miércoles, 2 de enero de 2019

LA PLAYA DE ABOÑO


Lazarillo

Todos aquellos gijoneses mayorcitos lo recordarán y Fernando de Silva estrena hoy el año de su album fotográfico con una imagen que lo dice todo, a la que pone el siguiente texto:
Hace ya muchos años, más de medio siglo, existía una preciosa playa, llamada Aboño, a la que se accedía a través de un túnel, desde el Puerto de El Musel. Hubo un verano, siendo aún muy pequeño, en el que fuí con mi madre y mis hermanos prácticamente a diario. Desde el Parchís tomábamos el tranvía, que nos llevaba hasta el Musel. En marea baja cogíamos mejillones y llámpares, que nos preparaban en un chiringuito de playa, y comíamos los frutos del mar acompañados de una tortilla de patata que llevábamos de casa. De tarde, después de finalizar su jornada de trabajo, nos iba a buscar nuestro padre en su flamante Peugeot 203. Y así transcurrió en parte mi niñez. Después llegó el "desarrollo" industrial, y la playa de Aboño se transformó en la Térmica del mismo nombre, aunque solo fuese para dejar algo vivo en el recuerdo, cinco letras.Desde hace años el 1 de enero madrugo para ver el primer amanecer del nuevo ciclo vital, y de paso hacer la primera foto. Hoy decidí subir a la Campa Torres y desde allí fotografiar la Playa de Aboño. Sin palabras.
Otro de los mayorcitos, mi estimado amigo Goti del Sol, apunta similar recordación, cuando el viaje entre los Jardines de la Reina (por Isabel II, cuando visitó la ciudad) y el puerto El Musel (puerto exterior), en aquellos tiempos en que las perspectivas viajeras eran limitadas, resultaba para nosotros algo muy excitante, culminado con la húmeda y oscura travesía a pie del túnel que nos llevaba hasta la misma playa de Aboño, que en mi memoria de adolescente guarda algún inolvidable paseo sentimental.


Por más que la de ahora sea la primera de las imágenes, captada desde la Campa Torres, ninguno de los mentados olvidará la que guarda en su recuerdo, cuando todo lo que limitaba con el mar invitaba a vivir sueños y libertades. ¿Mereció la pena haber transformado aquel primoroso paisaje medioambiental que respiramos hace medio siglo en lo que hoy se avista y nos muestra Fernando en su fotografía? Nuestra memoria nos dice rotundamente que no y el aire de Gijón hoy en día contribuye al menos a que lo cuestionemos.


                   DdA, XV/4.051