otra vez, el carácter protegido del que gozaba y en contra de los criterios científicos. Es muy posible que entre los incendios y decisiones como las de esos gobiernos, estemos poniendo otra vez en riesgo la vida del lobo en nuestros montes. De momento, y sin necesidad de escopetas, parece dudoso que vuelva a haber lobos en la Sierra de Norte de Guadalajara. Quedaban cuatro manadas y escuchando el otro día una grabación nocturna de los aullidos de este animal en la Sierra de la Culebra zamorana, que también sufrió un gran incendio hace unos años, casi les digo a los amigos de Aherca que me dolían por lo que, entre incendios y cazadores, le puede aguardar a la especie si no se repara en el despropósito que supone volver a cazar al lobo en un país en el que cada verano arden masivamente los (sus) montes. 

Estos días ha muerto Marcos Rodríguez Pantoja, el que fuera un niño abandonado en la posguerra española que convivió en los montes de Sierra Morena con una manada de lobos. Su historia lo hizo tan popular que se llegó a hacer una película. Por mucho que se haya fabulado sobre su niñez, lo cierto es que hace tiempo que el aullido del lobo no se escucha en Sierra Morena. Su voz era la más grave de toda la manada, leo hoy que escribe alguien que lo conoció y escuchó muchas veces variantes de su historia como si intentara explicarse  a sí mismo lo que le había ocurrido. Quizá lo haya sabido esa manada de lobos con los que se crio y vivió diez años de aquella oscura y hambrienta posguerra.

DdA, XXII/6440 

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXXIX): SOBRE OPROBIOS GLOBALIZADOS Y LA DULZURA DE LA VIDA

 


José Ignacio Fernández del Castro

«Quiero sentir el peso del mundo...
Volver a oír
entre las olas del mar,
del mar profundo,
la voz lejana que me susurra:
“La vida es dulce”.»
José María López Sanfeliu, conocido artísticamente como Kiko VENENO (Figueras, Gerona, 3 de abril de 1952): Inicio de “La vida es dulce”, 
primera canción del álbum Sensación térmica, (2013).

Mucha gente querría que, en cualquier mar (aunque no fuese muy profundo), las olas que llegan hasta su orilla le susurrasen con voz lejana que “la vida es dulce”... O, al menos, que “puede llegar a ser dulce”… O, simplemente, que tal vez pueda llegar un día, acaso por un instante, a tornarse dulce.

Pero no puede... Porque no tiene una orilla ni un mar a los que acercarse (todos están ya en proceso de privatización bajo la tutela de cualquier impulso de las políticas neoliberales: las orillas del mar y sus susurros para quien pueda pagárselos)...
Así que, desesperada por tantos desahucios vitales, la buena gente prefiere no acercarse a las orillas de mar alguno (sobre todo cuando toman la forma de acantilado) para evitar la tentación de acabar con todo de una vez... Porque ofuscada por las consecuencias concretas de las sucesivas crisis-estafa sobre su persona, se ha ido  quedando sorda para cualquier rumor marino... Y, hundida bajo el oprobio globalizado y demonizado su grito de queja como un desafuero antidemocrático, se halla definitivamente persuadida de que, en su indisimulable condición de lumpen, no merece dulzura alguna de la vida...
Y, sin embargo, Kiko Veneno tiene razón... El propio peso del mundo nos hace sentir que la vida es dulce... O que puede serlo... O que debiera serlo.
Por eso la voz colectiva debe crecer para reclamar el derecho de cada cual a participar de esa dulzura de la vida...  Puede y debe hacerlo señalando nítidamente a los responsables del injusto reparto de la dulzura de la vida.
Aunque los poderosos, sus testaferros políticos y sus voceros de turno descalifiquen torticeramente ese comprensible, necesario y urgente (y, por definición, absolutamente pacífico) escrache vital.
Porque en la defensa del derecho universal a la dulzura nos va la posibilidad misma de reinventar la vida… ¡Sin piedad!.

DdA, XXII/6340

RECUERDO DE JAVIER GARCÍA SANCHO, CON LA MAYOR GRATITUD


Ana Cardo

Las últimas noticias acerca del incendio de Peñas de Riglos, en Huesca, que han calcinado más de 17.000 hectáreas, dan por estabilizado la mayor parte del mismo, pero también dan cuenta de la muerte durante las labores de extinción de un cabo de la Unidad Militar de Emergencias (UME), cuya colaboración contribuyó a que las llamas no prosiguieran su marcha devastadora. Se llamaba Javier García Sancho y su persona, su trabajo y su compromiso jugándose la vida en una labor de tanto riego como la que acometía deben merecer el mayor reconocimiento. Quienes trabajaron en la extinción de este gran incendio evitaron no sólo que afectara a las localidades de la zona, sino también al convento de San Juan de la Peña, un edificio histórico, lugar de enterramiento de algunos de los primeros reyes de Aragón. En la hora de adiós, es posible que nada ni nadie pueda consolar a los familiares y amigos de la víctima, a quienes mandamos desde aquí un abrazo, pero sí sería desconsolador y muy deplorable que, de confirmarse la culpabilidad de la persona detenida como presunto autor del incendio, no se le aplicase la ley con el máximo rigor*. 

*Murió defendiendo el paraíso pirenaico, donde fuimos felices. Toda nuestra gratitud.

DdA, XXII/6440

lunes, 17 de agosto de 2026

¿UNA TERCERA GUERRA MUNDIAL A PEDAZOS?

 

Fuentes: ALAI [Imagen: Un tanque de combate Lynx en construcción en la mayor planta de producción de la empresa alemana de defensa Rheinmetall. Créditos: Carmen Jaspersen/CE - Servicio audiovisual/Unión Europea, 2025]


En este artículo el autor sostiene que en el actual contexto internacional, en el que la Unión Europea está redefiniendo su ‘papel internacional y reorganizando sus poderes internos’, Alemania tomó la iniciativa del rearme militar para enfrentarse de nuevo a Rusia, pero trabajando para Estados Unidos. ¿Estamos ante una tercera guerra mundial a pedazos?, se pregunta Monereo. ¿Cómo después de las dos sufridas en el pasado siglo puede la civilización humana plantearse otra ves esta cuestión?, nos preguntamos nosotros.


 

«La tarea más inmediata es asegurarse de que ningún Estado o combinación de Estados obtenga la capacidad de expulsar a los Estados Unidos de Eurasia o de limitar significativamente su decisivo papel de árbitro«

Zbigniew Brzezinski, 1997

Manuel Monereo

En 2014 el papa Francisco, creo recordar, describió un mundo de matanzas recurrentes, de crímenes, hambre, pobreza, desigualdades sociales insoportables y conflictos militares cada vez más graves; él entrevió que se estaba forjando “La guerra mondiale a pezzi”. Bergoglio, como buen jesuita, tuvo olfato, pensamiento geopolítico y sensibilidad por los problemas sociales. Conforme pasa el tiempo, la idea de que hemos entrado a una “Tercera guerra mundial a pedazos” cobra un nuevo sentido y se va imponiendo como interpretación de que los conflictos están interrelacionados y que tienden a un punto de quiebre, de ruptura. Otros autores, como Trenin o Todd, vienen hablando de lo mismo.

¿Qué unifica a estos conflictos? La respuesta económica, político-militar del Occidente colectivo (organizado y dirigido por Estados Unidos) para mantener, preservar, cueste lo que cueste, su “orden internacional” y sus “reglas”. Éste es el fundamento de su cohesión interna, las raíces de clase de su proyecto. El “pacificador” Donald Trump ha bombardeado siete países —Somalia, Yemen, Irán, Nigeria, Siria, Iraq y Venezuela— en tres continentes, ha asesinado a la dirección política iraní mientras estaba negociando, raptó al presidente Maduro y a su compañera Cilia tras matar a decenas de militares y amenaza brutalmente con intervenir militarmente en Cuba, tras someterla a un asedio que no busca otra cosa que su rendición incondicional por medio del hambre, la miseria, la enfermedad. Amparó y justificó, junto con la mayoría de la clase política occidental, el etnocidio del pueblo palestino, que todavía se mantiene.

Se habla, para intentar explicar lo que pasa, de que estamos en una etapa de transición de un definido mundo unipolar a un indefinido mundo multipolar, añadiendo, casi siempre por razones pedagógicas, la vieja definición de Gramsci: “la crisis consiste precisamente en que muere lo viejo sin que pueda nacer lo nuevo, y en ese interregno ocurren los más diversos fenómenos morbosos”. Hay que tener cuidado con las citas, lo digo autocríticamente. Una potencia hegemónica no muere, no colapsa de un día para otro, sino que inicia un proceso de decadencia que dura mucho tiempo, decenios, siempre acompañado por conflictos entre Estados, lucha de y entre clases, guerras entre las grandes potencias. Lo nuevo, si llega a nacer (los artefactos nucleares no están de adorno) es producto de la implosión de un determinado orden y, como dice José Luis Fiori, tiene en las guerras su fundamento último.

La singularidad de esta “guerra mundial a pedazos” es que se entrecruzan en ella dos crisis, a saber, el declive del poder de Estados Unidos y el ocaso de Occidente como “la cultura” y como “la civilización” unificadora del mundo, ambas están íntima y profundamente relacionadas. El término Occidente, desde el punto de vista geopolítico, ha sido un constructo, un dispositivo político-ideológico euroamericano que señalaba, de un lado, que el eje dominante de lo que pudiera ser Occidente pasaba a Estados Unidos y, de otro, que Europa se escindía en dos: “la vieja” (la occidental, decadente y sin nervio) y “la nueva” (anticomunista, pro norteamericana) y —es el núcleo de la operación— situaba a Rusia fuera de “Occidente” y fuera de “Europa”, devenida, una vez más, en lo “otro”, asiático, bárbaro, pronto a convertirse en el enemigo.

La pregunta es saber con cierta precisión de dónde se viene. Tiene su importancia, porque ayuda a situarnos y evita debates innecesarios. Lo primero es constatar que existe una fuerte asimetría de poder entre los defensores del orden existente y los que están obligados —sí, están obligados— a enfrentarse a él para sobrevivir. El imperialismo americano ha sido un específico modo de dominio y control que consiguió organizar su hegemonía en torno a la defensa del capitalismo en su conjunto y la protección contra el socialismo soviético. Cuando esa contradicción fue superada, su mando único apenas duró veinte años y terminó, como todo imperialismo, desgastado por las políticas que implementó y no fue capaz de gobernar. Es la gran paradoja. La globalización capitalista neoliberal fue el verdadero proyecto del nuevo siglo americano, la gran contrarrevolución de masas, que tuvo como consecuencia colateral la emergencia de China como gran potencia y la crisis de Estados Unidos como sociedad y Estado. El efecto más sobresaliente fue la llegada al gobierno de una coalición electoral y social dirigida por Donald Trump.

Tiene importancia tomar nota de las asimetrías, de las desigualdades de poder entre el imperialismo colectivo del que nos hablaba Samir Amin y las fuerzas, los Estados-civilización que se le oponen, precisamente, porque esas diferencias en términos de Producto Interno Bruto (PIB), dotación de recursos, infraestructura científico-tecnológica, dimensiones del complejo militar-industrial, gasto militar, estructura y composición de las fuerzas armadas hacen más previsible la guerra. Dicho más claramente, Estados Unidos sabe perfectamente que en unos años el potencial (económico, tecnológico, militar) de China será inalcanzable. Es necesario frenarla ahora, neutralizarla, sitiarla antes de que sea demasiado tarde. El conflicto en Ucrania tuvo que ver con esto: desgastar a Rusia, provocar un cambio de régimen y privar a China de su retaguardia estratégica. El factor tiempo es clave en la política de poder.

La Alianza Atlántica y la Unión Europea: ¿dos proyectos en crisis?

La Asamblea de Ankara de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), del 7 y 8 de este julio, da muchas pistas sobre el estado actual de la Alianza, sus contradicciones internas, las delicadas relaciones con la Administración Trump, las dificultades para implementar las políticas de militarización y rearme en economías en crisis, estancadas, altamente endeudas y con una fuerte represión salarial. Creo que la clave es empezar por lo verdaderamente importante: la Unión Europea se prepara para una guerra a plazo fijo con Rusia, Plan ReArmar Europa / Preparación 2030. Sobre la fecha hay alguna duda, ¿2030? ¿2029? o ¿2028?; sobre el ataque, no. La narrativa se repite hasta el infinito: Rusia atacará a Europa, hay que prepararse para derrotarla; la clave es ahora defender, apoyar a fondo a Ucrania con cada vez menos líneas rojas. La última: Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión de la Unión Europea (UE), ha acordado en Kiev con Zelenski que los países europeos produzcan drones para Ucrania.

¿Qué pruebas existen de que Putin atacará a la OTAN/UE? Los informes de inteligencia militar, los análisis de los Estados mayores de las Fuerzas Armadas. Según el Inspector General del ejército alemán, Carsten Breuer “tanto mis análisis como los de numerosos expertos internacionales apuntan que, para el 2029, Rusia podría estar en condiciones de atacar territorio de la OTAN”, concluyendo con “no estoy diciendo que el ataque sea inevitable, pero desde una perspectiva militar debemos contemplar el peor escenario y estar listos para afrontarlo”; “… la posibilidad real de una agresión rusa a plazo fijo tiene el consenso de los 32 miembros de la Alianza”. Unos días después, el 18 de junio de este mismo año, Alexus Grynkewich, comandante supremo aliado de la OTAN, declaraba en una entrevista en el Financial Times que, después de estudiar el asunto detenidamente, analizando los informes de inteligencia disponibles, constataba que no había ningún plan ruso para atacar a los países de la Alianza y que el gran país euroasiático no busca el conflicto con la Alianza, añadiendo que los rusos “comprenden perfectamente el significado del término alianza defensiva y entienden claramente que tenemos ciertas ventajas asimétricas”. Salta a la vista que el ataque previsible de Rusia poco o nada tiene que ver con la realidad. Se trata de una operación política relacionada con: a) la larga crisis de la Unión Europea; b) la guerra de Ucrania y, sobre todo, c) con Trump y su nueva política de seguridad y defensa. Las tres cuestiones están relacionadas y en proceso de cambio acelerado.

La Unión Europea ha representado, y sigue haciéndolo, a la “gran política” de las clases dirigentes de cada uno de los Estados que la componen; las coordina, las unifica en torno a un proyecto de clase y las integra en el área geopolítica hegemonizada por Estados Unidos. La OTAN ha sido su otro lado, su vertiente dura y oscura. Brzezinski lo explicó con bastante realismo: la actual Europa es un protectorado político-militar al servicio de sus intereses estratégicos y la OTAN, algo más que una alianza militar, un modo especifico de dirigir, organizar, influir y cooptar a las fuerzas armadas de los diversos países que la integran. UE y OTAN se han coordinado política y estratégicamente desde el principio, atravesando diversas fases y adaptándose a las circunstancias de cada momento. Las dos organizaciones son hoy el resultado de la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y de la disolución del Pacto de Varsovia. Las dos viven una etapa de crisis y de redefinición.

La UE acogió con entusiasmo la llegada de Biden y el fin del Trump 1.0. El “América ha vuelto” fue percibido como la oportunidad para salir de un ciclo marcado por el estancamiento y el declive. Había coincidencia en el objetivo geopolítico central: la defensa del “Orden internacional basado en normas”; es decir, frenar a China, bloquearla y, crucial, presionar a Rusia y obligarla a escoger entre la guerra o la derrota estratégica. Ucrania era el dispositivo para organizar un conflicto por delegación entre la OTAN/UE y la Rusia de Putin. Había un enemigo potente y creíble; una guerra en el corazón de Europa y una renacida unidad del Occidente colectivo. Era el “momento” de una UE geopolítica, actor internacional decisivo que encontraba, por fin, una salida basada en la reconversión tecnológico-militar de sus aparatos productivos, en el rearme acelerado y en la militarización de la política y de la sociedad, intentando organizar un nuevo consenso construido desde la inseguridad (la Covid-19 ayudó mucho) y el miedo. Lo que pasó después es conocido.

Trump, su inesperado retorno, lo cambió casi todo. Por lo pronto, recordó que siempre estuvo en contra de la guerra de Ucrania y que su prioridad estratégica (doctrina de seguridad y defensa nacional) era China; todo lo demás, secundario. Estados Unidos ya no tenía ni la fuerza ni el poder para combatir en todos los frentes, había que priorizar, palabra clave. Mientras tanto, la defensa de Europa pasaba a ser, en el plano militar, convencional y en el financiero, responsabilidad en exclusiva de los europeos, empezando por la financiación del enorme costo de la guerra en Ucrania. Rusia vino definida como “amenaza constante, pero manejable”. A esto hay que sumarle la cuestión de Groenlandia, la exigencia de incrementos sustanciales de los presupuestos militares y los acuerdos comerciales que obligan a la UE a invertir algo más de un billón de dólares en Estados Unidos, así como soportar un arancel básico del 15% para todos sus productos frente al 0% para las exportaciones norteamericanas.

Para la UE las propuestas de Donald Trump supusieron, por un lado, una ruptura radical con las políticas que estaban aplicando y, por otro, una vergonzosa señal pública de subordinación y vasallaje. La Unión vive una enorme contradicción: necesita que la guerra de desgaste contra Rusia continúe el mayor tiempo posible; no lo puede lograr sin el apoyo de Estados Unidos. Lo paradójico es que una autonomía estratégica real de la UE exigiría un acuerdo con Rusia. Trump, formalmente, ha pretendido gobernar la contradicción de ser el jefe real de la OTAN y, a la vez, propiciar un acuerdo con Rusia para una salida política realista a la situación ucraniana. Nunca lo consiguió.

La estrategia de los dirigentes europeos, y del secretario general Rutte, ha sido conceder al presidente norteamericano lo mucho que exigía, fortalecer económica y militarmente a Ucrania y neutralizar cualquier posibilidad de acuerdo con Rusia. El plan Colby (subsecretario de Guerra de Estados Unidos), la OTAN 3.0, se aprobó y se convierte en la política de la Alianza. La estrategia europea funcionó. Donald Trump llegó a Ankara muy debilitado por el fracaso militar con Irán y porque en el interior de su equipo ganaron, además, los sectores partidarios de someter a Rusia y fortalecer la alianza con la UE. Queda por saber si el presidente iba en serio en las negociaciones con Rusia o fue una trampa desde el principio. Esa duda, imagino, la tendrá Putin viendo cómo escala el conflicto y a un Trump aconsejando incrementar los ataques en profundidad contra Rusia para conseguir la paz.

La sombra de Mackinder es alargada: Alemania, de nuevo, contra Rusia

La guerra y los conflictos aceleran los procesos históricos. La UE está redefiniendo su papel internacional y reorganizando sus poderes internos. Hasta ahora, el eje había sido la alianza franco-alemana. Esto empieza a ser el pasado. Alemania quiere ser también un poder militar decisivo. El tabú militarista ha sido superado. No hay que confundirse: el gran país teutón quiere seguir siendo aliado estratégico de Estados Unidos para, a la vez, seguir hegemonizando una nueva UE en construcción. La política del actual gobierno alemán busca convertir a sus fuerzas armadas en el ancla central de la defensa europea. No se trata de organizar un ejército europeo, tampoco unos Estados Unidos de Europa, que ni están ni se esperan; es otra cosa, aprovechar el rearme y militarización para definir y proyectar políticas de poder, voluntad y dominio.

Alemania ha puesto en marcha un mastodóntico plan concebido desde sus intereses económicos, tecnológicos y estratégicos y coordinado con la OTAN. Las cifras son enormes: 779.000 millones de euros entre 2026 y 2030 para gasto militar y de seguridad, cifra muy similar a la del Plan ReArmar Europa / Preparación 2030 del conjunto de la UE. Objetivo declarado: que las Fuerzas Armadas de Alemania sean las más fuertes de Europa, centro logístico y tecnológico-militar decisivo con grandes capacidades ofensivas y con un gasto militar superior al de Rusia.

Parafraseando la conocida frase de Lord Hastings, primer secretario general de la OTAN, la nueva Alianza se estructuraría con base en “mantener a los rusos como enemigos, a los americanos dirigiendo y a los alemanes arriba”. Al final, la historia siempre vuelve y en su centro siempre, siempre, Eurasia. Sí, la sombra de Mackinder retorna una y otra vez: Alemania de nuevo contra Rusia y trabajando para Estados Unidos. Esta vez actuando de gregario de lujo. Karl Haushofer estará rabiando en su tumba y repitiendo que los líderes alemanes no saben geopolítica.

Fuente: https://www.alai.info/la-union-europea-en-guerra-alemania-al-timon/

REBELIÓN  DdA, XXII/6439