jueves, 5 de noviembre de 2026

EDUARDO MANGADA: LA REIVINDICACIÓN POR LA VIVIENDA IBA UNIDA A LA REIVINDICACIÓN DE LA DEMOCRACIA

Interesante entrevista con el arquitecto y urbanista Eduardo Mangada. Nos recuerda que la mayoría de la gente que formamos parte de los primeros equipos de gobierno del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid procedíamos de una implicación política y técnica en los barrios reivindicativos de Madrid. Teníamos una cultura de compromiso, y sabíamos que la vivienda había sido una parte importante de la lucha vecinal; las grandes movilizaciones vecinales en defensa de la vivienda fueron fundamentales en esa época; la reivindicación por la vivienda iba unida a la reivindicación por la democracia.

Ritama Muñoz Rojas

Eduardo Mangada (Valencia, 1932) ha estado varias veces en la acampada de la Puerta del Sol, a la que se ha referido como “una ciudad de tela en el corazón de una ciudad de piedra”. A sus 94 años y con la ayuda de un andador, ha podido moverse por sus calles, entre las tiendas y sus habitantes. Lo ha hecho por solidaridad, por compromiso y por apoyar al Sindicato de Inquilinas. En esta entrevista (realizada antes del desalojo de la Puerta del Sol, el pasado 3 de noviembre) afirma que ha sido un ejemplo de organización y civismo.

Arquitecto y urbanista, Mangada es un referente en la transformación de Madrid durante los primeros años de la democracia. Pertenece a la generación de profesionales comprometidos con los barrios, la gente y con la ciudad como espacio de convivencia; arquitectos y urbanistas que poco después ocuparon cargos relevantes en los primeros ayuntamientos democráticos a los que llegaron con ese compromiso social que marcó la política de vivienda durante esos años; años en los que Eduardo Mangada fue concejal de urbanismo en el Ayuntamiento de Enrique Tierno Galván, y consejero de Política Territorial en la Comunidad de Madrid, con Joaquín Leguina.

Pocas personas con tanta sabiduría y experiencia como él para enfocar todo lo relativo a la vivienda y sus problemas, aunque, antes de empezar a contestar preguntas, quiera dejar claro que “su experiencia empieza ya a ser antigua”. Juzguen ustedes.

Estuvo varias veces en la acampada de la Puerta del Sol. ¿Por qué?

Porque es lo mínimo que puedo hacer. Por coherencia, al menos estética y ética. Y también por coherencia política; ha sido un ejemplo que refleja la dureza de la sociedad española. Tengo que decir que me impresionó el orden, la limpieza, la actitud solidaria. Es un gran ejemplo de la sociedad civil puesta en marcha con razón y fundamento, al igual que el 15M. Esa acampada ha estado más que justificada. Es un ejemplo de civilización. Hay que apoyar estos movimientos.

El gobierno de Ayuso ha usado como argumentos la higiene y la seguridad para tratar de desalojar la acampada de la Puerta del Sol.

Tengo que decir que a mí me impresionó el orden, la limpieza, la emotividad y la empatía que transmitía todo el mundo. Han sido miserables esos comentarios. No ha habido ningún motivo para cerrar el metro ni para desalojar la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid.

A esos jóvenes que estaban allí, gente muy, muy joven, les hemos dicho, “estudia mucho, estudia, y tendrás resultados”. Pero la realidad es que no hay vivienda, no hay trabajo, hay precariedad. En estos momentos de precariedad, la necesidad de una vivienda digna no es solamente para protegerse de la lluvia o del frío; la vivienda es un lugar necesario para protegerse contra la incertidumbre, la incertidumbre en la que vive la humanidad; incertidumbre geográfica, incertidumbre económica, incertidumbre política. Esencialmente, la vivienda tiene que ver con la necesidad humana de tener un cobijo, más allá de un techo; tener un sitio donde se pueda cultivar la intimidad.

Recapitulemos. Usted pertenece a la generación que llegó a las primeras administraciones democráticas para transformar Madrid desde la vivienda y el urbanismo. Eran los ochenta, años intensos, de avances y conquistas. ¿Se percibía entonces alguna señal, alarma o inquietud que apuntara a la vivienda no como derecho, sino como mercancía en manos de la especulación?

En absoluto. En aquel momento, en los años ochenta, pudimos hacer una política de vivienda muy agresiva. Pero luego vino la crisis del 97, luego la del 2008. Realmente, las circunstancias han cambiado mucho. Pero nosotros, como consejeros de la política territorial y de la vivienda de Madrid, en ocho años logramos construir o impulsar 40.000 viviendas sociales en los 39 barrios en remodelación en Madrid. Estos señores [el gobierno del PP en Madrid] no han hecho más de 600 en cuatro años. Por tanto, hay una diferencia fundamental.

La mayoría de la gente que formamos parte de los primeros equipos de gobierno del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid procedíamos de una implicación política y técnica en los barrios reivindicativos de Madrid. Teníamos una cultura de compromiso, y sabíamos que la vivienda había sido una parte importante de la lucha vecinal; las grandes movilizaciones vecinales en defensa de la vivienda fueron fundamentales en esa época; la reivindicación por la vivienda iba unida a la reivindicación por la democracia. Y, cuando los profesionales vinculados a aquel movimiento tuvimos la oportunidad de gobernar, llegábamos con ese compromiso con la gente. No podíamos dejar de hacer lo que habíamos prometido.

¿Se hicieron bien las cosas?

Sí. Hubo una transferencia de 40.000 millones de pesetas del Gobierno central para los barrios en remodelación [el Plan de Remodelación de Barrios de Madrid, impulsado por el Ministerio de Vivienda a partir de 1979, tenía como objetivo incorporar a la ciudad los numerosos barrios irregulares formados por infraviviendas que habían surgido en las décadas anteriores, fruto del éxodo rural y las políticas franquistas]. Pero quiero señalar una cosa que fue muy importante. Además del apoyo político, del apoyo institucional, de la herencia y la cultura de la vivienda que traíamos adquirida desde muchos años de trabajo, la política de vivienda estuvo respaldada por algo muy importante, de lo que no se habla ahora. En aquel momento, disponíamos de un banco público para apoyar la vivienda, algo fundamental para una política de vivienda. La vivienda necesita una financiación a largo plazo para poder ser eficaz. Y esto es lo que diferencia el momento en que nosotros logramos sacar adelante vivienda social con el de ahora, en el que los gobernantes no han tenido ninguna vinculación, ninguna implicación con el movimiento reivindicativo; no conocen los barrios, no han pisado un barrio en su vida. Ya no hay una cultura de compromiso político o sentimental con la gente y los barrios; lo que hay es un compromiso muy burocrático. Nada de lo que hicimos nosotros en vivienda hubiera sido posible sin un banco hipotecario que financiaba nuestro hacer. Tuvimos un banco al servicio de la política de vivienda, eso fue decisivo. Ahora hay que ir a mendigar a los bancos privados para que den dinero. Y ellos, los bancos privados, se lo dan a los fondos de inversión que pueden pagar sus intereses.

Ese cambio en la cultura política socialdemócrata avanzada, la estructura de los gobiernos que habían tenido un compromiso con esa cultura y lo estaban realizando en lo que pudiesen, y la existencia de una estructura financiera que apoyaba esa posibilidad es lo separa aquello con lo que pasa ahora que es un vacío de las tres cosas.

¿En qué momento empezó a torcerse todo?

En los años ochenta hubo un compromiso real de los gobiernos de las comunidades autónomas y del Gobierno central con la vivienda, hasta que llegó el decreto Boyer [que eliminó la prórroga obligatoria de los alquileres en 1985]. El deterioro comenzó en el momento en el que el Gobierno central en manos del PSOE derivó hacia una socialdemocracia parecida a un capitalismo educado, a un capitalismo benefactor. En ese giro fue determinante la presencia de dos ministros de Economía, Miguel Boyer, con su decreto Boyer sobre alquileres; y Carlos Solchaga, con su privatización de los bancos públicos.

Ahora los gobernantes no llegan al gobierno con un compromiso político y social anterior, y no hay una estructura financiera que garantice la posibilidad de hacer políticas sociales. En ese tránsito hay un tema, del que se habla tanto ahora, que son los alquileres. Lo del decreto Boyer supone un antes y un después, es una de las rupturas clave que ha hecho fracasar la política de vivienda. El alquiler, como es lógico y como hay que volver a reivindicarlo, era indefinido, hasta el decreto Boyer. Mis padres y mis abuelos nunca tuvieron la necesidad de comprarse una casa.

Usted tiene claro que el alquiler tiene que ser indefinido.

Eso es básico. Básico. El alquiler es una forma de vivir en la que se adecúan y se actualizan los derechos de las dos partes. Hay que reconocer los beneficios al casero que se actualizan conforme al IPC, igual que las pensiones. Hay además mecanismos para que, si el propietario necesita la vivienda para un hijo o para él mismo, haya posibilidades con avisos y indemnizaciones, tanto del casero hacia el inquilino, como del inquilino hacia el casero. No es una opresión. Es una forma que debe ser incorporada socialmente como un acto normal de relación propietario e inquilino.

Además, hay algo fundamental, que es la estabilidad. La estabilidad es necesaria para hacer un proyecto de vida. Si hay precariedad en la vivienda y precariedad en el empleo, la consecuencia es la catástrofe que tenemos ahora. Nuestra sociedad vive en la precariedad, que es una de las condiciones más negativas de estos tiempos. Los jóvenes están desesperados porque son precarios. Conceptualmente y políticamente, son precarios. Nadie les asegura cinco años de vida tranquila. Yo, cuando terminé la carrera, con mi título de arquitecto, sabía que tenía la vida garantizada hasta que me muriese.

Cualquier persona tiene derecho a una vivienda en alquiler vitalicio, y con un precio de alquiler que no supere un 30% de los ingresos familiares. Porque si supera el 30% de los ingresos familiares con las adaptaciones al salario mínimo, no vives. Un salario normal se te queda en la mitad. Lo malo de este momento es que el negocio de la vivienda ha crecido fuera de control, desbocado y ahora sí que está bien la palabra desbocado. Es un crecimiento desbocado, sin bocado.

¿Sancionaría a los propietarios de pisos vacíos cerrados?

Yo obligaría a alquilarlos. La mejor política de vivienda que se está haciendo es la del País Vasco. Porque está haciendo una labor de revisar los pisos vacíos que hay, ofrecerles negociación y actuar con intermediarios y también con promotores.

La gravedad de la situación actual es que el stock de vivienda pública no existe, ha desaparecido. Entonces, generarlo de nuevo supone por lo menos cinco años. Lo sé muy bien.

Actualmente, España tiene un problema clarísimo. Hace muchas décadas que no se hacen viviendas sociales. Y producir ahora un parque público de vivienda en alquiler retrasa los efectos beneficiosos hasta dentro de cinco o diez años. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es actuar sobre el parque existente. Hay que actuar sobre las viviendas que ya están construidas.

Y luego están los fondos de inversión. ¿Por qué resulta tan complicado intervenir el mercado o controlar a los fondos buitre?

Es complicado porque es una confrontación contra la sagrada y santa propiedad privada y por la mercantilización de nuestras mentes. Estamos en un proceso de mercantilización salvaje. La vivienda es ahora una mercancía, y esto tiene que ver con el capitalismo, que transforma todo en mercancía. En este momento, la vivienda ha dejado de ser un valor de uso para ser un valor de cambio. Por supuesto que hay que intervenir el mercado de la vivienda, pero con arreglo a la Constitución. Su artículo 128 dice que cuando un negocio privado lesiona el bien general, el Gobierno tiene la obligación de remediarlo, interviniendo ese negocio privado. Eso no es revolucionario; es, simplemente, decente.

Cree usted que los padres de la Constitución se podían imaginar el panorama actual de la vivienda.

No. Ni siquiera los socialdemócratas más suaves hasta el año 2000 podían pensar en este vuelco, en esta entrega al capitalismo extractor que estamos viviendo. Ahora, parece que cualquier intervención en el mercado es poco menos que arrasar a la sociedad. Pero la Constitución española lo deja claro, y la lógica también. Es más, incluso la Ley del Suelo de Franco, de 1956, decía que el suelo tenía una función social que cumplir.

A la hora de repartir culpas, estamos hablando de vivienda, ¿a quién señalamos?, ¿a la banca, a los gobernantes, a una mala planificación, a los fondos de inversión a los que se abrió la puerta y aquí están y no se les controla…?

No es una culpa. A partir de Margaret Thatcher, que fue un genio político, se impusieron la ideología y los valores del neoliberalismo. Se le concedió al mercado todo el poder. Y, además, nos convencieron de que no hay alternativa al mercado, que no hay alternativa al capitalismo. Y así, llegamos al capitalismo neoliberal; al capitalismo raptor, depredador en el que la mercancía puede ser el cine, el deporte, el fútbol, tu alma, la mía, nuestro consumo, nuestros grandes supermercados. Es muy difícil escaparse. Incluso los que presumimos de progresistas marxistas acabamos yendo al Corte Inglés; hay que reconocer nuestras contradicciones.

Todas las iniciativas de políticas agresivas en vivienda social contaban con un sistema financiero que las garantizaba. En estos momentos, se está hablando de una nueva ley, de topar los alquileres… Pero, no se habla de la financiación pública de la vivienda; nadie plantea restaurar un banco hipotecario destinado a la vivienda. Ése es el punto clave, porque sin una financiación que garantice una política de vivienda social, no es posible hacer nada.

¿Cómo habría que plantear una ley de vivienda?

Estamos cometiendo el error de confiar en una ley de vivienda como la solución al problema. La vivienda necesita una ley, pero necesita también el compromiso de las comunidades autónomas, que son las que tienen la auténtica responsabilidad en vivienda. ¿Y por qué nadie actúa? Porque todos estamos impregnados de esta mentalidad capitalista.

¿Qué opina del real decreto que se ha aprobado recientemente?

Está muy bien, es necesario. Hay que intervenir de inmediato en el mercado de alquileres. Pero, para el futuro, hay que estructurar la venta y el dinero y las administraciones para que se obtengan resultados. Y una cosa muy importante sobre la regulación del alquiler: la vivienda tiene que ser digna y estar en sitios dignos. Dignos no quiere decir que sean bonitos, sino que estén cerca de la fábrica, cerca del lugar de trabajo o con acceso al sistema de transporte. La vivienda sin el transporte no tiene solución. Y además tiene que ser transporte público y gratuito. Las grandes ciudades necesitan un importante transporte público gratuito. En la región de Madrid, todos los cercanías y los autobuses deberían ser gratuitos, porque la movilidad también es otro derecho. Y la ciudad moderna exige la movilidad.

¿Qué es para usted la vivienda?

La vivienda es el espacio donde una persona puede construir su dignidad y cultiva su intimidad; y más aún, en momentos de incertidumbre y de precariedad como estos, supone tener un lugar seguro para resistir frente a un medio natural agresivo, un medio social agresivo, un medio económico agresivo, un medio jurídico agresivo, como es España en estos momentos. Por eso, la vivienda acaba siendo un refugio para garantizar la dignidad. Y esto bastaría para intervenir el mercado de la vivienda, justificaría topar los alquileres.

Lo que es un escándalo, un escándalo de cárcel, es que se puedan vender viviendas públicas, por ejemplo, las que hicimos nosotros en los años ochenta, a los fondos de inversión. Esas son las que se han vendido a los fondos buitres. Todas. Todas. No sé si quedará algún reducto, algún bloque. Eso es increíble.

¿Y qué les decimos a los jóvenes?

Pues que más acampadas en la Puerta del Sol, más movilización en la calle.

CTXT  DdA, XXII/6614

SÁNCHEZ Y EL FUNERAL DE TOLEDO


Félix Población

No está previsto, que se sepa, funeral laico alguno por las víctimas del accidente ferroviario en la provincia de Toledo. Lo hubo en el caso de las víctima de la Dana en Valencia, bien es cierto que un año después. Sí habrá, el  próximo día 10, funeral religioso en la catedral de Toledo. Hoy he leído que la derecha espera que Sánchez también asista, como si estuviera a la expectativa de que no lo hiciera para así poder prolongar sus críticas, ahora que ya no pueden apuntarlas hacia el dimitido Óscar Puente. Algunos medios de extrema derecha pregonaron días atrás que Pedro Sánchez no asistiría, pero sí estará. Lo hará y es de esperar que en una sociedad cívicamente sana, nadie se sirva de una ceremonia de ese carácter para desplantes o abucheos al presidente del Gobierno. Sería un síntoma grave de decadencia moral. El Partido Popular debe creer que, como ocurre cada año el 12 de octubre con el desfile de las Fuerzas Armadas, no faltarán indeseables que puedan servirse de la solidaridad, silencio y respeto que merecen los familiares y amigos de las víctimas para agraviar al presidente del Gobierno. Así ganarían titulares a su favor en los medios a su servicio. La sola suposición de que Sánchez evitaría acudir al funeral por esto, da idea de la miseria mental y moral que afecta a algunos dirigentes de esa derecha extrema, demasiado contagiada por las miserias de la extrema derecha con la que aspira a gobernar, si la ciudadanía no es consciente de lo que esto puede suponer para el país: volver atrás, puede que muy atrás.

DdA, XXII/6614

¿ELEGIRÁ TRUMP EL CAUCE INSTITUCIONAL O SEGUIRÁ EN LAS MISMAS?

La gran pregunta que pende sobre Estados Unidos y el mundo es cómo reaccionará Trump ante las restricciones institucionales a un poder que hasta ahora ha ejercido de modo despótico y sin apenas limitantes: al Times le dijo que está dispuesto a aceptar los resultados y que “probablemente llegará a algún acuerdo” con los demócratas. Pero antes del cierre de las casillas había asegurado a CBS News: “yo tengo el poder definitivo; se llama veto”, y afirmó que la Suprema Corte le otorgó “tremendos poderes” sobre agencias federales sin importar quién controle el Congreso. De este lado del río Bravo, sólo queda hacer votos por que Washington logre tomar su cauce institucional –defectuoso, pero preferible al caos trumpista– e impida al magnate continuar desestabilizando a su propio país y al resto del planeta.



EDITORIAL

A lo largo de la campaña para las elecciones intermedias, el presidente Donald Trump arengó una y otra vez a sus seguidores a votar como si él estuviera en la boleta. Lamentablemente para el Partido Republicano, todo indica que los ciudadanos le tomaron la palabra: al cierre de esta edición, los datos conocidos, los avances en los conteos y predicciones reputadas como la del New York Times indicaban que los correligionarios del mandatario han sufrido una estrepitosa derrota en su intento por retener el control de la Cámara de Representantes y el Senado, así como en las gubernaturas en juego. Lo más impresionante de la jornada es que los demócratas parecen haber triunfado no sólo en los “estados morados”, donde es habitual la alternancia, sino incluso en territorios que hasta antier eran bastiones republicanos inexpugnables: al cierre de esta edición, habían asegurado Carolina del Sur y Kansas. Esta última entidad no ha tenido un senador demócrata desde 1939.

Tan significativa como la magnitud de la debacle es la responsabilidad por la misma, en la medida en que Trump se empeñó en que los comicios fueran un referendo sobre su persona, incluso cuando los sondeos mostraron que se encuentra en el punto más bajo de su popularidad, con un promedio de 36.8 por ciento de aprobación, y apenas 31 por ciento según el estudio de Reuters/Ipsos. A principios de año, nada sugería que los demócratas pudieran hacerse con la mayoría del Congreso; de hecho, todavía en mayo 59 por ciento de los adultos tenían una opinión desfavorable de dicho partido.

Para entender los resultados, es preciso tener en cuenta cuatro factores centrales. La injerencia del presidente en los procesos internos de los republicanos, en los que impuso a candidatos contra el criterio de las militancias locales, en no pocos casos apoyando a aspirantes sin experiencia, con un pesado lastre de señalamientos por corrupción y con perfiles divisivos. Los siguientes dos factores se encuentran estrechamente entrelazados: la agresión criminal contra Irán rompió la promesa de no meter al país en más guerras interminables en el extranjero, a la vez que desató una ola inflacionaria que dio al traste con el gran punto fuerte de Trump en las presidenciales de 2024; la creencia en que haría un buen manejo de la economía. Su afirmación de que no pensaba un segundo en el bolsillo de los estadunidenses al incendiar Medio Oriente sin duda fue un punto de inflexión para votantes que antes le dieron su apoyo.

Por último, pero de enorme importancia, la inhumana e indiscriminada cacería contra los migrantes, sin importar su estatus legal, enajenó al trumpismo el voto latino, crucial para sus victorias anteriores y para asegurar las mayorías republicanas. La mejor muestra de este cambio de preferencias entre los descendientes de latinoamericanos se encuentra en Texas, donde James Talarico y Gina Hinojosa aplastaron a sus contrincantes conservadores por márgenes que nadie anticipó en la carrera senatorial y por la gubernatura. En Florida, la ultraderecha estuvo muy cerca de perder su bastión ante proyectos liberales.

Por todo lo dicho, está claro que la votación de ayer no fue un cheque en blanco para el Partido Demócrata, sino un contundente mensaje de rechazo a los excesos, la soberbia y las prioridades extraviadas de Trump. Sin embargo, es indispensable señalar la alta competitividad de los candidatos adscritos a la corriente del socialismo democrático: políticos progresistas, en su mayoría jóvenes y pertenecientes a minorías étnicas invisibilizadas o estigmatizadas. Lo más destacable de estas candidaturas es que se enfrentaron tanto al racismo desembozado de los republicanos como a la hipocresía y los compromisos corporativos del establishment demócrata. En este sentido, también debe reconocerse la lucidez de millones de estadunidenses que no se dejaron manipular por la lluvia de dinero que los billonarios arrojaron a favor de los republicanos. Cabe deplorar, con todo, que al redactar estas líneas un 57 por ciento de los californianos haya rechazado la Proposición 40, con la cual se buscó cobrar un impuesto único de cinco por ciento a los poseedores de mas de mil millones de dólares y destinar lo recaudado al sistema de salud.

En espera de los resultados definitivos, la gran pregunta que pende sobre Estados Unidos y el mundo es cómo reaccionará el gobernante republicano ante las restricciones institucionales a un poder que hasta ahora ha ejercido de modo despótico y sin apenas limitantes. De manera trumpiana, sus primeras señales han sido contradictorias: al Times le dijo que está dispuesto a aceptar los resultados y que “probablemente llegará a algún acuerdo” con los demócratas. Pero antes del cierre de las casillas había asegurado a CBS News: “yo tengo el poder definitivo; se llama veto”, y afirmó que la Suprema Corte le otorgó “tremendos poderes” sobre agencias federales sin importar quién controle el Congreso. De este lado del río Bravo, sólo queda hacer votos por que Washington logre tomar su cauce institucional –defectuoso, pero preferible al caos trumpista– e impida al magnate continuar desestabilizando a su propio país y al resto del planeta.

LA JORNADA  DdA, XXII/6614

HERBERT BLOMSTEDT: SU DEVOCIÓN POR LA VIDA TODA DEJA UN GRAN LEGADO MUSICAL

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Lazarillo

Muy apenados como melómanos al enterarnos ayer del fallecimiento de Herbert Blomstedt, uno de los directores de orquesta más relevantes de nuestra época. Falleció en paz el 4 de noviembre de 2026, rodeado de su familia en su hogar en Gothenburg, Suecia. Herbert Blomstedt será recordado, además de por su trabajo musical, como una persona de excepcional humanidad. Su gran experiencia y personalidad distintiva dejaron una impresión duradera en todos los que tuvieron el gusto de conocerlo. A lo largo de su dilatada y notable carrera, se ganó el respeto incondicional del mundo musical por su compromiso con las intenciones del compositor, su dominio de la partitura, su excepcional musicalidad y, también, por su disciplina y humildad. Su mayor preocupación siempre fue servir a la música. Su grabación de los sinfonías octava y novena de Beethoven con la Gewandhausorchester sigue siendo una aportación de las más sobresalientes de su trayectoria. Incluso a la edad de 90 años dirigió todas las nueve sinfonías del genial compositor alemán. A pesar de todo el reconocimiento internacional, permaneció siendo siempre una persona reservada y modesta. A menudo dijo que quería dirigir hasta su cumpleaños número 100 y más allá. Su amor por la música y su deseo de compartirla con el público nunca disminuyó. A través de su devoción por la vida toda, Herbert Blomstedt deja un legado cuya trascendencia durará mucho más allá de su fallecimiento a los 99 años de edad (1927-2026). Se necesita luz en esta oscuridad. Y la música puede aportarla, mejor que cualquier otra forma de arte, dejó dicho. Toda nuestra gratitud por tanta belleza, luz y armonía como condujeron sus manos en contra de las sombras y a lo largo de su dilatada existencia*.

*Blomstedt nació en Springfield, Massachusetts, en 1927, hijo de padres suecos. Pasó su infancia en Suecia y Finlandia, y estudió violín y musicología en Estocolmo y Uppsala. Posteriormente, continuó sus estudios de dirección de orquesta en Estados Unidos y Europa, donde estudió con Igor Markevitch y Leonard Bernstein, con quien trabajó en Tanglewood. Comenzó su carrera profesional como director de orquesta en 1954 con la Orquesta Filarmónica de Estocolmo. Fue director de la Orquesta Sinfónica de Norrköping y de la Filarmónica de Oslo, y más tarde se convirtió en director titular de la Orquesta Sinfónica de la Radio Danesa y de la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca. En 1975, durante las divisiones políticas que asolaban Alemania, se convirtió en director titular de la Staatskapelle Dresden. En 1985, asumió la dirección musical de la Orquesta Sinfónica de San Francisco, cargo que ocupó hasta 1995. Durante su gestión, realizó numerosas giras con la orquesta y grabó discos para Decca/London, incluyendo ciclos sinfónicos completos de Nielsen y Sibelius. Regresó a Europa para dirigir la Orquesta Sinfónica de la NDR en Hamburgo y se convirtió en maestro de la Gewandhauskapellmeister en Leipzig en 1998, donde permaneció hasta 2005. Durante este tiempo, grabó los ciclos completos de sinfonías de Beethoven y Bruckner. Ostentó los títulos de director honorario o director laureado en todas las orquestas que dirigió, así como en la Sinfónica de Bamberg y la Orquesta Sinfónica NHK de Tokio. Fue nombrado miembro honorario de la Filarmónica de Viena en 2019. A lo largo de su carrera recibió numerosos galardones, entre ellos el Premio de Música Léonie Sonning, la Orden del Mérito alemana con estrella y varios doctorados honoris causa. En 2026, recibió el premio Praemium Imperiale de Japón en reconocimiento a su extraordinaria contribución a la música. Paralelamente a su vida profesional, Blomstedt se casó con Waltraud (Traute) Petersen en 1955. Su matrimonio duró hasta la muerte de ella en 2003. La muerte de Blomstedt fue anunciada por su empresa de representación, KS Gasteig. El director honorario y representante de Blomstedt durante casi cuatro décadas, Lothar Schacke, declaró en un comunicado: «La pérdida de Herbert Blomstedt nos llena de profunda tristeza a mí y a mis colegas. Cada encuentro con él era un regalo; su amabilidad, conocimiento, sabiduría y sutil sentido del humor nos enriquecían intelectual y emocionalmente». «Más allá de los muchos conciertos maravillosos que tuve la fortuna de presenciar, guardo gratos recuerdos de cuando pasábamos tiempo juntos curioseando en librerías de libros antiguos. El cuidado y el cariño que demostraba por sus preciados libros formaban parte de una cualidad mucho más amplia: el respeto, la amabilidad y la consideración genuinos con los que trataba a todo y a todos en su vida.». THE STRAD

DdA, XXII/6614

miércoles, 4 de noviembre de 2026

LA DIMISIÓN DE PUENTE RECUERDA A LA DERECHA SU TREMENDA INFERIORIDAD MORAL

 La dimisión de Óscar Puente era necesaria porque en política existen las responsabilidades y en la ética existe la necesidad de recordarle de vez en cuando a la derecha su tremenda inferioridad moral. Pero la dimisión de Óscar Puente no soluciona el problema real que tenemos y que él no ha provocado ni arreglado. España da hoy la sensación de ser un cateto ferroviario que presume mundialmente de tecnologías que no sabe mantener ni convertir en eje estratégico de lo público, pero sí ponerlas al servicio del mercado.



Gerardo Tecé

La carrera política de Óscar Puente quedó tocada tras la DANA. Su gestión comunicando y liderando la reconstrucción en aquellos días en los que Mazón iba cambiando de versión cada media hora fue tan aplaudida que a la derecha no le quedó más remedio que sentenciarlo. Miren en las hemerotecas cómo los editoriales y tuits alabando la gestión de Puente dieron paso a la cacería más sangrienta. Dos gravísimos accidentes de tren, en la misma alta velocidad que “vive su mejor momento en España”, tampoco es que hayan ayudado a evitar este final. Es fácil ser la cara que hace su trabajo mientras Mazón toma ibuprofeno y se pregunta qué ha pasado. No lo es tanto ser la cara que le explica a la ciudadanía que una vía se rompió, pero que el mantenimiento estaba en regla; que un tío dio una orden errónea y murieron decenas de personas, pero que el sistema funciona. A Óscar Puente, uno de los grandes protagonistas de la política española moderna, no le quedaba más remedio que dimitir y ayer lo hizo. No le quedaba más remedio si quería irse con dignidad y no de otro modo. Remedios alternativos hay muchos, como nos enseña la historia de las nulas asunciones de responsabilidad en España. “Un ministro no se puede permitir más de cien muertes en un año”, dijo y se fue logrando no dimitir de un estilo que será recordado.

Los que nunca dimitieron tras las mentiras del 11M, las chapuzas del Yak42, los señalamientos al maquinista de Angrois, los vetos a la investigación del Metro de Valencia, las 7.291 muertes en residencias madrileñas o los reservados en restaurantes durante la DANA denuncian que la dimisión de Óscar Puente no es suficiente. No les basta. Quieren más. La dimisión del presidente del Gobierno, como mínimo. De ahí en adelante, solo hay que dejar volar la imaginación. En la comparecencia de Puente, momentos antes de anunciar que se iba, diputados de la derecha PP-Vox lo acusaron de psicópata, indigno, sinvergüenza e inhumano. En redes sociales, muchos votantes de derechas pedían estos días la muerte de Puente y Sánchez. Ojalá ellos hubieran estado en los trenes y no esa pobre gente, opinan quienes en las próximas semanas votarán a los responsables de Angrois, Metro de Valencia, Yak42, 11M, residencias, DANA, etc. Si Puente ha sido uno de los protagonistas de la política moderna, la derecha enferma es otro. Y es mérito del exministro haber ayudado como pocos a que esta derecha histérica se visualice con claridad. Es impresentable que un ministro ande por ahí con esa actitud de gresca, denunciaban desde las tertulias quienes habían hecho no ya estilo, sino industria de esa misma gresca que le afeaban a Puente. Tienen razón, no puede ser que un ministro me retuitee a mí, les daba la razón yo mismo muchas veces. Con una diferencia: el exministro se da de hostias pero, al contrario que sus rivales, no practica el juego sucio ni miente en las refriegas.

Mintió, eso sí, cuando dijo que no dimitiría mientras todo el que le tenía cierto aprecio al personaje o la persona le recomendaba que lo hiciera. Mi forma de entender este trabajo es quedarme dando la cara cuando todo está mal, no irme corriendo tras lo ocurrido, anunció tras el terrible accidente. Una semana más tarde, Puente ya no está al frente del Ministerio de Transportes, lo cual no cambia nada. Puente, de ideología de izquierdas, pero del PSOE en cuanto a gestión, entendió que la alta velocidad en España estaba en su mejor momento justo cuando llegaron las liberalizaciones del sector que nos permitieron a todos comprar billetes más baratos. Baratos e inseguros. Con el PSOE subió la inversión en mantenimiento respecto a la época del PP, faltaría más, pero lo hizo por debajo del aumento del tráfico en la alta velocidad. Es decir, seguimos suspendiendo. El vicepresidente Carlos Cuerpo, que liderará el Ministerio de Transporte durante unas semanas con el mérito demostrado de no haber insultado a nadie en Twitter, no va a cambiar nada. Ni él ni el próximo ministro, sea del color que sea. La dimisión de Óscar Puente era necesaria porque en política existen las responsabilidades y en la ética existe la necesidad de recordarle de vez en cuando a la derecha su tremenda inferioridad moral. Pero la dimisión de Óscar Puente no soluciona el problema real que tenemos y que él no ha provocado ni arreglado. España da hoy la sensación de ser un cateto ferroviario que presume mundialmente de tecnologías que no sabe mantener ni convertir en eje estratégico de lo público, pero sí ponerlas al servicio del mercado.

CTXT  DdA, XXII/6613

MÁS DE DOS SIGLOS DESPUÉS, UNA GOBERNADORA INDÍGENA EN USA


Lazarillo

Han tenido que pasar más de dos siglos para que la tantas veces considerada como ejemplar democracia de los Estados Unidos tuviera como gobernadora de uno de sus estados a la primera mujer indígena. Esto ha ocurrido ayer en las elecciones de medio mandato de Nueva México, en la persona de la candidata demócrata Deb Halland. La nueva gobernadora pasó antes por la administración del presidente Joe Biden como secretaria de Interior, cargo en el fue también la primera mujer indígena en ejercerlo, cuando era vicepresidenta del país Kamala Harris. Las prioridades de Haaland, según explica su equipo de campaña, se centran en cuestiones como la salud, la vivienda o la educación, pero también las adicciones, el crimen y la sequía, “desafíos” para los que piden soluciones diferentes a lo habitual. El rostro de la nueva gobernadora, así como los resultados de estas recientes elecciones dejando a la administración Trump en las últimas con la aportación decisiva del voto latino,  apuntan un porvenir más estimulante para el país*.

Las victorias históricas de los demócratas que más duelen a Trump: musulmanes, latinos, negras, indígenas y el primer senador gay

Las victorias históricas de los demócratas que más duelen a Trump: musulmanes, latinos, negras, indígenas y el primer senador gay

*Hijo de migrantes mexicanos, Xavier Becerra ganó también ayer la gubernatura de California tras derrotar al republicano Steve Hilton. El demócrata se convertirá en el primer gobernador latino del estado desde 1875. Antes fue secretario de Salud durante el gobierno de Joe Biden, fiscal general de California y miembro del Congreso. La a demócrata Keisha Lance Bottoms ha ganado las elecciones a la gobernación de Georgia. Primera mujer gobernadora de Georgia, y primera persona afroamericana en llegar a la gobernación de un estado.


DdA, XXII/6613

OSCAR PUENTE REIVINDICA CON SU EJEMPLO QUE LA POLÍTICA TAMBIÉN ES DIMITIR


Ana Cardo 

Después de dar todas las explicaciones que cabía dar en los días siguientes al trágico accidente ferroviario en la provincia de Toledo y presentarse espontáneamente a ello en el Congreso, el ministro de Transportes y uno de los políticos más relevantes del Partido Socialista dimitió ayer: "La decisión sobre mi futuro la tomé los primeros minutos tras la tragedia, cuando tuve conocimiento de ella y así se lo hice saber en primer lugar a mi familia. Un ministro de Transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año, por muy distintos que sean y tenga o no responsabilidad en ellos, pero es una cuestión de dignidad política, coherencia y empatía con las víctimas". Óscar Puente renunció igualmente a ser cabeza de lista por Valladolid en las próximas elecciones generales. Puede que su ausencia se deje notar en la campaña electoral de su partido, unida a la de Zapatero por razones muy distintas, pero la ciudadanía en general debería valorar lo que el periodista Jordi Évole ha reflejado hoy en un comentario que está gozando de gran difusión en las redes, en alusión a la dimisión del ministro: "Se nos había olvidado que la política también podía ser esto". El propio Puente lo ha dejado claro recurriendo al fallecido Forges con un viñeta muy elocuente*. 

*Y entonces Puente se fue. Oscar Puente le ha dado un giro de 180 grados a la campaña. Dimite como ministro y renuncia a encabezar la lista del PSOE por Valladolid. Para la derecha, la noticia llegó como un balonazo en la propia portería. Ya no habrá tuit mañanero que descontextualizar, ni comparecencia que convertir en circo, ni ministro de transportes al que señalar con el dedo. Puente, ha dejado a PP y Vox con las manos vacías a tres semanas de las urnas. La campaña que tenían diseñada alrededor de su figura se ha quedado sin protagonista. Oscar Puente se ha ido por la puerta de la dignidad, y se ha llevado consigo la mitad del guion electoral de sus enemigos. Lucio Martínez Parada

DdA, XXII/6613

ENSEÑANZA: ME HE JUBILADO PORQUE ENCONTRÉ LA POSIBILIDAD DE HUIR


Mucha gente no quiere entender que una escuela pública ni es el Corte Inglés ni tiene que velar por la satisfacción del cliente. Llega un punto en que tienes que adoptar lo que Nietzsche llamaba el pathos de la distancia. Lo siento, papá, pero he elegido esta manera de no someterme a la infamia. Me respeto a mí mismo lo suficiente para saber que valgo para algo más que para aguantar la dictadura de cuatro sabandijas

David Pablo Montesinos

Mi padre era un tipo muy viril, con los atributos de la masculinidad patriarcal muy marcados. Condenaba moralmente cualquier asomo de desistimiento: “aguanta y no huyas, lucha hasta el final”.
Disculpen este edípico ajuste de cuentas, pero he de contestarle: lo siento, algunas veces es mejor huir. No es que con la huida renuncies cobardemente a solucionar el problema, como él creía. Es que a veces la huida es la solución, a lo mejor la única solución. Es épico luchar contra gigantes, pero, lo siento, Don Quijote estaba loco. Yo no.
Recientemente -supongo que no le molestará que lo cuente- Almudena, dueña de la librería Ramón Llull e incansable agitadora cultural, mostró su extrañeza por mi jubilación que, ciertamente, hubiera podido demorar unos cuantos años dada mi edad. Aludió a mi entusiasmo por la enseñanza de la filosofía, mi defensa de la escuela pública… ”Si alguien como tú tiene que dejarlo es que algo va muy mal”, me dijo con su habitual generosidad.
Yo no me he jubilado porque crea que ya no valgo y quiera dedicarme a campeonatos de petanca. Me he jubilado porque he encontrado la posibilidad de huir. Y huyo de las aulas porque después de muchas experiencias desagradables, sobre todo en los últimos años, he llegado a la conclusión de que lo que sé hacer, enseñar filosofía, no es lo que la sociedad quiere que haga. He decidido no someterme a una lógica plastosa y miserable que degrada el papel de los docentes.
Nadie me valora ya por ser un buen profesor de filosofía, como ninguno de mis compañeros será apreciado por enseñar música, inglés, matemáticas o latín, por muy bien que lo hagan y aunque se dejen la piel en el esfuerzo. Lo que el mundo nos pide es que cuidemos a sus niños siete horas al día, que los tengamos en esa extraña mixtura entre guardería y presidio en que se han convertido los institutos. Y para eso es mejor que alguien joven y con entusiasmo me sustituya.
Huyo, es cierto, y en cierto modo huyo de mí mismo porque temía que un día diría a los padres de algún alumno lo que pienso de verdad de ellos y del monstruo de niñato consentido y sociópata que están fabricando… y eso puede acabar muy mal. O me canso de inspectores que vienen a joderte porque has suspendido a un zángano que no sabe hacer la o con un canuto porque no le apetece. O de mamás que te insultan y amenazan porque has sancionado a su hija por comportarse como una mierda de persona y resulta que la niña “ha tenido problemas psicológicos”… Para qué seguir, creo que el mapa de la miseria moral por la que son capaces de reptar los seres humanos es inmenso.
Tengo una enorme fe en los servicios públicos y en la justicia social. Tengo menos fe, lo siento, en la capacidad de la ciudadanía para entender por qué es tan importante sostenerlos y por qué es necesario preservar la autoridad de los profesionales que la defienden cada día. Siento decepcionar a quienes piensan que soy un buen chico, pero lo he de decir: no tengo por qué aguantar que una patana que ni siquiera sabe escribir una hache se crea con derecho a amenazarme e insultarme. Es escoria, no tengo ninguna duda, y no va a poner ni por un momento en crisis mi autoestima. Ni siquiera cuando no tengo un jefe de estudios capaz de cuidar adecuadamente de su equipo de trabajo y poner en su sitio a semejante insecto.
No huyo de esa mamarracha y de otros de su calaña, huyo de un tsunami: el mal está instalado en la sociedad. Mucha gente no quiere entender que una escuela pública ni es el Corte Inglés ni tiene que velar por la satisfacción del cliente. Llega un punto en que tienes que adoptar lo que Nietzsche llamaba el pathos de la distancia. Lo siento, papá, pero he elegido esta manera de no someterme a la infamia. Me respeto a mí mismo lo suficiente para saber que valgo para algo más que para aguantar la dictadura de cuatro sabandijas. Prefiero dedicarme a otras cosas.

DdA, XXII/6613

EL JEFE DE GOBIERNO POSIBLEMENTE MÁS INSULTADO DE LA HISTORIA


Félix Población

Puede que José María Izquierdo haya acertado con el libro que de una forma estrictamente documental o hemerográfica, sin añadir más que una breve introducción y un prólogo de su amigo Iñaki Gabilondo, mejor refleja el nauseabundo periodo político que los medios al servicio de la oposición conservadora y ultraconservadora han protagonizado durante los gobiernos de Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Para ello se ha limitado recoger los 300 insultos más feroces que el presidente del Gobierno desde 2018 ha venido soportado a cargo de las emisoras, los canales de televisión, periódicos y digitales sumisos a la derecha y a la extrema derecha. Como precedente de ese tipo de combatividad mediática asilvestrada, se recuerda en la introducción los tiempos del llamado sindicato del crimen contra Felipe González en los años noventa del pasado siglo, pero también cuenta en el historia del género aquella legislatura no menos amotinada del Partido Popular, marcada por conspiranoia después de los atentados del 11-M, una vez que Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa. La idea de Izquierdo resumiendo en un libro los agravios periodísticos sufridos por Pedro Sánchez, haciendo coincidir la editorial su salida este 1 de noviembre con el periodo preelectoral, me parece comercial y políticamente muy acertada, aunque algunos -como el que suscribe- vamos a tratar de eludir su lectura por el mal efecto que tan prolífica sarta de ofensas y denuestos tendría en quien no está para indigestiones de ese cariz. Si como ciudadano ya he venido sufriendo las náuseas de conocerlos de rebote durante estos pasados ocho años, sería excesivamente vomitivo pasar páginas y páginas comprobando lo que un periodismo de letrina da de sí cuando no es capaz de asumir otro jefe de gobierno que no salga de las filas políticas que lo subvencionan. Uno ya no tiene edad para recapacitar sin riesgo para su salud en las taras históricas que supone este tipo de estercolero mediático. Máxime cuando desde los avances electorales de la extrema derecha, sobre todo, hay cabeceras que no dejan de sembrar odio político con el manifiesto propósito de alterar la convivencia ciudadana. Aquí va, sin la frase contextual que contiene los insultos, una breve lista de los que contiene el libro de José María Izquierdo, tomada de la publicidad comercial que lo ha puesto en la calle: Tirano, sátrapa, psicópata, autócrata, sin escrúpulos morales, hipócrita, ladrón, vil, ególatra, corrupto, el jefe de la banda, chulo, surgido de los burdeles, inmoral, indecente, traidor a la patria, mosca cojonera, idiota, desalmado, imbécil, lagartija, bárbaro, Atila, negrero, sinvergüenza sin escrúpulos, depravado, golfo, granuja, inmoral, rata, indigente mentalmente, pasto de presidio, delincuente, gánster y, por supuesto, hijo de puta. Cabe preguntarse, de ser reelecto Sánchez en las urnas este otoño, si habrá más variantes de dicterios en lo sucesivo o tendrán continuidad los existentes en la próxima legislatura, porque tan poco es que sus autores den para mucho más. La verdad es que sólo por libros que documentan tanta bazofia, como este de Izquierdo, esas derechas unidas por los extremos que corremos el riego de que nos gobiernen, merecerían ser derrotadas una vez más en las urnas. Mucho me temo que, de ser vencidas, lo van a llevar peor que nunca durante este último medio siglo. Es muy probable que estemos ante el jefe de gobierno más insultado de nuestra agitada historia.

DdA, XXII/6613

martes, 3 de noviembre de 2026

SABEMOS QUE FEIJÓO PRIVATIZARÁ LAS PENSIONES...

Sabemos que Feijóo privatizará las pensiones; no se resigna a dejar en el sector público más de doscientos mil millones anuales; lo justifica con un supuesto agujero que los datos desmienten. Que le aconsejen no hablar del tema hasta pasadas las elecciones, da idea de la gravedad de la trama.



Armando Nosti

Sabemos que Feijóo privatizará las pensiones; no se resigna a dejar en el sector público más de doscientos mil millones anuales; lo justifica con un supuesto agujero que los datos desmienten. Que le aconsejen no hablar del tema hasta pasadas las elecciones, da idea de la gravedad de la trama.
Sabemos que congelar el SMI es su objetivo; dice que aumentar el salario mínimo sería contraproducente por los saltos en el IRPF y que el 30% enriquecería al gobierno. El SMI está exento de IRPF, en un impuesto directo no hay saltos y lo recaudado no es “para el gobierno”.
Sabemos que quiere dejar el SMI en manos de la patronal y las bajas laborales en las de las mutualidades.
Sabemos que anuncia sacrificios; curioso cuando la economía española es motor de la UE, el FMI corrigió al alza nuestro crecimiento y la deuda pública está por debajo del PIB. Sabemos que el problema no es la creación de riqueza sino el reparto de esa riqueza. Los beneficios de bancos y grandes empresas baten records cada año. Sabemos que mientras un trabajador apenas mantiene el poder adquisitivo, un ejecutivo medio ingresa desde cientos de miles a millones de euros, pero tiene que sacrificarse el trabajador.
Sabemos que vamos a perder derechos conquistados, recortarán aborto y eutanasia y suprimirán igualdad. Sabemos que en sus comunidades aceptan pulpo como animal de compañía para seguir gobernando con VOX. Sabemos que votaron contra todos los derechos sociales a los que luego se acogieron, y que van a limitarnos la libertad de prensa a comprar el periódico que queramos.
Sabemos que ni la vivienda habitual ni las segundas viviendas pueden ser “okupadas” y que si alguien lo intentara sería un allanamiento que se soluciona sin intervención judicial.
Sabemos que el “Contrato con España” es una sucesión de tópicos, temas que no son competencia del gobierno e incumplen en sus comunidades y leyes que ya existen y votaron en contra.
Sabemos que el senado, una cámara inútil convertida en circo, puede cobrar una importancia excepcional si consiguen mayoría suficiente para, modificando la Constitución, cambiar el sistema electoral y artículos relativos a la organización y funcionamiento del CGPJ y del TC.
Sabemos que veinte imputados de la Gurtel admitieron su culpabilidad hace un año y siguen sin sentencia. Que se está juzgando el caso Lezo después de veinte años con cinco imputados del PP, y que Zaplana y Montoro andan por ahí tranquilamente. Sabemos que el Fiscal general, David Sánchez y Ábalos están juzgados y condenados y que Begoña Gómez está en capilla.

LA NUEVA ESPAÑA