miércoles, 3 de junio de 2026

CONFUNDIÓ LA DEMOCRACIA CON EL DERECHO A PROTESTAR


Francisco Luis M. Brasero

La culpa fue de la profesora y de la camiseta verde.
La culpa fue de la profesora. Más aún, siendo profesora, debería haberlo sabido. A estas alturas resulta imprudente salir a la calle con una camiseta verde para defender la educación pública. Hay códigos no escritos que conviene conocer. Si hubiera acudido envuelta en una bandera preconstitucional, gritando consignas ultras o luciendo una esvástica, probablemente nadie la habría confundido con una amenaza. Pero apareció vestida con una camiseta verde de profesora.
Las imágenes muestran a una jubilada en el suelo con el tabique nasal roto. Sin embargo, conviene no precipitarse. Antes de juzgar hay que analizar el contexto, estudiar los protocolos, escuchar todas las versiones y redactar diecisiete artículos explicando que quizá la gravedad no estaba en el empujón, sino en la peligrosa actividad que desarrollaba la víctima. Porque enseñar nunca ha dejado de ser sospechoso para ciertos sectores.
Especialmente enseñar a pensar.
Lo curioso es que en este país uno puede encontrarse manifestaciones donde desfilan neonazis, fanáticos y nostálgicos de la camisa azul sin que cunda semejante alarma. Ahí suele respirarse un ambiente más relajado. Más cordial. Más paciente. Como si el odio formara parte del paisaje y una profesora jubilada representara una amenaza para la seguridad nacional.
Será casualidad. O quizá algunos siguen sintiéndose más cómodos con los grises del pasado, aunque ahora lleven otros uniformes, que con quienes preguntan por qué faltan recursos en las aulas. Quién sabe.
Y, por supuesto, tampoco conviene descartar la explicación científica. Siempre aparece alguien dispuesto a invocar complejas leyes de la física para demostrar que las lesiones no las provoca un golpe, sino una desafortunada interacción entre la masa corporal, la aceleración, el pavimento y la mala suerte.
Lo único seguro es que la profesora cometió un error imperdonable. Confundió la democracia con el derecho a protestar.
Y salió con una camiseta verde cuando quizá habría estado más segura disfrazada de fascista.

DdA, XXII/6366

NICANOR PIÑOLE Y JOSEPHINE BAKER EN GIJÓN


Lazarillo

El pintor gijonés Nicanor Piñole, a quien tuve el gusto de conocer en su ancianidad, estuvo en París en su juventud, como todo artista que se preciase en aquel tiempo, y allí tuvo oportunidad de ver a la cantante, bailarina y actriz Josephine Baker. Lo que quizá no pensaría entonces es que, pasado el tiempo, cuando el pintor rebasaba los cincuenta años, la mítica Venus de Bronce visitara su villa natal y Piñole tuviera oportunidad de asistir al espectáculo que en funciones de tarde y noche ofreció Baker en el viejo teatro Dindurra el sábado 29 de marzo de 1930, siete años antes de que fuera bombardeado por la aviación cuando Gijón ya no ofrecía ninguna resistencia al avance de las tropas sublevadas en 1936. Dos apuntes hizo Piñole desde su butaca que ha tenido el acierto de rescatar mi estimado Luis Miguel Piñera, cronista de Gijón, como acuarelas en color para su artículo sobre la presencia y actuación de Josephine Baker en la ciudad. "La artista de príncipes y emperadores cuyo nombre hace eco en cinco partes del mundo", según la describió el diario local El Noroeste, se hospedó en el hotel Savoy, en la calle Corrida, y tenía entonces 24 años. Piñera califica de acontecimiento la actuación de la celebérrima artista en el Dindurra. Mi padre, chico de los recados en una tienda de ultramarinos de la calle San Bernardo, fue uno de los muchos adolescentes que se conformaron repetidas veces con ver los carteles del espectáculo.

DdA, XXII/6366

"¡DEJEN VIVIR A CUBA!", ESCUCHÓ MARCO RUBIO EN EL SENADO



Ana Cardo

Ayer se escucharon voces humanidad en la audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos. Comparecía Marco Rubio y se le dijo que dejara de matar cubanos, que dejara vivir a Cuba. El secretario de Estado de Donald Trump escuchó en directo que las sanciones de su país contra la isla están asesinando a personas en Cuba. Se trataba de integrantes de la organización pacifista CodePink. “El papa León dijo ‘Dejen vivir a Cuba’, gritó el activista Tighe Barry, quien acudió a la audiencia con vestimenta religiosa. “Arrepiéntete, arrepiéntete Marco Rubio» y “Dios perdonará tus pecados”, se escuchaba mientras era extraído por agentes del orden fuera del recinto. Mientras millones de cubanos soportan apagones, escasez de combustible y medicamentos, y las consecuencias diarias de un asedio económico de décadas, los funcionarios estadounidenses continúan defendiendo políticas que hacen la vida más difícil para la gente común, acotó Medea Bejamin en su cuenta en X. “Marco Rubio nunca ha tenido que vivir un apagón que dura días, nunca ha tenido que preguntarse si un hospital tendrá los suministros que necesita. Los cubanos sí. Deja vivir a Cuba”, subrayó el texto que acompañó el video de la protesta. En la sesión, el secretario de Estado repitió, en respuesta a preguntas de los legisladores, las mismas calumnias que forman parte del discurso contra Cuba. Acusó falsamente a la isla de «patrocinar el terrorismo» y de albergar supuestas bases de inteligencia de China y Rusia, algo que de forma categórica ha rechazado La Habana. Desde el retorno a la Casa Blanca de Trump, en enero de 2025, apretó las clavijas del bloqueo contra Cuba, que ha alcanzado niveles sin precedentes a partir del 29 de enero tras decretar en una orden ejecutiva un cerco energético que priva al país de los suministros de petróleo, mientras escalan las amenazas de una eventual agresión militar.



DdA, XXII/6366

NO HAN TIRADO AL SUELO A UNA PROFESORA JUBILADA SINO A TODAS LAS PROFESORAS

El titular pertenece a un ciudadano que lo ha compartido por las redes. Si tengo que elegir quién va a retrasar mi llegada al trabajo -escribe Javier Erro en El Salto-, ojalá sea una profesora jubilada que está peleando por sus compañeros y compañeras de profesión. Ojalá cada interrupción de mi tiempo tuviese como fin la colectividad y el refuerzo de lo público, ojalá poder elegir sacrificar nuestra paz por una mejora de la vida que vivimos. “La calle es de todos”, sí, pero también “la educación es de todos”, y también se está viendo estorbada y entorpecida por la privatización y los recortes. Necesitamos pensar en qué estorbos estamos dispuestos y dispuestas a aceptar, y entre cuáles de ellos distribuir nuestro sentimiento de indignación. 



Javier Erro

La huelga del profesorado lleva varias semanas siendo masiva, el seguimiento es un éxito y el apoyo social es prácticamente total. Puede verse en todas partes un hormigueo de manifestaciones, gritos y cortes de tráfico, es difícil no escuchar sus pitidos y silbidos, ver sus pancartas colgadas, encontrarse grupos andando con camisetas verdes… Valencia hierve. Sin embargo, las negociaciones no avanzan, algunos de los sindicatos han decidido ignorar a las asambleas de docentes y firmar un acuerdo a cambio de migajas, quienes se están movilizando señalan el cansancio, la dificultad para sostener tanta lucha, el esfuerzo de tener que paralizar la ciudad cada día… Y de repente esto.

Una profesora jubilada cortando la calle, andando despacio, visiblemente tranquila. Un policía pasa por su lado, le empuja y cae al suelo, de boca, de cara, de cuerpo entero, teniendo como resultado el tabique nasal roto y puntos de sutura en la barbilla. La noticia ha corrido como la pólvora y sabemos por qué: se trata de un acto de violencia gratuito, innecesario y por la espalda, de una injusticia evidente. La rabia retuerce el cuerpo de cualquiera que lo vea. 

Leo en los comentarios de un periódico local: “la calle es de todos, no tienen derecho a interrumpir el tráfico”. Creo que refleja una determinada idea del espacio público como un lugar en el que nadie molesta, estorba ni interrumpe. Idea imposible, no solo porque es evidente que, de hecho, nos molestamos mutuamente, sino porque el espacio público puede considerarse como un lugar concebido precisamente para molestarse, y si tengo que elegir quién va a retrasar mi llegada al trabajo, ojalá sea una profesora jubilada que está peleando por sus compañeros y compañeras de profesión.

Ojalá cada interrupción de mi tiempo tuviese como fin la colectividad y el refuerzo de lo público, ojalá poder elegir sacrificar nuestra paz por una mejora de la vida que vivimos. “La calle es de todos”, sí, pero también “la educación es de todos”, y también se está viendo estorbada y entorpecida por la privatización y los recortes. Necesitamos pensar en qué estorbos estamos dispuestos y dispuestas a aceptar, y entre cuáles de ellos distribuir nuestro sentimiento de indignación. 

Al día siguiente leo que el policía va a ser expedientado, y por supuesto, hay una parte de mí que se alegra. Pero hay otra que va más allá de la búsqueda de castigo. Es el cariño, el calor o el afecto que siento por quienes protestan, y que no solo me lleva a indignarme por las agresiones que reciben, sino también a que me enorgullezca de esos enjambres vestidos de verde que están electrificando la ciudad.

Cada pelea produce una comunidad afectiva, un núcleo de malestar y daño que al organizarse se convierte en un cierto tipo de amistad. Pero esta comunidad no está formada únicamente por las personas que pelean de manera activa o visible, sino también por cualquiera que sienta que lo social es la casa en la que vive, una casa necesaria, una casa importante. Cuando la profesora cae contra el suelo, la sociedad cae con ella. Cuando el policía le empuja por la espalda, nos está empujando a todo el mundo, rompiendo nuestro tabique nasal, hiriendo nuestra barbilla.

Creo que la fuerza no solo proviene de la rabia, sino también del cariño. La agresión policial no solo nos revuelve por su arbitrariedad, sino porque nos gustaría que alguien les dijese a todas esas personas que están peleando que lo que están haciendo es importante y necesario, que sentimos un tremendo orgullo por ellas, que les animamos a seguir cortando las calles y a colgar las pancartas que quieran. La ciudad es nuestra. La cedemos como la cedimos a las víctimas de la DANA y a cualquiera que la solicite para amplificar el carácter compartido de la vida.

Me gustaría cambiar la frase de antes: “la calle es de todos, y precisamente por eso podemos decidir si se utiliza para el tráfico o para la reivindicación, para el transporte o para la celebración, para moverse o para encontrarse”. ¿Qué mundo hemos creado en el que es más importante defender el paso de unos pocos coches que la educación pública o la integridad de una profesora jubilada?

Pido un momento de reflexión, no quiero que la siguiente frase se lea a la ligera. Alguien está, ahora mismo, luchando por mejorar la sociedad en la que tú y yo vivimos. No lo pasemos por alto, ni lo demos por sentado, porque cuesta una enorme cantidad de esfuerzo. En esta huelga, como en todo movimiento reivindicativo, se pone en juego mucho más que lo meramente reivindicado. No solamente se está dirimiendo la cuestión de los sueldos o las ratios escolares (que también), sino también lo que tiene cabida, o no, en la vida en común. Pero solo con la rabia no podremos participar, necesitamos también un profundo sentimiento de calor y afecto, una costumbre de abrazar a quien nos hace sentir orgullo y rema a nuestro favor. De hecho, este afecto, por sí mismo, supone ya una cierta propuesta, un esbozo de mundo.

Hay un vídeo en el que se muestra el momento en que la profesora, después del empujón, se levanta y recibe un largo abrazo por parte de un compañero. La cámara capta su expresión asustada y confortada al mismo tiempo. Es un abrazo que todo el mundo querríamos dar y recibir en esas circunstancias. Dolor y amor, todo junto. Eso somos.

EL SALTO  DdA, XXII/6366

martes, 2 de junio de 2026

CLAUDIA SHEINBAUM SE ENFRENTA A LA PROVOCACIÓN INJERENCISTA DE TRUMP

 NO ESTÁS SOLA

"La gran movilización continuará durante la presente semana. Es menester estar sensiblemente despiertos. La provocación ha sido mayúscula, pero la intimidación no nos acongoja". Foto
"La gran movilización continuará durante la presente semana. Es menester estar sensiblemente despiertos. La provocación ha sido mayúscula, pero la intimidación no nos acongoja". Foto Luis Castillo

México le sirve a Estados Unidos de mercado, como fuerza de trabajo con bajos salarios comparados con los de Estados Unidos, somos su primer socio comercial, estamos en su máximo interés, pero nos acosan: realidades que hablan de su baja estofa, no del valor de México. Claudia ha dado máxima importancia a la injerencia gringa: ha estado a la altura que era necesaria frente al actual momento mexicano. El domingo su gobierno organizó una suerte de asamblea nacional, con las plazas llenas. Fue una muestra política de que no está sola.

José Blanco

Esta entrega también pudo titularse “La injerencia”; porque de eso va el momento mexicano. La Presidenta ha debido emplearse a fondo, frente a la procaz intrusión en nuestro país de la derecha que gobierna Estados Unidos (EU), apoyada por la derecha mexicana, por el PAN y el PRI, por los inefables expresidentes Calderón y Fox, y medios privados como los del evasor fiscal Ricardo Salinas Pliego. Las injerencias del gobierno de Estados Unidos en México han sido permanentes a lo largo de la historia, como en tantos otros países, en la convicción gringa de que su poder militar equivale a una especie de derecho divino a entrometerse en lo que decidan. Las injerencias de hoy son de otro nivel, con agentes de la CIA traídos por la desgobernadora panista María Eugenia Campos y, también, con la pretensión desaforada y despótica de “detén con urgencia al gobernador de Sinaloa y mándamelo”, violando las leyes mexicanas. 

Frente a esas injerencias, por lo pronto en grado de descarada tentativa, es indispensable la movilización del pueblo mexicano y su legítimo gobierno. “No estás sola”, gritó a voz en cuello en el Monumento a la Revolución ayer domingo, lo que expresa el acuerdo del pueblo con las decisiones valientes de Claudia Sheinbaum, frente a tales injerencias; expresa también que los mexicanos tienen los ojos abiertos y que atenderán el llamado a defender la integridad soberana de México. Sabemos la respuesta de Trump: “los narcoterroristas gobiernan México”, pero debe importarnos menos que un comino. Nuestro asunto es la articulación de las mayorías con las ideas que definen y defienden nuestra soberanía. 

La amenaza seguirá pendiendo sobre nosotros, pero tiene la enorme virtud de hacernos comunidad de millones en torno a la patria amenazada. Otra enorme virtud es que muestra a todos los mexicanos la calaña de las oposiciones políticas y mediáticas. Una calaña que se define, en primer lugar, por su entreguismo a Estados Unidos y su colosal lejanía de los derechos e intereses del pueblo mexicano. El PAN y el PRI militan, como siempre, con su fe: no necesitar al pueblo de México, les basta el soporte que les da su gobierno gringo. Qué bueno que las cosas sean tan cristalinas. 

Donald Trump es quizá el gobernante más perverso que haya existido en Estados Unidos, tierra de políticos perversos. La derecha gringa, en su mayor parte, cree que su existencia depende de aplastar a los demás, sin escrúpulo alguno. Su vocación asesina no tiene parangón. Los gringos hacen de sus matanzas y de su asfixia a sociedades de todas partes su gloria. Hay ahora 21.4 millones de niños muriendo de hambre en el mundo, resultado del sistema global colonialista que Estados Unidos encabeza, y Trump agrega a los que mata con sus bombas. El daño que inflige a nuestros connacionales inmigrantes lo hace en la convicción monstruosa supremacista de que no son seres humanos. 

Con ese engendro tenemos que lidiar. Haríamos bien si también pensamos que las injerencias de hoy son provocaciones viles para obtener las respuestas que Trump sabía que necesariamente le daría el gobierno de Claudia Sheinbaum. Este paso habría sido innecesario con el Prian, siempre dispuesto a actuar servilmente con lo que ordene su gobierno gringo. Ya vimos la injerencia territorial gringa especialmente con Calderón. Así que, si Trump hubiera ordenado, en su tiempo, a Peña, o a Calderón, a Fox, o a Zedillo, “atrápame a tu gobernador tal y me lo mandas”, habría sido cabalmente satisfecho al instante. 

A Trump nada lo detiene y deberíamos esperar lo peor, aunque nos apresuremos a tocar madera. Pero ello nos sirve para estar más al alba, más decididos a estar unidos frente a las canalladas injerencistas de Trump. No descartemos que, como tantas veces en el pasado, la tirada gringa consista en expresar repudio a México para ganar votos en su elección de noviembre próximo. “No somos piñata de nadie”, han dicho Andrés Manuel y Claudia, mientras a Trump se le resbala. 

México le sirve a Estados Unidos de mercado, como fuerza de trabajo con bajos salarios comparados con los de Estados Unidos, somos su primer socio comercial, estamos en su máximo interés, pero nos acosan: realidades que hablan de su baja estofa, no del valor de México. Claudia ha dado máxima importancia a la injerencia gringa: ha estado a la altura que era necesaria frente al actual momento mexicano. El domingo su gobierno organizó una suerte de asamblea nacional, con las plazas llenas. Fue una muestra política de que no está sola. Ha informado de buenos números en múltiples realizaciones con beneficios para el pueblo de México. Pero el momento de riesgo para el país fue puesto sobre la mesa con total realismo. 

La gran movilización continuará durante la presente semana. Es menester estar sensiblemente despiertos. La provocación ha sido mayúscula, pero la intimidación no nos acongoja. Nos pone en guardia. Los delincuentes que dirigen el PRI y el PAN son insignificantes. No hallan otro modo de buscar relevancia que ponerse del lado del injerencista del norte. Es su único camino para buscar el retorno de sus fueros y privilegios. Morirán en el intento.

LA JORNADA MX.  DdA, XXII/6365

EL JUEZ PEINADO, SUS CUADRAS Y LA LEY ORGÁNICA DEL PODER JUDICIAL


Lazarillo

Siempre le pareció a este Lazarillo que la existencia en España de una asociación colegial llamada Jueces y Juezas para la Democracia parecería una redundancia en cualquier país cuyo régimen político responde a los postulados de una democracia. Esta asociación que, en origen (1983) se llamó Jueces para la Democracia, nació como corriente de la Asociación Profesional de la Magistratura en la primavera del año citado, teniendo como antecedentes -leemos en su web- la experiencia cosechada por Justicia Democrática como búsqueda de un espacio cultural en el que pudieran convivir el compromiso con los valores de la democracia y el ejercicio independiente de una jurisdicción digna de ese nombre. En la actualidad existen en España cinco asociaciones en activo de jueces: la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), Juezas y Jueces para la Democracia (JJPD), la asociación Francisco de Vitoria (AAJFV), Foro Judicial Independiente (FJI), Ágora Judicial (Ágora) y la Asociación Nacional de Jueces (ANJ). Desconozco la identidad de la asociación a la que pertenece el juez Peinado, pero a juzgar por lo que contó contó Ernesto Ekaizer en el diario El Periódico, no me parece  que este sea un juez para la democracia. El artículo 389 de la Ley Orgánica del Poder Judicial prohíbe cualquier actividad mercantil declarada o ilegal de miembros de la judicatura española. vinculada a la hípica, el golf o la preparación de oposiciones .

DdA, XXII/6365

EL FIN DEL BLOQUEO A CUBA SUPONDRÍA UNA RECONCILIACIÓN DE PUEBLO A PUEBLO



Raulito Torres/Aquí en La Habana

Imagínate, por un momento que no hay quien aguante, la primera escena. Agárrate fuerte, como quien se sienta a hacer un ejercicio de estrategia militar o, mejor, una meditación filosófica sobre el peso de la conciencia porque la conciencia, no te quepa duda, es un tribunal que sesiona de madrugada y de su veredicto no se salva ni el más pinto. La decisión ya está tomada: una invasión se lanza desde el norte contra la isla. En esa fracción de segundo en que la maquinaria de guerra se pone en marcha, se desata también una tragedia del espíritu que ninguna victoria táctica podría acallar jamás.
En ese abismo, la culpa no sería un concepto hueco de libro viejo, sino un bicho vivo, palpitante, que anidaría en la cabeza y en el alma de ambos pueblos. Vamos a desmenuzar cómo funcionaría: del lado estadounidense, la muerte de inocentes en Cuba, niños en una escuela primaria de La Habana, viejos en un parque de Santiago, muchachas embarazadas en un hospital de campaña, un científico cuyo proyecto prometía una vacuna para millones, no podría maquillarse con la etiqueta fría de “daño colateral”. Eso no se lo traga nadie.
La cercanía, apenas 90 millas, convertiría el horror en un eco inmediato. Por mucha tecnología y aparatos para tapar la barbarie, la verdad saldría a flote al momento.
Las imágenes de la destrucción y los rostros de los caídos no serían los de un enemigo lejano, borroso, sino los de vecinos con una historia y una humanidad que no admite negación. Un filósofo que yo admiro mucho, de esos que te ponen la mano en el pecho, enseñó que el rostro del Otro nos interpela, nos exige una respuesta ética antes de que podamos siquiera armar un argumento. ¿Cómo podría un piloto, un comandante, un simple ciudadano, escapar del veredicto silencioso de esos rostros? La culpa se volvería un cortocircuito en la conciencia: la idea de una nación que se cree excepcional y justa se haría añicos contra la realidad de su poder destructor sobre los más vulnerables. Sería una herida moral de por vida, una mancha en el alma nacional de allá, que no se quita ni con monumentos ni con discursos bonitos, de hecho , de reputación si alguna vez hubo... ni reducto ínfimo les queda , luego de los últimos papelazos guerreriles por el mundo....ay Lincoln caraj....
Pero la defensa de Cuba, un acto de soberanía doloroso y más que anunciado, trasladaría esa misma culpa justo al centro del territorio estadounidense. La respuesta ante una invasión (que por cierto ojalá se les pase el ataque de ingenuidad e ignorancia de pensar de que no tenemos capacidad de alcanzar buena parte de su territorio con nuestras armas para defendernos, además de la acumulación de empingue...y cierro ya mi boca al respecto...) , apuntando a las ciudades más cercanas del sur de la Florida, no sería una venganza abstracta, sino un espejo trágico.
De pronto, la culpa sería compartida por supuesto...convertida en un lamento de dos caras. En Miami, Tampa o Cayo Hueso, la devastación tendría rostro conocido: niños, viejos, científicos, mujeres embarazadas, todos cobijados por la misma presunción de inocencia. La conciencia del que ordenó la invasión se vería asaltada por una pregunta que quema: ¿valía la pena el objetivo inicial si ahora hay que llorar a los tuyos? La culpa, en este escenario, funcionaría como una radiación invisible que no discrimina ideologías; contaminaría por igual la victoria y la derrota. Dos pueblos, amarrados por la geografía y por la sangre derramada, quedarían atrapados en un ciclo de luto y trauma, donde el trabajo de “científicos importantes para la humanidad”, piensa en una colaboración médica o ambiental, se perdería para siempre, una doble pérdida para todos.
El curioso que llevamos dentro nos pondría a hacer cuentas no solo del costo material, sino del costo de oportunidad espiritual: todo aquello que la humanidad dejó de ser por haber renunciado a la compasión.
Pero cerremos esa puerta ahora mismo. No por ingenuos, sino por un mandato ético y racional. Abramos, en cambio, la segunda escena: la de un comienzo nuevecito de paquete...Imagínate ahora el momento exacto en que el bloqueo económico, comercial y financiero pasa oficialmente a ser historia. No es caridad, es justicia que llegó tarde, pero llegó. En las calles de La Habana y de Nueva York, la fiesta no sería solo por el fin de una política, sino por la oportunidad de una reconciliación de verdad, de pueblo a pueblo....
Yo lo veo así, me disculpan si no estoy checando la bola como es...pero creo que hay que señalar la sabiduría profunda de la postura cubana: no pedir indemnizaciones millonarias por décadas de asfixia económica. Esa decisión revela una jerarquía de valores donde la dignidad y la libre determinación están por encima del vil metal.
Pienso en nuestro Comandante en Jefe, me inspiro y creo que “Nos basta con que nos dejen comerciar como a cualquier otro pueblo del mundo”, esta es una frase que carga una potencia revolucionaria y un humanismo de los buenos. Renunciar a la deuda histórica en aras de un futuro sin yugo y compartido es un gesto de audacia espiritual que desmonta cualquier resentimiento y coloca la relación en un plano de igualdad y respeto a rajatabla. Los cubanos de aquí , no somos rencorosos... al contrario todos estamos esperando que pase la tormenta pa sacar el dominó y jugar todo el mundo...
Ese gesto fundacional sembraría las bases para una nueva armonía, un programa de “saldar deudas” no con billetes, sino con vida compartida. Las ventajas materiales serían inmediatas, de bulto, pero pensadas como un flujo de ida y vuelta que nutre el espíritu. El turismo estadounidense no aterrizaría como un depredador, sino como gestor de un intercambio cultural genuino, donde el disfrute de playas y hoteles sería también un aprendizaje mutuo. Un ciudadano de Ohio no solo se asaría al sol en Varadero; se llevaría en el pecho un bongó, un disco de Arnaldo y su talismán y el aire de una cultura resiliente, solidaria y creativa, abonando un respeto que no se fabrica con propaganda.
Pero el flujo más revolucionario, el verdadero germen del internacionalismo proletario, viajaría de sur a norte. Cuba, con su capital humano forjado en la candela de la adversidad, pondría al servicio de las comunidades más desamparadas de Estados Unidos , que no son pocas, desde los Apalaches rurales hasta los barrios obreros olvidados de las grandes ciudades,
su mayor tesoro: sus profesionales de la salud, sus maestros, sus entrenadores. Imagínate brigadas médicas cubanas, con acuerdos claros y respeto mutuo, trabajando en zonas donde el sistema de salud es un lujo de ricos. No como un gesto de superioridad moral, sino como un acto de hermandad concreta.
Verías a entrenadores formando no solo atletas, sino carácter de barrio; a maestros de inglés (por supuesto que los tenemos), con el método “Yo, sí puedo” devolviéndole la palabra... devolver la esperanza a los que quedaron tirados en la cuneta. Este intercambio no humilla al que lo recibe; lo honra, porque parte de una verdad como un templo: todos tenemos algo que aprender y algo que enseñar. La deuda del bloqueo se saldaría así con una moneda más sólida que el dinero: la construcción de una conciencia solidaria y un tejido social remendado a ambos lados del Estrecho de la Florida.
Este nuevo amanecer, basado en el respeto, no es una utopía de novela rosa. Es un plan económico y espiritual con los pies en la tierra. La ganancia para Estados Unidos no estaría solo en un nuevo mercado de negocios turísticos, sino en acceder a una cantera de humanismo y pericia social que sus propias contradicciones no han logrado parir a esa escala. La ganancia para Cuba, más allá de la obvia apertura comercial, sería el fin de un asedio que ha pretendido ahogar su proyecto de justicia social. Celebraríamos el fin del bloqueo, sí, pero por encima de todo celebraríamos la posibilidad de que dos naciones y por consiguiente el mundo coaccionado y amenazado, desde sus diferencias, con respeto ante todo, escojan el camino de la paz con mayúsculas.
Entre el primer escenario, que nos condena a ambos a un infierno de culpa compartida, y el segundo, que nos ofrece la redención mediante el servicio mutuo, no hay opción racional que valga.
La conciencia, lo mismo la del poderoso que decide invadir y matar pueblos que la del ciudadano que mira y calla o también responde con fuego y muerte, se aleja sin remedio de la vida civilizada.
La verdadera armonía espiritual entre nuestros pueblos no la va a firmar un tratado; va a florecer cada vez que un médico cubano le tome la mano a un paciente olvidado en Alabama, y cada vez que un muchacho de California descubra, sin telarañas en la cabeza, los logros cubanos en revolución truncos por el gobierno de su país en muchísimas ocasiones y la profundidad del alma cubana. Ese es el único futuro donde ganamos todos, y donde la palabra “humanidad” recupera su sentido más sagrado.

DdA, XXII/6365

VOTAR PARA BOTAR AL RENCOR DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA


Félix Población

Todo lo mencionado por el firmante constituye, en esencia, el papel que está representando la derecha en España durante buena parte del actual periodo democrático. Salvaríamos excepcionalmente la etapa de transición durante la cual tuvieron su espacio partidos políticos que se decían de centro, pero que al poco desembocarían, por consunción o fracaso de los mismos, en el que fundaron varios ministros franquistas (Alianza Popular), origen del actual Partido Popular. Bastó que a su derecha, a raíz del proceso independentista  en Cataluña,  surgiera en los últimos años una extrema derecha que le empezó a restar votos, para que en lugar de apostar por una derecha democrática,  como consecuencia también de la alargada sombra de Trump en Estados Unidos, y de la floración de partidos de extrema derecha en Europa, el Partido Popular y Vox confluyan en lo que Barrera llama un rencor enfermizo contra el actual (y también el anterior) gobierno de coalición, según se desprende de su comportamiento en la sede parlamentaria. Esto ya se vio en anteriores legislaturas en las que el Partido Popular fue derrotado en una elecciones generales. El rencor no debería ganar en las urnas ni servir de herramienta -a falta de razones,  argumentos o propuestas constructivas- para desgastar a un gobierno desde la oposición, pero una airada e insidiosa cobertura mediática puesta a su servicio podría hacer posible que el rencor acabara venciendo. Con las botas o con los votos, no sería la primera vez, con la colaboración en esta ocasión de sectores de generaciones enteras, las más jóvenes, que pasen por alto lo que el rencor significa, bien sea por frivolidad, ignorancia o estupidez. No saber o haber olvidado lo que el rencor representó en la historia contemporánea de este país, es otro gran fracaso del régimen de 1978, cuyas corrupciones, por otra parte, también han contribuido a degenerarlo democráticamente. Uno y otras no son lo más estimulante para creer en una regeneración democrática, pero antes de que nos venza el rencor y opere junto a la corrupción hasta pudrir una democracia ya resentida, sería deseable que por sobrevivencia y resistencia a la pérdida de los valores y derechos democráticos, el sector que más consciencia de esto tenga en la sociedad española reaccionase a tiempo para no volver a caer en ominosas regresiones. Cada vez que Feijóo, Ayuso, Abascal, Aznar o alguno de sus incondicionales súbditos mediáticos -algunos durante decenios- perpetra en sus declaraciones, publicaciones o prédicas una declaración, una crítica o una información con el rencor por enseña  -a menudo mezclado con la patraña-, deberíamos estar mentalizados para combatir democráticamente lo que esa enseña supuso en nuestro pasado más oscuro. Por eso lo que corresponde a "el que pueda hacer, que haga", del rencoroso y más patrañero de nuestros expresidentes, es "el que pueda votar, que vote" para botar al rencor de la política española, muy favorecido en su siembra, pródiga y creciente cosecha por la mensajería difundida a través de las llamadas redes sociales.


DdA, XXII/6365

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXVIII): SOBRE RIQUEZA Y LUCHA DE CLASES O EL MAL DE LA INDIFERENCIA



José Ignacio Fernández del Castro

«La acumulación de riqueza es en sí misma un proceso moralmente neutro. Ciertamente, como enseña el Cristianismo, la riqueza trae tentaciones. Pero también la pobreza.»  Margaret Hilda THATCHER, 
ROBERTS de soltera, Baronesa Thatcher de Kesteven (Grantham, Lincolnshire, East Midlands, Inglaterra, Reino Unido, 13 de octubre de 1925 - 
Londres, 8 de abril de 2013): Statecraft: Strategies for a Changing World (2003).

Resultaba paradójica la imagen que de Margaret Thatcher, esa adalid de la política neocon  fallecida hace ya trece años, esa gran impulsora (junto a Ronald Reagan) de la voz de una “derecha sin complejos”, se transmitía en la película La Dama de Hierro (The Iron Lady, 2011) de Phyllida Lloyd... Y es que se la presentaba, a través de la interpretación vigorosa de Meryl Streep, como una tenaz luchadora que debió superar los inconvenientes de su humilde origen y de su sexo, a la vez que se difuminaba el verdadero contexto histórico de unas fuerzas vivas británicas ansiosas por arrumbar, siguiendo fielmente las recetas de Milton Friedman y sus Chicago Bpys (experimentadas sin barreras en el Chile de Pinochet), las trabas que el sindicalismo británico (muy especialmente los sindicatos mineros) suponía para la imposición y desarrollo de sus intereses (de clase, aunque ya no era evidentemente la de sus orígenes).

Y es que la presunta luchadora se dedicó a servir ese provecho (y hasta el capricho) tan ajeno a su origen con especial docilidad y ahínco… Al fin y al cabo, ¿no son tan susceptibles de dejarse llevar por la tentación de la inmoralidad las gentes ricas como las pobres?... De hecho, acaso para corroborar su tesis, fue reduciendo drásticamente toda protección social y el resultado no fue sólo el vertiginoso aumento de la mortalidad en las clases bajas, sino también un notorio incremento paralelo de las tasas de alcoholismo, homicidio, y suicidio...

La película en cuestión nos muestra sólo sindicalistas embrutecidos en su violencia salvaje, pero por ningún lado aparece, por ejemplo, el rebrote del (hasta entonces) desaparecido fenómeno del hambre y la malnutrición infantil en los barrios y zonas más pobres (y mineras), como Gales, Escocia o Yorkshire... Y es que Margaret Thatcher, según repetía con frecuencia, “creía en la lucha de clases y en la victoria de los suyos” (los suyos ideológicos, claro, no de origen)… Para que así fuese estaba dispuesta a convertir las víctimas de su neoliberalismo rampante en “culpables de su propia situación” que sólo pueden elegir entre la sumisa capitulación o el suicidio.

Por eso resulta tan surrealista el supuesto (y contestado desde el propio movimiento) feminismo (de celuloide) de la líder política que más se aplicó en el recorte de los derechos de las mujeres (también de los hombres, claro) en el Reino Unido, mientras mostraba un absoluto desdén hacia las propias feministas y sus organizaciones, apoyaba a los dictadores más reaccionarios de los años setenta del pasado siglo (como su “amigo Pinochet”) o declaraba patéticas guerras coloniales para encubrir tanta injusticia tras el humo de un trasnochado patriotismo de conveniencia (único punto crítico que aparece, como mero apunte, en la película).

En suma, la pantalla convierte la ficción en una esforzada representación del engaño, muy útil como base del imaginario colectivo hegemónico sobre el ascenso de una mujer que, como no se dice, inició el camino hacia buena parte de las crisis-estafa que pronto irían sacudiendo Europa (y el mundo)... Una mujer que, por cierto, basó su irrupción en las esferas del poder, como suele ocurrir, en la dócil asunción del espíritu del patriarcado.

Estamos, aquí y ahora, en pleno proceso de promoción de figuras homologables: mientras comienzan los procedimientos por corrupción a más de cuarenta expolíticos, funcionarios y empresarios por actuaciones, hace una docena de años, en “el entorno” de los gobiernos madrileños de Esperanza Aguirre; su “discípula” Isabel Díaz Ayuso sigue “triunfando” con su forma de promocionar la “libertad” (de tomarse unas cañitas) frente a la “terrible amenaza socialcomunista”… Y los patriarcas, que siguen moviendo la tramoya, dictan sus lemas (tan simplistas como eficaces) desde la concha del apuntador de todos los escenarios y, ufanos, repiten mantras, “quien pueda hacer que haga”, rápida y servilmente llevados a efectp por “quien corresponda”.

Pero, claro, ¿cómo aspirar siquiera a un país (y un mundo) diferente si la gente permanece tan indiferente?.

DdA, XXII/6365

lunes, 1 de junio de 2026

EN LA PROVINCIA DE SALAMANCA, EL FRANQUISMO ASESINÓ A 30 ALCALDES

Es una lástima que este tipo de actos no tengan la difusión y la atención que merecen, especialmente por parte del mundo universitario, que suele brillar por su ausencia en ellos, hace notar el firmante del siguiente artículo sobre la represión franquista en la provincia de Salamanca, donde no hubo apenas resistencia a los militares sublevados, que acabaron con la vida de más de 1.200 personas.

Juan Aparicio y Ángel Iglesias
Luis Castro

A estas alturas está bien documentado el alcance de la represión del llamado ‘Movimiento Nacional’ en la provincia de Salamanca. La base de datos de la asociación Salamanca Memoria y Justicia comprende muchos miles de nombres de represaliados, de los que 1.216 son víctimas mortales. Ello, digámoslo una vez más, en una provincia controlada desde el principio por los sublevados y donde no hubo resistencia significativa al golpe. En un ámbito más local, Ángel Iglesias Ovejero ha documentado 235 víctimas mortales en su rigurosa obra sobre La represión franquista en el suroeste de Salamanca. 1936-1948. Ahí señala «una constante de ensañamiento contra varios miembros de la misma familia, incluidas mujeres», como lo hubo notoriamente en su propia familia, exterminada casi al completo. Otro caso notable fue el de la familia de Juan José Aparicio Cascón, quien el pasado día 28 presentó sus memorias en el CDMH, tituladas El doloroso camino de una familia de Ciudad Rodrigo.
Aparicio expone los orígenes de su familia y recuerda de modo especial a alguno de sus miembros. Así, a Manuel Martín Cascón, alcalde republicano de Ciudad Rodrigo, condenado a muerte en consejo de guerra con otros nueve hombres por ‘rebelión militar’. (En Salamanca fueron asesinados unos treinta alcaldes, entre ellos el de la capital, Casto Prieto). Es la ‘justicia al revés’ de los rebeldes, que Aparicio califica justamente de «infame» y «mendaz». Rememora también el asesinato de su propio padre, Eduardo Aparicio Fernández, «sacado» de la cárcel de Ciudad Rodrigo en un grupo que acabó en una fosa común, por el mero delito, se supone, de sus ideas y relaciones republicanas.
Y evoca con orgullo la trayectoria de su tío Manuel Cascón Briega, al servicio de la República como oficial de aviación, de la cual era coronel jefe al final de la guerra. Entonces rechazó la huida, considerando que, habiéndose limitado a obedecer las órdenes del gobierno legítimo, de nada podían acusarle. Pero los rebeldes le condenan a muerte por ‘rebelión militar’. Otro tío, Pedro, también militar, fue al exilio… Y así Aparicio va dando cuenta de los avatares dolorosos que sufrieron en mayor o menor medida los miembros de su familia, incluida su madre, condenada por el Tribunal de responsabilidades políticas por haber sido esposa de Eduardo y hermana de Manuel y Pedro, una actuación que el autor considera, con razón, «auténticamente miserable». Las memorias se complementan con un trabajo de contextualización histórica a cargo de Ángel Viñas, quien, partiendo de un enfoque de amplio zoom sobre el devenir de la II República, va reduciendo el marco de observación hasta llegar a la familia de Eduardo Aparicio y, más concretamente, a la biografía de Manuel Cascón Briega.
La motivación de obras como las de Iglesias Ovejero y Aparicio Cascón es doble: dar cuenta de unos hechos largo tiempo olvidados o tergiversados y, por otra parte, reivindicar la memoria de su familia, que, más allá de los asesinados, encarcelados o exiliados, es también la de ellos mismos, a quien el trauma ha marcado de por vida con el dolor del recuerdo, la exclusión social y las penurias económicas. Y es algo que concierne también al resto de la sociedad, pues la memoria democrática debería ser un ingrediente de nuestra convivencia, ya que los ideales de justicia, libertad y solidaridad por los que lucharon y murieron esas víctimas no son muy distintos de los nuestros.

DdA, XXII/6364