La patronal, dirigida por el asalariado de oro Antonio Garamendi, ha cifrado el coste de las bajas laborales en 33.000 millones de euros. Pero no ha hablado, por supuesto, de su espejo, los datos sobre las horas extras: al menos el 49% de las empresas no las paga. Tampoco menciona que en 2025 las empresas españolas lograron beneficios récord (más de 71.000 millones). En lugar de abordar las verdaderas causas de estos problemas, la derecha ha optado por sembrar la sospecha sobre los trabajadores, dejando de lado los motivos reales de las bajas justificadas y hablando de absentismo, que es por cierto uno de los deportes favoritos del diputado del PP y líder de la oposición, Alberto Núñez-Feijóo.
EDITORIAL
El aumento de las bajas por enfermedad en nuestro país es un asunto que afecta tanto a los trabajadores como a las empresas, a las finanzas públicas y a nuestra forma de entender la salud en el trabajo. Al tratarse de un asunto de tal importancia, que requiere un análisis serio, resulta desolador que una parte de la derecha y de la patronal española prefiera los atajos políticos y la polémica, a solo unos meses de las próximas elecciones generales.
Las cifras son indiscutibles. Las bajas laborales aumentan en Occidente desde hace algunos años, tanto en España como en Alemania, Francia o los países nórdicos. Los factores que originan esta evolución son bien conocidos: la población activa envejece, las enfermedades crónicas ganan terreno, los trastornos relacionados con la ansiedad, el estrés o el agotamiento se producen y diagnostican hoy con más facilidad que antes, y la sanidad pública, cada vez más precaria, no tiene medios ni tiempo para tratar, atender y curar a los trabajadores que lo necesitan.
En un contexto como este, cuesta imaginar que algunos de esos factores no influya en el número de bajas prescritas. Son la consecuencia del turbocapitalismo, también conocido como capitalismo sádico. La patronal, dirigida por el asalariado de oro Antonio Garamendi, ha cifrado el coste de las bajas laborales en 33.000 millones de euros. Pero no ha hablado, por supuesto, de su espejo, los datos sobre las horas extras: al menos el 49% de las empresas no las paga. Tampoco menciona que en 2025 las empresas españolas lograron beneficios récord (más de 71.000 millones). En lugar de abordar las verdaderas causas de estos problemas, la derecha ha optado por sembrar la sospecha sobre los trabajadores, dejando de lado los motivos reales de las bajas justificadas y hablando de absentismo, que es por cierto uno de los deportes favoritos del diputado del PP y líder de la oposición, Alberto Núñez-Feijóo.
Al asimilar la baja por enfermedad a una forma de “absentismo de conveniencia”, el PP y la patronal dan la sensación de querer convertir una cuestión de salud pública en un objeto más para aumentar la crispación y la polarización política. Se trata de una estrategia de la que, en el estado actual, no se puede saber si será eficaz o no en el terreno electoral, pero que en cualquier caso no resiste el examen de los hechos. Estos demuestran que el aumento de las bajas laborales es un fenómeno observado en la mayoría de las economías europeas. Francia, por ejemplo, vive hoy un debate muy similar, donde el incremento de las bajas se atribuye a menudo a unos abusos que los datos empíricos apenas logran respaldar, según los estudios disponibles.
Sea como sea, este enfoque sesgado y malintencionado no está exento de peligros y esconde una proposición indecente: recortar derechos y aumentar el miedo y el creciente malestar de los ciudadanos. Afirmar que el problema radica ante todo en el comportamiento de los trabajadores, y definirlos como abusadores y privilegiados, es una forma de deshumanizar a la clase trabajadora en su conjunto, olvidando que uno no elige ponerse enfermo, y que una pérdida drástica de ingresos afecta siempre, en primer lugar, a los trabajadores más modestos.
La solución que proponen los líderes de la derecha y la empresa consiste en reducir las indemnizaciones por enfermedad o en dificultar las bajas. Por supuesto, esto no hará desaparecer las bajas por enfermedad, sino que aumentará el riesgo de fomentar el presentismo a cualquier precio –incluso al de propagar enfermedades en el lugar de trabajo– y retrasará unos cuidados que, de abordarse demasiado tarde, resultarán más dolorosos para los trabajadores y más dificultosos y costosos para las finanzas públicas.
CTXT DdA, XXII/6404





