ADIÓS A CARLOS CRISTOS, MAESTRO EN VIDA
El pasado 18 de abril muchos televidentes tuvimos oportunidad de conmovernos con el documental Las alas de la vida, ofrecido en Versión española a través de La 2. Entonces supimos, por las explicaciones de su director Antonio P. Canet, que el protagonista e inspirador del film seguía abrazado a la vida con la misma magistral actitud que comprobamos en el film, aunque con sus facultades mucho más mermadas que dos años atrás.
El médico gallego Carlos Cristos murió en la madrugada del pasado sábado a los 51 años en su domicilio de Sa Cabaneta (Mallorca), después de convivir durante varios años con una enfermedad neurodegenerativa irreversible que le alentó a exponer su experiencia ante las cámaras. Pocas veces el cine ha llegado tan a fondo y con tan atinada sensibilidad en el sondeo de lo mejor de la condición humana: la sabiduría de vivir sabiéndose morir cada día y dando con ello una ejemplar lección de fortaleza humanística y moral.
Quiso Cristos hacer del último tramo de su existencia, una vez supo el diagnóstico que ponía plazo a la misma, lo que sin duda debería constituir un ideal como último servicio de los profesionales de la medicina cuando una enfermedad terminal les afecta. Para ello quizá sea preciso un currículo tan comprometido con su vocación como el que Carlos Cristos dejó entrever cuando resumió su experiencia como médico voluntario en Ruanda. Pese a su agnosticismo expreso, dijo haber encontrado allí a Dios entre los más humildes, como si durante esa etapa de su vida hubiera hallado en esa labor humanitaria la culminación de sus metas.
La decisión, entereza y lucidez intelectual con la que Cristos afrontó su atrofia sistemática múltiple, descrita en imágenes y sabias reflexiones a través de Las alas de la vida, es un documento imprescindible y de un valor inestimable para nuestra sociedad, tan carente como necesitada de lecciones así de estimulantes que nos enseñen a vivir en esas o parecidas y desfavorables circunstancias.
Por la inteligencia y sensibilidad que demuestra en su contenido indagatorio acerca de la experiencia humana de la muerte, así como por los arrestos de encararla con reflexiva y gozosa naturalidad -jodido pero contento, repite Carlos con una sonrisa inscrita de bondad en varias secuencias del documental-, el vuelo que Cristos quería para sus cenizas sobre la mancha azul de la ría de Vigo deja una profunda estela entre nosotros. Las alas de la vida deben volar hasta el final de la vida y hacerse a la muerte con la naturalidad de que su tránsito es un último vuelo que hay surcar en paz y dignidad, tal como sin duda Carlos Cristos hizo la madrugada de su adiós.

























