lunes, 23 de febrero de 2026

BERGAMÍN Y ANTONIO MACHADO: LA ÚLTIMA CARTA


Recuperamos el artículo escrito para la firmante con motivo del octogésimo aniversario de la muerte de Antonio Machado, en el que se habla de la relación entre el poeta y el escritor José Bergamín con motivo del Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Por la carta que don Antonio dirigió a su amigo, menos de dos semanas antes de su muerte, pareciera que Machado tenía proyectos de vida a los 64 años que frustraría su fallecimiento como consecuencia de una neumonía que acabó con sus maltrechos pulmones de fumador empedernido. La ayuda que le prestó Bergamín fue póstuma, editando en 1940 en México sus Obras completas, las que le siguen dando larga vida a su voz y ejemplo.  






Margarita Garbisu Buesa

El pasado 22 de febrero se cumplieron ochenta años de la muerte de Antonio Machado en la localidad francesa de Colliure. Los homenajes en torno a su obra y figura se sucedieron en forma de exposiciones, lecturas, jornadas y artículos en prensa. Los medios diarios recordaron especialmente el exilio del poeta, su huida a Francia meses antes del final de la Guerra Civil. Desde aquí quiero poner la mirada en una de las últimas cartas que escribió desde ese exilio: iba dirigida a su amigo José Bergamín.

La amistad entre ellos se había fraguado a raíz de la celebración del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado entre Valencia, Barcelona y Madrid en julio de 1937, y en el que participaron numerosos intelectuales unidos por la lucha contra el fascismo. Tiempo antes de su inauguración, Bergamín, uno de sus artífices, propuso a Machado que asumiera la presidencia literaria de la convención. Se lo pidió en un café del Paseo de Recoletos, tal y como años después recordó en el periódico ABC el también poeta Luis Rosales, testigo mudo de la velada:

Durante aquella charla —escribió—, Machado atendía a Bergamín sin pronunciarse, ni afirmaba ni negaba. Ante el primer requerimiento de Bergamín, Machado respondió sugiriendo otro nombre: el de Miguel de Unamuno. Pero Bergamín se opuso. Claro. Bergamín era muy listo, y sabía que a don Miguel no le manejaba nadie. […] De nuevo el poeta sugirió otro nombre, esta vez el de José Ortega. Tampoco le complacía.

Bergamín insistía en que el presidente del congreso «debía ser Antonio Machado, quien, finalmente, puso suavemente sobre la mesa el nombre de Juan Ramón, el poeta, que, en aquel momento, disfrutaba de mayor prestigio. Pero Bergamín y Juan Ramón se habían peleado…». Todo el mundo lo sabía, también Machado, pero probó por si había suerte; no la hubo, acabó aceptando y presidió el célebre congreso.

Año y medio después de su celebración, Barcelona caía en manos de los nacionales y Machado emprendía el camino del exilio hacia Francia. Cruzó la frontera junto a cientos de compatriotas, exiliados como él, bajo una lluvia insistente y el frío atroz de los inviernos de entonces. El 28 de enero de 1939 llegaba a la estación de la localidad de Colliure acompañado por su madre, su hermano José y su cuñada, y el periodista Corpus Barga, que nunca cejó en su apoyo al escritor. Las gentes francesas los acogieron con calidez y la familia se instaló en el hotel Bougnol-Quintana.

En los días sucesivos Machado no escribió demasiados versos, pero sí algunas cartas. Una de ellas, fechada el 9 de febrero de 1939, iba dirigida a su amigo Bergamín. Entre sus líneas Machado exponía el horror vivido en el viaje desde España y mostraba su preocupación ante un futuro incierto, sin trabajo y sin dinero; hablaba de un «éxodo lamentable», de las dificultades del «acabar el mes corriente» y, a este respecto, de su intención de buscar algo en la URSS, «donde encontraría amplia y favorable acogida».

Machado fallecía trece días después de haber escrito esta misiva. Sus maltrechos pulmones no soportaron ni la travesía desde España ni la aflicción de una nueva vida. No pudo viajar a Rusia y ni siquiera acabó el mes corriente. Bergamín tampoco pudo ayudarle, pero en 1940 publicó en México sus Obras completas, un homenaje póstumo a su memoria.

DdA, XXI/6271

EL ÚLTIMO ARTÍCULO DE GREGORIO MORÁN EL INCONFORMISTA

Despedimos  hoy a una de sus firmas más libres, incisivas e insustituibles del periodismo español. El periodista y escritor Gregorio Morán ha muerto este lunes a los 79 años. Su pluma, siempre afilada y alérgica a los dogmas oficiales, había encontrado su último refugio en The Objective, cabecera en la que desde este mismo mes de enero había comenzado a enriquecer el debate público con sus inconfundibles artículos  tras dejar de hacerlo el verano pasado en VozpópuliNacido en Oviedo en 1947, la juventud de Morán estuvo marcada por el compromiso y el riesgo. Tras trasladarse a Madrid, se volcó de lleno en la actividad política clandestina en el Partido Comunista para combatir la dictadura. Sin embargo, con la muerte de Franco y el amanecer de una nueva etapa histórica, decidió abandonar la militancia estricta para abrazar la que sería su verdadera vocación: el periodismo. Su mirada crítica comenzó a forjarse en los albores de la democracia, colaborando en medios imprescindibles de la época como Diario 16, El País y la revista Triunfo. Durante muchos años fue colaborador habitual del diario La Vanguardia. Fue el pasado 7 de febrero cuando Gregorio Morán se despidió de sus lectores en The Objective con este artículo:

Nunca comiences un artículo haciendo una pregunta retórica. Es la primera advertencia que te hacen cuando empiezas a escribir en los periódicos. Aseguran que a los lectores no les gusta que alguien venga con pendejadas por responder. Hagamos una excepción: ¿qué tiene que ver el desastre sistemático de las comunicaciones férreas de Barcelona con el despido de un cocinero cordobés por el Ayuntamiento de la Ciudad de los Prodigios?

Manuel Escribano, natural de Pedroche, en la serranía de Córdoba, llevaba 17 años trabajando como cocinero para el Ayuntamiento de Barcelona. Hablaba castellano con acento y el catalán común para comprender y hacerse entender en una ciudad bilingüe desde que hay memoria cervantina y quijotesca. Entró en la alcaldía con Jordi Hereu del PSC, luego ministrable, y siguió con Xavier Trías (Convergente). Ada Colau (Comunes) y alcanzó la veteranía en el oficio de fogones con Jaume Collboni, también del PSC, aunque más acojonado.

Siempre fue «trabajador indefinido no fijo», según una fórmula incomprensible tanto para la lógica lingüística como para la laboral. ¿Cómo se puede admitir en la conversación más pedestre que alguien pueda trabajar «indefinidamente» en una empresa sin estar fijo en ella? Y más si esa empresa es una institución pública tan vistosa y ejemplar como un ayuntamiento. La legislación laboral posdigital, entendámonos, no se rige por las normas de la Academia y alcanza cotas dignas de la Teología, que exigen creer lo que no es fácil explicar. 

Un buen día a Manuel Escribano le informan de que trabajar durante 17 años en el Ayuntamiento de Barcelona no es suficiente para seguir siendo un «trabajador indefinido», sino que ahora debe acreditar sus conocimientos de catalán normativo. Necesita examinarse para obtener un «certificado B-2», y sin derecho de prórroga. No es difícil imaginar la perplejidad de un cocinero ante un examen lingüístico tras 17 años de asumir orgulloso su condición de ciudadano de Cataluña. Exigir algo similar a los millones de «trabajadores indefinidos» en el conjunto de España provocaría poco menos que una insurrección del precariado, amén de las sospechas de que se trataría de una maniobra reaccionaria para discriminar a las clases más desfavorecidas.

Sin embargo, en Cataluña no es así porque la clase que detenta la hegemonía económica e institucional, que no cultural, exige ahora que la lengua sea el patrimonio inalienable de los habitantes del territorio. Es una ambición y hasta puede llegar a ser un derecho, lo que no está tan claro es que se convierta en un deber. Manuel Escribano tiene la obligación de ser un «trabajador indefinido» (de no ser así engrosaría el paro) pero con el añadido de acreditar que conoce la normativa de otra lengua, que usa, aunque no la sepa gramaticalmente; lo mismo que le pasa con el castellano. Y así, para mantener el trabajo «indefinido», lo suyo se convierte en una sanción por razones de clase, es decir, de procedencia. Lo sorprendente es que la izquierda —más institucional en Cataluña que en parte alguna de España— asuma la norma y desampare a quienes solo aspiran a trabajar bien, seguros y si es posible indefinidamente.

Cataluña es la comunidad donde la deriva reaccionaria de la izquierda lleva décadas manifestándose con casi absoluta impunidad. Por más que la castiguen las urnas sigue erre que erre en el papel de vasallaje ante el arrogante y corrupto legado pujolista. Cuando la lengua es lo primordial, la política se convierte en lenguajes encriptados, solo aptos para los que tienen intereses; pasaba con la religión y el latín canónico, y también con la mafia siciliana, napolitana o corsa. Eso se ha traducido en algo singular de la política catalana y es el deslizamiento de las posiciones. Aquí no existen conversos ni renegados, hay desplazados. Se pueden deslizar desde el viejo PSUC —los antaño comunistas— a Convergencia o a Junts. Lo mismo que del PSC a Esquerra. Todo sin dejar de pensar lo mismo. Abundan los nombres.

Para entender la textura política de personajes como José Montilla, expresidente de la Generalitat, o el avispado Gabriel Rufián, aquel muchacho del arroyo que llegó a Madrid subido en un retrato de Andy Warhol, hay que partir de una sociedad alimentada con el brebaje de las castas. Hubo un grupo político, el de verbo más radical de la historia del antifranquismo, llamado Bandera Roja, sin cuya radiografía y trayectoria no se entendería cómo, por ejemplo, se puede ser al mismo tiempo sustentador de la CUP —Candidatura de Unidad Popular— y formar parte del Círculo de Economía —el meollo teorizador del empresariado catalán—. Sin la fluidez ideológica de los Banderas históricos de los años 70 en su Larga Marcha hacia el poder no sería fácil adentrarse en la política de castas catalana. Ni siquiera el éxito histórico de Jordi Pujol, desde una mierda de banco en quiebra —Banca Catalana— hasta ocupar el lugar privilegiado de los referentes de la catalanidad. Como antaño Francesc Cambó, él podría adaptar el sofisma «¿Monarquía, República? ¡Cataluña!», por otro que dijera «Lo que se enriquecieron en mi nombre, lo hicieron por el bien de Cataluña». 

Por todo eso es importante la lengua. Nosotros y ellos. La pregunta del millón sería la de saber cuándo fue la última vez, o la única, que las castas institucionales cogieron un tren de Rodalies. Desde que se inventó fue el de clases subsidiarias sin subsidio. La del extrarradio. Más de 500.000 ciudadanos están obligados a tomarlo cada día y ahora reventó de pura desidia. Siempre, de una manera u otra, estuvo en manos del PSC —los jefes de la Renfe e Infraestructuras, Isaías Taboas y Raúl Blanco, formaban parte del clan— pero con un claro sentido del reparto. «Rodalies funciona deficientemente, hay que mejorar el servicio». Un mantra. 

Rodalies explotó de incompetencia y abandono y se llevó por delante a un conductor en prácticas! Se descubrió el pastel que siempre estaba en el fondo de la nevera. ¿Alguien se imagina a más de medio millón de usuarios que no pueden ir a trabajar? ¡Que se compren un coche de segunda mano! Lo importante es que no se note que bajo la ciudadanía de Cataluña se mueven dos sociedades y que solo una prioriza la lengua. La otra, si le gusta la casquería, la prefiere guisada. Son dos sociedades que se cruzan, se penetran; son por obligación dependientes. Pero la una manda y la otra asume. Basta decir que hoy sábado habrá en Barcelona dos manifestaciones de protesta ante el caos de Rodalies. Una por la mañana, de independentistas.  Otra por la tarde, de los damnificados. Los partidos hegemónicos irán a las dos.

THE OBJECTIVE  DdA, XXII/6271

LA DE LA PAZ DE TRUMP, UNA JUNTA DE MAMPORREROS CON OLOR A MUERTO

Dice David Torres en el diario Público que la Junta de Paz que ha montado Donald Trump despida un olor a muerto que tira de espaldas. De acuerdo que la ONU, en sus mejores momentos, resulta tan efectiva como una reunión de mi comunidad de vecinos, pero el equipo de figuras que ha seleccionado el tío Donald no tiene desperdicio. Con fichajes de la talla de Netanyahu, Putin, Salman, Milei, Erdogan, Bukele, Meloni, Orban y Lukashenko es evidente que en la trasera de la Junta de Paz hay montada una funeraria. Lo mejor de la inauguración de esta caterva de filántropos, escribe el firmante, estuvo en los discursos: una Junta de Paz para Gaza donde apenas se habló de Gaza. En cambio, Donald le dedicó un resbaladizo elogio al presidente de Paraguay, Santiago Peña: "Qué joven tan guapo. No es que me gustes. No me gustan los hombres jóvenes, las mujeres sí, pero en los hombres no tengo tanto interés". Tampoco hacía tanta falta que explicara algo que está explicado de sobra en los papeles de Epstein.


 

David Torres 

Llámenme raro, llámenme extravagante, pero a mí eso de la paz siempre me ha dado mal rollo. Son tres letras bien rotundas, prácticamente un epitafio, unas siglas como R.I.P. o E.T.A. o U.S.A., que también son conceptos para andarse con ojo. En 1964, el régimen franquista decidió celebrar sus 25 años de paz, conmemorando el final de la guerra que perdimos todos salvo esa sanguinaria garrapata a la que le pesaba el culo más que las medallas. Aprovechando el tirón, José Luis Sáenz de Heredia dedicó un documental de lo más cómico a la figura del Caudillo (Franco, ese hombre) en el que, entre otros chascarrillos, escuché por primera vez una expresión que define bastante bien cómo andaba por aquel entonces la profesión de reportero en España e incluso cómo anda ahora. Con la inconfundible locución nasal del NODO, el narrador iba describiendo los preparativos del desfile militar y, para explicar que algunos periodistas todavía no habían hecho acto de aparición a esa hora de la mañana, decía: "De suyo perezosos". Supongo que el adjetivo le costó el paredón a más de uno.

La paz, así, con mayúsculas triunfales, suele ser la de los cementerios, la de las cunetas y las fosas comunes en el caso de la guerra que perdimos todos -aunque, la verdad, algunos la perdieron más que otros. De ahí que la Junta de Paz que ha montado Donald Trump para hacerle la competencia a la ONU despida un olor a muerto que tira de espaldas. De acuerdo que la ONU, en sus mejores momentos, resulta tan efectiva como una reunión de mi comunidad de vecinos, pero el equipo de figuras que ha seleccionado el tío Donald no tiene desperdicio. Con fichajes de la talla de Netanyahu, Putin, Salman, Milei, Erdogan, Bukele, Meloni, Orban y Lukashenko es evidente que en la trasera de la Junta de Paz hay montada una funeraria.  

Como siempre, la realidad va tres o cuatro pueblos por delante de la ficción, ya que no hay chiste alguno que pueda superar las fotos de una cumbre que parecen sacadas de un especial de José Mota o de una retransmisión en directo del sorteo de la lotería de Navidad, con los participantes disfrazados para atraer la suerte al bombo. En esta convocatoria, entre turbantes y bigotes, con Donald levantando un mazo dorado y J.D. Vance sonriendo al mejor estilo Chucky, la Junta de Paz parecía el congreso anual de los enemigos de Batman, sólo que sin Batman. También podría ser una conferencia internacional de los villanos de James Bond -de Goldfinger a Blofeld y de Le Chiffre a Scaramanga-, sólo que sin James Bond. Spectre en todo su esplendor, esta vez dibujada por Ibáñez. Como decía Benedict, el sicario con ojo de cristal en esa ignorada maravilla que es El último gran héroe: "En el mundo real, el mal siempre triunfa".

Fotos aparte, lo mejor de la inauguración de esta caterva de filántropos estuvo en los discursos: una Junta de Paz para Gaza donde apenas se habló de Gaza. En cambio, Donald le dedicó un resbaladizo elogio al presidente de Paraguay, Santiago Peña: "Qué joven tan guapo. No es que me gustes. No me gustan los hombres jóvenes, las mujeres sí, pero en los hombres no tengo tanto interés". Tampoco hacía tanta falta que explicara algo que está explicado de sobra en los papeles de Epstein. Por lo demás, Donald prometió diez mil millones de dólares para la Junta de Paz, un invento que según él supervisará el trabajo de las Naciones Unidas; bromeó sobre Vance, Rubio y el resto de sus mamporreros; comentó lo mucho que se merecía el Nobel de la Paz; pidió un aplauso para Netanyahu, por lo bien que mataba niños; y alabó el documental sobre su mujer, Melania, que viene a ser al arte cinematográfico más o menos lo mismo que Donald Trump a la política. De la paz en Gaza tampoco había mucho que decir, puesto que está enterrada junto a docenas de miles de palestinos. Y los que quedan por pacificar. La Paz, como decían Les Luthiers, está en Bolivia.  

         PÚBLICO  DdA, XXII/6271

EL 23-F, COMO MATERIA RESERVADA, ES UN AFRENTA A LA DEMOCRACIA


Félix Población

Por la duración de lo que se concibió como una miniserie en tres capítulos y ayer se difundió de una sola vez en La Uno, no llegué a terminar de ver Anatomía de un instante, basada en el libro del mismo título de Javier Cercas, vendido como algo así como la crónica definitiva del 23-F. Por más o menos sabida, la historia oficial de aquel intento de golpe de Estado no tiene más interés para algunos que el valor que puede tener como recreación cinematográfica de los hechos. En este sentido creo que el capítulo más logrado es el dedicado a Santiago Carrillo, interpretado con la habitual prestancia que pone en todos sus trabajos Eduard Fernández. Muy por debajo me han parecido los dedicados a Adolfo Suárez y Gutiérrez Mellado, que junto al líder del Partido Comunista fueron las tres únicas personas que no se escondieron en sus escaños ante los disparos de amedrentamiento de los guardias civiles en el Congreso aquella infausta tarde. Muy probablemente, tanto el libro de Cercas como esa miniserie se queden en muy poco cuando este país tenga la posibilidad de que se desclasifiquen los documentos que siguen siendo secretos sobre aquella esperpéntica fecha de nuestra historia reciente. Alguien se lo recordó estos días a Pedro Sánchez, que se mostró expresivamente asertivo ante esa petición (la desclasificación se aprobará este martes, al parecer*). Casi medio siglo de retraso al respecto denota una vez más lo tardíamente que se toman decisiones que son elementales para el conocimiento de nuestra historia contemporánea, dando lugar con ello a manipulaciones, malinterpretaciones o tergiversaciones que siembran de bulos determinados capítulos de la misma. Se podría pensar, como creo, que manteniendo sin desclasificar esos documentos se pretende proteger a la institución monárquica y a quien la representaba entonces en España. Que el Gobierno haya declarado recientemente las manifestaciones multitudinarias del 27 de febrero de 1981 Lugar Inmaterial de la Memoria Democrática y aún no sepamos la memoria documental de un episodio que supuso un grave atentado contra la naciente democracia, me parece un paradójico sinsentido y una afrenta más a nuestra memoria democrática.

¿QUÉ FUE DE ESTA LISTA?


DdA, XXII/6271

LA PLEITESÍA DE AYUSO CON TRUMP Y "EL FARO DEL FIN DEL MUNDO"

El ex magistrado del Tribunal Supremo le recuerda a la presidenta del gobierno autónomo de Madrid la recordada novela de Julio Verne El faro del fin del mundo, a propósito del servilismo de Diaz Ayuso con el presidente Trump. En la novela se narra el aprovechamiento que hacen unos malhechores del naufragio de los barcos después de asesinar a varios fareros que impedían con la luz de sus torretas que los barcos encallasen en las rocas costeras. "El inquilino del despacho oval de la Casa Blanca -escribe Martín Pallín en el diario Público- tiene en sus manos el botón rojo que puede desencadenar un holocausto nuclear que acabaría con todos los faros. No me parece buena idea estimularlo con actos de pleitesía como la concesión de esta medalla a la que, por supuesto, muestro mi más profundo rechazo.  

  

 José Antonio Martín Pallín

Entre las muchas excentricidades a las que nos tiene acostumbrados la presidenta de la Comunidad de Madrid, la última, por ahora, ha sido conceder la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a EEUU por ser "el principal faro del mundo libre" en el año en que se conmemora el 250º aniversario de su independencia. Desconozco el contenido del texto oficial que motiva esta concesión, pero me imagino que hará referencia a la ayuda española, que fue decisiva para la Declaración de Independencia de los Estados Unidos el 4 de julio de 1776. Por otro lado, no sé si omitirá el apoyo que los Estados Unidos prestaron a la independencia de Cuba y Filipinas o mencionará el montaje falaz del hundimiento del Maine para justificar su intervención. 

No pongo en duda que los Estados Unidos de Norteamérica han contribuido, a lo largo del tiempo, a la consolidación de las estructuras que fortalecieron los derechos civiles y establecieron las bases para controlar los excesos de los poderes del Estado. Le brindo un texto prácticamente desconocido por muchos historiadores y constitucionalistas: el Manifiesto del Gobierno provisional de 25 de octubre de 1868 que da a luz la Constitución española de 1869. En él se reconoce: "En verdad es que se han levantado voces elocuentes y autorizadas en defensa del régimen republicano. Apoyándose en la diversidad de orígenes y caracteres de la nacionalidad española y más que nada en el maravilloso ejemplo que ofrece, allende los mares una nación, nacida ayer y hoy, envidiada y admirada por todo el mundo". Lo firmaban dos generales, Serrano y Prim, y un almirante, Topete. 

Todos los imperios han tenido sus luces y sus sombras. Se supone que usted considera que, en estos momentos, Estados Unidos es el faro luminoso de la libertad. En el vídeo promocional, que ha leído con soltura y entonación, desliza los tópicos elaborados por Steve Bannon para el consumo de mentes con una escasa capacidad de análisis crítico de la realidad. Desconozco cuáles son los servicios que Estados Unidos ha prestado a la sociedad madrileña salvo que se considere como tales la base militar de Torrejón de Ardoz. 

Situándome ya en pleno siglo XX le planteo algunas actuaciones del imperio americano para que las incluya en el decreto de concesión. Agradeciéndoles su aportación en la Segunda Guerra Mundial, le voy a enumerar los espacios que han iluminado a la humanidad en general y a la sociedad madrileña en particular:

1º.- Lanzamiento de dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. 

2º.- Intervención en las guerras de Corea y Vietnam. 

3º.- Arrojar napalm y fósforo blanco durante la Guerra de Vietnam para destruir la vegetación y atacar a personas civiles.  

4º - Apoyar los golpes militares de Argentina y Chile. 

5º - Guerras de Irak y Afganistán. 

6º.- Cooperación en el genocidio de Gaza. 

7º.- Secuestro del presidente de Venezuela. 

8º.- Incitación por Donald Trump (candidato no electo) al asalto del Capitolio. 

Relacionado con este tema

9º.- Gobernar a golpe de decretos ejecutivos. 

10º.- Políticas brutales en materia de inmigración. 

Podría seguir recordándole que el actual presidente se dedica a perseguir a los hispanoparlantes, desplegando organizaciones paramilitares que asesinan impunemente a ciudadanos que protestan frente a brutalidades, semejantes a las que desarrollaron las SS hitlerianas. Este comportamiento no encaja con su propuesta de la "unidad de España, EEUU y el resto de la Hispanidad". Como todo el mundo sabe que va por libre, podría aprovechar el acto de entrega de la medalla con la proclamación de la Comunidad de Madrid como nuevo Estado libre asociado de USA. 

Según la vigente ley 2/2024 de 22 de abril, la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid se otorgará "como gesto de cortesía y como reconocimiento y respeto de los ciudadanos de la Comunidad de Madrid a los representantes de otros países y máximos dignatarios de organismos internacionales y de la Unión Europea, en visita oficial a la Región por su labor institucional". Con una notoria confusión, ha añadido a los méritos de la entidad condecorada los que están previstos exclusivamente para la medalla de oro. Es decir, "los méritos de las instituciones, personas físicas o jurídicas y grupos u otras entidades, que hayan destacado por su servicio a la sociedad en general, y en especial a la madrileña, desde cualquier ámbito de actividad y que gocen de alto prestigio y consideración a nivel nacional y, en su caso, internacional". Su concesión puede ser revocada por comportamientos, actos o manifestaciones contrarios a la Comunidad de Madrid o a los principios en que se fundamenta el Estatuto de Autonomía o la Constitución Española, o de menosprecio a los méritos que en su día fueron causa del otorgamiento. 

La tramitación administrativa puede generar situaciones divertidas. La medalla se adjudica a los representantes de un país (Donald Trump) o dignatarios de organismos internacionales (ONU, OTAN y UE, entre otras) que estén de visita oficial en la Comunidad de Madrid. No creo que MAR se atreva a sugerirle que le invite a un campeonato de golf o una corrida de la Feria de San Isidro. Presidir un espectáculo taurino es algo que no tiene en su currículo, al igual que el Premio Nobel de la Paz. Esperemos acontecimientos. 

Le aconsejo la lectura de la novela de Julio Verne El faro del fin del mundo, en la que narra los pillajes y la crueldad de unos malhechores dedicados a saquear el botín de los barcos que naufragaban en las rocas de una costa abrupta. La colocación de un faro evitaba los frecuentes naufragios. El grupo criminal decidió asesinar a los tres fareros y apagar el faro. Uno de ellos consigue salvar la vida y mantener el faro evitando que se apagase la luz que guiaba a los barcos en la oscuridad. Como sabe, el inquilino del despacho oval de la Casa Blanca tiene en sus manos el botón rojo que puede desencadenar un holocausto nuclear que acabaría con todos los faros. No me parece buena idea estimularlo con actos de pleitesía como la concesión de esta medalla a la que, por supuesto, muestro mi más profundo rechazo.   

PÚBLICO DdA, XXII/3271 


domingo, 22 de febrero de 2026

"HÉROES DEL SIMANCAS": EL ESPACIO PÚBLICO DEBE DEDICARSE A LO QUE HONRAMOS

A propósito del monumento a los llamados "héroes del Simancas, que homenajea en Gijón 90 años después y en contra de la Ley de Memoria Democrática a los militares que se sublevaron en el verano de 1936, el firmante escribe: "en una democracia los espacios públicos tienen que ajustarse a los principios y valores que queremos defender, y no existe ninguna obligación de mantener en ellos lo que otros regímenes políticos decidieron en su momento que querían visibilizar, menos aún si los principios y valores de esos regímenes no son compatibles con los de la España democrática que queremos construir". El centenar de personas que se manifestó ayer en Gijón a favor de la permanencia del monumento evidenciaron con su simbología que sus valores no son compatibles con esa España. El espacio público debe dedicarse a lo que honramos.


José Antonio Garmón Fidalgo

La mayor parte de las personas desconocemos qué méritos tiene la persona que da nombre a una calle o la estatua que nos cruzamos en una plaza. Aún más raramente nos preguntamos quién decidió que esa persona merecía estar ahí. Y la respuesta casi siempre es la misma: lo decidieron los que ganaron. Los vencedores de cualquier conflicto (y de cualquier signo político) tienen el poder, y suelen ejercerlo, de construir el relato. Así ponen y quitan nombres a las calles, levantan arcos de triunfo, encargan esculturas... Y con el tiempo esos monumentos se vuelven paisaje. Llega un momento en que dejan de ser una decisión política y se convierten en algo que "siempre estuvo ahí" y lo normalizamos casi sin darnos cuenta.
Durante muchos años muchas ciudades y calles españolas honraron a destacadas figuras del franquismo. La mayoría de españoles que nacimos en el siglo XX hemos aprendido geografía urbana con esos nombres y muchos ni siquiera los cuestionábamos. Simplemente eran el nombre de la calle donde vivía la abuela o la estatua en frente de la panadería. Porque eso es exactamente lo que hace el tiempo con los monumentos del poder: los vuelve neutros intentando convertirlos en patrimonio de todos antes de que podamos decidir si realmente queremos heredarlos, sin saber muchas veces ni siquiera qué significan. Porque, ¿realmente queremos heredarlos? Y si no es así, ¿qué hacemos con ellos?
Habrás escuchado que esos monumentos no hay que tocarlos, que son parte de nuestra historia aunque sean un recuerdo incómodo. O habrás escuchado que lo que hay que hacer es destruirlos, que no merecen existir. O habrás escuchado que hay que resignificarlos, con una placa que cuente toda la historia, no solo la del bando a la que representan. O quizás habrás escuchado que hay que retirarlos y llevarlos a museos donde se les puede dar contexto.
Mirad, un monumento en un museo con carteles explicativos no es lo mismo que una escultura en nuestras calles. El espacio público lanza mensajes colectivos diciendo qué es lo que honramos, no solo lo que sucedió. Por eso en una democracia los espacios públicos tienen que ajustarse a los principios y valores que queremos defender, y no existe ninguna obligación de mantener en ellos lo que otros regímenes políticos decidieron en su momento que querían visibilizar, menos aún si los principios y valores de esos regímenes no son compatibles con los de la España democrática que queremos construir.

DdA, XXII/6270

EL MAYÚSCULO "REY DE LAS LIBERTADES Y LA DEMOCRACIA"



Félix Población

Parece bastante claro que con la difusión de esta fotografía en la cuenta de Instagram de José María Aznar, el ex presidente del Gobierno tenía el propósito de hacerla coincidir más o menos con los actos institucionales que se celebraron en España como homenaje a la Constitución de 1978, la más longeva de cuantas hubo en este país, sólo superada hasta ahora por la de Antonio Cánovas del Castillo en 1876, también después de una restauración monárquica y luego de una primera y efímera República. Por si hubiera alguna duda, el propio Aznar el de las Azores y su gran mentira de las armas de destrucción masiva que sirvió como excusa para arrasar Irak, lo ha dejado claro con un breve mensaje: “Con el Rey Juan Carlos. Reencuentro con el Rey de las libertades y la democracia en España”. Llama la atención que por dos veces escriba rey con mayúscula y aplique el título que le restituyó el dictador  a las libertades y la democracia. La fotografía podría haber sido tomada en un hotel de Abu Dabi, y también vino a coincidir -lo que son las cosas- con la aparición de Aznar en los archivos Epstein. Tal como ocurrió en eventos similares celebrados últimamente, el emérito huido a Abu Dabi no figuraba entre los invitados a celebrar la Constitución del 78. Quizá por esto, el ex presidente patrañero quiso hacerle constar que para él Juan Carlos I es el Rey de las libertades y la democracia, según se desprende de la historia oficial que esta noche veremos llevada al cine en La Uno de TVE con esa oficialoide Anatomía de un instante*. La otra historia, la que nos falta por no disponer a estas alturas de los documentos reservados de aquella infausta jornada del 23 de febrero de 1981, sigue pendiente

*Ayer noche se emitió en TVE la película El 47, el film que cuenta la historia, basada en hechos reales, de lucha de una serie de personas para forzar la llegada de un autobús de línea a su barrio de Torre Baró (obrero) en la Barcelona de los años 70. La dirección, la interpretación y otros elementos cinematográficos están muy bien, dando como resultado una película que merece ser vista. Pero conviene saber, para situar la historia en sus justos términos, algo que el guion nos escamotea: datos esenciales de la historia real, a saber, que los organizadores de esa lucha que se nos cuenta en la peli basada en hechos reales pertenecían a organizaciones sindicales y políticas concretas: CCOO y PSUC. En definitiva, eran los comunistas quienes daban la cara, quienes ponían el cuerpo y quienes, con su sacrificio, lograban mejoras para las y los trabajadores. Que lo esconda la película que nos narra la historia de esa lucha es un ejemplo más de la falsificación de la Historia. Alejandro Álvarez López

DdA,XXII/6270

EL CORAZÓN DEL PROBLEMA: JOSÉ ÁNGEL GONZÁLEZ DIMITIÓ, NO LO CESARON


La dimisión, en estos casos -escribe Miñano en este artículo-, no siempre suena a asunción de responsabilidad. A veces suena a estrategia. A blindaje. A puerta de salida acolchada. Y entonces surge la sospecha amarga: ¿es este el precio del silencio? ¿Es esta la forma en que el sistema protege a los suyos mientras exige ejemplaridad a los demás?

Ricardo Miñano

No ha sido cesado. Ha dimitido. Y esa diferencia, que algunos intentan presentar como un simple formalismo, es en realidad el corazón del problema. Porque al no ser degradado, conservará una pensión superior —hasta un 30% más alta que la máxima— y todos los privilegios asociados al cargo. Cuando alguien denunciado por un delito tan grave abandona su puesto sin consecuencias administrativas reales, el mensaje que se envía es demoledor.

La dimisión, en estos casos, no siempre suena a asunción de responsabilidad. A veces suena a estrategia. A blindaje. A puerta de salida acolchada. Y entonces surge la sospecha amarga: ¿es este el precio del silencio? ¿Es esta la forma en que el sistema protege a los suyos mientras exige ejemplaridad a los demás?

Ese sueldo vitalicio que arrastra inercias normativas desde tiempos de “Carolo” no es una anécdota histórica, es una decisión política sostenida en el tiempo. Han gobernado distintos partidos en España y ninguno ha querido o sabido reformar privilegios que hoy resultan difíciles de justificar ante la ciudadanía. Cuando las reglas favorecen a quienes ya tienen poder, la desconfianza deja de ser ideológica y se convierte en estructural.

Y cuando situaciones similares salpican a responsables de distintos signos —como ha ocurrido en la Comunidad Valenciana con Carlos Mazón— la percepción se consolida: cambian las siglas, pero no siempre cambian las prácticas. Entonces nace esa frase que cada vez se escucha más en la calle: “todos son iguales".

Esto no es la sociedad que queremos —ni la “suciedad” institucional que estamos dispuestos a normalizar. Una democracia sólida no se mide solo por celebrar elecciones, sino por exigir responsabilidades claras, por eliminar privilegios injustificados y por colocar la ética por encima de la comodidad corporativa.

No es que en España no haya políticos. Es que demasiadas veces falta política en el sentido más noble de la palabra: servicio público, transparencia y rendición de cuentas. Y sin eso, lo que se erosiona no es solo un cargo, sino la confianza de todo un país.

DdA, XXII/6230

sábado, 21 de febrero de 2026

LA EXTREMA DERECHA MONTA CON EL BURKA MÁS ACTIVISMO RACISTA Y XENÓFOBO

 Piensa el profesor Enrique del Teso en este artículo publicado en Nortes que la izquierda debe dejar de ser un gallinero cacareando principios y certezas que no están en discusión e ir a lo mollar. La reacción a la propuesta es sencilla. La ultraderecha quiere poner el foco sobre el burka, porque es una infamia fácil de asociar con el islam y, por extensión, a la inmigración magrebí. Es parte del activismo racista y xenófobo que busca desconfianza, rechazo, temor y deshumanización de grupos humanos. Ataca a minorías para controlar de forma autoritaria a las mayorías, para introducir en la sociedad, en grupos limitados, la quiebra de derechos y para distraer y proyectar la frustración de la gente a falsos problemas, y así preservar los privilegios de los amos de los ultras. 

Enrique del Teso 

Punto para Vox. Cuando nuestra conducta es una reacción a lo que hacen otros, no es una conducta espontánea (o libre). Tener la iniciativa es precisamente actuar de manera espontánea y no inducida por otros. Evidentemente, es normal reaccionar a lo que hacen los demás y no deambular como zombis. Pero es un vicio cuando la dosis es muy alta y nos pasamos demasiado tiempo actuando en respuesta a lo que hacen otros. Una cosa es ser un zombi y otra ser un juguete roto incapaz de mantener un rumbo, porque siempre son los demás los que nos marcan el paso. Uno de los efectos de la provocación es que quien se siente escandalizado o desafiado por el provocador pierde la iniciativa, abandona su rumbo para responder a la conducta desafiante. Acumulando provocaciones conseguimos que el grupo al que queremos ofender esté siempre abandonando su rumbo. Es lo que se llama marcar la agenda, sacar de quicio. Las tácticas de la ultraderecha incluyen desafíos constantes a normas elementales de convivencia con expresiones y actitudes deliberadamente canallas, que dan cohesión a los propios y escandalizan y sacan de quicio a los rivales. La audacia puede incluso inducir parálisis y mutismo por el atrevimiento soez. La izquierda es moralmente superior a la derecha, no hay por qué decirlo de otra manera. El problema es que lo sabe y quiere tanto a sus principios que los petrifica y los convierte en lo que no deben ser: argumentos. Argumentar con principios generales supone repetir siempre las mismas razones y así se cae en letanías y sermones. La ultraderecha ladra brutalidad y la izquierda repite letanías, los ultras se cagan en Dios y los progres se santiguan compulsivamente.

Punto para Vox, decía. Soltaron lo del burka y la izquierda hierve de principios y moralidad superior. Los principios son trastos grandes del conocimiento y, cuando se miden las discusiones ordinarias con ellos, chocan, no caben todos a la vez. La izquierda es facilona para la provocación. Dices burka y llegan los principios en tropel: libertad religiosa, luego no hay que prohibirlo; igualdad y dignidad, luego hay que prohibirlo; lo dice la ultraderecha, luego no hay que prohibirlo; los ultras quieran dar lecciones de igualdad, luego hay que prohibirlo y de paso también los hábitos de las monjas, sobre todo los velos y las cogullas. Y así empiezan en redes sociales y púlpitos a bullir las izquierdas con lo de votar a favor o en contra. Como se razona con principios, todo son certezas y todo son berrinches. Puntazo para Vox. Veamos primero el burka y después a los ultras.

Pues claro que el burka es intolerable. Decíamos que no se puede razonar todo con principios, es decir, con grandes convicciones muy generales. Pero tampoco conviene estrechar los razonamientos tanto que perdamos la perspectiva. Si el culto de una religión incluye el sacrificio ritual de hervir a niños en agua, no debe haber una ley específica que prohíba ese ritual. Ya está prohibido el asesinato, agresión y tortura, simplemente se aplica la norma al caso del ritual. De la misma manera que no creo que deba haber una ley específica para los toros. Tendrá que haber leyes que regulen los aspectos de la dignidad humana implicados en el trato con los animales y actuar en consecuencia sobre los toros. Ya hay leyes suficientes para considerar un delito obligar a seres humanos, por su sexo, a sepultar su individualidad con indumentaria tan ominosa. La libertad religiosa no está por encima de las leyes que prohíben hervir a niños o pudrir en vida a las mujeres. Que no haya coerción física directa para ponerse el burka no quiere decir que no haya coacción. Ya hay leyes que señalan la persuasión coercitiva y el maltrato psicológico como agresiones. Votar contra una ley específica que prohíba el burka no es aceptar el burka como un adorno de la multiculturalidad, sobran los sermones izquierdistas y ultraderechistas en esa línea.

Una ley que prohíba el burka es innecesaria por dos razones: porque las leyes civilizadas de países civilizados ya reprimen un atropello como ese. Es coherente que Rufián votase contra la prohibición y al día siguiente dijera que el burka es una barbaridad. Precisamente, los estados de derecho tienen ya armazón legal para impedir barbaridades tan palmarias. La segunda razón es que es espurio prohibir lo que es manifiesto que no va a suceder. Sería necia una ley que prohibiera castrar a niños para recuperar para la ópera a los castrati. Ni se andan castrando niños, ni hay burkas. Hacer prohibiciones preventivas de aberraciones que no suceden, para las que además ya hay leyes aplicables, parece una necedad.

Pero no lo es. Vox quiere una prohibición expresa del burka para señalar al islam y, por asociación, a la inmigración magrebí. El islam no lleva al burka, como el catolicismo no lleva a la quema de herejes en hogueras. Es un episodio más de racismo y xenofobia ultra. La ultraderecha quiere una sociedad totalitaria y sin derechos, a la que se llegue con el apoyo de la población. La propaganda necesaria para eso necesita siempre a minorías estigmatizadas y señaladas por tres razones. La primera es para el control autoritario. Perseguirte porque tengas ideas distintas de las mías es feo y la gente no lo va a aceptar. Es mejor perseguirte por brujo y para eso tengo que quemar brujas. Si no quemo brujas, no convenceré a la gente de que hay brujería. Tiene que haber etarras, okupas violentos, inmigrantes aprovechados y delincuentes, para que cualquier disidencia de lo que digo pueda señalarse como grados de connivencia con inmigrantes violadores o terroristas antiespañoles. El islam encaja bien, por hechos brutales cometidos en su nombre y por ese imaginario patrio en que anda el Cid y la Reconquista. La segunda es para la eliminación de derechos. La gente no acepta que las autoridades pisoteen derechos ciudadanos. Pero si tenemos minorías deshumanizadas, temidas y odiadas, para ellas el pisoteo es aceptable o indiferente. Si no te cuentan cuentos de miedo de okupas, no aceptarías como normal que se exhiban muchachotes uniformados de negro y embozados gritando amenazas y alaridos. Y la tercera razón es la distracción. Los ultras son los perros de las oligarquías. Deberíamos estar discutiendo en serio las opciones perfectamente constitucionales de expropiar pisos y machacar a impuestos los pisos no destinados a vivienda. El derecho a tener dónde vivir prevalece sobre el lucro y la propiedad. Está en la constitución (artículos 47 y 128) y debería apelarse a ella cuando estamos ante una evidente emergencia nacional. Pero los ricos sueltan a sus lebreles políticos para que nos encrespemos con la extinta ETA, con inexistentes hordas de inmigrantes peligrosos (cuando España sigue teniendo índices muy bajos de criminalidad), o con okupas imaginarios (en España, país con niveles bajos de delincuencia, hay 40 veces más hurtos que okupaciones, afectan al 0,06% de las viviendas, la inmensa mayoría son apropiaciones y no allanamientos y más del 80% son pisos de bancos, fondos y grandes tenedores; no hay problema okupa).7

De esto va la chorrada de la prohibición del burka. La izquierda debe dejar de ser un gallinero cacareando principios y certezas que no están en discusión e ir a lo mollar. La reacción a la propuesta es sencilla. La ultraderecha quiere poner el foco sobre el burka, porque es una infamia fácil de asociar con el islam y, por extensión, a la inmigración magrebí. Es parte del activismo racista y xenófobo que busca desconfianza, rechazo, temor y deshumanización de grupos humanos. Ataca a minorías para controlar de forma autoritaria a las mayorías, para introducir en la sociedad, en grupos limitados, la quiebra de derechos y para distraer y proyectar la frustración de la gente a falsos problemas, y así preservar los privilegios de los amos de los ultras. Es así de sencillo.

NORTES  DdA, XXII/6269

LOS ARCHIVOS EPSTEIN, EL GRANO QUE SI REVENTARA COLAPSARÍA EL SISTEMA

Melania Trump, el príncipe Andrés, Gwendolyn Beck y Jeffrey Epstein en una fiesta en el club Mar-a-Lago en 2000.
Foto: Davidoff Studios Photography

Melania Trump, el príncipe Andrés, Gwendolyn Beck y Jeffrey Epstein en una fiesta en el club Mar-a-Lago en 2000. Foto: Davidoff Studios Photography (AFP -)

En 1996, el ya fallecido financiero estadounidense Jeffrey Epstein fue acusado por primera vez de traficar con niñas menores de edad y mujeres jóvenes para que tuvieran relaciones sexuales con hombres influyentes. Treinta años después, Epstein ya está muerto y el Gobierno de Estados Unidos afirma que se suicidó en prisión, pero la mayoría de los estadounidenses creen que fue asesinado. En cualquier caso, nunca se enfrentará a un escrutinio legal real y completo. ¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo es posible que en un país que vincula su supuesto excepcionalismo con un sistema legal abierto, justo y honesto, Epstein y Ghislaine Maxwell hayan evadido la justicia durante tanto tiempo? Quizás peor aún, ¿cómo es que ninguna de las muchas personas influyentes que viajaron o festejaron con él haya sido arrestada? Parece que nunca lo serán. El último intento de presentar cargos se topó con un muro cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció que los documentos recién publicados eran insuficientes para respaldar cargos criminales contra otros. Aún más grave, indicó que no se emprenderán más acciones judiciales contra nadie. ¿Está intentando el Departamento de Justicia obstruirla debido a las múltiples apariciones del presidente de Estados Unidos en los llamados "archivos de Epstein"? Según el New York Times, el nombre de Donald Trump aparece más de 38.000 veces en los mismos. Por lo tanto, existe preocupación pública de que el presidente esté mostrando nuevamente su disposición a utilizar la ley en su beneficio y el de sus allegados. Pero incluso si es así, hay otras razones que explican lo sucedido durante más de tres décadas. En primer lugar, debe reconocerse que los estadounidenses ricos e influyentes operan en un mundo diferente al de millones de sus conciudadanos. Las leyes fiscales a medida, que permiten a los ricos evadir muchos impuestos, son solo un ejemplo. Asimismo, los esfuerzos de los grupos de presión y las donaciones de campaña aseguran que se escuchen los intereses de los ricos, mientras que las necesidades correspondientes de la clase media y los pobres pasan desapercibidas.

Y en el caso de Epstein, Trump tenía amigos en los medios a quienes podía pedir cobertura favorable. A aquellos que accedieron, debe planteárseles la incómoda pregunta "¿por qué?". No esperen respuestas. En resumen, los ricos tienen la billetera y el oído de la clase política. Esto les permite solicitar que lo que prefieren avance rápidamente y que lo que no prefieren se estanque, o incluso desaparezca. Uno llega a una conclusión inquietante: todo lo que sucede ahora, incluidas las audiencias públicas convocadas por el Congreso, podrían ser meros actos teatrales, diseñados para hacer creer al público que realmente se está haciendo algo para descubrir la profundidad de la depravación de Epstein. Los actos teatrales nunca equivaldrán a la justicia, pero sí permiten una mayor desviación de la historia real. Por supuesto, el Congreso nunca haría eso al pueblo estadounidense, ¿verdad?.-CGTN

La conocida columnista del diario argentino Página/12 comparte con la fiscal general Bondi que si el departamento que ella comanda brindara como debe  un contexto, un modo legible de abordar los millones de datos que libera, accederíamos al horror que yace en las catacumbas del dinero a gran escala, a la barbarie del satanismo desplegado entre grupos de elite cuyos privilegios custodia la ultraderecha. En uno de los mails encontrados, Mete Merritt, la heredera de la Casa Real noruega, le dice a Epstein que será una suerte que los pobres ya no puedan tener hijos, que así será más fácil diseñar humanos de laboratorio. Epstein es el símbolo de la predación sexual de este modelo nazi, que acompaña todo el registro de predaciones

Sandra Russo

Apenas puedo bordear el tema sobre el que quiero escribir. Hace meses que me da vueltas en la cabeza. Y van pasando cosas que robustecen la idea de que en el núcleo de este plan macabro de la renazificación de Occidente, hay intenciones terribles y criminales contra los niños y las niñas, específicamente. (Una extrapolación, en un mundo extrapolado: las atroces visiones de cadáveres de niños que vimos todos en Gaza no le resultan gratis a nuestras psiquis. Hemos visto lo indecible, lo insoportable, el mal).

Los Archivos Epstein son el gran grano que si reventara del todo, tal como dijo la fiscal general Bondi con una impunidad propia de la época, “colapsaría el sistema”. Si el Departamento que ella comanda brindara como debe un contexto, un modo legible de abordar los millones de datos que libera, accederíamos al horror que yace en las catacumbas del dinero a gran escala, a la barbarie del satanismo desplegado entre grupos de elite cuyos privilegios custodia la ultraderecha. En uno de los mails encontrados, Mete Merritt, la heredera de la Casa Real noruega, le dice a Epstein que será una suerte que los pobres ya no puedan tener hijos, que así será más fácil diseñar humanos de laboratorio.

¿Parece conspiranoico? ¡Pero claro que conspiraron! Estamos ante gente que durante décadas violó y torturó a menores de edad, ordenó matanzas, ideó guerras y hasta la destitución del papa Francisco. Fueron hackeados desde el Vaticano. Se protegieron recíprocamente, porque la trama que compartían era criminal y abominable. La detención, el viernes, del expríncipe Andrés, es el primer acto ruidoso que surge de esos papeles.

El dinero acumulado a cierta escala, quizá, provoque perturbaciones mentales que nunca fueron estudiadas. Pero época tras época y contexto tras contexto, las grandes fortunas fueron amasadas en guerras en las que murieron millones de inocentes. Esa riqueza tiene un origen tanático y amoral.

La información reciente de la existencia de safaris humanos de multimillonarios italianos en Sarajevo, con puntaje más elevado si era un niño el asesinado, apuntalan la idea de una perversión que se estimula con el peor de los vicios criminales conocidos.

El dinero y el crimen sellaron el pacto entre estas nuevas tecno fortunas con los nobles y los poderosos convencionales. Hay cosas sobre la isla de Epstein que ya están claras y pasadas en limpio. La pederastia consta, abunda, a tal punto, que se difundieron más fotos de víctimas que de pedófilos. Apenas el Departamento de Justicia de EE.UU., que le es a Trump como Comodoro Pro a Macri, lanzó los últimos tres millones de documentos, pasamos a otra etapa, lo sepamos o no.

Ese caso concentra la llave maestra para entender lo que es totalmente ilógico y sin embargo nos pasa. Esto cotidiano que nos pasa. Este caer cada día un poco más en el desquicio, la locura. Pero sobre todo, vuelve a exhibir qué noción de niñeces conciben, exentos de todo lo que nosotros amamos de los niños, de los indefensos porque así somos todos cuando nacemos y morimos.

Epstein es el símbolo de la predación sexual de este modelo nazi, que acompaña todo el registro de predaciones. Incluye todo tipo de vejaciones físicas, simbólicas, materiales, morales contra todos, pero sobre todo a los niños. Porque los niños y las niñas son la regeneración de la especie, y el fascismo quieren libre disponibilidad sobre ellos.

Hay políticas multipropósito que también vulneran a los niños. La reforma laboral, con su ignominiosa carga horaria y la desarticulación de los ritmos de vida familiares, castiga a trabajadores, pero también castiga a millones de niños que dejarán de ser cuidados, que no podrán ser asistidos como es debido por sus familias.

Así como hemos escuchado estupefactos que los bebés palestinos no son inocentes, sino futuros terroristas, escucharemos cosas similares de otros bebés. Ya están esperando ver morir a niños cubanos de hambre. Y lo hace gente amoral, que la única libertad que defiende, en el fondo, es la de su propia expiación por pecados de lesa humanidad. Ellos y, naturalmente, los millones de perversos que ha generado el algoritmo.

Tomemos en serio la amenaza que se cierne sobre todos y especialmente las infancias. Este satanismo político debe ser derrotado.

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