Lo peor de los tiempos oscuros no es la oscuridad, sino quienes aseguran que la penumbra tampoco es para tanto. Ed Sheeran quería seguir siendo igual de rico, llenando los mismos estadios y cayendo igual de bien sin tener que mojarse ante la barbarie. No es posible y es una gran noticia que ahora lo sepa.
Gerardo Tecé
En los inicios de las redes sociales una parodia se hizo viral. Una pareja de adolescentes –chico y chica– viajaban en el bus haciéndose arrumacos, dándose cariño. En la siguiente parada, sube un grupo de chavales con ganas de liarla y se acercan hasta ella. Empiezan a rodearla, molestándola, acosándola. Para evitar problemas, su novio le suelta la mano disimuladamente, gira la cabeza y se tapa la cara con la mano mientras mira por la ventanilla fingiendo no conocerla de nada. Estos días, gracias a Ed Sheeran, he recordado aquel vestigio arqueológico audiovisual, aquella joya del patetismo.
Si hay alguien que aún no conozca la historia, Ed Sheeran es un cantante británico que a sus 35 años ya hace media vida que disfruta de fama mundial y éxito económico. Un tipo con aspecto de buena gente que llena estadios en Norteamérica y Europa y que en las últimas semanas se ha visto salpicado, según sus propias palabras, “por un debate encarnizado”. Me he visto salpicado por un debate encarnizado, le dijo también a su novia –exnovia de facto– el chaval del autobús cuando los matones por fin se bajaron y él pudo recuperar la voz.
El resumen de lo ocurrido es bien conocido. En mitad de la gira estadounidense, el telonero de Sheeran, un rapero llamado Macklemore, mostró su apoyo a Palestina y criticó el genocidio que está cometiendo Israel. Señores con dinero, promotores y propietarios de estadios, le dijeron al bueno de Sheeran que, o cambiaba de telonero, o se suspendían los conciertos que quedaban. Al parecer, criticar el asesinato de niños había resultado violento para quienes defienden el asesinato de niños. Y Sheeran dijo sí, giró la cabeza y miró por la ventanilla porque, según palabras del propio cantante, él no quiere que en sus conciertos se hable de política, sino de amor. Matar o no matar niños, esas dos opciones políticas, respetables ambas. Me pregunto si habría forma de usar la IA para meter la cara de Sheeran en aquel vídeo viral. Cuando es para cosas importantes, el uso de la IA es más que recomendable.
Tras mostrarse al mundo como el ser más patético del mes de septiembre –diría de la década, pero la competencia es feroz–, Ed Sheeran se encontró con que los posibles teloneros sustitutos de Macklemore se negaban a ocupar el lugar del rapero. Se negaban a la oportunidad que suponía para ellos acompañar a una superestrella como Sheeran. También su banda, formada por tipos que de verdad necesitan el dinero de los conciertos para pagar sus alquileres e hipotecas, le dijeron adiós y le desearon suerte en sus intentos de cobrar millonadas por defender el amor sin criticar el genocidio. Roger Waters, de Pink Floyd, lo explicó bien: hay dos tipos de personas en este mundo, los que hacen lo correcto y los idiotas como Ed Sheeran. How I wish you were there, le faltó decirle Waters a Sheeran, refiriéndose a Gaza.
Lo peor de los tiempos oscuros no es la oscuridad, sino quienes aseguran que la penumbra tampoco es para tanto. Gracias a Ed Sheeran porque sin gente como él todo esto no sería posible, agradecería Netanyahu en su discurso como ganador del Nobel al mejor genocidio. Al tiempo. Y es que Sheeran representa a la perfección al progre cómodo, ese espécimen que vive en la música, en las tertulias de televisión y en nuestros grupos de amigos. Que observa las angustias que provoca esta ley del más fuerte, este auge fascista, pero que no quiere que la angustia le llegue a su puerta en forma de enemistades con el poder. Tipos como Sheeran siempre encuentran la forma de evitar llamar a las cosas por su nombre y ser señalados. No son fascistas, son españoles descontentos, no hay que usar la palabra genocidio tan alegremente, esperemos a ver qué dice el sillón G mayúscula de la RAE. Ed Sheeran quería seguir siendo igual de rico, llenando los mismos estadios y cayendo igual de bien sin tener que mojarse ante la barbarie. No es posible y es una gran noticia que ahora lo sepa.
CTXT DdA, XXII/6474
No hay comentarios:
Publicar un comentario