No es constitucional que las Fuerzas Armadas estén vinculadas a la iglesia católica. No es que sea anacrónico, incomprensible y dañino para una democracia avanzada como la nuestra, sino que sencillamente es, a la vez, inaceptable jurídica y políticamente. Además, atenta con fruición contra el respeto a la memoria democrática de este país: Que no puede tolerar prácticamente el mismo tipo de relaciones entre Estado e Iglesia que prosperó sin más en el régimen franquista.
El arzobispo de Iruñea, durante cuatro años padre espiritual del Ejército español embarcado en las guerras de Irak y Afganistán, estrechando la mano a «marines» en la base kirguís de Manas
Artículo 16.3 de la Constitución Española: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones». Es decir, sí, el estado tendrá en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española, pero concretamente los servicios sanitarios, el ejército, la judicatura, la policía, el sistema educativo, todas las instituciones del estado, etc., son aconfesionales porque “ninguna confesión tendrá carácter estatal”.
Por ello, es evidente que se está conculcando la neutralidad confesional del estado español cuando vemos en vigor antiguallas (directamente inspiradas en las vigentes durante el régimen de Franco: Convenio entre la Santa Sede y el Estado Español sobre jurisdicción castrense y asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas, firmado el 5 de agosto de 1950) como esta de hace 50 años (firmada a toda velocidad, un mes después, de la CE de dic. de 1978): Instrumento de Ratificación del Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas y el Servicio Militar de clérigos y religiosos, firmado en Ciudad del Vaticano el 3 de enero de 1979
La mezcla entre Fuerzas Armadas e Iglesia Católica es de tal envergadura en España que, en sí mismo, este hecho constituye una significativa laceración, de atrevida impunidad, de lo que debería ser una democracia avanzada. Supone también, ética y políticamente hablando, un duro recuerdo y prorrogación, de provocadora nostalgia, de lo que fue el “nacionalcatolicismo” en la dictadura del general Franco.
La presencia del Arzobispado Castrense de España en las FAS está apoyada, lamentablemente, por ejemplo en el Real Decreto1145/1990: norma que crea el Servicio de Asistencia Religiosa en las Fuerzas Armadas (SARFAS) y define que la asistencia a los católicos la ejerce el Arzobispado Castrense y adscribe este servicio a la Subsecretaría de Defensa. Los capellanes castrenses suelen ser o comandantes o capitanes y el arzobispo general castrense ostenta un rango que se equipara a la de un oficial general con el empleo de General de División.
Todo esto no es que sea anacrónico, incomprensible y dañino para una democracia avanzada como la nuestra, sino que sencillamente es, a la vez, inaceptable jurídica y políticamente. Además, atenta con fruición contra el respeto a la memoria democrática de este país: Que no puede tolerar prácticamente el mismo tipo de relaciones entre Estado e Iglesia que prosperó sin más en el régimen franquista.
Desde Europa Laica se ha lanzado un Manifiesto, «Hacia un Estado Laico», por la derogación de los Acuerdos con la Santa Sede que hasta el momento más de 40 organizaciones y 100 personalidades respaldan para la derogación de los acuerdos con la Santa Sede.
Desde Cuba, hombres y mujeres realizan críticas, ponen sobre la mesa los errores y llaman a realizar trasformaciones que supongan fortalecer y mejorar el proceso revolucionario. Baste leer las entrevistas y crónicas del enviado especial deLa Jornada, Luis Hernández Navarro. En este sentido, el cantautor Silvio Rodríguez ha dejado constancia de cómo se defiende la soberanía desde las trincheras de la dignidad, sin renunciar a la crítica: “El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba”.
Marcos Roitman Rosenmann
Según el diccionario Espasa de dichos y frases hechas de Alberto Buitrago,“cuando no existía el cemento, los ladrillos o piedras se fijaban con mortero, un compuesto de cal –el material caro y noble– y otra de arena, más abundante”. La expresión se trasladó a la vida cotidiana aludiendo a una buena noticia acompañada de otra de signo contrario. Llevada al terreno de las ideas, ha sido una manera elegante de posicionarse contra una alternativa, reconociendo, a la vez, algún logro. Una forma espuria de construir argumentarios para salvar el honor personal en nombre de la objetividad. Un sí, pero no.
Si nos referimos a Cuba, la expresión “una de cal y otra de arena” se traduce en mucha arena y nada de cal. Para sus detractores, la revolución logró avances en derechos, políticas de igualdad, justicia social, sanidad, educación, vivienda, y trabajo. Sin embargo, se han esfumado. No hay medicamentos, el hambre asedia, el transporte es una pesadilla, las universidades se han deteriorado, el turismo se desploma, los cortes de luz son continuos y el pueblo es reprimido.
La moraleja: llegó la hora de un cambio de régimen, de una transición. Fue bonito mientras duró, hoy es una pesadilla. Así se construye una mezcla entre la mentira y la desinformación. Quienes practican esta retórica, en sentido despectivo, son personajes dizque socialdemócratas, progresistas o de izquierdas. De la derecha ni hablar. De México a Chile, se reproducen columnas de opinión de quienes hacen la vista gorda cuando sus gobiernos reprimen a los pueblos originarios, sean mayas o mapuches.
Desde hace medio siglo, retumban los mismos tópicos para descalificar la revolución cubana. Afirmaciones que enmudecen y no tienen respuesta, y no por su contundencia argumentativa, sino por ignorancia histórica. “En Cuba no hay elecciones”, “se persigue a los católicos”, “no pueden abandonar la isla”. En esta ristra de tópicos participan académicos, artistas, periodistas, reporteros, influencers o comunicólogos.
Sin ir más lejos, mientras redacto recibo un correo de Cubainformación. Su redactor José Manzaneda nos ejemplifica cómo los periodistas Patricia Simón y Álex Zapico se han posicionado a favor del pueblo gazatí, reconociendo la responsabilidad de Israel y Estados Unidos en el genocidio. Pero cuando se trata de un reportaje sobre Cuba, los periodistas no utilizan el mismo baremo. En este sentido desaparecen los condicionantes, el bloqueo económico, las sanciones a terceros y el proceso desestabilizador. En Cuba, la crisis humanitaria es responsabilidad exclusiva del gobierno comunista. Así, Patricia Simón explica las causas del desabastecimiento, la falta de medicamentos o los apagones eléctricos. No hay análisis. “La Cuba que no quiere ni a Trump ni al régimen”, reza su encabezado. Poca cal y mucha arena. Para corroborar su titular, hace uso de entrevistas anónimas, donde se trasluce una sola idea, acabar con el régimen castrista de hambre y miseria. En Infolibre, Patricia Simón editorializa “El pueblo cubano, víctima de Estados Unidos y del régimen castrista”, para a continuación destacar la respuesta de uno de sus entrevistados: “Como si vienen los extraterrestres, pero que esto cambie ya”.
Otro ejemplo: en El País de fecha 8 de abril, edición digital, Carlos Maldonado, su redactor en México, toma como excusa para despotricar contra el gobierno cubano un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA). Se trata de un análisis sobre las misiones de médicos cubanos en el continente. El redactor, antes de dar paso a citas textuales, introduce: “Lo que surgió en la década de los pasados años 60 como una iniciativa de cooperación se ha convertido con el tiempo –y el deterioro económico en Cuba– en una importante fuente de ingresos para el régimen de La Habana”. A continuación entresaca frases y palabras subrayando el sufrimiento de los médicos cubanos en sus misiones. Padecen “esclavitud moderna”, soportan “extensas jornadas laborales” y en Cuba, sus familias sufren “represalias” o son parte de la “trata de personas” orquestada por el régimen.
Me pregunto: ¿viviendo en México, el redactor contrastó el informe con la misión de médicos cubanos? ¿Indagó sobre sus contratos, dónde ejercen? ¿O directamente dio por bueno el informe? Poca cal y mucha arena. Ideología y manipulación. No le interesaba ver cómo sus argumentos se desmoronan. Los médicos cubanos están en pueblos donde sus habitantes no han visto uno en tiempo. Tampoco el sentido ético, bajo el juramento hipocrático, realizado por quienes han estudiado medicina sin coste para ellos ni sus familias. Sin embargo, el artículo se publica en medio de la campaña lanzada por Estados Unidos para que los países rompan sus programas de colaboración con el gobierno cubano y sus médicos. Tampoco destaca cómo la OEA, responsable del informe, insta a sus miembros a romper relaciones diplomáticas con la isla.
Desde Cuba, hombres y mujeres realizan críticas, ponen sobre la mesa los errores y llaman a realizar trasformaciones que supongan fortalecer y mejorar el proceso revolucionario. Baste leer las entrevistas y crónicas del enviado especial de La Jornada, Luis Hernández Navarro. En este sentido, el cantautor Silvio Rodríguez ha dejado constancia de cómo se defiende la soberanía desde las trincheras de la dignidad, sin renunciar a la crítica: “El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba”.
El profesor e historiador Ángel Viñas firma con el hijo y sobrino de cuatro represaliados del franquismo un libro atípico en la obra del historiador, pero de indudable interés como testimonio de la represión franquista. El titular se refiere al fusilamiento en 1939 del último jefe del Ejército del Aire republicano: “Lo he hecho por amor a la verdad y a España, a la mejor España", ha dicho Viñas, después de que Juan José Aparicio Cascón, de 95 años, le enviara las memorias de la familia. El historiador se animó a firmar mano a mano con Aparicio Cascón El doloroso camino de una familia de Ciudad Rodrigo. República, guerra, dictadura (ed. Universidad de Salamanca), es decir, a fundir en un volumen de 202 páginas la Historia con mayúsculas y la historia personal de “una familia machacada”, porque la primera vez que supo de las circunstancias de la muerte del coronel Cascón se le saltaron las lágrimas.
Natalia Junquera/ El País
El 3 de agosto de 1939, el coronel Manuel Cascón, de 44 años, escribe su última carta: “Queridísima madre, hermanas y sobrinos: Ha llegado la hora fatal para ustedes, pues para mí es la redención de tantas miserias. No hay necesidad de que a su ánimo pretenda convencer que no he sido ni un asesino, ni un ladrón, ni un inductor. No he sido más que un buen militar, que por esto me quedé aquí, habiéndome podido marchar, y por ello les pido perdón, pues es el último disgusto que les doy. Dios sabe perfectamente lo que he sido y lo que soy, limpio de toda bajeza y con un amor a los míos tan grande que es imposible manifestárselo…”.
Dos días después, a las 20 horas, el médico asignado reconoce el cadáver, que presenta “heridas de pequeño proyectil en cabeza y tórax”. El coronel, último responsable de la aviación militar republicana, viste uniforme de gala. Deseó estrenarlo ese día. También se negó a que le vendaran los ojos porque quería mirar de frente a los militares sublevados que lo habían obligado a limpiar letrinas, a los traidores que le habían detenido y condenado a muerte por el delito que solo ellos habían cometido, “rebelión”. Previamente, intuyendo la inminencia del final, Cascón se había hecho tomar una fotografía para los suyos, la misma que, casi nueve décadas después, corona la mesa del salón de su sobrino.
Jurista retirado, Juan José Aparicio Cascón, de 95 años, envió al historiador Ángel Viñas las memorias de su familia con la ilusión de que pudieran formar parte de un libro. Se está quedando ciego, así que en lugar de escribir, grabó decenas de audios en los que daba cuenta de toda la información que había recopilado sobre sus parientes represaliados. Viñas explica que entonces estaba rematando otras tres investigaciones, y en su prolífica obra no había “ningún libro parecido”. Empezó en los setenta, indagando en las relaciones económicas entre Alemania y España durante la Guerra Civil, es decir, en la ayuda de Hitler a Franco; los verdaderos motivos de la contienda, el oro de Moscú y los papeles de Negrín; el pacto con EE UU; los sobornos británicos… Si con 85 años se animó a firmar mano a mano con Aparicio Cascón El doloroso camino de una familia de Ciudad Rodrigo. República, guerra, dictadura, editado por la Universidad de Salamanca, es decir, a fundir en un volumen de 202 páginas la Historia con mayúsculas y la historia personal de “una familia machacada”, fue porque la primera vez que supo de las circunstancias de la muerte del coronel Cascón se le saltaron las lágrimas. Y no es una forma de hablar, porque, al explicarlo, vuelve a emocionarse: “Pudo huir con sus compañeros y no lo hizo porque había jurado ser leal a la República. Me impresionó que se vistiera con el uniforme de gala para colocarse frente al pelotón de fusilamiento. No todo el mundo muere así. Decidí hacer este libro por amor a la verdad, por amor a la historia, y aunque suene ridículo, por amor a España, a la mejor España. Para que este país sepa quiénes fueron los mejores españoles”.
En su casa de Madrid, Cascón Aparicio abre un maletín donde guarda el tesoro triste de su familia: cartas de despedida, fotografías de los asesinados, consejos de guerra. El coronel no es la única víctima. “A mi padre, Eduardo Aparicio Fernández, fueron a buscarlo el 15 de diciembre de 1936. Acababa de llegar del banco y estábamos comiendo. Aparecieron dos personas que se identificaron como policías y le dijeron: ‘Tiene que acompañarnos para hacer unas declaraciones en el Ayuntamiento’. Fue la última vez que lo vimos. Yo tenía seis años y mi hermana Lely, nueve”.
Juan José Aparicio Cascón muestra la carta de despedida de su tío Manuel Cascón, fusilado en 1939.Carlos Rosillo
Eduardo Aparicio no pertenecía a ningún partido político y dirigía una oficina bancaria en Ciudad Rodrigo (Salamanca). Cuando se lo llevaron detenido, ya habían fusilado “al primo Manolo”, es decir, a Manuel Martín Cascón, alcalde de la localidad, quien antes de ser ejecutado también escribió emocionantes cartas de despedida. “Querido primo Eduardo: se celebró el Consejo de Guerra y ya sabes el fatal resultado. No os apartáis un momento de mi imaginación, mi pobrecita madre, ¡mis hijos! ¿Qué será de ellos? Todos, todos me atormentáis con vuestro recuerdo…“; “Queridísimo hermano Avelino: Ocultad a mi madre el sacrificio de mi vida hasta sus últimos momentos; sé que le costará la vida y solamente su recuerdo me ahoga y destroza el corazón. ¿Por qué habrá hombres tan malos? El notario Martín López tiene instrucciones que con más calma redacté. No obstante, en estos momentos, conservo el ánimo tan sereno como mi conciencia limpia…“.
Manuel Martín Gascón fue fusilado el 30 de agosto de 1936, tras un consejo de guerra que condenó a muerte a todos los miembros de la corporación municipal, salvo a dos que también fueron asesinados en el traslado de Salamanca a Burgos. A Eduardo Aparicio y Avelino Martín Gascón los asesinaron el 16 de diciembre. El notario al que el alcalde se refería en su carta era José Martín López, padre de la escritora Carmen Martín Gaite.
Juan José Aparicio Cascón muestra al historiador Ángel Viñas las fotografías de sus familiares represaliados por el franquismo. Carlos Rosillo
Los sublevados tomaron Ciudad Rodrigo el 20 de julio de 1936. A los registros, multas y detenciones se sucedieron las ejecuciones extrajudiciales y por consejo de guerra. “A mi padre y a los seis que detuvieron con él”, relata Aparicio Cascón, “los llevaron a la prisión de partido, que hoy es una residencia de ancianos. Estuvieron allí hasta aproximadamente las dos de la madrugada, cuando los trasladaron a una finca llamada La Rábida para matarlos. Los asesinos los dejaron allí hasta que a la mañana siguiente pasó un pastor y le obligaron a enterrarlos en una fosa común. La familia de mi padre se había unido al autodenominado alzamiento con bastante entusiasmo. Creo que la mayor tragedia de los hermanos y amigos de mi padre fue constatar la crueldad de la represión viviéndola en su propia familia. Al enterarse de dónde estaba enterrado, consiguieron una autorización verbal para exhumar el cadáver y llevarlo al cementerio de Béjar. Salieron en el camión de un transportista cargado de muebles y les acompañó un carrero de la fábrica de mis tíos. Fue él quien sacó el cadáver de la fosa. Me contó que era el segundo, que estaban enterrados todos juntos, con varios impactos de bala en el pecho y el tiro de gracia en la cabeza. El hijo del transportista me explicó que su padre lo pasó muy mal, ya que tuvo que limpiar el cadáver para poder ver la cara y reconocerlo. Enfermó a consecuencia del impacto que le produjo”.
La familia “bien conectada” se movió y llegó, indirectamente, relata Viñas, hasta el “arrogante jefe de la autodenominada España nacional, el Generalísimo Francisco Franco”, cuyo telegrama encabeza el expediente de pseudoinvestigación que se inició el 2 de enero de 1937 para que un juez militar instruyera “diligencias previas de averiguación de las causas de la desaparición de Eduardo Aparicio”. En el colmo del cinismo, las fuerzas que lo habían pasado por las armas, sin juicio ni sentencia, investigaban su desaparición cuando ya la propia familia había recibido autorización verbal para exhumar el cadáver. Se tomó declaración al capitán de carabineros, quien lo mandó detener, dijo, “por referencias de ser contrario al glorioso Movimiento Nacional”, y al director de la cárcel, que aseguró que había sido puesto en libertad y desde entonces no habían tenido más noticia suya. El expediente se cerró sin señalar culpable alguno. Después de todo, las ejecuciones extrajudiciales eran entonces, explica Viñas, un “método habitual”.
Los juicios tampoco implicaban, ni mucho menos, mayores garantías. El historiador recuerda cómo se le revolvieron “las tripas” al leer el manual que había escrito el general Felipe Acedo Colunga, fiscal jefe del Ejército de Ocupación, para retorcer el derecho y construir una “justicia de exterminio”. Acedo Colunga se inspiró en la Inquisición y asumió las tesis del derecho nazi para condenar a muerte a miles de personas “no por lo que habían hecho, sino por lo que eran y pensaban”. En el documento de instrucciones jurídicas para el nuevo Régimen habla expresamente de la necesidad de realizar una “depuración despojada de todo sentimiento de piedad” para “eliminar a todos los que no estén identificados espiritual y materialmente con el Movimiento”.
Hace poco leímos que el vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance, publicará su segundo libro este próximo junio, centrado en su conversión tardía al catolicismo. Nacido en una familia protestante evangélica, Vance nunca encontró en la religión un pilar fundamental de su vida, vida que en 2025, tras la elección de Donald Trump, pasó a ser la del primer vicepresidente republicano de confesión católica en la historia de Estados Unidos. Su conversión al catolicismo tuvo lugar en 2019, a los 34 años de edad, algo que, según el político, representó para él dar un nuevo propósito a su vida. Ahora, con la publicación de su nuevo libro, titulado Comunión: encontrando mi camino de regreso a la fe, el vicepresidente estadounidense relata cómo pasó por el ateísmo hasta terminar siendo la última visita oficial recibida por el anterior Papa Francisco, un día antes de su muerte. Sin embargo, como es sabido, las relaciones entre El Vaticano y el gobierno del país natal del actual pontífice no son actualmente las que cabría esperar con un vicepresidente católico. León XIV fue muy rotundo al calificar hace días de inaceptables e inadmisibles las palabras de Donald Trump respecto a la posibilidad de destrucción de Irán si el gobierno de este país no aceptaba, como ocurrió ayer en Islamabad, las condiciones impuestas por Estados Unidos para llegar a la paz. Ayer mismo circularon rumores y/o noticias con relación al empeoramiento de esas relaciones a raíz del anuncio del Papa de no visitar su país en 2026 para conmemorar los 250 años de su fundación. En su lugar, visitará a los refugiados de Lampedusa, como corresponde a un representante de Cristo. Se está llegando a hablar, a cuenta de ese empeoramiento en las relaciones, de la posibilidad de que León XIX excomulgara a Vance y le aguara la presentación de su nuevo libro. Puede que en El Vaticano se lo estén pensando si, como parece, a partir del fracaso de Islamabad el anunciado "infierno" del que habló Trump se desata sobre la población iraní. Que un vicepresidente católico pueda colaborar activamente con Netanyahu en un nuevo genocidio en Irán debería merecer por lo menos una respuesta de ese tenor por parte del Santo Padre que vive en Roma.
El diario libanes independiente, fundado en 1924, dedica hoy su portada a las imágenes de algunas de las víctimas del brutal ataque perpetrado por el gobierno de Netanyahu en el país el pasado miércoles, Día de la barbarie, según el titular a toda página del periódico. Se da la circunstancia de que esos cien ataques israelíes, llevados a cabo en tan sólo diez minutos, ocurrieron el primer día del alto el fuego acordado entre Irán y Estados Unidos. No se puede cometer tal masacre con más aviesa intención y crueldad. Pero desde Gaza sabemos muy bien de lo que es capaz ese régimen genocida. Los ataques se perpetraron contra los suburbios de la capital, Beirut, en el sur de Líbano y en el valle de Bekaa Se da la circunstancia de que no hubo aviso previo para bombardear los barrios densamente poblados de Beirut. El balance provisional de víctimas mortales supera los tres centenares, con al menos más de un millar de heridos. Aparte de las fotos de los asesinados, el periódico libanés consigna los nombres y profesión de cada uno de ellos, entre los que se encuentra la periodista y poeta Katun Kchreit y su marido. "El sur de ha ido. La casa se ha ido. Los olivares se han ido. La vida se ha ido", escribió Maha Salma, hermana de la asesinada. No nos olvidemos de leer lo que está pasando en Oriente Medio a través de las informaciones que se publican en los diarios de los países agredidos por los invasores, algo que debería formar parte del cometido del periodismo internacional.
https://maitron.fr/suria-santiago-dit-surieta-dictionnaire-des-anarchistes/, entrada SURIA Santiago [dit SURIETA] [Diccionario de anarquistas] de Rolf Dupuy, versión publicada en línea el 15 de abril de 2014, última modificación el 15 de abril de 2014.
El 10 de abril de 1962 es asesinado en Argel, Argelia. Santiago Suria, conocido por Surieta, sus enemigos le llamaban Le Bossu, “El Jorobado”. Había nacido en 1900 en Valencia. Jorobado de nacimiento, apenas media un metro. Su padre fue un modesto marmolista artesano muy humilde. Muy pronto se adhirió al movimiento anarquista, se mostró especialmente activo en los ateneos libertarios. Durante la guerra civil ocupó cargos de responsabilidad y en 1939, con el triunfo fascista, cruzó a Francia. En Lézardrieux, Bretaña, consiguió embarcarse hacia el Magreb. Internado en el campo de concentración de Campo Morand, Boghari, Argel, Argelia, formó parte del grupo de jóvenes libertarios “Exilio”, que publicó un periódico del mismo nombre. Tras la II Guerra Mundial se instaló en Argel donde se afilió a la Federación Local de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y ocupó la función de responsable de paquetería y de distribución y venta de propaganda: periódicos, folletos, libros, etc. En su domicilio creó una importante biblioteca y por un módico precio prestaba libros. Compaginaba esta actividad con su oficio de zapatero. Desde la mañana hasta al atardecer recorría las calles de Argel, y especialmente las del popular barrio de Bab el Oued donde vivía, distribuyendo la prensa libertaria. También participó en una cooperativa de producción de zapatos que habían montado compañeros confederales. Al terminar la guerra de Argelia fue amenazado por los ultraderechistas de la Organización Armada Secreta (OAS). Sus vecinos magrebíes le aconsejaron que no saliera de su casa, que ellos le llevarían los víveres; la Federación Local de la CNT también le recomendó una gran prudencia, pero él continuó repartiendo la prensa libertaria. El 10 de abril de 1962, por la mañana temprano, salió de su domicilio de la zona de La Basseta del barrio de Bad El-Oued con un zurrón lleno de libros y publicaciones, Santiago Suria fue secuestrado por un comando del OAS. Tras ser fuertemente golpeado y registrado buscando direcciones de militantes que no encontraron, fue estrangulado. Su cadáver, con todas las articulaciones rotas, fue abandonado al día siguiente en un saco en la calle Normandía con un cartel que ponía: “Así se paga a los traidores. OAS”. Por seguridad, ningún miembro de la Federación Local de la CNT asistió al funeral.
En el programa La Base América Latina de Canal Red, una cita obligada para enterarse de la actualidad política en aquel continente con una perspectiva distinta a la que se nos suele ofrecer en los medios de información de nuestro país, se analiza la posibilidad de que Donald Trump no tenga ya mucho recorrido como inquilino de la Casa Blanca, porque hasta los grupos de poder que lo llevaron por segunda vez al puesto que ocupa están ya reconociendo la incalificable desmesura de la política exterior del actual gobierno estadounidense en Oriente Medio. Claro que tampoco vamos a creer, como se dice ahora en aquel país, que la anterior administración Biden fue mucho más comedida, pues el genocidio en la Franja de Gaza y el respaldo armado USA a Israel para perpetrarlo empezó con el anterior presidente. Sí hay que tener en cuenta, desde luego, que con Donald Trump el grado de sometimiento de Estados Unidos al gobierno de Netanyahu está siendo aún mayor, al incorporar a su país a la guerra que Israel ha desatado temerariamente en Irán. Para que esto no siga ocurriendo, llevando a Estados Unidos a una situación muy complicada y a la pérdida de su hegemonía, parece imprescindible que Donald Trump sea desalojado de la Casa Blanca. Esto no evitará que, con él, el mundo haya ido a peor y se haya avanzado en barbarie al considerar como estrategia de política exterior, después del genocidio israelí en la Franja de Gaza, amenazar a Irán con otro genocidio. ¿Adónde podemos ir así que no sea a la mierda?
Vivimos en la España del VAR, ese sistema de arbitraje indescifrable –o quizá demasiado evidente– mediante el cual hay veces que se acude con celeridad a ver la cámara lenta de un roce dudoso, mientras otras se permite que una patada en la cara quede sin sanción. El pasado domingo, el rey Juan Carlos era ovacionado en una plaza de toros. Si hubiese aparecido por los alrededores Begoña Gómez, nadie duda de que los taurinos la hubieran abucheado al grito de corrupta sin conflicto interno. No ha robado, pero su secretaria envió algunosmailspersonales ajenos a sus funciones. Mientras que el rey y el novio de Ayuso entran y salen de España, sabemos que a Gómez se le ha solicitado la retirada del pasaporte.
Gerardo Tecé
La FAPE (Federación de Periodistas de España) ha denunciado públicamente al presentador de TVE Javier Ruiz por haber vulnerado el código deontológico de este santo oficio. La noticia corre como la pólvora por las redacciones del país. ¿Qué un periodista ha incumplido el código deontológico? A ver si Iker Jiménez hace un especial, porque lo paranormal del caso lo merece. Todo sucedió la mañana del pasado 29 de agosto cuando el nefasto profesional intentó rebatir desde la cadena pública los argumentos de Vox, favorables al hundimiento de barcos humanitarios como el OpenArms porque los inmigrantes a los que rescatan en alta mar vienen a España a violar. En realidad, dijo el periodista mintiendo cual bellaco, nueve de cada diez casos los protagonizan españoles. La cifra real, la contrastada según la propia investigación realizada por la FAPE, es que los delitos sexuales cometidos por españoles en los últimos años no suponen el 90%, sino simplemente el 82%. Es decir, que no eran nueve de cada diez españoles los violadores como aseguraba Javier Ruiz, sino 8,2. Hay que ser Ruiz, que diría Rajoy. Un error porcentual que no debe quedar sin su correspondiente escarnio público si queremos que el periodismo español siga siendo reconocido por su pulcritud. ¿Mintió Javier Ruiz? Lo hizo y Baratito Quiles y demás defensores del buen hacer de este oficio lo celebran esperándolo a las puertas de su casa. Periodismo de investigación, podría llamarlo la FAPE.
¿Qué es de un país si el engranaje de sus piezas fundamentales no funciona correctamente? El periodismo, al que ese error del 8% cometido por Javier Ruiz ha estado a punto de mandar al descrédito, es una de esas piezas. Otra es la Justicia, que estos días celebra dos importantes juicios. Por un lado, el que sienta en el banquillo al exministro socialista José Luis Ábalos por el caso mascarillas, una supuesta trama de cobro de comisiones en la compraventa de material sanitario durante lo peor de la pandemia. Ojalá caiga sobre él todo el peso de la ley, ha declarado el hermano de Isabel Díaz Ayuso, a lo que el novio de la presidenta ha apostillado: amén. Por otro lado, tenemos el juicio al caso Kitchen. Ya saben. El supuesto uso de instrumentos del Estado por parte del PP para destruir pruebas de su propia corrupción, incluyendo la creación de una “policía patriótica”. Policía que, como su propio nombre indica, trabajaba en favor de los corruptos. La suerte ha querido que ambos juicios coincidan en el tiempo, y ya es casualidad teniendo en cuenta que el que afecta al PP llega con 13 años de retraso. Y es que la Justicia, como el mítico Johan Cruyff, tiene en sus cambios de ritmo explosivos su mejor arma. Si quiere, puede ser lenta y que se pierdan por el camino pruebas y testigos, que se alarguen los procesos hasta el infinito. Si quiere, también puede ser ágil cual Rayo McQueen finiquitando sin pruebas a un fiscal general del Estado en lo que tarda Miguel Ángel Rodríguez en darle un sorbo al cubata. ¿Existió una filtración? Existió, y un país democrático debe tomarse muy en serio las filtraciones, como lo hizo en este caso.
Si el periodismo y la Justicia son piezas que deben funcionar de manera impecable, ¿qué decir de la política? Hablar de política en España es hablar de Sánchez, y hablar de Sánchez es hablar de la supuesta corrupción que rodea a su esposa, Begoña Gómez. ¿Cometió la mujer del presidente un delito de malversación de caudales públicos? Es probable, según las investigaciones del prestigioso juez Peinado que, tras años de macroproceso judicial, ha llegado a la conclusión de que la secretaria de la mujer del presidente podría haber enviado algunos correos que no le correspondía enviar. Algo similar al caso niñera, en el que una asesora del Ministerio de Igualdad sujetó en sus brazos a la hija de Irene Montero durante un mitin. Vergonzoso, denuncia Jaime de los Santos, diputado del PP que durante años trabajó como asistente personal de la esposa de un tal Eme Punto Rajoy con cargo a los fondos públicos. ¿Cometió Begoña Gómez un delito de malversación? Probablemente.
Vivimos en la España del VAR, ese sistema de arbitraje indescifrable –o quizá demasiado evidente– mediante el cual hay veces que se acude con celeridad a ver la cámara lenta de un roce dudoso, mientras otras se permite que una patada en la cara quede sin sanción. El pasado domingo, el rey Juan Carlos era ovacionado en una plaza de toros. Si hubiese aparecido por los alrededores Begoña Gómez, nadie duda de que los taurinos la hubieran abucheado al grito de corrupta sin conflicto interno. No ha robado, pero su secretaria envió algunosmailspersonales ajenos a sus funciones. Mientras que el rey y el novio de Ayuso entran y salen de España, sabemos que a Gómez se le ha solicitado la retirada del pasaporte. Alguien filtró ese secreto judicial aOkDiario. Una filtración que, en este caso, no ha tenido mayor importancia ni consecuencia como sí las tuvo que la Fiscalía desmintiese los bulos de la presidenta de la Comunidad de Madrid. El periódico de Eduardo Inda, a propósito, lleva entre su menú informativo en estos momentos la condena de la FAPE a Javier Ruiz. Javierín es un embustero, comenta en la noticia un usuario demostrando una vez más que el uso del diminutivo es el mayor indicador de que la etapa escolar debullyingaún no ha sido superada. Es cierto que mintió en el dato: era el 82% y no el 90% el porcentaje de delitos sexuales cometidos por españoles. Y, arriesgándome a mentir como Javier Ruiz, diría que el 99,9% de votantes de la derecha están encantados con este sistema moral y arbitral de dos velocidades. Cómo para no estarlo. Si me equivoco, que la FAPE me corrija, por favor.
Durante mucho tiempo, los críticos del sionismo han sostenido que la relación entre la potencia mundial y Tel Aviv es un raro caso en que “la cola mueve al perro”, pero la idea se ha descartado como una teoría conspiratoria originada en la animadversión hacia Israel. Sin embargo, por la manera en que Trump se ve obligado una y otra vez a hacer suyas acciones de Netanyahu que le son claramente onerosas y de las que parece ni siquiera haber sido informado, es inevitable preguntarse cuál es la fuente de la influencia del segundo sobre el primero y hasta qué punto el magnate ha acelerado el colapso de la hegemonía estadunidense para servir a la agenda del sionismo más recalcitrante.
EDITORIAL
Horas después de que el presidente Donald Trump anunció un alto el fuego de dos semanas consensuado con Irán como paso inicial para negociar un tratado de paz duradera, Tel Aviv lanzó más de 100 ataques contra objetivos civiles en Líbano, lo cual resultó en el asesinato de al menos 250 personas y dejó miles de heridos. De acuerdo con el coordinador humanitario de la ONU en el país levantino, Imran Riza, “sean cuales sean las cifras actuales, van a ser mucho mayores” debido a la devastación de zonas residenciales y a las limitaciones de los servicios sanitarios, diezmados por los problemas internos de Beirut y medio siglo de intermitentes agresiones israelíes.
En respuesta, Teherán recordó que la pausa de la invasión israelí a Líbano forma parte de los 10 puntos para la paz acordados con Trump. El ministro iraní del Exterior, Abbas Araghchi, advirtió a Washington debe elegir entre respetar el alto el fuego o continuar con la guerra por conducto de Israel, pues la tregua es incompatible con las masacres de civiles inermes. Asimismo, el Parlamento iraní denunció que incluso antes del inicio de las conversaciones de paz, Estados Unidos ya violó por lo menos tres de los 10 puntos que el republicano reconoció públicamente como una base viable para la negociación. Sin embargo, Trump se desentendió de su compromiso previo: aseguró que las agresiones de Israel contra Líbano constituyen “una escaramuza aparte” y dijo que ello no es un problema.
Desde cualquier punto de vista, resulta evidente que el recrudecimiento del sadismo israelí sobre el pueblo libanés supone un sabotaje deliberado a las negociaciones con Irán, como señaló Ahmed Aboul Gheit, secretario general de la Liga Árabe. El peso de este reclamo se sustenta no sólo en el interés de las petromonarquías árabes del golfo Pérsico en poner fin al conflicto, sino en que dicho organismo multilateral carece de cualquier simpatía hacia Teherán y, por el contrario, sostiene una tensa relación con la república islámica por motivos religiosos, históricos y geopolíticos.
Está claro que el régimen que encabeza Benjamin Netanyahu, prófugo de la Corte Penal Internacional, es hoy por hoy el mayor agente de desestabilización global y el más insidioso instigador de guerras y violaciones a la legalidad internacional, pues que no muestra ningún escrúpulo al masacrar de forma indiscriminada si considera que ello le reporta algún beneficio político o personal. Durante años, sus objetivos parecieron alineados con los de Trump y su familia, pero es difícil ocultar la creciente divergencia entre los planes de guerra permanente del régimen sionista y la urgencia del inquilino de la Casa Blanca por zafarse de una campaña militar que ya era impopular antes de convertirse en el estrepitoso e irreversible fracaso que es a estas alturas.
Durante mucho tiempo, los críticos del sionismo han sostenido que la relación entre la potencia mundial y Tel Aviv es un raro caso en que “la cola mueve al perro”, pero la idea se ha descartado como una teoría conspiratoria originada en la animadversión hacia Israel. Sin embargo, por la manera en que Trump se ve obligado una y otra vez a hacer suyas acciones de Netanyahu que le son claramente onerosas y de las que parece ni siquiera haber sido informado, es inevitable preguntarse cuál es la fuente de la influencia del segundo sobre el primero y hasta qué punto el magnate ha acelerado el colapso de la hegemonía estadunidense para servir a la agenda del sionismo más recalcitrante.
Hace unos días vi un vídeo de Fidel en una de sus tantas intervenciones. En él relataba una anécdota ocurrida durante uno de esos escasos momentos de ocio que se permitía. Contaba que un día salió a pescar y, estando mar adentro, se le apareció de pronto una enorme picúa. Su primer instinto, como el de cualquiera, fue huir, alejarse del peligro. Entonces, la picúa al verlo retroceder, se volvió más agresiva y se lanzó tras él con mayor ferocidad.
Fidel explicaba que, al verse acorralado, decidió cambiar de táctica. En lugar de seguir huyendo, resolvió enfrentar al animal, hacerle frente sin titubeos. Y fue justo en ese instante, cuando la postura pasó de ser defensiva a ser firme y desafiante, que la picúa dio media vuelta y huyó despavorida.
Él utilizaba esta imagen como una poderosa analogía de lo que deben hacer los pueblos cuando se sienten amenazados, en este caso, por el imperio más poderoso del mundo. La lección es clara, cuando nos sentimos acechados por el imperio, no cabe ni la rendición ni el acobardamiento. Si el imperio despliega su agresividad en su empeño por doblegarnos y ponernos de rodillas, nosotros tenemos todo el derecho, y el deber, de mostrar la misma agresividad, la convicción de lucha en defensa de nuestra vida y nuestra soberanía.
Pero, sobre todo, se trata de enviar un mensaje inequívoco, y contundente, que vamos a luchar sin descanso, sin miedo hasta las últimas consecuencias y que, para el imperio, esta batalla no será fácil ni exenta de consecuencias. Que sepan que aquí hay un pueblo dispuesto a erguirse y a demostrar que, ante la amenaza que acecha, la firmeza es la única huida posible para el agresor. Fin