martes, 3 de septiembre de 2019

MARÍA LEONOR RUBIANO, LA ANA FRANK ASTURIANA EN EL CAMPO DE RAVENSBRÜCK*


Félix Población

Al alcalde de Mieres (Asturias) Aníbal Vázquez lo adorna una encomiable virtud desde que en 2011 fue elegido alcalde la ciudad: es uno de los más de 2.500 alcaldes españoles que renunciaron en su día al sueldo como primera autoridad municipal. Su antecesor cobraba la nada despreciable nómina de 64.000 euros anuales, teniendo el consistorio como tenía una importante deuda en esos años. Vázquez, militante de Izquierda Unida, ejerció el oficio de picador en la mina durante 26 años y vive de una pensión de poco más de 2.000 euros: "Tengo una pensión con la que me arreglo, y carretera", respondió de modo expeditivo en una entrevista radiofónica, sin querer ser "ejemplo absolutamente de nada".  

Extraña hasta cierto punto que siendo Aníbal Vázquez alcalde de Mieres desde hace ocho años, María Leonor Rubiano, la "Ana Frank asturiana" no haya tenido hasta ahora en su ciudad natal un reconocimiento público y oficial, tal como ocurre desde hace muchos años en la localidad francesa de Saint-Denis (París), en donde da nombre a una calle. Posiblemente ese reconocimiento no haya sido efectivo en Mieres porque  hasta hace unas semanas no tuvimos  conocimiento oficial de la lista de ciudadanos españoles asesinados en los campos de concentración nazis, recientemente publicada en el BOE. En el caso de María Leonor Rubiano se da la circunstancia de haber sido la única mujer asturiana asesinada, después de haber padecido todo tipo de palizas, humillaciones y torturas en el campo para mujeres de Ravensbrück. Tenía 24 años cuando acabaron con su vida en una cámara de gas.

No formó parte Leonor de la marea humana que salió por la frontera de Francia huyendo de la represión en la España franquista al término de la Guerra Civil. Su exilio tuvo carácter económico y data de 1926, año en el que acompañó a su padre hasta París con solo seis años en busca de una vida mejor. Trabajó como obrera en una fábrica y militó en la Union des jeunes filles de France (Jóvenes comunistas de Francia), organización creada en 1936 por Danielle Casanova. Formó parte de la resistencia al nazismo durante la ocupación del país durante la segunda Guerra Mundial, por lo que fue detenida por la Gestapo en 1941, internada en varias cárceles francesas y trasladada finalmente al campo de concentración de Ravensbrück, por donde pasaron hasta 400 republicanas españolas. 

Las condiciones de vida en Ravensbrück eran extremadamente duras, según todos los testimonios de quienes las soportaron. Hubo internas que fueron obligadas a prostituirse para servir a los alemanes. Fallecía un millar de presas cada mes a consecuencia del frío, las enfermedades, la masificación en los barracones, las palizas, las torturas, y el hambre (solían comer un tipo de sopa en la que lo más sólido eran unas mondas de patata). Se cuenta que las presas republicanas españolas fueron sometidas a experimentos médicos y psicológicos por parte de los oficiales de las SS. Este año, el pasado mes de abril murió a los 103 años de edad la última de las supervivientes españolas, Neus Catalá, sobre la que Jacinto Antón escribió un emotivo obituario:  "Frente a los negros cuervos de Ravensbrück, Catalá alzó las alas de la humanidad y la esperanza. También las de la memoria. Sobrevivió al campo de concentración —“era también de exterminio”, sostenía siempre ella, y a ver quién se lo iba a negar si había estado allí y tenía ese carácter que cualquiera le llevaba la contraria—, y lo hizo sin perder la fe en la gente y en que el mundo era mucho más que aquel agujero negro inmundo al que la lanzaron".


María Leonor no sobrevivió a ese inmundo agujero en el que realizó un trabajó extenuante como costurera en un taller de confección de uniformes militares. Allí contrajo la tuberculosis y fue aislada en una dependencia reservada a internas enfermas, de donde pasó a la cámara de gas. La historia de esta Ana Frank de Asturias fue expuesta por su compañera de cautiverio en el proceso de Nüremberg, Maria-Claude Vaillante-Couturier. Esa información ha tardado mucho tiempo en llegar al Ayuntamiento de su ciudad natal, tan sensibilizado con la memoria histórica. Es lógico por eso que ahora  la concejalía encargada de ese departamento se haya aprestado a contactar de inmediato con la asociación Amical de Ravensbrück y otras víctimas españolas del nazismo para conocer y dar a conocer la vida y penalidades de esta luchadora antifascista. 

Es seguro que hasta los escolares mierenses educados a lo largo de  las últimas décadas de democracia en España no haya llegado nunca información alguna acerca de esta luchadora antifascista, de la que sí saben lo alumnos franceses. Incluso aquellos mierenses que hayan podido leer el popular diario de Anna Frank desconocerán que en su misma ciudad nació el 3 de julio de 1920 otra mujer a la que en Francia llamaban la Ana Frank de Asturias, asesinada por el nazismo en febrero de 1945, meses antes de que fuera posible la libertad, y cuando las condiciones en el campo se hicierón aún más duras. Ya va siendo hora de que Mieres tenga al menos una calle con el nombre de María Leonor Rubiano, como la tiene en Saint Denis desde que fue reconocida su lucha. Ya va siendo hora de las jóvenes generaciones sepan de la memoria de quienes les precedieron en el compromiso por defender la democracia y las libertades cívicas. Es necesario recordar para no olvidar nunca lo que fue aquella barbarie.

El mismo Jacinto Antón publicó en 2005 una magnífica crónica en el diario El País sobre las avecillas de Ravensbrück en la que citaba a los martín pescador, Eisvogel en alemán (pájaros de hielo),  que cuando los lagos estaban helados se lanzaban contra la superficie congelada para perforarla y procurarse alguna presa. Sus cuerpecillos se rompían en ocasiones con el impacto, quedando su plumaje azulado (del color del hielo) como una flor ensangrentada sobre la superficie. Neus Catalá le contaba al cronista que las presas de Ravensbrück se veían forzadas a romper el hielo del lago del campo, el Schedt, para meterse a dragarlo, descalzas y con las manos desnudas. Muchas de las internas, explicaba Catalá, yacen en el fondo de ese lago, pues las cenizas de las muertas se arrojaban allí. Entre ellas posiblemente las de María Leonor Rubiano. Neus jamás vio en el campo los pájaros azulados de los que habla el cronista. Sí cuervos, grandes y lustrosos,  los que dan nombre a Ravensbrück (Puente de los cuervos), en cuya actual recinto/memorial tienen las presas republicanas españolas una celda que las recuerda y rinde el homenaje que Mieres espera para su Ana Frank.

*Artículo publicado hoy también en elsaltodiario.com

                       DdA, XV/4266                       

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