viernes, 15 de mayo de 2026

SANGRE QUE ATESORABA PARA EL AMOR SUS DONES


Lazarillo

Acabamos de tener noticia de la llegada a las librerías de una nueva obra del historiador Andrés Amorós, del que tuvimos el gusto de leer varias biografías, todas excelentes, como las de Pablo Neruda, Salvador Allende o Dolores Ibarruri. Ahora Amorós nos obsequia con la del poeta Miguel Hernández, del que también estos días se han publicado en Alianza Editorial sus escritos periodísticos durante la guerra, despreciados por Andrés Trapiello en un artículo publicado en el diario El Mundo, donde critica con insania el editor de la obra, Joaquín Riera Ginestar, lo que impulsó a éste a la correspondiente réplica. De ambos libros esperamos dar cumplida cuenta en este DdA porque los dos me parecen imprescindibles, aunque Trapiello prefiera a Chaves Nogales, que puede que escribiera mejor de la guerra como profesional del periodismo, pero que no la contó tan de cerca como lo hizo Hernández.  Por quitarnos el mal sabor de boca que dejan siempre estas menudencias, sobre todo cuando se notan en exceso filias y fobias, recuperamos este poema de Miguel Hernández, que no necesita más crédito que el de sus versos -escribiendo dos años después del comienzo de la guerra- para llegarnos al alma:

Es sangre, no granizo, lo que azota mis sienes
Son dos años de sangre: son dos inundaciones.
Sangre de acción solar, devoradora vienes,
hasta dejar sin nadie y ahogados los balcones.
Sangre que es el mejor de los mejores bienes.
Sangre que atesoraba para el amor sus dones.
Vedla enturbiando mares, sobrecogiendo trenes,
desalentando toros donde alentó leones.
El tiempo es sangre. El tiempo circula por mis venas.
Y ante el reloj y el alba me siento más que herido,
y oigo un chocar de sangres de todos los tamaños.
Sangre donde se puede bañar la muerte apenas:
fulgor emocionante que no ha palidecido,
porque lo recogieron mis ojos de mil años".
18 de julio 1936, 18 de julio 1938

DdA, XXII/6346

"DESPUÉS DE UN DÍA DE MIERDA EN EL INSTI", LEYÓ LA REINA CONSORTE


La reina Letizia durante el acto de entrega de la 48 edición de los Premios SM de Literatura Infantil y Juvenil


Ana Cardo

Leo que en los medios y mentideros conservadores no ha sentado bien que una reina consorte de España, la actual esposa de Felipe VI, se haya expresado públicamente, aunque sea leyendo un texto literario, poniendo en sus labios la palabra mierda que utilizaba la autora del escrito, perteneciente al libro de Alba Quintas Garciandia La cuarta vida de Blanca Cuervo, galardonado con el premio de literatura infantil y juvenil El Barco de Vapor y Gran Angular. Doña Letizia Ortiz, muy interesada por este tipo de literatura, acudió al acto donde se celebró la concesión de esos premios, la Casa de Correos, e hizo una estupenda lectura dramatizada de un breve fragmento del libro: "Después de un día de mierda en el insti", comenzaba la lectura de la Reina. Empiezo a ver TikToks… Y veo a una tía impresionante (…) Vacaciones en playas que parecen paraísos y tú te quedas ahí con el culo torcido y entras en su perfil para ver en qué trabaja y tiene un link al perfil de otra red social, la que realmente le da dinero y ya lo sabes", leyó la reina. Lo hizo muy bien y dijo además cosas interesantes acerca de la lectura y los riesgos que corren los menores en  las redes sociales. Que a la salida del acto, en la Puerta del Sol, doña Letizia se interesara por las demandas de las educadoras infantiles solicitando en sus movilizaciones dignidad y reconocimiento para su trabajo, creo que merece ser reseñado. Pareció la de la reina consorte una jornada más propia de una presidenta de la tercera república. Sabiendo como sabemos de infantas e infantes con querencias de ese signo en el pasado, no estaría mal una reina republicana como colofón de la dinastía borbónica.

DdA, XXII/6346

DESDE CUBA: A LOS HIJOS E HIJAS DEL PUEBLO ESTADOUNIDENSE

Dicen que van a invadirnos. No saben que llevamos más de sesenta años invadidos por huracanes, tornados, dengue, chicunguya, pandemia y el constante el asedio de ustedes, y seguimos de pie. Pero esta vez no les hablo desde la resistencia épica, les hablo desde la fragilidad voluntaria del que tiende un puente de papel y tinta. No queremos sus bombas, queremos sus abrazos. No queremos su victoria, queremos su amistad. Que no sea demasiado tarde para que nuestros nietos sepan que elegimos la vida. Obliguen a los suyos a mirar el mapa con ojos de cooperación, escribe Torres desde La Habana. No permitan que la maquinaria del complejo militar-industrial les devore también a sus hijos, sus impuestos, su decencia. Piensen en esa noche cercana en que un crucero lleno de pasajeros curiosos podría atracar en La Habana y ser recibido con flores en lugar de barricadas. Piensen en los hoteles construidos juntos, donde el trabajador de Iowa y el campesino de Pinar del Río beban un café bajo una misma luna. Piensen en lo que significa crecer sin que nadie tenga que morir.


Raulito Torres/Aquí en La Habana

Esto no lo escribe un enemigo. Lo escribo como quien ha aprendido a conocerlos en los escombros de la historia, en los gestos solidarios que cruzan el Estrecho de la Florida cuando ese gobierno cierra los ojos. Escribo con la mano temblorosa de quien ha visto a su pueblo resistir lo que ninguna estadística podría medir: el bloqueo que casi nos asfixia, la asfixia que no nos ha vencido. Y sin embargo aquí estamos, respirando con creatividad, con solidaridad de vecinos que comparten el último pan, con la resiliencia terca del que planta un jardín sobre el cemento. Por eso, cuando escucho que el gobierno de ustedes planea una invasión, no puedo callar. No desde el odio, sino desde un amor entrañable por lo que ambos pueblos podríamos llegar a ser… y estamos a punto de perder.
Quieren un baño de sangre. Pero la sangre no distingue pasaportes. Créanme cuando les digo que ese baño de sangre no se detendrá en nuestras costas: regresará a las suyas en bolsas negras, en soldados rotos, en un nuevo precipicio moral que les costará décadas de luto y deshonra. Su propio pueblo, el que madruga para trabajar, el que sueña con llevar a sus hijos a la universidad, será sacrificado en el altar de un designio imperial que ni siquiera los mira. Las élites que hoy invocan la guerra no pondrán sus cuerpos en la línea de fuego. Pondrán los suyos.
Piensen en todo lo que se perderían ustedes. No hablo de territorios ni de hegemonías, hablo del abrazo posible entre dos pueblos que han sido condenados al desencuentro. Hablo de cada oportunidad que la soberbia asesina antes de nacer. Cierren los ojos un instante e imaginen conmigo, desde esta izquierda que es más ternura que ideología, lo que podría florecer si en lugar de portaaviones enviaran sus barcos llenos de científicos a intercambiar vacunas, a investigar juntos los misterios del cáncer con la biotecnología que supimos desarrollar en la carencia. Imaginen caravanas culturales donde nuestros músicos toquen en sus barrios y el jazz de Nueva Orleans se funda con el son de Santiago. Imaginen equipos de béisbol jugando amistosos no como propaganda, sino como niños que comparten el mismo guante bajo el mismo sol. Eso es lo que nos roban.
Eso y la protección del medioambiente: el Caribe que compartimos nos necesita como aliados, no como adversarios. Juntos podríamos restaurar los arrecifes de coral, limpiar las costas, enfrentar huracanes sin que el bloqueo retrase ni un solo panel solar. ¿Sabe lo que significa para un isleño pensar que el turismo de naturaleza, los cruceros llenos de viajeros que buscan la belleza y no la bala, los negocios hoteleros que respetan el paisaje y el alma local, podrían ser el pan de cada día en lugar de esta economía de resistencia perpetua? Hablo de crecimiento mutuo, de un intercambio digno donde ustedes vengan a caminar por Viñales, a escuchar el silencio elocuente de nuestros mogotes, a dejarse envolver por una noche de trova en el Malecón, mientras nosotros aprendemos de su espíritu emprendedor sin perder el alma solidaria. Todo eso está ahí, al alcance de la mano, y sin embargo prefieren los instructivos de guerra.
Cuánta oportunidad perdida. Cuánta belleza ahogada en la retórica del miedo. Se perderían ellos, sí: perderían la posibilidad de mirarse en nuestro espejo y descubrir que la resistencia creativa de un pueblo bloqueado no es una amenaza, sino una lección de humanidad. En nuestros barrios, donde a veces falta casi todo, sobra esa risa que inventa soluciones con alambre y amor. Ahí hay una sabiduría que ningún ejército puede conquistar, pero que cualquier vecino puede compartir si se acerca sin prepotencia. Ese intercambio, el más valioso, el de la inteligencia colectiva, es lo que ustedes dejarían de recibir si la bestia de la guerra se desata.
Me parte el alma, como músico y como cubano, comprender que la historia vuelve a poner sobre la mesa la peor versión del ser humano: la que confunde poder con destrucción. La filosofía de esta izquierda que abrazo no busca vencer a nadie; busca un nosotros más vasto, un nosotros sin bloqueos ni tanques, donde el mar deje de ser frontera para convertirse en puente. Sé que en el pueblo estadounidense palpita ese mismo anhelo. Lo he visto en los científicos que burlan las prohibiciones para investigar con nosotros, en los artistas que tienden sus manos, en los ciudadanos que llenan un avión de solidaridad cuando el huracán arrasa nuestros techos. Ellos son el pueblo real. No los que planean invasiones.
Por eso les alerto, casi con un nudo en la garganta: elijan mejor. Obliguen a los suyos a mirar el mapa con ojos de cooperación. No permitan que la maquinaria del complejo militar-industrial les devore también a sus hijos, sus impuestos, su decencia. Piensen en esa noche cercana en que un crucero lleno de pasajeros curiosos podría atracar en La Habana y ser recibido con flores en lugar de barricadas. Piensen en los hoteles construidos juntos, donde el trabajador de Iowa y el campesino de Pinar del Río beban un café bajo una misma luna. Piensen en lo que significa crecer sin que nadie tenga que morir.
Dicen que van a invadirnos. No saben que llevamos más de sesenta años invadidos por huracanes, tornados, dengue, chicunguya, pandemia y el constante el asedio de ustedes, y seguimos de pie. Pero esta vez no les hablo desde la resistencia épica, les hablo desde la fragilidad voluntaria del que tiende un puente de papel y tinta. No queremos sus bombas, queremos sus abrazos. No queremos su victoria, queremos su amistad. Que no sea demasiado tarde para que nuestros nietos sepan que elegimos la vida.
Confío en que estas palabras germinen en algún corazón al norte del Golfo, porque el amor entre los pueblos no es utopía: es una semilla que el odio insiste en pisotear, pero que siempre vuelve a brotar. Entre los cañaverales quemados de la historia, siempre, siempre vuelve a brotar. Nosotros tenemos muchísima experiencia.... Hágannos caso.

DdA, XXII/6346

jueves, 14 de mayo de 2026

LA SANGRE DE PALESTINA: VERSOS COMO GRITOS



Valentín Martín

Cuando yo llegué a la cantina de las viudas madrileñas, Mahmud Darwisch ya había cambiado de casa 12 veces. Darwisch amaba las aldeas, como sus siete hermanos y la estirpe galilea de sus padres. Nunca olvidó Birwa. Pero murió a corazón abierto, en el mismo lugar donde asesinaron al primer presidente católico de los Estados Unidos de América. Se le había hecho muy corta la vida, como a todos los palestinos a los que iban echando de sus casas los colonos sionistas.
Cuando yo llegué a la cantina de las viudas madrileñas era también un hijo ardido de aquel Mayo del 68 que pudo cambiar el mundo. Tiempo después, Don Victoriano, que había sido estudiante en Salamanca y ahora ganaba debates en la capital, cerró el nuestro con una contundencia: se perdió Mayo del 68 porque los obreros dejaron solos a los estudiantes. Que un obrero se ausente de una revolución va contra natura. Así que no sé yo, Don Victoriano.
Cuando yo llegué a la cantina de las viudas madrileñas los palestinos habían visto morir todas sus esperanzas al perder los árabes la guerra de los Seis Días que empezó con el exterminio de los aviones egipcios antes de despegar. Algo tendrían que decir los servicios secretos británicos y estadounidenses, pero el tema es otro: el olvido de Palestina.
Junto a un joven guerrillero y con un ensayo sobre poetas palestinos recorrí los periódicos de Madrid intentando evitar ese olvido. Todos hicieron oídos sordos, incluso el periódico del Opus que tenía como entrevistador de lujo para los domingos a un magnífico poeta comunista. Sólo escuchó el portaviones menos esperado.
No hay mayor dolor que el olvido. El olvido es la muerte total porque es como si no hubieses existido. Y hacia ese olvido silencioso de Palestina caminamos, no dándonos por aludidos cuando nos hablan 77.000 cadáveres que ya no palpitan.

Nuestro Félix Maraña sigue con la guadaña diaria contra las arrogancias y las tonterías. Pero también con un profundo amor por los más débiles o pobres. Y no hay pobreza mayor que 77.000 cadáveres palestinos. Para que no se olviden, para gritar sus nombres, ha escrito un libro, "La sangre palestina", con prólogo de Mikel Ayestaran, corresponsal de prensa en Oriente Medio, y un epílogo de Alfonso Pascal, edición de Huerga y Fierro (en su web está ya). El libro es un grito. Contra el genocidio, pero también contra el olvido. Porque nos estamos acostumbrando al olvido diario. Cómplices de ese genocidio seremos todos si nos callamos o no escuchamos. La sangre lejana de Palestina clama en los versos también. Y esta vez no hay un solo obrero a quien echar la culpa. 

DdA, XXII/6345

TRAS EL SHOW DE FLORENTINO, EL NACIONALMADRIDISMO PODRÍA LLEGA A SER CÓMICO

Ayer La Sexta, la de Ferreras, íntimo de Pérez, ofreció una larga y sumisa entrevista sorpresa con Florentino, presidente del Real Madrid, que fue de lo más denigrante para la profesión periodística, dado que el periodista se limitó a acatar las interrupciones continuas de su entrevistado, insistiendo hasta el hartazgo en que defendía a los socios del club, auténticos propietarios del mismo, y que por eso se presenta a las elecciones que ha convocado otra vez. Hoy nos dice Tecé en CTXT que lo que lo que hasta ayer era una tragedia de medios en manos del nacional-madridismo podría convertirse en algo cómico tras el show de Florentino. 


Gerardo Tecé

Sentados en el sofá, con el niño acostado y el mando de la tele en la mano, convencí a mi novia para cambiar la serie por el vídeo de la rueda de prensa que Florentino había dado por la tarde. Ni de coña, dijo en un primer momento de negociación. Te va a gustar, tiene muy buenas críticas, respondí. Ni muerta. Dura una hora, como un capítulo. Me divorcio. Tengo que escribir una columna mañana sobre esto –jugué sucio–, es un tema de trabajo. Pásame el cuaderno de crucigramas y déjame en paz para siempre, acabó aceptando encantada. Como el viejo Logan Roy en Succession, el capo del Real Madrid llegó a la rueda de prensa que había convocado de urgencia con esa cara de pocos amigos tan característica en gente que amasa enormes cantidades de poder y dinero. Buenas tardes, no voy a dimitir, voy a convocar elecciones porque hay gente que quiere robarnos el Real Madrid. ¿Ves? Es un thriller, le dije, pero ella andaba con el 8 horizontal –símbolo del cobalto, CO–. No tengo cáncer, como se ha dicho por ahí. Si lo tuviera, alguien me habría visto entrar en una clínica o algo, ¿no?, explicaba el presidente y ella, orgullosa y cabreada, fijaba la vista en un país europeo de cinco letras negándose al placer de aquella maravilla televisada.

He visto un artículo en el ABC que no me ha gustado, sacó el móvil Florentino y preguntó si estaba allí presente el despojo humano capaz de escribir con tono negativo sobre el mejor club de la historia de la Vía Láctea. Tras encararse con un periodista presente en la sala y decirle aquello de me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre del disgusto, prepárate a morir, Florentino anunció que mañana mismo se daría de baja del periódico del Grupo Vocento al que su padre lo suscribió hace 40 años. Un drama familiar, le dije a ella, que ya había llegado a la conclusión de que el país era Suiza y andaba por un guiso de carne picada de seis letras y sin inmutarse ante el acontecimiento cinematográfico de la década. Si entrase ahora desnudo Ferreras y se sentase junto a Florentino, ¿aceptaría que esto es majestuoso o seguiría negando la realidad por pura cabezonería?, me llegué a preguntar en plan con quién comparto mi vida.

¿Por qué se meten los periodistas con el Madrid?, se lamentaba Florentino una y otra vez en lo que ya hacía rato había pasado a ser un homenaje a Donald Trump. Make Real Great AgainGreat, Again: MR. GAGA. Hay una mujer que ha escrito un artículo sobre el Real Madrid y ni siquiera sé si esta señora sabe de fútbol, denunciaba Florentino que hay gente –mujeres para más inri– que no ha superado el Floren-test que permite ejercer el oficio en España. Y sin embargo ahí están, escribiendo en medios como si tal cosa. Indignante. Gracias a mí, los niños de África ven el fútbol gratis. Soy el mejor presidente de la Historia. Todos los años se dan de hostias varios jugadores en el vestuario –mira, ¿ves? A ti te gustó El club de la lucha, le dije, y el guiso de seis letras era gigote–. Esto es lo normal en el vestuario del club más señor del planeta, lo indignante es que la prensa lo cuente, explicaba Florentino, que de ahí pasó a denunciar que le han robado siete ligas. Es decir, que la carrera futbolística de Messi fue una estafa, un cuento, un invento perpetrado por aquellos que tanto odian al Real Madrid, que son muchos. Turno de preguntas. Venga, niña, pregunta tú que estos son muy feos. Es The Office, le dije, y ella que si río de Italia PO.

Tras cinco años usando su poder para censurar la publicación de sus famosos audios crucificando a periodistas y jugadores, Florentino Pérez convocó a los medios para insultar a todo bicho viviente, esta vez sin grabadora oculta, mostrando lo de aquellos audios en directo y televisado. Una estrategia curiosa, un guion difícil de entender como una peli de Christopher Nolan –¿de verdad va a terminar este espectáculo y tú sin mirar? Nave es Nao– en el que el argumento central es que existe gente que opina cosas sobre el Real Madrid sin permiso de Florentino y eso no se va a tolerar más. Como en la escena de El Padrino en la que durante el bautizo del hijo de Michael Corleone se aprovecha para ajustar cuentas pendientes, Florentino dirigía su propia eucaristía mientras en la sede de Vocento, editor de ABC, se anunciaba un repentino cambio en la presidencia. Tras años de litigio, en la mañana posterior al show florentiniano, la Audiencia Provincial de Madrid anuncia que lo del ruido de los conciertos del Bernabéu no tiene nada que ver con el Real Madrid. Las quejas vecinales han sido, una vez más, un movimiento malintencionado. Puro antimadridismo, tal vez. O, quién sabe, el vecino del quinto infiltrado en la trama Negreira para dañar al club más grande, limpio y admirado de la historia universal del fútbol mundial.

Conocimiento de las propias limitaciones y defectos, ocho letras, humildad. Me van a tener que echar de aquí a tiros, dejó como gran titular Florentino y no era fácil elegir ante tal avalancha de señorío y saber estar desplegado durante más de una hora. ¿Por qué los madridistas tenemos que soportar leer o escuchar cosas que no nos gustan? No hay derecho. Los florentiners, doloridos como quien durmió anoche en el –asiento cómodo para dos o más personas– sofá, lamen las heridas de su amo a la espera de que los terribles enemigos anunciados aparezcan por algún lado. Si no lo hacen, si todos esos enemigos finalmente no llegan, a alguien se le va a poner cara de Quijote. Quijote con poder suficiente para poner y quitar periodistas. Para obligar a este oficio a llevar en portada que hay molinos moviéndose. Lo que hasta ayer era una tragedia de medios en manos del nacionalmadridismo podría convertirse en algo cómico tras el show de Florentino. Estaremos atentos.

DdA, XXII/6345

HERNANDO VUELVE A MANCHARSE DEFENDIENDO A ACOSADORES


Lazarillo

Como se les ha retirado la acreditación a dos acosadores de los parlamentarios y periodistas de izquierda que acudían con ese fin al Congreso de los Diputados, uno de los diputados cuyo currículum cuenta con episodios tan poco ejemplares como un intento de agresión de Pérez Rubalcaba o sus agravios a los familiares de las víctimas de la dictadura, acaba de encorajinarse diciendo que esa retirada de acreditación a periodistas no tiene precedentes en el Congreso en casi cincuenta años de democracia. Defiende con ello Rafael Hernando a quienes no son periodistas pero contaron con el dinero del Partido Popular para que un determinado canal catapultara a uno de los acosadores para que ejerciera como tal micrófono en mano. En efecto, no hay precedentes en casi cincuenta años de democracia de que tipos así actuaran como lo viene haciendo estos sujetos, a sueldo de medios afines a una derecha cada vez más montaraz. No debería Hernando recurrir a los precedentes históricos en el Congreso, sabiendo como sabe que en los suyos hay manchas que no se quitan, mucho menos si se defiende a quienes trata de defender. 

DdA, XXII/6345

CARTELADA DESMOVILIZADORA DEL PP CONTRA EL PSOE EN ANDALUCÍA


Félix Población

Parece que sí, que definitivamente y a pesar de las encuestas favorables, el Partido Popular se ha puesto nervioso ante la posibilidad de que las elecciones autonómicas en Andalucía ofrezcan unos resultados no tan favorables como los previstos. Si no, no se explica la pegada de carteles que han aparecido por las ciudades andaluzas, tal como el que ilustra este post, tratando de desmovilizar el voto al Partido Socialista. Lo leemos en El Diario y tal como también se indica en este mismo periódico, el hecho nos recuerda una campaña desmovilizadora similar que en este caso pretendió dirigirse a los electores de izquierda en general. El promotor entonces (2019) fue un empleado del consultor Aleix Sanmartín, gurú electoral de Pablo Casado, y puesto que Sanmartín ya había lanzado anteriormente una operación similar a favor del Partido Popular en Andalucía con mensajes falsos de supuestos militantes socialistas que enfrentaban a Pedro Sánchez con Susana Díaz, bien parece que lo de ahora a modo de copia literal podría tener similar origen. En todo caso, este recurso me parece, por viejo y simple, un síntoma de que al Partido Popular alguien le ha ido con el soplo de que no se fíe de las encuestas que se publican y ha tratado de reaccionar con lo primero que se le ha ocurrido, que es esta muy primaria y caduca pegada de carteles a unos pocos días de los comicios. Puede también que esta operación tan avejentada de sentido obedezca a que en la calle Génova no han quedado muy satisfechos con la semblanza de Moreno con los papeles por el suelo en el primero de los debates televisivos, sin que tan mala imagen haya sido enmendada con el segundo. Ya sabemos que no son comparables unas elecciones autonómicas con unas generales, pero no debemos olvidar que en las generales de hace tres años Partido Popular y Partido Socialista estuvieron bastante igualados, sin que esto quiera decir que lo vayan a estar ahora. Con todo, esta cartelada de última hora resucitando a Susana Díaz de una vieja campaña no me parece lo más concordante con la previsión de resultados que han dado las encuestas.

DdA, XXII/6345

EL ARMA EN LA SIEN DEL PUEBLO CUBANO

El arma en la sien. Esa metáfora que brota desde las entrañas del pueblo cubano no es hipérbole literaria, escribe Raulito Torres desde La Habana: es la traducción emocional exacta de lo que significa vivir seis décadas bajo la amenaza constante, bajo el castigo colectivo disfrazado de política exterior. Hablo del bloqueo, sí, pero hablo sobre todo de esa sensación viscosa e incómoda que describen quienes lo padecen: la presión psicológica de saberse en el punto de mira, de entender que tu sufrimiento cotidiano —la medicina que falta, el alimento que se raciona, el futuro que se aplaza— es simplemente un daño colateral aceptable para quienes hacen del odio una plataforma electoral.



Raulito Torres
/Aquí en La Habana

Imagina despertar cada mañana con la certeza de que alguien, desde la distancia burocrática de un despacho con aire acondicionado, ha decidido que tu existencia merece ser asfixiada. Pero no con manos propias —porque eso sería demasiado íntimo y demasiado humano—, sino con el mecanismo impersonal de un bloqueo económico que aprieta como un tornillo de banco, lento pero inexorable.
El arma en la sien. Esa metáfora que brota desde las entrañas del pueblo cubano no es hipérbole literaria: es la traducción emocional exacta de lo que significa vivir seis décadas bajo la amenaza constante, bajo el castigo colectivo disfrazado de política exterior.
Hablo del bloqueo, sí, pero hablo sobre todo de esa sensación viscosa e incómoda que describen quienes lo padecen: la presión psicológica de saberse en el punto de mira, de entender que tu sufrimiento cotidiano —la medicina que falta, el alimento que se raciona, el futuro que se aplaza— es simplemente un daño colateral aceptable para quienes hacen del odio una plataforma electoral.
Hay algo profundamente obsceno… digamos que bastante cochino, en la manera en que el lobby cubanoamericano ha convertido el dolor de toda una isla en una industria rentable.
Marco Rubio y los suyos no son patriotas extraviados: son operadores políticos que entendieron hace décadas que mantener viva la llama del resentimiento produce réditos electorales, contratos mediáticos, influencia y poder. La cizaña que siembran no es ideológica: es contable en dólares.
¿Qué clase de deformación moral permite que alguien construya una carrera sobre la perpetuación del sufrimiento de la tierra que lo vio nacer? ¿Cómo se duerme por las noches sabiendo que cada discurso incendiario, cada amenaza de invasión, cada bomba mediática sembrada en los grandes periódicos, se traduce en rostros concretos, en insomnios reales, en vidas puestas entre paréntesis?
A esa pregunta, la filosofía política le ha puesto nombre: necropolítica, ese poder de decidir quién merece vivir y quién debe morir lentamente, administrando la precariedad como quien dosifica un veneno.
Pero lo más cruel no es el bloqueo en sí. Lo más cruel es la rentabilidad infinita de mantenerlo. Porque el exilio cubano más reaccionario necesita que Cuba siga siendo el enemigo, necesita que el bloqueo perdure, necesita que el sufrimiento continúe siendo noticia para justificar su propia existencia como casta política. El día que Cuba deje de ser un problema, ellos dejarán de ser relevantes. Y eso, sencillamente, no lo pueden permitir.
Por eso siembran cizaña. Por eso fabrican miedo mediático. Por eso amenazan con invasiones y bombardeos mientras desayunan en Miami, a salvo de las consecuencias.
El arma en la sien, decíamos. Fría, metálica, constante. No se dispara, pero está ahí. Y estar ahí ya es una forma de violencia. Y si un día se dispara, quién sabe si entonces surja del espíritu adolorido de un pueblo una sed de justicia tan descomunal que se parezca a una sed de venganza… Y quién sabe hasta dónde llegará esa sed para saciarse, después de tanto árido maltrato.
A los mercaderes del odio, a los vendepatrias electoralistas, habría que recordarles las palabras de José Martí: «Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen». Ustedes eligieron el último bando. La historia y los corazones que hoy sangran sabrán juzgarlos.

DdA, XXII/6345

miércoles, 13 de mayo de 2026

MURIÓ "EL CABRERO", PASTOR DE NUBES, AL QUE EL MIEDO HIZO REBELDE


Ana Cardo

Muchas de las letras de las canciones del cantaor flamenco El Cabrero, fallecido ayer en Sevilla a los 81 años de edad, fueron escritas por su compañera de vida Elena Bermúdez, como ésta de Pastor de nubesque data del año 2011 y habla del nacer y el morir: "Nací una tarde de octubre / cuando pardean los cerros / y en el llano los rastrojos / tapizan los barros negros. / Cuna de cabrero pobre / pañales de trapos viejos / de dolor fue el primer grito / el segundo fue de miedo / Si el dolor templó mi voz / como a los buenos cencerros / el miedo me hizo rebelde / en vez de hacerme borrego. / Amaneceres de frío, atardeceres de acero / mi infancia fue una ilusión / si la tuve, no me acuerdo. / Por eso, a veces me paro / a jugar con lo que encuentro / a la piola con el alma / y al escondite con el tiempo / Y cuando el tiempo me gane / Ya cansado y para viejo / jugaré a pastor de nubes / y a sacar coplas al viento".

DdA, XXII/6344

HILDA FARFANTE: MIENTRAS LE QUEDÓ VOZ, NO CALLARON SUS MUERTOS

 


Con motivo del fallecimiento de Hilda Farfante (1930-2026) recuperamos esta entrevista difundida en La Sexta hace años, cuando Hilda buscaba los restos mortales de sus padres, maestros republicanos, asesinados en Cangas del Narcea (Asturias) por las tropas sublevadas. De entre los varios artículos escritos sobre esta maravillosa mujer en DdA, rescatamos este publicado en octubre de 1995, a raíz de la entrevista que Gonzo hizo a Hilda Farfante en La Sexta. De Hilda Farfante bien se puede decir lo que los versos de Marisa Peña dijeron: Mientras me quedé voz/ no han de callar mis muertos. El más destacable de todos los artículos sobre esta mujer lo escribió Gregorio Morán y lo incluimos también en este DdA (El grito de Hilda Farfante) con motivo del fallecimiento del periodista asturiano el pasado mes de febrero.

Félix Población

"Ya no hay más fosas que descubrir, salvo que se empeñen en buscar a Federico García Lorca en los cuatro puntos cardinales de España. Ahora mismo no hay más sitio donde ir". Con estas palabras, el senador del Partido Popular, José Joaquín Peñarrubia, aseguró ayer en la Comisión de Presupuestos que en España "no hay demanda" de exhumaciones. 

Como no podía ser menos ante la desfachatez de la falacia, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica criticó a Peñarrubia por su "enorme incultura en cuestión de derechos humanos" y por "insultar" a las víctimas del franquismo. "No es solo que sea mentira lo que dice, esto ya es un ejercicio de negacionismo. Es casi como negar que había campos de concentración en Alemania", señaló Emilio Silva, presidente de la asociación. "Ahora mismo tenemos una lista de 1.539 personas desaparecidas y reclamadas por familiares, que cumplen los requisitos del protocolo establecido por Naciones Unidas. Son personas de las que sabemos dónde podrían estar y que, si tuviéramos los recursos, podríamos ir a buscar". 

Asimismo, el pasado martes, el Partido Popular rechazó en la Comisión de Justicia del Congreso la enmienda transaccional pactada por el PSOE con el Grupo Mixto y la Izquierda Plural, en base a la proposición no de ley presentada por ambos grupos, en la que se insta al Gobierno a extraditar a Argentina a una veintena de exaltos cargos del franquismo -algunos ya fallecidos- acusados de crímenes de lesa humanidad y genocidio, o bien, propiciar que se les juzgue en España. La diputada conservadora Rocío López acusó entonces a los diputados autores de la propuesta de “querer reabrir heridas del pasado", y tuvo el menor reparo en añadir: "Para eso con nosotros no van a contar. Dejen en paz a los muertos”.

Ayer, el reportero Gonzo -en El Intermedio-, creyó oportuno dar respuesta tanto al diputado Peñarrubia como a la senadora López, y para ello tuvo la perspicacia de buscar entre varias de las víctimas del franquismo –hijas e hijos de ese millar y medio de personas desaparecidas y reclamadas por sus familiares- a la maestra Hilda Farfante, hija de un matrimonio de maestros de la localidad asturiana de Cangas del Narcea, asesinado por la dictadura fascista. 

Hilda tiene muy vivas, muy lúcidas y muy sensibles las facultades del recuerdo y la expresión, y supo resumir en una frase la contestación que le dio a Gonzo cuando el periodista le preguntó si mataron a sus padres por haber ejercido algún tipo de resistencia armada. “Sólo tenían la llave de la escuela”, respondió Farfante, y para dejar bien claro cuál es su propósito hasta que le llegue la muerte, recitó estos magníficos versos de Marisa Peña, que no sé si el senador Peñarrubia o la diputada López tienen la posibilidad de comprender, porque  para dejar en paz a los muertos hay que heberles reconocido su derecho a la verdad, la justicia y la reparación. Mientras tanto, seguirán siendo una herida abierta en el corazón de quienes no los olvidan y en el de una democracia que, para serlo, debe cumplir con el requisito fundamental de cerrar esa herida.

Mientras me quede voz  
hablaré de los muertos,
tan quietos, tan callados,
tan molestos.  
Mientras me quede voz
hablaré de sus sueños,
de todas las traiciones,
de todos los silencios,
de los huesos sin nombre
esperando el regreso,
de su entrega absoluta
de su dolor de invierno.
Mientras me quede voz
no han de callar mis muertos.

DdA, XXII/6344

Publicidad

Alojado en Cyberneticos