sábado, 24 de enero de 2026

LA CANTINA DE ABLAÑA Y EL ABANDONO DE UN PATRIMONIO HISTÓRICO


Alberto nos pone con su artículo ante una fotografía que está en la memoria de este Lazarillo, cuando con motivo de las fiestas del pueblo sufrió de niño, una vez más, el pánico que sentía ante el estallido de los voladores. Apenas recuerda más, pero sí que, voladores aparte, aquella fue una corta y divertida estancia en la que, entre otras vivencias, tuvo la de probar el vino de misa en la vieja iglesia parroquial, muy cerca de la casa de una de las primas de su padre en donde pasó algunos días de un lejano verano rural. Lamentable el abandono patrimonial que denuncia Alberto.

Alberto Alonso

Una pena, era la única superviviente en la línea del Vasco de Oviedo a Collanzo, y era el último bar que quedaba en el pueblo, en el que hubo, según me comentaron, hasta 17 bares cuando se trabajaba en los pozos de Llamas y Nicolasa. Me parece que, tal como están las cosas, es poco probable que la tal cantina vuelva a ser abierta.
Mi mujer y yo empezamos a ir por allí hace bastantes años, porque nos habían dicho que era un sitio donde se comía muy bien y a buen precio. Era verdad, a veces invitábamos a algún pariente o amigo y siempre quedábamos plenamente satisfechos, no solo de la comida sino de la amabilidad de quienes atendían el bar y, en general, del ambiente que había en el local, que estaba entonces regentado por Geli y por Miguel, ayudados por Seila, hija de Geli. Tenían mucha clientela y era un lugar muy acogedor donde fácilmente trababas conversación con cualquiera, con el añadido de que conservaba todo el encanto de la vieja cantina del tren, algo muy difícil de encontrar en estos tiempos.
Desde la pandemia de coronavirus redujimos mucho lo del salir de bares, no obstante, algún sábado o domingo íbamos hasta Ablaña a tomar un vino por la mañana y a charlar de todo y un buen rato con los clientes habituales que conocíamos.
Cuando se jubilaron Geli y Miguel, Seila se hizo cargo del bar, con su compañero, pero dejaron de dar comidas tal como se hacía antes, y dado que la gente sale cada vez menos de casa y a que el pueblo de Ablaña viene a menos, la clientela ya no era la misma, de tal forma que, por ésta o por otra razón, la tan característica y acogedora cantina, que tenía también dos agradables terrazas cubiertas, está cerrada desde hace aproximadamente un mes.
Vaya este escrito en recuerdo y agradecimiento a quienes mantuvieron la cantina como tal durante muchos años, y en especial a los que la regentaron desde que mi mujer y yo empezamos a ser clientes.
NOTA: Pego a continuación una foto antigua de los edificios de la estación, en la que se ve en primer lugar la cantina y más allá la propia estación, que fue demolida, como probablemente lo será la cantina. Estamos viendo una absoluta falta de respeto al patrimonio histórico. En Ablaña hay varios edificios de interés en estado de absoluto abandono, entre ellos la estación y los almacenes de Renfe muy próximos a la cantina de la que hablo.

DdA, XXII/6237

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