martes, 27 de enero de 2026

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LX): PERO… ¿DÓNDE ESTÁN ESTOS? O MÁS RABIA QUE MIEDO



José Ignacio Fernández del Castro
«Yo amo los actos, no las excusas.»
Irvin David YALOM (Washington D. C., Estados Unidos, 13 de junio de 1931): Nietzsche conversando con Breuer en When Nietzsche Wept, Part 18 (El día que Nietzsche lloró) (992).

Asistimos atribulados (y acaso temerosos, en función del uso que hagamos del tren) a la tragedia ferroviaria de Adamuz y sus secuelas en la “eterna lucha por dominar el relato”. Y, en cuanto pensamos un poco en el asunto, en cómo se convierte esa manifestación extrema de brutal calamidad en espectáculo lúgubre, la estupefacción se va tornando en asco, desprecio, rabia, impotencia, indignación una vez más)... Y dolor, mucho dolor.

Es el dolor, sí, por los más de cuarenta cadáveres ya recuperados (barrera superada ya el día de la “foto de autoridades ”en el lugar de la tragedia, publicada primero y arrumbada después por la Casa Real), pero, sobre todo, es el dolor por el lamentable espectáculo de un Estado perdido entre la desidia, el postureo hipócrita y el oportunismo carroñero como síntomas de renuncia institucional a la civilización y el progreso... Porque esta España, desde su imaginario del “vanguardia del transporte ferroviario (liberalizado)” como símbolo de bienestar sostenible permitió que los operadores privados (europeos) situasen los trenes en las vías con un coste apenas del 30% del total para poner un convoy en funcionamiento… Y, claro, el sobrecoste de mantenimiento de la estructura ferroviaria, a cargo de todos los españoles, se resiente (mucho más en las cercanías, como bien demuestra el caso catalán). Ahora habrá que emplearlo en compensaciones a los familiares de las víctimas, pero ¿qué reparación cabe a una muerte?.

Pero volvamos a la imagen de grupo de Felipe VI y Letizia Ortiz en su visita al lugar del accidente ferroviario en Adamuz con el tren de la operadora privada italiana Irvo descarrilado al fondo... La fotografía (primero publicada por la Casa Real y luego, ante las polémicas, retirada al fondo de imágenes de su entrada) ha sido muy criticada, entre otras cosas, por el lugar ocupado por María Jesús Montero que se situó en primer plano junto al rey con Letizia desplazada a la derecha (se supone que ostentaba la representación máxima del gobierno del Estado, en ausencia de su presidente y al ser la vicepresidenta primera en funciones, pero no puede olvidarse que también es la candidata del PSOE a la presidencia de Andalucía en las elecciones ya convocadas), también por la posición del actual presidente de la comunidad y candidato popular a la reelección, Juanma Moreno Bonilla, situado delante del ministro socialista de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, desplazados ambos a la izquierda... En cualquier caso y más allá de cuestiones protocolarias  que a las víctimas y al pueblo en general le resultan irrelevantes/irritantes (al fin y al cabo son una suerte de “juego de sillas del poder” que sólo hace poner en primer plano la absoluta inutilidad rancia de la monarquía y la afición a la pose vacía de tantos cargos), la pose grupal merece un análisis… La actitud forzadamente compungida y el luto indumentario de tanta realeza, autoridad civil y hasta un mando de la guardia civil (éste con el uniforme del verde reglamentario, claro) ha dejado en las redes comentarios irónicos del tipo "ahora la gente bien ya no se fotografía con niños africanos hambrientos, sino con trenes accidentados" (entre muchos otros más desagradables que no merecen ser citados aquí). Y hasta ha llevado a algún experto en comunicación política a señalar que en la imagen "sólo falta un cura y ya tendríamos una perfecta estampa para una película de Berlanga"... Supongo que se refiere a una buena secuela de la trilogía de la familia Leguineche (La Escopeta Nacional, 1978, Patrimonio Nacional, 1981, y Nacional III, 1982); pero a mi me lleva más a rememorar "En la planta 14" de Víctor Manuel (editado por primera vez por Belter en 1975, como Cara A de un sencillo que llevaba en la cara B "Atrás queda el pueblo"), en concreto aquella parte que dice: "A las diez la luna clara/ se refleja en las sortijas del Patrón recién llegado/ con sombrero, gravedad y su aburrido gesto./ El ha sido el primero, vendrán gobernadores/ alcaldes, ingenieros.../ Tratarán de calmar/ la presentida viuda que se muerde el pañuelo,/ no sabrán acercarse a la madre que les mira/ con los ojos resecos./ A las doce el patrón mirara su reloj,/ los otros ya se fueron.../ Y en un punto y aparte esbozará un fastidio/ mientras piensa: ¿pero donde están estos?..."

Porque, eso parece decirnos la imagen, ¿pero dónde están estos?, a la vez que evidencia que “atrás queda el pueblo”. Por eso quienes, lejos del nihilismo radical de Nietzsche sostenemos, sin embargo, su vehemente pasión por los actos y su desdén hacia las excusas, sólo podemos sentir sonrojo, dolor e indignación ante tanto fariseísmo. No procede el miedo, sí la rabia.

DdA, XXII/6242

2 comentarios:

cineforumgijon dijo...

Un título alternativo podría ser "Posado de grupo de farsantes con tren accidentado al fondo"...

Félix Población dijo...

O también, ¿quién tuvo la brillante idea de hacer posar ante una catástrofe al jefe del estado y miembros del gobierno?

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