martes, 22 de enero de 2019

A SU HIJA LA MATARON PORQUE ERA MUJER, SEÑOR QUER

María Toca

Espero que entienda señor Quer que esta misiva carece en absoluto de crítica o sarcasmo tan proclive mis otros  escritos a ello. Respeto y entiendo demasiado bien su dolor como para intentar hacer mella en su persona. Le entiendo señor Quer porque  también  perdí un hijo,  conozco el grito que ahoga la garganta, ese dolor profundo que nos sume en la desesperación más absoluta. No me equiparo con usted porque no es comparable. Recuerdo señor Quer, abrazando  el cuerpo de mi hijo fallecido pensaba que no se podía sufrir más, que mi dolor era el supremo Gólgota al que subiría, cuando de pronto pensé en ustedes. En los padres de Mari Luz, de Marta del Castillo (en usted, no, porque su Diana aún andaba por la vida) y sentí que yo podía despedirme de mi niño,  podría comenzar mi duelo con la paz de un círculo cerrado. Los rituales nos sirven para eso; comenzar a andar el camino de la desolación para poder alcanzar la paz, porque la felicidad, señor Quer, usted lo sabrá bien, nos está vedada.

Por eso le entiendo, pero me consta que su dolor supera con creces lo vivido por mí. A su niña se la quitaron de forma abrupta y tardó un tiempo cruel en encontrarla. Entiendo, por tanto, su crispación y la destemplanza de las palabras que nos dedicó el otro día a las feministas. Perdone el atrevimiento, pero le contesto en mi nombre, como feminista , porque usted también se refirió a mí cuando se preguntaba qué hicimos por su niña, Diana Quer. Le explicaré lo que hacemos y pensamos, señor Quer. En primer lugar a su niña no la mataron para robarle un reloj o el dinero. No la mataron para robarle el bolso. La mataron por ser mujer, porque un tipo se creyó con el derecho a disfrutar de su cuerpo y si para eso tuvo que golpearla, lo hizo. Él deseaba el cuerpo de Diana Quer, la mató porque ella no quería cumplir sus exigencias. Eso, señor Quer, le pasó porque su niña era mujer.  Ocurrió  porque a esa bestia inmunda le contaron desde pequeño que tenía derecho a disfrutar de las mujeres. De cualquier mujer. De su preciosa hija, por ejemplo. Lo que le contaron al Chicle se llama cultura patriarcal, señor Quer. Por eso mataron a su hija. Por eso mataron a Nagore, a Mari Luz...a tantas y tantas.

Hay hombres que están convencidos de que el cuerpo femenino es un bien social que está para ser disfrutado y  cuando se decimos no, o se grita o se patalea con rabia, en realidad nos estamos haciendo desear y luego gozamos, porque así lo ven en el porno,  lo aprenden en los burdeles,    les dicen los amigos y familiares que es así y que será siempre así. La mujer está para servir y complacer al hombre, este axioma se  transmite de generación en generación y si no sirve, la matan. Da igual que no le desee, que le produzca un asco atroz: “Relajate y disfruta” dice el chascarrillo…Y la bestia que mató a su hija, señor Quer era de esos. Como las bestias que han ido matando a las más de 900 mujeres que han caído desde que contabilizamos los crímenes de género. Casi mil mujeres, señor Quer, tal que su hija, que no verán más amaneceres, ni crecer a sus hijos, ni se les dibujará una sonrisa en la boca. Han muerto porque unos infames  creyeron que tenían derecho a su cuerpo, a su vida y a su muerte. Por ser mujeres y ellos hombres.

Y eso, señor Quer, es cultura patriarcal. Usted anda enfrascado en pedir la condena no revisable. Créame que respeto su idea y la entiendo;  la desesperanza y el dolor de perder a nuestros pequeños (para una madre o un padre un hijo siempre es su pequeño, aunque midan 1,86 como el mío) nos obnubila y tenemos que forzar la mente hacia objetivos de lucha y de empeño para no volvernos locas y tirarnos por un balcón.
Imagino  perfectamente que la muerte, ese deseo infame de volar con su chica, le acecha a cada rato. Lo sé y por eso entiendo su lucha. Tan solo quisiera decirle, con el mayor de los respetos, señor Quer, que, a mi criterio, está usted errando el tiro. No dispara contra el verdadero culpable, porque da igual que las bestias mueran de viejos en las cárceles. Hay más. Cada día esos bípedos malsanos salen de su casa con la idea de que el cuerpo de la mujer es socializable,  si tienen ganas cazan otra y si hace falta la matan y ya está. Si la dejan con vida será juzgada por la sociedad como algo dudoso, como si no fuera víctima porque  qué hacía a esas horas, cómo iba vestida, con quién salió…Recuerde, recuerde señor Quer  a esa Manada de bestias que anda suelta, porque a la chica de Pamplona no la mataron como a la suya debido a que su shock la llevó a estar calmada, no gritar, no pelear contra ellos. Por eso sigue viva, ellos libres y ella juzgada. Y eso señor Quer, es el patriarcado.

Las feministas luchamos con uñas y dientes para que las niñas como su Diana puedan andar por las calles, con pantaloncito corto o largo, puedan puedan beber o no, puedan bailar, reír, y decir que no cuando no quieren. Las feministas, señor Quer, llevamos siglos de lucha para conseguir que el cuerpo de la mujer sea solo suyo, para educar a la infancia, la juventud, en igualdad, en respeto y en libertad.

Además, señor Quer, las feministas y María Toca Cañedo, que le escribe,  publicamos varias cosas sobre su niña,http://www.lapajareramagazine.com/dudas-y-certezas-en-el-crimen-de-diana-quer  clamamos justicia además de sentirnos muy cercanas a usted y a su madre en esos días y en los años que siguen y seguirán. Porque las feministas sufrimos cada agresión, cada muerte, cada acto de violencia de las hermanas que caen. Los sufrimos porque lo hemos padecido, porque conocemos bien de cerca al patriarcado. Todas llevamos heridas y la piel mellada por ese cáncer.


Por ese motivo le escribo esta misiva, para decirle que le entiendo pero que sería tan hermoso ver su figura y sus brazos empujar la lucha feminista para que jamás un padre ni una madre lloraran a una niña tan hermosa como Diana Quer. Para que jamás una bestia patriarcal se creyera con derecho a arrebatarnos  más hijas, hermanas, amigas. Y para conseguir eso, estamos las feministas y seguiremos estando junto a usted, aunque recibamos vituperios como el suyo el otro día.

Con todos mis respetos.

                    DdA, XV/4.067                  

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