El candidato del Partido Popular a la alcaldía de Oviedo se presentó recientemente en un acto convocado por los evangelistas, en el que estaba un tal Juan José Cortés, ese padre de una niña asesinada que no deja de servirse de tan penosa circunstancia para pasarse de protagonismo mediático allá donde lo huela. Pues bien, el alcaldable del PP ofreció a una chica gitana perteneciente a esa religión incoporrarse a su candidatura, y la chica aceptó encantada, claro.
El asunto comenzó en los años setenta en América Latina. La CIA, para
contrarrestar la preponderancia que estaba obteniendo la Teología de la
Liberación entre las clases populareS, con su carga de reivindicación,
planeó potenciar a las iglesias evangélicas, con no demasiada presencia
en aquellos tiempos. Estas sectas propagaban unas ideas reaccionarias,
contrarias a la ciencia, como la negación de la evolución de las
especies, el que el universo se creó hace seis mil años, o que
Dios estableció que la mujer está sometida al hombre.
Se emplearon gran
cantidad de recursos y el resultado fue muy satisfactorio para sus
intereses. Las sectas tienen un papel principal entre la población con
menos recursos y están laminando cualquier intento de contestación
contra el orden establecido. Su último éxito ha sido la consecución de
la presidencia de Brasil, el país más grande del continente, por parte
de Bolsonaro, apoyado firmemente por los evangelistas.
En España,
estamos asistiendo al espectáculo de contemplar como candidatos de la
derecha se presentan en actos de iglesias evangélicas, con mucha
incidencia entre la comunidad gitana, y solicitan su participación en
sus listas electorales. La regresión democrática, cultural, a la que
estamos asistiendo no tiene precedentes en los últimos cuarenta años.
Mucho me temo que esto puede ir en crecimiento si no se consigue hacerle
frente de forma rápida y precisa.
DdA, XV/4115
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