Nos tocó ir al cole del niño a contar los gustos que tiene en casa. Qué juguete es su favorito, qué libro leemos una y otra vez o qué comida es la más celebrada sobre la mesa. Pizza con aceitunas, lógicamente. Las caras de concentración de sus compañeros durante la exposición –los gustos de cada cual son un tema muy serio a los cuatro años– sólo se relajaban cuando, de vez en cuando, alguno nos saludaba con la manita de manera disimulada recordándonos la relación fuera del aula. Recuerda que a veces nos vemos en los parques, te decían con la mirada o arqueando las cejas. Un gesto parecido le hará Doña Isabel Díaz Ayuso a Don Carlos Herrera la próxima vez que la entreviste en la COPE. Hey, Carlos, perdona que interrumpa este tercer grado para recordarte que, antes de vernos aquí, nos vimos en tu palco de la Semana Santa de Sevilla. ¿Recuerdas que pasamos el día juntos, que nos reímos, que me enseñaste tus tradiciones y tus gustos, que a mí me encantó disfrutarlo? Carlos guiñará el ojo, y la entrevista a la máxima responsable del mayor abandono sanitario de la historia de España continuará con la independencia y el rigor habituales: ¿cuál es su comida favorita, doña Isabel?, preguntará don Carlos con voz grave y engolada.
Una lejana Semana Santa se celebró en España la legalización del Partido Comunista. Medio siglo después, esta Semana Santa termina celebrando España a secas. España y nada más, que diría el himno del Madrid. La España pura, la fetén, la que ustedes ya saben. La España que, como el balcón de Carlos Herrera, no disimula porque pa’qué. A España no hay que disimularla, hay que mostrarla en todo su esplendor y eso ha hecho durante esta semana grande el nacionalcatolicismo. Periodistas de derechas santiguándose junto a políticos de derechas. Jueces independientes a los que una manifestante frente a la sede del PSOE definió una vez como “nuestros jueces independientes” compartiendo palco de autoridades junto a quienes tarde o temprano tendrán que juzgar. Arquear las cejas también es habitual en los tribunales, si es que te toca sentarte en uno. A propósito, hoy arranca el juicio de la Kitchen. Más lento que el juicio al ya destituido fiscal general y más descafeinado porque españolísimos jueces no vieron indicios de nada por parte de Eme Punto Rajoy o Eme Punto Cospedal a pesar de las grabaciones. Una saeta en su honor. Hablando de no sentarse, el rey Juan Carlos también ha pasado por una Sevilla convertida estos días en capital mundial de la España fetén. No le tocó sentarse en el banquillo, pero sí en el palco de la plaza de toros de la Maestranza donde todo el público le ovacionó en pie. Torero, torero. Se llevó dos orejas, el rabo y algunos millones.
En estos siete días más que santos santísimos, la derecha española, es decir, la España correcta, ha demostrado su fuerza. Delegaciones de Vox siendo recibidas por todo tipo de vírgenes y santos que bendecían a los cazadores de inmigrantes y difusores de bulos, como Jesucristo pidió. El multiimputado Alvise Pérez de fiesta y no al mismo tiempo, siendo pueblo llano y firmando libros de autoridades, todo a la vez. Líderes del PP metidos bajo palio en cada esquina de España mientras los vecinos cofrades, que son la mayoría, les aplauden. ¡Qué sentimiento, qué fe, privatízame otro hospital! En Murcia, el presidente del PP se subió en una cuadriga mientras el respetable vibraba y nadie sabía ya cómo disimular las ganas de rebobinar dos o tres milenios de una puta vez. Además de balcones junto a Carlos Herrera, Ayuso, santísima doña Isabel de España, bajó a la calle junto a la Legión en Málaga. Incluso cantó la responsable de los 7.291 “soy el novio de la muerte”, porque los chistes en la España actual ya no los cuentan los humoristas, sino sus protagonistas. Mientras, don Cayetano Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, duque de Arjona y conde de Salvatierra, se fundía con los costaleros del Cristo de los Gitanos a los que, con un acento andaluz que recordaba al tejano de Aznar, les recordaba que su madre doña Cayetana dio la vida por ellos. Toma, perfil bajo siempre. Estos días se cumplen los 100 años del nacimiento de la duquesa, a propósito, y la tele pública andaluza le dedica programas y más programas porque la casualidad quiso que la aristócrata que más títulos nobiliarios heredó fuese también la más buena y llana de las personas. Entre doña Cayetana y los sin nombre que trabajaban sus tierras ni lo duden: la humilde era ella. A escasos metros, otra Cayetana, en este caso Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, marquesa de Casa Fuerte y periodista igual que don Carlos Herrera, disfrutaba de esta santa tradición en otro palco junto al norteamericano Joseph Mary Ansar.
Ha sido como ver juntos a todos los superhéroes de Marvel. La Legión en la calle haciéndose selfies con quienes eligen a Israel o a Estados Unidos antes que a España. La Guardia Civil desfilando junto a los santos; las corridas de toros en la tele pública; los jueces, los reyes y los empresarios en los palcos; y los mismos periódicos que aseguran que vivimos en una dictadura socialcomunista, titulando que vuelve con fuerza la mantilla entre las señoritas cofrades. Pues menos mal. Tengo un amigo, de izquierdas y capillita, que cada año me defiende que esta semana nada tiene que ver con lo ideológico. Estoy deseando verle la cara.
CTXT DdA, XXII/6308

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