Quienes hace décadas redactaron el reglamento del Congreso español no cayeron en la necesidad de tener que explicarles a sus señorías que no se podía juguetear con gas pimienta durante los debates parlamentarios. Puede que tampoco Feijóo como jefe a su diputada. Es decir, que sí se puede, concluyó doña Ana Vázquez.
Gerardo Tecé
Pasarán los años y, si todo va bien, nuestros nietos no creerán una sola palabra de lo que les contemos. Nos darán la razón como a los locos cuando les juremos que sí, que esta época existió, que la estupidez normalizada era el pan de cada día. Por eso es bueno ir dejando constancia escrita de las grandes hazañas de esta curiosa era. El Día P de pimienta disfrutamos uno de esos días grandes. Ana Vázquez, diputada gallega del PP y amiga íntima del tipo que no es presidente del Gobierno porque no quiere –aunque parezca que lo quiere a cualquier precio– se levantó una mañana y decidió acudir a su escaño con un bote de gas pimienta y sacarlo en medio del Congreso. Hasta ahí todo normal, que diría el Gabriel Rufián, que con 30 añitos mostró una impresora. Ana Vázquez tiene 51 y nadie sabe aún cómo pudo hacerse con el armamento tóxico. ¿Tal vez pilló una cunda en la Carrera de San Jerónimo para visitar algún barrio chungo como Lavapiés o Chueca?
El numerito del espray pimienta tenía un por qué. Quería la diputada popular denunciar que los niños ceutíes van al colegio cada día pertrechados con botes igualitos a ese. Por culpa de Pedro Sánchez, claro. No es cierto. Ceuta vive una crisis humanitaria en sus calles, pero los niños van al colegio con mochilas, libros y el desayuno. Se ve que algún periodista con la audiencia y credibilidad del que tenía un programa sobre fantasmas introdujo el bulo. Y cuando esto pasa, cuando el bulo rueda y es sabroso, millones de españoles comienzan a repetirlo sincronizadamente como loros. Nunca faltan a la cita y no les importa si el hecho es real o falso. Con un bote como este van los niños de Ceuta a clase, agitaba Ana Vázquez el espray pimienta en su escaño cuando la presidenta del Congreso la interrumpió para decirle que, oiga, no podía estar allí con eso. La presidenta ha reventado la sesión, denunciaba minutos después la señora Vázquez indignada en el patio del Congreso. Hayase visto semejante cosa. ¿Qué artículo del reglamento me impide agitar un arma tóxica ahí dentro?, protestaba doña Ana y con razón. Quienes hace décadas redactaron el reglamento del Congreso español no cayeron en la necesidad de tener que explicarles a sus señorías que no se podía juguetear con gas pimienta durante los debates parlamentarios. Es decir, que sí se puede, concluyó doña Ana Vázquez.
Tras pedirle la presidenta que sacase aquello de allí, la diputada abandonó su escaño y el hemiciclo sin dar crédito. ¿Pues no que me ha dicho que no puedo sacar un bote de gas pimienta?, se desahogaba Ana Vázquez ante los periodistas parada y desorientada a la puerta del hemiciclo como años antes lo hizo Chenoa a la puerta de su casa. Ni que esto fuera un arma, declaró. Ni que estuviera lleno, dijo sin que nadie de los allí presentes le preguntase. Lo he vaciado hace unos días, ob-via-men-te, añadió. A continuación, le pidió a un trabajador del PP que lo vaciara. Y el tipo lo hizo. Mientras Ana Vázquez despotricaba frente a las cámaras porque el Estado opresor en manos del asfixiante sanchismo le había impedido gasear la Cámara baja, el trabajador del PP entraba a los baños del Congreso discretamente y fuera de todos los focos. Baños conectados con otros baños y con la cafetería del Congreso por sistemas de ventilación, a propósito. Baños y cafetería a los que minutos después entraron varias personas que tuvieron que ser atendidas por los médicos por inhalación de gas pimienta. Vete a saber qué habrá pasado, declaraba en directo Ana Vázquez en el programa de Ferreras cuando saltaba la última hora. Como diciendo a mí que me registren. Pero al trabajador de mi partido, mejor que no. Una trabajadora del Congreso de baja y una decena de intoxicados, entre ellos una señora que formaba parte de una delegación de Mauritania que andaba de visita para conocer las excelencias del parlamentarismo español. No os imagináis cómo está aquello, dijo a su vuelta a Mauritania con ojos enrojecidos y la mayoría pensó que era de emoción. Será desesperante cuando pasen los años y nadie nos crea.
RECUERDO QUE fuimos en verano a buscarla (mi sobrino Aníbal y yo). La encontramos en los alrededores del camino que lleva al Manzano. Pesaba más de lo que supusimos al elegirla. Dichosa cuarcita, se resistía, pero era la que yo deseaba. La colocamos luego reclinada al frente de la casa. Y sobre ella el número 52 que nos asignaron. Comenzamos a vivir tras el número en mayo del 88. Tardamos algún tiempo más en poner la casa casi completa, nuestra. Y en crear el patio y sus vegetaciones. Hace un año (y algún mes más) publiqué en Mahalta FUENTÉVAR, libro de poemas sobre cosas, casas, campos y luces en cercanía. En él incluí este poema que nos dice. La vida.
Después de que nuestra televisión pública ofreciera la semana pasada un documental o algo así sobre Federico García Lorca que resultó ser una vulneración de la Ley de Memoria Democrática, una tergiversación de la personalidad política del poeta y dramaturgo andaluz, de las causas de su ejecución y hasta una exaltación del golpismo, nos llega desde Nueva York el saludable mensaje de su alcalde citando a Federico y situándolo donde corresponde en la historia de nuestro país y en el lugar que ocupa como uno los poetas más importantes en lengua española. Lo hizo con ocasión de la visita del presidente del Gobierno español, al que le colaron en la televisión pública semejante subproducto documental. Citó Zohran Mamdani unos versos de Lorca, se refirió a su estancia en Nueva York, a la guerra española, a las atrocidades perpetradas por los sublevados, entre ellas el asesinato del poeta y dramaturgo, y a la necesidad de un mundo mejor, tal como era aspiración del autor de La canción del jinete, en pro de la justicia y la equidad. Los versos del poema de Federico que el alcalde de Nueva York recordó pertenecían a este poema: "Córdoba./ Lejana y sola./ Jaca negra, luna grande,/ y aceitunas en mi alforja./ Aunque sepa los caminos/ Yo nunca llegaré a Córdoba./ Por el llano, por el viento,/ jaca negra, luna roja./ La muerte me está mirando/ desde las torres de Córdoba./ ¡Ay que camino tan largo!/ ¡Ay mi jaca valerosa!/ ¡Ay que la muerte me espera/ antes de llegar a Córdoba!/ Córdoba./ Lejana y sola"
El experto sostuvo que las grandes tecnológicas han convertido internet en un sistema de dominación social y política, en el que los usuarios son “tecnosiervos” y sus datos alimentan una nueva modalidad de explotación.
¿Realmente somos libres cuando usamos un celular o una computadora? Para el filósofo, matemático y catedrático español Javier Echeverría, la respuesta es negativa. Su tesis es que las personas están inmersas en una “relación feudal” con las grandes empresas tecnológicas y se han convertido en “tecnosiervos”.
“Somos siervos o vasallos: tecnovasallos, tecnosiervos. En el espacio electrónico no hay libertad: es un sistema de dominación. Y ese espacio es el que manda en este momento, tanto en las grandes decisiones estratégicas como en la guerra”, dijo, en diálogo con la diaria Echeverría, quien estuvo de visita en Montevideo a principios de agosto para participar en una actividad sobre “Perspectivas de CTS en inteligencia artificial” en la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República.
Para el profesor de la Academia Vasca de Ciencias, Artes y Letras, la idea de internet como un espacio abierto y libre ya no describe la realidad. “Internet es una ficción que se sigue utilizando como concepto, al igual que ciberespacio. Lo que existe es un tecnofeudalismo: grandes dominios informáticos y telemáticos en los cuales uno está encerrado y no puede salir. Estamos controlados por los grandes señores de las redes y las nubes”, sostuvo.
Cuando escribió Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno, internet recién comenzaba a desarrollarse. Usted ya advertía sobre la posibilidad de que ese “Tercer Entorno” fuera dominado por grandes poderes económicos y tecnológicos. ¿Qué de aquella predicción considera que se confirmó con el tiempo?
Había la posibilidad de que ese Tercer Entorno, ese nuevo espacio telemático o electrónico, como solía llamarse entonces, fuera conquistado por poderes económicos, militares o financieros.
Siempre he insistido en que la tecnociencia está guiada y dominada por sectores militares, financieros y por grandes empresas económicas, no tanto por los estados. Pero en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, que se realizó en 2003 y 2005, se perdió la batalla.
Por eso he publicado un nuevo libro [¡No hay derecho! Contra las nubes y la dominación tecnofeudal], cuyo segundo capítulo se llama “La conquista de internet”. Se sigue hablando de internet como si fuera una red abierta y libre, donde podemos comunicarnos con cualquier persona y desde cualquier lugar del mundo. Pero eso no es cierto. Eso fue verdadero a finales del siglo pasado, pero desde que internet ha sido privatizada en gran medida, esa idea dejó de corresponderse con la realidad.
Internet es una ficción que se sigue utilizando como concepto, al igual que ciberespacio. Lo que existe es un tecnofeudalismo: grandes dominios informáticos y telemáticos en los cuales uno está encerrado y no puede salir. Estamos controlados por los grandes señores de las redes y las nubes.
Ilustración: María Pedreda/La Voz de Galicia
¿Cómo definiría que es el tecnofeudalismo? ¿Podemos estar hablando de un nuevo orden económico?
No. En el feudalismo, antes que ser un sistema económico, existe una relación de servidumbre entre los siervos y los señores de la tierra. Esa relación genera un sistema económico al que llamamos feudalismo.
A mí no me interesa la perspectiva economicista, sino la perspectiva social y, en concreto, la de dominación. Hay unas personas que son señores –en este caso, señores de las tecnologías, de las redes y de las nubes– que dominan totalmente a la inmensa mayoría de la población, los usuarios de las redes. La relación feudal es una relación de dominación social y también política.
Luego tiene una vertiente económica, eso es cierto. Esos grandes dominios feudales, los señores del aire y de las nubes, son las empresas más ricas del mundo desde hace diez o 15 años. Pero eso es consecuencia de la relación de dominación y no al revés.
¿Cuál cree que ha sido el punto de inflexión para que esté imperando el tecnofeudalismo? ¿Tiene que ver con las redes sociales, los teléfonos inteligentes o la inteligencia artificial?
Hay más de un factor. En primer lugar, en aquellos tiempos se hablaba de la sociedad de la información. En la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información se afirmó que íbamos hacia una sociedad del conocimiento. Quienes participamos en aquellas reuniones nos opusimos por completo a estas propuestas, pero no nos hicieron caso. Se perdió la batalla.
No ha surgido una sociedad del conocimiento. Lo que ha surgido es una economía capitalista de datos. Tanto la información como el conocimiento han sido reducidos a datos.
Hay además una segunda variable muy importante: los sistemas tecnológicos, desde que surgieron las nubes, es decir, los grandes centros de datos, los dispositivos, en lugar de ser autónomos, han pasado a estar subordinados a las nubes. Mi ordenador y este teléfono móvil, en realidad, están manejados desde las nubes.
En este momento, el dispositivo no es realmente mío. Lo tengo con una licencia de uso, y todo el software que utilizo en el teléfono o en el ordenador tampoco es de mi propiedad. Todas las herramientas que utilizamos para trabajar, entretenernos o divertirnos en las redes y en los mundos digitales no son propiedad nuestra. Han sido alquiladas por nosotros a los grandes propietarios.
Esa es la raíz del poder. No somos propietarios de los móviles que usamos. Y no dominamos los celulares ni las herramientas de las redes telemáticas: todo lo que hacemos con estos utensilios genera datos que pasan a ser automáticamente propiedad de los grandes señores del aire.
¿Se puede hablar de una nueva especie de esclavitud con esta relación de dominación?
Hay algunos usuarios que están en una situación psicológica de considerarse esclavos. Por ejemplo, hay gente que utiliza Chat GPT como confesor, amante o confidente y está encantada con que la halague, la engañe o le diga “qué maravilloso eres, sigue contándome cosas”. Cuanto más le preguntamos, más datos le estamos aportando. Chat GPT engulle datos, los devora y genera capital.
Esas personas ya están totalmente dependientes o adictas. Digo Chat GPT, pero puedo utilizar cualquier otro sistema. En China sucede exactamente lo mismo.
En ese caso sí cabe hablar de esclavitud, en el sentido de total o casi total dependencia cotidiana. Pero para la inmensa mayoría de los ciudadanos y usuarios no es esclavitud, sino servidumbre.
Simplemente aceptamos las condiciones que nos ponen. No las miramos cuando pinchamos “acepto” y estamos firmando un contrato absolutamente desmesurado. Y, encima, nos actualizan los sistemas. Al actualizarlos estamos ratificando que estamos de acuerdo con el contrato.
Somos siervos o vasallos: tecnovasallos, tecnosiervos. Esclavos pueden ser consideradas algunas personas, pero, por lo general, se trata claramente de una relación entre señores y siervos.
Son siervos que trabajan sin trabajar. No es un trabajo asalariado: todo lo que hacemos se convierte primero en mercancía y, a continuación, en capital en forma de datos. Es una nueva modalidad de explotación posibilitada por estos sistemas tecnológicos.
Por eso hablo de tecnoplusvalía: el propio uso es lo que genera la plusvalía y no la relación laboral o de trabajo.
¿Realmente el poder tecnológico les ha ganado la batalla a los estados y a la democracia?
Los estados, en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, dejaron que las grandes empresas tecnológicas construyeran todas las infraestructuras de internet en estas condiciones, quedándose con los dispositivos, las herramientas y los datos que aportara la ciudadanía.
No construyeron en el espacio electrónico, en el Tercer Entorno, una sociedad democrática, sino que optaron por que lo hicieran las empresas privadas. De ahí vienen estas consecuencias. Fue una enorme irresponsabilidad de la mayoría de los estados.
Todos los estados occidentales y, en concreto, los latinoamericanos, hicieron caso a las grandes empresas de Estados Unidos. La Unión Europea hizo lo mismo. Entonces, los estados son tan siervos de los señores del aire como los demás. Lo mismo ocurre con cualquier político que tiene una cuenta en X.
Los estados son súbditos de los señores del aire. Pensaron que internet era un medio de comunicación. Algunos dijimos hace 25 o 30 años que no era eso, sino un nuevo espacio social. Ese espacio ha sido conquistado claramente por las grandes empresas informáticas y de datos.
Si los estados son súbditos y los gobernantes también, ¿la democracia está perdiendo la batalla?
Hay democracia en los estados, en los territorios, en las ciudades y en algunos países. Pero donde no hay democracia es en el espacio electrónico, en el Tercer Entorno, en las nubes. Allí no hay ninguna.
Las normas que imponen las grandes empresas, los términos de uso, son contratos que el usuario está obligado a aceptar. Los estados jamás han intervenido en esas normas, porque dicen que son derecho privado. Tampoco han dicho que el acceso a internet es un derecho.
En la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información algunos proponíamos que el acceso a internet fuera declarado un derecho humano fundamental. Ningún Estado lo hizo, salvo China, que requiere un análisis especial.
Se siguió pensando que internet era entretenimiento, un medio de comunicación, y que debía seguir siendo una empresa privada como cualquier periódico. Pero no era un medio de comunicación: era un medio de acción y de dominio a distancia.
El resultado es que ha surgido un poder superior al de los estados. A los estados se les deja gobernar sus territorios, tener policía, educación pública o salud pública en algunos lugares. Pero respecto de los datos y del negocio del capitalismo de datos, prevalecen el libre mercado y la ausencia de regulación.
¿Qué margen tienen países pequeños como Uruguay y la región latinoamericana frente a esta situación?
Lo que pueden hacer son pequeñas estructuras telemáticas comunitarias, protegidas o, por lo menos, favorecidas en redes locales. Por ejemplo, celulares de uso local, de uso comunitario, y generar redes. Me refiero a que, en lugar de conectarme a una gran red telefónica mundial, pueda conectarme a una red local donde se distribuya la señal a nivel local.
Esto en Uruguay es factible. Incluso ha habido tentativas al respecto. ¿Qué ocurre? Que aquel gobierno que tome esta decisión, van a ir a por él.
Ilustración: Ózgür Orhangazi
¿Por qué?
Porque las grandes empresas tienen los datos de sus gobernantes: lo que hacían cuando eran jóvenes, las fotos que se mandaban cuando tenían 14 o 15 años, sus actitudes, sus travesuras.
Todos esos datos, 20 años después, cuando esa persona es un gobernante político, un empresario o un militar, siguen estando en poder de estas empresas. El chantaje es directo.
En este momento es dificilísimo que alguien sea capaz, habiendo sido elegido democráticamente, de modificar, por ejemplo, la ley de patentes. Yo pondría precisamente eso como test y lo sugiero en mi libro: cambiar la ley de patentes. Quien se atreva a hacerlo cae en tres meses del gobierno, independientemente de lo que suceda.
Le sacarán pruebas falsas. Hoy la inteligencia artificial fabrica pruebas falsas sin ningún problema. Fabrica discursos falsos, imágenes falsas. La situación está muy complicada.
En cualquier caso, sí se puede hacer pequeñas redes locales que sean toleradas por los grandes señores de las nubes y los grandes señores del aire.
¿Qué quiere decir con que sean toleradas?
Toleradas como sucedía en la época feudal, al menos en Europa. El dominio feudal era total en todos los territorios, pero en las villas, en los pequeños pueblos y en las aldeas se toleraban fiestas y juegos, salvo cuando llegaba el momento de ir a la guerra o pagar impuestos. Ahí el dominio era inexorable.
El feudalismo medieval era una época de gran alegría y de gran diversión en los míticos carnavales. El tecnopoder quiere que la gente esté contenta y se divierta. Y la gente está encantada con las pantallas y jugando con la inteligencia artificial. Quien más, quien menos, dedica tres o cuatro horas diarias a divertirse con la inteligencia artificial, hacer travesuras con sus amigos o, incluso, resucitar a sus muertos.
Esto último es perfectamente factible hoy en día. No se trata de resucitarlos biológicamente, claro, sino de hacerlo en las pantallas mediante inteligencia artificial. Si yo fuera tan ingenuo como para creerme esto, estaría en las pantallas con mi padre, mi madre y mis seres queridos que ya han muerto. Tendría sus imágenes artificiales.
Entonces sí sería esclavo: pasaría a un régimen de esclavitud con respecto a este gran poder. Este poder afecta también la muerte. Transforma la vida. Yo utilizo el término tecnovida, pero también tiene sentido hablar de tecnomuerte. Es una novedad enorme que los muertos se conviertan en capital. Michael Jackson, por poner un ejemplo, ha generado después de muerto enormes beneficios. Hay determinados muertos que son auténticas minas productoras de grandes negocios.
En este escenario, ¿cree que se puede ser optimista respecto del futuro, o el suyo es un diagnóstico esencialmente pesimista?
Quien quiera estar feliz obedeciendo va a vivir feliz y contento. Hay 6.000 millones de usuarios de las redes sociales; son personas que las utilizan diariamente o, al menos, con frecuencia, y están contentas. Han aceptado las condiciones y se actualizan, con lo cual, simplemente, no tienen libertad dentro de las redes y las nubes. La libertad sigue existiendo en los pueblos, las ciudades y los barrios. Pero en el espacio electrónico no hay libertad: es un sistema de dominación. Y ese espacio es el que manda en este momento, tanto en las grandes decisiones estratégicas como en la guerra. Estamos ante una transformación en la que optimista puede ser quien quiera ser siervo y vivir feliz y contento. Quedamos unos cuantos que no estamos dispuestos a vivir como siervos y lo decimos. Por eso decimos que no hay derecho.
Ilustración: Notebooklm
Si dentro de 20 años miramos hacia atrás, ¿cree que recordaremos este momento como aquel en que la humanidad perdió el control sobre la tecnología?
No. El pasado ya está siendo transformado hoy. Lo hace Netflix, por ejemplo. El pasado de Uruguay estará siendo reconstruido por las grandes empresas tecnológicas de inteligencia artificial y surgirán grandes ficciones.
Dentro de 20 años, el pasado de Uruguay no tendrá nada que ver con lo que hemos vivido, será de ficción, va a existir un tecnopasado. Aquello de que el pasado no se puede cambiar es falso. El pasado se cambia hoy tecnológicamente. Y ahí sí creo que los estados, por lo menos, tendrán algo que decir.
Podría crearse otra historia y, si esa historia se enseña en las escuelas y aparece en las pantallas, la gente podría creerla. A esto lo llamo “tecnocolonialismo mental”. A través de las pantallas, de la inteligencia artificial y de las redes telemáticas se está conquistando la mente, en concreto, la de los niños y las niñas.
Yo defiendo la libertad de las personas. Si uno quiere ser siervo, que lo sea, pero que lo sea con conocimiento de causa. Lo que no puede suceder es que una persona no se haya enterado de las condiciones que firma cada vez que usa un celular o una inteligencia artificial. Hay unos términos de uso. Que los lean. Si lo hacen, entenderán perfectamente mi posición.
* Lucía Barrios: Periodista en la Agencia Sputnik y editora de la sección Futuro de la Diaria. Licenciada en Comunicación. Escritora. Ganadora del primer premio de periodismo del concurso Julio Castro, realizado en 2023. Montevideo, Uruguay
Portada: Gustavo Amaral/Agência O Globo . Ilustraciones: Conversación sobre la historia.
Dice quien escribe la siguiente crónica que la ilustra con una foto de Maricarmen Abascal, anciana con discapacidad del 50 por ciento desahuciada ayer en Madrid, por no disponer de imágenes de los dos empresarios de la inmobiliaria que tan humanitariamente operó para ello. Ayer Pepa Bueno, en el el telediario de media noche, pretendió inútilmente contactar con esos señores, pero declinaron la invitación para explicar lo que ayer indignó a buena parte de la población española. ¿Qué reparo pueden tener en defender su postura empresarial? ¿Acaso les da vergüenza? Nunca logrará el periodismo más avezado e independiente escuchar las razones de quienes actúan así. Seguiremos desconociendo sus voces y sus rostros, conformándonos con decir que una sociedad así es una sociedad enferma. Yo diría que muy enferma. Hasta en la ley de la selva se respeta prioritariamente a los ancianos. Se echa de menos, una vez más, como en el caso de las residencias madrileñas, la voz fraterna de la iglesia católica. Por cierto, el presidente del Gobierno, que ayer se refirió al caso como tragedia social, debería al menos haber respondido a la carta que le escribió Maricarmen Abascal antes de que la echaran de la casa en la que vivió más de setenta años. Lazarillo
Iñaki Errazkin
Maricarmen Abascal tiene 87 años y acaba de ser desalojada de la vivienda en la que vivía desde 1956. Detrás de la sociedad que reclamaba el piso aparecen dos nombres: Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes. Lo que van a leer a continuación es la secuencia documentada de una historia que comenzó hace setenta años.
En 1956, cuando Maricarmen Abascal tenía 17 años, su padre firmó el contrato de alquiler de la vivienda situada en el número 46 de la calle Alcalde Sáinz de Baranda, en el distrito madrileño del Retiro.
Era un contrato de los que hoy se conocen como de renta antigua. El titular era su padre porque la legislación de la época no permitía que una mujer casada figurase en esas condiciones como titular del arrendamiento.
Cuando él murió, el contrato se subrogó a su esposa, la madre de Maricarmen. Y cuando esta falleció, en 2005, se produjo una segunda subrogación a favor de su hija.
Maricarmen siguió viviendo en el mismo piso y durante años no ocurrió nada extraordinario. Pagaba su alquiler y permanecía en la casa en la que habían vivido sus padres y en la que había transcurrido prácticamente toda su vida adulta.
Hasta que el edificio cambió de manos.
2018: entra Renta Corporación
En 2018, la familia que había sido propietaria del edificio durante décadas vendió la finca a Renta Corporación Real Estate, uno de los grandes grupos inmobiliarios españoles.
Para Maricarmen, el cambio de propietario no supuso inicialmente una alteración de su situación como inquilina.
Dos años después, en 2020, Renta Corporación se puso en contacto con ella para ofrecerle la posibilidad de comprar su vivienda.
El precio que figura en las informaciones publicadas fue de 247.000 euros. Otras informaciones han situado la oferta alrededor de los 250.000 o incluso 300.000 euros.
Maricarmen no tenía ese dinero y tuvo que rechazar la oferta.
Y al día siguiente, según las informaciones publicadas, la vivienda fue adquirida por otra sociedad: Urbagestión Desarrollo e Inversión, S.L.
Urbagestión tiene nombres y apellidos
Urbagestión no es una persona. Es una sociedad mercantil constituida en 2005, dedicada a actividades relacionadas con la inversión y el negocio inmobiliario.
Pero las sociedades tienen personas detrás.
En el caso de Urbagestión, las informaciones publicadas identifican a Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes como sus administradores y señalan que ambos están vinculados a más de una docena de empresas de los sectores inmobiliario y agroalimentario.
La sociedad figura actualmente con domicilio en la calle Zurbano 76, 5.º, Madrid, y con el CIF B84450055. Los registros empresariales consultados confirman la vigencia de la sociedad y la presencia de Fernando Alonso Fuentes como administrador solidario.
La identificación de ambos administradores aparece asimismo en las informaciones periodísticas sobre el caso.
Es importante distinguir una cosa de otra: que Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes figuren como administradores de Urbagestión no significa necesariamente que sean, a título personal, los propietarios del piso.
Son las personas que aparecen públicamente al frente de la sociedad que esta mañana ha dejado en la calle a una anciana de 87 años.
Y con la llegada de Urbagestión comenzó el litigio.
Urbagestión comunicó a Maricarmen que consideraba extinguido el contrato que había heredado de su madre.
La razón estaba en la segunda subrogación.
La interpretación defendida por la propiedad era que la segunda subrogación, producida tras el fallecimiento de la madre en 2005, no podía prolongarse indefinidamente.
Según el criterio que finalmente respaldó el Tribunal Supremo, esta segunda subrogación tenía una duración limitada, salvo que concurrieran determinadas circunstancias.
Entre esas circunstancias se encontraba un grado de discapacidad superior al 65 %, pero Maricarmen tiene reconocida una discapacidad del 50 % y la disputa acabó en los tribunales.
De 440 euros a 2.650
Mientras se desarrollaba el conflicto, también cambió la cuestión económica.
Maricarmen pagaba inicialmente unos 440 euros mensuales. En 2026 la cantidad que venía abonando se situaba en torno a los 500 euros. Urbagestión le planteó abandonar la vivienda o aceptar un nuevo alquiler.
La primera cifra que trascendió fue de 2.650 euros mensuales. Posteriormente, la empresa llegó a plantear una cantidad de 1.650 euros, que seguía siendo superior a los ingresos de Maricarmen.
La diferencia entre ambas cantidades resume buena parte del conflicto económico: 500 euros frente a 2.650 euros.
Primera victoria de Maricarmen y recurso de la propiedad
El litigio pasó por distintas instancias.
En primera instancia, la justicia dio la razón a Maricarmen. La propiedad recurrió y el procedimiento continuó hasta llegar al Tribunal Supremo.
En marzo de este año, el Supremo falló a favor de la posición de la propiedad respecto a la vigencia de la segunda subrogación.
A partir de entonces, el conflicto dejó de ser solamente jurídico. Había que ejecutar el lanzamiento.
Septiembre de 2026
El desahucio fue aplazado en varias ocasiones.
Mientras tanto, el caso fue adquiriendo una creciente repercusión pública. Vecinos, organizaciones sociales y el Sindicato de Inquilinas de Madrid se movilizaron para intentar evitar que Maricarmen abandonara la casa en la que llevaba viviendo desde los 17 años.
En los días previos al cuarto intento de lanzamiento, cientos de personas se concentraron ante el portal de Alcalde Sáinz de Baranda, 46.
Una escritora que decidió mantener su identidad en el anonimato llegó incluso a ofrecerse a pagar la diferencia entre los 500 euros que abonaba Maricarmen y los 2.650 euros reclamados por Urbagestión, pero la oferta no consiguió detener el procedimiento.
En la mañana de hoy, 23 de septiembre, la Policía Nacional acordonó los alrededores del edificio y levantó la acampada instalada durante la noche frente al portal.
La comisión judicial tenía previsto ejecutar el lanzamiento y, finalmente, Maricarmen Abascal ha sido desalojada.
De un contrato firmado por su padre a una sociedad administrada por dos personas
Han pasado setenta años desde aquel contrato de 1956.
Durante ese tiempo, Maricarmen vivió en el mismo piso mientras el edificio cambiaba de propietario.
La secuencia empresarial fue esta:
Familia propietaria → Renta Corporación Real Estate (2018) → Urbagestión Desarrollo e Inversión, S.L. (2020).
Pero una sociedad no actúa por sí sola.
En el caso de Urbagestión aparecen Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes, identificados públicamente como administradores de la empresa y vinculados, según las informaciones publicadas, a otras sociedades inmobiliarias y agroalimentarias.
Eso no convierte a ninguno de ellos, por sí solo, en propietario personal de la vivienda, pero sí permite poner nombres y apellidos a las personas que figuran al frente de la sociedad que litigó con Maricarmen durante años.
Y esta es la parte de la historia que se pierde cuando todo queda reducido a nombres societarios.
Maricarmen Abascal ha sido desalojada de una casa en la que vivía desde 1956. La empresa que reclamaba la vivienda se llama Urbagestión Desarrollo e Inversión, S.L. Y detrás de esa sociedad aparecen dos nombres: Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes.
Ilustro la crónica con la foto de Maricarmen por no disponer de imágenes de los dos empresarios.
Por tercera vez lo ha vuelto a pedir este año al Ayuntamiento de Palma la asociación Memòria de Mallorca con una campaña de firmas, coincidiendo con el nonagésimo aniversario del brutal asesinato por parte de un grupo de falangistas de la militante socialista y feminista Pilar Sánchez Llabrés, de la que se tienen muy pocos datos biográficos, incluso en la Fundación Pablo Iglesias (tres líneas), habiendo sido como fue militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
La asociación memorialista mallorquina pretende que sea declarada Hija Ilustre de aquella ciudad esta defensora de los derechos humanos y de la clase trabajadora, nacida en Palma en 1903 y vendedora en el mercado de la Plaza Mayor, que fue asesinada y enterrada en la localidad de Sencelles el 18 de septiembre de 1936 después de una actividad política y social muy destacada durante los años de la Segunda República.
De entre esos pocos datos biográficos se sabe que el 8 de marzo de 1936, con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, intervino como oradora -según consta en la prensa de la época- en un mitin celebrado en la Casa del Pueblo de Palma junto a Aurora Picornell y Antònia Pascual, dos dirigentes comunistas mallorquinas igualmente asesinadas por los sublevados.
Una vez iniciada la guerra en julio de 1936, Pilar se tuvo que esconder de quienes la propiciaron con su sublevación. Para encontrarla, los golpistas detuvieron a sus hijos y a su marido, el socialista Miquel Borel, zapatero de oficio, que fue torturado y encarcelado en el castillo de Bellver. Detenida por un pelotón de falangistas en septiembre de 1936, fue llevada en un vehículo, violada por cada uno de los cuatro individuos, amarrada por los pies a la parte trasera del coche, arrastrada por un camino y, finalmente, asesinada con cinco disparos de pistola en la garriga de Son Palou.
Hubo al parecer dos testigos. La reconstrucción de lo que hubo de sufrir Pilar antes de su muerte procede fundamentalmente de la causa judicial 901/1936 -el expediente judicial que documentó su asesinato- y del testimonio de ambos testigos. En el Diccionari Vermell del escritor y periodista Llorenç Capellá i Fornés, donde se da cuenta de la represión franquista en Mallorca, leemos esta reconstrucción de los hechos:
“A las tres y media de la madrugada, un hombre que velaba en el cementerio de Sencelles a un familiar suyo fallecido oyó gemidos e insultos de una mujer. Asustado, apagó la luz y, procurando no hacer ruido, fue acercándose al lugar del que procedían las voces. Lo oyó todo. Al amparo de la pared, era un protagonista pasivo e invisible de lo que estaba sucediendo. Buscó a tientas y encontró una grieta por la que mirar. De repente, la sangre se le heló en las venas. Vivía en La Soledat [barrio de Palma] y reconoció a Pilar, que también vivía allí. Y reconoció a los cuatro hombres que la martirizaban, que también vivían allí. Todo el escándalo quedaba entre vecinos. Los hombres violaron a Pilar y, cuando estaba tendida en el suelo, exhausta, descargaron los cargadores de sus pistolas sobre ella. Muerta, la arrastraron por los pies hasta las puertas del cementerio”.
Todo el episodio y su desenlace formó parte de un aparato represivo conformado por diversos agentes del régimen naciente: funcionarios, jueces, médicos, falange, juristas corruptos, delatores, todos implicados en el crimen. Después de la escalofriante muerte de Pilar, los franquistas soltaron a sus hijos, pero su esposo fue encerrado en la cárcel de Can Mir de Palma y pasó por diferentes campos de concentración mallorquines hasta su liberación.
El reconocimiento institucional en memoria de Pilar Sánchez Llabrés no debería hacerse esperar más porque ha sido demasiado largo el tiempo del olvido. Es de significar que por dos veces ha tenido el Ayuntamiento de Palma alcalde socialista (José Francisco Hila Vargas): entre 2015 y 2017 y entre 2019 y 2023. Las dos anteriores solicitudes para declarar a Pilar Sánchez Llabrés hija ilustre de Palma se hicieron también muy tarde, en 2024 y 2025*.
Según la asociación memorialista mallorquina citada, "el reconocimiento de Pilar Sánchez Llabrés como Hija Ilustre no pretende únicamente homenajear a una víctima de la represión franquista. Significa también reconocer la trayectoria de una mujer palmesana comprometida con la democracia, la igualdad, los derechos de las mujeres y los derechos de la clase trabajadora, e incorporar esta trayectoria al patrimonio cívico y democrático de la ciudad".
A pesar de las excavaciones realizadas en el cementerio de Sencelles en 2018 y 2020, no han podido encontrarse los restos mortales de esta olvidada víctima de la vesania represora, cuyo atroz final quedó grabado para siempre en la memoria de su familia durante tantos años de silencio durante la dictadura y tantos años de olvido desde la llamada transición democrática.
*Por cierto, el actual alcalde de Palma, del Partido Popular, comparte el segundo apellido -frecuente en la isla- con Pilar Sánchez Llabrés: se llama Jaime Martínez Llabrés. Vox cuenta actualmente con cuatro concejales en el consistorio, todos en contra de la Memoria Democrática, según defiende su partido.