No hay nada más abyecto que planear un paraíso vacacional en el mismo lugar donde se ha perpetrado una guerra contra la infancia; nada más despreciable que postularse como líder de una Junta de la Paz alternativa a la ONU mientras se ordena detener a niños y arrancarlos de cuajo de la protección de sus padres. Estos hechos deberían actuar como antivirus contra la tibieza de algunos. En cuanto a los que babosean alrededor de este neotirano carecen de perdón moral y pasarán a la historia como actores vergonzosos, cobardes. Quiero creer que todos ellos, líderes hermanados por la crueldad en torno al líder demente, caerán algún día como un castillo de naipes. En cuanto a nosotros, si no tenemos presente a la infancia pisoteada, si no oponemos resistencia, quedaremos retratados en el deshonroso papel de los indiferentes
Elvira Lindo
Otro niño murió de frío en Gaza
este pasado jueves. Ese mismo día, Jared Kushner, yernísimo de Trump, exponía en el Foro de
Davos los planes de desarrollo turístico y comercial que
Estados Unidos liderará en la reconstrucción del territorio destruido. La
inspiración a seguir es Dubái, aunque el ideal de este batallón de “desviados
morales”, como así los llama Andrea
Rizzi, es el mismo en cualquier lugar del mundo en el que instalan
su ignominiosa bandera: les gusta defecar en váteres dorados. Un niño muere de
frío en Gaza esta semana; otro, Liam Conejo de cinco años, es detenido junto a su padre
por el ICE en Minneapolis. Al pequeñito con cara de susto le
arrebatan la mochila de Spiderman; comprensible, quién puede asegurarnos que
bajo su estampa de tierna criatura no está llevando al cole una mochila
cargadita de explosivos. Se lo llevan a un centro de detención en Texas. A
partir de ahí, su futuro es incierto. Pero Liam no es el único niño. A raíz de la conmoción que provoca el vídeo del arresto,
las maestras del distrito declaran que se han producido más detenciones de
escolares en los centros educativos. Hay que cortar el problema de raíz. Como
bien dijo Trump, esto no pasaría si a Estados Unidos llegaran criaturas suecas
o noruegas y no inmigrantes de países de mierda.
Estaba haciendo falta que el
presidente americano viniera a Europa, pero no a su mansión escocesa, donde
recibe el aplauso de los suyos, sino a un lugar donde quedara más patente lo grotesco del
espectáculo. En mi opinión, es urgente pasearlo por las
distintas instituciones europeas para que quede aún más patente que, más allá
de ese Camelot de friquis que lo rodean, lo que tenemos delante no es otro que aquel hombre que lideró un reality show televisivo en
el que aconsejaba a los participantes cómo triunfar en los negocios. Si un
pueblo vota mayoritariamente a un individuo así (no digo payaso por respeto al
noble oficio), con un vocabulario limitado a tres adjetivos y una ignorancia
inconmensurable, es que también existe una degradación social.
Los niños mueren de frío en Gaza, los
hijos de inmigrantes son detenidos en el país de la ejemplar democracia. ¿Por
qué tras la Primera Guerra Mundial comenzaron a nacer organizaciones
humanitarias dedicadas específicamente a la protección de la infancia? Es fácil
deducir que su creación fue una respuesta a la indiferencia con que la clase
dirigente ha reaccionado siempre ante el peor crimen contra la humanidad. No
hay nada más abyecto que planear un paraíso vacacional en el mismo lugar donde
se ha perpetrado una guerra contra la infancia; nada más despreciable que postularse como líder de una Junta de la Paz alternativa
a la ONU mientras se ordena detener a niños y arrancarlos de
cuajo de la protección de sus padres. Estos hechos deberían actuar como
antivirus contra la tibieza de algunos. En cuanto a los que babosean alrededor
de este neotirano carecen de perdón moral y pasarán a la historia como actores
vergonzosos, cobardes. Quiero creer que todos ellos, líderes hermanados por la
crueldad en torno al líder demente, caerán algún día como un castillo de
naipes. En cuanto a nosotros, si no tenemos presente a la infancia pisoteada, si
no oponemos resistencia, quedaremos retratados en el deshonroso papel de los
indiferentes.
A través de una red social me
escribe un lector adolescente de Irán. No es la primera vez que se comunica
conmigo. Este viernes, me envía un poema de Ahmad Shamlu, gran poeta iraní, que
me traduce él mismo al inglés: “Carniceros apostados en cada callejón / con
sangrientos machetes para decapitar / Qué extraños son estos días / Aprietan
bisturís contra labios que sonríen / y contra bocas que cantan / Esta es la
barbacoa de los pájaros cantores/ sobre un fuego de lirios y jazmines”. Este
poema es de hace 70 años, me dice; ahora estamos viviendo lo mismo. Y yo trato
de mandarle palabras de aliento.
EL PAÍS DdA, XXII/6238

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