Hoy a mediodía y pese a la resistencia de unos cientos de personas, un fondo buitre ha desahuciado a MariCarmen, una mujer de 87 años, del piso de alquiler que ocupaba desde hace más de setenta años. MariCarmen se quedará sin casa, pero las administraciones dejan morir un poco más nuestra democracia, escribe Unai Sordo. ¿Qué leyes son las que permiten la mercantilización de un derecho hasta estos niveles de crueldad?, se pregunta. Es de esperar que la convocatoria prevista para hoy por los activistas antidesahucios de la Comunidad de Madrid a la siete de la tarde, frente al ático que adquirió el gobierno autonómico en Chamberí, cuente con una masiva asistencia. Hay circunstancias en la que se requiere una masiva repulsa popular y esta es una de ellas, aunque van siendo ya unas cuantas. Por favor, después de todo esto, no dejemos a MariCarmen sola, ya que se ha repetido tanto durante estos años que no lo estaba. Recordemos, PP, Junts y Vox impidieron hace meses en el Congreso la moratoria de desahucios.
Sergi Bellver
No suelo prodigarme, por varios motivos, pero cada vez que me expreso contra el capitalismo salvaje y otras marcas blancas del fascismo, viene algún superlópez de capa, pulsera y bandera a afearme el gesto con el aburridísimo comodín de «la superioridad moral de la izquierda».
Hay días, como hoy, cuando una banda de carroñeros con corbata se agarra al infame vericueto de una ley franquista para desahuciar en Madrid a una anciana que pagaba su alquiler, mientras algunos todavía tienen el cuajo de defender lo indefendible para justificar semejante abuso, en que la realidad pone a cada uno en su sitio sin necesidad de demasiadas palabras.
Creo que ya no es un tema de «moral», sino de simple y llana humanidad.
Que la falta de humanidad sea vertical y los ricos intenten mantener sus privilegios a toda costa es odioso, pero tiene lógica en esta ley de la selva desatada. Sin embargo, que sea cada vez más horizontal en todo el mundo y la mitad de los obreros les haga el trabajo sucio y los jalee, es la bajeza más abyecta y suicida de nuestro tiempo*.
DdA, XXII/6474
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