Mientras se convocan congresos que hacen del conflicto una cuestión equidistante bajo el título 1936: La guerra que perdimos todos, al que asisten algunos políticos del PSOE junto a quienes mantienen sus afinidades con los vencedores, bien está recordar a los niños que durante la Guerra Civil fueron evacuados a la Unión Soviética -algunos de cuyos padres fueron socialistas y hasta militantes del PSOE-, uno de los episodios más dramáticos de la contienda vividos en los puertos del norte de España en 1937. En los años cincuenta, algunos regresaron a sus lugares natales pero se le quiso expulsar del país por atreverse a recordar al dictador en un escrito, ante las detenciones y vejaciones sufridas, que cumpliera el convenio suscrito entre la URSS y España, a través de la Cruz Roja Internacional, para el retorno de aquellos menores (ya personas adultas) que salieron veinte años atrás del país en una condiciones en extremo dolorosas para ellos y sus padres. Ellos sí perdieron la guerra, como se comprobó con su diáspora y sus largos años de ausencia, y también una vez finalizada la contienda con lo que en Nueva Tribuna ha contado estos días Pablo Fernández-Miranda, autor del libro Dos patrias sobre los niños de aquellas evacuaciones.
Hace unos días, a través de la Asociación de los Niños de Rusia (los menores españoles que fueron evacuados a la URSS durante la Guerra Civil), uno de los socios hacía referencia a la expulsión que sufrió su madre (y él mismo que había nacido unos meses antes ya en España), a la par que otras familias en circunstancias similares que habían conseguido volver en 1956 y 1957, tras un largo exilio en la Unión Soviética y dos años después fueron arrojados a la frontera sin mediar juicio ni sentencia.

La causa de la expulsión fue la “osadía” de haberse dirigido por escrito a Franco para exigir el cumplimiento del convenio suscrito entre la URSS y España, a través de la Cruz Roja Internacional, para el retorno de aquellos menores (ya adultos) que tuvieron que salir veinte años antes. Ese convenio recogía que serían respetados en sus derechos sin represalias y se reconocerían sus titulaciones profesionales. Según pisaron su tierra fueron interrogados y humillados y aunque no es el objeto de este artículo basten estas letras del Correo Español-El Pueblo Vasco, publicadas por aquellas fechas, para hacernos cargo de la recepción que tendrían estos compatriotas: «Los menores expatriados 1937…/…dada la infrahumana educación recibida ya habían dejado de ser criaturas humanas para convertirse en desalmados entes sovietizados».
A primeros de febrero de 1960 la Brigada Político-Social apresó a una treintena de aquellos repatriados acusándolos de actividades antifascistas o directamente de comunistas. Unos lo eran y otros no, simplemente se rebelaban contra las condiciones laborales, el maltrato y la no homologación de los títulos universitarios y profesionales que obstaculizaba acceder al mercado de trabajo. La mayoría de los detenidos fueron torturados, Néstor Rap sufrió rotura de tímpano; a Agustín Gómez, ingeniero y futbolista internacional, tuvieron que hospitalizarle con heridas sangrantes.

El colectivo de repatriados reaccionó solidariamente. Alguien tuvo la iniciativa de escribir directamente al dictador, en su calidad de jefe del Estado, con copia a la Cruz Roja Internacional, al Colegio de Abogados y otros organismos. Firmaron nada menos que 213, una auténtica heroicidad en aquella España del silencio. Copia de aquella carta obra en el Archivo Histórico del PCE. Algunos de sus párrafos dicen así:
« AL EXCMO. SEÑOR JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL
Palacio del Pardo
Excmo. Señor:
Los abajo firmantes, ciudadanos españoles, que regresamos a nuestra Patria, procedentes de la Unión Soviética, en los años 1956 y 1957, ante su Excelencia comparecen y, en uso del derecho que les confiere el artículo 21 del Fuero de los Españoles, exponen:
Que, durante la primera decena del presente mes de febrero, y en diversas ciudades españolas, han sido detenidos, y, en algunos casos sometidos a tratos brutales e inhumanos, un buen número de repatriados, compañeros nuestros.

Que, a pesar de los días transcurridos desde sus detenciones, siguen los interesados en prisión, desconociendo el motivo de tal medida contra ellos adoptada, y sujetos a la Autoridad gubernativa, en evidente infracción del artículo 18 de la citada Ley Fundamental, que, taxativamente, dice: “En el plazo de setenta y dos horas, todo detenido será puesto en libertad o entregado a la Autoridad Judicial”.
Como quiera que estos compañeros detenidos son personas sumamente honradas y de conducta intachable, no podemos menos de llegar a la conclusión de que tal medida constituye una nueva arbitrariedad, tras las muchas de que injustamente venimos siendo objeto los repatriados de la Unión Soviética, desde el primer día de nuestra llegada a España…/…no fuimos tratados como repatriados sino como delincuentes con interrogatorios policíacos, que aún ahora, después de tres años, continúan repitiéndose…/…Nuestra correspondencia privada es intervenida, constantemente…/
Ante estos hechos, que nos han llenado de indignación, nosotros, obreros, técnicos, ingenieros, economistas, médicos, agrónomos, todos repatriados de la Unión Soviética y residentes en España, levantamos nuestra más enérgica protesta y nos dirigimos a su Excelencia, en petición de fin a los abusos que se vienen cometiendo con nosotros, y pidiéndole, ante todo y sobre todo, la justa e inmediata libertad de todos nuestros compañeros detenidos…» Le siguen las 213 firmas.

La respuesta fue la detención de otro racimo de repatriados y la orden de expulsión del país de unas cuantas familias argumentando que “no eran españoles”.
Citaron a unos en San Sebastián y a otros en Madrid, dando un plazo de setenta y dos horas para que abandonaran el país dejando casas, muebles y enseres. Varios se negaron a firmar el documento de expulsión. Los condujeron al puente de Irún obligándolos a dirigirse hacia la aduana francesa con un pasaporte que ponía: «URSS». Allí fueron rechazados ya que era ilegal a todas luces. ¡Un disparate! ¡El Ministerio del Interior de España falsificando pasaportes soviéticos! Ni tan siquiera había relaciones diplomáticas. De vuelta a la frontera española, fueron nuevamente encarcelados.
Desde aquel tiempo remoto llega la voz de uno de aquellos expulsados a la que me refería al principio. Por entonces, con solo unos meses, de nada se enteraría. Pero a bien seguro a lo largo de su vida lo oiría contar cientos de veces y tras el fallecimiento de su madre, Ana del Bosque, con 100 años, ha querido recordar aquel trauma familiar que los llevó a un segundo exilio, nuevamente a la URSS y después a Cuba, junto con otros entre quinientos y setecientos de “hispano soviéticos” como les llamaban en la isla caribeña según recuerda éste socio que, solo mucho después, pudo afincarse en España y recuperar, en 1994, el pasaporte de su país de origen.
*Algunas detenciones de repatriados en esa época que figuran en la relación conservada en el Archivo Hº del PCE: País Vasco: Faustino Mendiola, Fermín Carro, Vicente Navarro, Leovigildo López, Ernesto y Julián Goñi, Néstor Rapp, Agustín Gómez. Asturias: Ramón López, Aladino Cuervo, Nicolás Fernández, Víctor de la Fuente, Manuel Meana, Gerardo Hernández, Andrés Ros. Juan A. Rodríguez. Paco (no consta apellido). Madrid: Raúl Cuervo. Barcelona:Amador Cuervo, Luisa López, Pedro Arcas. Levante: Joaquín Calabuig, Francisco Brotons, Vicente Navarro. Francisco Ferrer. Detenidos sin que conste el lugar: Ramón Gómez. Manuel Nebreda. Luisa López. Ignacio Suárez. *Hubo otros detenidos que no figuran en el referido documento.
*Los documentos originales que figuran como imagen, pertenecen al Archivo Histórico del PCE.
NUEVA TRIBUNA DdA, XXII/6242

2 comentarios:
Conocí algunos "niños de Rusia" (sobre todo trabajadores en el taller de Gijón del antiguo Ferrocarril de Langreo, luego incorporado a la pública FEVE y hoy RENFE cercanías, ya sin taller gijonés) y, en efecto, casi todos eran seres "humillados y ofendidos" por la dictadura... Que apenas se atrevían ya, por ello, a hablar de su propia peripecia vital.
También yo tuve relación con ellos, alguno escritor, de Ablaña, y alguna amiga, de adolescencia. Mi niñez de pescador estuvo marcada por ese episodio en El Musel. Nadie lo contó como debió ser.
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