En los años finales del siglo XIX, la blasfemia, fuese de palabra o con gestos, era tema recurrente en las Pastorales del Obispo de Oviedo Ramón Martínez Vigil, asunto por el que hasta se llegó a celebrar un mitin y se impulsaron las "Ligas contra la Blasfemia". Tal prelado lo fue de aquella diócesis en los tiempos en que Leopoldo Alas "Clarín" publicó su novela La Regenta, prohibida todavía en las primeras décadas del franquismo. Era blasfemia –según la Pastoral de marzo de 1898 con motivo de la Cuaresma–cualquier injuria o contumelia proferida contra Dios. Distinguiendo que podía ser de palabra o de gestos: gestos externos e incluso internos. "No blasfema", aclaraba la Pastoral, "únicamente el obrero ebrio sino que, y además con mayor malicia, algunos sabios en sus cátedras o escritores en sus libros. Todos influenciados por esos conceptos blasfemos que nos vienen del Norte como las hordas bárbaras del siglo V". El Obispo Fr. Ramón Martínez Vigil aclaraba también que incluso blasfemaba quien llama Diosa a una persona querida o quien juraba por Baco o Júpiter y por supuesto quien llamaba Todopoderoso a Satanás. Esto es lo que nos dice Luis Miguel Piñera en su última Crónica gijonesa, publicada hoy en el diario La Nueva España (Contumelias contra Dios. Aunque les cueste creerlo a quienes olvidan la historia que tenemos detrás, el diario conservador ovetense El Carbayón, de larga vida en Vetusta, llegó a publicar el 23 de abril de 1909:"Si fuera posible restablecer los castigos de otras edades contra el blasfemo, cuando se le atravesaba la lengua con un hierro candente, entonces sí que se conseguiría aminorar esa costumbre irracional de todo punto, siquiera por aquello de que miedo guarda viña o el loco por la pena es cuerdo".
Luis Migue Piñera
Ese mismo año de 1898 vemos varias veces en el diario gijonés "El Noroeste", por ejemplo en el del 15 de marzo, diversas noticias sobre la cantidad de blasfemias que se producían en Gijón. Muchas veces entre las dependientas y clientas de la Pescadería y que motivan escándalo de las "muchas señoras que tienen que hacer sus compras en la Pescadería". Sobre la Cuaresma y el guardar los preceptos o no guardarlos también se debatía en Gijón. Llama la atención algún anuncio de comerciantes como el insertado en el diario "El Comercio" el 4 de abril de 1885. La carnicería de Angelina en el Mercado de Jovellanos –que estaba en el solar que desde la década de 1940 es conocido como El Parchís– celebraba la Pascua tras la Cuaresma con "ricos y excelentes cabritos" que ofrecía a los gijoneses "tras los días con el estómago molestado por las insalubres vigilias".
El día 17 de junio de 1912 tuvo lugar en Oviedo un mitin contra la blasfemia y en los días previos varios ciudadanos solicitaron a los concejales del Ayuntamiento de Gijón su asistencia a él. Los firmantes de la carta eran: Ángel Regueras, presidente de la junta organizadora; por el Círculo Católico del Obrero firmaba el Marqués de Mohias; por la Juventud Jaimista, Gonzalo Meras; por la Juventud Conservadora, Luis Acebal y por la Academia de Santo Tomás de Aquino, Secundino Prieto de la Torre.
En efecto el mitin se celebró en el teatro Campoamor y manifestaron su preocupación por ser Asturias donde más se blasfemaba y donde más palabras contra Dios se decían. Se escuchó también que las blasfemias del carretero (de las clases bajas) eran consecuencia de esos centros que Menéndez Pelayo llamaba "blasfemaderos públicos" e insistieron, todos los oradores, en que para condenar la blasfemia no hace falta ser creyente sino educado, culto y honrado. Además coincidieron en que el olvido de las enseñanzas de Cristo había llegado al Parlamento, donde algún Diputado se había convertido en arriero, renegando de Dios y de la Virgen. Quedó claro en este encuentro y en los artículos en prensa en días anteriores y posteriores al encuentro, que en Gijón y en toda Asturias se blasfemaba mucho y que podían tener cierta disculpa en ello la clase obrera pero que era imperdonable en las gentes ilustradas que también cometían faltas contra el Altísimo y contra los Santos.
Incluso la prensa apoyó formar (como así se hizo) "Ligas contra la Blasfemia" con reflexiones tan impresionantes como la que leemos en el diario ovetense "El Carbayón" del 23 de abril de 1909: "Así se evitarían estos espectáculos muchas veces unidos a la embriaguez. Si fuera posible restablecer los castigos de otras edades contra el blasfemo, cuando se le atravesaba la lengua con un hierro candente, entonces sí que se conseguiría aminorar esa costumbre irracional de todo punto, siquiera por aquello de que miedo guarda viña o el loco por la pena es cuerdo".
En ocasiones con ese grandonismo que siempre tuvo el gijonés, blasfemias verdaderamente fuertes eran calificadas como "cagamento y medio". Eso en el pasado pero en la actualidad son eufemismos locales derivados de blasfemias "mecago en la mar", "mecachis" o "meca". En el diario local "El Popular", del 1 de noviembre de 1904, vemos cómo era elogiado el industrial Julio Kessler que en los talleres de su fundición, La Begoñesa, tenía colocado un cartel con el lema "Se prohibe blasfemar"
Anacleto Moreno publicó en 1930, en Oviedo, el libro "La blasfemia". En la primera página el autor agradece al marqués de la Vega de Anzo el costear esta edición. En realidad se trata de una "Memoria" que fue presentada a la asamblea del Apostolado de la Oración, que se celebró en Oviedo en mayo de 1930 y en ella Moreno nos informa sobre qué es la blasfemia, sobre su malicia y sobre "los remedios que han de ponerse para eliminar tan horrendo mal".
Dos noticias.
―El Señor Alcalde de Gijón, Carlos Cienfuegos Jovellanos, impuso ayer las siguientes multas: de 15 pesetas a un vecino de la carretera de Oviedo que era portador de una navaja de uso prohibido. De 10 pesetas a un vecino de la calle Numa Guilhou por embriaguez, también a un vecino de Bernueces que llevaba consigo un revólver cargado y a un joven de El Llano, por blasfemo. Diario "El Noroeste", 18 de noviembre de 1909.
―Ayer fue detenido un individuo llamado Gumersindo Álvarez por hallarse en medio de la vía pública blasfemando del Santo Nombre de Dios, y en completo estado de embriaguez. Diario "El Pueblo Astur", 23 de octubre de 1913.
Frente a la histeria de la derecha, que ha corrido a calificar el fallo de traición a España [Ceuta], he optado (la victoria de los nazis en Alemania tiene bastante que ver con mi cambio de posición) por abordar el asunto con pragmatismo de Estado: prefiero entender el patinazo no como una felonía, sino como un aprendizaje severo. En la alta política, las lecciones más valiosas son las que se pagan caras.
Max Pradera
Hay una tendencia reduccionista en la política contemporánea a exigir una impecabilidad casi litúrgica. Se juzga a los gobiernos no por la consistencia de su rumbo ni por el balance general de su gestión, sino por el tropiezo más reciente expuesto bajo el foco mediático. El episodio de Ceuta ha sido, sin rodeos, un grave error; un desatino diplomático e institucional que no admite paliativos. Sin embargo, convertir un borrón puntual en el único criterio para juzgar una obra entera equivale a perder de vista la perspectiva histórica.
Mi padre, Javier Pradera, solía resumir con brutal nitidez esa conocida incomodidad del votante crítico cuando el partido afín cometía algún despropósito y no quedaba más remedio que acudir a las urnas con la nariz tapada: «A estos tíos los va a votar su puta madre... y yo». Esa paradoja —la de la exigencia intelectual frente a la responsabilidad pragmática— cobra hoy una vigencia absoluta.
Frente a la histeria de la derecha, que ha corrido a calificar el fallo de traición a España, he optado (la victoria de los nazis en Alemania tiene bastante que ver con mi cambio de posición) por abordar el asunto con pragmatismo de Estado: prefiero entender el patinazo no como una felonía, sino como un aprendizaje severo. En la alta política, las lecciones más valiosas son las que se pagan caras. Un líder que ha encajado un golpe de esta magnitud, que ha medido el abismo del error y ha sentido el impacto de sus consecuencias, es hoy un gobernante sensiblemente mejor preparado que ayer. Sánchez vale hoy más que antes de Ceuta precisamente porque lleva esa cicatriz en la piel; ya sabe dónde está la mina y difícilmente volverá a pisar el mismo terreno a ciegas.
Si ponderamos la trayectoria del Presidente con ecuanimidad, la balanza sigue inclinándose con fuerza hacia el activo. Un análisis riguroso de sus años de mandato exige evaluar cómo ha reaccionado el Ejecutivo ante las crisis más complejas de nuestro tiempo:
La audacia de la coalición: Supo romper con la parálisis del bipartidismo tradicional abriéndose a la fórmula del primer Gobierno de coalición de la democracia reciente, demostrando una flexibilidad política y una capacidad de articulación parlamentaria inéditas.
La gestión de la pandemia: Ante una emergencia sanitaria inédita en un siglo, el Gobierno actuó con determinación para amortiguar el colapso económico y social. La articulación de los ERTE (gracias, Yolanda) evitó la destrucción masiva del tejido productivo, mientras que la estrategia de vacunación convirtió a España en un referente internacional de eficacia logística.
La pacificación de Cataluña: Mediante una audaz y arriesgada política de desescalada, basada en la vía política frente a la judicialización estéril, el Ejecutivo logró restaurar la convivencia institucional y la normalidad social en Cataluña.
El dinamismo económico: En un contexto internacional adverso, la economía española ha mantenido índices de crecimiento superiores a la media de la Eurozona, impulsada por la creación de empleo de calidad y una gestión ejemplar de los fondos europeos.
La entereza ante la persecución judicial: Ha mantenido una templanza y un estoicismo notables frente al acoso político-mediático sobre su entorno familiar y ante el «derecho creativo» desplegado por la Sala Segunda del Tribunal Supremo, cuya deriva ha llegado al extremo de inhabilitar y forzar la salida de un colaborador tan cualificado como el Fiscal General del Estado.
A este expediente se suma una política exterior firme: plantar cara al trumpismo y mantener una defensa coherente de los derechos humanos y del derecho internacional, tanto en Ucrania como en Gaza.
Un patinazo en Ceuta no invalida años de decisiones estructurales acertadas. Pretender lo contrario sería tan absurdo como juzgar la trayectoria de un profesional por su momento menos afortunado. Es como si a un servidor —disculpen el ejemplo autorreferencial narcisista—, tras haber capitaneado durante seis años Lo + Plus —un espacio que renovó el lenguaje televisivo en España con su audacia, su agilidad periodística y un nivel de prescripción cultural inédito en la pequeña pantalla—, la posteridad decidiera recordarlo únicamente por las tres semanas de emisión de Maldita la hora.
El borrón existe, desde luego. Pero la página, leída en su totalidad, sigue estando magníficamente escrita. Así que, una vez más y a mucha honra, ahí estará mi voto.
Después de haber publicado hace algunos años el libro La memoria nombrada (ed. El viejo topo), esperaba este otoño hacer lo propio con la que sería una segunda parte de la trilogía que formaría, con un tercer volumen, una amplia selección de mis artículos aparecidos en diversos medios a lo largo de los últimos años. Para ello contacté con una pequeña editorial leonesa, radicada en una localidad de la provincia e interesada por este tipo de proyectos.
Enviado el original de más de 300 páginas hace meses y con la expectativas inmediatas de publicación para el mes de noviembre, recibí el pasado lunes un correo de la editorial, días antes de suscribir el correspondiente contrato, en donde se me dice que no habrá libro porque, a juzgar por un artículo publicado en mi blog ese mismo día (Diario del Aire), mantengo "estrechos vínculos" con un investigador -también de la Memoria Democrática-, igualmente leonés, persona al parecer non grata para la editorial, con el que -según los editores- "comparto sus difamaciones" contra la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica).
Como es de suponer, me quedé más perplejo que enojado por la peregrina y falaz razón argüida. En primer lugar, por mi respeto y admiración comprobados hacia la labor llevada a cabo por la ARMH. En segundo lugar, porque mis "estrechos vínculos" se limitan a un único encuentro con el investigador leonés -precisamente en la presentación de mi libro, antes citado-, cuyos trabajos de investigación valoro por su documentado estudio sobre la guerrilla antifranquista, que lleva un montón de ediciones y miles de ejemplares vendidos. Y en tercer lugar, porque a qué viene negar la publicación de un libro apalabrado, hasta ese momento de interés para la editorial, en razón a los vínculos que pueda tener su autor con una determinada persona.
No voy a nombrar a la editorial leonesa ni al investigador leonés, que además cuenta con varios amigos que publicaron en esa misma editorial, porque tanto a la una como al otro les he participado mi perplejidad y enfado, pero sí quiero dejar constancia pública del deplorable entendimiento que de la empresa de editar han dejado quienes, al parecer, no sólo toman esta decisiones ateniéndose a tan pueriles motivos, impropios de un entendimiento cabal de su cometido, sino teniendo además la desfachatez de imputarme haber compartido difamaciones contra una asociación cuya trayectoria no he dejado de encomiar desde su fundación.
Que tan desafortunado percance haya ocurrido con una temática como la de la memoria democrática, digna del mayor celo y pulcritud profesionales por parte de investigadores y editores -por lo que nos jugamos en su difusión y conocimiento-, añade más amargor al episodio. Tanto quienes tratamos de darle voz a esa memoria como quienes contribuyen a ello publicándola, así como cualquier otro colectivo implicado en ella, deberíamos evitar circunstancias tan lamentables como esta, sobre todo en un país donde hay partidos políticos que pretenden seguir manteniéndola enterrada en el olvido, tal como pretendieron y lograron con sus víctimas los represores durante demasiado tiempo.
*He llegado a confiar en que la editorial, después de que le pidiera explicaciones y hasta que se disculpara o retractara por su correo, tuviera la amabilidad de responderme, pero es que no acabo de perder la confianza en las más elementales normas de educación.
De menos de un millón de venezolanos residentes en el exterior en 2015 se pasó en los años siguientes a cerca de 8 millones de migrantes. Si bien comienzan a observarse menores salidas de venezolanos y movimientos de retorno, es todavía insuficiente para hablar de una reversión masiva de la diáspora. Sin embargo, si los venezolanos comienzan efectivamente a regresar, se confirmaría que la migración de la década anterior fue resultado de una estrategia de presión económica externa que redujo los ingresos externos y la capacidad de invertir, cuyos costos terminaron recayendo, como siempre y fundamentalmente, sobre la población.
Ana María Aragonés
Las elecciones en países de América Latina como Honduras, Ecuador, Chile, Colombia y Bolivia fueron manchadas por las manipulaciones de personajes ligados a la ultraderecha internacional y a las cloacas de seguridad de Estados Unidos, con Fernando Cerimedo a la cabeza. Situación que en parte explica por qué vencieron los candidatos que representaban las posiciones más neofascistas. Con ellos en la región parece profundizarse la persistencia de la dependencia y el colonialismo en el poder al aceptar mantener el control de los instrumentos financieros, digitalización controlada por corporaciones del Norte global, el extractivismo en toda su extensión, la subordinación tecnológica y las políticas migratorias restrictivas. Frente a ellos quedan dos países que tendrán elecciones y que buscan hacer efectiva la autonomía económica, replanteando el desarrollo como emancipación: México y Brasil. Aunque la intención de esa derecha internacional pretende manipular las conversaciones para las siguientes elecciones, es de esperarse que al haber conocido esas estrategias, los electores lo tomarán en cuenta.
En este contexto, lo que está sucediendo en Venezuela después de la invasión militar de Estados Unidos en la que fueron asesinados los guardias cubanos del presidente Nicolás Maduro y otros civiles, seguido del secuestro del mandatario y su esposa Cilia Flores, y llevados a una cárcel de Estados Unidos, se encuentra en la misma línea de injerencia. Lo que resulta difícil comprender es la actitud de la presidenta interina Delcy Rodríguez. Tal parece que ha aceptado plegarse a todas las condiciones impuestas por Donald Trump y no sólo eso, sino asegura que ¡todo beneficia a los venezolanos y a la soberanía del país!, cuando en realidad se pasó de una política orientada al aislamiento de la industria petrolera venezolana a otra que permite su recuperación, pero con importante participación de empresas extranjeras, y condiciones que otorgan a Washington el acceso más que privilegiado a las enormes reservas de hidrocarburos. Como señala Denis Warrior, “Irak y Venezuela muestran un mismo patrón, el de un país productor que entrega el control de sus ingresos petroleros bajo la promesa de una reconstrucción futura cuyo cronograma queda en manos de quien administra el fondo”.
¿Se trata de la traición de la presidenta interina Delcy Rodríguez o es que tiene una pistola apuntando a su cabeza que la obliga a decir que el petróleo venezolano que será parte de las reservas de los estadunidenses es magnífico para Venezuela? Ambiente de gran especulación, sin embargo, más allá de lo observable, la pregunta: ¿es la rendición del chavismo al criminal que invadió su país para robar su petróleo y que se ufana de ser el acuerdo petrolero más importante de la historia, y que duplicará las reservas estadunidenses sin costo para el contribuyente?
Lo que puede ser un dato esclarecedor es observar lo que pasa con el fenómeno migratorio. Recordemos que el régimen de sanciones comenzó con Obama en 2015, pero el cambio cualitativo fue con Trump en 2017. Sancionó a la petrolera PDVSA al financiamiento internacional y en 2019 bloqueó sus activos. El Banco de Inglaterra mantiene unas 31 toneladas métricas de oro del Banco de Venezuela, cuyo valor ronda los 4 mil millones de dólares. La propia Relatoría Especial de Naciones Unidas sobre medidas coercitivas unilaterales intervino formalmente respecto a la congelación de ese oro. El resultado, por supuesto, afectó a la economía del país, es decir, menor capacidad de exportar y cobrar el petróleo, menos divisas, menores importaciones e inversiones, deterioro económico y salarial, y, por supuesto, una extraordinaria presión migratoria.
En este contexto se produjo una de las mayores diásporas contemporáneas: es decir, de menos de un millón de venezolanos residentes en el exterior en 2015 se pasó en los años siguientes a cerca de 8 millones de migrantes. Si bien comienzan a observarse menores salidas de venezolanos y movimientos de retorno, es todavía insuficiente para hablar de una reversión masiva de la diáspora. Sin embargo, si los venezolanos comienzan efectivamente a regresar, se confirmaría que la migración de la década anterior fue resultado de una estrategia de presión económica externa que redujo los ingresos externos y la capacidad de invertir, cuyos costos terminaron recayendo, como siempre y fundamentalmente, sobre la población.
La pregunta sigue en el aire: ¿cuál será el costo de esa estabilización en términos de soberanía sobre sus recursos y del proyecto emancipador que representó el chavismo?
El último libro de mi estimado Santiago Alba es muy recomendable. Lo publica Arpa y se titula Gaza y el destino del mundo. Un ensayo sobre la verdad, el poder y el retorno de la barbarie. Ahí es nada. Quizá haya que estar preparado para que su lectura no nos deprima intelectualmente demasiado. Lo que dice en este artículo podría ser una síntesis: Hay israelíes que meriendan en una colina mientras ven arder Gaza. Cómo se han tenido que quebrar los vínculos con algo que antes llamábamos ética o moral universal para que puedas creerte bueno mientras estás participando en un linchamiento. Ese nuevo marco moral, o amoral, esté siendo alimentado por partidos políticos que aspiran a gobernar, incluso a derrocar a un gobierno legítimo por cualquier vía, amparándose en el niño nocturno, en el niño nocturno que todos llevamos dentro. Que nos creamos buenos ciudadanos o buenas personas mientras excluimos al otro, perseguimos al otro o matamos al otro es lo que más me preocupa en estos momentos. A través de Ceuta, este nuevo modelo, este modelo Gaza, está también deslizándose muy deprisa en España, que hasta ahora era un poco una isla que se mantenía protegida del fascismo. Creo que a través de Ceuta el fascismo desembarca definitivamente en España.
Santiago Alba Rico
Hay una cosa que rompe con el modelo del siglo XX. Auschwitz, después de todo, fue ocultado. Los nazis intentaron ocultarlo, no se jactaron de Auschwitz. La decisión relativa a lo que llamaban, eufemística y terriblemente, la “solución final” se tomó en una reunión secreta. Todo ocurría en la niebla, en la oscuridad. En Gaza, ha sido exactamente lo contrario: lo hemos vivido en tiempo real, a la vista de todos. Digo en algún momento, con mucha amargura, que si Hitler hubiera introducido cámaras de televisión en las cámaras de gas quizá habría podido ir más lejos de lo que llegó, que fue realmente bastante lejos.
No podemos mirarlo todo sin contaminarnos; no podemos permitirnos mirarlo todo sin que sufra también nuestra alma, nuestra integridad moral. Hemos visto demasiadas cosas. Las hemos visto en tiempo real, minuto a minuto, sin poder cambiar lo que estaba ocurriendo. Esto es un batacazo civilizacional y moral sin precedentes por una sencilla razón: ya no ocultamos los crímenes; incluso nos enorgullecemos de ellos...,.El libro también es un acta de acusación a Estados Unidos y a la Unión Europea. Esto es algo que podemos constatar en otros campos, no solamente en Gaza. Lo decía Gaetano Mosca, filósofo y teórico del derecho en la Italia prefascista: una minoría organizada siempre es más poderosa que una mayoría desorganizada.
Obviamente, esas minorías que acaban apoyando un genocidio tienen más medios, más dinero y más recursos. También más recursos de propaganda. No solo se han apoderado de las armas y de la violencia, sino también de las palabras. En esas condiciones, una mayoría desorganizada puede hacer muy poco, salvo sufrir desde lejos el veneno moral de esas imágenes terribles en las que hemos visto a niños muertos, enterrados bajo los escombros, disparados por francotiradores o asesinados en sus camas.....
Me irrita muchísimo que se hable constantemente del derecho a la existencia de Israel cuando el único derecho a la existencia que está siendo cuestionado constantemente, incluso desde Europa y desde Estados Unidos, es el derecho a la existencia de Palestina.
Con la particularidad de que Israel y sus gobernantes, desde Ben-Gurión, no han dejado de expresar clarísimamente su negativa a aceptar la existencia de un Estado palestino. Netanyahu no ha dejado de repetirlo en los últimos años. En el propio programa fundacional del Likud está escrito que el territorio de Israel va desde el río hasta el mar. Se reprocha constantemente a los palestinos que utilicen ese lema cuando está incluido en el programa fundacional del Likud.
No hay ninguna disposición por parte de Israel a aceptar la existencia de un Estado palestino. Por eso es necesario des-sionizarlo, y la única manera de hacerlo es que quienes han apoyado desde fuera a Israel dejen de apoyarlo.
Si Israel es un proyecto europeo, para que deje de ser un proyecto colonial, un proyecto genocida, es Europa la que tiene que dejar de apoyar a Israel.....
De pronto, estos días nos estamos encontrando con gente que se cree buena mientras impide que la Cruz Roja entregue pan y agua a los inmigrantes, los expulsa de los lugares donde los ha instalado precariamente el Gobierno o quema sus pertenencias.
Eso me preocupa mucho, porque estamos en un momento de la historia en el que uno puede creerse bueno mientras participa en un linchamiento. Es un poco lo que ocurre en Gaza. Hemos visto a ciudadanos israelíes que suben a la colina en Sderot para ver arder Gaza mientras toman una suculenta merienda o que impiden que se hagan entregas de ayuda humanitaria. Cómo se han tenido que quebrar los vínculos con algo que antes llamábamos ética o moral universal para que puedas creerte bueno mientras estás participando en un linchamiento.
Ese nuevo marco moral, o amoral, esté siendo alimentado por partidos políticos que aspiran a gobernar, incluso a derrocar a un gobierno legítimo por cualquier vía, amparándose en el niño nocturno, en el niño nocturno que todos llevamos dentro. Que nos creamos buenos ciudadanos o buenas personas mientras excluimos al otro, perseguimos al otro o matamos al otro es lo que más me preocupa en estos momentos.
Y en lo de Ceuta ya lo vemos: a través de Ceuta, este nuevo modelo, este modelo Gaza, está también deslizándose muy deprisa en España, que hasta ahora era un poco una isla que se mantenía protegida del fascismo. Creo que a través de Ceuta el fascismo desembarca definitivamente en España.....
Un seis de septiembre, hace 59 años, emprendió su último viaje el hombre que cantaba mal, aunque cantaba mucho para compensarlo. Cada mañana, al alba, alzaba la vista al cielo esperando la lluvia que nunca llegó. Y, sin embargo, el día en que salió de su casa por última vez, camino del camposanto, una gran tormenta empapó el ataúd de lluvia, de esperanza y libertad. Recuerdo su boca, mellada prematuramente, siempre sonriente a pesar de los golpes que le dio la vida:
«No hay ninguna cosa tan seria que no pueda decirse con una sonrisa.»
No vio sus ojos la lluvia caer y resplandecer sobre la oscuridad cruel de aquella España gris. Nunca le permitieron caminar por su propio surco y segar sus gavillas sin haber regado antes, con sangre y sudor, cada espiga que su hoz cortaba. Le arrebataron lo más preciado: la libertad. Y soñó siempre ser martillo contra la tiranía, fiel hasta el final a sus ideales republicanos.
«El mejor rey, el que no existe.»
Todavía escucho el tono apagado de mi madre cuando hablaba de la guerra, casi en susurros, con la pena y el miedo prendido de sus ojos. «Según contaba padre, siempre se enfrentó a moros e italianos. En ninguna batalla en las que estuvo había fascistas españoles.»
Mi padre, que cerraba los ojos al disparar contra un enemigo extranjero, nunca se enfrentó a españoles, murió convencido de que el ejército golpista estaba compuesto por mercenarios marroquíes y fascistas italianos y que solo los mandos eran españoles.
Fue pobre, pero nunca siervo domesticado, ni hombre dócil. Siempre tuvo claro que tenía que llover, y que cuando hablaba de lluvia se refería a la libertad:
«Tiene que llover hasta que entre el cielo y la tierra no quepa un papelillo de fumar.»
Los vientos de septiembre, cincuenta y nueve años después, me traen sus palabras y recuerdos. Besan mis labios y mi memoria, rescatando cada una de sus esencias, haciéndome cerrar los puños y sentir el orgullo de ser hijo de aquel campesino que caminó entre las zarzas sin perder la esperanza de que lloviese y empapase de libertad estas secas tierras de España. Y entonces vuelvo a escuchar su voz:
«Solo la lluvia acabará con la miseria y las garrapatas.»
Hemos perdido la memoria -escribe la columnista argentina ante el país de Milei y la crueldad y martirio que de sufre la clase trabajadora- de que antes del primer Consenso de Washington, antes de que las ideas de Milton Fridman, el discípulo de Friedrich Hayek --los dos fueron premiados con el Nobel, que nunca deja de mostrar su verdadera cara en momentos cruciales: tiramos del hilo y aparece Milei-- éramos mejores personas.
Sandra Russo
Cuando empecé a escribir mi último libro, Nena, lo único que sabía era que la historia tenía que terminar en 1976. Era una certeza, y también, ahora, vinculándola con la trágica realidad que vivimos, una estructura para alzar un paisaje nacional que estaba tapado por otro. El primer nombre que había elegido era Memoria rota.
Ese paisaje recorre una historia, pero no solo la de esa nena. Varias generaciones de argentinos lo habitaron. Todavía era visible en Mafalda. Era el de un país desigual, injusto y nacido a la sombra de un pecado original, pacato e hipócrita, pero era otro país que el que recibió Alfonsín en 1983. La dictadura lo hizo pasar al olvido porque nos partió en dos, pero es necesario recordar. No estaba de moda ser un hijo de puta.
Cuando empecé a escribir no lo había conceptualizado todavía, no tenía ni idea de lo que quería decir ese deseo de cerrar algo en 1976. Lo fui descubriendo últimamente, y lo recordé todavía mejor el jueves, cuando escuchaba la cadena nacional de Milei, cuya corrupción interna lo lleva a hacer cosplay de patriota para decir lo que Trump necesita que diga y haga. Dios nos libre de los deseos de Trump.
Volviendo al libro, encontré en esa etapa anterior, muy a primera mano, como miles de escritores en el mundo, mi primera infancia. Pero lo importante es que la mía terminó con el golpe.
La infancia es algo que tenemos todos. No se le pueda quitar el recuerdo de su infancia a ningún adulto, pero nuestra memoria es una edición de la vida. No recordamos todo. Recordamos nuestros propios subrayados, nuestras propias recurrencias, aquello importante o banal que se nos quedó adherido.
Pero ahora, en este mundo que nos toca, la infancia es controversial, botín de caza, objeto de deseo pervertido, blanco privilegiado de carniceros, blanco de un Tomahawk perfectamente dirigido a una escuela de niñas iraníes o víctimas de la locura que los ve terroristas apenas nacen en Palestina.
Quizá por eso, ahora que lo pienso, también elegí mi tema. Porque los que pasamos los 60 supimos íntimamente que los únicos privilegiados eran los niños. Era Evita, pero la excedía, quizá fue su legado a pesar del afán de borrarla de la memoria histórica del pueblo. Nuestras infancias transcurrieron en un país que nos protegía. Había un guardapolvo blanco igualador y había un policía de la esquina. Claro que había un mundo paralelo en el que todo era mugre y sangre, como siempre, pero eso no llegaba a la vida cotidiana de enormes sectores de la población. Visto desde hoy, podría decirse que todavía, entonces, esta sociedad mantenía algunos importantes códigos de honor. Los niños no se tocaban. Cualquier persona de bien se escandalizaba ante ese tabú que nos protege como especie. Necesitamos que haya ternura y no pulsión de muerte, o nos extinguimos.
La historia que iba a contar tenía que terminar en 1976 porque allí se terminaron miles de vidas, de sueños, de vidas sindicales, políticas, sociales, que habrían sido los protagonistas de nuestra historia y que no lo fueron porque sus huesos fueron escondidos.
Pero por eso mismo, hemos perdido la memoria de lo que era este país antes del golpe. 1976 fue la vía a través de la que entramos en la primera ola neoliberal.
Hemos perdido la memoria de que antes del primer Consenso de Washington, antes de que las ideas de Milton Fridman, el discípulo de Friedrich Hayek --los dos fueron premiados con el Nobel, que nunca deja de mostrar su verdadera cara en momentos cruciales: tiramos del hilo y aparece Milei-- éramos mejores personas.
Antes de eso, decía, no existía pobreza estructural en la Argentina. Las villas eran “de emergencia”. Las fotos de época, que revelan tanto más que las descripciones, muestran fotos de trabajadores y trabajadoras y amas de casa de sectores humildes, pero no miserables. La vestimenta los hacía a todos elegantes aunque las telas fueran baratas o los sombreros de mala calidad.
No es que no hubiera miseria y, sobre todo, ninguno de los que hoy consideramos derechos era visto como tal, salvo por los sectores que los defendían. Pero la economía argentina, siendo injusta, siendo al servicio de la clase dominante y los socios extranjeros, que en este país nunca fueron socios sino mandantes salvo en tres gobiernos peronistas, no exhibía ni un ínfimo porcentaje de la crueldad y el martirio que hoy se le quiere imponer a la clase trabajadora.
Esa primera infancia que relato en el libro y que no es del todo autobiográfica, sí es fiel a la memoria de esos años anteriores al neoliberalismo. Nosotros, los que tenemos la dicha de ser viejos, estamos hechos también de una Argentina en la que se fiaba. Había palabra.
En aquel país los padres mostraban su libreta de ahorro a los hijos. El barrio no tenía miedo de los chorros porque la calle era de los vecinos y porque el delito se registraba en la sección Policiales, no en Política. Los vecinos salían a la vereda por la tarde, tan napolitanos en los barrios populares, a verse; tan piel mate en los del conurbano, a reconocerse, a compartir el aire de la fresca
A la luz de las perversiones evidentes a las que estamos expuestos ahora, ante la ceguera política que no termina de permitir que germine una ilusión real, a la podredumbre que no deja de exhalar el monstruo que nos vino a comer, hay que reponer esa memoria para apuntalar algo que no es noticia, pero es vital.
No estamos condenados. No es el único camino. Es el peor. No es natural vivir como vivimos. No hay una sola institución, salvo próximamente y de nuevo el Papa (el descubridor de Gandalf), que tenga espaldas para dar la pelea de fuerzas simbólicas de la envergadura que demanda este tiempo terminal. Son fuerzas que ahora no son religiosas, son morales.
No sé si a ustedes les pasa, pero en los momentos de desesperación, me encomiendo a todos los santos.
El columnista del diario La Jornada tiene en cuenta las declaraciones que hizo el expresidente Petro a este periódico: el proceso de robotización, en el que está implícita la inteligencia artificial, “nos lleva necesariamente a un fascismo, porque la lógica descubierta hace dos siglos es que se va a entrar en una crisis en la que se va a producir mucho y se va a demandar poco, y aunque siempre ha habido crisis de sobreproducción, hoy lo vivimos en una escala gigantesca que nunca se había visto y entonces la pregunta es: ¿cómo controlar a la humanidad para que no se vuelva insurgente? Pues no hay más que un hiperfascismo, control policial, misiles, genocidio; puede ser el holocausto humano y la barbarie, para ponerle un nombre”.
Carlos Fernández-Vega
No es gratuita la advertencia de Gustavo Petro sobre la inmediata “tarea” de los pueblos latinoamericanos: “impedir que el hiperfascismo se apodere de Latinoamérica”, como ya sucedió en al menos ocho países sudamericanos (más el artero ataque a Venezuela, made in USA, y la imposición de Delcy Rodríguez, una “mandataria” a modo) y en algunos centroamericanos, en los que sus “presidentes” (todos golpistas y títeres de la Casa Blanca) llegaron al poder mediante “métodos” abiertamente antidemocráticos e ilegales (CIA, Cerimedo, Negre and company), con el objetivo de influir, condicionar, desinformar, mentir e inclinar –con una inyección multimillonaria– la balanza del voto ciudadano a los intereses de la ultraderecha.
Por cierto, uno de esos “mandatarios”, el fascista Jair Bolsonaro, está preso por intentar un golpe de Estado en Brasil, pero uno de sus hijos, Flavio, ahora es candidato a la presidencia de esa nación, utiliza los mismos recursos antidemocráticos e ilegales para lograr su objetivo y sigue la ruta del padre, aunque ya los brasileños conocen el “truco”, por lo que es de esperar que no se dejen engañar una vez más, como sucedió en las elecciones de octubre de 2018. Y los siete “presidentes” sudamericanos restantes, más los centroamericanos, deben terminar en la cárcel.
El ex presidente colombiano dijo a La Jornada (Miguel Ángel Velázquez): el proceso de robotización, en el que está implícita la inteligencia artificial, “nos lleva necesariamente a un fascismo, porque la lógica descubierta hace dos siglos es que se va a entrar en una crisis en la que se va a producir mucho y se va a demandar poco, y aunque siempre ha habido crisis de sobreproducción, hoy lo vivimos en una escala gigantesca que nunca se había visto y entonces la pregunta es: ¿cómo controlar a la humanidad para que no se vuelva insurgente? Pues no hay más que un hiperfascismo, control policial, misiles, genocidio; puede ser el holocausto humano y la barbarie, para ponerle un nombre”.
Se refirió a los recientes comicios en su país: “Hay una situación muy difícil, porque el actual mandatario es ilegítimo, además de ser ciudadano de Estados Unidos que jura obedecer, antes que al pueblo colombiano, al gobierno de Trump, y eso nos vuelve automáticamente una colonia y al presidente un virrey elegido por Trump, no por el pueblo. Abelardo de la Espriella fue el abogado de los paramilitares, que eran el grupo narcotraficante más grande de Colombia. Los estafó, tuvo que refugiarse en Estados Unidos; allá se volvió abogado de narcos en Miami. En las elecciones de Colombia, La Derecha Diario participó con el socio de Cerimedo, Negre (quienes lo hicieron en los comicios de Argentina, Bolivia, Chile, Perú y algunos más), así que no es un caso sólo colombiano: es un asunto que tiende a volverse global y que está dirigido por un centro de poder privado, también de escala mundial, cuyos dueños son multimillonarios, dueños de la inteligencia artificial y las redes. Así asoma el tecnofascismo, el hiperfascismo”.
Fernando Cerimedo (embarrado en todos los “triunfos” electorales de la ultraderecha, como Negre) está preso por intento de homicidio de su pareja embarazada. También por enriquecimiento ilícito, tráfico de combustibles, presunta asociación con el narcotráfico y lo que se acumule, mientras sus “clientes” intentan, fallidamente, lavarse las manos y desvincularse de ese par de operadores, aunque cada día que transcurre surgen más y más pruebas sobre el fraude digital y la ilegal llegada al poder de sus beneficiarios, como Javier Milei, José Antonio Kast, Rodrigo Paz, Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella. Ese nefasto personaje (de la mano de Negre y La Derecha Diario) es uno de los principales operadores del fraude digital, la desinformación y las campañas sucias, pero más allá de su descarada liga con la CIA, el punto a investigar y denunciar es: ¿quiénes financian los golpes cibernéticos y toda la basura que divulgan, y de dónde sale el dinero? El flujo de recursos parece inagotable, pues no se limita a las redes sociales y la compra de bots y trols, sino que incluye jugosas cantidades de dinero a no pocos medios de “información”, impresos, televisivos y radiales en los países que terminan con un “presidente” impuesto. De entrada, claro está, hay que mirar a la Casa Blanca y al Departamento de Estado.
Bien me gustaría creer lo que le ha dicho Javier Ruiz a la agencia EFE acerca de lo que será La Siete, el nuevo canal de televisión cuya programación comenzará en noviembre próximo, desde la perspectiva informativa que le compete al periodista, pero desde que escuché hace ya muchos años aquel camelo que tanto se prodigó como divisa sobre la pluralidad informativa que iban a aportar los nuevos canales privados, mantengo mis reservas a lo que sigue: “Vamos a hacer las cosas cuando pasan. Vamos a hacer las cosas bien. Vamos a hacer las cosas sin morbo, sin casquería, sin basura. Vamos a ser anti-Fox News. Esto es lo que vamos a hacer”, explica Ruiz al hablar de La Séptima. Da a entender con ello que el nuevo canal va a ocupar una posición informativa abiertamente diferenciada con relación a otros canales, teniendo en cuenta que casi todos están orientados a la derecha, según las propias palabras del periodista, salvo TVE, que lo estará en cuanto gobierne la derecha extrema. Lo que más me ha llamado la atención de lo manifestado por Javier Ruiz es que el formato de La Séptima está centrado en la actualidad, pero sin convertirla en espectáculo. Esto último sería muy de celebrar, Javier, porque da auténtica grima ponerle música de superproducción cinematográfica hollywoodense a todo tipo de actualidad, sobre todo cuando las crónicas vienen de Gaza o nos hablan de un terremoto en Venezuela o Colombia, o de unas inundaciones en Valencia o Nepal.
Durante una conferencia magistral en el Auditorio Alfonso Caso, en la Universidad Autónoma de México, el presidente de Colombia advirtió que el capitalismo impulsado por el software y los combustibles fósiles amenaza la supervivencia humana. El presidente de Colombia, Gustavo Petro Urrego, advirtió que el modelo económico global atraviesa una crisis estructural sin precedentes, impulsada por la emergencia climática, la automatización del trabajo, la concentración de capital y la manipulación tecnológica masiva.
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Las declaraciones tuvieron lugar durante la conferencia magistral “El capital en el siglo XXI: Economía política de la crisis climática”, celebrada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El encuentro —organizado por la Coordinación de Humanidades, la Coordinación de Proyectos Especiales de la Rectoría, el PUEDJS y el CIALC— reunió a unas 800 personas en el Auditorio Alfonso Caso y a más de 9 mil espectadores en redes sociales.
Entre los asistentes figuraron académicos, estudiantes, la embajadora de Palestina en México, Nadya Rasheed, y la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú. La apertura estuvo a cargo de John M. Ackerman, quien destacó el interés masivo por escuchar al mandatario colombiano ante la actual “policrisis planetaria”.
Capitalismo fósil, automatización y el riesgo de “omnicidio”
Durante su exposición, Petro sostuvo que la humanidad presenciaba la reconfiguración y eventual agonía del sistema capitalista tradicional, acelerada por la sustitución del trabajo humano por sistemas automatizados.
Trabajo muerto vs. trabajo vivo: Advirtió que la robotización desmedida, lejos de constituir un indicador de progreso, puede ser un síntoma de extinción si responde únicamente a la acumulación de capital.
Amenaza ambiental: Cuestionó la persistencia de un modelo atado a los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), señalando que la lógica del libre mercado conduce hacia un omnicidio o destrucción de lo viviente.
Concentración del capital: Afirmó que el desarrollo descontrolado de la inteligencia artificial bajo el esquema actual concentra la productividad en unas cuantas corporaciones.
“A los dueños de los números se les olvida la crisis climática. El mercado libre y capitalista, en vez de llevarnos a la felicidad, nos está llevando a la muerte”, sentenció Petro.
La “Matrix de la mentira” y el control algorítmico
Otro de los pilares de la disertación fue el análisis de la desinformación y el surgimiento del tecnofascismo. Petro señaló que el neocolonialismo moderno opera a través de algoritmos, grandes volúmenes de datos y la privatización del software, configurando un “panóptico digital” de vigilancia global.
Redes de manipulación: Mencionó el uso de herramientas tecnológicas e inteligencia de datos —citando ejemplos como Palantir o estrategias digitales asociadas a consultores como Fernando Cerimedo— para incidir en elecciones y moldear la opinión pública en América Latina y Estados Unidos.
Gobernanza del software: Sostuvo que el poder político global se ha desplazado hacia las grandes corporaciones tecnológicas: “Los hombres más ricos y poderosos del planeta son los dueños del software”.
Erosión democrática: Alertó que la propagación de noticias falsas busca debilitar el pensamiento crítico, reemplazar el debate público por la desesperanza y sustituir los procesos democráticos por narrativas autoritarias.
El mandatario concluyó su intervención en la UNAM haciendo un llamado a recuperar la reflexión crítica y la articulación social para contrarrestar la desigualdad, la crisis climática y la manipulación tecnológica.