Atilio Borón
Se fue uno de los últimos que nos explicaba el mundo sin traductor imperial.
Walter Martínez partió ayer, y con él se cierra una época del periodismo latinoamericano que no volverá a repetirse. 84 años, más de 50 de oficio, y una claridad geopolítica que incomodaba tanto como iluminaba.
¿Por qué su muerte duele tanto? Porque era de los pocos que te contaba lo que pasaba en Medio Oriente, en los Balcanes o en la ONU sin pedirle permiso a Washington. Porque fue corresponsal de guerra en Irak, Irán, El Salvador, Líbano, Nicaragua. Primer latinoamericano en pisar ciertos frentes. Y volvía a la pantalla no para vender miedo, sino para dar contexto. Para explicar.
Su programa "Dossier" fue escuela para generaciones enteras. No necesitaba efectos especiales ni musiquita dramática. Solo su parche negro, su rigor académico y esa frase que tatuó en nuestra memoria: "nuestra querida, contaminada y única nave espacial".
Walter no hacía periodismo de declaraciones ni de copiar y pegar cables. Hacía periodismo de entender. De pensar. De comprometerse con la verdad aunque incomodara a propios y ajenos.
Hoy queda un vacío. Pero también un legado: nos enseñó que informar es un acto político. Que explicar el mundo desde el Sur es posible. Y necesario.
PD: Si Walter te enseñó a mirar la geopolítica de otra manera, capaz es hora de seguir profundizando esa mirada colectivamente. Seguimos charlando sobre cómo entender el mundo que nos dejó.
DdA, XXII/6237

No hay comentarios:
Publicar un comentario