Al llegar al hotel -escribe Tecé de su viaje a China-, revisando por encima las noticias de España, Confucio tomaba mi mente. La China de hoy no se entendería sin la filosofía de ese tipo capaz de dotar a mil millones de personas de una visión común y duradera y en España necesitaríamos algo parecido. Algo que nos ayude a entender en parte el caos autodestructivo al que llamamos martes cualquiera. Tener un ático a tu nombre es bueno, pero tener dos áticos a tu nombre es mejor, diría el Confucio madrileño. Para qué quieres invertir en prevención de incendios cuando puedes invertir en periódicos que digan que la culpa fue de otro. Si líderes extranjeros atacan tu país, lo patriota es ponerte de parte de esos líderes y compartir sus argumentos.
Gerardo Tecé
Conocí China estos días. Un país al que conviene aproximarse con buenos zapatos, un guía con ganas de hablar y desodorante en bote grande para no perder una tarde recorriendo supermercados porque a los chinos no les huele el sobaco y tapar olores es un capricho exótico. Tras mi paso por Beijing la ciudad huele más fuerte, pero a nivel zapatos y guía fue todo bien. Diana, como se hacía llamar cansada de que los españoles no supiéramos pronunciar su nombre, nos explicó los recovecos de la Ciudad Prohibida, los edificios de poder que conforman Tiananmén o las leyendas que encierra el Templo del Cielo como si lo hiciera el mismísimo presidente Xi Jinping. Puro aparato del partido a disposición, en este caso, del turista españolito. Todos los chinos sabemos qué lugar nos corresponde ocupar, nos explicaba orgullosa de la sincronización nacional bajo la batuta del comunismo con características chinas, que es como llaman a que el McDonalds trabaje para China y no China para el McDonalds. Nuestros niños ya estudian IA y nuestros mayores hacen ejercicio en los parques para no saturar la sanidad, iba señalando a izquierda y derecha lo que parecían paisajes urbanos, pero en realidad eran planes perfectamente diseñados a diez años vista. Todo se nos da bastante bien por aquí, decía, menos la bolsa y el fútbol –enhorabuena por el Mundial, a propósito, gracias, gracias–. Las finanzas y darle a la pelotita con el pie son las dos asignaturas pendientes de una China orgullosa de su historia, entregada a su actual vigorexia económica y religiosamente practicante de la filosofía atea de Confucio. Ya saben, el que inventó la confusión.
Confucio, como Mao, está presente en todo lugar y todo momento. Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro, citaba la guía al gran maestro para preguntarnos por los incendios que cada verano queman España, según decía la tele internacional china CGTN. ¿Cuando pasa una vez no hacéis nada para que no vuelva a pasar al verano siguiente? Correcto, Diana: allí somos más de la Virgen de la Cueva, de recortar presupuesto y de cruzar los dedos. Todas las culturas son respetables, respondía mientras se encogía de brazos haciendo el gesto de seguidme por aquí, que hay un templo muy bonito. Podré desconectar de la actualidad unos días, pensé al subir al avión, porque que coincidieran el mayor incendio de la historia con una entrada masiva de migrantes en Ceuta y otro ático a nombre de Ayuso era tan improbable como leer un cartel en chino y entender algo. Decía Confucio, según Diana, que el hombre superior se adapta a las circunstancias como el agua se adapta a la jarra que la contiene, así que, traducido a lo mío, me adapté a las circunstancias intentando mirar el móvil lo menos posible para no joderme el viaje con el último tuit de Miguel Ángel Rodríguez. También decía el filósofo que la experiencia convierte el conocimiento en sabiduría, y la experiencia nos dice que la culpa de los incendios, de la operación de desestabilización coordinada de Ceuta y del ático de Ayuso serán de Pedro Sánchez, así que lo sabio es no perder el tiempo confirmándolo, sino disfrutar del viaje.
Diana nos explicó con detalle que a China le interesaba lo que ocurría fuera de China lo mismo que a Abascal pegarse un madrugón, así que se conformó rápido con las explicaciones de que en España somos más de alimentar problemas que de solucionarlos. Si os gusta eso, está bien, dijo, y siguió con su guía, que era para lo que le pagaban. Al llegar al hotel, revisando por encima las noticias de España, Confucio tomaba mi mente. La China de hoy no se entendería sin la filosofía de ese tipo capaz de dotar a mil millones de personas de una visión común y duradera y en España necesitaríamos algo parecido. Algo que nos ayude a entender en parte el caos autodestructivo al que llamamos martes cualquiera. Tener un ático a tu nombre es bueno, pero tener dos áticos a tu nombre es mejor, diría el Confucio madrileño. Para qué quieres invertir en prevención de incendios cuando puedes invertir en periódicos que digan que la culpa fue de otro. Si líderes extranjeros atacan tu país, lo patriota es ponerte de parte de esos líderes y compartir sus argumentos. Yo voy lanzando propuestas.
Decía Diana, de quien empiezo a sospechar que era Mao reencarnado en guía turística, que cuando un chino quiere ir del punto A al punto B, traza una línea recta mientras los occidentales vamos haciendo curvas, lo que nos convierte en gente poco fiable. Ojalá. Se nota que la guía enviada por el partido comunista chino para adoctrinarnos aún más de lo que ya nos adoctrina el sanchismo no conoce bien la España en la que al punto A se le llama B, a la curva atajo y a la indecencia y la estupidez, lideresa madrileña. Decía Confucio que no importa lo despacio que vayas, lo importante es que no te detengas. Tengo que escribirle a Diana con la excusa de contarle que llegamos bien a casa para preguntarle si la frasecita del maestro sirve cuando te diriges al precipicio. Conociéndola dirá que, si eso es lo que queremos, para China no hay problema. Tanta fama de intervencionismo comunista para esto…
CTXT DdA, XXII/6427
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