Félix Población
Me parece que ninguna de las versiones oficiales sobre las dos víctimas mortales de las movilizaciones contra la detención y deportación de migrantes en Estados Unidos, ni las que pretendieron difundir sobre Renee Good, poeta y madre, ni las que días atrás quisieron hacernos creer sobre el enfermero Alex Pretti, han merecido la más mínima consideración. Fascismo y mentira van de la mano, como sabemos desde Goebbels, ahora también con Bovino revestido de nazi por las calles de Minneapolis. Las evidencias de las imágenes tomadas en ambos casos por los teléfonos móviles de los manifestantes han sido tan claras que no admiten la más mínima sombra de duda. Esto me ha hecho pensar en los tiempos en que sólo las cámaras de los fotógrafos profesionales podían captar esas incidencias y servir como testimonio de denuncia, si es que los medios a los que pertenecían los profesionales lo tenían a bien. Además, y a modo de símbolo de lo que el móvil puede representar como herramienta para dejar constancia de la verdad, nos ha quedado como última imagen de Alex Pretti la de un ciudadano que protege a una mujer de las agresiones de los agentes del ICE mientras mantiene en una de sus manos la cámara de su teléfono activa. Se ha pretendido burdamente hacernos creer que Pretti lo que empuñaba era su pistola (tenía licencia de armas), en todo momento enfundada, para justificar que el agente lo matara a bocajarro en defensa propia, pero a esa falacia la rebatió rotundamente la verdad registrada en los móviles de los ciudadanos: luchar contra el fascismo significa luchar por la verdad, tal como quiso ese joven enfermero asesinado del que todos sus compañeros dicen lo que reflejaba en la cara. La verdad le costó la vida y ahora le toca a la justicia aplicar la pena que corresponde a ese delito, porque ni él ni Renee Good debían irse así con la falta que nos hace gente como ellos.
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DdA, XXII/6242

1 comentario:
Sí, es evidente que los móviles (como tantas tecnologías) causan problemas (son el emblema máximo de la incomunicación material en la era de la comunicación virtual), pero también ofrecen ese impagable servicio de convertirse en testigo fiel e insobornable... Salvo que caigan previamente en manos torticeras capaces de crear con IA cualquier falso testimonio (de lo que hay ya pruebas abundantes). Alex Pretty era un ser humano entregado al cuidado material de otros seres humanos y, como tal, merece justicia, cuando la reparación de su asesinato vil y ajeno a cualquier motivo es ya totalmente imposible... Ojalá su muerte sirva para que el pueblo americano despierte de su delirio trumpista.
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