Si en la escuela mandan criterios de ciencia, convivencia e igualdad, en las redes sociales los niños son educados por un algoritmo diseñado por multimillonarios desatados y propensos al nazismo. Las redes son la escuela abierta 24 horas que la ultraderecha necesita en su modelo educativo de odio, bulos y anulación intelectual. Entiende Teceé que prohibir que los menores de 16 accedan a las redes sociales está bien. Prohibir que multimillonarios extranjeros accedan al control de nuestras sociedades estaría aún mejor.
Gerardo Tecé
El Gobierno de España anuncia una ley que prohibirá a los menores de 16 años acceder a redes sociales. Like. Hace tiempo que lo venían pidiendo madres, padres, profesores, psicólogos y todo tipo de especialistas en educación que, con estudios científicos bajo el brazo, comparan la exposición tóxica a las redes sociales con el alcohol o el tabaco. No hay duda de que la medida era necesaria y, si la hubiese, sepa usted que la manada franquista de Vox se ha puesto a gritar libertad confirmando el pleno acierto. El Gobierno de España anuncia una ley que prohibirá a los menores de 16 años acceder a redes sociales. Like. Hace tiempo que lo venían pidiendo madres, padres, profesores, psicólogos y todo tipo de especialistas en educación que, con estudios científicos bajo el brazo, comparan la exposición tóxica a las redes sociales con el alcohol o el tabaco. No hay duda de que la medida era necesaria y, si la hubiese, sepa usted que la manada franquista de Vox se ha puesto a gritar libertad confirmando el pleno acierto. Los que exigen poder sacar a sus hijos de clase si el profesor explica que mujeres, homosexuales o negros merecen el mismo respeto que cualquier otro, defienden que los menores permanezcan expuestos al salvaje oeste digital repleto de bulos, odio, pederastia y violencia. Los que exigen poder sacar a sus hijos de clase si el profesor explica que mujeres, homosexuales o negros merecen el mismo respeto que cualquier otro, defienden que los menores permanezcan expuestos al salvaje oeste digital repleto de bulos, odio, pederastia y violencia ¿Por qué será? La respuesta es bastante simple. Si en la escuela mandan criterios de ciencia, convivencia e igualdad, en las redes sociales los niños son educados por un algoritmo diseñado por multimillonarios desatados y propensos al nazismo. Las redes son la escuela abierta 24 horas que la ultraderecha necesita en su modelo educativo de odio, bulos y anulación intelectual.
“Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos”, respondía el presidente del Gobierno español ante la avalancha de insultos y amenazas recibida por parte de los señores del algoritmo. Elon Musk, el de Twitter, el hijo del apartheid sudafricano, el financiador de Trump, el del saludo nazi, asegura que Sánchez es un fascista sin especificar si eso significa que al hombre más rico del mundo le gusta el presidente español o no. Pavel Durov, dueño ruso de Telegram imputado en Francia por obstruir investigaciones sobre pederastia y narcotráfico, criticó la medida hablando de vigilancia masiva en España en un mensaje masivo que envió, sin permiso de los usuarios, a millones de teléfonos móviles. “Obras son amores y no buenas razones”, le decía Sancho Panza a su mujer antes de embarcarse en las aventuras con Don Quijote en un fragmento que deberían leerse en el Gobierno de España en estos momentos. La medida de prohibición hasta los 16 años es un acierto, pero no pasa de ser una tirita que deja sin tratar la herida real: las redes sociales que operan en España y Europa están en manos de tipos que, sin disimulo, maniobran contra los intereses europeos, difunden información falsa y odio para desestabilizar la convivencia de nuestras sociedades e imponer gobiernos ultraderechistas en manos de millonarios. Las redes sociales son un sector estratégico que el Gobierno debería atreverse a proteger sin miedo a que lo llamen censor. Trump no lo tuvo cuando amenazó con cerrar Tik Tok, propiedad de una empresa china, en Estados Unidos. Musk, por supuesto, no dijo nada entonces.
Es mejor educar que prohibir, dicen los buenistas que aún no se han enterado de la época en la que vivimos. El problema es que a los millonarios que ponen al algoritmo a adoctrinar a los menores con bulos y odio no se les puede educar. Se les puede combatir en todo caso con leyes estatales. Las redes no son, como hace unos años, un terreno neutral en el que está representada la sociedad con sus virtudes y defectos naturales. Hoy, las redes son un terreno de juego manipulado e inclinado hacia la extrema derecha. Si usted comparte un mensaje crítico con el racismo, el algoritmo lo invisibilizará. Si usted comparte un mensaje violento contra los migrantes, el algoritmo lo promocionará llevándolo a millones de personas. Es un sistema nada neutral, nada libre, nada casual. Los jóvenes acceden a un espacio en manos de multimillonarios que han decidido promocionar el racismo, el machismo o la negación de la ciencia para dibujar un mundo a su medida. Los Estados, además de proteger a sus menores, deberían ejercer su derecho obligando a los millonarios a respetar las leyes nacionales o cerrar sus negocios. Al fascismo, como demuestra Donald Trump cada vez que amenaza con cerrar medios y plataformas, no le tiembla el pulso a la hora de defender sus intereses ultraderechistas. Aprendamos de ellos. Prohibir que los menores de 16 accedan a las redes sociales está bien. Prohibir que multimillonarios extranjeros accedan al control de nuestras sociedades estaría aún mejor.
CTXT DdA, XXII/6257






