viernes, 8 de marzo de 2019

ÁNGELES FLÓREZ "MARICUELA" (CIEN AÑOS DE EDAD) CONVOCA A LAS MUJERES ASTURIANAS EN LAS CALLES

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Con motivo del simpático cartel que convoca hoy a las mujeres asturianas a la huelga y a la calle, en defensa de sus derechos y frente a la derecha trina y radical en renaciente proceso regresivo, rescato hoy este artículo que escribí hace unos años sobre Ángeles Florez, "Maricuela", la anciana miliciana socialista que hoy sigue entre nosotros, con un siglo de vida, y que para muchos representa a la madre que ya perdimos y a todas aquellas mujeres sufridoras de la crudelísima guerra y  la no menos cruel y represora posguerra. El 70% de lxs pobres, y el 78% de lxs analfabetxs, existentes en el planeta son mujeres. Éstas realizan el 67% del trabajo para recibir, a cambio, el 10% de la renta.
"Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las asesinen". Margaret Atwood.


Félix Población

Me escribe Ángeles Flórez, más conocida por Maricuela, militante desde los 17 años de las Juventudes Socialistas Unificadas y con ya casi 98 muy lúcidos en su azarosa existencia. Nos conocimos hace tres o cuatro y charlamos largo y tendido sobre su vida. Hace unos días fue protagonista de una de las intervenciones más llamativas y emotivas de la asamblea que celebró el PSOE de Gijón: “Les dije que iba a hacer 98 años -cuenta Maricuela- y que me dieran el regalo del no, no y no [a la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, que supuso la dimisión de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE]. Me da miedo lo que está pasando porque es mi lucha. Me veo en una situación en la que se está derrotando al PSOE, que es mi vida y cuyo razón de ser es la defensa del obrero. Si Rajoy tiene la mayoría, que sea con los suyos, pero no con el PSOE”.


De Maricuela, como se la conoce desde que participó en una montaje teatral en su adolescencia republicana, leí hace tiempo sus memorias, relatadas con la sencillez de quien solo pretende dejar anotada una detallada sucesión de recuerdos: desde la Revolución de Asturias, en la que mataron a su hermano, hasta los años de prisión en la cárcel de mujeres de Saturrarán -de la que salió pesando 40 kilos-, pasando por la Guerra Civil y sus vínculos con “Los fugaos”, entre ellos su marido Chano (Graciano Rozada Vallina), con el que finalmente se reuniría en Francia para hacer allí juntos una nueva vida.


Ángeles cuenta también el trágico final de quien pudo ser su primer novio, que no lo fue porque la madre del chico se oponía a esa relación. Quintín, que así se llamaba, abandonó el barco en el que podía haber salido de Gijón con Belarmino Tomás, presidente del Consejo Soberano de Asturias y León, en las horas previas a la ocupación de la ciudad por las tropas franquistas el 21 de octubre de 1937. Lo hizo con el solo objeto de buscar a Maricuela y a su hermana Argentina, que trabajaban en un hospital de la ciudad próximo al puerto. Esa decisión comportó su detención, encarcelamiento y posterior ejecución un año más tarde.


Fue el 24 de mayo de 2009 cuando una hermana de Quintín Serrano le contó a Maricuela las circunstancias por las que fue detenido. Ángeles Flórez glosa con estas palabras el final del capítulo correspondiente a ese pasaje de su vida: “Quintín, no estás muerto. Estás en mi corazón. Un corazón de diecisiete años”. El mismo que sigue latiendo en Maricuela hoy.

Republico con gusto estos versos de Pepe Cercas

A LA PRIMERA MUJER
Invoco a la primera mujer que llamaron, madre;
a la primera mujer que dijo: “vienes de mí, hijo mío”;
a la primera mujer que marcó de lágrimas tu ausencia;
a la primera mujer que inventó la palabra beso.
Invoco a la primera mujer de la tierra,
la primera madre del aire,
a la primera mujer que fue madre de la segunda,
terror de la caricia, carmín del tiempo sobre las mejillas,
mano protectora que sucumbe ante la lágrima del hijo.

Invoco a la primera mujer que besó
por primera vez la frente de la naturaleza;
que acunó entre su pecho la carne de su carne;
que acunó en su regazo los labios del tiempo;
a la mujer del trasiego, de la voluntad de vivir,
la de la risa en las alturas, de la última estocada.
Invoco a la primera mujer que acunó la vida.
 

                        DdA, XV/4108                    

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