miércoles, 6 de mayo de 2026

DIEGO CAÑAMERO: CUANDO LAS LLUVIAS ERAN NUESTROS DESCANSOS


Algunas noches soñaba que había llovido y por eso no iba a trabajar, pero cuando me despertaba y veía que había sido un sueño me ponía de mal humor... Las lluvias eran nuestros descansos, nuestros domingos y días de fiesta, incluso en los días que mi hermana se ponía mala, la tenía que sustituir mi madre que estaba embarazada de 7 meses.

Diego Cañamero

Ayer por la tarde, mientras hacía un viaje en coche, pasé por un cortijo que se encuentra en el término municipal de Arahal. Este rancho es conocido como "la Rabia", aunque su nombre verdadero es "Sarracatinejo".
Y mientras que por mis ojos pasa la imagen de este lugar, voy haciendo memoria, la cual me remonta al año 1967. En esa época yo tenía 11 años. A esta temprana edad, ya tenía que trabajar y tuve que ir, junto a mi familia, a recoger aceitunas de molino (de aceite). Me acuerdo que estábamos 4 familias, todas éramos de El Coronil. También recuerdo que el manijero se llamaba José León, pero todos/as lo conocíamos por el apodo del “SISÍ”. Era un hombre culto, tenía mucha sabiduría. Además, le cogimos un especial cariño ya que, él nos ayudo mucho porque mi familia se trasladó a El Coronil en ese año y nosotros no conocíamos a casi nadie al estar recién llegados, sin embargo, este manijero siempre nos daba trabajo en esta finca, cuyos propietarios eran la Familia Candau.
También es cierto que el trabajo era a destajo. De mi casa íbamos 4 personas: mi padre, un hermano con 16 años, una hermana con 13 y yo con 11 años. Ha pasado mucho tiempo pero yo aún tengo el recuerdo del frío en los huesos, de los sabañones en las orejas, de las yemas de los dedos peladas y con padrastros, de los mocos que caían de mi nariz a causa del frío, de esas rodillas heladas y heridas de arrastrarme por el suelo para recoger las aceitunas... Por las mañanas, la gente mayor que iba al tajo hacía una candela para entrar en calor y, durante las primeras horas del día, todos/as nos calentábamos las manos y los pies que, por cierto, de pasar del frío a la calor, después sentíamos un dolor en los dedos que se nos saltaban hasta las lágrimas. Al terminar la jornada ya nos teníamos que trasladar a la casa. Cada uno se iba como podía, nosotros contábamos con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos de la marca "Rieju", pero claro, mi padre tenía que dar dos viajes para trasladarnos al pueblo.
Cuando llegábamos a la casa, nos esperaban nuestros 5 hermanos/as más pequeños/as para ver qué comida traíamos de sobra, se arrimaban a la talega de la comida como una camada de pollitos cuando se les echa un puñado de trigo.
El trabajo, como he dicho antes, era muy duro y aún más para un niño de esas edad. De hecho, algunas noches soñaba que había llovido y por eso no iba a trabajar, pero cuando me despertaba y veía que había sido un sueño me ponía de mal humor... Las lluvias eran nuestros descansos, nuestros domingos y días de fiesta, incluso en los días que mi hermana se ponía mala, la tenía que sustituir mi madre que estaba embarazada de 7 meses.
Sí, así crecimos, bajo la bota de la dictadura franquista, con trabajo y más trabajo, incluidos los niños/as, por un mísero jornal, sin poder ir a la escuela ni poder jugar como correspondía a esa edad.
Cortijos como este son testigos de la verdad de estos relatos. Si pudieran hablar no serían capaces de hacerlo porque los sentimientos los ahogarían.
¡Cuántos hijos/as de ricos pudieron estudiar a costa de nuestro frío, de nuestra miseria y de nuestra hambre!

DdA, XXII/6335

SOLEDAD GALLEGO-DIAZ Y SU PELEA CONTRA LA EXTREMA DERECHA

Por haberla conocido antes de llegar a la redacción del diario El País, hace ahora cincuenta años, en el tiempo de su intrépida militancia antifranquista, que dice Miguel Mora, haber sido compañera y llegar a ser la primera mujer directora del citado diario, después de la funesta etapa liderada por Antonio Caño, este Lazarillo lamenta y siente el fallecimiento de Soledad Gallego-Díaz, a la que recuerda jovial en el bar de la sede donde estaban reunidas las redacciones de la agencia Pyresa (acrónimo de Periódicos y Revistas Españoles), en la que trabajaba, y los diarios Marca y Arriba. Fue por poco tiempo, en el previo y posterior a la muerte de Franco, porque Soledad creo que se integró en la nómina de El País desde el comienzo, bastante antes de que se incorporase a la misma, mediados los ochenta, Malén Aznárez, otra compañera, directora general de los Medios de Comunicación Social de Estado (MCSE) tras la disolución de Prensa y Radio del Movimiento. Como este Lazarillo guarda muy vívida memoria de aquellos años de la transición (sin mayúscula santificadora), por haberlos vivido en los comienzos profesionales y cuando más se esperaba de su transcurso, el adiós a estos reputados y reconocidos colegas comporta una inevitable melancolía y lamento por lo que no fue. 


Miguel Mora

Hablo por teléfono para Luzes con Soledad Gallego-Díaz (Madrid, 1951), una de las mejores periodistas que he conocido. Gallego-Díaz fue una intrépida militante antifranquista antes de convertirse en un referente de El País, donde dio a conocer en exclusiva la Constitución del 78 junto al añorado Bonifacio de la Cuadra. Tras ser corresponsal por medio mundo y directora adjunta con Joaquín Estefanía, cofundó CTXT con un grupo de amigos, en 2015, y en junio de 2018 volvió a El País como directora para intentar rescatarlo de la funesta etapa liderada por Antonio Caño. Estuvo solo dos años, como prometió, pero fue suficiente para conocer de primera mano el terrible efecto que ejerce hoy la bulocracia sobre las redacciones de los medios tradicionales. 

La impresión es que el estado actual del periodismo es grave, pero no serio, y que tiene mala solución. Durante tu carrera has conocido todo tipo de situaciones jodidas para el periodismo. ¿Es este uno de los peores momentos? 

El peor, sin duda. Pero ten en cuenta que yo empecé a trabajar con la dictadura y aquello era lo peor de lo peor. Todo es mejor que la dictadura. O sea que por mal que esté, bueno, ni punto de comparación a lo que fue aquello. Porque sigue habiendo libertad de expresión. No hay nada que te impida escribir lo que tú quieres escribir. Y eso al fin y al cabo es una cosa que deberíamos tener en cuenta. Los principios básicos que necesitas para poder ejercer el periodismo están en vigor. Y eso es importante. Porque a veces se nos olvida. 

Cuando la publicidad se dirige solamente a unos medios no hay equilibrio posible

Pero como diría el dictador, una cosa es la libertad y otra el libertinaje. 

Exacto. Estamos en el libertinaje de expresión en este momento. El problema es que hay una concentración muy grande de propiedad de los medios. Y deberíamos buscar la manera de solucionarlo. Por ejemplo, controlando la publicidad institucional para que sea neutral y no pueda financiar solamente a medios afines. Ese sería un primer paso para garantizar la libertad, la pluralidad y la diversidad de los medios. Porque lo más peligroso es la concentración. Que todo el mundo diga lo mismo y que uno diga muchas burradas no es libertad de prensa. Si hay otra serie de medios que dicen lo contrario y se pueden financiar, no pasa nada. Lo malo es cuando la publicidad se dirige solamente a unos medios, porque las instituciones dedican una cantidad de dinero impresionante a ese capítulo, y no hay equilibrio posible. 

Digamos que hay dos concentraciones, una de la propiedad de los medios, porque unos pocos grandes holdings manejan muchos medios distintos, escritos y audiovisuales y copan el 80% del mercado publicitario. Y luego además hay una concentración ideológica, que es casi peor. 

Claro, pero eso está provocado por la publicidad institucional que se dirige hacia ellos. Muchos de esos medios que hacen tanto ruido no podrían subsistir si no tuvieran esas fuentes extrañísimas de financiación: dinero público opaco, repartido sin cumplir criterios de transparencia ni de eficacia ni de pluralidad ni de defensa del interés general. Si eso se frenara, se podría clarificar un poco lo desagradable que está todo, lo endemoniado y enfangado que está. Deberíamos tener, por ejemplo, suficientes grupos y asociaciones de periodistas que hicieran demandas conjuntas para parar eso. 

No parece que los partidos estén muy por la labor…

Ya, pero una cosa es que no quieran y otra que no se les pueda forzar. 

¿No crees que los periodistas hemos estado, como diría Esperanza Aguirre, demasiado invigilantes? Contra la publicidad institucional que beneficia a los amigotes no hemos dicho nada. Tampoco contra los medios y submedios de las cloacas, ni contra las inversiones ludópatas de algunos CEOs. ¿Somos un gremio cobarde y sin conciencia democrática?

Es verdad que hemos estado muy poco vigilantes. La transparencia de los medios debería ser una cosa elemental en democracia. Y en muchos países es así. En Inglaterra saben muy bien quién es exactamente el propietario de cada medio. Sabes perfectamente la publicidad que reciben. O sea, no es una extravagancia lo que se está pidiendo. ¿Se podría conseguir? Claro que sí. Lo que hay es que ponerse a ello. 

Por otro lado, es verdad que siempre ha habido prensa amarilla. Los tabloides y la telebasura llevan décadas publicando mentiras, rumores o noticias inventadas. Eso no es nuevo. 

No, ese fenómeno no es nuevo. Lo que quizás sí sea nuevo es la acumulación de noticias falsas. O sea, la cantidad de medios y de periodistas que se dedican en este momento a eso. Yo creo que eso no había pasado. Pero eso está propiciado también por las redes sociales. O sea, las redes permiten una manipulación de la información muy superior a la que permitían los medios cuando no existían las redes, que era otra cosa. ¿Existía la manipulación? Por supuesto, pero en un nivel muy inferior, porque los medios técnicos no permitían una manipulación a ese nivel tan voluminoso. Y los medios tradicionales no somos capaces de luchar contra eso. No somos capaces. Nos llevan de la nariz todo el rato. Corremos detrás de los bulos como liebres. El otro día ponía la radio y estaban todos hablando de lo mismo. Y yo pensaba, “¿pero bueno, es que no pasa nada en este país que no sea lo que dice Feijóo, lo que dice Óscar López? ¿No pasa nada en todo el país más que lo que dicen ellos?

¿Y quién crees que decide seguir esa agenda? ¿Los editores, los partidos…?

Yo creo que es culpa de los medios. Y de la falta de perspicacia de los propios periodistas ante la presión enorme que ejercen las redes. Ponen en circulación una información y tú en principio querrías hablar de otra cosa. Pero como las redes están inflamadas con ese asunto, pues tú entras en ese asunto. Y como los políticos se sienten inmediatamente afectados por las redes, presionan para que los medios tradicionales se dediquen también a hablar de las mismas cosas y refuten lo que dicen las redes. 

¿Funciona en los dos sentidos? ¿Apoyar para dar credibilidad o refutar para que tengan menos efecto? 

Sí, pero esa no debería ser la labor de los medios. Los medios deberían tener su propia agenda, su propia capacidad de decidir temas, y eso ha desaparecido por completo. Si no tenemos ninguna capacidad de decidir temas que nos importen, nos los imponen todos. Y creo que eso es lo que hace que el periodismo hoy sea tan extremadamente aburrido. 

Y como decía Andreotti, hacer un desmentido es dar una noticia dos veces. 

Claro, lo de refutar bulos no sabemos si amplifica el bulo o realmente lo refuta. Pero yo no quiero tener que llamar a nadie para desmentir estas patrañas todo el santo día. Y pasamos horas y horas hablando de las mismas cosas. 

Quizá no toda la culpa es de las redes. Hoy hay muchos medios que no necesitan redes para difundir basura. Por ejemplo, cuando Ferreras dijo “voy con esto, aunque es demasiado burdo”. O cuando Inda da noticias falsas en su web y las teles lo llevan al horario de máxima audiencia... Hay muchos periodistas y medios publicando informaciones falsas a sabiendas. 

Ha habido siempre periodistas y medios publicando falsedades a sabiendas. Todo el mundo sabe que el ABC está muy próximo a la banca porque nunca ha tenido la más mínima intención de criticar a la banca en nada. Pero eso no era un problema porque había otros medios que sí podían criticarla. El PaísDiario 16 o Triunfo podían perfectamente hacerlo y ya está. Si existiera Triunfo ahora, tendría que estar hablando a la vez, aunque con otro punto de vista, de las mismas cosas que hablamos todos. 

Bueno, no todos…

Jajaja, sí, perdóname. Pero es que el 99% hablan de lo mismo todo el rato. 

Esa unanimidad en perseguir una agenda que realmente no tiene que ver con el interés general, ni con intentar cambiar las cosas a mejor, es decir, con los viejos ideales éticos del periodismo, ¿no estará pensada para crear un clima de rechazo al periodismo?

Crea el clima de que todo es una catástrofe. Pero no, no, no. ¿Por qué demonios va a ser todo una catástrofe? 

Y luego está la difusión del odio. Tratar de derribar gobiernos a base de bulos apoyados por operaciones mediáticas y judiciales cruzadas… Como el caso de Begoña Gómez. Si la libertad de expresión está copada al 90% por tipos abyectos, y por unas redes propiedad de nazis... 

Ese es justamente el problema. Si están todos los medios hablando de Begoña Gómez, ¿entonces habría que hablar más del caso del novio de Ayuso? No. De lo que habría que hablar es de otra cosa. Lo que habría que intentar es meter otro tema. No buscar la otra cara de la medalla. A eso dedicarle un minuto. Pero está ocupando horas y horas y horas de decir lo mismo 5.000 veces de diferentes maneras. Y llega un momento en que la gente tiene que estar exasperada. Porque lo que eso consigue es exasperar a todo el mundo, que es lo que en el fondo quiere el sector más conservador, el sector más bestia de la sociedad. Que la gente deje de informarse porque está completamente exasperada, y diga, “mira, que les den por saco. Voy y voto a la extrema derecha”. Lo que ha pasado por ejemplo en el Alentejo, que fue siempre comunista y ahora está votando a Chega. 

De lo que se deduce que no es tanto un problema mediático, que se podría resolver, sino democrático. 

Las democracias están sufriendo en todas partes en gran medida porque el panorama mediático es un espanto. Y los primeros que deberíamos darnos cuenta de lo que está pasando somos los periodistas. “No, cuento esto en diez minutos y a continuación soy capaz de tener otros temas. ¡Pero es que no se nos ocurren otros temas! Ya no contamos otras cosas. Las otras cosas son las que ocupan cinco minutos”. 

Entonces falla la elección de los temas. ¿Es responsabilidad de los jefes, de las empresas, de los periodistas? 

Las redes ejercen una presión enorme sobre los periodistas, porque es una especie de runrún. Pero si las empresas dicen “no, no hay que contestar esto, vamos a dedicarle solo una columna, y hablemos de otra cosa”, sería más fácil para los periodistas buscar otros caminos. 

Pero el ruido da pinchazos. Y a las empresas les conviene más entrar en ese juego perverso que alejarse de él, porque temen que si se alejan no van a tener la misma visibilidad y los mismos pinchazos…

Cuando sería justamente al contrario. Si se alejaran, serían capaces de introducir otros temas y recuperarían una cierta iniciativa. Pero es imposible, es imposible. Ahí estamos todos metidos en el mismo rollo. 

No podemos vivir colgados todos de la agenda que marcan unos perturbados o unos periodistas corruptos o deshonestos

¿Cómo ha influido la estrategia de Trump y Bannon para que esta situación se haya hecho cada vez más normal?

Creo que han tenido un éxito total y los periodistas que no queremos participar de eso hemos tenido un fracaso absoluto. Pero no es inevitable. Es simplemente que no sabemos verlo. Pero habría que buscar la manera de hacerlo. Porque se puede. No podemos vivir colgados todos de la agenda que marcan unos perturbados o unos periodistas corruptos o deshonestos. No tiene por qué ser así. Pero todos los medios tienen alguien en las redes que dice “oye, mira este tema, hay dos millones de personas siguiendo este debate”. Ah, pues ya está. Lo que hacemos es reproducir el debate que están pidiendo dos millones de personas. Claro, es que es muy difícil conseguir que esos dos millones de personas de repente se fijen en otra cosa. Y como es muy difícil, pues renunciamos. 

También es verdad, el rigor es más cansado, da más trabajo, hay que contrastar, salir a la calle, llamar a la gente… 

Tienes que encontrar temas capaces de competir, claro, y encontrar temas capaces de competir es bien difícil. Es muy difícil encontrar temas que produzcan más participación o más debate. O sea que en vez de estar escuchando dos millones lo que pasa con Begoña, estuvieran dos millones escuchando qué pasa con el hospital de la esquina. Pero no hay manera, no lo conseguimos. 

El panorama es un poquito triste, la verdad. ¿Tú ves algún motivo para la esperanza, en algún sitio? Hay medios pequeños y medianos que están en otra cosa. Pero con una repercusión mínima. 

Claro, lo que habría que conseguir es influir en los grandes. Y no hay manera. Es muy, muy difícil hacerlo. Y eso es lo que es verdaderamente peligrosísimo. 

Cuando estuviste de directora de El País, ¿notaste esa presión por seguir la agenda de las redes controladas por la derecha? 

¡Pero la presión venía de algunos redactores! “¿Pero esto por qué va a tener cinco páginas? ¿Pero por qué este tema va a tener cinco folios? A ver, ¿me lo explicas? Esto, esto, esto. Cuéntalo en un folio y medio y ya está. Pues no, señor. Cinco folios”. Oye, y cuando les decía “pero joder, déjalo en un folio”, me decían: “¡Censura!”. Y yo “que no, que no, tío. Que es que estás escribiendo de lo que les da la gana a ellos. Te llevan de la nariz”. Pero no, dice, “es que yo estoy llevándoles la contraria”. Claro. ¿Y a ellos qué más les da? Lo que quieren es que hables de ese asunto. Para llevarles la contraria o para lo que sea. Pero estás ocupando todo el espacio con esta mierda. ¿Por qué no te dedicas a otra cosa más sensata?”. 

¿Y la empresa presionaba también? 

No, la empresa en aquel momento no. Pero debo reconocer que también fue una época rara, porque yo entré en un momento en que el periódico tenía muchos problemas y se lo dejé claro al empezar. “Yo no tengo ningún interés en ser directora de El País, o sea que si lo soy es para hacer mi trabajo. Voy a estar dos años, a los dos años me voy a ir, a los dos años haga usted lo que le salga de los cojones, pero a los dos años yo ya no voy a estar aquí. ¿Me va a dejar usted trabajar? Porque si no, me voy a ir. Y como no tengo el menor interés en estar aquí, más que eso, pues ya está”.

Jajaja, no me cuesta nada imaginarme la escena. 

Jaja. La verdad es que me dejaron en paz. Pero también porque las circunstancias eran muy especiales y sabían que me iba de verdad. 

Prohibí lo más leído. Los periodistas van a lo más leído y escriben de lo mismo. ¿Por qué? Porque creen que así tienen asegurado el puesto de trabajo

Pero conseguiste meter en la agenda algún tema que estaba vetado, como el de los abusos en la Iglesia. O sea, dejaste pistas de cosas que se pueden hacer sin caer en la trampa de las cloacas…

Eso pensaba yo. Tiene que haber otros temas. Es imposible que no seamos capaces de explicarle a la sociedad cosas que pasan que son más interesantes que toda esta mierda. Y no digo que no se cuente. Pero cuéntala en tres columnas. No, cuéntalo en media página. Y luego, hacían dos páginas. 

¿Y cuando veías la lista de lo más leído? 

Claro, por eso la quité. Había un panel con la lista. Fuera, fuera ese panel. Lo prohibí. Sí, lo prohibí. Porque, claro, los periodistas van a lo más leído y escriben de lo mismo. ¿Por qué? Porque creen que así tienen asegurado el puesto de trabajo. Sí, sí. Porque es muy leído. Y joder no es eso. Tú trae un buen tema y ya verás cómo consigues que se lea bien. Pero primero tienes que plantearlo. 

O sea que la conclusión es que los periodistas presuntamente serios o que aspiramos a hacer un periodismo decente hemos caído en una trampa para osos. Y nos cuesta muchísimo salir de eso. 

Pero nos cuesta muchísimo porque es difícil. Francamente, es muy difícil. 

Bueno, si el único valor es lo más leído, es imposible. 

Claro, si el único valor es la audiencia, pues vale. La audiencia está muy bien, aunque no sé hasta qué punto esa audiencia se convierte en beneficios, pero en fin, es fundamental. Pero hay que intentar por lo menos arriesgar durante un tiempo para intentar cambiarla. ¿Por lo menos arriesgar durante una temporada, no? Decir “oye tú, durante un tiempo no le voy a dedicar a esto cinco folios, le voy a dedicar un folio y medio. Y en cambio a este otro tema le voy a dedicar una página. Ajá. Y así conseguir ir cambiando un poco la agenda, ¿no? “¿Es que vas a ocultar lo que está pasando?”. Pero si yo no digo que se oculte, digo que se cuente en proporción.

Luego están los que cubren los partidos políticos, por ejemplo. Pero, ¿quieres por favor dejar de escribir sobre lo que opina el PP del PSOE? O sea, tú estás encargado del PP. Pues cuenta lo que pasa dentro del PP, ¿no? ¿A mí qué me importa lo que piensa el PP del PSOE? Lo que me importa es lo que pasa dentro del PSOE, lo que pasa dentro del PP, ¿no? Ajá. Bueno, pues no había manera. 

Otro vicio: el periodismo de declaraciones, el canutazo.

Ese periodismo que es agotador. No es ni periodismo ni es nada. Y que conste que es muy antiguo, hace ya mucho tiempo que se decía que no hablábamos más que de lo que decían los políticos. Sí, pero por lo menos deberíamos intentar contar lo que pasa dentro de los partidos, no lo que opina un partido del otro. Eso no tiene ninguna importancia. 

La famosa equidistancia. Canutazo de uno del PSOE y a continuación el del PP y luego el de Vox, para que se vea que dan todas las opiniones.

A lo mejor en la tele pública están obligados, pero mete eso de cuarta noticia, en un minuto, y abre con otro tema. Y bueno, no digo yo que la televisión pública pueda prescindir de eso. Seguramente no puede, pero puede darlo en un minuto y medio y en el resto contar lo que pasa. ¿No tienes 200 periodistas o 300? 

¿Hay algún motivo para la esperanza? En este momento, el buen periodismo es más necesario que nunca. Porque la extrema derecha avanza en todas partes. Porque hay una cantidad de cosas complicadísimas que analizar. ¿Vamos a tener éxito en esta pelea?

Pues de momento lo que hay que hacer es darla. Porque como no la vamos a dar es si pensamos que, como no vamos a conseguir nada, pues no hacemos nada. Pero perdona. No, yo voy a hacer otra cosa. Luego vamos a ver qué pasa. Lo mismo me tengo que suicidar. Bueno, pues ya me suicidaré. Pero cuando llegue el momento. 

CTXT  DaD, XXII/6335

DIEZ DÍAS DE AYUSO COMO AGENTE DE LA ULTRADERECHA TRASNACIONAL EN MÉXICO

Díaz Ayuso conquista México, titula su Okdiario

Félix Población

Cuando las relaciones diplomáticas entre España y México parecían haberse recuperado para un mejor entendimiento, propio de dos países con tanto en común, y después de reconocer el Jefe del Estado y el Gobierno de nuestro país los abusos cometidos durante el periodo de conquista en aquella querida nación, a la lideresa Ayuso se le ocurre montar un viaje de diez días, diez, por México, con el único objeto de disentir con el rey el Gobierno nacional para homenajear a Hernán Cortés, máximo responsable de la masacre de Cholula. Para colmo, la presidenta de la Comunidad de Madrid pretendió ofrecer una misa en su memoria en la catedral metropolitana, algo que impidió con buen criterio la jerarquía católica mexicana. En México, desde el partido que gobierna aquella república, se ha considerado que en lugar de estrechar lazos de colaboración genuina entre los dos países, la señora Ayuso ha ido a abonar el proyecto de la ultraderecha transnacional, con el respaldo su partido. No tiene más objeto su estancia que colaborar con esa red articulada de actores políticos que trabaja de modo coordinado y muy activo para intentar desestabilizar los gobiernos progresistas que las urnas instauran en América Latina, "horadar legitimidades democráticas -leemos- y exportar el modelo de odio disfrazado de libertad". Desde los amplios sectores progresistas de aquella gran nación, a la cabeza de la economías de Iberoamérica, se entiende el viaje y los propósitos de la presidenta madrileña como una injerencia en los asuntos internos del país, incompatible además con los valores del llamado humanismo mexicano que ha puesto en marcha con éxito indudable la Cuarta Transformación. "Mientras Ayuso y sus aliados hablan de libertad -leemos en un comunicado de Morena-, nosotros construimos la libertad real: la de no morir por falta de acceso a la salud, la de estudiar sin endeudarse de por vida, la de recibir una pensión digna, la de sembrar la tierra de los abuelos sin que una corporación trasnacional te la arrebate. Esa es la diferencia entre el humanismo y el cinismo neoliberal”. No se olvida tampoco en México que en el portal de transparencia, como advirtió una diputada del PSOE, no hay constancia de los gastos que para los madrileños va a suponer el largo viaje y estancia de la presidenta con un propósito cuya apariencia institucional queda anulada por la trascendencia política y mediática de lo anteriormente comentado, a la espera de que esto no repercuta negativamente en la recuperación de las buenas relaciones diplomáticas entre los dos países, que tanto el Jefe del Estado como el Gobierno español han procurado en las últimas semanas*.  

*La visita institucional de la presidenta madrileña también consistió en manifestar, en una conferencia celebrada en la llamada Universidad de la Libertad de un potentado empresario mexicano, que en México y España existe una “decadencia democrática”, y sostuvo que “así es como mueren las democracias”, al denunciar una supuesta persecución contra adversarios políticos y un presunto control de la justicia por parte del poder.

TE LO DIGO CON TOQUE DE LÍRICA AFINADA

Te lo digo con un toque de lírica afinada, para no errar en juicio ni pecar de desmesura calculada; que sería disparate, y falta poco elegante, dirigirme a una dama con exceso irreverente o lenguaje discordante.

“Mestizaje”, “evangelización”, proclama en tono ufano, mientras Isabel Díaz Ayuso posa junto a Nacho Cano en acto mexicano; y al compás de tal función, con protesta en la calle y tensión en el plano, responden pueblos indígenas, sin aplaudir el relato tan espontáneo como foráneo.

No hay mejor embajadora —dicho sea con sorna y poquita cautela— que la señora de la cañita y la eterna terraza en vela; madrileña ella. Exportamos su estilo con fervor casi evangélico, dama que resulta ser, en diplomacia, arma de efecto insufrible.

Cruza el charco y repite, con idéntico guion, lo que aquí ya es canción, provocar, soltar dardos… y luego hablar de unión; y uno se pregunta, con legítima extrañeza, ¿quién le otorgó tal papel, tal rango o tal grandeza?

Las relaciones con México, estaban tensas, iban poco a poco aliviadas, cuando el rey —Felipe VI— dio señales suaves; luego Pedro Sánchez remató con gesto diplomático y fino, e invitando a su homóloga a España, allanó el camino.

Mas queda por ver, con prudente expectación, cómo termina este acercamiento tras su intervención; teniendo en cuenta que España, además de hermanadas, invierte en esa nación, solo detrás de EEUU, convendría no tensar más la cuerda… por pura protección.

Y si de hacer grande a España se trata, con tino y sin molestias, quizá baste una norma sencilla, de humilde aplicación: no dejarla viajar más allá de Torrelodones… por precaución, no sea que al final nos toque… la moral y la reputación.
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El Bellotero

DdA, XXII/6335

martes, 5 de mayo de 2026

VIVEN DE SANGRE AJENA, SIN SABER QUE ALIMENTARSE DE CARROÑA DA OLOR A MUERTO

Hay una cobardía metafísica en esa espera que ustedes montan. Es la del espectador que nunca pisa el escenario, la del crítico que jamás esculpió una palabra suya en el mármol del ahora. Viven de la sangre ajena, chiquiticos vampiros emocionales de pantalla fría, sin saber que el que se alimenta de carroña termina oliendo a muerto, por más perfume caro de falsa superioridad moral que se eche encima. Lo que ustedes llaman fracaso, yo le digo combustión preparatoria. Lo que celebran como muerte es na' más que la muda de un pellejo que ya me quedaba chiquito. Sus insultos son el combustible de mi próximo amanecer; su saña, el espejo donde veo reflejada el hambre de sentido que tienen, una envidia inconfesable del que intenta volar con plumas pesadas de plomo y mala fe, sabiendo que se les pueden derretir…


Raulito Torres/ Aquí en La Habana

Los conozco, asere. Ahí están, callaítos, agachaítos en la oscuridad virtual, con el cuchillo mellao de la palabra, mal amolao y los ojos brillosos como hienas, babeándose por el festín de la carroña. A ustedes no les importa la verdad, lo que les cuadra es el show del derrumbe. No buscan justicia, lo que gozan es el placer pegajoso y sucio de meter el diente cuando la rama truena. Son los leñadores del palo caído, los mismos que olvidaron que en todo monte quemado, debajo de la ceniza, siempre está la semilla necia de lo que se niega a morir.... Eso que en ascuas sigue ardiendo...

Lo he visto, compadre. Lo he vivido en carne propia. Ustedes me han contado entre sus trofeos más de una vez. Se creyeron que el golpe definitivo era el último, que aquel resbalón, aquella frase mal cogida, aquella herida al aire eran suficiente pa' hacerme aserrín. Miserables ilusos de la destrucción fácil. Se les olvidó la lección más vieja de la cosa viva: que la candela más rabiosa suelta el fósforo que va a abonar el suelo nuevo. Las redes esas que tejieron pa' atraparme se volvieron trampolín pa'l que aprendió a usar la malla como soga templada hacia la luz.

Hay una cobardía metafísica en esa espera que ustedes montan. Es la del espectador que nunca pisa el escenario, la del crítico que jamás esculpió una palabra suya en el mármol del ahora. Viven de la sangre ajena, chiquiticos vampiros emocionales de pantalla fría, sin saber que el que se alimenta de carroña termina oliendo a muerto, por más perfume caro de falsa superioridad moral que se eche encima.

Pero yo no soy de los que se quedan tirados en el piso. Soy de la estirpe del fénix, ese mito pagano y subversivo que no espera a que venga nadie a salvarlo, sino que atiza su propia candela. Cada vez que intentaron hacerme polvo, cometieron un error de bulto: subestimarme. No vieron que en lo que parecía mi derrota, yo ya andaba recogiendo las brasas pa' encender la próxima fogata. Caerse es también una manera de cavar más hondo, (para aquellos que creyeron que no me levantaría) de encontrar el manantial que los que parecen caminar bien tiesos en sus falsos pedestales no van a conocer nunca.

Lo que ustedes llaman fracaso, yo le digo combustión preparatoria. Lo que celebran como muerte es na' más que la muda de un pellejo que ya me quedaba chiquito. Sus insultos son el combustible de mi próximo amanecer; su saña, el espejo donde veo reflejada el hambre de sentido que tienen, una envidia inconfesable del que intenta volar con plumas pesadas de plomo y mala fe, sabiendo que se les pueden derretir…

No les guardo rencor, chico. Eso sería darles un cartel que ustedes no tienen. No son más que una condición climática del paisaje contemporáneo, una manifestación de ese sistema que los enseña a competir en vez de cooperar, a tumbar en vez de construir. Pero igual les dedico estas líneas, como quien clava un espejo en el fango: mírense bien. Vean el ridículo tembleque de su dedo apuntando, mientras el apuntado ya se ha levantado y camina, otra vez, hacia un horizonte que ustedes ni siquiera pueden soñar.

Miren bien cómo ardo. Porque mientras ustedes se chupan los dedos contando mis cenizas, yo ya soy el fénix de candela que abre sus alas nuevas sobre el mismito cielo que creyeron haberme cerrado pa' siempre...

El palo caído ya no está. Donde ustedes solo ven leña pa' su hoguera de resentimiento, ya hay un monte entero de hermanos, naciendo en el silencio. Y esta vez, las raíces son más hondas.

En la candela y en la palabra, los míos ya me pusieron tierra fértil debajo...
Y el más Grande, también este año 100, tendrá canciones y tributos!!
Abrazo a toda mi gente!!

DdA, XXII/6334

NO CABE HOMENAJE A CORTÉS EN MÉXICO: AYUSO NO FUE BIENVENIDA



Aunque la misa solicitada en la catedral metropolitana por la producción de la obra Malinche el musical, de Nacho Cano, se canceló, a la hora en que estaba prevista su realización diversos grupos de varios colectivos elevaron su protesta en contra de la presunta pretensión de “hacer un homenaje a Hernán Cortés”. Y es que estaba previsto que en el acto religioso participaría la presidenta de la Comunidad de Madrid, la conservadora Isabel Díaz Ayuso. Esos colectivos le pidieron a Ayuso que “se adhiera a la justa reacción del presidente del gobierno de España y el jefe del Estado Felipe VI, quienes reconocieron los atropellos cometidos durante la conquista en contra de las comunidades indígenas:

Ciudad de México. Integrantes del colectivo Zemanahuac Tlamachtiloyan realizaron una manifestación frente a la Catedral Metropolitana en contra de la derechista Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. También grupos indígenas y danzantes se reunieron este día frente a la Catedral Metropolitana, para protestar por la misa que se iba a realizar con el nombre de “Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México. Malinche y Cortés”. Aunque la celebración eucarística solicitada por la producción de la obra Malinche el musical se canceló, a la hora en que estaba prevista su realización, los grupos elevaron su protesta en contra de la presunta pretensión de “hacer un homenaje a Hernán Cortés”. Y es que estaba previsto que en el acto religioso participaría la presidenta de la Comunidad de Madrid, la conservadora Isabel Díaz Ayuso. No cabe ningún homenaje a la persona (Hernán Cortés) que torturó y mató “al punto del exterminio” a los pueblos originarios, señalaron los danzantes. 

En tanto, el Movimiento de Pueblos, Comunidades y Organizaciones Indígenas, Movimiento Nacional exigieron a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien se encuentra de visita en México, que “pida perdón a los pueblos indígenas de México y del continente, por los actos ilícitos que constituyen un crimen de lesa humanidad y por lo mismo, son heridas abiertas”. También le pidieron a la funcionaria española que “se adhiera a la justa reacción del presidente de España y del Rey Felipe VI”, quienes han reconocido los atropellos cometidos durante la Conquista en contra de las comunidades indígenas. En cartelones también expresaron su sentir: “El genocidio no se bendice”, “No es fe, es propaganda colonial” y “La conquista fue violencia, no evangelización”.

LA JORNADA MX. DdA, XXII/6334

"EL ÚLTIMO PRESIDENTE", JUAN NEGRÍN LLEGA AL TEATRO


Lazarillo
Acabo de leer gracias a mi amigo Félix Vidal, que me lo comentó ayer, que existe una compañía que se llama La República y que estrenará el próximo día 8 en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria una obra de Miguel Ángel Martínez sobre Juan Negrín (El último presidente), en colaboración con la fundación que lleva el nombre de quien fuera Jefe del Gobierno de la Segunda República durante la Guerra de España. En el libro aparecen, junto al doctor Negrín, otras figuras históricas de su tiempo como los generales Vicente Rojo, Julián Besteiro, Ramón y Cajal o el general Franco. Siempre pensé que la personalidad de Juan Negrín y su papel al frente del gobierno del Frente Popular en un periodo tan difícil como el de la guerra se prestaba a una obra teatral. Recuerdo que hace muchos años lo pensé después de asistir al estreno en Madrid, durante la transición, de una función que tenía por protagonista a Julián Besteiro, cuyo papel durante el último mes del conflicto en Madrid supuso una traición a Negrín por respaldar el golpe de Estado del coronel Segismundo Casado, otro de los personajes que supongo figurará por razones obvias en el libreto de El último presidente.*

*Aprovecho esta noticia para advertir a los lectores del historiador Ángel Viñas que nuestro estimado y admirado profesor acaba de iniciar en su blog (angelvinashist@substack.com) una serie de artículos sobre El fascismo contra la República, con una introducción que los hace muy apetecibles.

DdA, XXII/6334

ESTA CACERÍA TAMBIÉN LE AFECTÓ A USTED, INGENUO SEÑOR GARCÍA ORTIZ

Pensaban que, por pertenecer al llamado «establishment», aquellos que, para desgracia de todos, apestan a la tierra que pisan, simplemente se esconderían, simplemente les dispararían con balas de fogueo. Pero la realidad demostró —una vez más— ser muy diferente, y pudieron comprobar amargamente que las cuentas de la casa no coinciden con las de la plaza, algo que debieron haber previsto, sabiendo quiénes ocupan los cargos en la plaza.



Javier Batanero

Ayer estuve viendo hasta altas horas de la madrugada (en diferido) la entrevista-reportaje que Jordi Évole le hizo al ex Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz. Y yo, que nunca le doy el título de "don" a nadie, porque siempre he tenido problemas con la "autoridad" y aún más con los formalismos sociales, se lo concedo con mayúsculas simplemente porque se lo merece. Porque yo no sería capaz de comportarme como él se comportó ni de no decir lo que él no dijo. Por alguna razón, él fue Procurador General del Estado y yo, desde luego, no podría serlo.
No me sorprendió la integridad ni la prudencia de García Ortiz. Tampoco su aspecto impecable y desprovisto de toda afectación. Ni su valentía al mostrar públicamente su vulnerabilidad como persona, como padre, como esposo, y mucho menos como profesional dedicado a su trabajo. Lo que sí me sorprendió, y mucho, fue su ingenuidad, su ingenuidad ante el resultado de esta implacable cacería a la que lo sometieron los corruptos poderes institucionales de este sanéte que lleva siglos actuando bajo el nombre de España.
¿Quién iba a pensar, señor García Ortiz, que no lo condenarían, más que a usted mismo, estando rodeado de una plaga que se sabe impune y que ya ni siquiera se molesta en disfrazarse, porque sabe que puede prescindir de ello, no solo sin consecuencias, sino también contando con que, en muchos casos, sus representantes se erigirán como firmes y únicos defensores de la justicia y la constitucionalidad? Hemos llegado a este punto, señor exfiscal, y usted debería saberlo mejor que nadie.
Esa ingenuidad se extiende a muchas otras figuras de la política, la cultura y el periodismo, que pensaban que, como bien señala Pablo Iglesias, esta cacería solo afectaría a los independentistas vascos y catalanes y a los de Podemos. Pensaban que, por pertenecer al llamado «establishment», aquellos que, para desgracia de todos, apestan a la tierra que pisan, simplemente se esconderían, simplemente les dispararían con balas de fogueo. Pero la realidad demostró —una vez más— ser muy diferente, y pudieron comprobar amargamente que las cuentas de la casa no coinciden con las de la plaza, algo que debieron haber previsto, sabiendo quiénes ocupan los cargos en la plaza.
No puedo decir que no admire su negativa a dejarse enredar por la estridencia de Jordi Évole para que reconociera públicamente su deseo de decir lo que realmente piensa de (casi) toda la plaga que conforma la Sala II del Tribunal Supremo. Y admiro aún más su firme defensa de la supuesta imparcialidad y profesionalidad de la plaga judicial que intentó hundirlo en la más profunda miseria profesional y reputacional. Sin embargo, debo decirle, estimado señor, que sus encomiables, legítimos y necesarios esfuerzos por mantener a flote el prestigio y la legitimidad de esta plaga judicial institucionalizada, arraigada en el franquismo y el autoritarismo más reaccionario, fueron en vano.

En lenguaje romano: la credibilidad e imparcialidad de los jueces que organizaron su juicio simulado, al igual que las de los jueces que ahora "juzgan" el caso Kitchen, y, por extensión, el prestigio y el respeto que cabría esperar de la institución judicial de este país, no se salvan ni por Cristo, y mucho menos por usted.

Solo hay una manera de solucionar este desastre. Seguramente conoce el quinto de los doce trabajos de Hércules. Se trata de los corrales de Augías, que albergaban innumerables cabezas de ganado y eran famosos por el hedor que desprendían, pues nunca se limpiaban. La acumulación de excremento alcanzó tal cantidad que tuvieron que llamar a Hércules para que se encargara de ellos, y aun así, nadie esperaba que pudiera llevar a cabo semejante tarea, a pesar de sus éxitos en misiones anteriores.
Pero como Hércules era un héroe civilizador (no todos los héroes tienen ese deseo), dijo: «Hay que limpiar toda esta porquería, aunque sea con sosa cáustica». Pero en aquel entonces, creo que la sosa aún no se había inventado. Por lo tanto, lo que hizo Hércules fue abrir un canal que atravesaba los corrales de un extremo a otro y desviar el cauce de los ríos Alfeo y Peneo a través de él, que en un solo día transportó toda la basura acumulada durante quién sabe cuántas décadas.
Esa es la única solución, señor García Ortiz. Pero, claro, ¿dónde vamos a encontrar esos ríos? ¿Dónde vamos a encontrar a otro Hércules? ¿Quién va a abrir el canal en medio de esa apestosa corte infestada de toda clase de criaturas venenosas e infecciosas?
Bueno… creo que le corresponderá a la sociedad en su conjunto hacer de Hércules, olvidando por un momento sus diferencias de clase, profesión e incluso posturas ideológicas. Lo sé, lo sé, será más fácil unir el agua e incluso el petróleo que unir nuestros ríos Alfeo y Peneo. Pero no hay otra manera. Y quizás la unión (aunque sea a regañadientes y a base de molestias) no sea tan impensable, porque tarde o temprano nos daremos cuenta de que los insectos venenosos e infecciosos no tienen otra misión en la vida que picar, infectar y envenenar.

LO DEL SUPREMO ES "SÁLVAME" Y LO DE LA AUDIENCIA NACIONAL, "OPERACIÓN TRIUNFO"


DdA, XXII/6334