domingo, 24 de febrero de 2019

LA TERCERA REPÚBLICA DE ANTONIO MACHADO

 

Félix Población

Seis años después de proclamada la segunda República, en la que Antonio Machado participó durante su residencia en Segovia como profesor del instituto de aquella ciudad, el poeta escribió en abril de 1937 un artículo que se publicó en la revista El magisterio español. La situación bélica se encontraba estabilizada en los frentes, todavía no había caído el norte de España en poder de los militares felones, y don Antonio se sentía capaz de hacer una valiente y encendida defensa de los valores republicanos en un medio que llegaba a todos los centros de enseñanza del país, aquellos que gracias a la República se habían incrementado notablemente con el objetivo de asentar el régimen en los valores de la educación y la cultura, de los que España estaba tan necesitada. He echado de menos, con motivo del octogésimo aniversario de la muerte del autor de Campos de Castilla en su exilio en Colliure el 22 de febrero de 1939, que los medios de información no incidiesen de modo más elocuente en el profundo e inquebrantable republicanismo de uno de nuestros mayores poetas. Pienso que sólo una tercera República puede contribuir a regenerar un país como el nuestro, en galopante proceso de degeneración ética, política, social y cultural. Como mejor ejemplo de esto, me sirvo para glosarlo de esta frase incisiva de mi estimado Goti del Sol a propósito de los últimos deshaucios (cuatro familias) en el corazón del barrio madrileño de Lavapiés (Argumosa, 11), llevados a cabo mediante un contingente policial propio de una cobertura antiterrorista: Extraño país aquél en el que resulta tarea hercúlea desalojar a un muerto de su santo sepulcro [dictador por más señas y después de más de cuarenta años de su óbito], pero se vuelve labor sencilla el hacerlo con los vivos. Y respecto a la monarquía borbónica, impuesta por ese mismo dictador y actualmente representada por Felipe VI, recurro a mi no menos apreciado Felipe Alcaraz: "De qué democracia por debajo de las leyes nos habla el rey, de qué leyes, ¿de esas que permiten subir los alquileres un 300% y desahuciar a la gente que no pueda pagar? ¿De esas que autorizan los lanzamientos a pesar de las resoluciones de la ONU? ¿De qué patria estamos hablando?". No de la de Antonio Machado, la de la tercera República.

PS.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha visitado las tumbas de Antonio Machado y Manuel Azaña en Francia. Ninguna bandera, que no sea la tricolor, tiene sentido encima de esos dos nombres.



“Desde aquel día, no sé si vivido o soñado, hasta el día de hoy, en que vivimos demasiado despiertos y nada soñadores, han transcurrido seis años repletos de realidades que pudieran estar en la memoria de todos. Sobre esos seis años escribirán los historiadores del porvenir muchos miles de páginas, algunas de las cuales acaso merecerán leerse. Entre tanto, yo los resumiría con unas pocas palabras:

Unos cuantos hombres honrados, que llegaban al poder, sin haberlo deseado, acaso, o sin haberlo esperado siquiera, pero obedientes a la voluntad progresiva de la nación, tuvieron la insólita y genial ocurrencia de legislar atenidos a normas estrictamente morales de gobernar en el sentido esencial de la historia, que es el del porvenir. Para estos hombres eran sagradas las más justas y legítimas aspiraciones del pueblo; contra ellas no se podía gobernar, porque el satisfacerlas era precisamente la más honda razón de ser de todo gobierno. Y estos hombres, nada revolucionarios, llenos de respeto, mesura y tolerancia, ni atropellaron ningún derecho ni desertaron de ninguno de sus deberes.

Tal fue a grandes rasgos la segunda gloriosa República Española, que terminó a mi juicio, con la disolución de las Cortes Constituyentes. Destaquemos este claro nombre representativo: Manuel Azaña.

Vinieron después los días de laboriosa y pertinaz traición, dentro de casa. Aquellos hombres nobilísimos, republicanos y socialistas, habían interrumpido ingenuamente toda una tradición de picarismo, y la inercia social tendía a restaurarla. Fueron más de dos años tan pobres de heroísmo en la vida burguesa como ricos en anécdotas sombrías. Un político nefasto, un verdadero monstruo de vileza, mixto de Judas Iscariote y caballo de Troya tomó a su cargo el vender –literalmente y a poco precio- a la República, al dar acogida en su vientre insondable a los peores enemigos del pueblo. A esto llamaban los hombres de aquellos días: ensanchar la base de la República. Destaquemos un nombre entre los viles, que los represente a todos: Alejandro Lerroux.

Pero la traición fracasó dentro de casa, porque el pueblo, despierto y vigilante, la había advertido. Y surgió la República actual, la más gloriosa de las tres –digámoslo valientemente, porque dentro de veinte años lo dirán a coro los niños de las escuelas-: surgió la tercera República Española con el triunfo en las urnas del Frente Popular. Volvían los mismos hombres de 1931, obedientes al pueblo, cuya voluntad legítimamente representaban; y otra vez traían un mandato del pueblo, que no era precisamente la Revolución Social, pero sí el deber ineludible de no retroceder ante ningún esfuerzo, ante ningún sacrificio, si la reacción vencida intentaba nuevas y desesperadas traiciones.

Y surgió la rebelión de los militares, la traición madura y definitiva que se había gestado durante años enteros. Fue uno de los hechos más cobardes que registra la historia. Los militares rebeldes volvieron contra el pueblo (todas) las armas que el pueblo había puesto en sus manos para defender a la nación, y como no tenían brazos voluntarios para empuñarlas, las compraron al hambre africana, pagaron con oro, que tampoco era suyo, todo un ejército de mercenarios: y como esto no era todavía bastante para triunfar ante (de) un pueblo casi inerme, pero heroico y abnegado, abrieron nuestros puertos y nuestras fronteras a los anhelos imperialistas de dos grandes potencias europeas, ¿A que seguir?...Vendieron a España. Pero la fortaleza de la tercera República sigue en pie. Hoy la defiende el pueblo contra los traidores de dentro y los invasores de fuera, porque la República, que empezó siendo una noble experiencia española, es hoy España misma. Y es el nombre de España, sin adjetivos, el que debemos destacar en este 14 de Abril de 1937.”

PD. Por lo que parece, aquí es compatible perfectamente amar mucho a la patria con perseguir u olvidar a sus mejores artistas y pensadores. Artículo de Julio Llamazarez en El País.

                DdA, XV/4097             

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