Lazarillo
El mismo día, o casi, en que Íñigo el gambito y no Inda el pantuflo le clava a Podemos el
más hiriente y envenenado de los rejones, es noticia en un cierto programa televisivo de la
mañana presentado por una afamada periodista en declive que su colega y
colaborador ha sido víctima poco menos que de un atentado. “Me has golpeado con
la cámara, te voy a denunciar”, le dice con reiteración don Inda al presunto
agresor -que se disculpa por el involuntario tropezón-, después de que al primero se le viniera abajo la estatura como
consecuencia de su mala andanza. Como las cámaras estaban en ello y el caído debió
de sentirse muy abochornado por el batacazo público y notorio, es muy posible que no reparase en la
idiotez de su reacción al afirmar que había sido agredido y tener luego la bobería de mantenerlo
delante de Ana Rosa no se qué. No es raro que, siendo como fue y habida cuenta la humanal
coña que nos socorre en estos casos, al día de hoy hayan amanecido las redes
con esta imagen de canina recreación en la que el aludido sujeto no sigue ladrando por la herida, pero casi.
DdA, XV/4.064
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