El caso del desahucio de Maricarmen Abascal ha sido absolutamente deplorable y ha puesto de manifiesto la codicia de los rentistas y un problema social muy amplio: las tremendas dificultades que tienen millones de personas para acceder a una vivienda en propiedad o en alquiler.
Su desahucio ha servido para visibilizar el problema general de la vivienda en España y para movilizar a una buena parte de la sociedad exigiendo soluciones generales y duraderas. Es su virtud y un riesgo: que ciertos sectores políticos y mediáticos pretendan reducir el problema de la vivienda a casos como el de Maricarmen y, en consecuencia, que nos conformemos con la solución de ese caso tan mediático y con tibias medidas que desmovilicen a la sociedad movilizada, pero sin afrontar la solución completa y duradera.
Es una buenísima noticia que Maricarmen puede volver a su casa en las condiciones anteriores. Ha sido fruto de la movilización social, no de la bondad de los caseros. Pero ese buen desenlace para ella no puede esconder la situación general de la vivienda, convertida en un bien especulativo para beneficio de unos pocos a costa de las dificultades existenciales de la mayoría.
La respuesta a la gran movilización social no parece encaminarse a solucionar el problema general de millones de personas sino a la desactivación de esa movilización: la solución del "caso Maricarmen" (bienvenida solución) y la partición en dos decretos de las medidas que se demandan socialmente, junto y la trayectoria del PSOE y la derecha en este asunto, parecen indicar esa voluntad de desactivación por lo que va ser necesaria prolongar la movilización y optar por un cambio sustancial del Parlamento, con mucha más fuerza de grupos dispuestos a hacer frente de verdad a los intereses de los especuladores. Veremos.
DdA, XXII/6482

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