Félix Población
Recientemente, el Congreso de los Diputados rechazó una proposición de ley de la extrema derecha que pretendía permitir que las Fuerzas Armadas pudiesen luchar contra la inmigración ilegal. El resultado de la votación no fue todo lo rotundo que cabría esperar (168 votos a favor y 178 en contra) de un proyecto en el que se le daba a las Fuerzas Armadas la facultad de respaldar a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad en su lucha contra el terrorismo y la inmigración ilegal, según cita literal. No había distinción en esa lucha, por lo tanto, entre quienes asesinan poniendo bombas y pueden causar masacres como las del 11 de marzo de 2004 en Madrid y quienes huyen desesperados del hambre, la miseria o la guerra buscando una vida mejor, aunque esto pueda costarles la vida, como de hecho viene ocurriendo desde hace tiempo con miles de víctimas enterradas en el mar. El defensor de la iniciativa no podía ser otro que un diputado de Vox, precisamente el mismo diputado que ayer, mientras se debatía en el Congreso nada menos que uno de los mayores problemas del país -el acceso a la vivienda-, se paseaba por el pasillo de hemiciclo esgrimiendo un puro en la boca -eso sí, sin llegar a prenderlo-, como si se ufanara de su chulesca actitud en un lugar que debería merecerle un mínimo respeto. Da la coincidencia de que este señor ya fue expulsado una vez del Congreso por haber hecho caso omiso de las advertencias de la presidencia por intervenir repetidamente sin permiso desde su escaño. José María Sánchez García, que así se llama el sujeto que honra a Vox desde 2019, llegó incluso entonces a subir a la tribuna y encararse con el vicepresidente de la Cámara, que presidía entonces una sesión centrada en reconocer a libreros y bibliotecarios que protegieron libros durante la dictadura franquista, en cuyos primeros años se quemaron muchos en lugares públicos.
HABLANDO DE LIBROS, POR CIERTO
Es de subrayar el modo en que La Gaceta de Salamanca, boletín oficial del Partido Popular en aquella ciudad, titula la suspensión de la Feria del Libro. Se diría que celebra que la cultura no ocupe la Plaza Mayor y la "recuperen los salmantinos para su disfrute". "Ciudad de cultura y saberes", le dicen.
DdA, XXII/6468


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