viernes, 25 de septiembre de 2026

QUE EL FASCISMO NO UTILICE OTRA VEZ LA MISMA DEMOCRACIA PARA DESTRUIRLA

 

"La peor amenaza para la Democracia es que ésta no sea capaz de defenderse de sus enemigos. Si no lo remediamos, el fascismo volverá y entrará por la puerta principal, utilizando la misma Democracia para destruirla. En nuestra mano está defenderla de esta amenaza global, aunque no es la única. El Cambio Climático también amenaza la vida sobre la tierra, multiplicando las injusticias sociales y fomentando el auge del autoritarismo". Nuria del Álamo Gómez es Diplomada en Trabajo Social, Licenciada en Sociología, Diplomada en Familia y Sociedad por la Universidad Nacional Autónoma de México, Experta y Máster en Inmigración y Extranjería por la Universidad Europea de Madrid y el Consejo General de la Abogacía, y Doctora en Sociología por la Universidad de Salamanca. Actualmente es Profesora Titular del Área de Trabajo Social y Servicios Sociales del Departamento de Derecho del Trabajo y Trabajo Social, Investigadora Titular del Instituto de Iberoamérica, miembro del Grupo de Investigación Reconocido “Políticas públicas en defensa de la inclusión, la diversidad y el género” y coordinadora de la Línea “Migrantes y Derechos” de la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca. Asimismo, es miembro de la Junta Directiva de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia y miembro de la Cátedra de Memoria Democrática de la Universidad de Salamanca.

Sol Gómez Arteaga | 24/09/2026

Vivimos unos momentos históricos de gran confrontación en los que determinados sectores políticos de la derecha y ultraderecha, con las mentira y los bulos como instrumento, buscan desestabilizar a la sociedad, destruir lo que tanto trabajo y vidas humanas ha costado levantar: la democracia. Uno de los puntos claves de ese discurso de desestabilización es hacer ver como enemigo al extranjero que emigra de su país en busca de unas mejores condiciones de vida. Como experta en emigración, ¿qué análisis harías a nivel mundial de lo que está pasando?

Las migraciones son tan antiguas como la humanidad, así que plantearlas únicamente como un problema actual no anticipa nada bueno. Con la generalización y aceleración de los movimientos migratorios en el mundo, las personas migrantes se han convertido en el chivo expiatorio al que acusar de los problemas que han generado las políticas neoliberales. La extrema derecha ha sabido capitalizar ese malestar de la población por la precariedad laboral y las dificultades de acceso a la vivienda, y lo ha convertido en el caldo de cultivo de los bulos que muestran a las personas migrantes como un peligro para el bienestar y la seguridad de los países de acogida, cuando los estudios muestran exactamente lo contrario, la inmigración es el motor económico de los países del primer mundo acuciados por un envejecimiento de la población y aumento de la esperanza de vida. Esta situación genera un aumento de las situaciones de enfermedad y dependencia al final de la vida difíciles de atender por la población autóctona. Por eso las migraciones se feminizan, porque las mujeres procedentes de países “pobres” dejan a sus familias para cuidar a los hijos y las personas dependientes en los países “ricos”. Igual ocurre en la agricultura y otros sectores donde la población autóctona aspira a empleos más cualificados. La inmigración económica se genera porque hay demanda de mano de obra en los países de destino y en sectores muy concretos como el sector servicios, la construcción, el sector primario y el sector de los cuidados. La inmigración, como evidencian los estudios, no genera pobreza y tampoco un aumento de la delincuencia.

Pero tampoco debemos pecar de ingenuidad y creer que es suficiente con dejar que el fenómeno se “regule” solo. Hoy en día todos los Estados son origen de movimientos migratorios, destino o país de tránsito y, en algunos casos, las tres cosas a la vez, por ello deben plantearse diseñar e implantar políticas migratorias serias y rigurosas, que determinen quién puede entrar, pero también cómo se va a favorecer la integración de las personas que llegan.

Cuando los gobiernos, por acción u omisión, no priorizan políticas serias de integración de la inmigración, favorecen la utilización del fenómeno por parte de la ultraderecha como, desafortunadamente, hemos visto en demasiadas ocasiones. En los dos mandatos de Trump en Estados Unidos, se ha utilizado el discurso anti-inmigración como eslogan electoral, como también centró la campaña del Brexit hace 10 años, y como está ocurriendo en la Unión Europea donde la evidencia de la necesidad de la llegada de personas inmigrantes, de hecho, forma parte de la política comunitaria.

Tampoco podemos creer que son fenómenos aislados entre sí, porque la “música” de estos discursos anti migratorios suena muy parecida. No hay más que escuchar las consignas de estos partidos para identificar que forman parte de una corriente global de populismo xenófobo, que utiliza el mismo vocabulario bélico para referirse a las personas migrantes, generando en la población una percepción de amenaza de la que nos “pueden” proteger los partidos populistas.

Centrándonos en nuestro país, España, desde hace más de un mes asistimos al drama de Ceuta, con la entrada los días 30 y 31 de julio de unas 72.000 personas procedentes de Marruecos, habiendo regresado en las primeras 48 horas 70.000 de forma voluntaria. No obstante, las estimaciones oficiales calculan que unos 10.000 permanecen en la ciudad, llevando a una crisis migratoria y humanitaria y a un tenso y controvertido debate geopolítico. Haznos un diagnóstico de lo que está pasando y qué soluciones, bajo tu punto de vista, se podrían aportar.

Lo que ha ocurrido en Ceuta es, ante todo, un drama humanitario. A las puertas de Europa conviven personas que emigran por una motivación económica o de mejora de las condiciones de vida, con otras que huyen de guerras, persecuciones y amenazas, y que han accedido por la única puerta que se les ha abierto. Es conveniente recordar que no existen vías accesibles, legales y seguras para entrar en España, ni para migrantes económicos, ni para solicitantes de asilo que ni siquiera pueden pedirlo en país de origen o desde un tercer estado. Entrar por puestos no habilitados se convierte en la única opción, y eso es lo que ha ocurrido. Los datos oficiales muestran que en la frontera sur de la Unión Europea estas entradas son frecuentes, pero se obvia que la principal vía de entrada de la inmigración irregular se realiza por aeropuertos y vías terrestres, esto se invisibiliza y se apunta a las imágenes de personas con su vida en una bolsa de plástico entrando a nado por el espigón de Ceuta.

Además, entre estos miles de personas que han entrado en Ceuta hay niños, niñas y adolescentes, especialmente vulnerables a las agresiones y a la explotación sexual, que gozan de una especial protección. Si no se pueden “devolver en caliente” a los adultos que han entrado irregularmente, menos aun puede hacerse con los menores de edad. Las personas adultas deben ser identificadas y permitirles realizar una petición de asilo, con asistencia letrada e intérprete, si lo desean. Si devolviésemos a las personas saltándonos este procedimiento, estaríamos incumpliendo los Tratados y Acuerdos suscritos por España, por eso debemos rechazar los discursos, vengan de donde vengan, que afirman que “volverán a Marruecos todos los que entraron”, porque proponen violar la legalidad vigente y eso es el inicio de la barbarie.

La situación de los niños y niñas es más delicada aún. Nuestra normativa interna (la Ley de Extranjería) establece un procedimiento de retorno más garantista que consiste en que solo se podrán devolver a aquellos menores de los que las autoridades puedan localizar a sus familias, o que puedan ser puestos a disposición de los servicios de protección a la infancia del país de origen, siempre que se garantice el interés superior del menor. Es evidente que el procedimiento es largo y complejo y requiere, mientras tanto, de la atención de estos niños y niñas en los servicios de protección a la infancia de las Comunidades Autónomas, que son las competentes en esta materia. Es lógico que la Ciudad Autónoma de Ceuta no disponga de medios para atender a todos los menores que han entrado en esta crisis y en anteriores, por eso se aprobó en 2025, el Real Decreto 743/2025, de 26 de agosto, por el que se establece la capacidad ordinaria del sistema de protección y tutela de personas menores de edad extranjeras no acompañadas de las comunidades y ciudades autónomas, y la obligatoriedad de estas de acoger, en un reparto proporcional, a los menores que están en Ceuta, como ya se hizo, entonces, con Canarias. Las Comunidades Autónomas de la península disponen de plazas suficientes para acoger y dar la debida atención a estos menores, pero algunas comunidades que gobiernan con la ultraderecha incumplen la norma, a sabiendas.

Esta acogida temporal no es una obligación moral, sino legal, que debería interpelarnos como demócratas y defensores del Estado de Derecho. Permíteme que recuerde aquí unas palabras de mi querido Javier de Lucas, Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universitat de València, que insiste en que la compasión no puede ser criterio de política migratoria y de asilo, porque es voluntaria, volátil, y no exigible, hoy se atiende, mañana, no. El respeto al Derecho y a los Convenios internacionales sí es un criterio firme, obligado y prioritario.

Las soluciones no son sencillas. A corto plazo solo cabe atender las necesidades de las personas que permanecen en Ceuta mientras se les identifica, se determina su origen y la procedencia del retorno. A largo plazo, necesitamos una política migratoria planificada, y que los diferentes niveles competenciales de la Administración dejen de utilizar la inmigración como ariete y estrategia electoral.

Quiero preguntarte por el proyecto pedagógico en el que participan quince centros de enseñanza primaria, secundaria, F.P y enseñanza universitaria que recibe el nombre de “Historias de vida”. ¿Cómo surge? ¿Qué objetivo persigue? ¿Qué ámbitos o colectivos abarca? ¿Por qué crees que es importante?

Desde hace más de una década, utilizo “las historias de vida” como técnica de aprendizaje de las realidades migratorias en una asignatura que imparto en el Grado en Trabajo Social. Es una asignatura que pretende formar a las futuras trabajadoras sociales (son mayoría) en aspectos psicosociales y jurídicos de las migraciones, y elaborar la “historia de vida” de una persona migrante les permite integrar y aplicar los conocimientos teóricos adquiridos. A través de esta actividad, el alumnado pone rostro y voz a la experiencia de la emigración, a veces dentro de su propia familia, y cambia para siempre su percepción de lo que supone dejar tu casa, tu familia y tu lengua materna, para lanzarte a lo desconocido.

Mientras, mi querida amiga y colega Carmen Miguel Vicente, profesora de Trabajo Social de la Universidad Complutense, estaba haciendo lo mismo en una asignatura sobre prospección laboral, para la que proponía a sus estudiantes entrevistar a sus abuelos y abuelas para conocer sus trayectorias laborales. En estas historias brotaban relatos de la escuela y de cómo comenzaban a trabajar apenas aprendían “las cuatro letras”. Desde que descubrimos la similitud de nuestras actividades el proyecto no ha dejado de crecer, bajo la dirección de Carmen, incorporándose Centros de Educación Primaria, Infantil, Bachillerato y Formación Profesional, y otras Universidades. Y las temáticas abordadas tampoco han dejado de crecer, ya que se incluyen, de manera transversal, las migraciones, la perspectiva de género, las trayectorias laborales, la represión de la dictadura y la Memoria Democrática.

Como docente de la Universidad de Salamanca háblanos en concreto de tu trabajo de coordinación en el proyecto “Historias de vida” desde la línea de inmigración, que culmina con tu participación en la publicación en papel de cuatro volúmenes que recoge los testimonios directos de distintos colectivos.

Paralelamente al Proyecto de las “historias de vida” en el Grado en Trabajo Social, participo en un proyecto más reciente denominado “Relatos de vida con nombre propio: proceso de escucha activa para transformar realidades desde el Derecho”. En este caso la iniciativa parte de la Clínica Jurídica de Acción Social de la Universidad de Salamanca que es una asignatura optativa de los Grados en Derecho, Criminología y Ciencia Política y de la Administración Pública que utiliza la metodología de Aprendizaje- Servicio, o lo que es lo mismo, el alumnado aprende al mismo tiempo que realiza un servicio a la comunidad. La Clínica se estructura en siete líneas de intervención: discapacidad y dependencia, intervención penitenciaria y derechos humanos, cambio climático y desarrollo sostenible, memoria democrática, menores y uso de internet, migrantes y derechos y la clínica jurídico-penal, y desde ellas se colabora con entidades del tercer sector dedicadas a la atención de diferentes colectivos. Para dar voz a estos colectivos, pensamos en llevar la elaboración de historias de vida a una dimensión más jurídica con propuestas para mejorar la vida de estos colectivos. La idea de publicarlas cada curso académico en un libro colectivo nos permite difundir estas historias de una manera muy eficaz, a la vez que nuestro estudiantado conoce a sus protagonistas, desarrolla competencias profesionales del ámbito jurídico. Con este curso 2025-2026, son ya cuatro ediciones del libro de Relatos, y esperamos que sean muchos más.

La docencia, campo en el que trabajas, además de impartir conocimientos, investigar, puede y deber ser un canal para enseñar y transmitir valores. ¿Cuáles crees que son los retos del Trabajo Social del futuro?

El reto fundamental es adaptarse, como profesión, pero también como disciplina científica, a los desafíos actuales. Las migraciones, el Cambio Climático, los delitos de odio, el racismo, etc., exigen del Trabajo Social altura de miras. No bastará con la atención e intervención sobre los problemas sociales, sino que será necesario trabajar, también, en la sensibilización y la prevención. También la investigación debe ser un ámbito prioritario para el Trabajo Social, aunque cuesta mucho romper la lógica del profesional del trabajo social como ejecutor de políticas diseñadas por otros. Hay que reivindicar el papel del Trabajo Social en la investigación, previa a la planificación e intervención, el famoso “conocer para transformar”, porque mientras no fomentemos la investigación en Trabajo Social estaremos supeditados a otros profesionales que investigarán por nosotros.

Eres miembro de la Junta Directiva de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia y miembro de la Cátedra de Memoria Democrática de la Universidad de Salamanca. Saber lo que pasó, trasmitirlo generacionalmente, buscar a los desaparecidos, darles digno entierro, dignificarles, son algunos de los objetivos de la Memoria Histórica que parecen aludir a hechos del pasado. Sin embargo, ¿crees que la Memoria Histórica enlaza con el momento actual? ¿Crees que es importante seguir hablando de ella por y para las siguientes generaciones?

A través de las actividades de la Línea de Memoria Democrática de la Clínica Jurídica y la movilización que provocó la propuesta, en 2022, del PP y Vox de Castilla y León de una “Ley de concordia” que negaba la represión, desprotegía a las víctimas y desasistía a las asociaciones memorialistas, descubrí la enorme injusticia y ausencia de reparación de las víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, y como los duelos siguen presentes en las familias. Desde entonces me he implicado en las actividades de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia y recientemente me he incorporado también a la Cátedra de Memoria Democrática de la Universidad de Salamanca.

La Memoria Histórica o Democrática no solo enlaza con el momento actual, sino que explica muchas cosas que estamos viviendo. La Transición pasó por un ser un proceso modélico de tránsito a la Democracia, pero lo cierto es que en aras del consenso se amnistió por igual a víctimas y victimarios, privando a las familias de los represaliados del reconocimiento y la reparación. Como se dice vulgarmente “de aquellos polvos, estos lodos”. Las generaciones actuales no solo desconocen la verdad de lo sucedido, sino que han asumido la retórica revisionista de la Guerra y la Postguerra. La prueba la tenemos estos días con el auto del Tribunal Supremo que suspende el derecho al voto de los españoles descendientes de españoles exiliados entre el año 1936 a 1955 con el argumento de que no han podido probar que el exilio fuese por motivos políticos, exigiendo una prueba de ello, y negando así la existencia de la represión. De igual manera que la ultraderecha alemana sostiene que no existió el holocausto.

Por eso, me resulta insoportable oír a adolescentes decir que se vivía mejor en la Dictadura. Hay que seguir hablando y mostrando la historia real, no solo a los jóvenes, sino también a generaciones que se han criado con la historia “oficial”. La generación de mi madre (82 años) todavía no ha podido conocer la historia de los defensores de la II República y sus valores. Hay que seguir haciendo pedagogía de la verdad y la justicia.

Por último, ¿hacia dónde ves la deriva de la sociedad con el auge del fascismo al que asistimos? ¿hay esperanza en el futuro? ¿qué crees que podemos hacer los ciudadanos de a pie frente a las amenazas que “desde la propia democracia” nos acechan?

Quiero pensar que aún estamos a tiempo, pero lo cierto es que el panorama es descorazonador. Si antes causaba vergüenza reconocerse como fascista, racista u homófobo, ahora se asume como una opción política u opinión más. La peor amenaza para la Democracia es que ésta no sea capaz de defenderse de sus enemigos. Si no lo remediamos, el fascismo volverá y entrará por la puerta principal, utilizando la misma Democracia para destruirla. En nuestra mano está defenderla de esta amenaza global, aunque no es la única. El Cambio Climático también amenaza la vida sobre la tierra, multiplicando las injusticias sociales y fomentando el auge del autoritarismo.

NUEVA REVOLUCIÓN DdA, XXII/6476


NAZA Y LOS INSULTOS DE NETANYAHU EN LA ONU

Amenazas de muerte en Israel contra los directores de NAZA


Félix Población

Leo que NAZA (acrónimo en hebreo con el que son denominados los daños colaterales entre la población civil), el documental ganador en el Festival de Cine de Venecia y que cosechó el más largo aplauso registrado en toda la historia del certamen, estará disponible y sin costo ni fecha de vencimiento en el sitio web del diario The Guardian a partir del próximo mes de noviembre. Así lo acaban de anunciar sus directores, Yuval Abraham (también guionista) y Rachel Szor. Se exhibirá primero en los cines de 56 países, entre los que también figura Israel. En el filme, como se sabe, 24 soldados israelíes y funcionarios de inteligencia del Estado israelí dan sus testimonios personales sobre el uso de la inteligencia artificial y sus efectos colaterales en la invasión de la Franja de Gaza. Se trata de un film en línea con lo que tanto Amnesty International como Human Rights Watch, junto a las comisiones de investigación de la ONU y B'Tselem, ya han documentado como un genocidio. Desde el comunicado que nos ofrece esta información se nos pregunta si vamos a ver NAZA. Me consta que debemos hacerlo por solidaridad tanto con quienes lo han realizado como con el pueblo palestino víctima de una masacre que continúa (1400 personas muertas durante el falso alto el fuego). Al dolor que de seguro nos producirán las imágenes, habrá que añadir la indignación de saber que el máximo responsable de aquella barbarie, sobre el que pesa una orden de detención por parte de la Corte Penal Internacional, no sólo ha paseado su arrogancia por la sede de la ONU en Nueva York, sino que ha llamado cobardes morales a los delegados de los 77 países que se retiraron de la asamblea general como muestra de desprecio a un genocida*. Cabe preguntarse si la impunidad de la que goza este individuo, apadrinado por quien se nos mostró en el mismo atril de la ONU como matón de la Casa Blanca, le acompañará hasta el fin de sus días, mientras sobre los directores de NAZA ya han comenzado en su país las amenazas de muerte. Han sido muy valientes Rachel Szor y Yuval Abraham, pero con sólo veintitantos minutos de aplausos en un importante festival internacional de cine no se protege a quienes tanto lo merecen por haberse comprometido hasta tal punto al servicio de la humanidad.

*Un miembro de la delegación israelí ante la ONU fue captado en video caminando por los pasillos del salón de la Asamblea General tomando nota de los países cuyas delegaciones abandonaron el recinto durante el discurso del primer ministro Benjamin Netanyahu este jueves 24 de septiembre. Las imágenes, difundidas ampliamente en redes sociales, muestran al diplomático recorriendo los asientos vacíos con un cuaderno y bolígrafo en mano, verificando los nombres de las delegaciones ausentes y registrándolos uno por uno. El video se volvió viral rápidamente y generó reacciones encontradas: mientras algunos lo calificaron como una escena insólita en un foro multilateral, otros lo describieron como una maniobra de “fichaje” diplomático. Según reportes de medios israelíes, la propia delegación israelí llevó un conteo paralelo al discurso. El medio Ynetnews publicó posteriormente que Israel registró 77 delegaciones que no estuvieron presentes o que se retiraron cuando Netanyahu comenzó a hablar. Sin embargo, funcionarios israelíes aclararon que no todas esas 77 naciones boicotearon activamente el discurso, ya que algunas simplemente no asistieron a la sesión.

DdA, XXII/6476

EL MATONISMO DE TRUMP EN LA ONU, CON LA AMENAZA POR ARGUMENTO


La palabra “matonismo” describe una forma de ejercer el poder donde la amenaza pretende sustituir al argumento, la fuerza a las reglas y la victoria al derecho. Pero hay algo más. El matón no amenaza solamente a quien tiene delante. Necesita que los demás miren. Necesita público. Porque una parte esencial de su poder consiste precisamente en que el castigo de uno sirva como advertencia para todos.

Rosa Miriam Elizalde

Como tantas personas, miro estos días la escena internacional con una mezcla de estupor y alarma. No porque la mentira, la violencia, la traición o el abuso del poder sean novedades. Lo inquietante es que vuelvan a venderse como virtudes; que la amenaza pase por liderazgo, la humillación por firmeza y la fanfarronería por política exterior. Y aquí está ahora Donald Trump, hablando desde la tribuna de Naciones Unidas para recordarle al planeta quién tiene el garrote más grande. 

La historia aconseja no confundir lo grotesco con lo inofensivo. Hitler también parecía un chiste, y Mussolini otro. Vistos hoy, esos hombres de pecho inflado ante el horizonte de su propia grandeza podrían darnos risa; no nos la dan porque sabemos lo que vino después. Hicieron de la pose, la simplificación, la propaganda y el culto al macho alfa instrumentos de castigo. Además, entendieron muy bien el valor político del espectáculo, pero también la capacidad ejemplarizante del miedo. No bastaba con castigar, había que conseguir que todos vieran el castigo y entendieran el mensaje. 

Por eso pienso en Martin Niemöller. Antes de convertirse en símbolo de resistencia en Alemania, había apoyado ideas nazis. Después se enfrentó a la interferencia de Hitler en la Iglesia, pasó de 1937 a 1945 entre prisiones y campos de concentración y, terminada la guerra, convirtió su propia culpa en aquella advertencia que empieza con “primero vinieron los comunistas…” No era literatura, sino la confesión sobre el precio de callar mientras el poderoso escoge a su siguiente víctima. 

Ese recuerdo volvió al escuchar a Trump en la ONU. La organización nació precisamente para contener la lógica según la cual la fuerza crea el derecho. Trump, en cambio, habló de Venezuela con la frase favorita del conquistador: “al vencedor le corresponde el botín”. Y envolvió la exhibición de poder en una catarata de afirmaciones que no resisten la comprobación. Dijo haber terminado ocho guerras, que redujo el narcotráfico en 97 por ciento, aseguró que Estados Unidos posee munición casi inagotable y afirmó que su país y Venezuela concentran más de 60 por ciento del petróleo mundial. Analistas de medio mundo han señalado esas y otras afirmaciones como despropósitos, falsedades e inexactitudes. 

Pero fue con Cuba donde la bravuconería adquirió un significado más concreto. Trump la llamó “Estado absolutamente fallido”, aseguró que “caerá”, anunció que Marco Rubio está metido de lleno en negociaciones y prometió que “la libertad llegará a Cuba”. La delegación cubana abandonó la sala. Dos semanas antes, sin embargo, el canciller Bruno Rodríguez había afirmado que no existían negociaciones ni agenda, aunque sí disposición a mantener contactos. Dos versiones incompatibles de una negociación que, según Washington, existe y, según La Habana, no. 

La política de línea dura de Rubio hacia Cuba tiene una larga trayectoria pública, pero ahora dispone de un poder que antes no tenía. En la reunión del Escudo de las Américas, en la ONU, bromeó con desembarcar a Rubio en territorio cubano al regreso de Irán: “Usaremos uno de esos enormes y magníficos portaviones para llevarlo y dejarlo allí, y él se encargará del resto”. 

Conviene no despacharlo simplemente como un chiste. En mayo, Trump ya había fantaseado públicamente con colocar un portaviones frente a Cuba para provocar su rendición. La imagen es militarmente grandilocuente y geográficamente absurda –la plataforma insular cubana tiene, en amplias zonas, muy poca profundidad, y ni Trump puede hacer llegar hasta la orilla una máquina naval de 100 mil toneladas y más de 12 metros de calado–, pero eso es casi lo de menos. Lo importante es el lenguaje, las cabriolas retóricas que hace el presidente de Estados Unidos para convertir públicamente la intimidación en espectáculo. Y detrás de la farsa, el mensaje. 

Mientras tanto, la guerra con Irán que Trump dijo que resolvería en pocos días lleva meses y su política exterior no goza de un cheque en blanco. La encuestadora de la Universidad Quinnipiac, una de las más serias de Estados Unidos, registró el 10 de septiembre 33 por ciento de aprobación general y apenas 29 por ciento sobre su manejo de Irán entre votantes registrados. Noviembre medirá cómo se traduce ese descontento en las urnas, pero si sigue esta tendencia, los republicanos podrían perder el control del Congreso y Trump pasaría los dos años que le quedan con un Legislativo dispuesto a ponerle límites. 

La palabra “matonismo” describe una forma de ejercer el poder donde la amenaza pretende sustituir al argumento, la fuerza a las reglas y la victoria al derecho. Pero hay algo más. El matón no amenaza solamente a quien tiene delante. Necesita que los demás miren. Necesita público. Porque una parte esencial de su poder consiste precisamente en que el castigo de uno sirva como advertencia para todos. 

Niemöller aprendió demasiado tarde que mirar hacia otro lado no protege a nadie. Cada lector podrá juzgar el término. Los hechos, por desgracia, ya están ahí.

LA JORNADA  DdA, XXII/6476

jueves, 24 de septiembre de 2026

LO DEL GAS PIMIENTA O LA ESTUPIDEZ NORMALIZADA COMO EL PAN DE CADA DÍA

 Quienes hace décadas redactaron el reglamento del Congreso español no cayeron en la necesidad de tener que explicarles a sus señorías que no se podía juguetear con gas pimienta durante los debates parlamentarios. Puede que tampoco Feijóo como jefe a su diputada. Es decir, que sí se puede, concluyó doña Ana Vázquez.


Gerardo Tecé

Pasarán los años y, si todo va bien, nuestros nietos no creerán una sola palabra de lo que les contemos. Nos darán la razón como a los locos cuando les juremos que sí, que esta época existió, que la estupidez normalizada era el pan de cada día. Por eso es bueno ir dejando constancia escrita de las grandes hazañas de esta curiosa era. El Día P de pimienta disfrutamos uno de esos días grandes. Ana Vázquez, diputada gallega del PP y amiga íntima del tipo que no es presidente del Gobierno porque no quiere –aunque parezca que lo quiere a cualquier precio– se levantó una mañana y decidió acudir a su escaño con un bote de gas pimienta y sacarlo en medio del Congreso. Hasta ahí todo normal, que diría el Gabriel Rufián, que con 30 añitos mostró una impresora. Ana Vázquez tiene 51 y nadie sabe aún cómo pudo hacerse con el armamento tóxico. ¿Tal vez pilló una cunda en la Carrera de San Jerónimo para visitar algún barrio chungo como Lavapiés o Chueca?

El numerito del espray pimienta tenía un por qué. Quería la diputada popular denunciar que los niños ceutíes van al colegio cada día pertrechados con botes igualitos a ese. Por culpa de Pedro Sánchez, claro. No es cierto. Ceuta vive una crisis humanitaria en sus calles, pero los niños van al colegio con mochilas, libros y el desayuno. Se ve que algún periodista con la audiencia y credibilidad del que tenía un programa sobre fantasmas introdujo el bulo. Y cuando esto pasa, cuando el bulo rueda y es sabroso, millones de españoles comienzan a repetirlo sincronizadamente como loros. Nunca faltan a la cita y no les importa si el hecho es real o falso. Con un bote como este van los niños de Ceuta a clase, agitaba Ana Vázquez el espray pimienta en su escaño cuando la presidenta del Congreso la interrumpió para decirle que, oiga, no podía estar allí con eso. La presidenta ha reventado la sesión, denunciaba minutos después la señora Vázquez indignada en el patio del Congreso. Hayase visto semejante cosa. ¿Qué artículo del reglamento me impide agitar un arma tóxica ahí dentro?, protestaba doña Ana y con razón. Quienes hace décadas redactaron el reglamento del Congreso español no cayeron en la necesidad de tener que explicarles a sus señorías que no se podía juguetear con gas pimienta durante los debates parlamentarios. Es decir, que sí se puede, concluyó doña Ana Vázquez.

Tras pedirle la presidenta que sacase aquello de allí, la diputada abandonó su escaño y el hemiciclo sin dar crédito. ¿Pues no que me ha dicho que no puedo sacar un bote de gas pimienta?, se desahogaba Ana Vázquez ante los periodistas parada y desorientada a la puerta del hemiciclo como años antes lo hizo Chenoa a la puerta de su casa. Ni que esto fuera un arma, declaró. Ni que estuviera lleno, dijo sin que nadie de los allí presentes le preguntase. Lo he vaciado hace unos días, ob-via-men-te, añadió. A continuación, le pidió a un trabajador del PP que lo vaciara. Y el tipo lo hizo. Mientras Ana Vázquez despotricaba frente a las cámaras porque el Estado opresor en manos del asfixiante sanchismo le había impedido gasear la Cámara baja, el trabajador del PP entraba a los baños del Congreso discretamente y fuera de todos los focos. Baños conectados con otros baños y con la cafetería del Congreso por sistemas de ventilación, a propósito. Baños y cafetería a los que minutos después entraron varias personas que tuvieron que ser atendidas por los médicos por inhalación de gas pimienta. Vete a saber qué habrá pasado, declaraba en directo Ana Vázquez en el programa de Ferreras cuando saltaba la última hora. Como diciendo a mí que me registren. Pero al trabajador de mi partido, mejor que no. Una trabajadora del Congreso de baja y una decena de intoxicados, entre ellos una señora que formaba parte de una delegación de Mauritania que andaba de visita para conocer las excelencias del parlamentarismo español. No os imagináis cómo está aquello, dijo a su vuelta a Mauritania con ojos enrojecidos y la mayoría pensó que era de emoción. Será desesperante cuando pasen los años y nadie nos crea.

CTXT  DdA, XXII/6475

UNA FIEBRE DE DOS EN DONDE CONSUMIRNOS


Francisco Caro

RECUERDO QUE fuimos en verano a buscarla (mi sobrino Aníbal y yo). La encontramos en los alrededores del camino que lleva al Manzano. Pesaba más de lo que supusimos al elegirla. Dichosa cuarcita, se resistía, pero era la que yo deseaba. La colocamos luego reclinada al frente de la casa. Y sobre ella el número 52 que nos asignaron. Comenzamos a vivir tras el número en mayo del 88. Tardamos algún tiempo más en poner la casa casi completa, nuestra. Y en crear el patio y sus vegetaciones. Hace un año (y algún mes más) publiqué en Mahalta FUENTÉVAR, libro de poemas sobre cosas, casas, campos y luces en cercanía. En él incluí este poema que nos dice. La vida.
NÚMERO 52
Veníamos del antes,
de aquel lugar barcino en donde
el amor extendió sus instrumentos
y acaso queden rastros, plenitudes,
de las albas que juntos anduvimos.
Recuerdo cómo
—pero no indemnes—
abrazados salimos a unas nuevas raíces.
No volveré, no volverás,
uno al otro en murmullo nos dijimos.
Mas hoy y aquí, en el lugar en donde
levantamos refugio
—52 en piedra—,
sabemos de otro azul entre las sábanas,
que es vivir una hoguera y sus penumbras,
que estos montes alivian y que somos
un claro menester,
una fiebre de a dos en donde consumirnos.

DdA, XXII/6475

ZOHRAN MAMDANI REPARA EL FIASCO DE "LAS HORAS PERDIDAS" ANTE SÁNCHEZ



Lazarillo

Después de que nuestra televisión pública ofreciera la semana pasada un documental o algo así sobre Federico García Lorca que resultó ser una vulneración de la Ley de Memoria Democrática, una tergiversación de la personalidad política del poeta y dramaturgo andaluz,  de las causas de su ejecución y hasta una exaltación del golpismo, nos llega desde Nueva York el saludable mensaje de su alcalde citando a Federico y situándolo donde corresponde en la historia de nuestro país y en el lugar que ocupa como uno los poetas más importantes en lengua española. Lo hizo con ocasión de la visita del presidente del Gobierno español, al que le colaron en la televisión pública semejante subproducto documental. Citó Zohran Mamdani unos versos de Lorca, se refirió a su estancia en Nueva York, a la guerra española, a las atrocidades perpetradas por los sublevados, entre ellas el asesinato del poeta y dramaturgo, y a la necesidad de un mundo mejor, tal como era aspiración del autor de La canción del jinete, en pro de la justicia y la equidad. Los versos del poema de Federico que el alcalde de Nueva York recordó pertenecían a este poema: "Córdoba./ Lejana y sola./ Jaca negra, luna grande,/ y aceitunas en mi alforja./ Aunque sepa los caminos/ Yo nunca llegaré a Córdoba./ Por el llano, por el viento,/ jaca negra, luna roja./ La muerte me está mirando/ desde las torres de Córdoba./ ¡Ay que camino tan largo!/ ¡Ay mi jaca valerosa!/ ¡Ay que la muerte me espera/ antes de llegar a Córdoba!/ Córdoba./ Lejana y sola"

DdA, XXII/6475

EN EL ESPACIO ELECTRÓNICO NO HAY LIBERTAD: ES UN ESPACIO DE DOMINACIÓN

 

 

Entrevista a cargo de Lucía Barrios*

Introducción

El experto sostuvo que las grandes tecnológicas han convertido internet en un sistema de dominación social y política, en el que los usuarios son “tecnosiervos” y sus datos alimentan una nueva modalidad de explotación.

¿Realmente somos libres cuando usamos un celular o una computadora? Para el filósofo, matemático y catedrático español Javier Echeverría, la respuesta es negativa. Su tesis es que las personas están inmersas en una “relación feudal” con las grandes empresas tecnológicas y se han convertido en “tecnosiervos”.

“Somos siervos o vasallos: tecnovasallos, tecnosiervos. En el espacio electrónico no hay libertad: es un sistema de dominación. Y ese espacio es el que manda en este momento, tanto en las grandes decisiones estratégicas como en la guerra”, dijo, en diálogo con la diaria Echeverría, quien estuvo de visita en Montevideo a principios de agosto para participar en una actividad sobre “Perspectivas de CTS en inteligencia artificial” en la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República.

Para el profesor de la Academia Vasca de Ciencias, Artes y Letras, la idea de internet como un espacio abierto y libre ya no describe la realidad. “Internet es una ficción que se sigue utilizando como concepto, al igual que ciberespacio. Lo que existe es un tecnofeudalismo: grandes dominios informáticos y telemáticos en los cuales uno está encerrado y no puede salir. Estamos controlados por los grandes señores de las redes y las nubes”, sostuvo.

Cuando escribió Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno, internet recién comenzaba a desarrollarse. Usted ya advertía sobre la posibilidad de que ese “Tercer Entorno” fuera dominado por grandes poderes económicos y tecnológicos. ¿Qué de aquella predicción considera que se confirmó con el tiempo?

Había la posibilidad de que ese Tercer Entorno, ese nuevo espacio telemático o electrónico, como solía llamarse entonces, fuera conquistado por poderes económicos, militares o financieros.

Siempre he insistido en que la tecnociencia está guiada y dominada por sectores militares, financieros y por grandes empresas económicas, no tanto por los estados. Pero en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, que se realizó en 2003 y 2005, se perdió la batalla.

Por eso he publicado un nuevo libro [¡No hay derecho! Contra las nubes y la dominación tecnofeudal], cuyo segundo capítulo se llama “La conquista de internet”. Se sigue hablando de internet como si fuera una red abierta y libre, donde podemos comunicarnos con cualquier persona y desde cualquier lugar del mundo. Pero eso no es cierto. Eso fue verdadero a finales del siglo pasado, pero desde que internet ha sido privatizada en gran medida, esa idea dejó de corresponderse con la realidad.

Internet es una ficción que se sigue utilizando como concepto, al igual que ciberespacio. Lo que existe es un tecnofeudalismo: grandes dominios informáticos y telemáticos en los cuales uno está encerrado y no puede salir. Estamos controlados por los grandes señores de las redes y las nubes.

Ilustración: María Pedreda/La Voz de Galicia

¿Cómo definiría que es el tecnofeudalismo? ¿Podemos estar hablando de un nuevo orden económico?

No. En el feudalismo, antes que ser un sistema económico, existe una relación de servidumbre entre los siervos y los señores de la tierra. Esa relación genera un sistema económico al que llamamos feudalismo.

A mí no me interesa la perspectiva economicista, sino la perspectiva social y, en concreto, la de dominación. Hay unas personas que son señores –en este caso, señores de las tecnologías, de las redes y de las nubes– que dominan totalmente a la inmensa mayoría de la población, los usuarios de las redes. La relación feudal es una relación de dominación social y también política.

Luego tiene una vertiente económica, eso es cierto. Esos grandes dominios feudales, los señores del aire y de las nubes, son las empresas más ricas del mundo desde hace diez o 15 años. Pero eso es consecuencia de la relación de dominación y no al revés.

¿Cuál cree que ha sido el punto de inflexión para que esté imperando el tecnofeudalismo? ¿Tiene que ver con las redes sociales, los teléfonos inteligentes o la inteligencia artificial?

Hay más de un factor. En primer lugar, en aquellos tiempos se hablaba de la sociedad de la información. En la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información se afirmó que íbamos hacia una sociedad del conocimiento. Quienes participamos en aquellas reuniones nos opusimos por completo a estas propuestas, pero no nos hicieron caso. Se perdió la batalla.

No ha surgido una sociedad del conocimiento. Lo que ha surgido es una economía capitalista de datos. Tanto la información como el conocimiento han sido reducidos a datos.

Hay además una segunda variable muy importante: los sistemas tecnológicos, desde que surgieron las nubes, es decir, los grandes centros de datos, los dispositivos, en lugar de ser autónomos, han pasado a estar subordinados a las nubes. Mi ordenador y este teléfono móvil, en realidad, están manejados desde las nubes.

En este momento, el dispositivo no es realmente mío. Lo tengo con una licencia de uso, y todo el software que utilizo en el teléfono o en el ordenador tampoco es de mi propiedad. Todas las herramientas que utilizamos para trabajar, entretenernos o divertirnos en las redes y en los mundos digitales no son propiedad nuestra. Han sido alquiladas por nosotros a los grandes propietarios.

Esa es la raíz del poder. No somos propietarios de los móviles que usamos. Y no dominamos los celulares ni las herramientas de las redes telemáticas: todo lo que hacemos con estos utensilios genera datos que pasan a ser automáticamente propiedad de los grandes señores del aire.

¿Se puede hablar de una nueva especie de esclavitud con esta relación de dominación?

Hay algunos usuarios que están en una situación psicológica de considerarse esclavos. Por ejemplo, hay gente que utiliza Chat GPT como confesor, amante o confidente y está encantada con que la halague, la engañe o le diga “qué maravilloso eres, sigue contándome cosas”. Cuanto más le preguntamos, más datos le estamos aportando. Chat GPT engulle datos, los devora y genera capital.

Esas personas ya están totalmente dependientes o adictas. Digo Chat GPT, pero puedo utilizar cualquier otro sistema. En China sucede exactamente lo mismo.

En ese caso sí cabe hablar de esclavitud, en el sentido de total o casi total dependencia cotidiana. Pero para la inmensa mayoría de los ciudadanos y usuarios no es esclavitud, sino servidumbre.

Simplemente aceptamos las condiciones que nos ponen. No las miramos cuando pinchamos “acepto” y estamos firmando un contrato absolutamente desmesurado. Y, encima, nos actualizan los sistemas. Al actualizarlos estamos ratificando que estamos de acuerdo con el contrato.

Somos siervos o vasallos: tecnovasallos, tecnosiervos. Esclavos pueden ser consideradas algunas personas, pero, por lo general, se trata claramente de una relación entre señores y siervos.

Son siervos que trabajan sin trabajar. No es un trabajo asalariado: todo lo que hacemos se convierte primero en mercancía y, a continuación, en capital en forma de datos. Es una nueva modalidad de explotación posibilitada por estos sistemas tecnológicos.

Por eso hablo de tecnoplusvalía: el propio uso es lo que genera la plusvalía y no la relación laboral o de trabajo.

¿Realmente el poder tecnológico les ha ganado la batalla a los estados y a la democracia?

Los estados, en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, dejaron que las grandes empresas tecnológicas construyeran todas las infraestructuras de internet en estas condiciones, quedándose con los dispositivos, las herramientas y los datos que aportara la ciudadanía.

No construyeron en el espacio electrónico, en el Tercer Entorno, una sociedad democrática, sino que optaron por que lo hicieran las empresas privadas. De ahí vienen estas consecuencias. Fue una enorme irresponsabilidad de la mayoría de los estados.

Todos los estados occidentales y, en concreto, los latinoamericanos, hicieron caso a las grandes empresas de Estados Unidos. La Unión Europea hizo lo mismo. Entonces, los estados son tan siervos de los señores del aire como los demás. Lo mismo ocurre con cualquier político que tiene una cuenta en X.

Los estados son súbditos de los señores del aire. Pensaron que internet era un medio de comunicación. Algunos dijimos hace 25 o 30 años que no era eso, sino un nuevo espacio social. Ese espacio ha sido conquistado claramente por las grandes empresas informáticas y de datos.

Si los estados son súbditos y los gobernantes también, ¿la democracia está perdiendo la batalla?

Hay democracia en los estados, en los territorios, en las ciudades y en algunos países. Pero donde no hay democracia es en el espacio electrónico, en el Tercer Entorno, en las nubes. Allí no hay ninguna.

Las normas que imponen las grandes empresas, los términos de uso, son contratos que el usuario está obligado a aceptar. Los estados jamás han intervenido en esas normas, porque dicen que son derecho privado. Tampoco han dicho que el acceso a internet es un derecho.

En la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información algunos proponíamos que el acceso a internet fuera declarado un derecho humano fundamental. Ningún Estado lo hizo, salvo China, que requiere un análisis especial.

Se siguió pensando que internet era entretenimiento, un medio de comunicación, y que debía seguir siendo una empresa privada como cualquier periódico. Pero no era un medio de comunicación: era un medio de acción y de dominio a distancia.

El resultado es que ha surgido un poder superior al de los estados. A los estados se les deja gobernar sus territorios, tener policía, educación pública o salud pública en algunos lugares. Pero respecto de los datos y del negocio del capitalismo de datos, prevalecen el libre mercado y la ausencia de regulación.

¿Qué margen tienen países pequeños como Uruguay y la región latinoamericana frente a esta situación?

Lo que pueden hacer son pequeñas estructuras telemáticas comunitarias, protegidas o, por lo menos, favorecidas en redes locales. Por ejemplo, celulares de uso local, de uso comunitario, y generar redes. Me refiero a que, en lugar de conectarme a una gran red telefónica mundial, pueda conectarme a una red local donde se distribuya la señal a nivel local.

Esto en Uruguay es factible. Incluso ha habido tentativas al respecto. ¿Qué ocurre? Que aquel gobierno que tome esta decisión, van a ir a por él.

Ilustración: Ózgür Orhangazi

¿Por qué?

Porque las grandes empresas tienen los datos de sus gobernantes: lo que hacían cuando eran jóvenes, las fotos que se mandaban cuando tenían 14 o 15 años, sus actitudes, sus travesuras.

Todos esos datos, 20 años después, cuando esa persona es un gobernante político, un empresario o un militar, siguen estando en poder de estas empresas. El chantaje es directo.

En este momento es dificilísimo que alguien sea capaz, habiendo sido elegido democráticamente, de modificar, por ejemplo, la ley de patentes. Yo pondría precisamente eso como test y lo sugiero en mi libro: cambiar la ley de patentes. Quien se atreva a hacerlo cae en tres meses del gobierno, independientemente de lo que suceda.

Le sacarán pruebas falsas. Hoy la inteligencia artificial fabrica pruebas falsas sin ningún problema. Fabrica discursos falsos, imágenes falsas. La situación está muy complicada.

En cualquier caso, sí se puede hacer pequeñas redes locales que sean toleradas por los grandes señores de las nubes y los grandes señores del aire.

¿Qué quiere decir con que sean toleradas?

Toleradas como sucedía en la época feudal, al menos en Europa. El dominio feudal era total en todos los territorios, pero en las villas, en los pequeños pueblos y en las aldeas se toleraban fiestas y juegos, salvo cuando llegaba el momento de ir a la guerra o pagar impuestos. Ahí el dominio era inexorable.

El feudalismo medieval era una época de gran alegría y de gran diversión en los míticos carnavales. El tecnopoder quiere que la gente esté contenta y se divierta. Y la gente está encantada con las pantallas y jugando con la inteligencia artificial. Quien más, quien menos, dedica tres o cuatro horas diarias a divertirse con la inteligencia artificial, hacer travesuras con sus amigos o, incluso, resucitar a sus muertos.

Esto último es perfectamente factible hoy en día. No se trata de resucitarlos biológicamente, claro, sino de hacerlo en las pantallas mediante inteligencia artificial. Si yo fuera tan ingenuo como para creerme esto, estaría en las pantallas con mi padre, mi madre y mis seres queridos que ya han muerto. Tendría sus imágenes artificiales.

Entonces sí sería esclavo: pasaría a un régimen de esclavitud con respecto a este gran poder. Este poder afecta también la muerte. Transforma la vida. Yo utilizo el término tecnovida, pero también tiene sentido hablar de tecnomuerte. Es una novedad enorme que los muertos se conviertan en capital. Michael Jackson, por poner un ejemplo, ha generado después de muerto enormes beneficios. Hay determinados muertos que son auténticas minas productoras de grandes negocios.

En este escenario, ¿cree que se puede ser optimista respecto del futuro, o el suyo es un diagnóstico esencialmente pesimista?

Quien quiera estar feliz obedeciendo va a vivir feliz y contento. Hay 6.000 millones de usuarios de las redes sociales; son personas que las utilizan diariamente o, al menos, con frecuencia, y están contentas. Han aceptado las condiciones y se actualizan, con lo cual, simplemente, no tienen libertad dentro de las redes y las nubes. La libertad sigue existiendo en los pueblos, las ciudades y los barrios. Pero en el espacio electrónico no hay libertad: es un sistema de dominación. Y ese espacio es el que manda en este momento, tanto en las grandes decisiones estratégicas como en la guerra. Estamos ante una transformación en la que optimista puede ser quien quiera ser siervo y vivir feliz y contento. Quedamos unos cuantos que no estamos dispuestos a vivir como siervos y lo decimos. Por eso decimos que no hay derecho.

Ilustración: Notebooklm

Si dentro de 20 años miramos hacia atrás, ¿cree que recordaremos este momento como aquel en que la humanidad perdió el control sobre la tecnología?

No. El pasado ya está siendo transformado hoy. Lo hace Netflix, por ejemplo. El pasado de Uruguay estará siendo reconstruido por las grandes empresas tecnológicas de inteligencia artificial y surgirán grandes ficciones.

Dentro de 20 años, el pasado de Uruguay no tendrá nada que ver con lo que hemos vivido, será de ficción, va a existir un tecnopasado. Aquello de que el pasado no se puede cambiar es falso. El pasado se cambia hoy tecnológicamente. Y ahí sí creo que los estados, por lo menos, tendrán algo que decir.

Podría crearse otra historia y, si esa historia se enseña en las escuelas y aparece en las pantallas, la gente podría creerla. A esto lo llamo “tecnocolonialismo mental”. A través de las pantallas, de la inteligencia artificial y de las redes telemáticas se está conquistando la mente, en concreto, la de los niños y las niñas.

Yo defiendo la libertad de las personas. Si uno quiere ser siervo, que lo sea, pero que lo sea con conocimiento de causa. Lo que no puede suceder es que una persona no se haya enterado de las condiciones que firma cada vez que usa un celular o una inteligencia artificial. Hay unos términos de uso. Que los lean. Si lo hacen, entenderán perfectamente mi posición.

Fuente: La Diaria / Futuro, 22 de agosto de 2026

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* Lucía Barrios: Periodista en la Agencia Sputnik y editora de la sección Futuro de la Diaria. Licenciada en Comunicación. Escritora. Ganadora del primer premio de periodismo del concurso Julio Castro, realizado en 2023. Montevideo, Uruguay

Portada: Gustavo Amaral/Agência O Globo . Ilustraciones: Conversación sobre la historia.

LA DIARIA  DdA, XXII/6475