lunes, 25 de febrero de 2019

LOS ÚLTIMOS LIBERTINOS, DE BENEDETTA CRAVERI*


Félix Población

Tiene indudables atractivos esta edición en español de Los últimos libertinos, con buena traducción del italiano de Mercedes Corral, publicada hace unos meses, y que aconsejo leer con puntualidad diaria para no extraviar el hilo del complejo derrotero narrativo en el que discurren las entretenidas y documentadas historias que nos cuenta con prosa muy amena y estimable Benedetta Craveri (Roma, 1942), nieta de Benedetto Croce, y experta conocedora tanto de la literatura como de la sociedad francesa del siglo XVIII. 

Siendo un libro de carácter histórico y biográfico, al refereirse a cada uno de los siete jóvenes aristócratas que aparecen en el índice -que intentaron compatibilizar los privilegios de su clase con ciertos afanes de cambio luego acelerados y preciptados por la Revolución de 1789-, su desarrollo se lee en ocasiones como si se tratara de una novela de enredo, pródiga en personajes y relaciones amorosas, que aconseja tener en cuenta con claridad la identidad de cada una de las figuras para no perderse con la múltiple sucesión de nombres. 

Estamos en la que sinduda es una de las épocas más convulsas de la historia social y política europea, con los estertores del Antiguo Régimen en acelerado proceso de  acabamiento y los primeros asomos democráticos en el viejo continente. Es de tener en cuenta que el duque Lauzun o el vizconde de Sègur -dos de los protagonistas-, fueron a combatir por la independencia de Estados Unidos con los ejércitos reales. Allí se encuentran con un país en el que todos los ciudadanos son iguales y pueden votar las leyes y elegir a sus representantes políticos. Allí la democracia no es una utopía de salón, sino algo real. 

Refinados y aventureros, representantes de una forma de vida que estaba a punto de desaparecer, los siete personajes de esta obra concebían el matrimonio como una convención de puro artificio, que hacían compatible con una muy activa y libérrima vida amorosa, al tiempo que desarrollaban sus quehaceres políticos a fin de lograr puestos de privilegio en el poder a través unas veces de estrategias ingeniosas y otras veces de intrigas sagaces y alianzas tornadizas de todo tipo, entre las que no se excluían las más crueles.

Era tal el arte de la seducción entonces, según Craveri, que formaba parte del ADN de esa civilización que giraba en torno al placer y al gustar. "La gente viajaba a París para aprender este complejo modelo de relaciones sociales. El poderoso Lord Chesterfield mandó a su hijo a a la capital de Francia para que adquiera lo que se llamaba la gracia", de la que estaban muy bien provistos los siete aristócratas ilustrados cuyas vidas asoman a esta páginas.

En buena medida, todos eran disidentes en distinto grado del declinante régimen absolutista. Tanto el duque de Lauzun como el vizconde y el conde de Sègur, el duque de Brissac, el conde de Narbonne, el caballero de Boufflers y el conde de Vaudreuil no pudieron evitar ser arrastrados por las circunstancias históricas en las que vivieron y también por la dependencia a su linaje. Todos pagaron un alto precio por ello y eligieron distintos caminos: algunos optaron por las armas, otros por el exilio, pero para todos llegó de forma implacable el final de un mundo hasta entonces compartido. 

La autora dice en el prefacio  que la elección de estos siete personajes, entre los muchos que pudo haber elegido con no menor densidad tipológica en esa agitada época, obedeció no sólo al carácter novelesco de sus amores y aventuras -sin duda atractivas para el gran público-, sino a la conciencia con la que todos ellos vivieron la crisis del Antiguo Régimen, del que ellos mismos eran el emblema, aunque aistabaran sin ninguna duda los perfiles del mundo nuevo que se estaba proyectando. "Parecía posible conciliar -escribe la autora- un arte vital elitista, basado en los privilegios, con la necesidad de cambio para cumplir con los nuevos ideales de justicia, tolerancia y ciudadanía promovidos por la Ilustración".

La experiencia de cada cual les convenció de que la vieja monarquía debía cambiar los métodos de gobierno y dotarse de nuevas instituciones para poder responder a la crisis política y social que sacudía al país. Aparte de las siete biografías, Benedetta Craveri dedica un penúltimo capítulo a la Revolución de 1789, en el que nos cuenta lo ocurrido con cada uno de los protagonistas de su libro, prolongado y complementado con el capítulo final Pasando página.

Editorial Siruela, 2018
460 páginas.

                        DdA, XV/4098                 

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