Ayer se presentó en Salamanca, en la librería Letras Corsarias, un libro importante. A propósito de Asamblea (ed. Gutenberg), la obra que recoge medio siglo de poesía del autor leonés Juan Carlos Mestre, es muy interesante leer el diálogo mantenido por el poeta con Carlos Aganzo. La obra de Mestre «delimita un lugar singularísimo, casi de excepción en el panorama de nuestra poesía reciente», dice de él el poeta Jordi Doce. «Dame tu insomnio poblado de espinas y tu segunda conciencia. Dame la flor de los ambulatorios, tu ceniza viviente, tus llagas clandestinas, tu exhalación, tu médula roja y tu dolor insumiso», le requiere su amigo, el premio Cervantes Antonio Gamoneda. Los dos coinciden en los preliminares del último libro del poeta, ensayista y artista plástico Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, León, 1857), Asamblea, una poesía reunida con edición a cargo de Emilio Torné, en la que se colectan poemas de libros como Antífona del otoño en el valle del Bierzo (1986), Las páginas del fuego (1987), La poesía ha caído en desgracia (1992), La tumba de Keats (1999), La casa roja (2008), La bicicleta del panadero (2012) o Museo de la clase obrera (2018). Además de la edición en gallego y castellano de 200 gramos de patacas tristes (2018-2019) y un adelanto de su próximo libro de poemas: El ciprés descapotable. Medio siglo de poesía, jalonado por algunos de los grandes premios de la poesía española, desde el Adonáis hasta el de la Crítica pasando por el Nacional, el Jaén o el Jaime Gil de Biedma, que «tiene poco que ver con el que nos describen los críticos y los manuales de literatura». Una fuerza poética sin igual.

• Al verlos ahora reunidos en Asamblea, ¿cómo de cerca o de lejos ve aquellos versos suyos, con aquella sonoridad nueva y fascinante, de los años ochenta?
- Nada significa dos veces lo mismo, pero acaso lo escrito entonces prefigure ya cuanto ha sido la experiencia de mi vida en el territorio de las ensoñaciones del lenguaje, la indagación de esa conciencia que cifró en la alteridad y la empatía con el otro, su diálogo con las figuraciones críticas del mundo. Aquel joven de entonces continúa, en esencia, desaprendiendo el discurso impositivo de la autoridad canónica y su inútil afán por normalizar la cantidad hechizada del habla poética. La voz del poema en cuanto presencia súbita de una lejanía es indoblegable a cualquier otra intención que no sea su capacidad emancipadora para internarse en los enigmas de la existencia, ese intento por ampliar los horizontes significativos del porvenir y seguir advirtiendo las múltiples resonancias, tantas veces puestas en entredicho, de la dignidad humana.
• Vista así, en el tiempo, se diría que su poesía si en algo ha ganado es en un mayor compromiso social, si bien nunca ha renunciado a la música, a la fantasía de la palabra por sí misma… ¿Hay que preservar el sentido «maravilloso» del poema frente a toda denuncia, todo pensamiento e incluso toda «metafísica»?
- El compromiso estético, es decir, ético, es el único posible de toda tarea poética. La modulación que, frente a las limitaciones del lenguaje, tal vez le concierna la tarea de imaginar la reconstrucción espiritual del mundo sobre unas bases radicalmente más justas que hagan algún día imposible el padecimiento, la limitación de libertad como extensión de una pena filosófica, el estrago de los actos de fuerza frente a la aspiración de los sufrientes a los derechos civiles, a la felicidad. Lo maravilloso nada tiene que ver con lo ilusorio, sino con la revelación de los ocultos sentidos de otro saber intuitivo, ese permanente fluir biológico del pensamiento que imanta por igual la actitud ante el aprendizaje artístico y los fundamentos de la neurociencia sensorial. La anticipación del imaginario poético ante la precaria verosimilitud de cuanto consideramos lo real es la única manifestación de la inteligencia que supera la velocidad de la luz, es decir, la palabra.
• ¿Cuánto le debe a su tierra berciana de ese sentir mágico de la poesía?
- No se elige la pervivencia del amor por el lugar natal, que ya solo permanece en mí como una forma de confianza en la magia práctica de los árboles y de los ríos, la convicción de que la memoria sigue siendo la manera de ser de lo que ya no está, el amparo moral frente a las pérdidas, la persuasiva voz que frente a todas las impunidades del olvido nos siguen recordando que la vida carecería de sentido sin resistencia al mal. La naturaleza en El Bierzo es la presencia totalizadora de una esperanza permanentemente agraviada desde que era niño. Esa percepción del territorio devastado por la usura no se desvinculó nunca de los melancólicos aplazamientos de la utopía humanista, de la clara toma de conciencia de una problemática ante la que la poesía, controvertible como acto de fe, aún pueda contribuir a que se extinga este literal infierno en que los mezquinos intereses han convertido el bosque de los símbolos.
• En este libro aparece por primera vez en español su poemario escrito en gallego 200 gramos de patacas tristes. ¿Escribe con la misma naturalidad en esa lengua? ¿Es nuestra mejor lírica, de alguna manera, heredera de aquella poesía galaicoportuguesa?
-Una patria no es un país sin justicia, escribió el poeta Antonio Gamoneda. Aún nos queda otra patria, la de la memoria de la lengua, que nos recuerda el lugar de las fundaciones de la fraternidad, la del primer nombre de las cosas tenidas por sagradas, los padres, el breve nombre de los ríos que ya solo discuten con los pájaros, el son de las campanas que reciben y despiden a los que nos quisieron y quisimos. Esa es la naturalidad bilingüe de los más vivos recuerdos de mi infancia, el gallego que, perdido todo respeto por la condición humana, se menospreciaba en aquellos años, y hoy es una ineludible manera de ser cultos. Sí, ese libro en gallego es un acto de legítima defensa contra el olvido de la lengua natal, de las bienaventuradas gentes que tuvieron que callar cargadas de razón y de belleza. Aprendí a leer poesía con Rosalía de Castro y su dicción moral es el mayor elogio que se puede hacer de la perdurable resistencia cultural de las lenguas minorizadas.
• En algunos de sus últimos libros, como Museo de la clase obrera, se esfuerza en la otra parte, la parte social, de su poesía… ¡En pleno auge mundial del capitalismo! ¿Se encuentra bien la poesía cuando nada a contracorriente?
- Creo que fue Juan Gelman quien afirmó que toda poesía es hostil al capitalismo, ciertamente no es decente aceptar la servidumbre de un sistema que sobrepone la mercantilización del tiempo y los intereses particulares a los colectivos, la miseria en forma de desahucios, el paroxismo de la guerra como maquinaria de sustitución de todas las formas de la dialéctica. En épocas de barbarie la poesía no puede permanecer neutral ante los arquetipos, para decirlo sin eufemismos, de la vileza.
• ¿Y hacia dónde nada su poesía última, que ya apunta
en su adelanto de El ciprés descapotable?
- Hacia donde avanza el náufrago consciente de su última derrota, hacia el mismo lugar de amparo que significa ante cualquier circunstancia la voz sin boca del poema, ese horizonte de sucesos y entrelazamientos causales que constituyen el rizoma expresivo del conjunto de hipótesis acerca de la exterioridad y la naturaleza del cosmos. Ese algo imposible de entender, más allá de su hechura lingüística, sin las aportaciones tanto de la filosofía como de la mecánica cuántica. Un texto poético se asemeja en su conjetura al campo gravitatorio de un agujero negro que atrae hacia sí todo lo concurrente a su órbita, el ciprés descapotable del oculto infinito que no alcanzará a entender la innumerable asamblea de todos los muertos de la historia.
• Entonces, ¿compromiso con la palabra y compromiso con el mundo es lo mismo para un poeta?
-Conocemos una parte exigua de la realidad, oímos menos que los gatos, codiciamos más de lo que existe. El compromiso sigue pasando hoy por asumir la incertidumbre, enfrentar el auto enorgullecimiento de toda forma perentoria de saber, lo que en poesía equivale a aceptar que existen tantas maneras de escribir como poetas y que el principal compromiso con la palabra quizá no sea otro que el de restaurar en las aldeas del idioma el lenguaje de la delicadeza humana. Si el compromiso implica obligación, el poeta no contrae deberes, sino que desobedece la costumbre. No tiene pacto con lo estipulado, su quehacer se desenvuelve en la ilimitada voluntad de convocar lo ausente, lo lejano en el futuro y lo ya desaparecido, lo silenciado bajo los hábitos de la retórica, el encargo que nadie le ha hecho pero que el poeta cumplirá hasta que el tiempo acabe, la testificación a favor de las víctimas, la alianza con los que descontentos ante lo ominoso anhelan no ya las promesas civilizadoras sino la simple verdad de lo bello y más justo.
• «Queridos compañeros carpinteros y ebanistas / les traigo el saludo solidario de los metafísicos / también para nosotros la situación se ha hecho insostenible / los afiliados se niegan a seguir pagando cuotas / a partir de este momento la lírica no existe». Lo dejó además escrito en el título de uno de sus libros, La poesía ha caído en desgracia. ¿La situación (poética, humana) es insostenible?
- Lo que ha caído en desgracia es el aprecio social de la cultura como valor existencial. Ser inculto significaba, para Pier Paolo Pasolini, haber perdido deliberadamente todo respeto por el ser humano. En épocas en que la hegemonía de la banalidad y el creciente prestigio de la basura parecieran haber enterrado la misteriosa infancia del universo no queda lugar para lo maravilloso, el admirable enigma que sigue interrogándonos acerca de nuestro lugar en el orbe de las esferas y el pensamiento. Toda vocación poética es en sí misma emancipadora, el rumor de la libertad que se acerca de puntillas a la incontestable condición del inocente.
• Es imposible no relacionar aquel Chile suyo de La poesía ha caído en desgracia con la situación actual de Venezuela, de toda Iberoamérica… ¿Volvemos hacia las sombras del pasado?
- Frente a la institución global del autoritarismo, que personifican tan encarnizadamente los peces gordos del planeta, no debería caer yo en la indiferenciación. Un delito de lesa humanidad como fue el golpe de estado contra Salvador Allende y el gobierno de la Unidad Popular no tiene correlato con las derivas del emergente totalitarismo que caracteriza la actual gestión política de varios países de Latinoamérica. Caso aparte es la enajenación cesarista de quien, considerándose la autoridad suprema, pretende reconducir la historia al punto cero de la arqueología de la democracia. La distopía ultraconservadora que promueve Trump, el hostigamiento contra los emigrantes y los humildes, la intolerable injerencia en los asuntos internos de otros países, no puede definirse sino en términos categóricos de catástrofe.
• También escribe: «Esta palabra y la sombra de esta palabra han sido pronunciadas ante el vacío, para una multitud que no existe». Juan Ramón hablaba de la inmensa minoría… Pero esa minoría existe. Y si existe, ¿tendría hoy todavía alguna influencia?
- Es posible que así sea, desde luego que la minoría existe. La persona que disiente, el espontáneo individuo que se aúna con la diferencia de su otro para ayudar a construir la aldea del apoyo mutuo. Son los pocos, los audaces bienaventurados que siguen iluminando con su lámpara las oscuras sendas de este mundo, desde san Juan de la Cruz a los poetas nahuas, y aquellos que aún desapercibidos abrirán algún día las puertas del porvenir tras el exilio de la razón.
• ¿Y no puede ser que esa poesía que está pidiendo «asamblea» de la humanidad sea hoy más necesaria que nunca?
- La ecuanimidad es un bien como lo es la compasión, palabras que llegan hasta nosotros para testimoniar el derecho de toda persona a ser escuchada en la explícita asamblea del tantas veces paradójico debate humano. Unos entran, otros salen de la intemporal casa de huéspedes que es la poesía para los soñadores y los realístas, para los gramáticos y los astrofísicos, pero en la que no caben la indiferencia ni la cobardía moral de los silenciosos cómplices de la barbarie.
DdA, XXII/6298