Conviene recordar que en 2009 el futbolista Frederic Kanouté fue sancionado con 3.000 euros por enseñar una camiseta en apoyo a Palestina. Lo dejaron solo y señalado, pagó él la multa, y dijo: "No me arrepiento. Hice lo que debía contra esta injusticia".
David Pablo Montesinos
Cuesta entender de qué va esto de la democracia. La cuestión no es únicamente tolerar la discrepancia, es entender que el discrepante tiene razones poderosas para pensar como piensa. Únicamente tolerar la discrepancia, es entender que el discrepante tiene razones poderosas para pensar como piensa.
La cosa es como sigue. Un grupo de empresarios valencianos propone al Elche que en su partido contra el Madrid luzcan los 22 jugadores camisetas de apoyo a los ceutíes, con el simpático rótulo “Todos somos caballas”. El líder de la movida es Vicente Boluda, importante naviero que, entre otras cosas, tiene considerables intereses empresariales en Marruecos. Cabe preguntarse si, puestos a cuestionar las artimañas del Reino Alauí, no sería mejor negarse a operar en tales tierras sarracenas, pero ya se sabe que el dinero no huele y que, además, suele ser bastante hipócrita.
Obviamente don Florentino Pérez –“ser superior” según el mayor de sus lamebotas, Butragueño- aplaudió con las orejas. Y en esto que antes de golear al cuadro local, aparecen para fastidiarlo todo M'bappé, Vinicius y Konaté. Vini va por libre, en cuanto a los dos franceses, resulta que Konaté es islámico y M'bappé, que se identifica como cristiano, tiene madre magrebí. Los tres lucieron la camiseta a media asta. No es difícil imaginar la conversación entre ellos previa al partido: tenían muchos matices que hacerle al contenido y, acaso aún más importante, les molestó que no se les consultara para lo que sin duda era un posicionamiento político.
Aquí conviene ser pedagógico y, sobre todo, evitar hablar a gritos.
Es difícilmente cuestionable un mensaje de apoyo a, qué sé yo, los damnificados de un terremoto. O un minuto de silencio a favor de un ex futbolista que acaba de fallecer. A partir de aquí todo es problemático. ¿Por qué cuesta tanto entender que no hay declaraciones neutrales? Si yo propongo medidas contra el cambio climático voy a importunar a muchos Boludas de la vida. Si exijo que dejen de matar niños en Palestina –algo que a mí me parece puro humanitarismo- vendrá el retrasado mental de turno a llamarme antisemita. Si pido más recursos en la escuela pública me dirán los liberales que ellos no tienen por qué pagar impuestos para alimentar chiringuitos feministas y políticos corruptos. El etcétera es interminable.
Mbappé ha explicado lo obvio: no estoy en contra de los ceutíes y entiendo su malestar, pero han muerto ahogados muchos que, por cierto, no saltaron al mar por diversión. Cuando exhibes en una camiseta la aseveración propuesta por Boluda y su influyente lobby de amiguetes estás obligando a unos futbolistas que no han dado su consentimiento a posicionarse políticamente. Ello implica, puestos a hablar de malestar, privilegiar una desgracia, la de los ceutíes, sobre otra, la de los inmigrantes, incluyendo a los muchos que se ahogaron. (Se me ocurre pensar en las sensaciones que experimenta una persona cuando se ahoga, sobre todo si es un crío)
“¿Cómo pueden negarse a apoyar una causa como ésta?” Pueden, y yo añadiría que deben. Claro que es jodido ser un ceutí y que hay que solucionar el problema que siguen teniendo. Pero han muerto 88 personas en el mar, que se suman a las treinta mil que han caído en las rutas mediterránea de inmigración ilegal en lo que llevamos de centuria. No, lo siento, las cosas no son tan fáciles. Sobre todo en democracia.
DdA, XXII/6468


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