Anoche me senté en el Malecón, con los pies colgando sobre el horizonte, y el pueblo llegó sin avisar. Venía cansado el pueblo, con una guayabera gris que ya tuvo mejores domingos, y traía en los ojos ese brillo raro que tienen esos consortes presidiarios que no han estado jamás presos porque nunca han delinquido y que han visto y vivido mucho pero no se rinden y que bailan lo mismo un reparto que te cantan un tema de Feliú.....ah
Tate quieto...
—Siéntate, pueblo
—le dije, y le tendí un buche de café aguao pero caliente, de esos que se hacen con amor y poquito polvo.
Me dijo Hola?
_yo..., sí hola"
Y el pueblo se sentó a mi lado, que es como sentarse con un abuelo que carga machetes en la memoria, con un niño que juega al taquito en la esquina de un barrio sin electricidad, con una mujer que saca los milagros de la libreta de la bodega y todavía se pinta los labios para que la vida no le gane la pelea. El pueblo es todas esas cosas juntas, apretadas como los pasajeros de un P8 a las seis de la mañana.
—Estoy cansao, me dijo el pueblo, sobándose las manos curtidas.
Anoche no había luz y el calor se me metió en los huesos. Los muchachos no pudieron dormir, y la bodega me miró otra vez con cara de poco. El imperio ese, el de los dólares y los bloqueos, me quiere ver de rodillas.
Y yo, que no soy más que otro hijo suyo, le agarré la mano callosa y le dije:
—Pero mírate, pueblo. Mírate de pie, con la misma guayabera gris pero planchada.
Mírate sacando rumba de un cajón de madera, poesía de un pedazo de pan viejo.
Tú no te arrodillas como han hecho otros que han engañado por ahí pa allá.
Tú bailas sobre las ruinas de las absurdas sanciones, le pones miel a la hiel y conviertes el cerco en un guaguancó.
El pueblo con ese rostro negro blanco mulato moro chino rubio (sin coma que no hay comida)...se quedó un rato en silencio.
A lo lejos, el Morro nos miraba con su catalejo de centinela eterno. Y como a las 5 de la mañana pasó un muchacho en bicicleta con un radio viejo sonando la maza esa sin cantera ...si sí la de Silvio... Y Pasó una palma detrás tarareándola y meneándose con tremendas piernas ... ya de vuelta de algún motivito laboral que se extendió y se convirtió en otra trasnochadera como si nada pasara...
—¿Tú crees que yo aguante? me preguntó el pueblo, con una lágrima escondida entre el cansancio y el orgullo.
Asere tu aguantas porque eres de palma real, pueblo!!, le respondí. Porque tienes el machete del mambí en el alma, porque cuando te quitan el pan te inventas el casabe, cuando te bloquean el mar te sobra el corazón. Tú no estás solo, mi viejo lindo. Mira cómo te quieren, desde Europa a la Patagonia, de La Habana hasta México.los rusos...Brasil, Canadá ...no sé, bola de países porí pa allá...
Mira cuántos hijos tienes regados por el mundo que no te olvidan....no te hablo por supuesto de los ingratos que quieren teñirte la guayabera de rojo ...yo la prefiero gris que tinta en sangre ...pero de preferir de verdad , elegiría que tu guayabera volviera a ser blanca como cuando el comandante en jefe la usaba ...
Chacho!! Eso fue como una inyección!!
El pueblo sonrió, así como quien ve salir el sol después de una tormenta. Sacó del bolsillo un peine y se arregló los pocos cabellos que le dejó la historia.
Bueno, asere, me dijo guiñando un ojo. Dale, que la vida sigue. Ponnos otro buche de café "hola" ese mismo
Y ahí nos subimos el pueblo y yo a caminar sobre el Malecón de la esperanza vestidos aún de resistencia harapienta e invento pa ir resolviendo...Y las olas lamiendo los muros, que saláss son!!!, y un tres cubano tumbando con los brazos abiertos, se perdió a lo lejos caminando derechito hacia el horizonte buscando dice que el son del abrazo de la paz!!
Ay Dió...sTán del Carajo sta Gente!!!
DdA, XXII/6364

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