Félix Población
Es casi seguro que con su libro sobre la muerte de miles de ancianos ancianos en las residencias (7291 en la Comunidad de Madrid), el periodista berciano Manuel Rico, a quien estimo profesional y personalmente, se haya ganado un lugar en la historia contemporánea del periodismo en España. El medio de información para el que entonces trabajaba, Infolibre, también. Nadie de la profesión ha sabido indagar, documentar y contar mejor lo que ocurrió en las residencia de mayores de este país y lo que el gobierno de Isabel Díaz Ayuso perpetró contra más de siete mil ciudadanos y ciudadanas, víctimas de la pandemia del COVID, dejándolos morir solos y sin asistencia hospitalaria.
Mientras prosiguen las investigaciones penales sobre el más desolador y vergonzoso episodio de nuestra reciente historia y los altos cargos sanitarios de aquel gobierno autonómico se culpan mutuamente de los protocolos que bloquearon la asistencia de los ancianos en los hospitales, su presidenta, entonces y ahora, tiene la desfachatez de insultar a los familiares de la víctimas calificándolas de "plataforma de frustrados".
Ante semejante falta de vergüenza, era de esperar que quien escribió tan a fondo sobre la inhumana muerte de tantos ancianos tuviera la reacción que ha tenido, porque, en efecto, estamos ante un ser humano miserable que, desde el puesto que ocupa al frente de un gobierno autonómico y con las posibilidades que mantiene de liderar a su propio partido, debería servir a los demócratas de alerta máxima para que a la derecha extrema se la combatiera en las urnas con todo el denuedo y unidad de acción que me temo nos falta.
Porque, en efecto, llamar frustrados y resentidos a las personas que perdieron a sus familiares en las condiciones en que lo hicieron, no es propio sólo de la nefasta e inhumana política llevada a cabo por el gobierno que encabeza esa mujer. Tal reacción es propia de una persona miserable y ruin, cuyo protagonismo en la política española, cada vez que interviene con sus declaraciones, viene siempre subrayado por el odio al adversario ideológico, campo en el que tiene como colaboradores a su servicio, pagados con dinero público, a medios sub-periodísticos cuyo objetivo no es otro que la provocación permanente, el insulto*, la difamación y la patraña.
Está muy claro, aunque a menudo se repartan culpas en general, que es desde la derecha y la extrema derecha desde donde se está tratando de generar, desde hace demasiados años, un clima de crispación en la vida política española, coincidente siempre con las legislaturas en que a la derecha le toca ser oposición. La presidenta del gobierno autonómico de Madrid está jugando en ello el papel estelar.
Sería muy grave para este país que, bajo el actual y airado clima político propiciado por gente como esa señora -con el asesoramiento de su jefe de gabinete-, y con la colaboración del trumpista Abascal o el propio Feijoó para no ser menos, su influencia se dejara notar a favor en unas elecciones generales. La ruindad en política no debería merecer el respaldo democrático de la ciudadanía, por sus efectos en contra de la propia democracia. Pero si estamos donde estamos debe de ser porque en buena medida merecemos estar donde estamos: sintiendo ya asomar esos efectos.
*Ayer en Teruel una edil del PP siguió el ejemplo de Ayuso llamando a Sánchez hijo de puta.
Léase@también: Contra el odio, políticas de encuentro. (CTXT)
DdA,XXII/6250

1 comentario:
Siempre me ha interesado el trabajo de Manuel Rico, pero aquí se consagra absolutamente como un profesional ejemplar... Capaz de llamar las cosas por su nombre, le cueste lo que le cueste.
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