Félix Población
Cuentan quienes vieron el partido de cuartos de final disputado ayer entre las selecciones de Argentina y Suiza que en los momentos en que fue expulsado del campo el futbolista suizo Breel Embolo, sin duda uno de los mejores del equipo, lo previsible era que su selección tuviera más posibilidades de vencer que la de su adversario. El empate, por lo tanto, podría resolverse finalmente a favor de la selección suiza por el juego desarrollado. Pero a Breel Embolo se le aplicó lo que en una de las últimas variantes del reglamento se llama confusión de identidad, una norma que consiste en que el VAR rectifique una amonestación cuando el árbitro comete un error al mostrar una tarjeta al futbolista equivocado. La tarjeta amarilla se había mostrado en este caso a Paredes, jugador argentino, pero afectó finalmente a Embolo por haber simulado supuestamente la falta que en principio mereció la sanción a Paredes. Se da la circunstancia de que es raro recibir una tarjeta amarilla por simulación en la zona del campo en la que se encontraba el futbolista suizo, algo que generalmente se da dentro del área adversaria para que el árbitro señale penalti. La decisión, en este caso, penalizaba aún más a la selección suiza dado que Breel Embolo, el mejor de su selección en los partidos disputados hasta hora, tenía ya una tarjeta amarilla, el partido daba paso a unas semifinales mundialistas, se podía resolver en una prórroga y la segunda sanción supuso la expulsión del futbolista suizo. No sabemos qué ocurrirá en la ronda semifinal con Inglaterra, pero desde que se le perdonó una roja a Messi frente a Argelia, pasando por el robo perpetrado contra la selección de Egipto y ahora esto con la selección suiza, corremos el riesgo de ver a la selección argentina pasar a la final con una segunda edición de La mano de Dios, aquel gol con el puño que Maradona marcó con la albiceleste a Inglaterra en 1986 en unos cuartos de final del Mundial de México. Seguro que Trump, Milei y Netanyahu, con el permiso de Infantino, darían por acertada esta segunda edición de la conocida añagaza -más celebrada que censurada- que pondría a Messi y a sus muchachos en otra final mundialista sin haberlo merecido, como hace cuarenta años*.
*Por cierto, también es de censurar lo mucho que pasan por alto los telediarios de TVE estas incidencias favorables a la selección argentina. Lo resuelven calificando de polémicas esas incidencias, tal como se sigue calificando el gol de La mano de Dios. La de ahora se podría llamar La mano de Infantino.
DdA, XXII/6405






