jueves, 29 de enero de 2026

EL ALCALDE MÁS QUERIDO DE MADRID NO TENDRÁ ESTATUA

La Plaza de Cibeles el día del entierro

Félix Población

Leo en El Diario de Madrid que en un reciente Pleno Municipal, sometida a votación la iniciativa propuesta por los grupos políticos de la oposición de homenajear a Enrique Tierno Galván con una estatua en el patio de la Casa de Cisneros de la Plaza de la Villa, fue rechazada por el Partido Popular y Vox, como cabía esperar de su pedigrí democrático. 

El viejo profesor, como se le conocía desde antes incluso de ser sexagenario, fue el primer alcalde de Madrid elegido democráticamente después de la dictadura y estuvo al frente del ayuntamiento de la ciudad entre 1979 y 1986, año de su fallecimiento. Tengo recuerdos personales de su primer mitin en Madrid como líder del Partido Socialista Popular (el primero de la nueva historia democrática) y de los últimos días de su existencia en una clínica madrileña, cuando me interesé por su salud.

Algunos recordamos -porque lo vivimos in situ - el día en que don Enrique llegó a la alcaldía con el respaldo en las urnas de una mayoría de los ciudadanos y más vale evitar la comparación entre aquel culto, sabio y amable profesor universitario, tan recordado por la pulcra escritura de sus bandos, y el actual alcalde. Es muy probable que la ciudad de Madrid no llegue a tener nunca una estatua que recuerde al primer alcalde del actual periodo democrático, porque ya en 2016, cuando el Pleno sí aceptó erigirla en su memoria en el entorno de la Plaza de Cibeles, la propuesta se malogró por diferencias sobre el diseño y la ubicación de la misma, pero a la memoria de Tierno no lo desbancará nada ni nadie de la preferencia de quienes fuimos sus conciudadanos. 

Este 2026 era un año apropiado para recuperar la iniciativa, al cumplirse cuatro décadas del fallecimiento del Viejo Profesor, pero está visto que hasta en la memoria histórica que nos es más próxima prima la animadversión de la derecha extrema hacia quienes formaron parte de la oposición a la dictadura, como es el caso de don Enrique Tierno. Es incuestionable, además, que la gestión de don Enrique al frente del ayuntamiento madrileño fue muy celebrada por buena parte de la ciudadanía, como quedó multitudinariamente reflejado el día de su entierro por las calles de la capital. Es más que probable que no se vuelva a repetir un episodio así con ningún otro alcalde, aunque sí se registrara una multitud similar tres años después con el entierro de Dolores Ibárruri, La Pasionaria, el 16 de noviembre de 1989.

El primer alcalde democrático de Madrid en las primeras elecciones municipales del régimen de 1978 no merece ser homenajeado por quienes gobiernan actualmente la ciudad, pero nunca podrán evitar que haya sido el alcalde más querido y recordado de la historia que vivimos. Un millón de personas en las calles y la emoción en la cara de muchas de ellas aquel 21 de enero, contó la SER y algunos lo vivimos.

Es bien sabido que lo que les mola a las derechas extremas que gobiernan Madrid son las placas de homenaje en los centros culturales a los Vaquerizos.

DdA, XXII/6245

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