martes, 28 de abril de 2026

LA AUDIENCIA NACIONAL Y EL CRUCE DE PIERNAS DE DOS EXVICEPRESIDENTES


Lazarillo

Hace unos días, en el juicio o lo que sea contra la cúpula del Ministerio del Interior que se celebra en la Audiencia Nacional, observamos a quien fuera vicepresidenta del Gobierno  de entonces con M. Rajoy en La Moncloa, Soraya Sanz de Santamaría. Algunos, hace muchos años, defendiendo el derecho a la libertad de expresión en los medios de comunicación, probamos un banquillo literal sin respaldo y debimos descruzar la piernas a requerimiento de la autoridad judicial. Mucho más tarde, el propio Pablo Iglesias hubo de hacer lo propio, pero la vicepresidenta de M. Rajoy no fue molestada en ese sentido durante su concisa y casi monosilábica comparecencia en la Audiencia Nacional. Se la ve cómoda y hasta relajada, aunque atacada de la misma amnesia que sufre su partido con el caso Kitchen. Claro que, como dice alguien a propósito de la doble imagen,  ¿vas tú a comparar el valor de la vicepresidencia de un miembro del Gobierno del partido más corrupto de Europa, con la vicepresidencia del de un miembro de un partido como Podemos, denunciado e investigado por activa y por pasiva, sin una sola sentencia condenatoria en su haber? No podemos hacer otra cosa si la justicia igual para todos nos pone tan fácil la comparanza.

DdA, XXII/6328

¿CÓMO ES QUE IGLESIA RECAUDA MÁS SI LAS ASIGNACIONES IRPF DECRECEN?


Jorge Otero

Desde el año 2007, el año que empezaron a registrarse estos datos, las estadísticas de la Agencia Tributaria reflejan una curiosa paradoja: La Iglesia católica recauda cada vez más dinero del Estado al tiempo que el número de contribuyentes que marcan la casilla para sostener su actividad cae a sus mínimos históricos. Lo que no parece cambiar es el apoyo a la Iglesia entre las clases más pudientes: de acuerdo con los datos recogidos en el último Informe Anual de Recaudación Tributaria de 2025 (PDF), correspondiente al año 2024, las rentas más altas escogen tres veces más la casilla de la Iglesia que las rentas más bajas.

La Iglesia católica percibió 429 millones de euros del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) a pesar de que el año pasado solo un 10,1% de las declaraciones marcó en exclusiva la X de la Iglesia. En 2007, ese porcentaje era del 21,4%, justo el doble. Si se suma a aquellos contribuyentes que marcaron las dos opciones, la de la Iglesia y fines sociales (algo permitido por la Agencia Tributaria), el porcentaje de declaraciones del IRPF que brinda apoyo económico a la Iglesia alcanza el 30,6%. En 2007, ese porcentaje era del 34,4%.

Si, como señala el informe de la Agencia Tributaria, "la asignación a la Iglesia católica muestra una clara trayectoria decreciente" desde el año 2007, ¿cómo se explica entonces que la Iglesia recaude cada vez más? 

PÚBLICO  DdA, XXII/6328

TODA LA IZQUIERDA JUNTA (PSOE INCLUIDO) SÍ EVITARÍA UN GOBIERNO DE DERECHA EXTREMA


Félix Población

A falta de lo que se pacte en el nuevo gobierno de Castilla y León y de lo que dispongan las próximas elecciones en Andalucía, ya tenemos a la extrema derecha en los gobiernos autonómicos de Extremadura y Andalucía. En ambos casos se ha hecho notar la expresión que más va definir uno y otro ejecutivo. Recuerda al "América first" de Donald Trump, pero como en España tenemos experiencia histórica sobre el fascismo, lo que el Partido Popular y Voz pactan en Extremadura y Andalucía es la llamada "prioridad nacional", un concepto mucho más arraigado en la historia patria y que se puede vincular con el de "redención nacional" que utilizó Onésimo Redondo, líder del nacional-sindicalismo, al que también se denominó como fascismo a la española. Obviamente, ante la vinculación del principal partido de la oposición con el concepto de "prioridad nacional" en dos comunidades autónomas, dos, concepto que constituye una flagrante discriminación que hace añicos el principio de igualdad constitucional entre la ciudadanía, es hasta posible que esto pueda llegar a restar expectativas de voto del Partido Popular en Andalucía, por halagüeñas que parecieran hasta la fecha. Temiendo este efecto en la Comunidad de Madrid, su presidenta ha sido rauda en la crítica a esa "prioridad nacional", consciente de que le pueda afectar también a ella en las urnas. Vivimos en un tiempo en que no se puede confiar en aquel electorado que se decía de centro y que antes basculaba su voto ora al PSOE, ora al Partido Popular, porque está claro que esta sociedad se ha dejado llevar por las corrientes ideológicas más reaccionarias que circulan por Europa. Por esto, cuando la derecha y la extrema derecha confluyen en gobiernos de derecha extrema en varias comunidades autónomas, lo que cabe esperar es que también lo hagan a escala nacional en unas futuras elecciones generales. Hemos llegado al punto en que sólo una confluencia de toda la izquierda junta, incluido el Partido Socialista, evitaría que la derecha extrema llegue a gobernar en España. Parece difícil, pero entre lo difícil y lo peor, mucho peor por conocido, hay que escoger lo primero porque lo que cuenta es defender la democracia*.

*La clave de la nueva invención de Vox, que también compra el PP, no es la escasez de recursos (esa es la coartada), sino la definición de quién pertenece al “nosotros” que los merece. (CTXT).

DdA, XXII/6328

ESPAÑA, LA ENERGÍA DEL SOL Y EL VIENTO, Y ORMUZ


Enrique de Teso

Hace un año fue el apagón. Inmediatamente saltaron lobbies de la energía nuclear y toda la infantería conservadora (ejem, llamémosla conservadora): la culpa fue de las renovables; fanatismo climático, talibanismo verde, comisarias políticas de Sánchez ignaras en asuntos de energía.
Hoy. El consorcio europeo ENTSO-E descarta que las renovables hayan sido la causa. Se estrangula Ormuz y dice Finantial Times que España soporta mejor el temporal, gracias a las renovables. The New York Times pone matices a la prédica de Sánchez, pero da datos de la menor dependencia de España de petróleo y gas gracias a las renovables (Francia, con su abundante energía nuclear, está siendo mucho más afectada por Ormuz). Maarten Wetselaar, CEO de la antigua CEPSA, dice que España puede ser la Arabia Saudí de Europa, gracias a la energía del sol y el viento. Este señor cobró en 2025 un sueldo de 6,2 millones de euros. No es comunista.
Todo esto puede cambiar por cualquier cosa, pero un año después, confirmamos cuánto mintieron los que mienten siempre. Llamémoslos conservadores.

DdA, XXII/6328

¡JUNTAS VECINALES PARA TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNICIPIO DE BOÑAR YA!

 En los años 60 se suprimió la personalidad jurídica de las entidades locales menores de Boñar, una decisión injusta y desproporcionada en una época en la que la democracia brillaba por su ausencia. Al desaparecer el municipio de Vegamián bajo las aguas del actual embalse del Porma, los pueblos que se libraron del agua se anexaron al ayuntamiento de Boñar, conservando sus Juntas Vecinales. Y es que no se concibe que un mismo municipio tenga localidades con y sin Junta Vecinal al mismo tiempo. Un problema que ha generado la pérdida de decenas de miles de euros para aquellos pueblos boñarenses que, al no tener esta personalidad jurídica, se quedan fuera del reparto presupuestario que la Diputación destina habitualmente a estas entidades.

El Porma desde el embalse

Abel Vergara González

La villa de Boñar es famosa por muchas cosas, aunque no podemos evitar pensar en la jota que destaca el maragato en la torre, y en la plaza el Negrillón. El primero, que ya tiene cien años, descansa en una vitrina para poder conservarse mejor tras las inclemencias del tiempo a las que durante décadas ha estado expuesto en lo alto del campanario. El segundo, por desgracia, no tuvo tanta suerte. Un olmo centenario, que tras más de 400 años presidiendo la plaza del pueblo, enfermó en la década de los 80 del siglo pasado, quedando seco e inerte. Hasta el 5 de enero de 2016, cuando ese robusto tronco cayó, dejando una plaza huérfana, y encogiendo el corazón de todos los boñarenses. Mi generación no conoció el esplendor del negrillón, y lo que recordará la siguiente generación es una escultura metálica en el mismo lugar donde durante siglos creció el emblema de Boñar.

Es difícil igualar al maragato y el Negrillón, pero si de algo puede presumir un boñarense es de la riqueza natural y patrimonial del municipio. Buena prueba de ello es la conocida frase “Boñar, donde más corre el agua”, que hace referencia a la abundancia de este preciado recurso natural en la Villa. Tal es así, que las aguas del manantial de Las Caldas han sido declaradas como aguas termales por la Junta de Castilla y León, reconociendo sus propiedades naturales. Pero este hecho no ha sorprendido a nadie, pues precisamente la calidad de estas aguas fueron la principal razón por la que hace algo más de un siglo se llevase a cabo la construcción de un balneario justo en esta zona, que acabó siendo referente para la sociedad leonesa y española.

Además, este edificio abandonado que aún sigue en pie, se ubica a escasos metros de otra joya boñarense, el Puente de San Pedro, o Puente Viejo, que permite cruzar de una orilla a otra del río Porma. Conocido también popularmente como “puente romano”, lo cierto es que la construcción que se conserva es de origen medieval (que pudo haberse realizado sobre los restos de un puente romano), aunque el puente sufrió algunas reformas durante los siglos XVII y XVIII. Actualmente la mayoría de boñarenses siguen defendiendo que se lleven a cabo los estudios e informes pertinentes para poder declarar al puente Bien de Interés Cultural.

Pero no solo podemos presumir de construcciones, pues el municipio de Boñar goza de un patrimonio natural que, junto al resto de la montaña leonesa, tiene uno de los reconocimientos internacionales más importantes del mundo. Hablo, cómo no, de la declaración de las Montañas de León como SIPAM (Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial), una distinción que fue concedida por la ONU en el año 2022 y de la que deberíamos presumir más a menudo. La diversidad del suelo natural para distintos usos como el ganadero o agrario, la silvicultura, la inmensa biodiversidad de nuestra flora y fauna, y la gestión rural y sostenible de nuestros montes, han convertido a estos 10.000 kilómetros cuadrados de montes leoneses en el tercer SIPAM más grande del mundo. También hay que destacar que dentro de este enclave se encuentran las 7 reservas de la biosfera de la provincia de León, siendo el territorio con mayor concentración de reservas de la biosfera de todo el mundo.

Hace justo dos semanas el Gobierno de España anunciaba la declaración de todos los hórreos del norte de la Península Ibérica como Patrimonio Cultural Inmaterial, una noticia que tuvo gran acogida en Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi, Navarra y, cómo no, León. Aunque el BOE menciona a todos estos territorios en su anuncio, lo cierto es que, por desgracia, hemos visto cómo muchos medios que se hacían eco de la noticia obviaban a León, que casualmente es el único de estos territorios que carece de Comunidad Autónoma propia. Sin embargo, nuestra provincia cuenta con más de 300 de estas construcciones centenarias, y, ¿sabéis dónde se encuentra la más antigua? Exacto, en el municipio de Boñar, concretamente en la localidad de Las Bodas. El horreo de Las Bodas, que data del siglo XVII es el más antiguo conservado en madera, no solo de León, si no de toda España. Esta pequeña construcción de 400 años, no fue declarada Bien de Interés Cultural hasta el año 2020, y actualmente es propiedad de la Diputación de León.

Al de Las Bodas hay que sumarle también los hórreos de Valdehuesa, Vozmediano y Felechas, siendo esta última localidad una de las que más hórreos conserva de la provincia, concretamente cuatro, aunque tuvo más que desaparecieron con el tiempo. Y es que, si bien me enorgullece presumir de todo lo bueno que tiene Boñar, no puedo evitar escribir sobre un problema que precisamente perjudica a la mayoría de estas localidades. Valdehuesa, junto con Orones y Rucayo, tienen algo de lo que el resto de localidades del municipio carece, Junta Vecinal. Una anomalía cuyo agravio comparativo se ha ido agrandando durante décadas.

En los años 60 se suprimió la personalidad jurídica de las entidades locales menores de Boñar, una decisión injusta y desproporcionada en una época en la que la democracia brillaba por su ausencia. Al desaparecer el municipio de Vegamián bajo las aguas del actual embalse del Porma, los pueblos que se libraron del agua se anexaron al ayuntamiento de Boñar, conservando sus Juntas Vecinales. Y es que no se concibe que un mismo municipio tenga localidades con y sin Junta Vecinal al mismo tiempo. Un problema que ha generado la pérdida de decenas de miles de euros para aquellos pueblos boñarenses que, al no tener esta personalidad jurídica, se quedan fuera del reparto presupuestario que la Diputación destina habitualmente a estas entidades. La lucha por la restitución de estas Juntas Vecinales sigue en pie, mientras la mayoría de partidos políticos con representación parlamentaria miran para otro lado.

En definitiva, son muchas las cosas que tiene Boñar y de las que puede presumir abiertamente, y eso que me he dejado en el tintero otras cuántas (no me he olvidado de los nicanores o del valor histórico y patrimonial de mi querido Colle). Pero esta Villa también sufre las consecuencias de un bloqueo que a día de hoy sigue perjudicando a nuestros pueblos, que sufren una situación alarmante de despoblación y abandono institucional. Proteger nuestro territorio también pasa por exigir a nuestros representantes voluntad política. Hemos salido a la calle contra la mina de Oville, en defensa del tren de la FEVE, o para exigir la restitución de las Juntas Vecinales. Y debemos seguir haciéndolo, porque Boñar tiene más de dos cosas, muchas más, y todas ellas merecen ser conservadas y protegidas.

HERALDO DE LEON DdA, XXII/6328

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXIII): DEL ESTADO-NACIÓN Y EL SENTIDO DE SUS DECADENTES SEÑALES


José Ignacio Fernández del Castro

«No obstante, tras casi un siglo de fortalecimiento del Estado nacional y de la “nación”, a fines de la década de 1980 comienza a darse una institucionalización considerable de de los “derechos” de las empresas multinacionales, la desregulación de las empresas transfronterizas y el aumento del poder o de la influencia de algunas organizaciones supranacionales. [...] Resulta cada vez más evidente que la función del Estado en el proceso de desregulación implica la producción de nuevos reglamentos, leyes y medidas judiciales, es decir, la producción de toda una nueva clase de “legalidad”. 
La condición de fondo aquí es que el Estado conserva su función de garante de los derechos del capital global –la protección de los derechos contractuales y de propiedad y, en líneas generales, la legitimación de dichos derechos-.

Entonces puede concebirse al Estado como la representación de una facultad técnica administrativa que posibilita la implantación de la economía global corporativa.» Saskia SASSEN (La Haya, Holanda, Países Bajos, 
5 de enero de 1949), Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2013: 
Elements for a  Sociology of Globalization –Una sociología de la globalización- (2007).

Vivimos tiempos en los que el poder del Estado-nación languidece ante los poderes económicos transnacionales... Tiempos en los que, en patética deriva,  el Estado-nación trata de conservar alguna función reguladora (hablando en plata, de hacerse sentir útil para esos poderes reales) olvidándose de una ciudadanía aplastada bajo el enmarañado tropel legislativo que nos convierte a todos en ignorantes  de la ley (y, en algún sentido, más que probables infractores), y dedicándose con solícito afán a proteger los derechos de propiedad y los atropellos contractuales del capital global y local...


Se autopostula así el Estado-nación actual como la instancia paradójicamente legitimadora (a través de un marco normativo desregulador de los derechos generales) de los derechos específicos (incluyendo los abusos de poder) de las grandes corporaciones que actúan en la economía global (y financiarizada).
Esos son los intereses que realmente representan (con independencia de la mejor o peor voluntad, de la mayor o menor honradez, de la más o menos clara conciencia de cada caso concreto) las castas políticas de nuestras pseudodemocracias... Porque, a fin de cuentas, bien saben que la permanencia de la estructura misma del Estado-nación depende, en último extremo, de ser útiles a esos poderes económicos globales, de “poner la cara en el escenario” mientras ellos permanecen el la tramoya.
Lo grave, pues, de esta gran impostura democrática no son tanto las corrupciones concretas como la sumisa y tramposa deriva del propio concepto de representación popular hacia una representación corporativa. Porque, para ello, no se duda en poner las leyes básicas que regulan los derechos universales (a la salud, a la educación, a la información, al tránsito interterritorial, a la libre expresión, a la vida) en la vía hacia una más eficaz estandarización del pueblo al servicio de esas mismas corporaciones...
 
Mientras, de paso, se hacen concesiones (utilizando la religión como añagaza ideológica, los sistemas escolares como reguladores del estar en el mundo anulando las veleidades del ser, los medios de comunicación como creadores permanentes de los imaginarios colectivos convenientes…) a los representantes de las viejas fuerzas vivas (Papa o Ayatollah, enseñantes convertidos en aplicadores de protocolos de ciudadanía ejemplar, periodistas como prescriptores de opinión o influencers) con el objeto de que sigan colaborando en la tarea de control social sin dar demasiado la lata.

Así que patria, himno o bandera (y sus enemigos) no son ya más que decadentes señales propiciatorias de la anacrónica sumisión de un manso rebaño.

DdA, XXII/6328

LO QUE PUEDE REVELAR EL TIROTEO EN EL HILTON DE WASHINGTON



No debe pasarse por alto el hecho de que una amplia reunión con periodistas sería la circunstancia más mediática posible para asegurar un gran impacto inmediato y extenso en la opinión pública estadunidense y mundial. A fin de cuentas, buena parte de los extravíos del magnate se explican por su tendencia a gobernar no con lógicas políticas, sino con golpes de efecto característicos de los reality shows en los que él mismo ha tenido una intensa participación; no debe olvidarse que el principio central de ese negocio mediático consiste en hacer que un sucedáneo de la vida real ocurra a cámara.

La agresión armada ocurrida el sábado pasado en el hotel Hilton Washington en momentos en que tenía lugar allí la cena del presidente con la Asociación de Corresponsales –un encuentro tradicional que Donald Trump suspendió durante su primer mandato y al que asistía por primera vez en el segundo– arroja interrogantes sobre la gestación del episodio, sobre la funcionalidad del actual gobierno de Estados Unidos y sobre lo que falta por ver no sólo durante los 32 meses que faltan para la próxima elección presidencial, sino incluso durante los siete que restan para la elección de medio término, a celebrarse en noviembre de este año.

Por principio de cuentas, la acción violenta pareciera obedecer al conocido patrón estadunidense de ataques con armas de fuego perpetrados sin razón aparente por individuos aislados y podría atribuirse a un intento de su perpetrador de llevar a cabo un tiroteo masivo, de no ser porque ocurrió en un sitio que, en teoría, tendría que haber estado protegido por un dispositivo de seguridad excepcional e incluso abrumador, como los que acompañan en todo momento a cualquier titular del Ejecutivo estadunidense, tanto en su país como en sus viajes al extranjero. Y aunque en esta ocasión Trump no estuvo en ningún momento en la mira del tirador, el hecho de que éste haya logrado actuar tan cerca del entorno presidencial sólo puede entenderse de dos maneras.

Pudo tratarse de una falla catastrófica del Servicio Secreto –denominación popular del equipo de protección de los mandatarios del país vecino–, particularmente grave si se consideran el ya referido contexto de la violencia estadunidense y la extremada polarización que suscita la figura de Trump, quien ya fue víctima de un atentado que estuvo muy cerca de ser fatal durante su segunda campaña presidencial en julio de 2024 en Pensilvania.

Por otro lado, si se toma en cuenta el pronunciado declive del millonario neoyorquino en la aceptación de la sociedad, su imposibilidad de encontrar una salida mínimamente verosímil y presentable a la guerra que él mismo desató contra Irán sin justificación alguna, el daño geoestratégico que ha causado al pelear con la red de aliados de Washington en el mundo y el deterioro que sus arbitrariedades han generado a la economía planetaria, no puede descartarse que la acción de un individuo armado con una escopeta en el vestíbulo del salón donde se realizaba la cena de la Asociación de Corresponsales sea un intento de cortina de humo urdida desde las entrañas del trumpismo para desviar la atención de la cada vez menos sostenible situación de su líder en la Casa Blanca.

No debe pasarse por alto, a este respecto, el hecho de que una amplia reunión con periodistas sería la circunstancia más mediática posible para asegurar un gran impacto inmediato y extenso en la opinión pública estadunidense y mundial. A fin de cuentas, buena parte de los extravíos del magnate se explican por su tendencia a gobernar no con lógicas políticas, sino con golpes de efecto característicos de los reality shows en los que él mismo ha tenido una intensa participación; no debe olvidarse que el principio central de ese negocio mediático consiste en hacer que un sucedáneo de la vida real ocurra a cámara.

Sea cual sea la verdad de lo ocurrido, el ataque del sábado en el hotel Hilton Washington deja flotando en el aire dos grotescas paradojas: el presidente que tanto ha ambicionado el Premio Nobel de la Paz no quiere o no puede pacificar su propio país; al mismo tiempo, en menos de dos años, el que tanta destrucción bélica ha provocado contra personas inocentes en diversos puntos del mundo con el pretexto de fortalecer la seguridad nacional de Estados Unidos ha estado en dos ocasiones a unos metros de un tirador dispuesto a acabar con su vida, y el enorme poderío militar, económico, judicial, tecnológico, mediático y diplomático del país que preside no ha podido hacer nada por evitarlo.

La agresión armada ocurrida el sábado pasado en el hotel Hilton Washington en momentos en que tenía lugar allí la cena del presidente con la Asociación de Corresponsales –un encuentro tradicional que Donald Trump suspendió durante su primer mandato y al que asistía por primera vez en el segundo– arroja interrogantes sobre la gestación del episodio, sobre la funcionalidad del actual gobierno de Estados Unidos y sobre lo que falta por ver no sólo durante los 32 meses que faltan para la próxima elección presidencial, sino incluso durante los siete que restan para la elección de medio término, a celebrarse en noviembre de este año.

LA JORNADA MX  DdA, XXII/6328

lunes, 27 de abril de 2026

CUANDO LAS PALABRAS Y HASTA EL AMOR SE ESCONDÍAN TRAS LAS PUERTAS



Paco Arenas

Palabras calladas
Hubo un tiempo en que los frutos de la tierra
se aventaban en las eras,
y las palabras se murmuraban apenas,
con los labios tensos,
los ojos vigilando las esquinas,
como si las piedras pudieran delatar
los pensamientos no pronunciados.
Entonces, no discutíamos de política...
Hubo un tiempo en que lo más extraño de otras tierras
era el forastero con su puesto en la plaza,
o el mozo del pueblo vecino
que osaba cortejar a una muchacha.
Se le arrojaba al pilón del pozo
si no pagaba la patente,
y si la pagaba... también.
Los negros eran cabezas de escayola
con ranura en el cogote,
los indios morían por miles
en televisores en blanco y negro.
Entonces, decíamos, no éramos racistas...
Hubo un tiempo en que hasta los ateos iban a misa,
se persignaban de rodillas,
como fieles de toda la vida,
y gritaban con fervor
al paso de la imagen de yeso o madera.
Con manos curtidas de campo
cargaban las andas
sobre hombros «pecadores».
Entonces, todos éramos católicos por...
¿la gracia de Dios?
Hubo un tiempo en que los enamorados
se besaban en la mejilla…
hasta después de casarse.
Los niños llegaban en alas de cigüeña,
algunos nacían a los seis, siete, u ocho meses
del «sí, quiero».
Otros, por obra del Espíritu Santo,
¡vaya por Dios!,
sin conocer varón,
o tras pasar por la sacristía…
de esos milagros, sé yo un par.
Y aunque parezca mentira,
también hubo un tiempo
en que los besos se daban en la calle
—de rodillas—
a la mano del cura,
con los ojos temblando de miedo
y la mirada fija en su otra mano,
por si llegaba un capón o una hostia…
no precisamente consagrada.
Así eran aquellos tiempos.
Hubo un tiempo en que el hombre del saco
era la Bella Durmiente,
y ningún niño le temía.
Pero si alguien susurraba:
«¡Que vienen los guardias!»,
niños y mayores
salíamos huyendo,
si podíamos y nos daba tiempo.
Los guardias repartían hostias como panes,
aunque no tuvieras hambre.
Si te pillaban por los caminos
con una cesta de higos de tu higuera,
de guindas de tu guindo
o de melones de tu propio melonar,
también la leña de tu monte…
por alguna ley secreta,
te lo quitaban todo.
Y si protestabas,
te llevabas leña de verdad,
y multa.
Entonces, la benemérita se hacía respetar.
Hubo un tiempo en que las palabras,
las penas, las ideas,
y hasta el amor
se escondían tras las puertas.
Y las palabras más bellas...
eran las que nunca se decían.
© Paco Arenas 20 de octubre de 2021
Palabras calladas es el poema que da nombre a mi último poemario, publicado en octubre de 2025.
Mi último libro es Las abarcas desiertas.

DdA, XXII/6327

¿POR QUÉ SE LLAMA "ASAMBLEA" LA OBRA POÉTICA DE JUAN CARLOS MESTRE?

 A fin de que lo sepan sus lectores, aunque muchos quizá se lo habrán supuesto, y también aquellos que no lo siendo tengan por curiosidad saber por qué el escritor y poeta leonés Juan Carlos Mestre decidió titular Asamblea el libro que reúne toda su obra poética, nada menos que cincuenta años de trabajo, desde 1975 a 2025, el propio autor ha tenido la amabilidad de explicarlo con detalle en la entrevista mantenida no hace mucho con un redactor del periódico Diario de León, que tuvo la curiosidad de saberlo para que ahora tengamos el gusto de conocer la respuesta: 


— La asamblea es, por antonomasia, el espacio de los irrepresentados, los anónimos y los desatendidos, aquellos que sin derecho a ser escuchados en ningún ámbito de lo decisorio ejercen libremente el uso de la palabra sin otro condicionante que el de la voluntariedad de su propia conciencia, el ágora en que cada persona acude con su idea, el compromisario de sí mismo que se vincula en igualdad a otros, el portador de su razón entre los silenciados por tener razón. Asamblea también de los ausentes en la reunión de los muertos y los vivos, la voz sin boca de los que testifican, de los que reclaman derechos para los que ni tan siquiera saben que los tienen. Todo libro, de una u otra manera, es una asamblea de personas que emergen del territorio de las ensoñaciones para interpelar a las figuraciones del bien, la verdad y la justicia. Mi vida ha transcurrido en esa reunión de disconformes, seres discrepantes y distintos que reconocen el signo de la igualdad inscrito en la frente de su otro, personas que al margen de toda potestad consideran que de la conducta ideológica solo es garante la honradez de las acciones cotidianas, que la inteligencia no está en la rueda de las palabras sino en la imaginación del eje.

DdA, XXII/6327

AMAL KHALIL Y LA OBSTRUCCIÓN DE LAS LABORES DE RESCATE

La teníamos entre las manos, escribe la firmante, directora regional para Oriente Medio y Norte de África del Comité de Protección de los Periodistas (CPJ), en referencia a la periodista libanesa Amal Khalil, asesinada recientemente por las tropas invasoras israelíes, y a quien por el valor de sus crónicas se la llamaba La Voz del Sur. Estaba allí, viva y atrapada bajo los escombros del edificio, y lo sabíamos. Ese conocimiento no solo nos causa dolor, sino que también nos recuerda nuestra responsabilidad. Y el hecho de que esa responsabilidad se examine adecuadamente determinará no solo cómo se recuerda a Amal Khalil, sino también si el próximo periodista atrapado bajo los escombros será tratado como alguien que aún puede ser contactado, o si los sistemas destinados a protegerlo ya lo han descartado.




Sara Qudah

Sabíamos que estaba viva bajo los escombros: una presencia real, que respiraba. No en abstracto, ni como rumor ni esperanza. La periodista Amal Khalil , de 40 años , cuya voz acababa de llegar a su familia y colegas, dependía de si se permitiría que la maquinaria de rescate funcionara como corresponde según el derecho internacional y el derecho de la humanidad.

Eso fue lo que hizo que lo que siguió fuera tan difícil de asimilar, no solo emocionalmente, sino también estructuralmente. Porque no se trató de una desaparición en la niebla de la guerra. Fue un caso de supervivencia cercana que se desvaneció en una muerte confirmada cuando el rescate aún era teóricamente posible.

Amal Khalil, periodista libanesa conocida por su labor periodística y su inconfundible sonrisa, fue asesinada por las fuerzas israelíes el 22 de abril de 2026, tras un ataque israelí en el sur del Líbano. Se encontraba trabajando junto a su compañera, la periodista Zeinab Faraj, en Al Tayri cuando el edificio donde se refugiaban fue alcanzado por el fuego enemigo, quedando atrapadas bajo los escombros.

Según varios informes, durante siete horas se conoció su paradero , se estableció contacto con ella y se intentaron labores de rescate en medio de un incendio activo y con acceso restringido. La Cruz Roja finalmente llegó al lugar, pero solo después de retrasos e interrupciones que resultaron fatales para Khalil. Es aquí donde el dolor por sí solo resulta insuficiente, y la supervivencia permanece evidente y desprotegida.

El derecho internacional humanitario no deja esta cuestión sin resolver. Los periodistas son civiles según el artículo 79 del Protocolo Adicional I de los Convenios de Ginebra. Su protección no depende de la afiliación política, la ubicación geográfica ni el contenido de sus reportajes. Es absoluta, salvo que participen activamente en hostilidades. En teoría, esta es una de las protecciones más claras del derecho internacional humanitario. Pero Israel confirmó , una vez más, al mundo que la claridad en la ley no garantiza su cumplimiento en la práctica.

Las circunstancias que rodearon la muerte de Khalil plantean múltiples preocupaciones interrelacionadas que no pueden resolverse únicamente con una narración. En primer lugar, el ataque que provocó el derrumbe del edificio donde se refugiaban los periodistas. En segundo lugar, las amenazas previas que había recibido, incluidas las acusaciones de una amenaza de muerte atribuida a las fuerzas israelíes en 2024. En tercer lugar, la obstrucción y la demora de las operaciones de rescate en medio del incendio impidieron una evacuación oportuna a pesar de que se sabía que estaba atrapada.

Cada uno de estos elementos requiere una investigación independiente. En conjunto, se aproximan a un fallo sistémico de los mecanismos de protección jurídica diseñados precisamente para prevenir tales resultados.

Esta distinción es importante porque si consideramos todas las muertes de civiles en la guerra como algo inevitable, eliminamos los mecanismos de presión legales y morales que limitan la conducta. El derecho internacional humanitario no se basa en la premisa de que el daño a la población civil puede eliminarse en la guerra; se centra en la exigencia de que el daño sea limitado, que se distinga entre combatientes y civiles, y que no sea causado intencionalmente.

La obstrucción de las labores de rescate es particularmente significativa en este caso. Según el derecho internacional humanitario, las partes en conflicto tienen la obligación no solo de evitar atacar a civiles, sino también de permitir y facilitar la asistencia humanitaria rápida. Cuando las ambulancias se retrasan, cuando el acceso está condicionado por el fuego enemigo, cuando los equipos de rescate se ven obligados a retirarse repetidamente, la cuestión ya no se limita al ataque inicial, sino que se centra en si se cumple con el deber continuo de preservar la vida después de que se haya producido el daño.

Se trata de un deber aún mayor: preservar la vida tras un ataque. Este deber suele pasarse por alto en el discurso público, que tiende a centrarse en el momento del impacto en lugar de en las horas críticas posteriores al ataque, cuando el rescate puede salvar vidas. Se trata de un patrón generalizado: ya lo hemos visto antes en Gaza y ahora en el Líbano.

Organizaciones defensoras de la libertad de prensa, como el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), han documentado un número sin precedentes de muertes de periodistas en múltiples zonas de conflicto desde octubre de 2023. Israel fue responsable de dos tercios de todos los asesinatos de periodistas y trabajadores de los medios de comunicación en 2025, lo que elevó el número total de personas asesinadas en todo el mundo el año pasado a la cifra récord de 130 , la cantidad más alta jamás documentada por el CPJ desde que la organización comenzó a llevar registros hace más de tres décadas.

Cuando esos testigos son asesinados y las investigaciones se retrasan o se incumplen, resulta más difícil establecer responsabilidades y que el derecho internacional se base en un registro verificado. El derecho depende de la documentación. La rendición de cuentas depende de las pruebas. Y las pruebas dependen de la supervivencia.

Su muerte no puede entenderse únicamente como una tragedia individual, aunque así lo sea para todos los que la conocieron, para todos los periodistas de la región y para mí. También debe entenderse como una prueba de fuego para los sistemas que supuestamente deben prevenir este desenlace: alerta temprana, protección, acceso humanitario y rendición de cuentas. En cada una de estas dimensiones, el caso plantea interrogantes sin resolver.

Nos destroza a todos pensar que su rescate era perfectamente posible pero no se concretó, y que su supervivencia era previsible pero no se aseguró; el peso moral del suceso cambia. Es en esa brecha donde reside la responsabilidad, para bien o para mal.

La teníamos entre las manos. Estaba allí, viva y atrapada bajo los escombros del edificio, y lo sabíamos. Ese conocimiento no solo nos causa dolor, sino que también nos recuerda nuestra responsabilidad. Y el hecho de que esa responsabilidad se examine adecuadamente determinará no solo cómo se recuerda a Amal Khalil, sino también si el próximo periodista atrapado bajo los escombros será tratado como alguien que aún puede ser contactado, o si los sistemas destinados a protegerlo ya lo han descartado.

THE NEW ARAB  DdA, XXII/6327