Félix Población
Leo estos días con el interés que me merece el autor, el catedrático de la Universidad Complutense e historiador Gutmaro Gómez Bravo, su recién publicado libro Cómo termino la Guerra Civil española (ed. Crítica), esa fase final del conflicto tan debatida que por las particularidades de enfrentamiento que tuvo el desenlace en Madrid siempre ha merecido mi atención.
Sostiene el autor, en el capítulo sexto (Un día en la historia de Europa), que cuando se reunió en el aeródromo de Los Llanos (Albacete) el 16 de febrero de 1939 el presidente de gobierno republicano Juan Negrín con los dirigentes del ejército leal, tan sólo el general Domingo Moriones, al frente del ejército republicano de Andalucía, expresó su confianza en seguir la lucha -según palabras literales de Gómez Bravo-, sin mencionar al general Miaja, que también secundó esa alternativa con el propio Negrín, mientras que los generales Matallana, Escobar, Menéndez y Bernal, y el coronel Casado, junto al almirante Buiza que acababa de evacuar Menorca, consideraban necesario negociar con Franco ya que la guerra estaba perdida.
Cita el autor como nota a pie de capítulo a varios historiadores, entre ellos a Paul Preston (El final de la guerra. La última puñalada a la República, ed. Debate, 2015). Sin embargo, en alguna biografía sobre el mencionado general republicano, que era también marqués de Oroquieta* por el título que heredó de su hermana Maximina, se mantiene que Moriones Larraga, gobernador militar de Gijón durante la revolución obrera de 1934, fue partidario en el aeródromo de Los Llanos de acabar la guerra cuanto antes.
De hecho -se dice-, respaldó al mes siguiente el golpe de Estado del coronel Segismundo Casado, si bien fue cesado de inmediato por éste para ser sustituido por un oficial de la confianza del coronel golpista, Francisco Menoyo Baños, lo que quizá podría indicar que Moriones Larraga no contaba con esa confianza, en contradicción con el apoyo prestado.
Otras biografías, como la de la Real Academia de la Historia, aseguran que el general no apoyó el golpe del coronel y que quizá por esto, una vez finalizada la guerra, los vencedores condenaron al general Moriones a la pena de muerte, conmutada por la de treinta años de prisión, que se quedaron en diez, siendo probablemente el único marqués al que encarceló el dictador durante la posguerra. El coronel Casado, por su parte, pudo salir de España y vivir en el exilio, del que regresó en 1961 para ser juzgado y absuelto por un consejo de guerra, y fallecer en 1968.
Personalmente me decanto por lo sostenido en esta segunda biografía y en el reciente libro de Gómez Gravo, pero no quiero dejar sin constancia lo que se dice en la sinopsis biográfica del general Moriones Larraga, que falleció en 1964, en la que se afirma que fue partidario de acabar la guerra lo más rápido posible, algo que posiblemente no hubiese comportado luego una pena tan rigurosa como la de muerte por parte de quienes la ganaron e impusieron no la paz sino la victoria:
Nació en Valtierra (Navarra), el 31 de julio de 1883. Era hijo de Teófilo Moriones Salvatierra y de Eugenia Larraga Moreno y nieto del general y gobernador de las Filipinas Domingo Moriones Murillo.
Militar de carrera, en 1934 durante el estallido de la Revolución de Asturias ocupaba el puesto de gobernador militar de Gijón, tomando parte en la represión que se produjo para sofocarla. Durante el golpe de Estado que tuvo lugar entre el 17 y 18 de julio de 1936, estaba destinado en el Regimiento de Ferrocarriles con el rango de teniente coronel, en ese puesto se mantuvo fiel a la República, pasando a liderar una columna miliciana en Somosierra, donde participó durante las primeras semanas de la contienda en los combates por controlar Somosierra y Guadarrama. A comienzos del año 1937 estaba al mando de la 2.ª División, la cual guarnecía el frente de Somosierra, siendo, meses después, nombrado comandante del I Cuerpo de Ejército. Al mando de cuya formación participó activamente en la fallida ofensiva de Segovia, donde pretendía tomar la ciudad y adentrarse en la retaguardia de la Zona nacional, en dirección a Valladolid. En 1938 fue ascendido a general y nombrado comandante del Ejército de Andalucía. El 16 de febrero de ese año, asistió a una reunión celebrada en el Aeródromo de Los Llanos (Albacete), entre el presidente del gobierno, Negrín, y los principales dirigentes militares republicanos, a la que también asistieron los generales Menéndez, Miaja, Escobar, Matallana y el almirante Buiza, comandante de la Marina republicana. En ella se expuso la necesidad de negociar con Franco el final de la guerra, en vista de la pésima situación militar de la República. Moriones estuvo de acuerdo con otros militares en la necesidad de poner fin a la guerra lo más rápido posible, puesto que este grupo de militares sostenía que el Ejército Popular no estaba en condiciones de seguir combatiendo. En marzo de 1939, cuando se produjo el golpe de Estado del coronel Casado, Moriones lo apoyó junto con todo el Ejército de Andalucía bajo su mando, a pesar de lo cual fue rápidamente sustituido por otro oficial de la confianza de Casado, Francisco Menoyo Baños.
Al finalizar la guerra fue condenado a muerte, pena que le fue conmutada por la de treinta años de reclusión. Finalmente, pasó diez años en prisión, murió 13 de febrero de 1964, ostentando el título de marqués de Oroquieta, que heredó de su hermana Máxima.
* Título nobiliario concedido por el rey Alfonso XII a Domingo Moriones y Murillo, teniente general del ejército español en atención a sus méritos durante la tercera guerra carlista como vencedor de la batalla de Oroquieta (1872). Fue ministro de la Guerra y gobernador de Filipinas. Actualmente es titular del marquesado Luis Arrizabalaga Clemente por carta de sucesión de 27 de enero de 2003. Pilar Arrizabalaga puede llegar a ser marquesa de Oroquieta. Lamento no tener conocimiento de lo que sus descendientes pueden saber acerca de lo vivido por el general Moriones Larraga, nieto del primer marqués tanto al final de la guerra como durante sus años de cárcel, pero esta sería posiblemente la mejor fuente para testimoniar la lealtad del general y tercer marqués de Oroquieta a la Segunda República.
DdA, XXII/6253

3 comentarios:
Cosas veredes que decía el hidalgo de La Mancha... Tiene una artículo interesante Edgar Neville Romrée (Madrid, 28 de diciembre de 1899- 23 de abril de 1967), conde de Berlanga de Duero, fue un diplomático, escritor, dramaturgo, guionista y director de cine, pintor español... Diplomático primero en Whasington y luego en Los Ángeles, se codeo con toda la "izquierda hollywoosiense" (con Charles Chaplin llegó incluso a hacer pequeños papeles, como el de guardia en "Luces de la ciudad" en 1931); militante, acaso ·de conveniencia", de Izquierda Republicana, en la época republicana consideraba a la CEDA "un grupo de beatos" y a Falange Española de las JONS "un grupo de matones"... Iniciada la guerra logró el traslado a Londres (acompañado de su pareja, la artista Conchita Montes, pues se había divorciado de su mujer) y allí empezó a prestar servicios al ejército franquista como espía (sobre todo de las adquisiciones de armamento para el ejército republicano)... Descubierto ese papel, pide trasladarse a Francia y finalmente vuelve a España, donde en la zona nacional es, en principio, repudiado como sospechoso por su antigua militancia republicana, sus burlas de la CEDA y de Falange, y su "amistad con comunistas" como Rafael Alberti (en realidad era amigo de toda la Generación del 27, incluidos los miembros más conservadores). Así que, para limpiarse esos recelos (igual que Luis García Berlanga se alistó a la División Azul para evitar la condena a su padre, alcalde republicano) se afilia a Falange y se incorpora al ejército golpista en tareas de comunicación y propaganda, participando y grabando escenas en batallas como la de Brunete o la toma de Bilbao (con imágenes que le dejaron fuertemente impactado)... Así que desarrolló luego un cine espléndido en el que, muy en la línea de "La Codorniz" en la que colaboraba, afina un humor que, baja apariencia apolítica, arremete con sarcasmo sin demasiada aspereza las costumbres de la nueva burguesía que constituyó la élite socioeconómica del franquismo, cebándose especialmente con su cursilería y el absurdo de sus supuestos avances. Hizo así películas muy notables en diversos géneros: "El malvado Carabel" (1935), "La señorita de Trévelez" (1936), "La torre de los siete jorobados" (1944), "Domingo de carnaval" (1945), "El crimen de la calle Bordadores" (1946), "Nada" (1947, basada en la novela de Carmen Laforet), "El último caballo" (1950, probablemente mi favorita con un inmenso Fernando Fernán Gómez muy joven), "El cerco del diablo" (1952, en la que dirige uno de los episodios de una sorprendente propuesta de cine fantástico), "Duende y misterio del flamenco" (1952), "La ironía del dinero" (1955), "El baile" (1959) o "Mi calle" (1960, su última película y gran ejamplo postrero de su mágico talento el retrato, con ojo crítico y bienhumorado, costumbrista)...
Sabes dónde ese artículo, amigo Cefe? Me interesa leerlo.
Soy Nacho, Félix, y lo que quiero decir es que merecería un artículo (está por escribir)... Especialmente porque hay una "lectura fácil" de Edgar Neville como "cineasta franquista" (y efectivamente, en la época en que, seguramente para que se personasen sus "pecados republicanos" y sus burlas de las derechas y ultras, se incorporó al aparato de propaganda franquista, hizo mucho cine en el paso de la década de los treinta a los cuarenta propagandístico del régimen -"Juventudes de España", 1938; "Ciudad Universitaria", 1938, que es un documental sobre la batalla que allí tuvo lugar; "¿Vivan los hombres libres!", 1939; "Frente de Madrid", 1939; "La muchacha de Moscú", 1940; "Sancta María", 1942-), pero poco tiene que ver con su obra cinematográfica autoral (o artística en otros formatos)... De hecho, recuerdo un artículo que me ofendió mucho en su momento de Andrés Trapiello en un dominical (creo que era el del grupo El Correo que distribuía El Comercio) haciendo una crítica del entierro del gran Fernando Fernán Gómez con una bandera anarquista cubriendo el féretro como una especie de "postureo póstumo" que terminaba preguntándose si cuando hacía cine para directores franquistas, como "El úlgimo caballo" para Edgar Neville, también era muy anarquista... Me ofendió por dos motivos: primero, porque Fernando siempre había dicho que él evidentemente había hecho mucho "cine alimenticio" (vamos, por esa mala costumbre que tenemos los humanos de querer comer todos los días, y recuerdo que al respecto solía contar una anécdota: con frecuencia mi agente me decía, "nos han ofrecido esta película don Fernando, pero es un guión muy muy malo y creo que no la debería hacer", a lo que yo contesto, "muy bien, de acuerdo, y ¿cuál hacemos entonces?", y, si él me decía que no teníamos otra, yo decía inmediatamente, "ah, no, entonces hacemos la mala"), aunque evidentemente no era el caso de "El último caballo", una auténtica joya en todos los aspectos con un sorprendente y anticipatorio mensaje final ecologista y contra la especulación inmobiliaria; y, en segundo lugar, porque es no haber visto la película (o no haber entendido nada) y no saber nada de la biografía compleja de su director... Desde entonces tuve a Trapiello bajo sospecha y algunos datos y aconteceres posteriores me añadieron las razones para ello.
Publicar un comentario