martes, 18 de mayo de 2021

LA REPÚBLICA LLEVÓ A LA MUJER A LA UNIVERSIDAD, EL FRANQUISMO LA DEVOLVIÓ A LA COCINA

 


Lazarillo

En muy pocas ocasiones textos tan concisos como el de Gerardo Tecé esta mañana en las redes sociales pueden ser tan enjundiosos y redondos como el que ilustra este breve comentario. Nos hace falta gente como Tecé para que la mensajería al uso deje de ser tan simple y a veces tan idiota como la que se prodiga, cuando no tan ofensiva para la inteligencia y el respeto democrático. En esas pocas líneas se deja constancia de lo que han sido estas cuatro décadas largas. No hay nada que sobre ni nada que se pueda añadir a lo escrito, como no sea el deseo o el milagro de que no nos ocurra lo peor por haber pasado por todo ese tiempo sin haber aprendido nada, tal como suele ocurrir cuando el aprendizaje al que nos debemos es el de la Historia. Varios gobiernos autonómicos en el país ratifican ese nulo aprendizaje, tras el renacimiento de la extrema derecha en Andalucía. Si nos preguntamos de qué disponemos para hacerles frente, posiblemente sintamos cierta inquietud. Sobre este texto de Tecé sería la materia del curso que deberíamos repetir.

    DdA, XVII/4850    

ENCENDÍ LA TELEVISIÓN Y ERREJÓN ESTABA ALLÍ



Félix Población

Como bien saben los discretos lectores de este modesto diario, suelo recurrir en ocasiones a los puntos de mira de mi estimado amigo Goti del Sol, que para eso es, además de un buen lector de la actualidad, un agudo fotógrafo del fragmento memorioso en la ciudad que une nuestra niñez y mocedad, que diría don Miguel de Unamuno. 

Debo por lo tanto a Goti el titular de este comentario, después de que ayer pensara justamente lo que en el mismo se glosa. En los próximos meses, según ocurrió en las semanas previas a las elecciones municipales y autonómicas de 2019 en Madrid -una vez perpetrada la felonía que dividió a Podemos-, vamos a asistir a una operación mediática de calado mayor en pro de don Íñigo y su partido, haciendo ver al respetable que la suya es la cara buena, modosita y más conveniente para que en su día, tal vez, pueda juntarse a la del Partido Socialista para que el bipartidismo renazca de sus cenizas. (Ciudadanos acabará en el PP).

En los próximos meses hay que estar muy atentos a lo que se pueda configurar para que Más Madrid vuelva a apetecer mayor horizonte territorial del que por ahora le toca, pues podría ocurrir que desde las fuerzas oscuras que mueven el cotarro político, económico y mediático en esta España nuestra se intente promocionar a ese partido por ver si, en ausencia de quien lideró Podemos hasta hace unos días, y con la misma estrategia con la que se atacó al partido morado en todos los frentes, se puede relanzar la operación Más País que de modo tan estrepitoso fracasó en las elecciones generales. 

De momento, tal como titula Goti, "encendí la televisión y Errejón estaba allí", haciéndose el verde y con los dos deditos de la victoria en alza, con su cara de santo inocente y sin que nadie le recuerde que si en Madrid gobierna la derecha más reaccionaria junto a la extrema derecha, se lo debemos en buena medida y desde 2019 a don Íñigo y a su ex madrina Carmena, que acaba de recibir con Ana Botella, en su calidad de ex alcaldesa, la llave de honor de la capital del reino con un ruego a San Isidro para que obre el "milagro civil" de que en "la democracia reine la obligación esencial de escuchar al otro".  

         DdA, XVII/4850         

lunes, 17 de mayo de 2021

15M: SI NO VUELVES, DEVUÉLVEME EL CORAZÓN

 


Carmen Ordóñez

Luna estuvo trasteando un rato largo en el ordenador.

- Mamá, hoy se prepara algo gordo. He recibido la convocatoria por varios conductos y de colectivos que no tienen mucho que ver entre sí. Es probable que no venga a cenar, y a lo mejor tampoco a dormir.

Las redes sociales entonces no estaban tan extendidas como ahora. Ni siquiera eran corrientes los smartphones y las comunicaciones aún se hacían mediante SMS. Facebook sí tenía bastante aceptación, desde luego, pero ella se había dado de baja por su excesiva exposición. En algún momento publicaron una foto suya que no le gustó y rechazó de pleno la herramienta, así que se enteraba de estas cosas por medio de las listas de correo electrónico a las que estaba suscrita.

- Pues habrá que ir, le dije. Voy a llamar a Cuca, a ver si se apunta.

La manifestación fue enorme, impactante y poco común. No se veían banderas y sí muchas pancartas. Mucha gente joven y también viejos luchadores cansados. Y mucha alegría.

Los convocantes respondían a siglas tan poco convencionales como Democracia Real Ya o Juventud Sin Futuro. Ninguna presencia visible de los sindicatos o los partidos políticos habituales. El camión desde donde los convocantes arengaban las consignas con un megáfono había sido prestado por el Co.Bas, un sindicato de base y minoritario.

Al llegar a la Puerta del Sol, muchos de los asistentes nos fuimos disgregando hacia los bares de los alrededores donde comentamos la singularidad de aquella convocatoria y nos felicitamos por su éxito. Otros se quedaron en Sol y formaron un círculo para celebrar una asamblea donde se decidió pernoctar allí. Tomar la plaza era el objetivo, emulando los recientes movimientos de la primavera árabe.

Los más volvimos a casa con la sonrisa encajada pero con el mismo talante escéptico que siempre acababa por destruir nuestras expectativas, por optimistas que fueran. Luna volvió muy tarde aquella noche.

Por la mañana supimos que algo muy importante se había puesto en marcha. Los que resistieron allí aquella noche fueron sustituidos al día siguiente por otros, y luego por otros, y poco a poco se iban quedado allí, plantando tiendas Quechua e instalando tenderetes que ofertaban las más diversas alternativas. Pedían el apoyo necesario en forma de asistencia personal; pedían que cualquier actividad que tuviéramos en agenda para aquel día se trasladara a la Puerta del Sol. Pedían la luna y, mira tú por dónde, la luna se mostró.

Sol se llenó de curiosos que pudieron ver con asombro hasta donde llega la imaginación cuando se une a la solidaridad.

Hubo quien tenía clase de yoga y allá se fueron los alumnos y el maestro a hacer sus ejercicios; el profesor de Filosofía trasladó allí su clase y el fisioterapeuta, su consulta. En una esquina, un grupo coral ensayaba su repertorio. En otra, Agustín García Calvo cantaba en griego clásico la Odisea. Sol se había convertido en el ágora. Empezaron a formarse grupos asamblearios donde se debatían las más diversas cuestiones.

Nosotras teníamos previsto un taller de poesía aquella tarde y, ni cortas ni perezosas, nos plantamos en la plaza con una mesa abatible, un megáfono y todos los libros que pudimos cargar y nos instalamos en la puerta de La Mallorquina invitando a los transeúntes a recitar versos a grito pelado. Unos cuantos se atrevieron; otros se limitaron a observarnos con una sonrisa complaciente o a coger un libro para buscar su poema favorito y, al menos, releerlo en voz baja. 

Así pasó y aquello no paró en muchos, muchos días. El resto, ya lo contaron por la tele. Y lo llamaron 15M.

       DdA, XVII/4849     

DESDE EL AÑO 2000, ISRAEL MATÓ A MÁS DE DOS MILLARES DE NIÑOS PALESTINOS



Félix Población

Ayer, durante un cuarto de hora, quince minutos, los aviones del estado opresor de Israel perpetraron medio centenar de bombardeos sobre la franja de Gaza. Esto equivale a más de tres bombardeos por minuto. Cincuenta bombardeos vienen a ser el mismo número de niños palestinos asesinados en la enésima invasión de aquel territorio. 

Mientras, como en anteriores ocasiones, los organismos internacionales dialogan tratando de que se llegue a un alto el fuego que ponga fin a un desproporcionado conflicto armado en el que Hamás ataca a Israel con cohetes que causan poco más de una decena de víctimas mortales, en tanto que la aviación israelí causa más de un centenar de muertos. Según La Sexta, los ciudadanos israelíes "son asesinados", mientras que los niños palestinos "mueren". 

Gracias a unas declaraciones a Middle East Eye, una niña palestina de diez años llamada Nadine, tenemos la versión más fidedigna de aquella nueva masacre sobre su pueblo: Cuando veo esto lloro todos los días y me pregunto por qué merecemos esto. ¿Ves lo que hay a mi alrededor? Solo somos niños. ¿Por qué iba nadie a mandarles un misil y matarlos? No es justo. No es justo". 

Cada cierto tiempo (la última de las masacres ocurrió en 2014), Israel hace resucitar el relato que el evangelista Mateo cuenta sobre la matanza de inocentes  de Herodes el Grande, rey de Judea, Samaria e Idumea. La diligencia asesina de los aviones israelíes bombardeando un territorio diezmado por todas las penurias (más de tres bombardeos por minuto) tiene un motivo: aprovechar al máximo y en el mínimo tiempo la capacidad destructora de su aviación mientras en la ONU hablan y hablan hasta llegar a un alto el fuego que, pasados unos años, volverá a ser papel mojado y hará renacer una vez más al personaje del Nuevo Testamento, ese al que el pontífice Francisco se le olvidó citar en su protesta contra la "inaceptable" matanza de inocentes. "Solo somos niños. ¿Por qué iba nadie a mandarles un misil y matarlos?, grita Nadine. 

Desde el año 2000, según la organización israelí de derechos humanos B'Tselem, las acciones armadas llevadas a cabo por Israel han causado la muerte de 2.103 niños en los territorios palestinos bajo ocupación y bloqueo. Más de un centenar de niños palestinos está actualmente en las cárceles israelíes. 

La de Herodes I será una leyenda que solo cuenta Mateo, pero en el mundo de hoy ese rey resucita cada cierto tiempo para matar inocentes allí donde nació la prédica del amor fraterno.

*Artículo publicado y ampliado en Infolibre

      DdA, XVII/4849      

LA FIAMBRERA: EN MEMORIA DE GREGORIO DELGADO TORRE, ABUELO DE MIS HIJOS


Valentín Martín

El muchacho está labrando las tierras de su padre mientras abajo, en la botica Felipe termina el libro "Versos y oraciones de caminante". Para entonces ya ha escrito el poema "Qué lástima" destinado a un escritor, Enrique Gracia Trinidad, que lo recitará mejor que nadie. Felipe piensa que es el momento también de cambiar de nombre con sospechas monárquicas. Y le añade un León delante que en su pueblo zamorano de Tábara sorprendería mucho. Así que a partir de ese instante de la botica y los versos quedará en la memoria como el republicano León Felipe.
El muchacho está luego tumbado boca abajo junto a un compañero en una pequeña loma donde crece una hierba rala que no da para el alimento diario de una cabra. Tierra pobre, otoñal y deshojada como el porvenir de un perro callejero. Los dos están disparando sus fusiles máuser que les han entregado en el cuartel después de un periodo corto de instrucción. En realidad no es que disparen al aire, que Dios está en todas partes, como años después escribiría la poeta Isabel Escudero. Es que delante de la pequeña loma hay una vaguada de escasas profundidades que se cierra en otra loma donde se supone está el enemigo. Ellos no ven a nadie y creen que no hay nadie que los vea. Pero siguen disparando su máuser como si les fuese la vida en ello. Y les va.
No se sabe cuál de los dos empezó la fugaz discusión.
-Oye, que te han dado.
-A mí no, será a ti.
Ninguno de los dos ha sentido la bala. Pero por el pequeño espacio que separa sus cuerpos desciende un riachuelo de sangre. Y es en ese mismo instante en que los dos están mirando la profanación de la tierra por la sangre dudosa cuando a él se le apaga el sol y se desmaya.
Cuando despierta, está en un hospital luchando no por ganar la guerra sino por no perder la vida. La bala le ha entrado por el pecho y le ha salido por la espalda. Quizás eso fue lo que hizo que no lo matara. Siempre conservó el circulito rojo de simetría perfecta que dejó la bala al entrar por el pecho. Parecía un tatuaje como el mínimo grito preciso de su segundo nacimiento.
En aquellos años 30, en plena guerra civil, con escasos recursos para luchar contra una bala que te atraviesa como una víbora convencida de que ha perdido su memoria y cree que busca una piedra donde esconderse cuando en realidad está atravesando el tórax donde residen los pulmones de un muchacho labrador, morir o vivir ni siquiera llega a ser una interrogante para los médicos.
¿Cómo ha llegado allí el muchacho? Poco a poco se va despejando la niebla y recuerda que una atardecida, al bajar de labrar las tierras del padre, le llamaron a la plaza. Allí esperaba un camión militar, un chófer, y tres o cuatro mandos. Le hicieron subirse al camión como a otros muchachos del pueblo, ni siquiera tuvo tiempo de despedirse del boticario León Felipe, qué lástima, piensa mientras el camión sale del pueblo y se los lleva. Los 600 aviadores nazis que Hitler había mandado para ayudar a los sublevados, habían masacrado a los españoles mientras ensaynaban y perfeccionaban sus métodos de combate para otra guerra más grande y más importante para ellos. La república se quedaba sin soldados y tuvieron que llamar a los niños.
Cuando dejó atrás el pueblo, el muchacho tenía 17 años.
“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.” Estas palabras del actor y locutor Fernando Fernández de Córdoba, las oye el muchacho el 1 de abril de 1939. Ya está curado, ya no existe una patria a la que defender, así que vuelve al pueblo.
En el pueblo ya no está el boticario León Felipe, el inquieto poeta se ha marchado un año antes a México y no volverán ya a verse. Todo parece que regresarán los bellos estíos de la infancia del muchacho, interrumpidos por el pavor que llamó a su puerta. Pero quien llama a los pocos días es la guardia civil. Se lo llevan detenido y él no sabe por qué. Son tiempos en que la delación lleva las alas de los pájaros de la muerte. En el caso del muchacho nada tiene sentido, pero también las denuncias falsas reclaman su olor antiguo.
Muchos años después, una mujer de apariencia frágil pero de un arrojo casi salvaje que le hace abandonar a su partido cuando se siente traicionada por Santiago Carrillo y emprender una lucha partisana y casi a solas, le confiesa a este escribidor que toda su vida vivió con la sospecha de la delación cuando la policía torturó y asesinó el 20 de enero de 1969 a su novio Enrique Ruano. Alguien cercano tuvo que ser.
El muchacho ingresa en la primera cárcel, a la espera del juicio por un tribunal militar. Sabe que todos los que están allí con él ya están condenados de antemano. A muerte.
Y condenado a muerte lo llevan a una segunda cárcel para esperar el amanecer y las tapias de los fusilamientos. Cada vez que sale el sol y entra el pelotón todos creen que ha llegado la hora de morir bajo las balas españolas como ellos. Va menguando la población de la cárcel. Y un día se lo llevan. Se despide de los que quedan allí con una mirada.
Pero no lo llevan para matarlo sino para comunicarle que su condena a muerte ha sido modificada por la de treinta años y un día “por auxilio a la rebelión”. Él no lo sabe, pero lo mismo le pasó al poeta Miguel Hernández.
No sabe por qué lo sacan de esa cárcel después de muchos meses para llevarlo a otra cárcel, donde volverá a sufrir la tortura, el hambre, el asombro de no saber nada de lo que está pasando. Está seguro de que ya no lo van a fusilar, pero no de sobrevivir a la pesadilla más honda cada día de no conocer la libertad ya nunca.
Han pasado los años y de esa tercera cárcel se lo llevan también un día por sorpresa. Sube a un camión con otros presos y emprende un camino largo que le llevará hacia el sur a un campo de trabajo, eufemismo de los campos de concentración que oficialmente jamás hubo en el franquismo. Y en ese campo de concentración, trabajando 17 horas diarias, pasa muchos años.
Atrás quedó el muchacho que labraba las tierras del padre mientras los aviones nazis arrasaban pueblos de España. A él ya se le esfumó lo mejor de su vida, por no decir la vida entera, porque no atisba a ver el momento que salga del cautiverio. Para un inocente la esclavitud es el peor de los infiernos.
Y un día le llaman al barracón donde el capitán tiene su oficina. Le entrega un papel donde dice el delito por el que ha estado allí. Y también que puede salir libre. Pero no libre del todo porque sí hay libertad con cadenas. Y sus cadenas son otros tres años de destierro que ha de intentar vivir hasta poder pisar su pueblo.
Al pueblo regresa demasiado tarde para poder quedarse en él. Así que visita a sus padres y se va.
Y es en la ciudad donde parece encontrarse con lo que queda de él. Tiene trabajo, y por primera y única vez en su vida tiene suerte. Casado, con hijos, con largas jornadas soportables de faena
Y libre. Sale de casa por la mañana temprano, lleva la comida en una fiambrera como otros muchos trabajadores, y vuelve a casa a la caída de la tarde.
Volver a casa, que hermosas son las tardes, le parece. Ya no es aquel muchacho de 17 años que trabajaba la tierra del padre. Su rostro tiene las huellas de la heredad de las ruinas. Pero no la agresividad de las ortigas. Ahora es un hombre callado y sumiso que goza del silencio o las charlas tranquilas con los amigos. He aquí un hombre en paz consigo mismo, pese a todo, he aquí un hombre en paz consigo mismo, dicen todos los que le conocen. Quizás porque siempre fue inmune al odio.
La muerte llamó a su casa por sorpresa. Penetró como un pequeño veneno en su corazón atormentado durante tantos años de la venganza de los vencedores. Todo en su vida ocurrió demasiado pronto.
La noche que la familia veló su cuerpo malherido por la memoria, apareció un cura. Vengo de visita, dijo. Y mirando su cadáver lo profanó con estas obscenas palabras:
-¿Qué edad tenia? No era muy viejo. Bueno, ya disfrutó de la vida.
Acababa de darle el tiro de gracia al que todos los fusilados tienen derecho.

DdA, XVII/4849