sábado, 14 de febrero de 2026

LA IZQUIERDA SE VA POR EL DESAGÜE PORQUE SE ESCONDE

Del artículo que en su columna semanal publica todos los sábados el profesor Enrique del Teso, nos quedamos con lo que sigue, recomendando la lectura íntegra del mismo en Nortes: La izquierda tiene que proclamar que no se puede arreglar el problema de la vivienda sin conflicto. Cuando se llega al punto de trabajar para el casero, se está conculcando un derecho de más jerarquía que cualquier derecho a la propiedad, escribe el autor.



Enrique del Teso

La izquierda se va por el desagüe porque se esconde, no habla claro, tiene miedo de asustar u ofender. Y culebreando es como no se le entiende, no atreviéndose cuando tiene poder es como fueron desapareciendo los partidos socialdemócratas. Lionel Robbins dijo que la economía aparece cuando los recursos no son suficientes para todas las pretensiones y hay elegir cómo gastar esos recursos insuficientes entre varias opciones. Por eso se asoció la economía con la gestión de la escasez. La cuestión es que hay que elegir entre distintas formas de organizarse y que hay que gestionar los desacuerdos. Una sociedad tiene que juntar recursos para asuntos comunes. La forma de juntar esos recursos y la relación entre los recursos (ingresos) y gastos es la política. Es política, por ejemplo, decidir que la gente tiene derechos, que hay juntar recursos para los servicios que los gestionan y que en la forma de juntar los recursos los que tienen más tienen que poner más, y así se redistribuye la riqueza. Es política porque otros dirán lo contrario. Como la economía, la política gestiona la escasez, hay que tomar decisiones sobre cómo convivir. En política no se hace ni se dice nada si no estás contradiciendo y molestando a alguien. Decir que tenemos que ser menos egoístas y pensar en los necesitados no es política, porque eso lo puede suscribir el secretario de CCOO y Florentino Pérez. Si no llevas la contraria a alguien, si no molestas a alguien, no estás haciendo política. Y la izquierda de poder tiende a no molestar a nadie.

Por ahí va lo de ser reconocibles. Impuestos, por ejemplo. La izquierda los tiene que reivindicar, pero no como un mal que te hago para que tengas médico y perdonen las molestias. Cuando llega la campaña del IRPF, la izquierda tiene que saludar el momento como fiesta de la democracia, como momento en que los que tienen más tienen que repartir para que todos tengamos médico, es el momento en que nos hacemos una sociedad donde nos protegemos unos a otros (patria, quizás) y no una tierra salvaje de bandas. Tiene que llamar infierno fiscal a esas sociedades de ricos en palacios y niños pobres viviendo entre charcos; y paraíso fiscal a esas sociedades con parques, escuelas y hospitales. La izquierda tiene que proclamar que no se puede arreglar el problema de la vivienda sin conflicto. Cuando se llega al punto de trabajar para el casero, se está conculcando un derecho de más jerarquía que cualquier derecho a la propiedad. Con la Constitución en la mano, se puede recurrir a impuestos que golpeen el uso de los pisos para algo que no sea vivir en ellos y se puede recurrir a expropiaciones. Y eso debe estar encima de la mesa. Y vendrá el conflicto y en medio del ruido seremos reconocibles unos y otros y así no será tan fácil el bulo de que no hay pisos porque se los dan a los inmigrantes. La izquierda huye de que la llamen comunista. Y lo cierto es que no tiene por qué esconder que para ella el capitalismo se parece al héroe Blade, mestizo entre vampiro y humano y que con sus poderes de vampiro protege a los humanos. Pero se chuta un suero para calmar la apetencia de sangre y así no matar humanos como los vampiros. Hay algo malo dentro de mí, le explica a una niña que lo mira chutándose el suero. El capitalismo, incluso en las sociedades más justas, tiene algo malo dentro de sí. Necesita un suero, un estado que intervenga y corrija, para que no devore la sangre de la gente. ¿Se imaginan a Sánchez proclamando esta evidencia, que está en su ideario? ¿Y a Barbón? Al final el malismo se evapora cuando se pasa del videojuego a la vida real. Los asesinatos de Minneapolis impresionaron, la medalla de Ayuso por la defensa de la hispanidad a quien envía bandas a matar a quien hable en español es una estupidez que puede acabar no cotizando. Al final la gente quiere tener médico. No es fácil saber qué hay que hacer, pero sí por dónde hay que empezar: claridad, contundencia y ser reconocible.

DdA, XXII/6262

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