Jesús Pozo, periodista y escritor: “La Iglesia católica es la mayor red de espionaje del mundo”
Estoy a la espera de recibir ‘La mala memoria’, el libro de Jesús Pozo que da voz -aunque sea tan tarde- a las víctimas de la represión franquista en los centros educativos de la iglesia católica y advierte de los riesgos de repetir la historia: “La Iglesia fue la gran beneficiada de la Transición”, nos dice el autor. Y estando en semana santa bien se puede constatar esto no sólo en los canales de televisión de comunidades como Castilla y León o Andalucía, sino en la propia televisión pública estatal, donde aparte de las retransmisiones en directo de procesiones a todo pasto, la recarga de películas de asunto religioso reproduce los tiempos del nacional-catolicismo.

Jesús Bastante, El Diario
Ha tardado años en ponerse a la tarea de recordar, de ponerse en la piel de otros que durante décadas sufrieron la represión por ser pobres o hijos de perdedores de la Guerra Civil a manos de colegios de la Iglesia católica. En ‘La mala memoria’ (El Mono Libre), Jesús Pozo traza una historia de poder, adoctrinamiento e injusticia, poniendo voz a los testimonios de personas silenciadas durante años.
Como Amelia, Nati o Ana, condenadas por el “pecado” de ser pobres. O Pino, o Juana, castigadas por ser “hijas de rojos”. O “el niño sin identificar, cuyos restos estaban al fondo de otra fosa en Víznar (Granada), con un tiro en la cabeza, junto a su lapicero y su goma de borrar”, al que este veterano periodista dedica su investigación. Con un prólogo (imprescindible) de Nieves Concostrina y un epílogo (no menos conseguido) de Carlos Santos.
¿Por qué este libro?
Surge porque la editora quería rescatar testimonios de víctimas del franquismo y de los colegios de la Iglesia, y yo quería contarlo aunque, lo confieso, mi experiencia personal no era esa. Yo pertenecí a esa ‘élite’ que pudo estudiar en las jesuitinas y La Salle, sin pertenecer a la clase baja, al menos hasta que a mi padre lo arruinaron. Yo no sufrí como ellos, sobre todo como ellas, aunque sí sabía algunas cosas que pasaban.
¿Es posible hacer memoria de la Iglesia de aquellos años?
Es posible y necesario. Porque las niñas de las que hablamos en el libro no eran niñas malas, eran niñas pobres o humildes. Y, sobre todo, eran niñas de los perdedores. En este sentido, este libro es un acordeón. Va de los ejemplos a los temas clave, desde la clase de Religión al negocio de la Semana Santa, las cofradías y las universidades.

Afirmas que la Iglesia y el Estado, durante el Franquismo, mantuvieron una unidad de acción…
La Iglesia es la ideóloga del Franquismo. No olvidemos el papel de los cardenales Segura y Gomá o de Herrera Oria. Ante ellos, reivindico la reacción de los ‘curas rojos’, que no es que fueran comunistas, es que seguían siendo fieles y honestos con sus creencias. Esto pasa en la Iglesia y en la política. Por eso es tan importante que haya conservadores que no sean fanáticos. En la izquierda pasa lo mismo.
Y, sin embargo, parece que, parafraseando el título de tu libro, en España tenemos muy mala memoria.
La educación la han controlado ellos. No se nos ha enseñado el período de Alfonso XIII o la República, el Golpe de Estado ni la Guerra Civil. Y vemos a muy pocos, pero haciendo mucho ruido, que vuelven a cantar el ‘Cara al Sol’. Hacen mucho ruido, pero son menos.
El libro es una defensa de la Institución Libre de Enseñanza, a la que los ganadores de la Guerra defenestraron por otro modelo. Por eso es necesario reivindicar esa memoria. Porque hoy, incluso desde la izquierda, hay gente que lleva a sus hijos a colegios de la Iglesia, concertados, porque quiere un nivel de estatus, para que sus hijos pertenezcan a esa élite privada. Tal vez porque no les hemos contado bien que esos mismos colegios son fruto del nacionalcatolicismo y de la unión estrecha entre la Iglesia y el Estado, y además suponen un inmenso negocio.
Porque no recordamos que no sólo la educación estuvo en manos de la Iglesia, también la información. Porque en todos los barrios de las ciudades hay una iglesia, y en ella unos confesionarios, con su confesor, que se entera de todo. Que lo sabía todo y que podía contar todo. La Iglesia católica es la mayor red de espionaje del mundo. Lo sabe todo y sabe exaltar el sufrimiento y el misterio. La Iglesia fue la gran beneficiada de la Transición. Y, en cambio, sigue sin salir a defender a la mujer.
¿Estamos condenados a repetir los errores del pasado?
Sí. Por eso, en el título, el ‘mala’ es polisémico. Es malo que vuelvan esos tiempos y ha sido mala la memoria que hemos recibido. La Transición, por ejemplo, la hicieron los ganadores de la guerra. Se hizo una amnistía para solucionar la vida de los torturadores. Como dice mi amiga Esther López Barceló, la amnistía de la Transición fue el crimen perfecto porque los franquistas y fascistas quedaron impunes. Hoy seguimos sin exhumar las fosas de una manera decente y la Ley de Memoria Democrática se está cumpliendo a trancas y barrancas y con muchos palos en las ruedas.
A todo esto, en pocos meses León XIV visitará España…
Yo, en eso, quiero diferenciar ámbitos. Como jefe de un Estado, hay que recibirlo. Eso sí: cuando esté con su gente, con los católicos, los políticos deberían ausentarse. O dejar claro que no asisten como tales, sino como fieles. ¿Por qué, aún hoy, el alcalde, como alcalde de todos, tiene que ir detrás de un Cristo en una procesión? Me preocupa que se intente hacer de esta visita un acto propagandístico. Al menos, por lo que parece, este papa es más discreto.
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Jesús Pozo (Almería, 1961). Periodista. Autor de «Aquella España nuestra» y «De cuerpo presente». Creador del formato “Cualquier tiempo pasado fue anterior”, programa de la Cadena SER y co-guionista del espectáculo «100 años de la radio en España».
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Fragmento prólogo, Nieves Concostrina
Txlaparta
«Las experiencias personales recogidas al principio de este libro por Jesús Pozo son solo el cachete inicial para espabilarnos y recordarnos la inconcebible situación educativa que sufría este país en una segunda mitad del siglo XX que más parecía el rancio XIX. La bofetada viene después, cuando el autor nos pone delante una exasperante comparativa que nos hace ver que las malas artes empleadas por la Iglesia a principios de los años treinta para frenar la magnífica reforma educativa que traía la República, se han mantenido durante la tramposa Transición y todavía hoy se utilizan para mantener secuestrada la enseñanza».
ASTURIAS LAICA DdA, XXII/6305






