Diario del Aire
martes, 3 de marzo de 2026
ATAQUE A IRÁN: ASÍ SE DESMONTA LA COARTADA NUCLEAR
¿HEMOS CAÍDO EN LA HEGEMONÍA DE LA LOCURA?
Goti del Sol
RECLAMAMOS COHERENCIA, LEGALIDAD Y HUMANIDAD: ¡BASTA YA DE TANTA BARBARIE!
El ataque de las tropas de Estados Unidos e Israel contra Irán, con la consiguiente muerte de centenares de civiles y la eliminación de dirigentes políticos sin juicio previo, constituye una nueva y grave vulneración del derecho internacional. Es un crimen. Y, además, no es un hecho aislado, sino un nuevo episodio en una larga historia de intervenciones que han normalizado el uso de la fuerza al margen de las reglas que supuestamente rigen la convivencia entre Estados.
Quienes gobiernan estas potencias —hoy Donald Trump y Benjamin Netanyahu— han demostrado reiteradamente que conciben la política exterior como un ejercicio de poder sin límites efectivos. El desprecio por los mecanismos diplomáticos, la erosión sistemática del derecho internacional y la legitimación preventiva de la violencia no son errores puntuales: forman parte de una lógica de dominación que se presenta como seguridad y termina produciendo inestabilidad, sufrimiento y resentimiento.
Pero no nos equivoquemos. Aunque el problema se exacerba cuando aparecen en escena dirigentes como Trump o Netanyahu, no es de naturaleza personal, sino estructural. Es el resultado de un orden internacional que tolera la excepcionalidad permanente de algunos Estados, que permite que la fuerza se convierta en argumento y que aplica los principios jurídicos con una doble vara de medir. Cuando las normas sólo obligan a los débiles, dejan de ser normas y se transforman en instrumentos de poder y dominación injusta.
Duele, sin duda, la decisión de quienes ordenan bombardear y matan a centenares de civiles. Pero también el silencio de muchos otros gobiernos que, en nombre del cálculo político o la conveniencia estratégica, eligen no denunciar lo que contradice los principios que dicen defender. Y, por supuesto, duele y preocupa la resignación y falta de respuesta de millones de personas y de sociedades enteras que, saturadas de conflictos, terminan aceptando como natural e inevitable lo que no se debe tolerar.
Ayuda igualmente a que se produzcan crímenes, violaciones graves del derecho internacional humanitario y violencia sin cesar el que la defensa de los derechos humanos, del imperio de la ley y de la paz se asuma selectivamente. Como algo que se activa sólo cuando el agresor es nuestro adversario. Si se invoca el derecho internacional, ha de hacerse siempre; si se condena el autoritarismo, ha de condenarse en todas sus manifestaciones; si reclamamos dignidad humana, no podemos hacerlo sólo en función del pasaporte de las víctimas. Si defendemos a un pueblo, hagámoslo sea quien sea el que lo reprime, domina o humilla.
La paz no es un don gratuito ni un reclamo ingenuo. Es una construcción política que exige coherencia, límites al poder y, muy especialmente, ciudadanía vigilante y decidida a hacerla realidad. Obliga a rechazar la idea de que la violencia preventiva es una herramienta legítima de gestión del mundo y a entender que la seguridad sin justicia es una ilusión peligrosa.
Con frustración, pero también con la convicción de que el silencio nunca ha mejorado nada, solo puedo aportar mi palabra, mi denuncia y mi grito. Un reclamo de coherencia, de legalidad y de humanidad. ¡Basta ya de tanta barbarie! Porque la barbarie no se combate con más barbarie. Y porque, si renunciamos a exigir reglas para todos y paz, lo que desaparece no es el conflicto, sino la civilización y la vida.
BLOG DEL AUTOR DdA, XXII/6277
370.000 ALUMNOS MENOS DE RELIGIÓN EN UN LUSTRO
“Hay colegios que no saben qué hacer con los profesores”: crisis en clase de Religión tras perder 370.000 alumnos en un lustro
Lo leímos ayer en el diario El País. Aunque se sigan montando funerales católicos, la clase de Religión ha perdido 369.807 alumnos en un lustro en las etapas donde se imparte -Primaria, ESO y Bachillerato-, diez veces veces más de lo que ha caído el número total de estudiantes en el mismo periodo por la evolución demográfica, según refleja la estadística oficial en el documento Las cifras de la educación en España 2026. En el curso 1998-1999 estudiaba Religión el 85% del alumnado de primaria y el 71% en la ESO, unos niveles que han caído 30 y 20 puntos respectivamente. En la enseñanza pública, la demanda ha caído a la mitad en dicho periodo, y solo un poco menos en la ESO. Euskadi y Cataluña (38% en Primaria) son las comunidades donde menos se estudia, y Andalucía (71%) y Extremadura (78%) donde más.

Ignacio Zafra, El País.
El renacer del espíritu religioso no se aprecia en las aulas españolas. Más bien al contrario. El declive de la asignatura de Religión se ha acelerado en los últimos años tras la aprobación de la actual ley educativa, la Lomloe. La clase ha perdido 369.807 alumnos en un lustro en las etapas donde se imparte -Primaria, ESO y Bachillerato-, 10 veces más de lo que ha caído el número total de estudiantes en el mismo periodo por la evolución demográfica, según refleja la estadística oficial en el documento Las cifras de la educación en España 2026.
El bajón de alumnado y la reducción de horas semanales que se imparte de la materia en buena parte de España desde la entrada en vigor de la Lomloe, al tiempo que el número de profesores de Religión se ha mantenido prácticamente igual (12.554, según el último dato oficial) hace que muchos docentes tengan más horas de contrato que clases que dar.
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Navarra, un territorio que fue muy católico y ahora figura entre los lugares donde menos interés muestran las familias por la asignatura, ha sido la primera en poner el problema sobre la mesa. El departamento de Educación calcula que está pagando “1.020 horas de Religión que no se imparten” por curso, por un importe de 2,1 millones de euros. Un dinero que, sin despedir a los docentes, pero sí ajustando lo que cobran a las clases que dan, quiere dedicar a otros objetivos, como el refuerzo de la Formación Profesional.
“Hay muchos colegios que no saben qué hacer con el profesorado”, señalan fuentes educativas navarras, “o que los destinan a labores que nada tienen que ver con Religión”. Como vigilar los recreos, hacer labores de convivencia o llevar el huerto escolar. Y situaciones parecidas se están produciendo en numerosos centros de toda España, explican directores de colegios e institutos.


La gran deserción se está produciendo sobre todo en la enseñanza pública. Tres de cada cuatro, de los 369.807 alumnos perdidos, provienen de esta red escolar. Justo antes de la aprobación de la Lomloe, en el curso 2019-2020, en Primaria, la etapa donde más se estudia la asignatura, todavía asistían a ella más de la mitad de chavales de la pública (50,8%). En el 2023-2024, el porcentaje había bajado al 43,8%; se trata del último curso disponible, porque en este ámbito la estadística se publica con año y medio de retraso.
En el conjunto de la Primaria, los alumnos de Religión todavía son mayoría (55%), gracias a su peso en la concertada (83,4%) y la privada sin subvencionar (58,2%). Aunque en ambas redes, la clase también ha perdido terreno en el lustro analizado: 2,4 y 6,6 puntos, respectivamente. En la ESO la elige el 51% del alumnado (38% en los institutos públicos) y en Bachillerato, el 32% (24% en la pública).
La especial situación del profesorado de Religión -no se presentan a oposiciones, sino que son elegidos por los obispos- hace que no se les pueda destinar a funciones docentes distintas de su materia, como sucede con el resto de especialidades, explica Isabel Moreno, vicepresidenta de la federación estatal de directores de centros públicos Fedadi. Es decir, no pueden sustituir a una maestra enferma en una clase de matemáticas, por ejemplo. Ante la caída de la demanda, muchos dan clase en varios centros o, en función del grado de sintonía con la dirección del centro, ocupan parte de su tiempo en funciones diversas, ajenas al motivo de su contrato.
La directora de un colegio navarro admite, por ejemplo, que la docente de su centro se ha quedado “con nueve horas de docencia cuando cobra por 23″. Pero eso no quiere decir, agrega, que no trabaje o que no le resulte útil al centro, ya que coordina el programa de voluntariado del centro, el huerto escolar y las actividades de refuerzo. En el instituto público Toki Ona de Bera, al norte de la comunidad foral, la docente rellena parte de su jornada gestionando la biblioteca, explica su director, Igor Arruabarrena.
En muchas escuelas, como señala entre otros Fran Lires, presidente de la asociación de directores de colegios públicos de Galicia -que es la autonomía donde más ha caído la matrícula de Religión en el periodo analizado, 14 puntos en Primaria hasta situarse en el 45%-, se encargan de hacer guardias (vigilar el patio). E Iñigo Salaberria, de la federación de directores de la escuela pública Heize de Euskadi -la comunidad donde menor es la demanda; un 33% en toda la Primaria y solo un 12,6% en la pública-, afirma que, aparte de las clases, el profesorado se dedica a tareas como apoyar “la gestión de comedor”.
PP y Vox
La Lomloe mantuvo la religión en las aulas, en aplicación de los acuerdos firmados por el Gobierno con el Vaticano durante la Transición. Pero eliminó los elementos para tratar de sostener la demanda de la asignatura incluida por el PP en la ley anterior, la Lomce. Como el hecho de que su nota contara en el expediente a la hora de solicitar becas o de cara a la Selectividad, o la obligación de que quienes no eligieran Religión tuvieran que estudiar una “materia espejo” (que ha sido sustituida por una vaga “atención educativa” que los chavales suelen pasar leyendo o adelantando deberes).
Ante el desmoronamiento de la demanda, José María Guardia, presidente del sindicato de profesores de Religión Aprecce, reclama que se vuelvan a implantar. Guardia afirma que en las reuniones que han mantenido con representantes del PP y Vox, ambos partidos se han mostrado partidarios de hacerlo.
La Lomloe ha acelerado la pérdida de matrícula (alcanzando una media de 1,5 puntos por curso en primaria). Pero, en realidad, el descenso viene de largo. Y, salvo algún repunte en secundaria, se ha mantenido al margen de la legislación educativa desde hace 25 años, que es hasta donde permite remontarse la estadística oficial.
En el curso 1998-1999, estudiaba Religión el 85% del alumnado de primaria y el 71% en la ESO, unos niveles que han caído 30 y 20 puntos respectivamente. En la pública, la demanda ha caído a la mitad en dicho periodo, y solo un poco menos en la ESO. Las diferencias territoriales son, por otro lado, enormes, con Euskadi y Cataluña (38% en Primaria) donde menos se estudia, y Andalucía (71%) y Extremadura (78%) donde más.
ASTURIAS LAICA DdA, XXII/6277
GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXV): LUCHAR ENTRE CONTRADICCIONES, AUNQUE NO NOS FALTE NADA...
NUEVO ESPACIO EN LA CASA-MUSEO DE UNAMUNO: OFICIO DE ESCRITOR
Félix Población
Me agrada mucho saber que en la Casa-Museo Miguel de Unamuno de Salamanca, un lugar muy visitado por cuantos en España y fuera de ella se interesan por la personalidad y la obra de quien fuera rector de la Universidad de Salamanca, se acaba de abrir un nuevo espacio expositivo que responde a la actividad desarrollada por don Miguel a lo largo de sus libros y sus miles de cartas y artículos en los periódicos.
Eran muchos los visitantes que solicitaban información sobre este trabajo y a todos ellos y a quienes acudan a partir de hora a la Casa-Museo se les ofrecerá esa nueva sala que lleva por nombre el muy atinado de Oficio de escritor y en la que podremos ver los manuscritos de don Miguel de Unamuno, así como las publicaciones periódicas en las que colaboró, entre ellas España con honra y Hojas Libres, publicadas por su amigo Eduardo Ortega y Gasset en París y Hendaya, respectivamente. Que sepamos, no hay ningún ensayo sobre la segunda de las publicaciones, de la que Félix Maraña tiene varios ejemplares, pero sí sobre la primera, escrito por Valentín del Arco López: La prensa como fuente: España con honra, un semanario contra la dictadura de Primo de Rivera.
Es noticiable también estos días, con relación a la extraña muerte de Miguel de Unamuno el 31 de diciembre de 1936 que Amenábar hurtó a los espectadores de Mientras dure la guerra y que ocurrió estando bajo el arresto domiciliario impuesto por militares sublevados a raíz de su discurso contra el general Millán Astray, una reciente entrevista aparecida en el diario Noticias de Gipuzkoa con mi estimado Carlos Sá Mayor, autor de Miguel de Unamuno: ¿Muerte natural o crimen de Estado?, obra de la que ofrecimos en este DdA referencia.
Sigue sosteniendo Carlos lo mismo que me comentó hace unos años, al tiempo que me entregaba una copia de su libro: que es importante hacer una necropsia de los restos del escritor, "pero igual no sería determinante porque pudo fallecer por formas de muerte que no dejan huella. Creo que hay suficientes pruebas circunstanciales en aquel contexto de guerra donde se mataba a cualquiera por mucho menos de lo que estaba haciendo Unamuno, para saber que lo mataron, haya o no necropsia. Bienvenida sea, otra cosa es si la familia tiene intención y que no tiene por qué dar ningún resultado en ciertos casos de muerte, como la asfixia, teniendo en cuenta además que han pasado 90 años. Si se hubiera hecho una autopsia en el momento de la muerte habría sido mucho más fácil determinar cosas".
También estos días el escritor Luis García Jambrina, después de haberse documentando con el cineasta Manuel Menchón para su interesante filme documental sobre don Miguel (Palabras para un fin del mundo), acaba de presentar en Salamanca su última novela El último caso de Unamuno. En ella la ficción sirve para hacer verosímil la posibilidad de que don Miguel fuera asesinado por quienes ocupaban Salamanca ese año, con Francisco Franco y su esposa en el palacio arzobispal.
García Jambrina sí cree que la exhumación de los restos mortales del escritor vasco permitiría saber la causa de su repentina muerte. En todo caso, ¿cómo fue posible que durante noventa años, y sobre todo durante los últimos cuarenta, prevaleciera aquella pintoresca versión oficial dada por los vencedores de la Guerra Civil que hicieron suya la figura de don Miguel con un precipitado enterramiento a hombros de militantes falangistas?
No hay día en que, al pasar por delante de lo que fuera la casa del escritor, no repare en lo desventurado de aquel final de trayecto en una España en guerra, históricamente similar al de la España de su niñez bilbaína durante la tercera guerra carlista, trasfondo de la primera novela de Unamuno, Paz en la guerra.
DdA, XXII/6277
BIRLADOS LOS PAPELES DEL 23-F, FALTAN LOS QUE DESCLASIFIQUEN LA FORTUNA DEL EMÉRITO
En este artículo, que podría ser una interpretación de lo que escribiría nuestro recordado colega Gregorio Morán y que el autor ha publicado en la revista Nortes, se nos dice que una vez birlados los papeles del 23-F, queremos los de la fortuna oculta del Emérito. Opaca, dicen los medios afines. Ni siquiera sabemos cual es y de donde salió, aunque lo sospechamos o lo conocemos si damos credibilidad a algunas investigaciones y trabajos periodísticos. Se habla de al menos 2000 millones de euros. Que sus súbditos no conozcamos la pasta que acumuló el Jefe de Estado en cuatro décadas dice poco, y nada bueno, de esta democracia que al parecer le debemos, señala Cándano. Está claro que nos debe más Juan Carlos I a nosotros, aunque ya sabemos que Hacienda no somos todos, al menos falta el exrey. Que desclasifiquen los papeles de los dineros de Juan Carlos I antes de que lleguen los espías con el mechero o la trituradora.
Xuan Cándano
Gregorio Morán se murió el pasado lunes, 23-F. A él, de risa fácil y atento a las causalidades, le hubiera hecho mucha gracia. La Historia tiene estas bromas. Se va en la jornada del aniversario del golpe de Estado de 1981 el primero en desmontar el relato canónico y oficial de aquella asonada, que convirtió a Juan Carlos I en el salvador de la democracia española. Otra broma. Dos días después, el 25 de febrero, mientras despedíamos al periodista y escritor asturiano en Barcelona sus familiares y los componentes del Club de Amigos de Gregorio Morán– que tanto juego literario le dio a uno de ellos, Javier Pérez Andújar, en su inclasificable libro “El año del Búfalo”– se desclasificaban los papeles de la intentona que encabezó Antonio Tejero.
Los del Club de Amigos de Gregorio Morán– los cercanos, una legión de lectores y ningún político- ya estamos echando en falta su pluma, aunque intuimos como interpretaría esta última jugada desde los oscuros sótanos del poder: como una enorme tomadura de pelo. Lo que se nos ha permitido conocer a los ciudadanos no son los papeles del 23-F, sino un nuevo episodio de la trampa de los espías, que hicieron desaparecer los relevantes, que probablemente nunca conoceremos. ¿Dónde están las transcripciones de las horas de conversaciones de Juan Carlos I con todos los capitanes generales durante aquella jornada? El Emérito dice en su libro que la mitad estaba a favor del golpe. ¿Contaban con él para la intentona? ¿Qué entuertos desficieron aquellas conversaciones? ¿Y las de Armada con Tejero en el Congreso? ¿Qué fue de los papeles del capitán de la Guardia Civil Gil Sánchez-Valiente, que huyó al extranjero el 24 de febrero del 81 con documentación sacada del Congreso? ¿Y la trama civil? ¿O era solo Juan García Carrés?
Los espías fueron chapuceros antes del golpe y no se enteraron de nada. O estaba el Cesid pringado hasta la cúpula, y no solo los seis pardillos que aparecen en los papeles desclasificados, de los que dos fueron juzgados y solo uno condenado. O ambas cosas. Pero ahora los espías hicieron bien su trabajo, probablemente desde aquel 24 de febrero: los papeles importantes a la trituradora o al fuego. Airearon los de la mujer de Tejero para entretener al personal con el drama costumbrista del guardia civil tonto y desgraciao engañado por los suyos. Eso sí que es un papelón desclasificado.
Sacados del
armario los papeles que no pasaron por la trituradora o el fuego, los
juancarlistas, que estaban también desaparecidos tras desvelarse los amoríos y
los trapicheos de Juan Carlos I, se apresuraron a salvar la honra
política del Emérito. Paró el golpe, exclaman en sus tribunas mediáticas
políticos de la derecha y periodistas relatores de la Santa Transición pilotada
por el sucesor de Franco. Paró el golpe que alentó, deberían añadir para
completar el titular.
Juan Carlos I no organizó el golpe, pero dio alas a los militares irritados por la situación política y partidarios de un golpe de timón en una España en la que la democracia había limitado su poder absoluto. El Rey se iba de la lengua con todo el mundo, era campechano. “Un charrán”, decimos en Asturias. Y también “un combayón” que halagaba siempre los oídos del interlocutor. Esto ya lo sabíamos, está bien documentado, de Gregorio Morán a Javier Cercas. Juan Carlos I “borboneaba” con los militares, describía Morán. Empezando por el general Armada, amigo, preceptor y confidente, con quien tuvo conversaciones previas al golpe que tampoco aparecen en los papeles desclasificados.
El Rey
“borboneó” con los golpistas con suma frivolidad y luego frenó la operación del
23-F, bien asesorado por Sabino Fernández Campo, el sucesor de
Armada en la Casa Real, y aleccionado por la suerte que corrió su cuñado
Constantino II, que perdió el trono en Grecia por apoyar el golpe de
los coroneles en 1967.
Los juancarlistas, el corazón del sistema constitucional de la democracia española, abordan ahora una segunda restauración monárquica: la de la figura política de Juan Carlos I como capitán de la “modélica” Transición. “Será un picha brava y un chorizo, pero nos trajo la democracia”, nos vienen a decir agitando los papeles desclasificados en la mano. La operación salvar al Emérito y la honra de la Santa Transición culminaría con su regreso a España. Pero ahí hay un problema, Hacienda no puede volver a mirar hacia otro lado con el nuevo contribuyente.
Ya que nos birlaron los papeles del 23-F, queremos los de la fortuna oculta del Emérito. Opaca, dicen los medios afines. Ni siquiera sabemos cual es y de donde salió, aunque lo sospechamos o lo conocemos si damos credibilidad a algunas investigaciones y trabajos periodísticos. Se habla de al menos 2000 millones de euros.
Que sus súbditos no conozcamos la pasta que acumuló el Jefe de Estado en cuatro décadas dice poco, y nada bueno, de esta democracia que al parecer le debemos. Está claro que nos debe más Juan Carlos I a nosotros, aunque ya sabemos que Hacienda no somos todos, al menos falta el exrey. Que desclasifiquen los papeles de los dineros de Juan Carlos I antes de que lleguen los espías con el mechero o la trituradora.
NORTES DdA, XXII/6277
lunes, 2 de marzo de 2026
SE AVANZA EN LA NORMALIZACIÓN DE LA LEY DE LA JUNGLA
Para la comunidad internacional la consecuencia más indeseable de la agresión contra Irán es la creciente normalización en el mundo de la ley de la jungla, es decir, de la capacidad de los países con mayor poderío militar de imponer sus designios a naciones débiles o menos poderosas, al margen de los principios básicos de la legalidad internacional. Asimismo, es de temer que el estilo de ejercicio del poder de Trump cunda en otras naciones, un estilo que obliga a recordar el despotismo, la irracionalidad, la arbitrariedad y la corrupción que caracterizaron al monarca iraní depuesto por la revolución islámica de 1979 y cuyo régimen fue retratado con maestría por el periodista Ryszard Kapuściński en su libro El Sha o la desmesura del poder.
EDITORIAL
Por donde se le mire, la agresión conjunta lanzada por los gobiernos de Donald Trump y Benjamin Netanyahu en contra de Irán coloca al mundo en una circunstancia mucho más siniestra y peligrosa de la que imperaba hasta el pasado fin de semana. Para la nación agredida, es devastadora la destrucción humana y material dejada en sólo 48 horas de guerra impuesta: cientos de civiles asesinados por las bombas lanzadas desde aviones estadunidenses e israelíes, eliminada la máxima cúpula del poder político y daños difícilmente cuantificables, con la sombría certeza de que en los días siguientes esos saldos seguirán creciendo.
Ninguno de los posibles desenlaces de esta incursión ilegal y criminal puede ser positivo, desde luego, para la nación persa, ya sea que deba rendirse tras una devastación mayúscula y aceptar un nuevo ciclo de sometimiento a Washington –como el que encabezó entre 1953 y 1979 el sha Mohammed Reza Pahlavi–, que cunda la ingobernabilidad en el territorio iraní –como ocurre en Libia y Siria tras las intervenciones occidentales en esos países– o que logre, mediante los contrataques de su arsenal de misiles, obligar a Trump a deponer la agresión y declarar una más de sus victorias ficticias.
El panorama no es más alentador para los países de la región que albergan bases militares de la superpotencia, muchas de las cuales han sufrido ataques de represalia por parte de la república islámica. Por añadidura, para Washington es casi imposible contener el número de sus bajas a las ya registradas en tales ataques, y ello aplica también para las potencias europeas que decidan hacerse cómplices de Estados Unidos en esta nueva aventura de destrucción de un país del ámbito islámico.
Los efectos de la guerra en la economía mundial se han hecho sentir desde las primeras horas: el domingo las cotizaciones del petróleo en los mercados internacionales se dispararon cerca de 10 por ciento y dependiendo de la voluntad y la capacidad de Teherán de lograr la reducción o paralización del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, ese fenómeno puede llegar a 30 por ciento o más. Es previsible también un incremento sustancial en las tarifas del transporte de mercancías, lo que sumado al impacto de la extorsión arancelaria mundial practicada por el trumpismo provocará desabasto y carestía de una multitud de productos.
Pero para la comunidad internacional la consecuencia más indeseable de la agresión contra Irán es la creciente normalización en el mundo de la ley de la jungla, es decir, de la capacidad de los países con mayor poderío militar de imponer sus designios a naciones débiles o menos poderosas, al margen de los principios básicos de la legalidad internacional. Asimismo, es de temer que el estilo de ejercicio del poder de Trump cunda en otras naciones, un estilo que obliga a recordar el despotismo, la irracionalidad, la arbitrariedad y la corrupción que caracterizaron al monarca iraní depuesto por la revolución islámica de 1979 y cuyo régimen fue retratado con maestría por el periodista Ryszard Kapuściński en su libro El Sha o la desmesura del poder.
LA JORNADA MX. DdA, XXII/6276
LAS VOCES DE LAS MUJERES INTERNADAS EN EL MANICOMIO DE CONXO
Carmen Valiña: “La psiquiatría se alió con la Iglesia y el Estado para controlar nuevos modelos de mujer”
Nueva Revolución publica hoy la entrevista realizada a la historiadora Carmen V. Valiña sobre su libro As tolas que non o eran, (Las locas que no lo eran), una obra que rescata las voces silenciadas de las mujeres internadas en el manicomio de Conxo (Santiago de Compostela) entre 1885 y 1936. Madres solteras, alcohólicas o jóvenes que mantenían relaciones sexuales fuera del matrimonio eran candidatas idóneas para terminar recluidas entre sus muros, a menudo conducidas por sus maridos, padres o hermanos.

Nueva Revolución (Dani Seixo) / Carmen Valiña-blog
Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que los psiquiátricos no eran lugares para cuidar la salud mental, sino espacios de reclusión y control social. Sobre todo, si eras una mujer. Madres solteras, alcohólicas o jóvenes que mantenían relaciones sexuales fuera del matrimonio eran candidatas idóneas para terminar recluidas entre sus muros, a menudo conducidas por sus maridos, padres o hermanos.
El manicomio de Conxo, situado en Santiago de Compostela (Galicia), fue una institución psiquiátrica fundamental en el siglo XIX y gran parte del XX. Inaugurado el 1 de julio de 1885 en el antiguo Monasterio de Santa María de Conxo, impulsado por el Arzobispo Miguel Payá y Rico y el Cabildo Catedralicio, con el objetivo de dar servicio de psiquiatría en Galicia. el hospital fue adquirido por la Diputación Provincial de A Coruña en 1969. Posteriormente, en 1993, fue transferido al Servicio Gallego de Salud (SERGAS).
Las locas que no lo eran no es solo un libro sobre un manicomio olvidado en una tierra olvidada; es el relato, en sus propias palabras, de quienes lo habitaron, a través de sus cartas, objetos y fotografías. Es, pues, un ensayo que parte de la memoria de las mujeres que quedaron en los márgenes de lo considerado socialmente aceptable.
Sus historias nos muestran cómo solo una pequeña parte de ellas tenían realmente un trastorno mental. Muchas únicamente querían ver mundo, y preparaban maletas que llevaban a ninguna parte. A otras les gustaba el vino, y se embriagaban para olvidar lo que tenían en casa, se acostaban con hombres antes del matrimonio o se atrevían a decir no.
Amalia, María, Elena y todas las “locas” que pueblan estas páginas fueron ocultadas por una sociedad y un saber médico para quienes no importaban desde el momento en que cruzaron las puertas del manicomio de Conxo, en Santiago de Compostela, entre 1885 y 1936.
Yo podría haber sido ellas. Tú podrías haber sido ellas. Bastaba una risa a destiempo, un hijo sin padre, un baile hasta el amanecer en la taberna del pueblo, copa en mano. Esas mujeres nos regalaron su mirada para ver a través de las paredes del manicomio. Nos agarran de los hombros, nos agitan y nos dicen: “mírame, ¿de verdad te parezco una loca?”
Este es un libro sobre quienes nunca importaron. Pero sus historias tienen la potencia de lo profundamente humano. Pobres mujeres de pueblo, analfabetas, rebeldes. Mujeres a quienes la historia oficial ha relegado a los márgenes bajo la etiqueta de locura. Pero, como revela Valiña, tras ese estigma se esconden vidas llenas de humanidad y dignidad: la subversión de Amalia fumando cigarrillos rubios en el vapor de La Habana; la carta de María a su hija tras una Navidad infernal; o la mirada desesperanzada de Elena, que debería estar amasando en las manos de su nieta y no en el costurero de un hospital psiquiátrico.
A través de esta entrevista profundizamos en las claves de una obra que rompe con la narrativa dominante y da voz a los derrotados.
Nota Asturias Laica:
Exposición VOCES OLVIDADAS. LAS MUJERES DEL HOSPITAL DE CONXO
Archivo de Galicia
Recorrido virtual
ASTURIAS LAICA DdA, XXII/6276
EL ASESINATO DE ALI JAMENEI, UN ERROR ESTRATÉGICO
A sus 86 años, el líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyyed Ali Jamenei, personificó la continuidad estratégica de la República Islámica. Para Washington y Tel Aviv, se perfilaba como un elemento central de la doctrina de disuasión, la proyección regional y la coherencia ideológica de Irán. El ataque conjunto israelí-estadounidense contra su complejo de Teherán, denominado en código "León Rugiente" y "Furia Épica", se presentó como una operación de decapitación. Dicen las agencias de noticias iraníes que junto a Jamenei falleció su nieta de catorce meses y los padres de ésta. El siguiente artículo se publicó ayer el diario Teheran Times:
Xavier Villar
La premisa era sencilla: eliminar la máxima autoridad y desestabilizar el sistema.
Donald Trump calificó el ataque como “justicia estratégica”, presentando a Irán como una fuente primaria de inestabilidad regional y afirmó que la decapitación ofrecía una influencia que no estaba disponible a través de la diplomacia o las sanciones.
Las presiones internas moldearon este cálculo. La larga relación de Trump con el financiero Jeffrey Epstein resurgió en medio de documentos recientemente publicados del Departamento de Justicia que detallan acusaciones de conducta sexual inapropiada con menores. A lo largo de décadas, la caracterización que Trump hizo de Epstein cambió —de comentarios sociales casuales a un supuesto distanciamiento, y finalmente a la denuncia como pedófilo para 2024—, lo que ilustra el ambiente políticamente cargado en el que se tomaron las decisiones en Estados Unidos.
Para Israel, la operación fue objeto de un intenso escrutinio internacional. En noviembre de 2024, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra Benjamin Netanyahu y el exministro de Guerra Yoav Gallant por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en Gaza. La CPI concluyó que habían utilizado la hambruna como método de guerra, atacado deliberadamente a civiles y cometido actos inhumanos, incluyendo asesinatos y persecución. Los ataques mataron a más de 71.000 palestinos, en su mayoría mujeres y niños, devastaron la infraestructura civil y desplazaron a una parte significativa de la población. Juristas y grupos de derechos humanos han calificado ampliamente estas acciones de genocidas.
Martirio y cultura estratégica
El liderazgo del Ayatolá Jamenei no puede evaluarse sin comprender cómo la República Islámica internaliza el concepto chiita del martirio. La Shahada no es una simple "cultura de la muerte" ni una rendición a la autoaniquilación irracional. Es un principio ético y político estructurado que ha guiado la concepción de la República sobre la resistencia y la legitimidad.
La tradición se arraiga en Karbala, en el año 680 d. C., cuando Hussein ibn Ali, nieto del Profeta, y sus compañeros fueron masacrados tras días sin agua ni comida por las fuerzas de Yazid. Este suceso estableció un modelo en el que la legitimidad se deriva de la firmeza bajo coerción, no del éxito militar inmediato. Las lecciones de Karbala siguen moldeando la arquitectura moral e institucional de la República.
En este marco, la muerte en el camino de la resistencia es una validación, no una derrota. Hezbolá y la República Islámica han institucionalizado esta lógica. Hassan Nasrallah, asesinado en 2024, captó su esencia: «La fuerza y la superioridad del luchador no provienen del tipo de arma que porta, sino de su voluntad... y su disposición hacia la muerte». El martirio en este contexto es simbólico; refuerza la autoridad moral, legitima decisiones estratégicas y configura el horizonte de la acción política.
Fundamentalmente, esta disposición no implica el rechazo del mundo temporal. Como demuestra la investigación de Roxanne Euben sobre la yihad, el martirio transforma la sociedad según los principios coránicos de justicia. El muyahidín puede buscar una recompensa en el más allá, pero la lucha, al mismo tiempo, busca establecer una comunidad justa en este mundo. Para el ayatolá Jamenei, la resistencia contra Estados Unidos e Israel se concretaba en estos términos. El asesinato nunca funcionó como disuasión. Dentro del imaginario moral y político chií, el martirio fortalece la causa, valida a los sucesores y otorga flexibilidad estratégica. La resistencia bajo presión se interpreta como una confirmación histórica y moral de la legitimidad.
El enfoque del ayatolá Jamenei respecto al martirio estaba profundamente entrelazado con el diseño institucional. No se trataba de una simple retórica, sino de una cultura estratégica. Disciplinó la toma de decisiones, orientó la doctrina del CGRI y guió la postura regional de Irán. Lejos de generar vulnerabilidad, reforzó la resiliencia, permitiendo al Estado absorber impactos y proyectando disuasión.
La República Islámica fue diseñada para gestionar las transiciones de liderazgo. El Consejo de Guardianes supervisa las elecciones y vigila la conformidad política. La Asamblea de Expertos selecciona al Líder, equilibrando la legitimidad clerical con la competencia estratégica. El Consejo de Conveniencia media en las disputas entre las ramas rivales, y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y otras unidades militares salvaguardan tanto la seguridad interna como la posición regional de la República. El Artículo 111 de la Constitución garantiza que la autoridad temporal pase a un consejo compuesto por el presidente, el jefe del poder judicial, el presidente del parlamento y un clérigo de alto rango para evitar un vacío.
Diseñada para asegurar la continuidad
Mientras tanto, los llamados externos que instan a los iraníes a movilizarse bajo la premisa de que el Estado depende de una sola figura reflejan una profunda interpretación errónea. Episodios históricos de fragmentación invitaron repetidamente a la intervención extranjera, configurando el sistema posterior a 1979 para salvaguardar la autonomía estratégica. El ayatolá Ruhollah Jomeini codificó un principio simple: la preservación de la República Islámica prevalece sobre cualquier cargo individual. El ayatolá Jamenei gobernó dentro de esta jerarquía. El sistema que deja está diseñado para absorber impactos, mantener la cohesión y asegurar la continuidad a lo largo de las transiciones políticas.
El ataque eliminó a una figura central. Su impacto estructural se medirá por la resiliencia de las instituciones que sustentan el Estado. Los errores de cálculo de actores externos —moldeados por las presiones internas en Estados Unidos, incluyendo el ambiente políticamente tenso que rodea a Trump, y por el escrutinio a Israel— reflejan un malentendido persistente: la República Islámica no es un régimen impulsado por personalidades. Su durabilidad reside en la gobernanza colectiva, las salvaguardias institucionales y la previsión estratégica a largo plazo, no en la presencia de un solo individuo.
Incluso sin el Ayatolá Jamenei, la arquitectura política de Irán —reforzada por el Consejo de Guardianes, la Asamblea de Expertos, el Consejo de Conveniencia y el ejército— proporciona continuidad. La toma de decisiones se distribuye a través de redes institucionalizadas, consultas clericales y la revisión de la seguridad. La doctrina estratégica, la postura regional y la cohesión interna se mantienen vigentes. La República ha sido diseñada para perdurar, no solo para sobrevivir, sino para proyectar estabilidad y disuasión incluso bajo presión extrema.
Al evaluar el ataque, los observadores deben mirar más allá de los efectos simbólicos y tácticos inmediatos. La resiliencia de la República Islámica se basa en un sistema que considera la pérdida de liderazgo como una prueba, no como una crisis. El martirio refuerza la autoridad moral. Las redes institucionales salvaguardan la capacidad operativa. La cultura estratégica garantiza la continuidad. La destitución del Ayatolá Jamenei puede marcar un momento histórico, pero es improbable que produzca el colapso sistémico anticipado por los planificadores extranjeros.
TEHERAN TIMES DdA, XXII/6276






