jueves, 7 de marzo de 2019

EL GATO QUE VIVE ASOMADO A LA LLUVIA


Lazarillo

Supongo que algunos curiosos lectores de esta modesta bitácora ya lo conocen. Se llama Sirio, va para los dos años de edad y acompaña a este Lazarillo en la buhardilla siempre que le da a la tecla. Puedo asegurarar que indefectiblemente  abre la puerta de cristal de la estancia cuando quien esto escribe se encuentra en una de esas fases más lúcidas que cada cual busca y encuentra según mejor debe y puede. Llamo la atención de quienes me puedan estar leyendo para que, si comparten aficiones literarias, comprueben hasta qué punto lo que digo puede coincidir con lo que les ocurre a otros gatoadictos. Tengo la sensación de que en esos momentos se establece una suerte de telepatía entre mi cerebro y el suyo que le lleva a subir hasta mi estudio. Una vez arriba,  Sirio gusta de asomarse al ventanal/puerta de la terraza para sorprenderse con el vuelo fugaz de algún pájaro, pero es cuando llueve, sobre todo, cuando sus ojos se cuelgan de las nubes o persiguen el caprichoso surco de las gotas de agua en el cristal. Es entonces cuando digo que Sirio vive asomado a la lluvia y siento por su paciente y concentrado afán observador una delectación  que me rebasa, como si en la capacidad de asombro permanente de sus ojos estuviera no sólo la razón de su vida sino también la de la nuestra. Él gana, además, por prestar atención a lo que da  vida, mientras este Lazarillo se engolfa en la actualidad política.

                   DdA, XV/4108                 

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