miércoles, 4 de noviembre de 2026

LA DIMISIÓN DE PUENTE RECUERDA A LA DERECHA SU TREMENDA INFERIORIDAD MORAL

 La dimisión de Óscar Puente era necesaria porque en política existen las responsabilidades y en la ética existe la necesidad de recordarle de vez en cuando a la derecha su tremenda inferioridad moral. Pero la dimisión de Óscar Puente no soluciona el problema real que tenemos y que él no ha provocado ni arreglado. España da hoy la sensación de ser un cateto ferroviario que presume mundialmente de tecnologías que no sabe mantener ni convertir en eje estratégico de lo público, pero sí ponerlas al servicio del mercado.



Gerardo Tecé

La carrera política de Óscar Puente quedó tocada tras la DANA. Su gestión comunicando y liderando la reconstrucción en aquellos días en los que Mazón iba cambiando de versión cada media hora fue tan aplaudida que a la derecha no le quedó más remedio que sentenciarlo. Miren en las hemerotecas cómo los editoriales y tuits alabando la gestión de Puente dieron paso a la cacería más sangrienta. Dos gravísimos accidentes de tren, en la misma alta velocidad que “vive su mejor momento en España”, tampoco es que hayan ayudado a evitar este final. Es fácil ser la cara que hace su trabajo mientras Mazón toma ibuprofeno y se pregunta qué ha pasado. No lo es tanto ser la cara que le explica a la ciudadanía que una vía se rompió, pero que el mantenimiento estaba en regla; que un tío dio una orden errónea y murieron decenas de personas, pero que el sistema funciona. A Óscar Puente, uno de los grandes protagonistas de la política española moderna, no le quedaba más remedio que dimitir y ayer lo hizo. No le quedaba más remedio si quería irse con dignidad y no de otro modo. Remedios alternativos hay muchos, como nos enseña la historia de las nulas asunciones de responsabilidad en España. “Un ministro no se puede permitir más de cien muertes en un año”, dijo y se fue logrando no dimitir de un estilo que será recordado.

Los que nunca dimitieron tras las mentiras del 11M, las chapuzas del Yak42, los señalamientos al maquinista de Angrois, los vetos a la investigación del Metro de Valencia, las 7.291 muertes en residencias madrileñas o los reservados en restaurantes durante la DANA denuncian que la dimisión de Óscar Puente no es suficiente. No les basta. Quieren más. La dimisión del presidente del Gobierno, como mínimo. De ahí en adelante, solo hay que dejar volar la imaginación. En la comparecencia de Puente, momentos antes de anunciar que se iba, diputados de la derecha PP-Vox lo acusaron de psicópata, indigno, sinvergüenza e inhumano. En redes sociales, muchos votantes de derechas pedían estos días la muerte de Puente y Sánchez. Ojalá ellos hubieran estado en los trenes y no esa pobre gente, opinan quienes en las próximas semanas votarán a los responsables de Angrois, Metro de Valencia, Yak42, 11M, residencias, DANA, etc. Si Puente ha sido uno de los protagonistas de la política moderna, la derecha enferma es otro. Y es mérito del exministro haber ayudado como pocos a que esta derecha histérica se visualice con claridad. Es impresentable que un ministro ande por ahí con esa actitud de gresca, denunciaban desde las tertulias quienes habían hecho no ya estilo, sino industria de esa misma gresca que le afeaban a Puente. Tienen razón, no puede ser que un ministro me retuitee a mí, les daba la razón yo mismo muchas veces. Con una diferencia: el exministro se da de hostias pero, al contrario que sus rivales, no practica el juego sucio ni miente en las refriegas.

Mintió, eso sí, cuando dijo que no dimitiría mientras todo el que le tenía cierto aprecio al personaje o la persona le recomendaba que lo hiciera. Mi forma de entender este trabajo es quedarme dando la cara cuando todo está mal, no irme corriendo tras lo ocurrido, anunció tras el terrible accidente. Una semana más tarde, Puente ya no está al frente del Ministerio de Transportes, lo cual no cambia nada. Puente, de ideología de izquierdas, pero del PSOE en cuanto a gestión, entendió que la alta velocidad en España estaba en su mejor momento justo cuando llegaron las liberalizaciones del sector que nos permitieron a todos comprar billetes más baratos. Baratos e inseguros. Con el PSOE subió la inversión en mantenimiento respecto a la época del PP, faltaría más, pero lo hizo por debajo del aumento del tráfico en la alta velocidad. Es decir, seguimos suspendiendo. El vicepresidente Carlos Cuerpo, que liderará el Ministerio de Transporte durante unas semanas con el mérito demostrado de no haber insultado a nadie en Twitter, no va a cambiar nada. Ni él ni el próximo ministro, sea del color que sea. La dimisión de Óscar Puente era necesaria porque en política existen las responsabilidades y en la ética existe la necesidad de recordarle de vez en cuando a la derecha su tremenda inferioridad moral. Pero la dimisión de Óscar Puente no soluciona el problema real que tenemos y que él no ha provocado ni arreglado. España da hoy la sensación de ser un cateto ferroviario que presume mundialmente de tecnologías que no sabe mantener ni convertir en eje estratégico de lo público, pero sí ponerlas al servicio del mercado.

CTXT  DdA, XXII/6613

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