viernes, 13 de febrero de 2026

3000 DETENCIONES DESPUÉS, SE DECLARA NULA LA ILEGALIZACIÓN DE PALESTINE ACTION


Júbilo en el activismo británico y en los grupos de apoyo a Palestina de todo el planeta. La Corte Suprema del Reino Unido ha declarado nula la ilegalización del Palestine Action, la red de colectivos que centraba su activismo en señalar, mediante la acción directa no violenta, a las empresas británicas que suministraban armamento al Estado de Israel durante el genocidio de GazaTras la ilegalización y posterior detención de decenas de personas, varios activistas de Palestine Action protagonizaron la mayor huelga de hambre coordinada del Reino Unido desde 1982, cuando los presos republicanos irlandeses realizaron una protesta similar para defender sus derechos como presos.

Pablo Rivas

El Gobierno británico había designado a la red activista como “terrorista” en julio, una polémica decisión que derivó en casi 3.000 detenciones a lo largo del Reino Unido tras la convocatoria de decenas de protestas y una campaña de desobediencia civil contra la decisión del Ejecutivo laborista de Keir Starmer bajo el lema “Me opongo al genocidio. Apoyo a Acción Palestina”. Con la sentencia de hoy, los jueces aceptan la impugnación de la decisión del Gobierno presentada por Huda Ammori, cofundadora de Palestine Action, y hacen suya la argumentación de que las acciones del grupo no pueden ser condenadas por la Ley de Terrorismo del año 2000, que castigaba la pertenencia o el apoyo a un grupo de este tipo con penas de hasta 14 años de prisión.

La justicia británica considera que en la designación de Palestine Action como grupo “terrorista” existe una “interferencia muy significativa” con los derechos de libertad de expresión, libertad de reunión pacífica y libertad de asociación. Asimismo, los jueces aceptan otro de los argumentos de Ammori, por el que señala que la decisión que tomó la entonces ministra del Interior, Yvette Cooper, no es coherente con la propia política del Gobierno. No obstante, Palestine Action seguiría ilegalizada temporalmente para, según ha especificado la Corte Suprema, dar tiempo a las partes a apelar la decisión. La actual ministra del Interior, Shabana Mahmood, ya ha anunciado que el Gobierno recurrirá.

Al respecto, la Policía Metropolitana de Londres ha hecho público que dejará de arrestar a ciudadanos que muestren apoyo a Palestine Action, pero que “recogerá evidencias” si esto ocurre de cara a futuros procesos en virtud de una posible apelación. Mediante un comunicado, Ammori ha señalado: “Prohibir Palestine Action siempre tuvo como objetivo apaciguar a los grupos de presión proisraelíes y a los fabricantes de armas, y no tuvo nada que ver con el terrorismo. El fallo histórico de hoy es una victoria para la libertad de todos, e insto al gobierno a respetar la decisión del tribunal y a poner fin a esta injusticia sin más demora”. 

La activista, que ha calificado el fallo de “victoria monumental tanto para nuestras libertades fundamentales aquí en Gran Bretaña como para la lucha por la libertad del pueblo palestino”, ha señalado que la ilegalización “será recordada para siempre como uno de los ataques más extremos a la libertad de expresión en la historia británica reciente”. Tras la ilegalización y posterior detención de decenas de personas, varios activistas de Palestine Action protagonizaron la mayor huelga de hambre coordinada del Reino Unido desde 1982, cuando los presos republicanos irlandeses realizaron una protesta similar para defender sus derechos como presos.

EL SALTO

EL BLOQUEO DE COMBUSTIBLE A CUBA VIOLA EL DERECHO INTERNACIONAL

Con base en los señalamientos de expertos en derechos humanos, la Organización de Naciones Unidas (ONU) determinó que la orden ejecutiva con la cual el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso un bloqueo de combustible a Cuba es una grave violación del derecho internacional y una grave amenaza a un orden internacional democrático y equitativo. “Al no contar con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, el decreto carece de fundamento en la seguridad colectiva y constituye un acto unilateral incompatible con el derecho internacional”, mientras las alegaciones de Washington sobre una supuesta amenaza a la seguridad nacional estadunidense o el presunto vínculo de La Habana con grupos terroristas trasnacionales “carecen de credibilidad y parecen diseñadas exclusivamente para justificar el bloqueo”.


El gobierno de México, en la persona de su presidenta Claudia Sheinbaum, se muestra proclive a la apertura de un puente de ayuda humanitaria con Cuba si así se demanda desde La Habana. Rusia ya ha anunciado que enviará petróleo a Cuba en concepto de ayuda humanitaria a la isla.

EDITORIAL 

Lo dicho por los especialistas respecto al estrangulamiento energético puesto en marcha por el trumpismo es válido para el conjunto de normas y políticas que conforman el bloqueo contra la isla desde hace ya casi siete décadas, así como para las sanciones a Venezuela iniciadas por el ex presidente Barack Obama en 2015, cuya culminación fue el sitio militar y el secuestro del mandatario constitucional, Nicolás Maduro. En este sentido, vale recordar que las sanciones ilegales impuestas por Washington y sus aliados han matado a civiles inocentes, así como el hecho de que la Casa Blanca está al tanto de esos efectos y los asume como un precio a pagar para imponer sus intereses. Esto no es una opinión, sino un dato confirmado desde 1996 por la entonces representante estadunidense ante Naciones Unidas (promovida a secretaria de Estado el año siguiente), Madeleine Albright: cuando una periodista le preguntó si valía la pena haber matado a medio millón de niños en Irak en su afán de derrocar a Saddam Hussein, la funcionaria respondió: “nosotros creemos que el precio vale la pena”.

Esta modalidad de agresión en que un pueblo entero es sometido a la depravación por una potencia en busca de objetivos militares, políticos y económicos se denomina castigo colectivo y se encuentra tipificada como un crimen de guerra en el Convenio de Ginebra relativo a la Protección de Personas Civiles en Tiempo de Guerra, comúnmente conocido como Cuarto Convenio de Ginebra. El artículo 33 de este tratado suscrito por 194 países establece que a) no se castigará a ninguna persona protegida por infracciones que no haya cometido; están prohibidos los castigos colectivos, así como toda medida de intimidación o de terrorismo; b) está prohibido el pillaje, y c) están prohibidas las medidas de represalia contra las personas protegidas y sus bienes. Las incautaciones ilegales de buques petroleros en su camino desde o hacia Venezuela por parte de Washington son un ejemplo claro de pillaje: toma o apoderamiento ilegítimo e indiscriminado de bienes ajenos.

En este contexto de violaciones impunes al derecho internacional y humanitario, cabe saludar la firme solidaridad del Estado mexicano con el pueblo cubano mediante el envío de 814 toneladas de víveres y la decisión de integrar nuevos cargamentos. Asimismo, resulta digna de aplauso la coalición internacional de movimientos sociales y organizaciones formada para llevar alimentos, medicinas y suministros “urgentemente necesarios a comunidades que afrontan una escasez aguda” en Cuba. Algunos participantes de esta iniciativa ya tomaron parte en los esfuerzos para romper el cerco israelí a Gaza, lo que muestra la persistencia de sectores sociales para encarar la injusticia allí donde se presente.

Si bien es imposible que este tipo de ayudas subsane el daño infligido a la población isleña por el bloqueo estadunidense, es preciso alentarlas tanto por el alivio que prestan en momentos de acuciante necesidad como por su potencial para generar conciencia en la opinión pública internacional acerca de la inadmisible estrategia de matar de hambre a civiles porque a las élites de un país o un bloque no les gustan los gobernantes de otro.

LA JORNADA DdA, XXII/6261

DEBATE SOBRE EL BLOQUEO A CUBA: BORON, MONEREO, HERNÁNDEZ

 


Tres politólogos de reputado prestigio analizan en La mesa del viejo topo, desde Buenos Aires, Madrid y La Habana, el bloqueo que sufre Cube desde hace seis décadas, agudizado ahora bajo la presidencia de Donald Trump con su intento de que no se le suministre petróleo a la isla. Atilio Boron, Manuel Monereo y Rafael Hernández nos ofrecen criterios muy interesantes sobre lo que Monereo llama un estado de excepción de las Américas, partiendo los tres analistas de la solidaridad con el pueblo cubano, expresada por trigésimo segunda vez -en contra del bloqueo- por 165 países en la Asamblea General de la ONU. Llama la atención que el gobierno de Chile se haya sumado al de México en la ayuda humanitaria a Cuba, sin que el gobierno español se sienta por ahora llamado a hacerlo, una posibilidad bastante improbable, por deplorable que sea para un ejecutivo que se dice progresista.

DdA, XXII/6261

EL HAMBRE COMO HERRAMIENTA DE CONTROL Y REPRESIÓN*


 El hambre, como estamos comprobado con el bloqueo impuesto por el Estad de Israel a la población palestina de la Franja de Gaza, siempre ha sido una herramienta de control y represión. La supo aprovechar la dictadura franquista en contra de los vencidos en la Guerra Civil y sus familias durante la inmediata posguerra. Los estómagos vacíos se convirtieron en instrumento de desmovilización política, por aquello de que la revolución de los hambrientos puede acabar al llegar a la panadería más cercana, escribe el autor de este imprescindible libro, publicado por Crítica. Tras este tipo de hambrunas se esconde la mano del ser humano, que entierra las vidas de seres sin nombre.

Félix Población

Tened presente el hambre/ recordad su pasado, escribió Miguel Hernández, consciente de la historia de las hambrunas que se vivieron en el mundo y en el transcurso de una de las cuales, la española de la posguerra, falleció enfermo el poeta en la prisión franquista de Alicante después de haber escrito uno de los poemas más conmovedores de la literatura en español (Nanas de la cebolla), inspirado en el hambre de su propio hijo.

Durante toda la dictadura y aún entre los historiadores revisionistas, cuando afloraron durante las legislaturas bajo la presidencia de Aznar el de las Azores, pervivieron tres mitos para justificar el hambre en la primera década de la posguerra. El primero se basaba en los efectos de la contienda, culpando del desastre exclusivamente a las hordas rojas. Sin embargo, según Miguel Ángel de Arco Blanco, autor de La hambruna española (ed. Crítica), las consecuencias de la guerra no fueron especialmente devastadoras por sí mismas para explicar la hambruna existente sino que hay que contar también con todos esos años del hundimiento económico que sufrió el país. Tampoco el mito del aislamiento internacional es válido, porque durante la Segunda Guerra Mundial el claro alineamiento del franquismo con el nazi-fascismo -cuya ayuda fue fundamental para la victoria de los sublevados en España-, comportó la exportación por parte de la dictadura franquista de materias primas y alimentos a Alemania, dando lugar con ello no sólo a una mayor hambruna en nuestra nación sino al bloqueo que los aliados impusieron a España. En cuanto a la pertinaz sequía, el tercer mito, no fue especialmente seca la década de los cuarenta, sobre todo si se compara con la de los años treinta y cincuenta.

Los años más duros de esa hambruna son los del primer trienio, de 1939 a 1941, con una prolongación un lustro más tarde, en 1946. En los tres primeros años fallecieron en nuestro país más de 200.000 personas, bien fuera por inanición o por enfermedades derivadas de una mala y escasa alimentación. Sin despreciar los efectos de la guerra, esa hambruna tu como causa fundamental las medidas económicas basadas en la política autárquica del régimen, que pretendía un autoabastecimiento que resultó nefasto. Andalucía, Extremadura y Murcia fueron las regiones donde más se dejó sentir el hambre. El catedrático de la Universidad de Granada califica esa hambruna como la hambruna de la Victoria, puesto que las lógicas del castigo a los vencidos se extendieron a la gestión del hambre y acabaron con la vida o sumieron en la miseria a muchos republicanos y a sus familias.

El libro del profesor del Arco, cuya lectura recomiendo, ha recurrido para su elaboración y documentación a la historia económica, a la historia de la medicina y de las relaciones internacionales, a la historia política, a la demografía histórica y a la historia cultural, sin que falten en su interesante desarrollo y compendio, magníficamente escritos, la antropología o la geografía. El profesor Miguel Ángel del Arco no puede olvidar en su obra la mención a aquellos autores literarios que como Agustín Gómez Arcos (El niño pan) o Miguel Delibes (Las ratas) ofrecieron un testimonio realista de aquel tiempo.

A pesar de aquella soflama franquista con la que Franco inició su régimen, Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan, a la que respondería una pintada con Menos Franco y más blanco que llegó a costar la cárcel a su autorun capítulo tiene especial valor  en esta obra: el de la corrupción generalizada en todas las esferas de la administración. que contribuyó con el control de alimentos y el estraperlo a que la hambruna fuera especialmente cruel y una herramienta de control y represión: los estómagos vacíos se convirtieron en instrumento de desmovilización política, por aquello de que la revolución de los hambrientos puede acabar al llegar a la panadería más cercana.

Con la lucha por la vida en aquella España hambrienta concluye Gómez Arcos su libro, que conceptúa como una obra escrita para el futuro: "Habla de una hambruna que sucedió hace décadas, pero en el fondo se ocupa de por qué las hambrunas aparecen, cómo tienen lugar, quiénes son sus víctimas y qué resultados provocan. Y de cómo son silenciadas y negadas por el poder. Estas fueron y son crímenes contra la humanidad [ahí tenemos lo ocurrido sigue ocurriendo en la Franja de Gaza, a lo largo de más de dos años] que forman parte de nuestra historia más oscura, de nuestro presente más terrible. Tras ellas se esconde la mano del ser humano, que entierra las vidas de seres sin nombre".

Este libro quiere ser una denuncia no sólo contra la desigualdad, según su autor, sino contra la utilización del hambre como arma de violencia y opresión. Nos unimos con Miguel Ángel del Arco al grito de Federico García Lorca, porque queremos el pan nuestro de cada día,/ porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra/ que da frutos para todos.

*La hambruna española, Miguel Ángel del Arco Blanco. Ed. Crítica, 2025. 473 páginas. Reseña publicada en el número de febrero de la revista El viejo topo.

DdA, XXI/6261

jueves, 12 de febrero de 2026

EL ESCRITOR GONZÁLEZ RUANO NO DEBE DESVINCULARSE DEL HORROR QUE PEPETRÓ

Rita Haiworth censurada


Rafael Manuel Cansinos Galán*

Una de las características que tiene el fenómeno de recuperación de César González-Ruano en 2025 es que sus publicistas, desde medios de extrema derecha, evitan como al diablo la palabra "judío". Hagan ustedes la prueba: acoten la búsqueda de artículos periodísticos a 2025, año en el que la editorial Renacimiento, al husmo del negocio, ha decidido poner en circulación una Biblioteca González-Ruano; y cierren la búsqueda a 31 de junio de 2025, cuando escribo esto: ¡ni uno solo de los participantes en esa ignominia escribe la palabra "judío" en sus alharacas publicitarias! Los detalles paralelos de la actualidad son relevantes, por lo que no olviden ajustar también su sincronía mental a un tiempo en el que desde esos medios se aplaude sin rubor la limpieza étnica que está llevando a cabo el gobierno de Netanyahu en los territorios palestinos.

Estamos una vez más ante un nuevo episodio, anecdótico, pero significativo, de la historia de Israel en Sefarad y del mapa mental contradictorio que mueve a algunos de nuestros intelectuales, tertulianos y publicistas de medios. Hemos pasado de un último tercio del siglo XX y primera década del XXI marcado por la judeofobia tradicional de la derecha, herencia lógica del franquismo, a que esta misma derecha y sus ultras más extremos hayan sido aceptados por el Ministerio de la Diáspora israelí como portavoces legítimos y autorizados del ideario israelí y grandes defensores del papel del Estado sionista como avanzada de Occidente en Oriente Próximo. Todo ello frente a una izquierda desorientada que critica lo que a estas alturas es ya una clara limpieza étnica en Cisjordania y un genocidio en Gaza. Lo que le preocupa al hasbarismo no es que describan el procedimiento -aceptado por la derechas- sino que lo critiquen, lo que les convierte en antisemitas furibundos.

¡Claro! En esta recuperación ruanesca hay que desvincular cuidadosamente el sitagma "González-Ruano" de vocablos con los que puede establecer una concordancia perfecta como "judío" y "judaísmo", "antisemita" y "antisemitismo", "nazi" y "nazismo", etcétera. No puede haber proximidad o que se mezclen esos términos en una nube de palabras que revelaría evidencias. Noticias y artículos vecinos sobre "la guerra justa de Israel" contra lo que llaman estos medios "Hamás" (todos los palestinos), no puede aparecer mezclando resultados con la exaltación del un nazi antisemita que fue Ruano, quien, según indicios insoslayables, esquilmó a judíos durante la II Guerra Mundial y llevó su actividad criminal, también según algunos testimonios que veremos más adelante, a entregar a familias judías que acabaron sus días en los pasos ilegales de frontera española con Francia o en los campos de exterminio.

6 meses con los nazis de César González-Ruano, obra en la que recoge algunas de las crónicas que escribió en Alemania. El libro vio la luz en octubre de 1933 y contó con la subvención del Ministerio de Propaganda nazi a través de la Embajada alemana en Madrid. En él no escatima elogios hacia el nacionalsocialismo y su impulsor Hitler “un hombre simple y genial”.

El argumento de que González-Ruano "es un gran escritor" y nos obliga a separar su vida personal de su obra literaria no tiene base, porque no es verdad. Él mismo fue honesto en este aspecto (¿lo fue en algo más?) y en varios momentos de su trayectoria le vemos plenamente sabedor de la inconsistencia de su labor literaria. No es falsa humildad. Como a otros autores de su generación, leerlo en nuestros días es un ejercicio que solo se justifica con alguna finalidad documental o acádemica. Tiene mucho oficio y miles de páginas y aquí y allí redacta algunos párrafos con cierta gracia dentro del género periodístico "ocurrente", ese que abrió con el siglo Gómez de la Serna, pasa por Umbral y que finaliza, ya en franca decadencia, con Vicente Molina Foix o Manuel Vicent. 

Ruano, que fue desde que nació un majadero absoluto, no es Louis-Ferdinand Céline, en quien se resuelve ejemplarmente la diatriba sobre cómo separar vida y obra, y cualquier lector que se acerca a la misma tiene presente sus desaciertos, que no fue capaz de hacerse perdonar en la última etapa de su vida como médico de personas desfavorecidas. Y sobre Céline no pesa ninguna sospecha de actividad criminal, aunque fue condenado en Francia tras la Segunda Guerra Mundial por colaboración con el ocupante nazi y sus panfletos antisemitas son descritos por Serge Klarsfeld como "textos nocivos y talentosos de incitación al odio racial y a la exterminación de los judíos". Ruano, que no puede equipararse literariamente a Céline ni por asomo, no solo escribió y animó con sus textos el odio racial, es que pesan sobre él acusaciones muy graves de actuaciones que acabaron con la vida de judíos para apropiarse de sus bienes.

Dice Luis Antonio de Villena en su "Vindicación de González Ruano": "Francia ha perdonado a Céline, a Drieu la Rochelle y hasta a Brasillach, algo menor. ¿Y nosotros seguiremos haciendo encaje de bolillos con César González Ruano?" Es probable que esta barbaridad la diga en serio, a pesar de que él conoce muy bien lo que ya hemos contado de Céline, que Pierre Drieu La Rochelle colaboró en publicaciones de la Alemania nazi durante la ocupación de Francia (pero que también en marzo de 1943 rescató a su exmujer, la judía Colette Jéramec, del campo de concentración de Drancy). Y que sepamos, en Francia nadie en sus cabales vindica ni reivindica la memoria de Robert Brasillach, colaborador de los nazis, implicado también, aunque no de forma personal, en la delación de judíos y miembros de la Resistencia, que colaboró con la Alemania nazi como lo hizo Ruano y por ello fue sometido a un juicio por traición​ y fusilado el 6 de febrero de 1945 en el fuerte de Montrouge. Quizá, con la Francia que lo "ha perdonado" se refiera a Action Française y al Front National de Le Pen (ahora Rassemblement National) que ven en Brasillach un "mártir" de la causa nacionalista, ejecutado por lo que consideran una "justicia vengativa" de la posguerra. Bueno, ¡bien visto! por estos ultras, y quizá también lo pueden reivindicar en España, junto a Ruano, el partido VOX y sus adláteres falangistas, o medios como The Objetive, Periodista Digital o El Debate cuando se enteren de lo mucho que Brasillach apoyó el fascismo en España durante la Guerra Civil. ¡Pero todo eso ni es "Francia", ni es "España"!

Qué pretenden estos vindicadores, ¿que situemos a Gonzalez-Ruano junto a Pío Baroja, Eugenio Montes o Jose María Pemán y entonemos un "pelillos a la mar"? Es decir, que lo situemos junto a los que apoyaron con sus escritos el nazismo. Una adscripción ideológica no es lo mismo que actuar contra las personas y las propiedades señaladas por esa ideología, aunque se les pueda acusar de cierta participación negligente, rara vez intencionada. 

No se trata de ignorar los méritos que González-Ruano tuvo como escritor, sino de recordar que cualquier mención a sus habilidades como antólogo, cronista, etcétera, no puede desvincularse del horror que perpetró. Analizar la labor literaria de una figura tan nefastas puede ser válido en contextos académicos, pero el riesgo está en que, al destacarlos sin crítica, se banalice su legado o incluso se abran puertas a narrativas revisionistas. Ruano no fue solo un escritor frustrado, dejó un rastro de actuaciones deleznables; por eso, aunque se estudien sus obras o sus crónicas periodísticas, el foco debe permanecer en las víctimas y en la responsabilidad  que su nombre carga. Separar al "hombre" del "monstruo" es un ejercicio peligroso cuando la memoria de millones de seres humanos (no solo judíos) exige claridad, no matices que diluyan la verdad.

Faltan por digitalizar millones de documentos de la II Guerra Mundial. Cuando se apliquen las técnicas de cálculo probabilístico a toda esa documentación César González-Ruano no va tener ninguna oportunidad de escape, aunque siga despertando la admiración -y el respeto, porque a fin de cuentas eso es lo que hacen: respetar- de personas que no hacen otra cosa que justificar, sin ironía, la maldad.

*Hijo del escritor, ensayista, poeta y traductor Rafael Cansinos Assens (1882-1964) y director del archivo-fundación que lleva su nombre, editora reciente de los Diarios de Posguerra en Madrid, 1943 del autor de La novela de un literato, una obra fundamental para el conocimiento del mundo literario en Madrid en las décadas anteriores a la Guerra Civil. Ese tomo de los Diarios refleja a su vez la España de la posguerra en la capital del país. Este Lazarillo espera leerlo en breve para tener datos fehacientes del ambiente de miseria social, moral e intelectual que Cela recreó en su novela La Colmena.

DdA, XXII/6260

EL ASESOR, EL ASESORADO (ABASCAL) Y LA ESPAÑA QUE MADRUGA


Lazarillo

En los años noventa, Francisco de Méndez-Monasterio Encina militó en la formación Alianza por la Unidad Nacional, dirigida por el líder falangista Ricardo Sáenz de Ynestrillas. En 1999 fue condenado junto a Marcos Calero como responsable de dos faltas de lesiones y amenazas a tres estudiantes universitarios, entre ellos el estudiante de derecho y futuro vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias, producidas el 17 de marzo de 1998.​ La agresión ocurrió cuando las víctimas, miembros de la Unión de Estudiantes Progresistas y de Izquierdas, retiraron de un muro en la Facultad de Derecho un cartel anónimo que enaltecía al dictador chileno Augusto Pinochet. La condena obligó a Méndez-Monasterio a indemnizar económicamente a los agredidos y hacer frente a la responsabilidad civil. Actualmente -acaso por méritos curriculares- es asesor en jefe del líder del Vox, cobrando del partido la módica cantidad mensual de 26.700 euros, por lo que el Presidente del Gobierno le ha preguntado al asesorado por su propia remuneración, que se supone mucho mayor al del asesor, haciéndole notar al señor Abascal que ésa no es la España que madruga, eslogan de una de las campañas electorales del partido extrema derecha. Una formación política con esa capacidad económica para permitir esos estipendios, no hace falta decir que está lejos de representar a la España que madruga.

DdA, XXII/6260

LAS ARMAS DE EVAPORIZACIÓN Y EL ASESINATO MASIVO DE PERIODISTAS


Lazarillo

Lo leemos hoy en algunos medios de información, no en todos. La noticia la difundió Al Jazeera. Según esta agencia, a través de una investigación llevada a cabo por la misma, las armas térmicas y termobáricas suministradas por Estados Unidos no han dejado rastro de casi 3.000 palestinos asesinados por el Estado de Israel. La información la encabeza así Al Jazeera"Al amanecer del 10 de agosto de 2024, Yasmin Mahani caminó entre las ruinas humeantes de la escuela al-Tabin en la ciudad de Gaza, buscando a su hijo Saad. Encontró a su esposo gritando, pero de Saad no había rastro. “Entré en la mezquita y me encontré pisando carne y hueso”, declaró Mahani a Al Jazeera Arabic para una investigación que se emitió el lunes. Buscó en hospitales y morgues durante días. “No encontramos nada de Saad. Ni siquiera un cuerpo para enterrar. Eso fue lo más difícil”. Mahani es uno de los miles de palestinos cuyos seres queridos simplemente han desaparecido durante la guerra genocida de Israel en Gaza, que ha matado a más de 72.000 personas. Como es bien sabido, nunca en un conflicto fueron asesinados tantos periodistas (en torno a 250, en su mayoría palestinos, muchos de ellos de Al Jazeera). Quizá para evitar informaciones como la que ahora ha revelado esta agencia de información. La armas termobáricas no sólo matan sino que destruyen la materia, la evaporan. ¿Cómo la ciencia puede avanzar tanto en pro de la barbarie?

DdA, XXII/6260

LOS NIÑOS CON CÁNCER EN CUBA Y LA RETIRADA DE MÉDICOS CUBANOS DE GUATEMALA


Félix Población

Como estas noticias no se leen en los periódicos ni aparecen en los telediarios porque ya sabemos a lo que se deben los medios de información en general, conviene no dejar pasar que la esperanza de vida de los menores enfermos de cáncer en Cuba está sufriendo especialmente las consecuencias del bloqueo impuesto a la isla por Estados Unidos, más riguroso aún ahora con Donald Trump en la Casa Blanca. Las limitaciones de acceso a los medicamentos han deteriorado substancialmente el tratamiento y la recuperación de los pacientes. El tratamiento de la enfermedad en la infancia exige no solo medicamentos eficaces, sino también un entorno que alivie el dolor emocional de pacientes y familiares. Las estadísticas reflejan que si antes se lograba un sobrevivencia del 80 por ciento en los menores con cáncer, actualmente la cifra ha decrecido hasta el 65 por ciento. Ante la carencia de medicinas de primera línea, los médicos especialistas tienen que recurrir a alternativas menos efectivas. A la precariedad en los recursos medicinales hay que añadir las carencias de un alimentación adecuada para los pacientes, con unas necesidades dietéticas específicas. Quizá algún día podamos tener el testimonio objetivo de lo que está soportando el pueblo de Cuba ante unas medidas condenadas por la mayoría de la comunidad internacional repetidamente y que con el retorno de Trump a la presidencia de Estados Unidos pretenden literalmente la rendición del gobierno cubano a base de un sufrimiento aún mayor de la población. Quienes las respaldan son cómplices de un crimen histórico de lesa humanidad. Su repercusión también alcanza a otros países de América Latina que, como Guatemala, en virtud de los acuerdos suscritos con el gobierno estadounidense, eliminará la valiosa colaboración prestada por más de 400 médicos y sanitarios cubanos a lo largo de casi treinta años. Según cifras oficiales, en 2025 había hasta 24.000 médicos cubanos desplegados en 56 países. También se ofrecía formación a casi 90.000 estudiantes de 150 países, dentro y fuera de la isla. Hace unos meses, por trigésimo tercera vez en la ONU, 165 países votaron en contra del embargo a Cuba. Los nombres de Argentina, Estados Unidos, Hungría, Israel, Macedonia del Norte, Paraguay y Ucrania están manchados de indignidad por haberlo hecho en contra. No extraña que entre ellos figure el nombre de un Estado genocida, asesino de miles de menores palestinos, uniendo aún más indignidad a los Estados que lo acompañan en esa corta y negra lista*.

Una carta abierta titulada "Let Cuba Live!" rechaza la nueva orden ejecutiva del expresidente Donald Trump que busca cortar el acceso de petróleo a Cuba.
La misiva, respaldada por figuras públicas, artistas y 22 miembros del Concejo Municipal de Nueva York —incluidos Mark Ruffalo, Susan Sarandon y Kal Penn— califica la medida como un intento deliberado de provocar hambruna y sufrimiento masivo.
⚠️
Según el texto:
🔸
Niega que Cuba represente una amenaza para EE.UU.
🔸
Denuncia el uso del suministro energético como mecanismo de presión política y castigo colectivo.
🔸
Afirma: “El hambre no es diplomacia, es una forma de terrorismo”.
🚨
Las consecuencias humanitarias señaladas:
💡
Familias sin electricidad para iluminación, refrigeración y cocina.
🏥
Hospitales en riesgo de cerrar salas y suspender tratamientos críticos.
🚚
Distribución de alimentos y medicamentos paralizada.
🚨
Los más vulnerables —niños, ancianos y enfermos— soportarían el peso de esta política.

La carta permanece abierta a firmas y llama a la comunidad internacional a poner fin a las sanciones que afectan a la población civil.

DdA, XXII/6260

SÁNCHEZ-ALBORNOZ: EN USA HAY UN SEDIMENTO NO DIGERIDO DE LA GUERRA CIVIL

Es muy de celebrar que Nicolás Sánchez-Albornoz haya cumplido un siglo de vida y muestre un aspecto físico e intelectual tan admirable. El historiador y primer director del Instituto Fernández es hijo de Claudio Sánchez-Albornoz, también historiador y ministro de Asuntos Exteriores durante la Segunda República, cuyo regreso a España durante los primeros años de la transición procedente de su exilio en Argentina cubrió informativamente este Lazarillo. Recuerdo el acto que tuvo lugar con ese motivo en la Universidad Complutense, al término del cual saludé a don Claudio. También a su hijo tuve oportunidad de saludar con motivo de su visita hace años al actual Centro Documental de la Memoria Histórica, en Salamanca. Don Nicolás fue profesor en la Universidad de Nueva York.  Fue detenido durante la dictadura franquista junto a compañeros y compañeras de la Federación Universitaria Escolar y condenado a trabajos forzados en el Valle de los Caídos, del que logró escapar y exiliarse. Testigo privilegiado y lúcido de nuestra historia, apoyó y participó desde el inicio en el proyecto del Canal de los Presos y en la recuperación del campo de concentración de Heliópolis, conocido como “El Colector”. Su compromiso y aportación pionera fueron reconocidos al convertirse en uno de los primeros doctores honoris causa de la Universidad Pablo de Olavide. Esta entrevista fue publicada en el diario El País y de la misma extraigo un fragmento de lo que piensa el entrevistado de Estados Unidos:  "Está produciéndose un vuelco de la opinión de los conservadores en contra de esas matanzas. Podrás ser muy conservador, pero evidentemente no te gusta que arranquen a niños de cinco años de las madres, ni que maten a la gente a tiros. Trump está haciendo una cantidad de salvajadas espantosas. Y es curioso: uno de los artículos dice “se viene una guerra civil”. Hay una reacción del pueblo americano contra las políticas de Trump. Es un enfermo".


Pregunta. ¿Cómo está?
Respuesta. Para 100 años, cojonudo. Pero no dejo de tener problemas: no el de la memoria. La dentadura postiza, los oídos… El humor no lo pierdo. Y tengo bastante fuerza. Salgo a caminar todos los días, acompañado. ¡Hay días en que hemos andado tres kilómetros!
P. Muchos años de vida.
R. Mi primer exilio es el de Francia. Cuando la II Guerra Mundial vinieron los alemanes, yo estaba con mi padre y él se tuvo que ir a Argentina. Franco le pedía a la Gestapo que lo detuviera y lo entregara quizá para fusilarlo. La policía tenía orden de apresarlo y le avisó: “Si usted está en casa a las siete de la tarde, a esa hora vamos a buscarle”. Y claro, no estaba. Un amigo lo llevó a la zona no controlada por los alemanes todavía. Y de ahí, pudo irse a Argentina. Nos quedamos los tres hermanos en la casa, solos. Mi padre nos dijo: “Ahora no puedo llevaros”. Volvimos a España, donde estaban mis abuelos, a Ávila. Por eso volví a España.
P. ¿Qué recuerda más nítidamente de aquella escapada de la cárcel de Franco a finales de los cuarenta?
R. Nos escapamos Manolo Lamana y yo de Cuelgamuros. Habíamos quedado con Paco Benet, el hermano de Juan Benet, delante del Escorial. Ahí nos esperaban las chicas que habían venido de Francia para llevarnos. Así llegamos hasta Barcelona. Nos dijeron que teníamos que cruzar solos. Estuvimos tres días subiendo y bajando montañas hasta que una mañana nos encontramos con un francés y le preguntamos dónde estábamos. Era Francia. Lo abrazamos y salimos corriendo. Y de ahí llegamos a Valcebollère, donde he estado yendo casi todos los veranos porque estoy profundamente agradecido a ese sitio. Ahí nos dieron la primera comida después de tres días… Luego nos dieron la residencia para vivir en Francia.
P. ¿Qué significó no vivir ya en España?
R. Una gran satisfacción. Desde el exilio tuve muchas relaciones con España. Trabajaba la historia de España cuando viví en Nueva York. Cuando vivimos en Buenos Aires, mi padre siempre tenía la añoranza de volver y cuando llegó aquella noticia, “Franco ha muerto”, le dije: “Esta es tu ocasión. Has sobrevivido a Franco, vete a España. Yo te acompaño”. Y vine con él y con mis hijos. A él le gustó mucho volver, pero con la familia. “Yo no vuelvo a España”, decía, “mientras esté Franco”. Lo consiguió.
P. ¿Cómo fue la estancia en Nueva York?
R. Estuve muchos años en la universidad, enseñando historia latinoamericana e historia de España. Vivía en pleno Manhattan, rodeado de jardines. Tengo buena memoria de ese tiempo. Cuando llegó la hora de dejar la universidad no me veía viviendo en Estados Unidos. Y creo que he hecho bien, porque la situación ahora en Norteamérica es fatal.
P: ¿Cómo vive este tiempo de Estados Unidos?
R: Nerviosísimo. Acabo de leer, porque me envían la prensa norteamericana, lo que dicen de Trump… Está produciéndose un vuelco de la opinión de los conservadores en contra de esas matanzas. Podrás ser muy conservador, pero evidentemente no te gusta que arranquen a niños de cinco años de las madres, ni que maten a la gente a tiros. Trump está haciendo una cantidad de salvajadas espantosas. Y es curioso: uno de los artículos dice “se viene una guerra civil”. Hay una reacción del pueblo americano contra las políticas de Trump. Es un enfermo.
P: Ahora la expresión “guerra civil” le tiene que dar una sensación de déjà vu terrible.
R: Pues no. Estados Unidos ya ha tenido una guerra civil, y se consiguió la abolición de la esclavitud. Hay un sector pequeño de la población entre los republicanos de Estados Unidos que echan de menos la época en que podían hacer todas las barbaridades que les daba la gana con los negros. Hay un sedimento de la guerra civil no digerido por unos sectores ultras… Algo de nazis hay en ellos.
P: Actualmente se ven jóvenes en la calle cantando el Cara al Sol. ¿Estamos en peligro del renacimiento franquista?
R: No creo. Lo que ha ocurrido es, en general, un descenso del estándar de vida de la gente, no solo en España: en Europa y en Estados Unidos. La reacción contra Trump es precisamente de gente que ve las burradas que hace, pero también que tiene su resentimiento por la bajada del nivel de vida. Y en España eso se traduce. Creo que al final habrá, seguramente, como en Estados Unidos, un vuelco contra las falsas promesas del PP y de Vox. Vox no va a ningún lado.
P: ¿Qué estado de ánimo le produce a usted ese momento que puede venir?
R: Como cumplo 100 años, por lo menos personalmente voy a ver poco de ello.
P: ¿Cómo fue su experiencia en el Instituto Cervantes?
R: Difícil al principio. La idea de su fundación existía y se aprobó en las Cortes lo de la creación del Cervantes, pero no tenían previsto absolutamente nada. Había una triplicación de iniciativas sin ningún sentido de la organización. Se hacían como se hacían también muchas cosas en la España de entonces: sin profesionalidad. Yo traté, primero, de dotar de profesionalidad a los centros que nos fueron transferidos, y de crear otros en zonas sensibles o de interés. Eso hice. Ahora me van a hacer un homenaje.
P: El hijo que vuelve.
R: La verdad es que con los demás directores he tenido buenas relaciones, y en particular con el actual director, que es el que ha tenido la ocurrencia del homenaje. Me están haciendo homenajes por todos los lados.
P: En 2012 tenía 84 años y publicó el libro que explica su vida, su exilio y su regreso.
R: Tenía memoria y la quería compartir. Jordi Herralde publicó el libro. Trato los tres exilios que tuve y las tres cárceles por las que pasé: Alcalá de Henares, Carabanchel y Cuelgamuros, que fue de la que nos fuimos. Los tres exilios fueron el de Francia, el de Argentina y el de Estados Unidos…
P: ¿Qué refleja esa memoria?
R: Recuerdo, por ejemplo, que estaba en Madrid cuando se sublevó el cuartel de la Montaña. Nosotros vivíamos en Ferraz con mis abuelos. Mi padre era embajador en Portugal, pero yo estaba enfermo y no podía ir. Entonces recuerdo perfectamente el asalto al cuartel de la Montaña, visto desde la Plaza de España: las milicias, la sublevación... Hasta que se rindieron. Eso te lo puedo contar, y te puedo contar cómo entraron balas de fusil o de ametralladora de los rebeldes hasta las habitaciones que en ese momento eran de mis hermanos, en la calle Ferraz. Todo eso lo tengo fresco.
P: ¿Le da escalofrío?
R: De alguna manera lo he superado. Como se han acumulado cosas cada vez más escalofriantes, a lo mejor esas primeras resultan más suaves.
P: Decía en su libro que Franco veía al adversario como si no fuera un ser humano y había que acabar con él.
R: Así se explica la cantidad de fusilamientos. Había consejos de guerra y los militares condenaban fácilmente a muerte. La propuesta de ejecución llegaba al Consejo de Ministros y Franco tenía que aprobarla. Siempre decía: “Hágase, hágase”. Nunca concedió indultos ni nada… Hasta el fin de su vida. Era un ser inhumano. No sé si se puede decir que se regodeaba con la matanza de la gente, que a lo mejor sí, pero era totalmente insensible y no se daba cuenta de lo que hacía.
P: En la calle Ferraz, donde usted vivió, ha habido manifestaciones de Vox para honrar a Franco. ¿Cómo ha vivido esa evidencia de que Franco vuelve a ser recuperado?
R: En España no ha habido una toma de conciencia de eso. En Alemania la cosa fue más grave, pero hubo un Núremberg y se colgó a los dirigentes nazis. Hubo un reconocimiento de las barbaridades que hizo el régimen, y se abrieron los campos de concentración. Y aun así se quedan vestigios del nazismo. En España no ha habido un Núremberg. Y entonces, claro, hay gente joven que no sabe lo que pasó. El franquismo no se enseña en el bachillerato. Falta información. Si a la falta de información le añades un cierto descontento con políticas que son de tipo social, pues es lógico que resulte todo eso.

EL PAÍS DdA, XXII/6260

miércoles, 11 de febrero de 2026

SÓLO DONDE HAY COMUNIDAD POLÍTICA REAL, SE PODRÁ GANAR A LA EXTREMA DERECHA

La lucha contra la ultraderecha y el neofascismo no se gana con grandes alianzas abstractas ni con frentes amplios diseñados desde arriba. Se gana desde lo local, desde la cercanía, desde proyectos que la gente sienta como propios, la trinchera del barrio, el desahucio que se para, el abuelo al que se acompaña, la cultura que se defiende o el macropelotazo urbanístico que se frena. Solo donde haya comunidad política real, se podrá frenar a la ultraderecha. Conformar poder local, es casi el único camino. Lo cual no significa renunciar a alianzas estatales y luchas más globales. Significa replantearlas. Primero hay que construir fuerza real en cada territorio. Después, desde esa pluralidad soberana, ya se articularán acuerdos para gobernar en Madrid si hace falta. Pero no al revés: empezando por la unidad estatal esperando que luego baje al territorio. Ese es justo el camino que nos ha traído hasta aquí.


Eloy Cuadra

Vuelve el mantra mil veces abanderado tras cada derrota electoral: que el gran problema de la izquierda española es su fragmentación. Que si se uniera, que si dejara a un lado egos, siglas y diferencias, podría frenar a la derecha y a la ultraderecha. Puedo imaginarme a Abascal, Alvise, Feijoó, Ayuso, Sánchez y compañía partidos de la risa, encantados de la vida con este diagnóstico facilón, impulsado desde Izquierda Unida, Podemos, Sumar, Compromís, Rufián y otros tantos intelectuales y tertulianos mediáticos. Años llevo diciendo que ese no es el camino, que Podemos hace mucho que ya no puede, que Sumar nunca sumó, Izquierda Unida nunca estuvo unida y en Compromís compromiso real hay muy poco. No me hicieron caso, y esta martingala de la unión de las izquierdas ya no se la creen ni ellos mismos, con los tozudos resultados electorales dándome la razón una y otra vez. Y créanme, mucho me habría gustado no tenerla.
La llamada “unidad de la izquierda” estatal ha tenido tiempo, poder institucional y oportunidad histórica. Han gobernado, han gestionado ministerios, consejerías y concejalías, han tenido capacidad legislativa y presencia mediática constante. Y, sin embargo, el balance es claro: desmovilización social, pérdida de base electoral, retrocesos territoriales evidentes e incapacidad manifiesta para resolver los problemas básicos de los españoles (vivienda, sanidad, trabajo precario, carestía de la vida, cuidados). Un ejemplo más de estrategia fallida lo tienen en Extremadura y Aragón: no son anomalías, son síntomas. Allí donde se ha insistido en fórmulas de coalición forzadas, construidas desde arriba, el resultado ha sido el fracaso. Tan fracaso que hasta Alvise ha sacado más votos que Podemos en Aragón, y a Sumar e Izquierda Unida casi ni les llega para un diputado, con todo su aparato ministerial y toda su historia.
La pregunta, por muy incómoda que sea se hace inevitable: ¿por qué siguen insistiendo en una receta que ya no funciona?, ¿no entienden que ya se les acabó su tiempo, que solo restan, que harían mejor si se disolvieran y se dedicaran a otra cosa? Porque el problema no es solo electoral, es político, es cultural y es territorial. La izquierda estatal que propone estas uniones se ha convertido en una izquierda elitista, excesivamente intelectualizada, desconectada de la vida material de la gente común, y también del territorio, de lo local, de lo que ocurre en cada comunidad ¿O son acaso parecidas las realidades locales de Canarias y las del País Vasco?
Ya no sirven estas estructuras verticales con sede en Madrid, sin bases, sin suelo de pueblo, construidas sobre figuras que han salido en la tele un tiempo, con discursos universales, de consignas bien formuladas y debates identitarios casi siempre importados, cada vez menos arraigadas en los conflictos reales de los barrios, los pueblos y las comunidades. Son partidos que hablan en nombre de “la gente” mientras deciden lejos de ella, que reclaman pluralidad pero funcionan como aparatos cerrados, que se presentan como nuevos aunque repiten los vicios clásicos de la política estatal. Todo esto que les cuento, yo lo estoy analizando y argumentando con razones, y la mayoría del electorado español lo siente y lo percibe aún sin verbalizarlo, y sale huyendo cuando oye hablar de la unidad de las izquierdas, porque les suena a estafa.
Por suerte, frente a este modelo agotado, hay otra vía posible, que además está demostrando ser eficaz. Me refiero a la construcción de movimientos progresistas de ámbito autonómico, soberanistas, independentistas o regionalistas de izquierdas. Espacios políticos con raíces en su territorio, sin obediencia estatal, con agenda propia y con una relación directa con su comunidad. Los ejemplos están ahí y son incontestables. En el País Vasco, EH Bildu no solo resiste: crece y disputa hegemonía. En Cataluña, ERC y la CUP, con todas sus diferencias, han construido una izquierda vinculada a la soberanía y al conflicto real con el Estado. En Galicia, el BNG se ha consolidado como fuerza central del espacio progresista. En Aragón, la Chunta Aragonesista demuestra que el arraigo territorial puede ser también allí fortaleza. ¿Qué tienen en común estos proyectos? No nacen de despachos madrileños. No se construyen como sumas de siglas fracasadas o figurines mediáticos ya gastados. No dependen de cuanto salga uno en la tele ni de modas ideológicas. Se apoyan en una identidad política ligada al territorio, en conflictos concretos y en una militancia que no vive la política como una carrera profesional en la que hay que perpetuarse como una casta, la sienten como herramienta de defensa colectiva.
Lo puedo decir más alto pero no más claro: la lucha contra la ultraderecha y el neofascismo no se gana con grandes alianzas abstractas ni con frentes amplios diseñados desde arriba. Se gana desde lo local, desde la cercanía, desde proyectos que la gente sienta como propios, la trinchera del barrio, el desahucio que se para, el abuelo al que se acompaña, la cultura que se defiende o el macropelotazo urbanístico que se frena. Solo donde haya comunidad política real, se podrá frenar a la ultraderecha. ¿Cuántos de Vox hay en el Parlamento Vasco o en el Navarro? ¿Qué les pasó a Vito Quiles o a Dani Desokupa cuando quisieron aparecer por allí? Y puestos a ver quién piensa más en España, se da la paradoja de que partidos como Bildu o Esquerra Republicana, con toda la matraquilla de terroristas o independentistas han sido los que más propuestas han sacado adelante en Madrid en favor de la justicia social de todos los españoles.
Conformar poder local, es casi el único camino. Lo cual no significa renunciar a alianzas estatales y luchas más globales. Significa replantearlas. Primero hay que construir fuerza real en cada territorio. Después, desde esa pluralidad soberana, ya se articularán acuerdos para gobernar en Madrid si hace falta. Pero no al revés: empezando por la unidad estatal esperando que luego baje al territorio. Ese es justo el camino que nos ha traído hasta aquí. Por cierto, ¿se han fijado que ni Bildu ni ERC están por la labor de sumarse a esta historia? Porque saben que perderán apoyos electorales, y muchos. ¿Quiénes son los que plantean esta solución simplista?: los que llevan años perdiendo y menguando. ¿Por qué insisten?: porque saben que si les compran el tinglado podrán seguir con su puestito cobrando de aquí o de allá otros cuatro años. Es así. Solo tratan de salvar su culo.
Conviene aclarar en todo caso, que no es tan sencillo como armar batiburrillos locales con los mismos cabecillas de siempre, aceptando a los mismos líderes que llevan toda la vida intentándolo y fracasando, sin un trabajo real de base, de calle, de compromiso. Si no hay base ni trabajo previo, como puede ocurrir en lugares como Canarias, Andalucía y otros territorios de poca lucha auténtica, pues habrá que trabajar duro para construir esa base sólida. Créanme, no hay más fórmula. La gente no es tonta, ya no engañan a nadie.
En conclusión, más allá de lo que estamos pagando todos por la locura mesiánica de Sánchez, la solución para movilizar a esa otra España que existe a la izquierda del PSOE, no es la unión de las izquierdas tal y como se plantea, es romper con el centralismo, abandonar las élites ilustradas y volver a pisar tierra, desde abajo, sin tutelas, comunidad a comunidad, conflicto a conflicto, una batalla tras otra.

DdA, XXII/6259