Si hay españoles de bien es que hay españoles de mal y de esas malas lenguas surgió en las últimas horas la idea de que el PP en particular y la derecha en general estarían usando una crisis humanitaria para sus cositas políticas. No hagan caso, se trata de un bulo. Y es que en el PP, especialmente el madrileño, no se quiere a Ceuta, se la ama. Con pasión. Como si de un ático de seis kilos se tratase.
Gerardo Tecé
Entre la Plaza de la Cibeles de Madrid y la playa del Tarajal de Ceuta hay unos 525 kilómetros en línea recta. Un espacio exterior amplio, que diría Ayuso. Allí donde el Real Madrid celebra sus títulos, el Ayuntamiento del PP, movido por una genuina preocupación por el pueblo ceutí, convocó a miles de españoles de bien, como los definió un miembro del partido de bien. Si hay españoles de bien es que hay españoles de mal y de esas malas lenguas surgió en las últimas horas la idea de que el PP en particular y la derecha en general estarían usando una crisis humanitaria para sus cositas políticas. No hagan caso, se trata de un bulo. Y es que en el PP, especialmente el madrileño, no se quiere a Ceuta, se la ama. Con pasión. Como si de un ático de seis kilos se tratase.
Donde hay pasión hay locura, y esa locura ha llevado a un conflicto intenso a costa de un pequeño matiz legal en torno a la convocatoria. Tras anunciar el Ayuntamiento de Martínez Almeida la manifestación en apoyo a Ceuta y ponerlo en conocimiento de la Delegación del Gobierno en Madrid, esta respondió que no era necesario, como sucede en otro tipo de manifestaciones, ya que, al estar organizada por una institución pública como el ayuntamiento, se considera un acto institucional. Dicho en castellano: no hace falta que aviséis de la manifestación, podéis organizar lo que os salga de las narices, no sois un particular o asociación que se sirve del derecho de reunión para convocar una manifestación. Lo que parecía fácil se complicó bastante.
¿Cómo que no es una manifestación? El Gobierno quiere prohibir las manifestaciones en apoyo a Ceuta, titularon de repente los mismos diarios madrileños que reciben suculentos ingresos publicitarios de la Comunidad de Madrid para que velen por el bien del pueblo ceutí. Es una más del dictador Pedro Sánchez, exclamaron en el PP, y muchos ciudadanos de bien se preguntaron hasta dónde va a llegar este hombre. Horas más tarde –hay que ser pardillo para no saber que un español de bien reacciona en microsegundos–, desde la Delegación del Gobierno en Madrid sacaron un comunicado desmintiendo lo de la prohibición. Ni vamos a prohibir manifestaciones, ni podemos, ni queremos, y mucho menos actos institucionales como el de Cibeles convocado por el Ayuntamiento, para el que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ya están listas y organizando que el acto se celebre con normalidad. Ahora sí, más claro el agua, pensó el delegado del Gobierno en Madrid. “No tiene narices de mandarnos a los antidisturbios”, publicó Isabel Díaz Ayuso un mensaje en Twitter junto a la foto del delegado, un señor calvito con gafas que ya no sabía qué marionetas utilizar para explicarse.
Se nota que Sánchez tiene miedo, dijo Feijóo al ser preguntado por la polémica jugándosela frente a un régimen dictatorial, como definen al gobierno de España desde el PP madrileño. Por la gente de Ceuta, se arriesga uno a lo que haga falta, qué ático ni ático. Ojalá una manifestación, acto institucional o como lo quieran llamar, que reclame al gobierno que a los inmigrantes utilizados por el dictador marroquí les sean cubiertas sus necesidades básicas para que las calles de Ceuta recuperen la normalidad. Visto el panorama no tendría demasiado tirón. No tuvo suficiente Ceuta con lo de julio y agosto como para soportar la invasión de pirómanos en septiembre.
CTXT DdA, XXII/6454

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