miércoles, 4 de noviembre de 2026

LA DIMISIÓN DE PUENTE RECUERDA A LA DERECHA SU TREMENDA INFERIORIDAD MORAL

 La dimisión de Óscar Puente era necesaria porque en política existen las responsabilidades y en la ética existe la necesidad de recordarle de vez en cuando a la derecha su tremenda inferioridad moral. Pero la dimisión de Óscar Puente no soluciona el problema real que tenemos y que él no ha provocado ni arreglado. España da hoy la sensación de ser un cateto ferroviario que presume mundialmente de tecnologías que no sabe mantener ni convertir en eje estratégico de lo público, pero sí ponerlas al servicio del mercado.



Gerardo Tecé

La carrera política de Óscar Puente quedó tocada tras la DANA. Su gestión comunicando y liderando la reconstrucción en aquellos días en los que Mazón iba cambiando de versión cada media hora fue tan aplaudida que a la derecha no le quedó más remedio que sentenciarlo. Miren en las hemerotecas cómo los editoriales y tuits alabando la gestión de Puente dieron paso a la cacería más sangrienta. Dos gravísimos accidentes de tren, en la misma alta velocidad que “vive su mejor momento en España”, tampoco es que hayan ayudado a evitar este final. Es fácil ser la cara que hace su trabajo mientras Mazón toma ibuprofeno y se pregunta qué ha pasado. No lo es tanto ser la cara que le explica a la ciudadanía que una vía se rompió, pero que el mantenimiento estaba en regla; que un tío dio una orden errónea y murieron decenas de personas, pero que el sistema funciona. A Óscar Puente, uno de los grandes protagonistas de la política española moderna, no le quedaba más remedio que dimitir y ayer lo hizo. No le quedaba más remedio si quería irse con dignidad y no de otro modo. Remedios alternativos hay muchos, como nos enseña la historia de las nulas asunciones de responsabilidad en España. “Un ministro no se puede permitir más de cien muertes en un año”, dijo y se fue logrando no dimitir de un estilo que será recordado.

Los que nunca dimitieron tras las mentiras del 11M, las chapuzas del Yak42, los señalamientos al maquinista de Angrois, los vetos a la investigación del Metro de Valencia, las 7.291 muertes en residencias madrileñas o los reservados en restaurantes durante la DANA denuncian que la dimisión de Óscar Puente no es suficiente. No les basta. Quieren más. La dimisión del presidente del Gobierno, como mínimo. De ahí en adelante, solo hay que dejar volar la imaginación. En la comparecencia de Puente, momentos antes de anunciar que se iba, diputados de la derecha PP-Vox lo acusaron de psicópata, indigno, sinvergüenza e inhumano. En redes sociales, muchos votantes de derechas pedían estos días la muerte de Puente y Sánchez. Ojalá ellos hubieran estado en los trenes y no esa pobre gente, opinan quienes en las próximas semanas votarán a los responsables de Angrois, Metro de Valencia, Yak42, 11M, residencias, DANA, etc. Si Puente ha sido uno de los protagonistas de la política moderna, la derecha enferma es otro. Y es mérito del exministro haber ayudado como pocos a que esta derecha histérica se visualice con claridad. Es impresentable que un ministro ande por ahí con esa actitud de gresca, denunciaban desde las tertulias quienes habían hecho no ya estilo, sino industria de esa misma gresca que le afeaban a Puente. Tienen razón, no puede ser que un ministro me retuitee a mí, les daba la razón yo mismo muchas veces. Con una diferencia: el exministro se da de hostias pero, al contrario que sus rivales, no practica el juego sucio ni miente en las refriegas.

Mintió, eso sí, cuando dijo que no dimitiría mientras todo el que le tenía cierto aprecio al personaje o la persona le recomendaba que lo hiciera. Mi forma de entender este trabajo es quedarme dando la cara cuando todo está mal, no irme corriendo tras lo ocurrido, anunció tras el terrible accidente. Una semana más tarde, Puente ya no está al frente del Ministerio de Transportes, lo cual no cambia nada. Puente, de ideología de izquierdas, pero del PSOE en cuanto a gestión, entendió que la alta velocidad en España estaba en su mejor momento justo cuando llegaron las liberalizaciones del sector que nos permitieron a todos comprar billetes más baratos. Baratos e inseguros. Con el PSOE subió la inversión en mantenimiento respecto a la época del PP, faltaría más, pero lo hizo por debajo del aumento del tráfico en la alta velocidad. Es decir, seguimos suspendiendo. El vicepresidente Carlos Cuerpo, que liderará el Ministerio de Transporte durante unas semanas con el mérito demostrado de no haber insultado a nadie en Twitter, no va a cambiar nada. Ni él ni el próximo ministro, sea del color que sea. La dimisión de Óscar Puente era necesaria porque en política existen las responsabilidades y en la ética existe la necesidad de recordarle de vez en cuando a la derecha su tremenda inferioridad moral. Pero la dimisión de Óscar Puente no soluciona el problema real que tenemos y que él no ha provocado ni arreglado. España da hoy la sensación de ser un cateto ferroviario que presume mundialmente de tecnologías que no sabe mantener ni convertir en eje estratégico de lo público, pero sí ponerlas al servicio del mercado.

CTXT  DdA, XXII/6613

MÁS DE DOS SIGLOS DESPUÉS, UNA GOBERNADORA INDÍGENA EN USA


Lazarillo

Han tenido que pasar más de dos siglos para que la tantas veces considerada como ejemplar democracia de los Estados Unidos tuviera como gobernadora de uno de sus estados a la primera mujer indígena. Esto ha ocurrido ayer en las elecciones de medio mandato de Nueva México, en la persona de la candidata demócrata Deb Halland. La nueva gobernadora pasó antes por la administración del presidente Joe Biden como secretaria de Interior, cargo en el fue también la primera mujer indígena en ejercerlo, cuando era vicepresidenta del país Kamala Harris. Las prioridades de Haaland, según explica su equipo de campaña, se centran en cuestiones como la salud, la vivienda o la educación, pero también las adicciones, el crimen y la sequía, “desafíos” para los que piden soluciones diferentes a lo habitual. El rostro de la nueva gobernadora, así como los resultados de estas recientes elecciones dejando a la administración Trump en las últimas con la aportación decisiva del voto latino,  apuntan un porvenir más estimulante para el país*.

*Hijo de migrantes mexicanos, Xavier Becerra ganó también ayer la gubernatura de California tras derrotar al republicano Steve Hilton. El demócrata se convertirá en el primer gobernador latino del estado desde 1875. Antes fue secretario de Salud durante el gobierno de Joe Biden, fiscal general de California y miembro del Congreso. La a demócrata Keisha Lance Bottoms ha ganado las elecciones a la gobernación de Georgia. Primera mujer gobernadora de Georgia, y primera persona afroamericana en llegar a la gobernación de un estado.


DdA, XXII/6613

OSCAR PUENTE REIVINDICA CON SU EJEMPLO QUE LA POLÍTICA TAMBIÉN ES DIMITIR


Ana Cardo 

Después de dar todas las explicaciones que cabía dar en los días siguientes al trágico accidente ferroviario en la provincia de Toledo y presentarse espontáneamente a ello en el Congreso, el ministro de Transportes y uno de los políticos más relevantes del Partido Socialista dimitió ayer: "La decisión sobre mi futuro la tomé los primeros minutos tras la tragedia, cuando tuve conocimiento de ella y así se lo hice saber en primer lugar a mi familia. Un ministro de Transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año, por muy distintos que sean y tenga o no responsabilidad en ellos, pero es una cuestión de dignidad política, coherencia y empatía con las víctimas". Óscar Puente renunció igualmente a ser cabeza de lista por Valladolid en las próximas elecciones generales. Puede que su ausencia se deje notar en la campaña electoral de su partido, unida a la de Zapatero por razones muy distintas, pero la ciudadanía en general debería valorar lo que el periodista Jordi Évole ha reflejado hoy en un comentario que está gozando de gran difusión en las redes, en alusión a la dimisión del ministro: "Se nos había olvidado que la política también podía ser esto". El propio Puente lo ha dejado claro recurriendo al fallecido Forges con un viñeta muy elocuente. 

DdA, XXII/6613

ENSEÑANZA: ME HE JUBILADO PORQUE ENCONTRÉ LA POSIBILIDAD DE HUIR


Mucha gente no quiere entender que una escuela pública ni es el Corte Inglés ni tiene que velar por la satisfacción del cliente. Llega un punto en que tienes que adoptar lo que Nietzsche llamaba el pathos de la distancia. Lo siento, papá, pero he elegido esta manera de no someterme a la infamia. Me respeto a mí mismo lo suficiente para saber que valgo para algo más que para aguantar la dictadura de cuatro sabandijas

David Pablo Montesinos

Mi padre era un tipo muy viril, con los atributos de la masculinidad patriarcal muy marcados. Condenaba moralmente cualquier asomo de desistimiento: “aguanta y no huyas, lucha hasta el final”.
Disculpen este edípico ajuste de cuentas, pero he de contestarle: lo siento, algunas veces es mejor huir. No es que con la huida renuncies cobardemente a solucionar el problema, como él creía. Es que a veces la huida es la solución, a lo mejor la única solución. Es épico luchar contra gigantes, pero, lo siento, Don Quijote estaba loco. Yo no.
Recientemente -supongo que no le molestará que lo cuente- Almudena, dueña de la librería Ramón Llull e incansable agitadora cultural, mostró su extrañeza por mi jubilación que, ciertamente, hubiera podido demorar unos cuantos años dada mi edad. Aludió a mi entusiasmo por la enseñanza de la filosofía, mi defensa de la escuela pública… ”Si alguien como tú tiene que dejarlo es que algo va muy mal”, me dijo con su habitual generosidad.
Yo no me he jubilado porque crea que ya no valgo y quiera dedicarme a campeonatos de petanca. Me he jubilado porque he encontrado la posibilidad de huir. Y huyo de las aulas porque después de muchas experiencias desagradables, sobre todo en los últimos años, he llegado a la conclusión de que lo que sé hacer, enseñar filosofía, no es lo que la sociedad quiere que haga. He decidido no someterme a una lógica plastosa y miserable que degrada el papel de los docentes.
Nadie me valora ya por ser un buen profesor de filosofía, como ninguno de mis compañeros será apreciado por enseñar música, inglés, matemáticas o latín, por muy bien que lo hagan y aunque se dejen la piel en el esfuerzo. Lo que el mundo nos pide es que cuidemos a sus niños siete horas al día, que los tengamos en esa extraña mixtura entre guardería y presidio en que se han convertido los institutos. Y para eso es mejor que alguien joven y con entusiasmo me sustituya.
Huyo, es cierto, y en cierto modo huyo de mí mismo porque temía que un día diría a los padres de algún alumno lo que pienso de verdad de ellos y del monstruo de niñato consentido y sociópata que están fabricando… y eso puede acabar muy mal. O me canso de inspectores que vienen a joderte porque has suspendido a un zángano que no sabe hacer la o con un canuto porque no le apetece. O de mamás que te insultan y amenazan porque has sancionado a su hija por comportarse como una mierda de persona y resulta que la niña “ha tenido problemas psicológicos”… Para qué seguir, creo que el mapa de la miseria moral por la que son capaces de reptar los seres humanos es inmenso.
Tengo una enorme fe en los servicios públicos y en la justicia social. Tengo menos fe, lo siento, en la capacidad de la ciudadanía para entender por qué es tan importante sostenerlos y por qué es necesario preservar la autoridad de los profesionales que la defienden cada día. Siento decepcionar a quienes piensan que soy un buen chico, pero lo he de decir: no tengo por qué aguantar que una patana que ni siquiera sabe escribir una hache se crea con derecho a amenazarme e insultarme. Es escoria, no tengo ninguna duda, y no va a poner ni por un momento en crisis mi autoestima. Ni siquiera cuando no tengo un jefe de estudios capaz de cuidar adecuadamente de su equipo de trabajo y poner en su sitio a semejante insecto.
No huyo de esa mamarracha y de otros de su calaña, huyo de un tsunami: el mal está instalado en la sociedad. Mucha gente no quiere entender que una escuela pública ni es el Corte Inglés ni tiene que velar por la satisfacción del cliente. Llega un punto en que tienes que adoptar lo que Nietzsche llamaba el pathos de la distancia. Lo siento, papá, pero he elegido esta manera de no someterme a la infamia. Me respeto a mí mismo lo suficiente para saber que valgo para algo más que para aguantar la dictadura de cuatro sabandijas. Prefiero dedicarme a otras cosas.

DdA, XXII/6613

EL JEFE DE GOBIERNO POSIBLEMENTE MÁS INSULTADO DE LA HISTORIA


Félix Población

Puede que José María Izquierdo haya acertado con el libro que de una forma estrictamente documental o hemerográfica, sin añadir más que una breve introducción y un prólogo de su amigo Iñaki Gabilondo, mejor refleja el nauseabundo periodo político que los medios al servicio de la oposición conservadora y ultraconservadora han protagonizado durante los gobiernos de Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Para ello se ha limitado recoger los 300 insultos más feroces que el presidente del Gobierno desde 2018 ha venido soportado a cargo de las emisoras, los canales de televisión, periódicos y digitales sumisos a la derecha y a la extrema derecha. Como precedente de ese tipo de combatividad mediática asilvestrada, se recuerda en la introducción los tiempos del llamado sindicato del crimen contra Felipe González en los años noventa del pasado siglo, pero también cuenta en el historia del género aquella legislatura no menos amotinada del Partido Popular, marcada por conspiranoia después de los atentados del 11-M, una vez que Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa. La idea de Izquierdo resumiendo en un libro los agravios periodísticos sufridos por Pedro Sánchez, haciendo coincidir la editorial su salida este 1 de noviembre con el periodo preelectoral, me parece comercial y políticamente muy acertada, aunque algunos -como el que suscribe- vamos a tratar de eludir su lectura por el mal efecto que tan prolífica sarta de ofensas y denuestos tendría en quien no está para indigestiones de ese cariz. Si como ciudadano ya he venido sufriendo las náuseas de conocerlos de rebote durante estos pasados ocho años, sería excesivamente vomitivo pasar páginas y páginas comprobando lo que un periodismo de letrina da de sí cuando no es capaz de asumir otro jefe de gobierno que no salga de las filas políticas que lo subvencionan. Uno ya no tiene edad para recapacitar sin riesgo para su salud en las taras históricas que supone este tipo de estercolero mediático. Máxime cuando desde los avances electorales de la extrema derecha, sobre todo, hay cabeceras que no dejan de sembrar odio político con el manifiesto propósito de alterar la convivencia ciudadana. Aquí va, sin la frase contextual que contiene los insultos, una breve lista de los que contiene el libro de José María Izquierdo, tomada de la publicidad comercial que lo ha puesto en la calle: Tirano, sátrapa, psicópata, autócrata, sin escrúpulos morales, hipócrita, ladrón, vil, ególatra, corrupto, el jefe de la banda, chulo, surgido de los burdeles, inmoral, indecente, traidor a la patria, mosca cojonera, idiota, desalmado, imbécil, lagartija, bárbaro, Atila, negrero, sinvergüenza sin escrúpulos, depravado, golfo, granuja, inmoral, rata, indigente mentalmente, pasto de presidio, delincuente, gánster y, por supuesto, hijo de puta. Cabe preguntarse, de ser reelecto Sánchez en las urnas este otoño, si habrá más variantes de dicterios en lo sucesivo o tendrán continuidad los existentes en la próxima legislatura, porque tan poco es que sus autores den para mucho más. La verdad es que sólo por libros que documentan tanta bazofia, como este de Izquierdo, esas derechas unidas por los extremos que corremos el riego de que nos gobiernen, merecerían ser derrotadas una vez más en las urnas. Mucho me temo que, de ser vencidas, lo van a llevar peor que nunca durante este último medio siglo. Es muy probable que estemos ante el jefe de gobierno más insultado de nuestra agitada historia.

DdA, XXII/6613

martes, 3 de noviembre de 2026

SABEMOS QUE FEIJÓO PRIVATIZARÁ LAS PENSIONES...

Sabemos que Feijóo privatizará las pensiones; no se resigna a dejar en el sector público más de doscientos mil millones anuales; lo justifica con un supuesto agujero que los datos desmienten. Que le aconsejen no hablar del tema hasta pasadas las elecciones, da idea de la gravedad de la trama.



Armando Nosti

Sabemos que Feijóo privatizará las pensiones; no se resigna a dejar en el sector público más de doscientos mil millones anuales; lo justifica con un supuesto agujero que los datos desmienten. Que le aconsejen no hablar del tema hasta pasadas las elecciones, da idea de la gravedad de la trama.
Sabemos que congelar el SMI es su objetivo; dice que aumentar el salario mínimo sería contraproducente por los saltos en el IRPF y que el 30% enriquecería al gobierno. El SMI está exento de IRPF, en un impuesto directo no hay saltos y lo recaudado no es “para el gobierno”.
Sabemos que quiere dejar el SMI en manos de la patronal y las bajas laborales en las de las mutualidades.
Sabemos que anuncia sacrificios; curioso cuando la economía española es motor de la UE, el FMI corrigió al alza nuestro crecimiento y la deuda pública está por debajo del PIB. Sabemos que el problema no es la creación de riqueza sino el reparto de esa riqueza. Los beneficios de bancos y grandes empresas baten records cada año. Sabemos que mientras un trabajador apenas mantiene el poder adquisitivo, un ejecutivo medio ingresa desde cientos de miles a millones de euros, pero tiene que sacrificarse el trabajador.
Sabemos que vamos a perder derechos conquistados, recortarán aborto y eutanasia y suprimirán igualdad. Sabemos que en sus comunidades aceptan pulpo como animal de compañía para seguir gobernando con VOX. Sabemos que votaron contra todos los derechos sociales a los que luego se acogieron, y que van a limitarnos la libertad de prensa a comprar el periódico que queramos.
Sabemos que ni la vivienda habitual ni las segundas viviendas pueden ser “okupadas” y que si alguien lo intentara sería un allanamiento que se soluciona sin intervención judicial.
Sabemos que el “Contrato con España” es una sucesión de tópicos, temas que no son competencia del gobierno e incumplen en sus comunidades y leyes que ya existen y votaron en contra.
Sabemos que el senado, una cámara inútil convertida en circo, puede cobrar una importancia excepcional si consiguen mayoría suficiente para, modificando la Constitución, cambiar el sistema electoral y artículos relativos a la organización y funcionamiento del CGPJ y del TC.
Sabemos que veinte imputados de la Gurtel admitieron su culpabilidad hace un año y siguen sin sentencia. Que se está juzgando el caso Lezo después de veinte años con cinco imputados del PP, y que Zaplana y Montoro andan por ahí tranquilamente. Sabemos que el Fiscal general, David Sánchez y Ábalos están juzgados y condenados y que Begoña Gómez está en capilla.

LA NUEVA ESPAÑA


MAYOR ÉTICA EN ÓSCAR PUENTE QUE EN LA JAURÍA QUE LO ESTÁ LINCHANDO

El paroxismo contagioso ha obnubilado tantas mentes a derecha e izquierda, a opinadores e incluso a los sindicatos, que se han lanzado en tromba contra Puente. En tan sumarísimo juicio no se ha llegado ni a escuchar al ya “condenado” cuando dijo en la misma declaración: “No me voy a escudar en ningún trabajador”. Esto me lleva a estimar una mayor ética de la responsabilidad en el ministro que en la jauría que lo está linchando. 



Antonio Gutiérrez Vegara

Pese a su mala fama, la fauna carroñera contribuye al equilibrio del ecosistema engullendo despojos. Por el contrario, los humanos que se ceban destrozando a otros de su especie esparcen la podredumbre e intoxican a cuantos compartimos la sociedad donde coexistimos y en la que algunos también aspiramos a convivir. Lamentablemente, la antropofagia civil y política entre españoles ha sido demasiado frecuente a lo largo de nuestra historia y reincidimos a la primera de cambio. Unos más que otros, porque a esta corrosiva dieta es más aficionada la derecha que la izquierda; y, como no hay simetría, tampoco cabe la equidistancia, ni aun para parecer ecuánime. 

En estos días, Vox y el PP se están dando un atracón carroñando a Óscar Puente a cuenta de la tragedia de Urda. No quiero reproducir ninguno de los exabruptos deleznables vomitados por Santiago Abascal; él reproduce la secuencia del fascismo: deformar la realidad —materia prima de la demagogia— para enconar frustraciones; azuzar con ellas el resentimiento contra el chivo expiatorio del momento (antes fueron los judíos, ahora los inmigrantes y siempre las izquierdas) que cristalizó y vuelve a ir cristalizando en violencia. 

Por el lado del PP se arrancó Juan Manuel Moreno Bonilla; fue él quien lanzó las primeras insidias contra el gobierno y sentenció: “El AVE ha dejado de ser un medio de transporte seguro”. La imprudencia puede aventarse con pose templada y tono pausado y, a veces, también son las caretas de los taimados. Alberto Núñez Feijóo secundó a los anteriores inmediatamente. Él, que señaló al maquinista del tren como único causante del descarrilamiento en Angrois en 2013 por “un despiste”, pese a que antes del accidente la dirección de Adif había desconectado el sistema de seguridad y desatendido la petición de los maquinistas de poner balizas para reducir la velocidad en aquel tramo. Aún perpetraron la crueldad añadida de exhibir en televisión al trabajador cuando era esposado por la Guardia Civil en el hospital donde le atendían. 

Este aquelarre se lo debimos al entonces ministro del Interior del gobierno del PP, Jorge Fernández Díaz. Mientras, ¨protegían” a la ministra del ramo, Ana Pastor, para no dar la cara ni en el Parlamento. Después, el informe de la dirección de Adif con el que zanjaron la investigación del accidente quedó descalificado por la Agencia Europea del Ferrocarril tildándolo de “autoinvestigación”. ¡Y ahora Feijóo reclama un informe independiente! Ni la izquierda en la oposición, ni los medios que ahora braman contra el Gobierno, se apresuraron entonces a denunciar comportamientos tan despreciables ni a exigir dimisiones. Tampoco se levantaron muchas voces contra la despiadada culpabilización del maquinista. 

Ahora estamos asistiendo justo a lo contrario. El comportamiento miserablemente distinto de la oposición derechista ya se ha descrito. Por el Gobierno compareció el ministro ante la prensa a las pocas horas. Expuso la reproducción de los hechos y aportó los datos conocidos hasta el momento y, ciertamente, apuntó a posibles errores humanos sin señalar a nadie en particular. En efecto, escuchados los audios de los controladores y las respuestas del maquinista del AVE 2080 extrañado de que le ordenasen marcha normal y las de la maquinista del Iryo 6076 advirtiendo de su bloqueo en la estación de Urda, es insoslayable reconocer que las órdenes cursadas fueron fatalmente erróneas. 

Por muy sofisticados que lleguen a ser los soportes tecnológicos en servicios esenciales que requieran de la máxima seguridad siempre habrá personas que los controlen en última instancia: ¡afortunadamente! Pero allí donde intervengan seres humanos también hay que asumir la probabilidad de que se cometan fallos. Reconocerlos cuando se producen es ineludible para tratar de evitarlos en lo sucesivo, lo que comportará examinar y en su caso mejorar los medios y las condiciones de trabajo. Paradójicamente, el corporativismo de vía estrecha que encubre los errores de unos entorpece el avance de todos. Pero el paroxismo contagioso ha obnubilado tantas mentes a derecha e izquierda, a opinadores e incluso a los sindicatos, que se han lanzado en tromba contra Puente. En tan sumarísimo juicio no se ha llegado ni a escuchar al ya “condenado” cuando dijo en la misma declaración: “No me voy a escudar en ningún trabajador”. Esto me lleva a estimar una mayor ética de la responsabilidad en el ministro que en la jauría que lo está linchando. 

También le recriminan no haber acometido adecuadamente el mantenimiento del sistema ferroviario español y lo hacen, entre otros, PP, Vox y Junts, quienes juntando sus votos el pasado 25 de junio, tumbaron un decreto específicamente dedicado a seguir renovando la red con 671 millones. No obstante el crecimiento exponencial del transporte, la liberalización un tanto abrupta del sector o el desequilibrio entre la alta velocidad y las cercanías son, entre otros muchos, parámetros que obligan a una continua adecuación de nuestra red ferroviaria, contando con la participación efectiva de los expertos, sindicatos, empresas, consumidores, partidos, etc.; es decir, tejiendo un consenso tan amplio que atesore experiencias (la de Óscar Puente incluida) y conjugue voluntades diversas; sobrando solo los carroñeros. 

EL PAÍS 

GRITOS CON CITA Y GLOSA (C): FRENTE A LA HIPOCRESÍA ILUSTRADA DE LOS DIOSES (Y SUS ENVIADOS)



José Ignacio Fernández del Castro

«Amantes y envidiosos de la libertad humana, y considerándola como la condición absoluta de todo lo que adoramos y respetamos en la humanidad, doy vuelta la frase de Voltaire y digo: si dios existiese realmente, habría que hacerlo desaparecer.»
Mijaíl Aleksándrovich BAKUNIN (Priamújino, Tver, Imperio Ruso,
 30 de mayo de 1814 - Berna, Suiza,  13 de junio de 1876): Dieu et l'état  
–Dios y el Estado- (escrito fragmentariamente a principios de 1871
y publicado por primera vez en francés en 1882).

La verdad os hará libres, dicen que proclamaba Jesucristo (esa especie de sabio ácrata de O Evangelho Segundo Jesus Cristo, 1991, de José Saramago)... Pero, luego, venga decálogos y guías de buena conducta (¿para seres incapaces de guiarse por sí mismos?), venga institucionalización de una Iglesia sobre un buen montón de mitos, falacias y mentiras (perdón, dogmas, como el de esa Santísima Trinidad, una y trina)… O la infalibilidad de todos los sucesores (incluyendo egregios disolutos y avarientos de poder, como nuestros patrios Borgias) de aquel Pedro sobre cuya piedra se edificó el invento...  
Así que no es extraño que aquel ácrata de carne y hueso, nacido hace ahora doscientos doce años, en su devoción única a la libertad (pero no de mercado, claro) como condición absoluta de lo humano, afease la hipocresía racionalista de los ilustrados franceses (saber racional sin dioses para la burguesía pujante, religión para guiar y mantener bajo control al pueblo no ilustrado) para proponer la inversión del versillo volteriano, “si Dieu n’existait pas, il faudrait l’inventer”...
No, para el buen ácrata esa consideración instrumental de Dios como instrumento básico de control sobre “los parias de la tierra”, no puede ser más repugnante... Y lo es precisamente porque libera a Dios de todos sus atributos (incluida la existencia, más allá del debate medieval sobre la naturaleza de los términos universales y, en consecuencia, la imposibilidad misma de considerar la existencia como un atributo más de los seres particulares) para obligar a la humanidad al seguimiento de unas normas cuya legitimación parece pasar a ser el único núcleo socialmente relevante de la esencia divina volteriana. ¡Qué tentación poner, donde se dice Voltaire, Alberto Ruíz Gallardón, José Ignacio Wert o Jorge Fernández Díaz, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal o José María Figaredo, como arteros legitimadores, presidente de la Conferencia Episcopal Española de turno mediante, de la contención del pueblo ante los designios de recorte y desregulación insinuados/anunciados (eso que ocultan bajo el eufemismo “pedir un esfuerzo a los españoles”) sobre el endeble sistema de bienestar!… Pero acaso fuera excesivo considerarlos tan ilustrados.
En fin, que al bueno de Mijail Aleksándrovich tales usos “racionales” de la divinidad, siempre le parecieron un poco insultantes para todo quien se sintiera siquiera un poco parte del pueblo... Por eso pensaba más bien lo contrario: Dios no existe (ese Dios personal siempre dispuesto a dictar lo que es bueno o malo, siempre presto a intervenir directa o indirectamente en el mundo), pero, si existiese, habría que eliminarlo. Precisamente para garantizar la realización plena de la esencia de todo ser humano (sea noble, burgués o plebeyo), la libertad.
Y evitar, de paso, que un deán catedralicio (con su arzobispo dictándole al oído) pueda negar la catedral de Oviedo (sostenida con un buen puñado de fondos públicos) como espacio para filmar con verosimilitud una serie sobre La Regenta clariniana, “por lo mal que deja esa obra a la Iglesia” (parece que, al final, se rodará en Bilbao, porque los bilbaínos, además de nacer donde les da la gana, son protagonistas de las narraciones que les apetece).
¡Ojalá (término paradójicamente procedente de la expresión “law sha'a Allah” árabe, “si Alá quisiera”), en un marco material de justicia y solidaridad universales (más allá de la confianza bakuniana en la bondad natural de toda persona, un poco ilusoria), algún día esa libertad sea posible!.
Cuidándonos de quienes aman a Dios pero no a su prójimo, y de quienes aman la patria, pero no a sus compatriotas… Para que aquel Magistral de la Catedral y provisor en la Diócesis de Vetusta, Fermín de Pas, deje de encarnarse en las jerarquías eclesiásticas (y políticas) del presente.

DdA, XXII/6612

AGRAVIO A LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO EN EL COLUMBARI DE LA DIGNITAT DE PALMA

Inauguración del Columbari


                             Mientras me quede voz
                             hablaré de los muertos
                             tan quietos, tan callados, 
                             tan molestos.

                             Mientras me quede voz
                             hablaré de sus sueños,
                             de todas las traiciones,
                             de todos los silencios,
                             de los huesos sin nombre
                             esperando el regreso,
                             de su entrega absoluta,
                             de su dolor de invierno.

                             Mientras me quede voz
                             no han de callar mis muertos.

Marisa Peña, con Hilda Lafuente como su mejor recitadora, que así lo hizo hasta su último aliento, en memoria de sus padres, maestros asesinados.  


Félix Población

Son en total 225 la vidas asesinadas las que durante demasiado tiempo (en dictadura y democracia) estuvieron enterradas sin identidad en las llamadas Fosas del Olvido y que reposan ahora en el cementerio de Palma. El pasado mes de septiembre se recordó ese número con motivo de la inauguración del Columbari de la Dignitat, un espacio habilitado por el govern balear en la necrópolis de Son Valentí de Palma donde están inhumados los restos recuperados de las víctimas de la dictadura. El espacio consta de una capilla y su cripta, convertidos en definitivo lugar de digno y reparador  descanso de quienes fueron asesinados durante la guerra y la dictadura franquista para ser enterrados en el olvido. Este lugar, sin embargo, en una fecha tan señalada como el pasado 1 de noviembre, no pudo ser accesible a los familiares de las víctimas porque sus puertas estaban insultantemente cerradas sin explicación alguna. Tamaña falta de respeto a la memoria colectiva y, en especial, a la de quienes allí reposan después de haber sido asesinados y enterrados en fosas y cunetas, se enmarca, según leemos en la noticia publicada por Europa Pres, en la actitud del gobierno municipal por parte del alcalde de la ciudad Jaime Martínez Llabrés respecto a la Memoria Democrática, tal como ha denunciado la asociación Mès per Palma. Que desde una alta instancia municipal se pueda perpetrar todavía este tipo de agravios a los familiares de las víctimas después de tanta barbarie, debería servirnos de alerta para dudar de la dignidad humana y negarles talante democrático a quienes así proceden. 

DdA, XXII/6612

HAY QUE REBAJARLE AL MUNDO LA VELOCIDAD

No se le pasó por alto a mi estimado Xuan Cándano el criterio de Javier Barrio, una persona que perdió a su mujer en su último viaje profesional a bordo de uno de los trenes siniestrados en Urda. Habló de los muertos del capitalismo de la prisa y lo comparó con aquel otro que explotaba a los niños en las minas: "En general, todas las empresas se dedican a masacrar a sus empleados. El trabajo que hacían tres ahora lo hace uno nada más. El cien por cien de las empresas españolas lo hace. El cien por cien de las empresas en el mundo lo hacen. Tenemos que cambiar este mundo, tenemos que cambiarlo entre todos (…)”. También hablaba de la necesidad de cambiar el mundo entre todos, consciente de que para ello, como comenta Xuan, lo primero es rebajarle la velocidad. El sistema -escribe- ha inyectado velocidad y desasosiego en la ciudadanía por la lógica perversa del crecimiento sin límite, que conduce al precipicio.


Xuan Cándano

El actor Eduardo Antuña es un tipo tan simpático que cuando lo tienes delante es como si lo estuvieras viendo en una de sus geniales interpretaciones, con esa expresión pícara y esa manera atropellada de narrar que hace inevitable la risa. Una vez, en Madrid, en una inolvidable velada nocturna, nos contó con gracia a un grupo de amigos, con su inimitable gestualidad, como un buen día decidió reducir su continua excitación vital en el vértigo de la gran ciudad.

Por puro contagio de la masa, Eduardo salía atropellado del vagón del metro que tomaba a diario, a la carrera, como si siempre estuviera devorado por la urgencia. Hasta el día en el que reparó en lo absurdo de aquella prisa patológica. Desde entonces recuperó la calma, y con ello la ciudad y su propia vida. Poner el pie en las calles de Madrid desde el subsuelo dejó de ser para Eduardo una etapa más en la diaria carrera angustiosa hacia ninguna parte.

El espantoso accidente de Urda me ha hecho recordar la sabia decisión del actor langreano. Las investigaciones judiciales- no las políticas, afectadas por el clima irrespirable de la política española- aclararán lo ocurrido. Solo podemos adelantar que uno o varios fallos humanos pueden ser inevitables, pero nunca provocar una tragedia así en la época de la Inteligencia Artificial.

Lo que no se debe obviar es otra causa que subyace, si se hace una reflexión con cierta profundidad: vivimos muy aprisa, absolutamente desbocados, atenazados por un ritmo vital desquiciante. Una vida de alta velocidad que en muchas ocasiones acaba descarrilando, como los trenes en Urda.

El éxito social se mide por la velocidad, hay que estar siempre activo, vales por lo que te mueves. Por eso la cocaína, que genera hiperactividad, es la droga de moda desde hace mucho tiempo, la más consumida. No provoca gran rechazo ni es de clases bajas.

Ya no hay tiempo para comer relajadamente y disfrutar de la sobremesa, se hace de pie y en pocos minutos en los bares de muchas ciudades en mitad de la jornada laboral. Internet dio una marcha más al desasosiego, las lecturas son rápidas, de titular, aumentando la ignorancia colectiva y el fanatismo político.

Los desplazamientos son continuos y vertiginosos, por trabajo o por placer, de ahí la obsesión por las comunicaciones, la exigencia de obras continuas, ganar cinco minutos con una nueva carretera o un trayecto ferroviario a costa de inversiones millonarias, volar al otro extremo del mundo aprovechando la última oferta pasa visitar un lugar desconocido a la trágala. Llaman carreteras con encanto a esas, cada vez más escasas, en las que se circula despacio disfrutando del paisaje, pero también escasean los conductores encantadores. ¿Para qué se fabrican coches que van a 300 kilómetros por hora, si solo se permite circular a 120?

El sistema ha inyectado velocidad y desasosiego en la ciudadanía por la lógica perversa del crecimiento sin límite, que conduce al precipicio. No son estos los tiempos de “Un hombre tranquilo”, la película de John Ford de 1952, más bien parece que seguimos en los de “Deprisa, deprisa”, de Carlos Saura, que en 1981 contó el vértigo en el que vivían cuatro jóvenes delincuentes en Madrid. Nadie hace caso a un sabio consejo que me repetían en Marruecos, la primera vez que visité el país, que entonces aún no estaba rendido al moderno capitalismo: “Prisa no buena, de prisa están llenos los cementerios”.

De todas las declaraciones, entrevistas y posicionamientos públicos tras el accidente de Urda ninguna tan impactante, lúcida y conmovedora como la de Javier Barrio, el marido de Carmen de Santa Ana, una de las personas fallecidas en el accidente. Entre una nube de micrófonos y periodistas acelerados, emocionado, pero sin perder la entereza, ofreció el más certero de los análisis: “estamos viviendo la peor época del capitalismo con prisas”, dijo.

Javier explicó que su mujer era una alta directiva de El Corte Inglés y que el que acabó en Urda era su último viaje de trabajo antes de jubilarse. Quizá por el empleo y la empresa en la que trabajaba Carmen, una de las primeras financiadoras de los medios en España a través de la publicidad, las palabras de su viudo no tuvieron el eco que merecían en las grandes cabeceras, aunque circularon por las redes. En algunos medios se obviaba el nombre de El Corte Inglés. Sería también por el contenido del discurso, demoledor:

“En general, todas las empresas se dedican a masacrar a sus empleados. El trabajo que hacían tres ahora lo hace uno nada más. El cien por cien de las empresas españolas lo hace. El cien por cien de las empresas en el mundo lo hacen. Tenemos que cambiar este mundo, tenemos que cambiarlo entre todos (…)”. Javier Barrio decía esto sereno, pero firme, despacio, con el tono amable que destila el sosiego. Sabiendo que para cambiar el mundo, lo primero es rebajarle la velocidad.

NORTES  DdA, XXII/6612