miércoles, 1 de julio de 2026

REVOLUCIÓN BOLIVARIANA VERSUS IMPERALISMO HUMANITARIO: LÍNEAS DE FRACTURA DE UN SEÍSMO

La Gran Misión Vivienda Venezuela, el programa de vivienda lanzado por Hugo Chávez en 2011, ha permitido construir millones de «viviendas dignas» en todo el país. La mayoría de estos edificios, construidos por diversas empresas chinas, brasileñas, bielorrusas y venezolanas, resistieron bien el seísmo. Cuando los edificios quedaron inhabitables —lo que ocurrió principalmente a lo largo de la falla costera—, tendieron a inclinarse en lugar de derrumbarse. Años de bloqueo y agresión imperialista han debilitado sin duda a Venezuela en el plano material. Sin embargo, la Revolución bolivariana ha engendrado un nuevo metabolismo social que no será fácil desmantelar: un pueblo organizado y un conjunto de instituciones capaces de responder a las crisis. Si el terremoto ha puesto al descubierto las vulnerabilidades del país, también ha revelado dónde reside su verdadera fortaleza: en el pueblo revolucionario y en unas transformaciones sociales e institucionales profundamente arraigadas.

 


Cira Pascual Marquina y Chris Gilbert
¿Qué cabe esperar de los imperios mediáticos sino el instante humanitario y las ruinas apocalípticas? Tras las campañas de la dictadura, el narcotráfico, la traición o la sumisión a los Estados Unidos, llegan ahora los primeros planos emocionales del Estado fallido, del vacío de poder, del descontento ante la inacción del gobierno. Con objetivos invariables: reforzar la campaña de la extrema derecha contra el gobierno bolivariano y neutralizar la opinión internacional de cara a una intervención exterior. Pero la realidad es muy diferente.
Veinticinco años de construcción de una poderosa organización popular, de una unidad cívico-militar impulsada por Chávez y de un Estado que, pese a más de 1.000 sanciones y el inhumano bloqueo de EE.UU. y la UE, mantiene como prioridad los servicios públicos, marcan la diferencia. A diferencia de los regímenes neoliberales, sin Estado, donde las ONG sirven de correa de transmisión del «imperialismo humanitario», Venezuela ofrece una respuesta rápida y masiva sobre el terreno. La soberanía alimentaria y el gran número de infraestructuras públicas han permitido atender las necesidades más urgentes. Las autoridades ya han distribuido más de 7.000 toneladas de alimentos a 75.238 familias. 10.834 voluntarios se han sumado a los miles de funcionarios de los equipos de protección civil y a los más de 30.000 funcionarios de los cuerpos de seguridad y del ejército para llevar a cabo las operaciones de socorro. El conjunto del personal de los ministerios, de las fuerzas armadas bolivarianas, la red nacional de organizaciones populares —entre ellas más de 5.000 autogobiernos comunales—, sin olvidar la cultura solidaria y anti-individualista de los venezolanos y las venezolanas, han salvado numerosas vidas y restablecido rápidamente los servicios públicos vitales, para pasar a la reconstrucción de miles de viviendas. El valiente personal de la solidaridad internacional, llegado de la ONU y de 32 países —entre ellos China, Suiza, Francia, Cuba, El Salvador, Vietnam, Brasil, Qatar, Estados Unidos, México, Colombia e India— representa la décima parte de la movilización nacional.
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No existe catástrofe puramente natural, sobre todo en un país en estado de sitio. Del mismo modo, la respuesta a toda catástrofe está siempre condicionada por factores sociales, políticos e incluso geopolíticos. Tras el devastador terremoto de 1812, ocurrido durante la lucha por la independencia, Simón Bolívar declaró: «Si la naturaleza se opone a nosotros, lucharemos contra ella y la haremos obedecernos.» Hoy, esta observación puede parecer chocante —como una extraña salida anti-ecológica—, pero lo que Bolívar quería decir es que el proyecto estratégico de emancipación debe permanecer en primer plano y guiar nuestras acciones, incluso ante un desafío natural.
Conviene tener esto presente al reflexionar sobre los seísmos que han golpeado recientemente a Venezuela. El hecho natural es simple: hubo un doble movimiento de tierra, primero una sacudida de magnitud 7,2 seguida, pocos segundos después, de otra de magnitud 7,5. A su paso, las destrucciones se produjeron a lo largo de fallas naturales, como la falla de San Sebastián que bordea la costa de La Guaira, pero también se propagaron a lo largo de fallas creadas por el imperialismo. En primer lugar figuraban las fracturas en las infraestructuras del país, en las capacidades de socorro de emergencia y en el sistema de salud, causadas por más de una década de paralizantes sanciones.
Estas sanciones, que aún superan las 1.000, no se reducen a simples palabras e intenciones hostiles. Las investigaciones llevadas a cabo por Mark Weisbrot en el CEPR de Washington estimaron que habían contribuido a unos 40.000 fallecimientos adicionales en el espacio de un solo año. Para quienes no conocen bien el sistema financiero internacional, el impacto de un régimen de sanciones de este tipo puede ser difícil de comprender. Sin embargo, el resultado neto es que toda transacción internacional se vuelve difícil. El comercio ordinario y las líneas de crédito se desmoronan, mientras que las empresas, los bancos y los gobiernos evitan las transacciones, incluso cuando son técnicamente legales en el marco del régimen de sanciones, pues carecen de certeza y temen represalias futuras.
Las consecuencias afectan a todos los aspectos de la preparación ante catástrofes y de las intervenciones en caso de catástrofe. En Venezuela, millones de personas comenzaron a emigrar poco después de la publicación del decreto presidencial de Obama en 2015, entre ellas médicos, socorristas, ingenieros civiles y otros profesionales cualificados. Se volvió más difícil reparar los equipos pesados de rescate, ya que las piezas de repuesto no podían importarse. Los hospitales tuvieron dificultades para reemplazar los equipos médicos especializados. Los servicios públicos aplazaron las operaciones de mantenimiento debido al agotamiento de la financiación y al temor de los proveedores a verse sometidos a sanciones secundarias. Incluso cuando las transacciones son técnicamente legales, los bancos y los fabricantes suelen actuar con excesivo celo, negándose a participar y obligando a las instituciones a improvisar en un contexto de escasez permanente.
Una segunda serie de fracturas se abrió a raíz de los ataques imperialistas del 3 de enero contra Venezuela, durante los cuales el presidente democráticamente electo Nicolás Maduro fue secuestrado en una operación militar que causó más de un centenar de muertos y dejó a muchas otras personas heridas y traumatizadas. Aunque la Revolución bolivariana logró conservar el poder político —elemento esencial en todo proceso revolucionario—, perdió el control de las ventas de petróleo de Venezuela (pero no de la soberanía sobre sus yacimientos, ni del resto de la economía) y se vio obligada a introducir «reformas» en la muy avanzada legislación del país que regula sus recursos naturales ante el bloqueo occidental, en particular en materia petrolera.
Todo ello significa que el seísmo que golpeó a Venezuela, devastador en todos los sentidos, fue hecho mucho más mortífero —tanto por su impacto inmediato como por sus consecuencias a largo plazo— por factores directamente imputables a la ofensiva continua y multiforme que el imperialismo estadounidense lleva a cabo contra el país y su pueblo. Cerca de 1.500 fallecimientos han sido ya oficialmente contabilizados, y este trágico balance seguirá aumentando en los próximos días. El número total de víctimas se dejará sentir en varios niveles, y la lucha para mitigar sus efectos mediante una respuesta eficaz, soberana y coordinada es ahora un campo de batalla, en cuyo centro se encuentra la contradicción con el imperialismo estadounidense.
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*Reacciones radicalmente diferentes*
Cuando el doble seísmo golpeó, fue percibido como una combinación inquietante de ruidos ensordecedores, sacudidas prolongadas y violentas, y un cielo de colores extraños. Un testigo lo describió como «un viento sin viento». La gente gritaba y los perros estaban presos del pánico. Edificios enteros se derrumbaron en montones de escombros, mientras se abrían grietas en la playa adonde muchos habían acudido a pasar el día festivo. Varios días después, personas permanecen aún atrapadas bajo los escombros. La situación es particularmente grave en las ciudades y pueblos que bordean la costa de La Guaira. En las redes sociales circulan cientos de fotos y nombres mientras las familias buscan desesperadamente a sus seres queridos desaparecidos.
En una situación así, es natural prestar ayuda sin pensar primero en los propios intereses. Eso es precisamente lo que han hecho las poblaciones de todo Venezuela y de los países vecinos. El gobierno de la presidenta en funciones Delcy Rodríguez también reaccionó con rapidez y determinación, movilizando los medios a su disposición en el espíritu centrado en el pueblo que caracteriza a la Revolución bolivariana desde hace tres décadas. Paralelamente a esta respuesta oficial, surgieron contribuciones espontáneas masivas: motos cargadas hasta los topes de suministros aflueron hacia las zonas siniestradas, mientras los voluntarios se unían a la inmensa operación de rescate llevada a cabo por el Estado, y equipos de ayuda procedentes de México, Cuba y Brasil llegaban rápidamente con asistencia concreta.
Si la compasión anima la reacción del gobierno venezolano y de los pueblos de América Latina, no puede decirse lo mismo del imperialismo estadounidense, para el cual la preocupación por la humanidad ha cedido paso a motivaciones de lucro, expropiación y dominación, y que tan a menudo ha buscado sacar provecho de la desgracia ajena. Al día siguiente del seísmo, el secretario de Estado Marco Rubio anunció fríamente que el Ministerio de Guerra, el SOUTHCOM y los marines desempeñarían un papel central en el esfuerzo de «ayuda» estadounidense.
Ya hemos visto cómo se desarrolla este escenario. Tras el devastador seísmo que golpeó Haití en 2010, el caballo de Troya apenas disimulado de la «ayuda humanitaria» estadounidense llegó en forma de un portaaviones y unos 20.000 soldados sobre el terreno. En el caso de Haití, esta ocupación de facto conllevó, entre otras cosas, una pérdida evidente de soberanía, casos probados de agresiones y explotación sexual, así como una epidemia de cólera propagada por las fuerzas de ocupación.
Frente a las ambiciones imperialistas, la voz del pueblo revolucionario venezolano se une en torno a tres reivindicaciones: Estados Unidos debe levantar completamente las sanciones, desbloquear todos los activos venezolanos y permitir al presidente Maduro y a Cilia Flores regresar a Venezuela. Si no se adoptan estas medidas, la presencia estadounidense se asemeja mucho a una simple ocupación militar —parte integrante de las ambiciones de recolonización expresadas por el imperialismo «MAGA» de Donald Trump, con su grotesca resurgencia de la doctrina Monroe.
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*La batalla por el control del discurso*
La lucha para defender de manera global al pueblo venezolano, su futuro y sus proyectos se desarrolla también en el terreno de los medios de comunicación y las redes sociales. Circulan alegaciones falsas y maliciosas que afirman que el gobierno no reacciona o que bloquea la ayuda humanitaria. Al mismo tiempo, vídeos procedentes de catástrofes sin relación con Venezuela —en particular terremotos en Turquía— han sido presentados como imágenes filmadas en Venezuela, acompañados de un aluvión de contenidos generados por IA. Gran parte de esta información proviene de la disconforme oposición de María Corina Machado, que se siente excluida de las negociaciones iniciadas tras el 3 de enero.
Lo que es cierto es que el gran número de conductores bienintencionados que intentaban llegar a La Guaira provocó un colapso en la autopista principal que une Caracas con La Guaira, impidiendo temporalmente la llegada de maquinaria pesada y ambulancias. Del mismo modo, tanta gente, coches y motos se concentraron alrededor de los lugares de socorro que las voces de las personas atrapadas bajo los escombros eran difíciles de escuchar, lo que entorpeció las operaciones de rescate. Los equipos de rescate nacionales e internacionales pidieron que se les dejara espacio para trabajar. El gobierno reaccionó estableciendo un centro de coordinación en el complejo deportivo llamado Poliedro de Caracas, donde la ayuda civil se recoge y se transporta en camiones hasta donde es necesaria. En dicho centro, los voluntarios son evaluados para determinar dónde pueden ser más útiles.
Si la pandemia de COVID nos enseñó algo, es que solo una respuesta dirigida por el Estado puede ser eficaz¹. Los actores no gubernamentales y los particulares son bienvenidos, pero deben inscribirse en un esfuerzo coordinado que solo un Estado soberano puede llevar a cabo. La «gran mentira» más difundida actualmente por los medios extranjeros es esencialmente la misma que siempre se ha utilizado contra la Revolución bolivariana: según esta mentira, un nivel de autoridad estatal comparable al ejercido por los gobiernos del Norte —y probablemente inferior— es calificado de «autoritario» cuando es ejercido en un país del Sur. Al mismo tiempo, algunos afirman que no hay respuesta gubernamental, abriendo así la puerta a una intervención exterior contundente.
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*Preparación revolucionaria*
Este doble seísmo golpeó a un país debilitado por las sanciones, pero fortalecido por la Revolución bolivariana, de 27 años de antigüedad, que ha marcado profundamente todos los aspectos de la sociedad venezolana. Si las sanciones han debilitado sistemáticamente las infraestructuras materiales de Venezuela, la Revolución bolivariana ha pasado más de dos décadas cultivando un nuevo metabolismo social. Aunque aún en proceso de formación, este ya se ha convertido en la mayor fuente de resiliencia del país. Los consejos comunitarios, las comunas, la unión cívico-militar y los programas de vivienda social han contribuido todos a la capacidad del país para responder colectivamente a la crisis.
La revolución no ha dejado de reforzar el parque inmobiliario del país. La Gran Misión Vivienda Venezuela, el programa de vivienda lanzado por Hugo Chávez en 2011, ha permitido construir millones de «viviendas dignas» en todo el país. La mayoría de estos edificios, construidos por diversas empresas chinas, brasileñas, bielorrusas y venezolanas, resistieron bien el seísmo. Cuando los edificios quedaron inhabitables —lo que ocurrió principalmente a lo largo de la falla costera—, tendieron a inclinarse en lugar de derrumbarse. El hecho de concentrar a las poblaciones en bloques de viviendas en lugar de dispersarlas en barrios precarios en laderas de cerros también es más seguro, tanto por las normas de construcción más estrictas como porque facilita la acción colectiva y la aplicación de la ayuda pública.
Un segundo factor es la alianza cívico-militar promovida por Chávez. Este modelo, ya asimilado por el conjunto de la población, se ha convertido en el marco de la respuesta combinada del gobierno, a la vez estatal y voluntaria. La alianza cívico-militar, que Maduro acertadamente amplió para incluir a la policía, ha sido siempre tanto un dispositivo institucional —encarnado por la milicia de seis millones de miembros— como una actitud política más generalizada, arraigada en la conciencia de clase tanto de los civiles como de los militares. Su primer banco de pruebas fue la tragedia de Vargas en 1999, precisamente allí donde el seísmo actual golpeó con más fuerza. La alianza cívico-militar estuvo a la altura de las circunstancias entonces, tal como lo hace hoy.
Finalmente, es en el seno de las comunas socialistas del país donde se perfila la respuesta más visionaria. Equipos de la red «Unión Comunera» se han desplazado a La Guaira para participar en las operaciones de socorro. En la comuna de El Panal, en Caracas, además de evaluar el estado de los edificios del barrio, los comuneros han establecido varios centros de recolección y están creando un refugio para las personas que se han quedado sin hogar a raíz del seísmo.
Al igual que ocurrió con los desafíos planteados por las escaseces alimentarias de mediados de la década de 2010, los ciudadanos de todo el país se vuelcan en las comunas para resolver colectivamente los problemas médicos y existenciales a los que se enfrentan y para encontrar un camino a seguir. Dada la fortaleza del movimiento comunal del país y su sólida formación ideológica, es posible que las comunas vuelvan a convertirse en catalizador de una renovada conciencia política. En estos tiempos difíciles, podrían resultar decisivas para movilizar al pueblo venezolano en torno al proyecto socialista, temporalmente eclipsado por el ataque del 3 de enero.
Años de bloqueo y agresión imperialista han debilitado sin duda a Venezuela en el plano material. Sin embargo, la Revolución bolivariana ha engendrado un nuevo metabolismo social que no será fácil desmantelar: un pueblo organizado y un conjunto de instituciones capaces de responder a las crisis. Si el terremoto ha puesto al descubierto las vulnerabilidades del país, también ha revelado dónde reside su verdadera fortaleza: en el pueblo revolucionario y en unas transformaciones sociales e institucionales profundamente arraigadas.
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¹ Leer «Covid-19 : le modèle vénézuélien, salué par l'OMS mais occulté par les médias», venezuelainfos.wordpress.com
, 20 de abril de 2020.
Fuente original: mronline.org
, 29 de junio de 2026. Traducción al francés: Thierry Fossaert.
Cira Pascual Marquina es educadora popular de la Pluriversidad Patria Grande, iniciativa educativa de la comuna El Panal (Caracas), y miembro de la Red Internacional de Democracia Comunal.
Chris Gilbert es profesor de ciencias políticas en la Universidad Bolivariana de Venezuela, redactor colaborador en Monthly Review y autor de Commune or Nothing! Venezuela's Communal Movement and Its Socialist Project (Monthly Review Press).

DdA, XXII/6394

LOS DERECHOS (DE LOS NIETOS) SE MIDEN POR JUSTICIA, NO POR CÁLCULO ELECTORAL


La imagen corresponde a la primera de las diásporas de españoles republicanos durante la Guerra Civil. Llegan a las costas de Bretaña los asturianos que salieron de los puertos marítimos de su tierra tras la ocupación de Gijón por los sublevados en octubre de 1937. Después, en los primeros meses de 1939, serían los republicanos de todo el país los que salieran por la frontera con Francia huyendo de la represión franquista. Dice Garmón: "Curiosa paradoja: las mismas derechas que en su día persiguieron a aquellas familias ahora cuestionan que sus descendientes recuperen lo que la Dictadura les arrebató por la fuerza. O tal vez no sea una paradoja ese doble castigo". Y añade: "La pregunta nunca puede ser a quién beneficia un derecho. Tampoco lo fue cuando España decidió que las mujeres podían votar. Los derechos no se miden por cálculo electoral, se miden por justicia".

José Antonio Garmón

Hay abuelos y abuelas que salieron de España con una maleta y una herida abierta. Empujados por la guerra, por la dictadura, por perseguir ideas, por amar a quien no debían... tuvieron que rehacer su vida en Buenos Aires, en La Habana, en México, lejos de su tierra, de su lengua, de su gente. Mucho sabemos de eso en Asturias.
Hoy sus nietos y nietas están recuperando lo que nunca debieron perder: la nacionalidad española. Gracias a la Ley de Memoria Democrática, cientos de miles de familias repartidas por el mundo han vuelto a decir "soy español" con el pasaporte en la mano y la memoria intacta.
Y sin embargo, hay en las derechas quien ahora pone en duda si esos nietos "merecen" ser españoles. Curiosa paradoja: las mismas derechas que en su día persiguieron a aquellas familias, ahora cuestionan que sus descendientes recuperen lo que la Dictadura les arrebató por la fuerza. O tal vez no sea una paradoja ese doble castigo.
La pregunta nunca puede ser a quién beneficia un derecho. Tampoco lo fue cuando España decidió que las mujeres podían votar. Los derechos no se miden por cálculo electoral, se miden por justicia. Prefiero que cada nieta, cada nieto, sepan que hay una España que no olvida ni abandona. ¿Y tú?

DdA, XXII/6394

LA SOLIDARIDAD HUMANA SIGUE RESCATANDO VIDAS BAJO LOS ESCOMBROS

Klieber Morán, tres años 

Félix Población

Mientras en la mayoría de los medios de información se insiste en la falta de medios con la que que el gobierno de Venezuela, después del ataque armado de Estados Unidos y el secuestro de su presidente, afronta los seísmos más graves sufridos por el país en su historia, sin tener en cuenta que desde los tiempos de Obama a la República Bolivariana de Venezuela se la ha acosado con intentos de golpes de Estado, sanciones y bloqueos, ayer dediqué buena parte de mi tiempo a observar los vídeos difundidos por las redes sociales. 

En concreto aquellos que exponen la actividad llevada a cabo por los socorristas de varios países para liberar a las personas vivas enterradas bajo los escombros. Quiero pensar que nunca antes, en una desastre de las características del que ha sufrido Venezuela, hemos tenido oportunidad de ver tan al detalle y con tanta frecuencia episodios donde se refleja de modo tan manifiesto la solidaridad con las víctimas, ya fueran personas o mascotas de las familias que perdieron sus casas y posiblemente sus vidas. 

Así, en plena madrugada del 30 de junio, seis días después de los seísmos, rescatistas llegados de Jordania lograron que el pequeño Klieber Morán, con sólo tres años de edad, fuera liberado de entre los escombros. Un leve susurro valió para que Fabiana, otra menor, fuera descubierta y nos mostrara la sonrisa en su rostro iluminado de gratitud al escuchar la palabras de ánimo y estrechar la mano de su salvador. 

Todo esto hace posible pensar que aún haya más vida bajo las montañas de ruinas apiladas, sobre todo en el Estado de La Guaira. Más de 3.300 rescatistas venidos de otros países, 45 delegaciones internacionales, 140 perros y 700.000 toneladas de ayuda humanitaria están haciendo lo posible porque la solidaridad prime sobre la bazofia informativa tergiversadora.

Eso es lo que necesita ahora el pueblo de un país al que se le han aplicado más de un millar de medidas coercitivas unilaterales, con un total de 226.000 millones de dólares de pérdidas (el 200 por ciento de su PIB y 80 millones cada día), y más de una década de asedio económico. 

Todo empezó dos años después de la extraña muerte del fundador de aquella república, el presidente Hugo Chávez. Como ocurrió en Cuba durante más de sesenta años, al que los responsables de estos bloqueos tienen la hipocresía de llamar Estado fallido, no se les ha permitido ni a Cuba ni a Venezuela que fracasasen solos con sus gobiernos socialistas. 

Obviamente, aunque una mayoría de medios de información lo olviden, entre los rescatistas en Venezuela también están las brigadas médicas cubanas, esas a las que pretende desalojar Donald Trump de otros países, porque lo suyo, como ocurrió en la historia de América Latina y está pasando incluso ahora en Venezuela, es mandar marines.

Fabiana, la más hermosa de las sonrisas: la de vivir


Recomendable: La Hojilla TV, del periodista Mario Silva: Una respuesta a los miserables que le hacen la comparsa al imperialismo. La Misión Vivienda de Hugo Chávez y los terremotos.

DdA, XXII/6394

LA MANIPULACIÓN DE LAS ELECCIONES Y LA COMPRA DE VOTOS

Paco Arenas

El 15 de junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones presuntamente libres y democráticas desde aquellas del 16 de febrero de 1936, celebradas cuarenta y un años antes, cuyo resultado no fue aceptado por los militares golpistas ni por la derecha más cavernaria. Aquella negativa desembocó en un sangriento golpe de Estado, una guerra civil y la instauración de un régimen represivo y genocida que se prolongó durante casi cuarenta años.
Viví en Ibiza hasta el 13 de marzo de 1977 y, aunque ya no estaba allí cuando llegaron las elecciones, mis compañeros, amigos y familiares me contaron con todo lujo de detalles lo sucedido antes y después de aquellas elecciones.
En vísperas de los comicios, la mujer del director del hotel sufrió una transformación casi milagrosa. Ella, que jamás se dirigía a los trabajadores si no era para dar órdenes secas y cortantes —muchas veces capaces de provocar más caos que organización—, comenzó de pronto a mostrarse cercana, afable y casi maternal. Aparecía en la habitación donde la camarera estuviera limpiando ( a veces con un refresco), en el comedor, en el bar, se colaba en la cocina o subía a la lavandería, interrumpía el trabajo de cualquiera y comenzaba a hablar de asuntos que la mayoría apenas entendía por falta de costumbre democrática.
—Esto de las elecciones no sirve para nada y, además, es muy peligroso. Imaginad que ganan los comunistas. Todos tendríamos que vestir camisas de cuello Mao, que no dejan ni respirar... ¡Qué horror!
Muy brillante no parecía la argumentación, porque los cocineros y los ayudantes de camarero ya llevaban camisas con cuello Mao; yo mismo llevé durante dos años. Las camareras soportaban un uniforme bastante más agobiante y, en recepción, donde trabajé un año, ocurría exactamente lo mismo. Pero ella hablaba con una convicción digna de mejor causa y, para reforzar su pedagogía, tuvo incluso pequeños detalles con los empleados que jamás había tenido antes.
La culminación de aquella campaña llegó cuando apareció con los sobres electorales ya cerrados con la papeleta de la UCD, acompañados de una promesa: si ganaban, la paga extraordinaria sería más generosa de lo habitual. Aquello debía de ser una innovación y ahorraba al trabajador el esfuerzo de pensar.
En Ibiza se votaba, además de en la capital, en Sant Antoni de Portmany —entonces San Antonio Abad— y en Santa Eulària y no sé si en Sant Josep. La UCD organizó autobuses para recoger a los payeses y llevarlos a los colegios electorales. Durante el trayecto se les entregaba el sobre y una pequeña propina para que, ya que habían tenido la molestia de votar y además era verano, pudieran tomarse una cerveza o comerse un helado. Todo muy refrescante para la democracia.
La costumbre no desapareció en las siguientes elecciones. Muerta la UCD, el relevo lo tomó el PP. En una de las campañas que terminó con la victoria de José María Aznar, la gratificación ascendió a cinco mil pesetas. No en vano, el candidato insular era un multimillonario, propietario de numerosos hoteles y hasta de un banco. La inflación también había llegado a la compra de voluntades.
En las primeras elecciones municipales, en 1979, yo trabajaba en la construcción con Bautista Soler. Una tarde apareció acompañado por el candidato de la UCD, Miguel Pastor López, y nos invitaron a todos al bar.
—Tomad lo que queráis, que esta tarde ya habéis trabajado bastante.
Corrieron las cervezas, las tapas y los discursos sobre la enorme conveniencia de votar a la UCD. Después llegó la inevitable fotografía de familia: ellos, impecablemente trajeados y sonrientes; nosotros, cubiertos de yeso, cemento y polvo. Yo me agaché discretamente y conseguí no salir en la foto.
Las últimas elecciones generales tampoco fueron aceptadas como plenamente democráticas por una parte de la derecha. Como ya es tradición, se habló de fraude electoral antes, durante y después del escrutinio. Ganaron las elecciones y, según sus dirigentes, quien debía gobernar era Feijóo... aunque, por alguna misteriosa razón, no fue presidente porque no quiso... La mayoría representada en el Congreso fue la que decidió, por votación democrática apoyar a un presidente que no fuera títere y rehén de la extrema derecha. Algo que tal vez pueda solucionar sino fuera un cobarde y presentara una moción de censura junto con Vox y Junts, con el apoyo de Puigdemont.
En los sucesivos procesos electorales han seguido alimentando el fantasma del fraude mediante bulos que solo prosperan entre quienes tienen verdadera vocación de creerlos. Primero fueron los votos del extranjero; luego, los descendientes de los exiliados, que ejercían un derecho reconocido por la ley; ahora les toca a los migrantes regularizados, pese a que estos no pueden votar en España salvo que obtengan la nacionalidad, algo que, en la mayoría de los casos, no sucede hasta pasados muchos años.
Da la impresión de que una parte de la derecha española conserva un viejo reflejo histórico: las urnas solo son impecablemente democráticas cuando el resultado les favorece. Cuando no es así, siempre aparece un fraude imaginario, una conspiración, un enemigo oculto, y últimamente algunos jueces dispuestos a realizar el trabajo que antes hacían los militares golpistas.

DdA, XXII/6394

martes, 30 de junio de 2026

GOLPES DE ESTADO, SANCIONES, BLOQUEO, UN ATAQUE ARMADO Y DOS TERREMOTOS, DOS

 

Contra la República Bolivariana de Venezuela hubo de todo en sus 27 años de historia, hasta llegar a los dos terremotos casi inmediatos que tuvieron un poder destructivo treinta veces mayor que el de 1967. Llueven ahora las denuncias sobre el chavismo como un supuesto “estado fallido”, pero la mayoría de los medios de comunicación que así editorializan eluden decir que si hay problemas para enfrentar las consecuencias del doble terremoto --falta de equipos como retroexcavadoras u otras maquinarias pesadas, insumos médicos, hospitales bien abastecidos, etcétera-- ello se debe a los diez años de sanciones y obstáculos comerciales y financieros de todo tipo con que se agredió a Venezuela desde el momento en que en marzo del 2015 el falso Premio Nobel de la Paz 2009 Barack Obama proclamó, con imperdonable alevosía, que el gobierno bolivariano representaba una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos".

Atilio Boron

En los primeros meses del 2026 Venezuela ha sido víctima de dos acontecimientos traumáticos. Primero, el 3 de enero, el ataque militar denominado “Operación Resolución Absoluta” lanzado por el gobierno de Estados Unidos en contra de Caracas y, marginalmente, otras ciudades como La Guaira. Segundo trauma: el doble terremoto del miércoles pasado. Pero vayamos por partes. Se suponía que con aquella audaz maniobra se crearían las condiciones necesarias para precipitar una insurrección popular en contra del gobierno chavista y, de este modo, lograr el tan ansiado “cambio de régimen” que Washington persigue sin pausa desde el momento mismo en que Hugo Rafael Chávez Frías triunfara en las elecciones presidenciales de diciembre de 1998. La operación de marras obtuvo un logro parcial pero importante: el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa, la diputada Cilia Flores. Pero pese a su pomposo nombre fue un fracaso monumental desde el punto de vista militar y político, como también lo fue la “Operación Furia Épica”, el ataque de EEUU e Israel contra Irán. Pese a lo intimidante de sus nombres en ambos casos el “régimen” --en este caso el gobierno chavista-- permaneció, al igual que su homólogo en Teherán, de pie. Hablamos de fracaso porque basta comparar el enorme despliegue de más de 150 aeronaves, entre aviones y helicópteros, un portaaviones, un submarino nuclear y un acorazado utilizados para asolar al territorio venezolano, más los 15.000 efectivos movilizados para el combate y el comando de 200 hombres de la Delta Force que fue la encargada de la “extracción” (eufemismo para no decir el secuestro) de Maduro, con los equipos y la tropa utilizados el 2 de mayo del 2011 para capturar nada menos que a Osama bin Laden, supuestamente escondido en la ciudad paquistaní de Abbottalabad: 23 integrantes del Comando Seal con el apoyo de un total de cinco helicópteros y un portaaviones, para concluir que la significativa desproporción entre el equipo y el personal utilizado en ambas iniciativas demuestra con elocuencia que la “Operación Resolución Absoluta” tenía objetivos muchísimo más amplios que el secuestro de Maduro. Y les salió mal. El gobierno chavista permaneció en el poder, el “régimen” no se desplomó y las masas no inundaron las calles pidiendo la cabeza de sus gobernantes. No obstante, la transición ordenada bajo la mortal amenaza explícitamente comunicada por la Casa Blanca al gobierno bolivariano delegó el mando en la persona de Delcy Rodríguez como “presidenta encargada”, dejando al gobierno chavista y a la economía venezolana en una condición de radical subordinación a los mandatos emanados desde Washington. De hecho, se habla de un protectorado informal o una condición semicolonial de facto que se manifiesta en el descarado e impune robo del petróleo venezolano, dado que lo producido por su venta se deposita en una cuenta especial del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y sólo una mínima parte se remite a Caracas; o del mantenimiento de las casi 1.100 “medidas coercitivas unilaterales” que aún hoy, cinco días después del doble terremoto que devastó La Guaira y parte de Caracas, siguen en pie; o los visibles cambios en la agenda de la política exterior de la República Bolivariana sobre todo después del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, interrumpidas durante siete años. Pero, ¡atención!: estamos ante acontecimientos “en pleno desarrollo”, como solía decir Walter Martínez, y no sólo en Latinoamérica y el Caribe sino a nivel mundial. Por eso el tiempo dirá si este avasallamiento de la soberanía nacional venezolana es una ineludible opción táctica defensiva --“por ahora”, como diría Chávez-- o sí, desgraciadamente, se trata de una capitulación definitiva. Confiamos en que sea lo primero. Es alentador que Washington no haya podido lograr sus objetivos de máxima, “cambiar al régimen”; pero hay que reconocer que lo que ha quedado en pie guarda pocas semejanzas con el chavismo original.
Vayamos al segundo acontecimiento traumático. La tragedia sociopolítica perpetrada por el trumpismo se multiplicó exponencialmente por el doblete sísmico del 24 de junio, cuando un poderoso terremoto de magnitud 7.2 fue seguido, apenas 39 segundos más tarde, por otro aún más intenso, alcanzando 7.5 en la escala logarítmica de Richter. No se trató de una réplica, aseguran los expertos, sino de dos terremotos distintos, el segundo precipitado por el primero y siendo dos veces y media más violento que aquél. En su conjunto estos dos terremotos tuvieron una intensidad inédita en la historia venezolana: fue treinta veces superior --repito: treinta veces superior-- al que conmovió hasta sus cimientos a la ciudad de Caracas en 1967.
La devastación material salta a la vista y junto con ello la elevada pérdida de vidas humanas, cuyas cifras difícilmente se conocerán a ciencia cierta sino en las semanas venideras. Pese a ello la derecha mundial, fiel a su talante reaccionario y necrofílico y su tradicional desprecio por la verdad, ahora acusa al gobierno de Delcy Rodríguez de no contar con los elementos necesarios para atender adecuadamente a las víctimas y los sobrevivientes de la terrible catástrofe. A partir de ahí llueven las denuncias sobre el chavismo como un supuesto “estado fallido”, pero los muy canallas omiten decir que si ha habido problemas para enfrentar las consecuencias del doble terremoto --falta de equipos como retroexcavadoras u otras maquinarias pesadas, insumos médicos, hospitales bien abastecidos, etcétera-- ello se debe a los diez años de sanciones y obstáculos comerciales y financieros de todo tipo con que se agredió a Venezuela desde el momento en que en marzo del 2015 el falso Premio Nobel de la Paz 2009 Barack Obama proclamó, con imperdonable alevosía, que el gobierno bolivariano representaba una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de estados Unidos.” Las consecuencias de esta política, agravada durante los años del primer Trump (2017-2921) fueron catastróficas, en el sentido más estricto de la palabra. Las restricciones impuestas a la comercialización del crudo y los vetos a la importación de equipos y repuestos para la industria petrolera produjeron un derrumbe sin precedentes de los ingresos producidos por la estatal PDVSA. Si en el 2012 las exportaciones petroleras habían alcanzado un pico de 93.000 millones de dólares luego de las sanciones comenzadas por Barack Obama y potenciadas por el primer Trump aquéllas bajaron en el año 2020 a 4.200 millones de dólares, o sea ¡menos del 5 por ciento de lo obtenido 8 años antes! La guerra económica desplegada con despiadada intensidad afectó gravemente a los ingresos del estado, imprescindibles para financiar las políticas públicas y por supuesto al bienestar colectivo de la sociedad y los ingresos de los trabajadores. Los esfuerzos y la creatividad del gobierno chavista presidido por Nicolás Maduro lograron atemperar en parte esta situación, colocando el nivel de las exportaciones en torno a los 18.000 millones de dólares, muy por debajo de la tendencia histórica anterior al bloqueo ordenado por Washington. Este criminal ataque económico produjo la desfinanciación de los servicios sociales prestados por el estado chavista en materia de salud, educación y rubros anexos y el consiguiente deterioro del nivel medio de remuneración salarial al funcionariado público. Un estudio sobre el impacto de las sanciones económicas en Venezuela realizado por Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs en el marco del Center for Economic and Policy Research de Washington DC concluye que las sanciones “han causado más de 40.000 muertes entre 2017 y 2018”. Estas sanciones, prosiguen los autores, “encajarían en la definición de castigo colectivo de la población civil” y no sólo violan la legalidad internacional sino también la propia legislación estadounidense.” (https://cepr.net/.../sanciones-economicas-como-castigo.../
)
Para concluir, es obvio que un gobierno atacado con tanta saña y durante tanto tiempo tropiece con dificultades a la hora de enfrentar una monstruosa combinación de dos tremendos terremotos. Pero hay que ir a las causas y éstas yacen, fundamentalmente, en los devastadores efectos del bloqueo que el gobierno de Estados Unidos ha decretado en contra de Venezuela y, desde hace más de seis décadas, en contra de Cuba. El bloqueo es genocidio, limpieza étnica, crimen de lesa humanidad, algo que los siniestros y mendaces papagayos mediáticos de la derecha y el imperialismo se encargan de ocultar para así poder culpar a las víctimas de los horrores que les infligen los victimarios. Confiamos en que más pronto que tarde tanto Venezuela como Cuba podrán dar vuelta esta horrorosa página de la historia del imperialismo.

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EL FASCISMO CONTRA LA REPÚBLICA, EL RECOMENDABLE ANÁLISIS DE ÁNGEL VIÑAS

No quiero dejar sin recomendar, ahora que el autor lleva ya nueve capítulos publicados, lo que mi admirado Ángel Viñas está escribiendo en su blog (angelviñashist@substack.com) bajo el título El fascismo contra la república. Los monárquicos y su ataque a la democracia. En este noveno capítulo nos habla Viñas del papel jugado por la llamada Unión Militar Española (UME), cuyo nacimiento data de finales 1933 o comienzos del año siguiente según el historiador, pero antes en todo caso de la denominada revolución de Octubre de 1934. "Que no fue un “invento” exclusivamente castrense -nos dice Viñas- puede confirmarse merced a la inscripción en el expediente sobre la misma de un historiador militar franquista en el Archivo General Militar de Ávila: “¡OJO! Muy interesante y delicado".

Ángel Viñas

El mejor regalo que los gobiernos de 1934 pudieron hacer a los enemigos de la República fue acercar a unos y a otros conspiradores en España. Calvo Sotelo tomó posesión de su escaño en Cortes y se lanzó a una desenfrenada actividad política. Cuidadosamente desconectada de su papel en la conspiración ha sido objeto de numerosos estudios. El más detallado es la biografía que le dedicó el profesor Alfonso Bullón de Mendoza con un “tocho” de varios centenares de páginas.

En el interín, y como recordó Sainz Rodríguez, se había creado una “oficina de carácter administrativo” en un piso propiedad del diplomático José Antonio Sangróniz. Situado en el callejón del Arenal y próximo al despacho de abogados de Calvo Sotelo en la madrileña calle Mayor.

El gran conspirador cum catedrático se limitó a recordar que muchos militares retirados por las leyes de Azaña necesitaban de un habilitado (gestor en terminología actual) que les facilitara los trámites para cobrar sus pensiones. El artilugio pronto dio para más. Se empezó almacenando en él propaganda derechista.

Luego el general Luis Orgaz, posterior instrumento en los preparativos de Franco para asesinar al compañero de ambos Amado Balmes, recomendó al eminente catedrático que se hiciera el encontradizo con algunos militares que él estimaba muy importantes “a los que convenía ilustrar y amueblar la cabeza con ideas claras sobre sus posibles actividades”. Es decir, que les practicase un “lavado de cerebro” en favor de la Causa.

En las fuerzas armadas fue creándose a la par un clima que propició la aparición de la Unión Militar Española (UME). La fecha exacta de su aparición ha dado lugar a controversia. Algunos afirman que fue a finales de 1933 o principios de 1934. Una octavilla clandestina la sitúa en mayo de este año, es decir, inmediatamente después de la amnistía. En todo caso antes de la denominada “revolución de Octubre”.

De su aparición no tardaron en darse cuenta algunos militares progresistas. El ulterior general Antonio Cordón recordó en sus memorias (revisadas por servidor) que un grupo de oficiales se enteró a través del teniente coronel José Gayoso Cussí, destinado en el Estado Mayor Central del Ministerio de la Guerra. Es improbable que la noticia fuese desconocida del titular de este José María Gil Robles y del jefe de aquel: Francisco Franco.

La embajada italiana no tardó en enterarse. Que no fue un “invento” exclusivamente castrense puede confirmarse merced a la inscripción en el expediente sobre la misma de un historiador militar franquista en el Archivo General Militar de Ávila: “¡OJO! Muy interesante y delicado

No era para menos ya que en dicho expediente había referencias a las relaciones con, entre otros, Goicoechea, Calvo Sotelo, Primo de Rivera, Fal Conde, Sainz Rodríguez, Escobar (marqués de las Marismas del Guadalquivir), Jorge Vigón, etc. Es decir los conspiradores militares de primera hora. En la Causa General el ya general carlista Ricardo Rada testimonió que la UME se codeó con Sanjurjo, Franco, Mola, Orgaz, Barrera, Goded, Villegas, etc. Es decir fue una organización militar y monárquica para entrar en acción cuando las circunstancias lo exigiesen. Simultáneamente Calvo Sotelo predicaba la necesidad de un Estado fuerte, integrado y, sobre todo, anticomunista.

En el interín Ansaldo se incorporó a Falange como jefe de “objetivos”, es decir de “preparación de golpes de mano, creación de una campaña de agitación y, por último, ejecución de represalias”. En sus propias palabras. Al parecer, afirmó, ya caían muchos falangistas víctimas de las izquierdas. Había que responder con la misma moneda y, si era necesario, adelantarse.

(continuará angelviñashist@substack.com)

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LA OFENSIVA GENOCIDA EN GAZA Y LOS MÁS DE MIL ASESINATOS EN CISJORDANIA

Periodista palestina secuestrada en Cisjordania

Félix Población

Mientras en este mundo nuestro asistimos al espectáculo del Campeonato Mundial de Fútbol, con sólo los aficionados bosnios recordando el genocidio en la Franja de Gaza, el gobierno israelí prosigue con su masacre en los territorios palestinos y su guerra contra los periodistas que pretenden contar lo que está ocurriendo. Desde el falso alto el fuego en Gaza, Israel ha asesinado a más de un millar de palestinos en este territorio arrasado y se estima en cerca de 300 el número de profesionales de la información a los que se ha silenciado con la muerte, algo que en los medios de información convencionales apenas se refleja, con ser el episodio más cruento en la historia del periodismo de guerra.

Hoy mismo, no en Gaza sino en Cisjordania, fuerzas militares invasoras han secuestrado en la ciudad de Na'lin, al oeste de Ramallah, a la periodista palestina Suad al-Khawaja, sin que existieran cargos u orden judicial específica contra ella. Khawaja es una periodista muy conocida y respetada en Cisjordania, sobre todo por su trabajo cubriendo los ataques brutales de los colonos contra propiedades palestinas. 

Se trata de impedir, por parte del gobierno israelí y según la Oficina de Prensa de los Presos Palestinos, que periodistas como la citada cuenten los abusos perpetrados por los colonos israelíes en los territorios ocupados. Hace sólo unos días, una organización palestina de derechos humanos, denunció que la imagen de Mujahid Bani Mufleh, otro periodista encarcelados desde hace seis meses, es una evidencia de que las cárceles israelíes se han convertido en un mecanismo para el asesinato lento de los presos palestinos. 

Bani Mufleh, que recibió un tratamiento médico intensivo para una enfermedad que desarrolló en prisión, aparece en la fotografía con la mitad de su cráneo extirpado a causa de la cirugías practicadas. "Bani Mufleh sufrió una hemorragia cerebral grave tan solo dos días después de su liberación y fue ingresado en un hospital en estado crítico", informó la organización. "Hasta el día de hoy, necesita un tratamiento prolongado y complejo para su recuperación", declaró la asociación. 

El grupo también señaló que Israel ha intensificado sus violaciones contra los periodistas palestinos en Cisjordania desde el inicio de la guerra de Gaza, habiendo arrestado a 245 periodistas desde octubre de 2023. Cisjordania ha experimentado un aumento de las demoliciones y los ataques perpetrados por colonos y el ejército israelí contra los palestinos y sus propiedades. La campaña se desarrolla con toda su fuerza con el objetivo de desplazar a la población local y fomentar la expansión de los asentamientos ilegales en la región ocupada. 

Según cifras oficiales palestinas, desde que comenzó la ofensiva genocida en Gaza el 7 de octubre de 2023, los ataques intensificados del ejército israelí y los colonos extremistas en Cisjordania han causado la muerte de 1.173 palestinos, herido a 12.666, secuestrado a aproximadamente 23.000 y desplazado a 33.000.

El rostro de Suad al-Khawaja, la periodista secuestrada, pueda que pierda parte de su lozana y dulce belleza cuando sea liberada. Nunca como desde hace casi tres años ha sido tan cruenta la persecución y masacre de periodistas en un conflicto bélico. La tolerancia de nuestro mundo occidental con el que sin duda está siendo el más negro capítulo de la historia del periodismo, puede ser un indicio del fracaso de nuestra civilización para enfrentarse a la barbarie. Y un riesgo de que la barbarie no pare aquí.

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DOS TERREMOTOS EN EL ALMA TODA DE LA PATRIA GRANDE



Raulito Torres/Aquí en La Habana

A los hijos de Bolívar:
No ha terminado el polvo de asentarse, hermano y hermana venezolanos, y ya el segundo zarpazo de la tierra te ha tumbado el aliento. Lo supe en La Habana, mientras el malecón lamía con mansedumbre un muro que también conoce de ciclones, y pensé en la ironía cruel de la geología: la misma cordillera que te da el abrazo fresco de los Andes, te quiebra el suelo bajo los pies. Dos terremotos, como dos latigazos en la espalda de la tierra, han hecho temblar no solo las estructuras de concreto, sino el alma toda de la Patria Grande.
Sé de edificios que se hundieron, de hospitales que temblaron y cayeron con los enfermos dentro, de noches enteras bajo el cielo abierto porque el techo se volvió una amenaza. Mi corazón de cubano, tan acostumbrado al rugido del huracán, se estremece ante el miedo distinto de la tierra sólida que de pronto se vuelve líquida y traicionera.
Aquí, en esta ínsula donde el sol pega de frente a la necesidad, conocemos el lenguaje de la precariedad convertida en resistencia. Sabemos lo que es mirar las ruinas de lo propio, porque aún soportamos un terremoto largo y lento que también derriba edificios y últimamente incluso almas, sin embargo, erguir la dignidad.
Y es que ahora mismo ser de izquierda o de derecha, querido compañero de dolores, no son solo posiciones políticas: hay un método elevado del alma al cual acudir para trascender a ello. Es entender que la verdadera solidaridad no cabe en los discursos de ningún bando, sino en el plato de comida que se comparte cuando no alcanza, en el brazo que remueve escombros sin preguntar por el color de la camisa. Es la internacionalista certeza de que el dolor no reconoce fronteras porque tu dolor, Venezuela, es una fisura en nuestra propia casa.
¿Qué tengo para darte? No tengo grandes riquezas, porque mi país también está bloqueado, también sobrevive dignamente. Pero tengo manos. Manos de médico, de ingeniero, de maestro que se formaron en la trinchera de la Revolución que están allí dándote amor y los de aquí que hoy preguntan: “¿Cuándo salimos?”. Tengo oídos para escuchar la vasta crónica del desastre, ese infinito recuento de las pérdidas que hace falta sacar del pecho para que el dolor no sea infinito. Y yo apenas tengo, sobre todo, la memoria y la poesía.
Esa poesía que sirve para recordarte lo que ya sabes: que eres tierra de libertadores, que tu suelo ha parido gigantes que no se quedaron lamentándose en las cunetas.
Que el espíritu de Bolívar y de Chávez, tan humanos y por eso tan propensos a la herida, son una fuerza que se levanta con la terquedad sagrada de la yuca y el maíz.
La misma solidaridad que ustedes nos tendieron en los peores otros momentos,
cuando el petróleo calentó nuestros hospitales y escuelas, es la que hoy retorna, pero no como deuda... como abrazo de hermano que llega sin que lo llamen porque la sangre lo llama.
Reconstruir no será solo levantar paredes. Será volver a creer que, incluso bajo tus pies, hay un futuro firme. Será reescribir la vida sin los que se nos llevaron, esos más de mil hermanos que el temblor se llevó al silencio. La tierra se movió dos veces, pero se moverá una tercera, y será con el paso unánime y poderoso de un pueblo que no se rinde.
Recibe, pueblo humilde de Venezuela, en esta carta, el ruido del Caribe que nos hermana. No es el rugido del derrumbe, es el rumor constante de una ola que besa tus costas y las nuestras. No estás solo en medio de los escombros. Y si miras hacia el norte, que no sea al imperio, no dejes que les salga bien la trampa de tu sometimiento, mira hacia tu norte a esta isla humilde que tiembla de amor y dolor por ti. Aquí estamos, firmes como el cemento bien mezclado de la fraternidad, esperando la orden de tender otra vez el puente de manos que va desde el corazón de Martí hasta el alma eterna de Bolívar.
¡Que el dolor no te haga olvidar la luz que eres! ¡Aquí tienes mi hombro, Cuba entera en vela, para llorar juntos y, después, de pie, volver a hacer la vida!
Con el más sentido y entrañable abrazo de tus hermanos cubanos que te quieren de pie, pero también te quieren libre !!!

DdA, XXII/6393