miércoles, 24 de junio de 2026

¿TOCA REZAR POR NUESTROS MONTES UN AÑO DESPUÉS?



Félix Población

Al poco de que fuera noticia el proyecto del Gobierno de construir una nueva central hidroeléctrica reversible llamada Valdepiélago en el Valle del río Curueño, se produjo en el Pico Muela, en las proximidades de la citada localidad de la Montaña Central de León, un incendio forestal, originado al parecer por un rayo durante la tormenta que nos sorprendió muy cerca del lugar en la madrugada del pasado lunes.

Quienes conocemos y disfrutamos de ese valle, al que Julio Llamazares prestó relevancia literaria a pie de ruta (El río del olvido), sentimos preocupación -creo que justificada- tanto ante la posibilidad de que esa central eléctrica vaya adelante como ante el riesgo de incendios que amenaza cada verano la montaña leonesa en general y el Valle del Curueño en particular, especialmente sugestivo por sus especies protegidas, sus hoces calizas y la espesura de sus magníficos bosques de ribera.

 
Como las lluvias han sido abundantes esta primavera y las olas de calor han dejado de ser olas para convertirse en algo habitual y cada vez más frecuente durante la canícula (ya se ha notado un calor excesivo este año en mayo), es de temer que los riesgos de incendio de nuestro patrimonio natural (con la colaboración frecuente de los tipos desalmados de siempre) puedan ser los mismos que hace un año, cuando dos provincias leonesas, sobre todo, Zamora y León registraron otra vez (en el caso de Zamora) los peores incendios de su historia. 

Si entonces se gestionó mal la prevención y el auxilio a las zonas arrasadas, con tres víctimas mortales entre los agentes y operarios forestales, la falta de medidas tomadas por el anterior y el nuevo y reciente gobierno de Castilla y León (con Vox incorporado al mismo), nos hace temer que pueda repetirse lo ocurrido en 2025. 

Otra vez se volverían a redactar los mismos titulares alarmistas en los periódicos y telediarios, quizá con nuevas pérdidas de vidas humanas, porque el que debería ser uno de los asuntos que, junto a la sanidad en el ámbito rural -con las consultas telefónicas cada vez más espaciadas-, más atención preventiva debería merecer por parte del ejecutivo del presidente Mañueco, se tradujo en un cambio de consejería en el nuevo gobierno para el titular de Medio Ambiente que tan nefasto papel tuvo en los años anteriores, con las mayores superficies quemadas en la historia de la comunidad. 

La ciudadanía de esta comunidad unitariamente forzada y que preferentemente votó al partido gobernante en la anterior legislatura, podría tal vez mal-consolarse observando que un gobierno como el de Extremadura, formado también por el partido Popular y Vox, sextuplicó el presupuesto dedicado al espectáculo y tortura de un toro, pasando de 30.000 a 180.000 euros. 

Aquí al menos no se ha llegado de momento a eso -espérate a ver-, pero sí a que varios sindicatos sigan alertando de que la disponibilidad de medios para combatir el riesgo de incendios sigue siendo insuficiente, algo que con el precedente del año pasado debería indignar. Con esa insuficiencia, y más temprano que nunca, ya tenemos fuego en nuestros montes.

DEFENSA DEL VALLE DEL CURUEÑO

David Henales

El valle del Curueño no es para mí una simple línea azul en un mapa ni un espacio vacío donde encajar infraestructuras industriales. Es una parte de mi vida.
Desde que tengo uso de razón he pasado allí largas temporadas. He recorrido sus senderos, sus montañas y las orillas de su río en todas las estaciones. He aprendido a amar la naturaleza observando las aguas cristalinas del Curueño, escuchando el sonido de los bosques y contemplando paisajes que apenas han cambiado en generaciones. Allí vive gran parte de mi familia. Allí están mis recuerdos de infancia. Allí sigo encontrando la paz que tantas veces se pierde en el ruido del mundo moderno.
Por eso me resulta imposible contemplar con indiferencia un proyecto que amenaza con transformar para siempre uno de los valles más bellos y mejor conservados de la montaña leonesa.
Hay lugares cuyo valor no puede medirse únicamente en megavatios, inversiones o balances económicos. El Curueño es uno de ellos. Es patrimonio natural, cultural y emocional. Es un refugio para la biodiversidad y un legado que hemos recibido de quienes nos precedieron. No tenemos derecho a degradarlo para entregarlo peor a quienes vendrán después.
Quienes hemos crecido aquí sabemos que el Curueño es mucho más que agua. Son las truchas remontando las corrientes. Son los hayedos y robledales que cubren las laderas. Son los pueblos que resisten la despoblación gracias al vínculo profundo de sus vecinos con esta tierra. Son las montañas que han contemplado el paso de generaciones enteras.
Y también es una fuente de inspiración. En estos paisajes encontré parte del alma que dio vida a mi novela "Los Últimos Hijos de Bodo". Al recorrer estos valles podía imaginar a los antiguos astures caminando por los mismos senderos, observando las mismas cumbres y escuchando el mismo río. El Curueño no es solo naturaleza: es memoria. Es historia. Es identidad.
Por eso duele pensar que un proyecto de estas dimensiones [se refiere a una nueva central hidroeléctrica] pueda alterar de forma irreversible un entorno tan excepcional. Porque cuando se destruye un valle como este no solo desaparecen ecosistemas. También desaparecen recuerdos, emociones y vínculos humanos que jamás podrán recuperarse.
La transición energética es necesaria. Debemos buscar soluciones para un futuro más sostenible. Pero no todas las soluciones son aceptables en cualquier lugar. Hay espacios cuyo valor ecológico, paisajístico y cultural exige un respeto especial. El valle del Curueño es uno de esos lugares.
Quienes amamos esta tierra tenemos la obligación moral de alzar la voz. No por nostalgia, sino por responsabilidad. Porque dentro de cincuenta años nadie recordará las promesas de rentabilidad de este proyecto, pero sí lamentaremos haber permitido la degradación de uno de los tesoros naturales más valiosos de León.
Defender el Curueño no es oponerse al progreso. Es entender que el verdadero progreso consiste en saber qué merece ser protegido para siempre.
Y quiero que las generaciones futuras tengan ese mismo privilegio.
Ese proyecto, esas empresas que están detrás, me tendrán luchando en contra con todas mis fuerzas hasta ver truncadas sus aspiraciones. Los que amamos ese valle, los que lo han visitado alguna vez y contemplado su belleza, saben de lo que hablo. Entre todos pararemos esa locura.

HERALDO DE LEÓN  DdA, XXII/6388

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