Este es un artículo de obligada lectura que leemos hoy en el diario Público. No tiene ni una sola línea de desperdicio. En el texto no se olvidan de Prisa y la nueva línea del diario El País con titulares como el de ayer: "El caso Zapatero sacude un final de legislatura agónico". Ferré escribe: que el escuadrón de la derecha al pleno, con PP, Vox y cinco asociaciones de extremísima derecha presentándose como acusación particular, es a la vez tremendo y muy revelador. Me los imagino sonrientes, creyendo que esta vez sí que sí, esta vez les destrozamos. Por eso no tengo dudas, esto ya no va de Zapatero: van a por todas y con todo. Aspiran a subordinar la política a los intereses privados de la economía que, en el sistema capitalista, tiene nombres y apellidos. Eso es Trump y eso son las derechas en España. Así que, sí, esto ya no va solo de Zapatero.
Marga Ferré
No es que tuviera yo muchas dudas, pero por si alguna me quedaba, la
manifestación de las derechas este sábado, el titular de El País el
domingo y el que la extrema derecha, en comandita, se presente como acusación
particular, me las aclaró todas: esto ya no va de Zapatero. Esto va de otra
cosa.
Que la extrema derecha ataque a la democracia es ya un lugar conocido,
quizá no tanto que las más de las veces no lo hace con tanques, sino con
corbatas, pero con la misma la intención: llegar al poder, como sea, para
cambiar las estructuras del Estado y garantizar que las clases dominantes sean
las únicas ostentadoras de ese poder y para su beneficio.
En cierta ocasión me lo dijo nítidamente un consejero del PP de Madrid, en
la etapa de Esperanza Aguirre (quien, por cierto, llegó al poder con el tamayazo;
yo sigo uniendo la línea de puntos). Me dijo que el que la izquierda gobierne
en España es una anomalía, que lo natural es que ellos tengan el poder, y lo
hizo hasta con naturalidad, de tanto que se lo creía. Su familia acabó
condenada por corrupción. Ahí lo dejo.
Lo de PRISA cambiando su línea editorial aún más a la derecha es toda una
señal y aquí conviene detenerse, porque la obsesión del grupo con Venezuela
huele, desde lejos, a negocios que proteger. Cuando Ernesto Ekaizer habla de no
perder de vista la conexión venezolana con la agresividad en el caso
Zapatero, sabe de lo que habla. La obsesión de algunos con Venezuela no es
geopolítica, es portafolio de negocios.
Lula, quien como ustedes saben fue condenado a años de cárcel con una
acusación que se demostró falsa, suele decir que en las campañas electorales no
se enfrentó a un partido de la oposición, sino a Globo, el conglomerado
mediático más grande de Brasil. No pretendo, ni de lejos, comparar a Lula con
Zapatero, pero sí pretendo, y de cerca, comparar la actuación de las extremas
derechas porque la Internacional Reaccionaria existe y copia hasta la mímesis
su forma de actuar.
Cuando atacan, lo hacen con una maquinaria de guerra mediática diseñada
para la búsqueda intencionada de argumentos con una conclusión previamente
escrita: solo ellos pueden gobernar. Javier Alfaya lo bordó, con esa pluma
suya: “Esa necesidad de expulsar al otro era una de las características
más terribles del régimen. El núcleo de los cristianos viejos, ese macizo
central de la raza poseía y en buena medida sus herederos lo siguen poseyendo,
un sentido patrimonial de España”. Tal cual, don Javier.
No me malinterpreten, imagino que habrá agua en la piscina de Zapatero para
que se hayan lanzado en tromba, pero la dimensión del ataque a la izquierda,
desde hace años (Podemos lo sabe) no tiene que ver con que esa gente se
escandalice por un caso de corrupción. Si la corrupción casi la inventaron
ellos. Esto va de apropiarse del poder político en España para las próximas
décadas.
Como norma general en la vida, y más en la política, donde esté un fascista
o donde esté Manos Limpias, servidora, enfrente. Si la acusación particular de
un caso lo hacen las derechas y neofascistas todos juntitos, el caso es lo de
menos. De lo que se trata es de otra cosa: de echar a la izquierda del poder
como sea y hacerlo de una vez para siempre.
La filósofa Donatella di Cesare acierta cuando define las formas del
fascismo contemporáneo más allá de sus formas históricas. Ella advierte,
lúcida, que el neofascismo hoy actúa de forma más sutil y más profunda que
antaño: pretende la subordinación completa de la política a la economía, y de
la economía a la lógica del algoritmo, el cálculo y la optimización sin fin. A
lo que aspiran es a subordinar la política a los intereses privados de la
economía que, en el sistema capitalista, tiene nombres y apellidos. Eso es
Trump y eso son las derechas en España. Así que, sí, esto ya no va solo de
Zapatero.
Àngels Barceló ha dejado la SER y en los mentideros se rumorea que lo hace
por el giro a la derecha que Oughourlian quiere darle a PRISA: dar ya por
sentado el triunfo de la extrema derecha en España, la que va a defender,
supongo, sus intereses como accionista privado de Indra y sus contratos
militares. Y en eso no se equivoca, el fascismo es expolio. Quizá por eso el
titular de El País este domingo fue brutal: "El caso Zapatero
sacude un final de legislatura agónico". Lo es porque el núcleo semántico
de la frase no es Zapatero, sino que el Gobierno de coalición de izquierdas
esté agónico: es decir, a punto de morir. Menuda proyección.
Sigo uniendo la línea de puntos: que el escuadrón de la derecha al pleno,
con PP, Vox y cinco asociaciones de extremísima derecha presentándose como
acusación particular, es a la vez tremendo y muy revelador. Me los imagino
sonrientes, creyendo que esta vez sí que sí, esta vez les destrozamos. Por eso
no tengo dudas, esto ya no va de Zapatero: van a por todas y con todo.
Y aun así, si hay otra cosa de la que tampoco tengo la menor duda es de que, a muchos y a muchas, nos tendrán enfrente.
PÚBLICO DdA, XXII/6355

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