lunes, 6 de abril de 2026

CONTRA LA DEGRADACIÓN, EL NUEVO LIBRO DE ANTONIO MONTERRUBIO


Félix Población

Recientemente presentó su último libro en Zamora, ciudad en la que reside, el ensayista Antonio Monterrubio, colaborador asiduo de varias publicaciones, entre las que está El viejo topo. Se trata del cuarto libro de este profesor y escritor sanabrés desde que llegó a lo que él llama frontera de la jubilación.

Se recopilan en El Serano un total de veinte artículos, haciendo el autor con el título un homenaje a su tierra natal, al tiempo que el contenido de la obra es un alegato a la lengua como herramienta de acción, creación y entendimiento. El sustantivo serano define en algunas provincias del noroeste español la tertulia nocturna que se celebraba en los pueblos para que el vecindario se contara las incidencias del día.

Para este escritor zamorano, la comunicación directa, abierta y permanente es la base que sustenta las relaciones humanas más auténticas, algo que con los nuevos dispositivos de comunicación a distancia y en reclusión individual está cada vez en mayor declive. La comunicación de verse y sentirse próximos y presenciales, es válida para el amor y la amistad, pero también para la vida pública y colectiva. "Ser receptivo a concepciones y valoraciones ajenas no es simple cuestión de cortesía. Enriquecen tu reflexión y la ayudan a crecer. En el roce con los demás, vivos o muertos, antiguos o modernos, famosos o anónimos, nuestro pensamiento evoluciona, se afina y prolifera. Es de añorar el serano de otros tiempos ante el nivel abisal de las tertulias y debates hoy".

Monterrubio, como habrán podido advertir los lectores de esta revista, es un autor con un rico arsenal de conocimientos que le permiten exponer con muy fundamentados argumentos sus puntos de vista. Lo hace con un estilo sobrio y preciso, dotado de una penetrante capacidad crítica que no pretende ser nunca normativa ni prescriptiva, sino abierta al diálogo reflexivo con el lector

Considera el autor que los medios de comunicación mayoritarios y las llamadas redes sociales han devenido los unos en herramientas de propaganda ideológica, sin pretensión alguna de verdad u objetividad alguna, y las segundas en “nidos de víboras que emponzoñan cuanto tocan”. Esto nos llevaría a creer que si la vida política está desde hace muchos años emponzoñada por la corrupción, se podría hablar también de una corrupción periodística de la que apenas se habla. E igualmente, de la influencia que las redes sociales están teniendo en emponzoñar aún más el periodismo, todo con incuestionables efectos negativos en la democracia, con la colaboración estelar del periodismo de las patrañas, proclive a la extrema derecha.

“Habitamos una época tan intoxicada de mentira -escribe Monterrubio- que convierte en mentira todo lo que toca. Hoy vuelve a estar de moda la maldad. Ser un desalmado cotiza el alza. Estos personajes son aclamados por multitudes desnortadas y sonámbulas, prestas a procesionar con devoción tras gurús de pacotilla y psicopompos de todo a cien. La degradación intelectual, ética y estética de la ciudadanía, mutada en masa vociferante, es alarmante. La corrupción es un rasgo costumbrista, convalidado por gran parte de la población siempre y cuando sean los suyos quienes lo hacen. No hay debates de ideas, estamos -asegura el autor- a pocos pasos de la dialéctica de los puños y las pistolas”.  

Entre otros asuntos, analiza Antonio Monterrubio en su libro uno que le parece clave, el de la memoria, siguiendo el criterio de Saramago: Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir. La memoria, para el autor, como herramienta de reflexión, es un arma cargada no sólo de pasado sino de futuro. “La condena de la necesidad de memoria forma parte de una estrategia que quiere borrar la diferencia entre el bien y el mal, justo e injusto, y hasta invertir sus significados.

La guerra y el que Monterrubio llama estado de malestar también están en el índice de este recomendable libro. La primera, como la más delgada de todas las líneas rojas, la que separa la civilización de la barbarie, con el genocidio de Gaza como atroz ilustración mayor de esto último. El segundo, como muestra de la eficacia del discurso hiperbólico, arraigado en paisajes mentales ya contaminados y en vías de destrucción: “El ser humano tiene una prodigiosa propensión a desechar cualquier percepción que choque con el orden impuesto por sus prejuicios. Inoculada la mentira, el bulo o la calumnia, ya no hay vuelta atrás. Toda controversia se cerrará de inmediato en detrimento de lo real”.

*El Serano, Antonio Monterrubio. Castilla ediciones, 2025, 206 pags.

DdA, XXII/6308

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