domingo, 27 de enero de 2019

LOS OCHO DE SALVAMENTO MINERO Y LOS MEDIOS CARROÑEROS


Félix Población

Era previsible, disponiendo de medios de información tan carroñeros -según consta y hiede en las hemerotecas-, que un accidente como el del niño que falleció al caer a un pozo, con todo su trabajoso y prolongado periodo de rescate a lo largo de dos semanas, fuera un pastel en dulce para ese periodismo  vomitivo, hecho a la medida de Juan José Cortés, heraldo del Partido Popular en sacar sucio provecho de la tragedia. (Contacte con Cortés y el PP si ha sufrido un occidente: se le requiere para ganar votos, se ha escrito por ahí con sobrados motivos). 

Tampoco se le ha escapado a Ciudadanos tan desgraciado episodio, pues no en vano compite por la derecha con el partido de Cortés, solicitando un premio para la brigada de rescate minero que ha intervenido con éxito para recuperar el cuerpo del niño muerto. Siempre podrán decir los de Rivera que fueron los primeros en reconocer el esfuerzo y profesionalidad de un equipo mediáticamente tan aplaudido y ensalzado. ¡Qué agudeza la de los naranjitos!

En medio de tanto basural, sorprende hasta el día de la fecha -y espero que más allá- la actitud de esos ocho mineros. Un reportero pretendió con estúpido desparpajo buscar la opinión de los "héroes" y se encontró con el rechazo expreso de unos operarios a cualquier tipo de declaración porque "hablar no es los suyo". Es más, no se consideran héroes. Son «simples trabajadores». 

Es lo primero que esos ocho mineros asturianos integrantes de la Brigada de Salvamento de Hunosa han querido transmitir después de tantas horas de lucha contra la dura entraña del monte de Totalán. Lo hicieron a través del delegado del Gobierno en Andalucía, antes de retirarse a descansar en las habitaciones de su hotel en Málaga. «Los mineros han querido que les transmita que ellos no se consideran héroes, sino simples trabajadores que han hecho su trabajo», ha dicho Rodríguez Gómez de Celis, que ha elogiado la «sencillez» de los rescatadores asturianos en declaraciones que recoge EFE.

No está de más recordar, por aluidir a otro tipo de periodismo vomitivo que hubo un capo de una emisora exaltada y voceadora de infamias que llamó a los mineros de todo, desde etarras a golfos, corruptos o terroristas privilegiadios. Ese periodismo político compite en arcadas por estudios de radio y platós de televisión con el que se sirve de la tragedia para hurgar en el morbo y buscar héroes en unos profesionales que cumplen con su trabajo y rehusan exhibirse como pavos reales en esa encanallada y ruin escenografía.

PS. Por cierto, acabo de leer que la participación de la Brigada Central de Salvamento Minero de Asturias en el rescate del pequeño Julen en Totalán, Málaga, ha puesto de relieve la importancia de contar en nuestro país con un grupo de élite capaz de desenvolverse ante situaciones de emergencia en los espacios más confinados con aparatos de respiración autónoma. Tal es así, que mucha gente ha considerado estos días a través de las redes sociales la necesidad de que un equipo así forme parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, personas conocedoras de la situación por la que pasa la minería. Sin embargo, con el cierre de las minas, la Brigada de Salvamento está «en riesgo» de desaparecer en tanto en cuanto la exigencia de disponer de una cuadrilla de rescate preparada viene de una antigua Ley de Minas, pero «si no existe la minería, no es necesaria la brigada», manifiesta el que fuera jefe de dicho grupo, Ángel Sierra. 

La muerte como espectáculo

Hace siglos los romanceros recorrían los pueblos de este país con noticias-sucesos que ocurrían en tierras lejanas. Algo así como un telediario de la época. La mescolanza del morbo y la curiosidad ha sido siempre una buena fórmula para atrapar la atención de los espectadores (sean estos del siglo que sean).
La noticia de la caída en un pozo de un niño de dos años con el resultado triste y lamentable de su fallecimiento, ha copado Falsimedia con una virulencia y abundancia de espacio que a seguro provocará análisis en cualquier reunión donde se elaboren tesis sociológicas-psicológicas-comunicativas.
¿Por qué esa profusión? ¿Cómo es posible que tantos millones de personas dediquen horas y horas a querer saber del suceso, a hablar y especular sobre lo ocurrido? ¿Quién sabe que los teléfonos contratando publicidad para los intermedios del caso echaban humo, y que las empresas “periodísticas” han hecho de la tragedia de Julen y su familia una fuente de ingresos?
La tragedia (ajena) como negocio. El diseño de lo que es noticia y lo que no.
Las cortinas del teatro que oculta la realidad hay que cuidarlas.
Mientras, el fascismo capitaneado por Trump intentaba un nuevo golpe en américa latina y los poderosos se reunían en el Foro Económico Mundial de Davos para darle otra vuelta de tuerca a los trabajadores. Cosas sin mucha importancia.


                       DdA, XV/4.073                  

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