Las movilizaciones de jóvenes muestran que los jóvenes se movilizan sobre temas concretos, vivienda, igualdad, Palestina, servicios públicos. No los moviliza el socialismo o el liberalismo. Ni los moviliza hablar de la juventud. Hay temas de movilización donde el alejamiento de la política es especialmente estridente. A la vivienda le pasa lo mismo que al feminismo. La igualdad efectiva de mujeres y hombres remueve demasiadas piezas del orden social y familiar como para que no haya una oposición reaccionaria frontal. El PSOE, Sánchez, no removerá las piezas, no entrará en confrontación. La izquierda debe tomar nota para la cacareada unidad: unidad sobre temas concretos que remuevan el orden social. Lo que se remueva por la igualdad, la vivienda y los servicios públicos, lo que se haga para que la política deje de ser un mundo rancio de gente mayor bien hecho estará. Lo que aleje a los jóvenes de la antipolítica y del autoritarismo habrá sido en beneficio de todos.
Enrique del Teso
Iván Redondo se hacía el jueves dos preguntas sobre una chica al azar
que vaya a iniciar este año sus estudios en la universidad. ¿Es ella la
destinataria de los discursos y mensajes políticos? ¿Le parecerá aceptable la
idea de que la democracia es un sistema fallido? Sobre la primera pregunta,
todos notamos que un local de ocio es para jóvenes o que es para gente mayor.
Se nota en la decoración, la música, el volumen y el ambiente que se intenta
crear. La política es un espacio para gente mayor. Ruido y decibelios tiene,
desde luego, pero tira a rancia. La joven de Redondo está
fuera de sitio, no se le habla a ella ni se habla de ella.
Respecto a la segunda pregunta, nuestra joven universitaria
habrá nacido en 2008. No vivió
ninguna dictadura, vivió el derrumbe feroz de la crisis de la deuda y la
sensación de caída. Vivió la desafección del 15 M, la
tensión independentista, banderas de España con
ademanes de trinchera, la pandemia y descomposición de la sociedad, guerras que
nos sacuden precios y expectativas, viviendas imposibles, trabajos que no dan,
organizaciones ultras vociferando contra inmigrantes y derechos. A los boomers nos
escandaliza oír que la democracia impide la libertad, pero a ella no. No es
tonta ni mucho menos, pero para ella la palabra democracia tiene otras
resonancias, avanzó entre crisis en una carretera con badenes tan pronunciados
que nunca veía más que unos pocos metros del futuro.
Entre los jóvenes, sobre todo menores de 25
años, Vox es el
partido preferido. Hay una brecha muy notable de género, los chicos son mucho
más afectos a discursos autoritarios que las chicas, en España y
en el resto de occidente. Pero a la vez los jóvenes vienen mostrando un notable
grado de movilización y organización en causas que podríamos llamar
progresistas. Fueron muy activos contra el genocidio de Palestina,
recordamos la presencia internacional que lograron en la Vuelta
Ciclista a España. Protagonizaron movilizaciones sonadas contra
la carestía de la vivienda, con exigencias nada abstractas y de fuerte
contenido político. Hay organizaciones juveniles muy activas en cuestiones de
ecología y medio ambiente. Las contundentes movilizaciones contra la
implantación de la fábrica de celulosa Altri en Galicia fueron
transversales y contaron con una fuerte participación juvenil. El lobo es un
tótem para la demagogia ultra. Es un punto en el que se cruza la desconfianza
entre zonas rurales y urbanas y la sensación de que el agricultor ganadero
carga con las medidas proteccionistas. En las movilizaciones proteccionistas,
en línea con los datos de técnicos y científicos, también tienen fuerza las
organizaciones juveniles. El feminismo y la igualdad es un resorte muy
movilizador entre los jóvenes. Es cierto que la reacción antifeminista y
machista es más virulenta y agresiva que antes, pero la igualdad es una
sensibilidad muy viva. Se dejaron ver organizaciones juveniles en la defensa de
la sanidad y educación públicas. Las cosas no son simples.
Hay espacios
políticos que son moldes emocionales, ideológicamente vacíos, que benefician al
que sea capaz de llevar el molde a su causa. Ahora mismo sospecho que son
moldes fértiles el de la estabilidad y el de la antipolítica. El que consiga
presentarse como estabilizador en la tormenta tiene mucho ganado. El PSOE,
corrijo, Sánchez tiene más
posibilidades de llevar ese molde a lo suyo. Es evidente el odio energúmeno que
despierta en el rival. Y, sin embargo, con Madrid DF y,
seamos claros, el aparato del Estado en contra aún tiene posibilidades reales
(de momento) de competir por el gobierno en las próximas elecciones. La razón
es esa: tiene credenciales de estabilizador en la tempestad. Si no fuera así,
lo que tiene encima habría enterrado a cualquier gobierno imaginable. Dije el
aparato del Estado. Con distintos niveles de activismo, policía, ejército, Corona y
sistema judicial son policía, ejército, Corona y
sistema judicial de la derecha. Y menos lloriqueos impostados de los jueces, se
ve a simple vista lo que hay. Aznar dijo
que el que pueda hacer que haga por una de dos razones: porque percibe que el
aparato del Estado está escorado para la derecha y creyó que con un empujón la
nave se vencería para esa parte; o porque percibe que el aparato del Estado
está ya vencido para la derecha y lo dijo para hacerse el poderoso y aparentar
que él mueve la palanca. Sánchez hereda
del PSOE esta
condición de estabilizador. En 2015 el PSOE parecía
el enorme pez de El viejo y el mar.
El PP, C’s y Podemos parecían
los tiburones que daban dentelladas al viejo PSOE moribundo
para llevarse los mejores cachos. Y miren lo que pasó después.
Antipolítica no es antisistema. Los antisistema son activos y
organizados. La antipolítica es el estado de descreimiento y hartazgo, pasivo y
hasta cínico, como cuando un niño que no quiere comer azota el plato. Podemos llevó
con éxito ese molde a su causa durante dos o tres años. Ahora es de Vox.
El PP juega
a que la percepción sea de corrupción generalizada, degradación del estado,
ruptura de la nación, e inmigración y desorden sin control. Pero no ofrece un
modelo de gestión, solo alimenta la antipolítica. Por eso Vox solo
tiene que estarse quieta y bajar las persianas para que no se vea lo que hay
dentro. Los desbarros alucinados del PP sin
hoja de ruta le dan combustible. En los jóvenes prende fácil la antipolítica
(recordemos, es ahora la piel de Vox, pero no
siempre es así). Que la vivienda cueste el salario entero lo eclipsa todo. El
antifeminismo prende porque la mejora de la vida de las mujeres a la vez que
caen las condiciones de vida de todos, con la propaganda adecuada, hace sentir
a los varones que la caída de sus condiciones de vida se debe a los privilegios
feministas. Con un poco de manosfera, la mala leche fermenta.
Las movilizaciones de jóvenes muestran que los jóvenes se
movilizan sobre temas concretos, vivienda, igualdad, Palestina,
servicios públicos. No los moviliza el socialismo o el liberalismo. Ni los
moviliza hablar de la juventud. Hay temas de movilización donde el alejamiento
de la política es especialmente estridente. A la vivienda le pasa lo mismo que
al feminismo. La igualdad efectiva de mujeres y hombres remueve demasiadas
piezas del orden social y familiar como para que no haya una oposición
reaccionaria frontal. Con la vivienda ocurre igual. Es insostenible que la
gente trabaje literalmente para un señor que al final de mes ponga la mano y se
le entregues el sueldo. La percepción que tienen los jóvenes de que las
políticas de vivienda no servirán para nada es correcta. Las bonificaciones
fiscales no sirven. Las abrumadoras cifras de inversión inmobiliaria gritan que
no se puede parar esto sin intervención pública en los precios y en la
propiedad. Es una confrontación en toda regla, la vivienda es como la tenia
solitaria que devora las energías de la sociedad. Los impuestos no tienen que
ser aduladores, como una caricia a los grandes poseedores para que se ablanden
un poquito. Tienen que ser punitivos, castigar las prácticas que llevan a esta
sinrazón. Y tiene que haber expropiaciones por lo que todas las constituciones
prevén: por una urgencia colectiva. Es una confrontación. La igualdad y la
vivienda remueven demasiadas cosas. Para la primera sueltan bufones que
predican que hay una epidemia de varones perjudicados por falsas denuncias.
Para la segunda inventan epidemias deliradas de okupas. La política ordinaria,
aunque tiene recursos legales para ello, no llega a la confrontación que haría
a nuestra estudiante de 18 años sentirse
concernida y le haría sentir que en la democracia, con sus roces y
confrontaciones, se cuece lo que le incumbe. El PSOE, Sánchez,
no removerá las piezas, no entrará en confrontación. La izquierda debe tomar
nota para la cacareada unidad: unidad sobre temas concretos que remuevan el
orden social. Lo que se remueva por la igualdad, la vivienda y los servicios
públicos, lo que se haga para que la política deje de ser un mundo rancio de
gente mayor bien hecho estará. Lo que aleje a los jóvenes de la antipolítica y
del autoritarismo habrá sido en beneficio de todos.
NORTES DdA, XXII/6384





