martes, 12 de mayo de 2026

DURANTE DÉCADAS, LOS MIGRANTES FUIMOS NOSOTROS


Paco Arenas

En los años 50, 60 y 70, la escena de la foto se repitió millones de veces. Más de dos millones de españoles —algunas fuentes hablan de hasta cuatro— cruzaron la frontera buscando lo que aquí se les negaba: pan, salario y un mínimo de dignidad. La España franquista presumía de orden y grandeza, pero se sostenía, en buena parte, sobre las remesas de quienes se dejaban la espalda en fábricas suizas, obras alemanas o vendimias francesas.
Se iban como se van ahora muchos que cruzan el Estrecho: con miedo, con rabia, con una maleta pobre y la cabeza llena de esperanza. La mayoría, contra lo que ahora sermonea la extrema derecha, se marchaba sin papeles en regla, con contratos dudosos o directamente sin ellos. Llegaban a Francia, Alemania o Suiza y descubrían que, como ya se decía entonces, «allí tampoco hartaban los perros con longanizas»: cada franco, cada marco, cada franco suizo había que sudarlo.
Muchos se iban seis meses a Suiza y, trabajando ocho horas al día, cinco días a la semana, lograban reunir lo suficiente para dar la entrada de un piso en España. En aquella España que presumía de ser la séptima potencia económica mundial —siendo mentira, pues era profundamente tercermundista— habrían necesitado años de salarios de miseria para conseguir lo mismo.
«De España para los españoles» se llamaba un programa diario dedicado a aquella diáspora. Era casi una metáfora involuntaria: España para los españoles… siempre que fuera a distancia, mandando el dinero desde fuera.
En esos países hacían el trabajo que no querían hacer ni los franceses, ni los alemanes, ni los suizos: minas, siderurgia, construcción, turnos de noche, habitaciones que olían a lejía y a soledad. Y, aun así, muchos eran acusados —sin pruebas, con el veneno de siempre— de ser ladrones, violadores, problemáticos. Para cierta derecha europea, África empezaba en los Pirineos; los «panchitos», «moros» o «negros» de entonces se llamaban Manolo o María y hablaban castellano, o cualquiera de las otras lenguas de la piel de toro.
Por eso resulta tan obsceno escuchar hoy a los herederos ideológicos de aquellos que expulsaban a su pueblo por hambre decir que «nos invaden» quienes llegan ahora a nuestra tierra a trabajar. Olvidan que si los españoles buscaron el pan en el extranjero fue porque allí la economía iba bien. Exactamente lo mismo que sucede hoy aquí: quienes llegan no lo hacen por turismo, sino porque en sus países el futuro está hipotecado y aquí, a pesar de todo, hay una oportunidad de trabajar y de vivir. A nadie le gusta abandonar su tierra para ir a limpiar la basura ajena.
Los migrantes de ahora hacen el trabajo que muchos españoles ya no quieren hacer: recoger fruta al sol, limpiar hoteles a destajo, cuidar ancianos que levantaron el país con sus manos. Y, como antes nuestros abuelos, escuchan que «vienen a quitarnos algo», mientras sostienen parcelas enteras de la economía. La historia tiene muy mala leche cuando se repite, pero es todavía peor cuando se repite con amnesia.
Mira otra vez la foto: ese hombre podría ser tu abuelo, tu padre, tu tío. Podría estar saliendo de una casa de Jaén, Galicia o Cuenca para irse a Lyon, Zúrich o Essen. Hoy, esa misma imagen se puede tomar en cualquier punto del Mediterráneo: cambia el color de la piel, el idioma y la barca por el tren, pero el gesto es el mismo. Una mano en la maleta, otra aferrada a la familia, los ojos puestos en un horizonte que siempre parece más lejos de lo que marca el mapa.
Sería de justicia que la España que un día fue expulsada por el hambre fuese hoy refugio digno para quienes huyen de otras hambres. Que el país de las maletas de cartón y los «manolos» en Alemania no se convierta en el país que levanta muros contra los nuevos «manolos» de otras geografías.
Porque aquella familia de la foto —él, ella y los tres críos— no son solo pasado. Siguen caminando: ahora hablan castellano, portugués, árabe, quechua, francés o ucraniano, pero llevan en la mirada el mismo miedo y la misma esperanza. Cuando los vemos llegar y solo vemos «extranjeros» o, peor aún, «problemas», estamos olvidando algo sencillo y rotundo: durante décadas, los migrantes fuimos nosotros. Y no hay frontera más decente, ni más justa, que la memoria.

DdA, XXII/6343

LA BANDERA PALESTINA DE LAMINE YAMAL



Félix Población

Partiendo por principio de mi renuencia a los grandes espectáculos callejeros que celebran los triunfos futbolísticos al termino de cualquier competición nacional o internacional, en los que subidos a un autobús los integrantes del equipo vencedor hacen gala de un regocijo un tanto histriónico como principales actores del espectáculo entre las aclamaciones de la multitud, bienvenidas sean estas celebraciones si uno solo de los futbolistas tiene a bien acordarse de que, en medio de tan festivo evento, se está perpetrando un genocidio en Palestina y hay una bandera que representa al pueblo que lo sufre. 

Siguen siendo contados entre los protagonistas del fútbol con un cierto renombre los que se han acordado de lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza, antes sin tregua y ahora con una falsa tregua, y se han manifestado en contra de la masacre perpetrada por el gobierno israelí. Todos recordamos, en este sentido, lo excepcional que fueron las declaraciones hace unos mes del entrenador Pep Guardiola en un acto público, denunciado el genocidio del pueblo palestino. 

Ahora, más discretamente, desde el autocar de su club celebrando la victoria en la competición española, ha sido el joven y magnífico futbolista Lamine Yamal, de ascendencia marroquí, quien ha hecho ondear la bandera palestina. No sé si esto sería posible en el autobús del Real Madrid, habitual competidor del Barcelona en la conquista del título de liga, pero sí lo ha sido en el del club catalán y me parece que conviene destacarlo. 

Todos recordamos que, en su día, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, prohibió la exhibición de banderas palestinas en el estadio del club. Aunque sólo fuera por esta bandera en el autobús del Barça, simbolizando la más espantosa matanza de menores de un pueblo acosado y perseguido durante decenios, celebramos la victoria del equipo blaugrana*. 

*Nos dice Zurbano que Lamine Yamal cogió la bandera de uno de los seguidores del Barça al paso del autobús. Con todo, la imagen es la que es y la que vale, porque Yamal tiene millones de seguidores en las redes sociales.

DdA, XXII/6343

PARA EVITAR EL CONFORMISMO DE ENGAÑARNOS CON LA MENTIRA PREFERIDA

 


José Ignacio Fernández del Castro

«Cualquiera que piense que tiene algo que enseñar es por lo menos sospechoso.»
 Jorge, Ray, LORIGA TORRENOVA (Madrid, 5 de marzo de 1967)
Lo peor de todo (1992).

Lo que Paul Ricoeur comenzara a llamar filosofía de la sospecha (en su De l'interprétation. Essai sur Sigmund Freud de 1965) estableció, con pertinente afán y diversidad de enfoques (Marx, Nietzsche, Freud), la necesidad de recelar de toda pretensión moderna de razón unitaria y total, por cuanto ello, de una u otra forma, habría siempre de hacerse arrinconando alguna parte significativa de la realidad... Del mismo modo, cualquier persona que se pretende poseedora de alguna verdad absoluta que puede y debe ser enseñada (y hasta socialmente impuesta) debe resultar, con independencia de la mayor o menor verosimilitud de su verdad, sospechosa, por cuanto siempre relegará a una parte de la humanidad a la triste ignorancia (cuando no a la herejía). Véase, al respecto, a Isabel Díaz Ayuso cuando, iluminada por la clarividencia de Miguel Ángel Rodríguez, se pone a enseñar a la ciudadanía española en que consiste la libertad, o la mexicana los muchos méritos de Hernán Cortés y su decisiva contribución (a base de derramar sangre, eso sí) al mestizaje… O a ambos de los muchos males del gen sociocomunista, que diría Antonio Vallejo-Nágera en sus Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza (1937), Política racial del nuevo Estado (1938), Higienización psíquica de las grandes urbes (1941),…

Enseñar, igual que saber, son verbos que conjugan mal con la imposición y lo absoluto, pero bien con la argumentación y el debate. No son cuestiones de poder o  tener, sino de querer y ser.
Por eso quien, desde el poder, pretende sustituir los viejos dogmas de cualquier cmonoteísmo por los nuevos dogmas del mercado como única verdad política de la que todos debemos participar, merece muy especialmente nuestras más desconfiadas sospechas y más suspicaces recelos. Para evitar el conformismo de engañarnos con la mentira preferida.

DdA, XXII/6343

lunes, 11 de mayo de 2026

LEELA, LA PERRA DE ECHENIQUE

La imagen es simpática. Seguro que se va a quedar con Pablo para siempre. Vaya para él un abrazo, porque nos consta que el adiós habrá sido duro. Esa mirada se nos queda dentro y sólo muere con nosotros.

Pablo Echenique

Anoche se nos fue Leela. Estuvo por aquí un poquito más de ocho años y no paró de dar compañía, amor y felicidad ni un solo día. Dejó el mundo mejor que como se lo encontró —algo que bien podría ser el sentido de la vida— y lo hizo como lo hacen ellos: como si fuera sin querer y sin pedir nada a cambio.

Leela quiso y fue querida, corrió por un montón de campos y se bañó en un montón de ríos. Jugó mil veces con su hermano Luffy y muchas más veces todavía nos pidió comida, con esa mirada que cualquiera que la haya visto sabe que no se le puede decir que no. Como yo no se la puedo dar con la mano, aprendió a cogerla de mi boca como si fuera un pajarito. La habilidad con la que apoyaba las dos patas delanteras en la silla para hacer la maniobra era propia de un gato.
Y no es lo único que tenía Leela de gato. Tenía la lengua un poco áspera, una querencia por la soledad poco frecuente en perritos y una lista inusualmente pequeña de comidas aceptadas que escapaba a la comprensión de Luffy, que se lo come absolutamente todo sin dudar ni un segundo. Salía corriendo cuando había un ruido fuerte y había convertido la parte de abajo de mi cama en su primera vivienda.
A Leela gustaba correr al galope hasta perderse y acechar a Luffy como si ella fuera un depredador y él un gran herbívoro. Le gustaba revolcarse por la tierra y tuvo una temporada en la que eso incluía caca y animales muertos, porque Leela también era un poco terrorista a su manera. Nos hizo reír un montón de veces con su personalidad y vamos a seguir sonriendo cuando la recordemos.
Leela era noble, inteligente, única y buena y los que hemos tenido la inmensa suerte de haberla conocido nunca la vamos a olvidar.

DdA, XXII/6342

NUEVE PERSONAS DESAGRAVIAN A AYUSO ANTE LA EMBAJADA DE MÉXICO

 


Ana Cardo

La convocatoria de desagravio a la presidenta de la Comunidad de Madrid, después de su fracasado viaje y estancia reducida en México, reunió el pasado domingo, ante la embajada de este país en Madrid, a nueve personas. Según cuenta el diario El País en su edición de hoy, la convocatoria la hizo una cubana anticastrista que, al parecer, no incrementó la concurrida asistencia por causa de una lesión. La cita era a las cinco de la tarde en la Carrera de San Jerónimo, frente al Congreso de los Diputados, lugar en el que está ubicada la sede de la embajada en España de los Estados Unidos de México. Junto a los reunidos había casi tantos periodistas y fotógrafos, alguno de los cuales dejó testimonio para la historia de esta imagen. Obviamente, la noticia no se pasó por alto en algunos medios de información de México. Se eludió, por supuesto, en aquellos que asumieron los agravios que la presidenta profirió contra el país que la recibió, exaltando la figura del conquistador Hernán Cortés contra la opinión de la mayoría de la ciudanía mexicana y del gobierno al que mayoritariamente votó en las urnas y también mayoritariamente respalda. 

DdA, XXII/6342

CUBA: LA OPINIÓN PÚBLICA INTERNACIONAL DEBE OPONERSE A UNA AGRESIÓN MILITAR

Pese a las renovadas amenazas de una agresión militar directa de Washington contra Cuba, no le será fácil concretarla al grupo que detenta el poder en la Casa Blanca. En este contexto, la opinión pública de Estados Unidos y la internacional deben movilizarse para evitar que el trumpismo perpetre lo que sería uno más de sus crímenes.


EDITORIAL

De acuerdo con los registros del sistema de monitoreo aéreo FlightRadar24, el gobierno de Estados Unidos ha incrementado en forma significativa los vuelos de aviones y drones de inteligencia militar alrededor de Cuba, particularmente cerca de La Habana y de Santiago. Ello se suma a los recientes amagos de Donald Trump contra la isla y al paquete de nuevas agresiones económicas impuesto la semana pasada por la Casa Blanca, que criminaliza toda cooperación internacional con el gobierno cubano.

El régimen estadunidense se ha embarcado así en una ofensiva cuádruple contra Cuba: económica, militar, mediática y sicológica, en la que alterna amenazas, endurecimientos del bloqueo y mentiras llanas, como la que profirió hace unos días el secretario de Estado, Marco Rubio, sobre una supuesta “ayuda humanitaria” por 100 millones de dólares a la isla, la cual habría sido rechazada por La Habana.

La preocupación por una posible agresión armada estadunidense en la Antilla mayor tiene sobrados fundamentos, si se considera que Trump anda en desesperada búsqueda de algún asunto que le permita alejar los reflectores del desastre estratégico al que llevó a su país al atacar a Irán, de la caída estrepitosa de su popularidad –incluso entre sus propios seguidores y aliados–, del mal desempeño de la economía de Estados Unidos, del multiplicado descontento político y de las dudas crecientes sobre su salud física y mental y sobre sus capacidades para seguir en el cargo; todo ello, a pocos meses de una elección de término medio que se augura como catastrófica para él y para su partido, el Republicano.

Por otra parte, debe considerarse que una incursión bélica contra la isla tendría escasas probabilidades de éxito a corto plazo y muchas de convertirse en un nuevo pantano para el régimen trumpista. El viernes pasado el canciller cubano, Bruno Rodríguez, advirtió que de concretarse, los amagos belicistas contra su país procedentes de la Casa Blanca podrían desembocar en “una catástrofe humanitaria, un genocidio, la pérdida de vidas cubanas y de jóvenes estadunidenses” y en “un baño de sangre” en la isla.

Debe advertirse, adicionalmente, que los nunca superados designios militares de Estados Unidos contra Cuba han perdido respaldo en la sociedad en general, e incluso en la comunidad cubanoestadunidense, en la que la trasnochada fobia anticomunista ha perdido hegemonía y ha ido cediendo paso a nuevas posiciones que, por elemental sentido humanitario o por mero pragmatismo, se oponen a tales fantasías de agresión.

En otro sentido, el sádico bloqueo económico originado hace más de seis décadas y acentuado en las dos administraciones trumpistas no sólo degrada hasta niveles inimaginables las condiciones de vida de la población cubana, sino que es un agravio contra la soberanía de otros gobiernos –incluido el de México– y contra los intereses de actores económicos que se ven impedidos de realizar negocios en la isla.

Así pues, pese a las renovadas amenazas de una agresión militar directa de Washington contra Cuba, no le será fácil concretarla al grupo que detenta el poder en la Casa Blanca. En este contexto, la opinión pública de Estados Unidos y la internacional deben movilizarse para evitar que el trumpismo perpetre lo que sería uno más de sus crímenes.

LA JORNADA MX. DdA, XXII/6342

UN DRON ISRAELÍ LA PERSIGUIÓ HASTA MATARLA EN LÍBANO: 12 AÑOS



Lazarillo

Lo cuenta desde Sidón Marta Maroto, periodista free lance, en una breve crónica que aterra difundida por las redes sociales. Este fin de semana Israel ha causado cuatro decenas de muertos en Líbano. La estrategia aniquiladora puesta en marcha en la Franja de Gaza continúa en aquel pequeño país. El proceder asesino de los invasores lo describe la periodista tal como el gobierno de Netanyahu lo ejecutó sobre territorio palestino. Un misil destruye una vivienda y cuando acuden las ambulancias, un segundo misil asesina al equipo sanitario o cualquier otro servicio de emergencia que acude a socorrer a las víctimas. Dos paramédicos en concreto este fin de semana, más de un centenar desde el pasado 2 de marzo, según Maroto, que encomiablemente mantiene toda su entereza dándonos noticia de tanta barbarie. La limpieza étnica continúa aniquilando a familias enteras en Líbano, dice. Y nos habla de una niña, que podría ser la de la imagen que nos facilita Aisha desde Gaza, también a través de las redes sociales, con estas líneas: "Ella tenía 12 años. Ayer, un dron israelí la apuntó a ella y a su padre en el sur del Líbano. El primer ataque mató a su padre. Ella sobrevivió. Aterrorizada, herida, corrió por salvar su vida. Entonces otro dron la siguió. Y la mató también. Maldito sea todo el mundo cómplice". Lo está, maldito, por permitir que se masacren las jóvenes flores crecidas de vida y nada ni nadie lo evite. 

DdA, XXII/6342 

PROHIBIDOS LOS SÍMBOLOS SOVIÉTICOS EN LOS MEMORIALES DE BERLÍN


Uno de los tres memoriales que hay en Berlín como homenaje a los soldados del Ejército Rojo

Félix Población

Las autoridades de Berlín han vuelto a prohibir los días 8 y 9 de este mes  la exhibición de banderas y símbolos de la Unión Soviética, Rusia y Bielorrusia en el recinto de los tres principales memoriales soviéticos erigidas en aquella ciudad después de la Segunda Guerra Mundial.

Según detalla la policía de Berlín y el portal oficial berlin.de, la medida afecta a los memoriales de Treptower Park, Tiergarten y Schönholzer Heide, donde permanecen enterrados miles de soldados del Ejército Rojo que perdieron la vida en la llamada Batalla de Berlín. No obstante, y a pesar de la prohibición, en Schönholzer Heide hubo congregación de berlineses y una ofrenda floral a cargo del embajador ruso en Alemania. 

El Tribunal Administrativo de Berlín ha ratificado estas prohibiciones alegando "la necesidad de preservar la paz pública" y evitar un "efecto de marcha victoriosa" que pudiera interpretarse como "instrumental" para "expresar apoyo a Rusia" en la actual guerra de Ucrania. La prohibición pasa por alto el hecho de que no existe una correlación directa entre los símbolos soviéticos y los nacionalistas rusos, y que de hecho millones de ciudadanos soviéticos de otras nacionalidades murieron o fueron asesinados durante la invasión de la Alemania nazi contra la URSS. De hecho, después de los rusos, los ucranianos representan la mayoría de las víctimas, alrededor de 6,8 millones. 

El número de soldados del Ejército Rojo que perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial supera los nueve millones, con más de 17 millones de bajas mortales entre la población civil y un territorio con sus pueblos y ciudades en gran parte arrasado por los combates. Prohibir los símbolos bajo los que esos soldados lucharon contra el nazi-fascismo y murieron en combate, y por lo que se les rinde homenaje en los memoriales berlineses, no va a evitar -aunque se pueda pretender- que se olvide su historia.  Tampoco su importante papel en aquella guerra, en la que fue decisivo la intervención militar de la Unión Soviética para lograr la victoria. Ningún otro país ni ejército entre los de los aliados que combatieron en el conflicto para derrotar hace 81 años a las llamadas potencia del eje lo pagó con un balance de víctimas tan elevado.

Es lo que tiene haber visto hasta el hartazgo en el occidente europeo sojuzgado por la OTAN tantas pelis en las que Estados Unidos se erige en ejército salvador, siendo incomparablemente menor -aunque igualmente lamentable- el número de víctimas entre sus soldados, combatiendo además sin que su país sufriera daños en su territorio. Nuestra cultura occidental está empapada de esa óptica hollywoodense. 

Estamos convencidos de que las autoridades administrativas de Berlín que prohibieron las banderas y símbolos soviéticos, aplicarían normas muy distintas si otros fueran los países que tuvieran memoriales similares y otras fueran las banderas y los símbolos. Como por ejemplo los de Estados Unidos, cuyo gobierno viene colaborando durante más de dos años con el de Netanyahu en el genocidio del pueblo palestino arrasando la Franja de Gaza, inició junto a Israel una guerra ilegal en Irán y secuestró previo ataque armado al presidente de Venezuela.

DdA, XXII/6342

domingo, 10 de mayo de 2026

LA INTEGRIDAD SIGNIFICA HOY DEFENDER A CUBA Y SU GOBIERNO (PABLO IGLESIAS)

 Sumida en la peor crisis económica de la historia de la era revolucionaria por las sanciones estadounidenses, la isla, que se ha convertido en el centro de atención de Trump y Rubio, lucha por sobrevivir. Evita los errores del pasado reciente, cuando las reformas acordadas con la administración Obama resultaron lentas e incompletas. Pero, al mismo tiempo, defiende su modelo social, que sigue siendo una espina clavada para los conservadores de Washington. No comparto ni un enfoque sectario y dogmático ni posturas que se nieguen a reconocer los errores y fracasos del socialismo -escribe Iglesias en este interesante artículo publicado en Pluralia, pero estoy convencido de que hoy la decencia exige que defendamos tanto al pueblo cubano como a su gobierno. Durante mi estancia en La Habana -escribe Pablo Iglesias en este artículo publicado en Pluralia- solicité una entrevista al presidente Díaz-Canel, quien accedió sin condiciones. Le pregunté todo lo que consideré necesario, incluso sobre las críticas que muchos cubanos le dirigen, y di voz a quienes nunca habían tenido la oportunidad de ser escuchados en los principales medios de comunicación en español. A pesar de todos sus errores, el gobierno cubano se encuentra actualmente amenazado por un criminal que dirige Estados Unidos. A pesar de todos sus reveses, ha resistido una brutal guerra económica y numerosos atentados terroristas durante décadas, y ahora se enfrenta a una enorme amenaza terrorista por parte de Trump. En mi opinión, la integridad hoy en día, por encima de cualquier otra consideración, significa defender a Cuba y a su gobierno.

Pablo Iglesias

Mi primer vuelo fue a Cuba en agosto de 1994. En aquel entonces, Cuba atravesaba una situación económica extremadamente difícil tras el colapso de la Unión Soviética, el llamado "período especial". Yo solo tenía 15 años y llevaba menos de un año en la Liga de la Juventud Comunista. Fue esta la que organizó un grupo de jóvenes para viajar a Cuba. Allí, salimos al campo a trabajar la tierra junto a nuestros compañeros cubanos y otros jóvenes activistas internacionalistas.

Visitamos varios lugares relacionados con los acontecimientos revolucionarios y participamos en diversas actividades y reuniones. En aquel viaje a Cuba, no solo aprendí a cortar caña de azúcar con un machete. Allí fue donde nació mi interés político por Latinoamérica, y fue allí donde comprendí muchas cosas. En ese viaje, me di cuenta de que no existe un mundo ideal socialista o comunista. He llegado a comprender que la política del mundo real está plagada de contradicciones, complejidades, errores e incluso injusticias. He visto que la Revolución Cubana no fue algo ajeno a todo esto. Pero entonces, en aquel viaje, y más tarde, al leer gran parte de lo que llegó a mis manos, también comprendí lo que Cuba y su revolución significaron para Latinoamérica y para el mundo entero. Después de todo, la Revolución Cubana no comenzó con un hombre barbudo en la Sierra Maestra, sino con la independencia del país del colonialismo español; luego continuó como una lucha por la independencia del colonialismo estadounidense, una lucha liderada por revolucionarios cubanos bajo el liderazgo de Fidel Castro. El hecho de que este proceso se desarrollara en plena Guerra Fría fue lo que finalmente selló el acuerdo. Los patriotas cubanos encontraron en los países del bloque socialista un aliado político, económico y militar en su oposición a Estados Unidos.

La Revolución Cubana ha traído consigo un nivel de justicia social y desarrollo sin precedentes en América Latina. El Índice de Desarrollo Humano reconocido por la ONU y otras instituciones internacionales, las victorias olímpicas posibles gracias a la educación gratuita en escuelas deportivas, los logros científicos y académicos, así como el acceso universal a los servicios públicos gratuitos, han convertido a Cuba en un faro para todos los pueblos de la periferia colonizada, así como para organizaciones de izquierda en muchos países. Cuba demostró su compromiso con la causa de la libertad de los pueblos oprimidos enviando a sus mejores soldados a luchar contra el colonialismo en África. Cuando Nelson Mandela ganó las elecciones y se convirtió en presidente de Sudáfrica, muchos desinformados se preguntaron qué hacía Fidel a su lado.

Cuba formó a líderes políticos y guerrilleros latinoamericanos destinados a cambiar la historia de injusticia que asolaba sus países desde hacía siglos. Cuba ha brindado refugio a personas perseguidas por algunas de las dictaduras más brutales, como la chilena, y ha permitido que cientos de miles de jóvenes de Latinoamérica, Asia y África estudien en sus universidades. Cuba ha apoyado sistemáticamente la lucha palestina y la del pueblo del Sáhara Occidental, y siempre ha sido un referente para los nacionalistas negros en Estados Unidos. Malcolm X afirmó que su pueblo podría haber lidiado fácilmente con elementos anticastristas, y el Partido Pantera Negra se inspiró en la Revolución Cubana. Su líder, Assata Shakur, perseguida en su país, se vio obligada a refugiarse en Cuba.

Desde sus inicios, Cuba ha sido blanco de guerra económica, bloqueos y cientos de atentados terroristas orquestados por sucesivas administraciones estadounidenses y sus cómplices. ¿Qué significa para un país, su gobierno y la sociedad en su conjunto estar atrapados en un estado de guerra económica y terrorismo patrocinado por la principal potencia mundial? Significa vivir en un estado de guerra constante, con todas las restricciones a la libertad que ello conlleva. Y, a pesar de todo, Cuba ha demostrado su fortaleza al mundo como potencia cultural, deportiva y científica.

El colapso de la Unión Soviética provocó dificultades mucho más graves e hizo necesaria la apertura de la economía —es decir, su liberalización—, lo que inevitablemente generó nuevos conflictos sociales y desigualdad. La Revolución Bolivariana en Venezuela ayudó a la isla a liberarse de su dependencia del combustible; a cambio, Cuba envió a sus mejores médicos a Venezuela y le brindó asesoramiento estratégico. Durante la presidencia de Barack Obama y la gestión de Raúl Castro al frente del gobierno cubano a través de una serie de reformas complejas, el bloqueo se alivió en cierta medida y reinó un clima de esperanza en el contexto de una clara recuperación económica. Cuba ha centrado su atención en China y Vietnam, y hoy cualquier economista sensato reconocería que, de no ser por el bloqueo y la guerra económica, Cuba estaría en una mejor posición que cualquier otro país del Caribe o Centroamérica.

Hoy, Donald Trump está asfixiando al pueblo cubano con sanciones económicas y un bloqueo aún más severo que los anteriores, y amenaza con una intervención militar semanalmente. Piensen en lo que eso significa. Imaginen el sufrimiento que el bloqueo y la prohibición de importar combustible están causando a la población. ¿Por qué tratan así a Cuba? ¿Por qué, si no tiene petróleo como Venezuela o Irán? Si, ​​como ellos mismos afirman, el socialismo cubano se ha derrumbado, ¿por qué imponer un embargo a Cuba? ¿Por qué no dejarla ahogarse en sus propios problemas? La respuesta es obvia: una Cuba que pudiera competir en igualdad de condiciones con otros países de la región le daría al mundo muchas lecciones, y esto es algo que Estados Unidos y sus cómplices no pueden tolerar.

Treinta y dos años después de mi primera visita, regresé a Cuba, donde me habían invitado a participar en los eventos de la Internacional Progresista y en la flotilla humanitaria. Vi a Cuba enfrentando dificultades aún mayores que las que había encontrado en 1994. Vi a Cuba debilitada por el bloqueo y la escasez de combustible. Soy muy consciente del hartazgo de amplios sectores de la población con el gobierno cubano. He leído casi todas las novelas de Leonardo Padura; en ellas, describe con gran emotividad la vida de los cubanos y pinta un retrato mordaz del gobierno. Pero, ¿cuál es exactamente mi papel como europeo de izquierda? ¿Criticar al gobierno cubano? ¿Centrarme en sus dificultades o sus errores? ¿Dar voz a elementos anticastristas que ya tienen presencia permanente en todos los principales medios de comunicación occidentales? ¿Convertirse en alguien como la izquierda que insiste en que «Cuba fue maravillosa durante la época del Che Guevara y bajo el joven Fidel», pero ahora que la posibilidad de una agresión estadounidense se cierne en el horizonte, la gente prefiere arremeter contra su gobierno con críticas? No me busquen en ese bando. No comparto ni un enfoque sectario y dogmático ni posturas que se nieguen a reconocer los errores y fracasos del socialismo, pero estoy convencido de que hoy la decencia exige que defendamos tanto al pueblo cubano como a su gobierno. Durante mi estancia en La Habana, solicité una entrevista al presidente Díaz-Canel, quien accedió sin condiciones. Le pregunté todo lo que consideré necesario, incluso sobre las críticas que muchos cubanos le dirigen, y di voz a quienes nunca habían tenido la oportunidad de ser escuchados en los principales medios de comunicación en español. A pesar de todos sus errores, el gobierno cubano se encuentra actualmente amenazado por un criminal que dirige Estados Unidos. A pesar de todos sus reveses, ha resistido una brutal guerra económica y numerosos atentados terroristas durante décadas, y ahora se enfrenta a una enorme amenaza terrorista por parte de Trump. En mi opinión, la integridad hoy en día, por encima de cualquier otra consideración, significa defender a Cuba y a su gobierno.


PLURALIA  DdA, XXII/6341

AYUSO QUISO UTILIZAR EL NOMBRE DEL ESTADO PARA "HACER LAS AMÉRICAS"

Quizás Ayuso, acostumbrada a que su corte mediática le ría las ocurrencias y le aplauda hasta las pedorretas intelectuales, pensó que los mexicanos la recibirían entre plumas, mariachis y danzas folclóricas, agradecidos por aquella misión civilizadora que algunos todavía evocan con nostalgia de sacristía. Pero ocurrió exactamente lo contrario. México respondió con dignidad, con rechazo y con una lección política elemental: las relaciones entre Estados no pueden convertirse en el patio de recreo ideológico de una dirigente autonómica en campaña permanente.


José Sarria

Isabel Díaz Ayuso se presentó en México calada con el morrión y con el catecismo debajo del brazo, convencida de que aztecas y mayas la recibirían como una especie de virreina redentora llegada desde la metrópoli para iluminar a ese “narcoestado” al que, según su incontinencia verbal, parecen estar condenados los pueblos indígenas.

La lideresa de Chamberí, abrazada a un neocolonialismo de opereta, creyó que nada mejor podía ocurrirles a aquellos “indios” que rendir pleitesía a Hernán Cortés, glorificar la conquista y celebrar en la Catedral Metropolitana de Ciudad de México un homenaje al conquistador extremeño. Y para semejante ceremonia imperial, nada mejor que llevarse como gran referente intelectual a Nacho Cano, convertido para la ocasión en una especie de monaguillo del revisionismo kitsch, dispuesto a concelebrar aquello de la “Evangelización y el Mestizaje”.

Pero olvidó doña Isabelita un pequeño detalle: algunos pueblos tienen memoria. Precisamente eso que aquí, desde determinados sectores de su partido, llevan años intentando borrar o relativizar. Porque un pueblo sin memoria es dócil; un pueblo sin memoria acepta cualquier caricatura de la Historia y termina confundiendo la democracia con una charanga de consignas y mamandurrias.

Y México, afortunadamente, tiene memoria. Memoria de la conquista, de la colonia, de las humillaciones y también de su independencia. Porque México dejó de ser el Virreinato de Nueva España hace más de dos siglos. Exactamente desde 1821. Algo que, al parecer, nadie le explicó a la presidenta madrileña antes de embarcarse en esta expedición tardocolonial.

Quizás Ayuso, acostumbrada a que su corte mediática le ría las ocurrencias y le aplauda hasta las pedorretas intelectuales, pensó que los mexicanos la recibirían entre plumas, mariachis y danzas folclóricas, agradecidos por aquella misión civilizadora que algunos todavía evocan con nostalgia de sacristía. Pero ocurrió exactamente lo contrario. México respondió con dignidad, con rechazo y con una lección política elemental: las relaciones entre Estados no pueden convertirse en el patio de recreo ideológico de una dirigente autonómica en campaña permanente.

Y así, entre cancelaciones, ridículos y agenda vacía, la lideresa tuvo que recoger el morrión, guardar el catecismo y emprender la retirada. Porque una cosa es representar institucionalmente a España y otra muy distinta utilizar el nombre del Estado para ir a “hacer las Américas” por cuenta propia, dinamitando desde el sectarismo las relaciones de respeto y cooperación que durante décadas han construido la diplomacia, la Corona y la sociedad civil entre España y México.

Octavio Paz escribió que “la arrogancia es el disfraz de la impotencia”. Y pocas veces una frase retrató con tanta precisión un viaje político convertido, desde el primer minuto, en sainete colonial y naufragio diplomático.

DdA, XXII/6341

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