sábado, 21 de febrero de 2026

LOS ARCHIVOS EPSTEIN, EL GRANO QUE SI REVENTARA COLAPSARÍA EL SISTEMA

Melania Trump, el príncipe Andrés, Gwendolyn Beck y Jeffrey Epstein en una fiesta en el club Mar-a-Lago en 2000.
Foto: Davidoff Studios Photography

Melania Trump, el príncipe Andrés, Gwendolyn Beck y Jeffrey Epstein en una fiesta en el club Mar-a-Lago en 2000. Foto: Davidoff Studios Photography (AFP -)

En 1996, el ya fallecido financiero estadounidense Jeffrey Epstein fue acusado por primera vez de traficar con niñas menores de edad y mujeres jóvenes para que tuvieran relaciones sexuales con hombres influyentes. Treinta años después, Epstein ya está muerto y el Gobierno de Estados Unidos afirma que se suicidó en prisión, pero la mayoría de los estadounidenses creen que fue asesinado. En cualquier caso, nunca se enfrentará a un escrutinio legal real y completo. ¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo es posible que en un país que vincula su supuesto excepcionalismo con un sistema legal abierto, justo y honesto, Epstein y Ghislaine Maxwell hayan evadido la justicia durante tanto tiempo? Quizás peor aún, ¿cómo es que ninguna de las muchas personas influyentes que viajaron o festejaron con él haya sido arrestada? Parece que nunca lo serán. El último intento de presentar cargos se topó con un muro cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció que los documentos recién publicados eran insuficientes para respaldar cargos criminales contra otros. Aún más grave, indicó que no se emprenderán más acciones judiciales contra nadie. ¿Está intentando el Departamento de Justicia obstruirla debido a las múltiples apariciones del presidente de Estados Unidos en los llamados "archivos de Epstein"? Según el New York Times, el nombre de Donald Trump aparece más de 38.000 veces en los mismos. Por lo tanto, existe preocupación pública de que el presidente esté mostrando nuevamente su disposición a utilizar la ley en su beneficio y el de sus allegados. Pero incluso si es así, hay otras razones que explican lo sucedido durante más de tres décadas. En primer lugar, debe reconocerse que los estadounidenses ricos e influyentes operan en un mundo diferente al de millones de sus conciudadanos. Las leyes fiscales a medida, que permiten a los ricos evadir muchos impuestos, son solo un ejemplo. Asimismo, los esfuerzos de los grupos de presión y las donaciones de campaña aseguran que se escuchen los intereses de los ricos, mientras que las necesidades correspondientes de la clase media y los pobres pasan desapercibidas.

Y en el caso de Epstein, Trump tenía amigos en los medios a quienes podía pedir cobertura favorable. A aquellos que accedieron, debe planteárseles la incómoda pregunta "¿por qué?". No esperen respuestas. En resumen, los ricos tienen la billetera y el oído de la clase política. Esto les permite solicitar que lo que prefieren avance rápidamente y que lo que no prefieren se estanque, o incluso desaparezca. Uno llega a una conclusión inquietante: todo lo que sucede ahora, incluidas las audiencias públicas convocadas por el Congreso, podrían ser meros actos teatrales, diseñados para hacer creer al público que realmente se está haciendo algo para descubrir la profundidad de la depravación de Epstein. Los actos teatrales nunca equivaldrán a la justicia, pero sí permiten una mayor desviación de la historia real. Por supuesto, el Congreso nunca haría eso al pueblo estadounidense, ¿verdad?

La conocida columnista del diario argentino Página/12 comparte con la fiscal general Bondi que si el departamento que ella comanda brindara como debe  un contexto, un modo legible de abordar los millones de datos que libera, accederíamos al horror que yace en las catacumbas del dinero a gran escala, a la barbarie del satanismo desplegado entre grupos de elite cuyos privilegios custodia la ultraderecha. En uno de los mails encontrados, Mete Merritt, la heredera de la Casa Real noruega, le dice a Epstein que será una suerte que los pobres ya no puedan tener hijos, que así será más fácil diseñar humanos de laboratorio. Epstein es el símbolo de la predación sexual de este modelo nazi, que acompaña todo el registro de predaciones

Sandra Russo

Apenas puedo bordear el tema sobre el que quiero escribir. Hace meses que me da vueltas en la cabeza. Y van pasando cosas que robustecen la idea de que en el núcleo de este plan macabro de la renazificación de Occidente, hay intenciones terribles y criminales contra los niños y las niñas, específicamente. (Una extrapolación, en un mundo extrapolado: las atroces visiones de cadáveres de niños que vimos todos en Gaza no le resultan gratis a nuestras psiquis. Hemos visto lo indecible, lo insoportable, el mal).

Los Archivos Epstein son el gran grano que si reventara del todo, tal como dijo la fiscal general Bondi con una impunidad propia de la época, “colapsaría el sistema”. Si el Departamento que ella comanda brindara como debe un contexto, un modo legible de abordar los millones de datos que libera, accederíamos al horror que yace en las catacumbas del dinero a gran escala, a la barbarie del satanismo desplegado entre grupos de elite cuyos privilegios custodia la ultraderecha. En uno de los mails encontrados, Mete Merritt, la heredera de la Casa Real noruega, le dice a Epstein que será una suerte que los pobres ya no puedan tener hijos, que así será más fácil diseñar humanos de laboratorio.

¿Parece conspiranoico? ¡Pero claro que conspiraron! Estamos ante gente que durante décadas violó y torturó a menores de edad, ordenó matanzas, ideó guerras y hasta la destitución del papa Francisco. Fueron hackeados desde el Vaticano. Se protegieron recíprocamente, porque la trama que compartían era criminal y abominable. La detención, el viernes, del expríncipe Andrés, es el primer acto ruidoso que surge de esos papeles.

El dinero acumulado a cierta escala, quizá, provoque perturbaciones mentales que nunca fueron estudiadas. Pero época tras época y contexto tras contexto, las grandes fortunas fueron amasadas en guerras en las que murieron millones de inocentes. Esa riqueza tiene un origen tanático y amoral.

La información reciente de la existencia de safaris humanos de multimillonarios italianos en Sarajevo, con puntaje más elevado si era un niño el asesinado, apuntalan la idea de una perversión que se estimula con el peor de los vicios criminales conocidos.

El dinero y el crimen sellaron el pacto entre estas nuevas tecno fortunas con los nobles y los poderosos convencionales. Hay cosas sobre la isla de Epstein que ya están claras y pasadas en limpio. La pederastia consta, abunda, a tal punto, que se difundieron más fotos de víctimas que de pedófilos. Apenas el Departamento de Justicia de EE.UU., que le es a Trump como Comodoro Pro a Macri, lanzó los últimos tres millones de documentos, pasamos a otra etapa, lo sepamos o no.

Ese caso concentra la llave maestra para entender lo que es totalmente ilógico y sin embargo nos pasa. Esto cotidiano que nos pasa. Este caer cada día un poco más en el desquicio, la locura. Pero sobre todo, vuelve a exhibir qué noción de niñeces conciben, exentos de todo lo que nosotros amamos de los niños, de los indefensos porque así somos todos cuando nacemos y morimos.

Epstein es el símbolo de la predación sexual de este modelo nazi, que acompaña todo el registro de predaciones. Incluye todo tipo de vejaciones físicas, simbólicas, materiales, morales contra todos, pero sobre todo a los niños. Porque los niños y las niñas son la regeneración de la especie, y el fascismo quieren libre disponibilidad sobre ellos.

Hay políticas multipropósito que también vulneran a los niños. La reforma laboral, con su ignominiosa carga horaria y la desarticulación de los ritmos de vida familiares, castiga a trabajadores, pero también castiga a millones de niños que dejarán de ser cuidados, que no podrán ser asistidos como es debido por sus familias.

Así como hemos escuchado estupefactos que los bebés palestinos no son inocentes, sino futuros terroristas, escucharemos cosas similares de otros bebés. Ya están esperando ver morir a niños cubanos de hambre. Y lo hace gente amoral, que la única libertad que defiende, en el fondo, es la de su propia expiación por pecados de lesa humanidad. Ellos y, naturalmente, los millones de perversos que ha generado el algoritmo.

Tomemos en serio la amenaza que se cierne sobre todos y especialmente las infancias. Este satanismo político debe ser derrotado.

PÁGINA/12 DdA, XXII/6269

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