Monedero ve desde la distancia nubes de tormenta (más allá del PSOE, que siempre es el PSOE y da de sí lo que da de sí): las divisiones dentro de la izquierda; egos que florecen en las moquetas y las televisiones pero no en las plazas; el abaratamiento de los nombres y las siglas (no hay frente amplio si no es verdaderamente amplio). A Europa, la internacional del odio la tienen en la mira. Y en especial a España. Hace mucha falta estar a la altura. ¿Lo estamos?
Juan Carlos Monedero
Desde que fundamos PODEMOS defendí la idea de un Frente Amplio donde, siempre pensé, le correspondía a la formación morada ser la nave nodriza. No porque fuéramos más listos o mejores, sino porque era la formación que tenía detrás el impulso del 15M y la renovación que el momento exigía. Sólo eso.
Hoy, con las plazas llenas de gente legítimamente harta, el impulso popular va por otro lado. Ese contacto se perdió. Por eso, ahora toca desde los partidos acompañarlo e incentivarlo, sabiendo que los procesos de cambio siempre vienen desde abajo, y también que después de las grandes movilizaciones viene un periodo de reflujo. El camino del encuentro se hace al andar, no nombrando lo que se desea, aún siendo también muy necesario recuperar el diccionario.
Veo desde la distancia nubes de tormenta (más allá del PSOE, que siempre es el PSOE y da de sí lo que da de sí): las divisiones dentro de la izquierda; egos que florecen en las moquetas y las televisiones pero no en las plazas; el abaratamiento de los nombres y las siglas (no hay frente amplio si no es verdaderamente amplio); la cerrazón en la identidad propia y el achicamiento intransigente de espacios; la resurrección de consignas que tienen más de un siglo (que, sin embargo, son más esperanzadoras que esa adscripción al fascismo de los cachorros del PP, de VOX y sus periferias); y la enorme preocupación de todos por el que tienen al lado y no por el que tienen enfrente.
Hoy, mi optimismo escéptico es más escéptico que optimista. Este domingo puede dar una sorpresa la extrema derecha brasileña apoyada, con todo, por Donald Trump -dinero para comprar votos, bots, amenazas, censura en las redes, invitaciones a un golpe de Estado si gana Lula...-. De ahí también la presión sobre México, donde hay también una extrema derecha, que es la que invita a Cayetana Álvarez de Toledo y a Ayuso a intentar desestabilizar también al gobierno de Claudia Sheinbaum. Van con todo y muchos no se han dado cuenta.
Acaba de secuestrar la DEA al fiscal general boliviano que ha demostrado la vinculación del entorno de Trump (su hijo), Cerimedo -el ladrón, manipulador y presuntísimo asesino amigo de Javier Negre-, el presidente Rodrigo Paz y el ejército boliviano con una estructura de tráfico de drogas. ¿Solución? Secuestrarlo.
A Europa, esa internacional del odio la tienen en la mira. Y en especial a España. Hace mucha falta estar a la altura. ¿Lo estamos?
DdA, XXII/6487

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