lunes, 5 de octubre de 2026

ANTE EL SUICIDIO DE JAVI, EL ZAPATERO DE LA FLORIDA, AQUÍ ESTÁN LOS ANTIFASCISTAS


Dedicado, por ser del mismo país que la víctima,
a la diputada Miriam Nogueras y también
a su jefe "el exiliado" de Waterloo.

Félix Población

Alguien, cuyo nombre lamento no recordar ahora, escribió lo que sigue en las redes días atrás, sin que sepa la fecha exacta del suicidio al que se refiere:

"Anteayer se suicidó Javi, el zapatero del barrio La Florida, en L'Hospitalet. Tenía 60 años y llevaba años atendiendo en el local de su edificio. Lo hizo porque le habían subido el alquiler de una forma que no podía asumir. Los propietarios del edificio tienen cuatro locales más en la zona, todos en venta. Han dejado de renovar alquileres y están cerrando pisos, uno a uno, sin importar a quién se llevan por delante. A quienes defienden las subidas abusivas, a los propietarios que solo miran el beneficio, a los family office y a los fondos de inversión que llegan a los barrios a exprimirlos, les deseo que ellos y sus familias conozcan de cerca las penurias que provocan. Y que ardan en el infierno. Porque eso es lo que son: unos miserables. Un barrio no se pierde solo cuando cae un edificio, se pierde cuando se apaga la luz de quienes lo hacían habitable".

Cada vez que escucho en las calles y plazas de este país a los jóvenes gritar estos días lo que tantas veces gritaron las generaciones que los precedieron para defender que gente como Javi no pierda la esperanza y no haga lo que hizo, siento que la frase Aquí están los antifascistas puede tener cada vez un mayor cauce y fuerza en España, como reacción necesaria de urgencia ante los vientos retrógrados que vuelven a soplar a favor de un capitalismo depredador desbocado.

Las manifestaciones y concentraciones populares han sido multitudinarias este fin de semana diversas ciudades del país, defendiendo al derecho constitucional a la vivienda, convertido en los últimos años en un miserable y desmesurado negocio especulador, sin los más mínimos escrúpulos de conciencia, que hasta ha llamado la atención del papa León XIV sin que su ejemplo cundiera entre sus obispos españoles.

Nadie hubiera pensado que una anciana desahuciada de su vivienda a los 87 años en un céntrico barrio madrileño, a la que se echó a la calle en camilla hace poco más de una semana, iba a dar como resultado estas movilizaciones populares históricas, cuyo desenlace queda pendiente de que pueda resolverse en las urnas, si Pedro Sánchez convoca elecciones en unos meses, que pueden ser algunos más de los que se especula desde que los decretos sobre vivienda no salieron adelante en el Congreso.

Hasta que lleguen esas elecciones generales, el grado de concienciación ciudadana ante los desahucios de jóvenes con salarios precarios, ancianas y ancianos vulnerables, o suicidios como el de Javi, el zapatero del barrio de La Florida en L'Hospitalet, no debería dejar de crecer, porque lo que se impuso en el Congreso la semana pasada con los votos de las derechas extremas es un precedente más de lo este país arrostraría en la pérdida de derechos sociales, caso de que esas derechas volvieran a gobernar, esta vez a través de las urnas.

Los votos de la ciudadanía demócrata deberían ser en esta ocasión, con la vivienda como nexo reivindicativo, un cabal reflejo del grito de los jóvenes que estamos escuchando de modo masivo en las calles y plazas de España: Aquí están los antifascistas. Es un grito que interpreta la voz del poeta Miguel Hernández acerca de la juventud: Sangre que no se desborda,/ juventud que no se atreve,/ ni es sangre, ni es juventud,/ ni relucen, ni florecen./ Cuerpos que nacen vencidos,/ vencidos y grises mueren:/ vienen con la edad de un siglo,/ y son viejos cuando vienen.

DdA, XXII/6486

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