martes, 15 de septiembre de 2026

GRITOS CON CITA Y GLOSA (XCIII): DONDE SER FASCISTA VUELVA A DAR VERGÜENZA



José Ignacio Fernández del Castro
«—Sigue y no seas cobarde.
—No. 
Quiero cantar; marcharme por algún camino sin gente, cantando. Quiero oírme, llegar a un arroyo, tumbarme a la sombra de un árbol y cantar y oír. Quiero encontrar un hormiguero y deshacerlo, pisar las hormigas y orinarlas. Quiero volverme niño y dejar todo esto, porque no puedo más, porque ya te he dicho que no puedo más, porque tengo un enjambre en la cabeza y dentro de la cabeza, porque estoy en un incendio. Porque no puedo, porque no puedo más. ¿Lo entiendes?
—Tienes que seguir si quieres continuar comiendo de esto.»
Ignacio ALDECOA ISASI (Vitoria, Álava, País Vasco, 24 de julio de 1925 - 
Madrid, 15 de noviembre de 1969): Párrafo del  “Capítulo 11: 
Avispas y hormigas” en Neutral corner (1962).

Estamos noqueados... Aquí y ahora, sentados en el patético rincón de los sueños rotos, confusos después de tantos golpes recibidos, hartos ya de la forzada participación en el lastimoso juego de las precariedades que duelen... Como el boxeador en cuya piel (en cuya cabeza) trataba de ponerse Aldecoa, no queremos seguir con este combate desigual y macabro, no queremos seguir en este ring inmensamente inhóspito y lacerante del mundo globalizado… Porque a veces, tantas veces, no nos queda ya ni siquiera el calor de lo cercano, como acaban de comprobar Jorge Fernández y Rubén Rosón, apalizados en plenas fiestas de su Oviedo por una manada de jóvenes fascistas.
Querríamos cantar (o gritar, al menos) mientras huimos por algún camino desierto, pero no podemos hacerlo porque la cabeza podría estallarnos después de los golpes recibidos y estamos rodeados por una muchedumbre creciente de sparrings forzosos que comparten nuestra lona... O las losas de la calle como Rubén y Jorge, como tantas gentes de buena voluntad.
Querríamos tumbarnos bajo cualquier árbol, al lado de cualquier arroyo, lejos de todo esto, pero no podemos porque no tenemos ya fuerzas para buscar nada y dicen que no hay nada distinto de todo esto... Querríamos deshacer algún nido de insectos para pisarlos y mearlos en venganza simbólica hacia cuantos chupópteros nos parasitan, pero, al fin y al cabo, ningún insecto tiene la culpa de esto y los verdaderos responsables viven en mansiones fuera de nuestro alcance... O se dedican a lavar la cara de la violencia ultra con forzadas equidistancias y otras ambigüedades, como el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli.
Querríamos refugiarnos en la infancia, en la mirada y la actitud inocentes ante cuanto nos rodea, pero no podemos porque, ante el incendio global sólo cabe el pánico y la estampida...
Pero, ¿estampida hacia dónde?... ¿Pánico de qué o de quién?.
Desde luego, huida hacia donde toda esta violencia de precariedades inducidas, desmantelamientos vitales y pieles laceradas (la verdadera violencia estructural proyectada ya en ufanos golpes concretos) esté erradicada... Y donde esos managers inclementes, que nos obligan a perpetuarnos como la grasa que permite que sigan funcionando los engranajes del negocio, sean considerados lo que son: criminales y delincuentes y no exitosos emprendedores o populares influencers.
Si no queremos (ni podemos) seguir recibiendo hostias (simbólicas, como las que nos deja Canteli, y reales, como las recibidas por Jorge y Rubén) para malcomer del negocio, gritémoslo con claridad y hagamos algo por convertir el aquí y el ahora en ese lugar y ese tiempo más habitables... Donde ser fascista vuelva a dar vergüenza.
Porque abandonar y huir, eso sí, es de cobardes.

DdA, XXII/6465

No hay comentarios:

Publicar un comentario