miércoles, 26 de diciembre de 2018

RAFAEL ESPEJO: NACEMOS ENVENENADOS DE NEOCAPITALISMO

“LA LENTITUD, O INCLUSO LA PEREZA, ME HACEN SENTIR UN REVOLUCIONARIO"

Aconsejable entrevista emocional de Luis Reguero  al poeta Ramón Espejo en El Asombrario. Vaya en titular lo que sigue a propósito de las telecomunicaciones: Un nuevo orden escapista que ha instaurado el ocio compulsivo en nuestras vidas y la urgencia en nuestras casas. En mayor o menor medida, todos somos víctimas de una adicción sistemáticamente programada (y obsolescente, por cierto), maniobras de escapismos sustentadas en el vacío personal.

    Y aunque no quise el regreso
                                                    siempre se vuelve al primer amor.
                                                                                          Alfredo Le Pera


Tú quédate, no impidas
esta mano templada.
Muéstrate verdadera y dime, suave,
la lentitud del mundo si vives en la ausencia:
que un tiempo nos buscamos torpemente,
que nos equivocamos.

Tú acércate con dudas,
devuélveme el asombro
de aquel breve, infinito primer beso,
el temblor en tus ojos
de niña sorprendida en el pecado.
Deshazte de la ropa.

Tú separa los muslos
e imagina el gemido de unos cauces
con las aguas crecidas,
siente el salitre denso, desbocado
del río al diluirse en el océano.
Tú piensa en tierras húmedas después de una tormenta.

Y acaríciame dulce,
recógeme en tu pecho
                                              la promesa
de que ya no te vas,
susurra que mañana
vamos a amanecer, mi vida, a medias;
pero antes de que el sueño nos aísle
dame otra vez tus labios recién hechos,
ondúlalos como una bienvenida,
enjúgame el sudor
                                      pacientemente, madre.


De "El vino de los amantes" Hiperión, 2001



El escritor Rafael Espejo. Foto: Cristina Sánchez.
El escritor Rafael Espejo. Foto: Cristina Sánchez.

Para Rafael Espejo (Palma del Río, Córdoba, 1975) nacemos envenenados de neocapitalismo. A sus 43 años vive prácticamente con lo puesto. Espejo ha publicado algo más de tres libros en 20 años. Ahora ha vuelto con una antología de sus versos: ‘Madriguera’ (Editorial Pre-textos). Para este poeta, Premio García Lorca en 1995 y Premio Emilio Prados en 2009, la poesía es refugio para “intimar con el mundo”. En medio de este mundo mercantilizado y deshumanizado, su máxima aspiración es convivir en paz consigo mismo y con los suyos. Nunca he conseguido ahorrar un poco para mañana. Ingreso poco y soy además un gran despilfarrador”, asegura este singular poeta, que ama la vida lenta, esa que no tiene precio, que no está en venta y que, a su juicio, inquieta al sistema. “La imagen de alguien recostado en el sofá con la tele apagada, sin producir ni consumir, suele poner nerviosa a la gente. 
Como dice en uno de sus poemas, Rafael Espejo es de los que tranquilamente se saca una silla al balcón y se sienta a vivir, a mirar cómo le roban el pan las hormigas o a pensar, recordar o imaginar, maneras todas ellas eficaces para dilatar el tiempo. “Soy, dicho grandilocuentemente, un exiliado temporal”, sentencia.
-Lo más importante es estar vivo. Pero eso ya nos parece, incluso, insuficiente. Hemos hecho del mundo un lugar complejo, violento, alejado de la sencillez, donde nos hemos despreocupado por lo cercano, por el otro, por el aroma de los pequeños instantes. Hoy conducimos por el carril contrario. En tus versos leemos: “¿Sabes qué significan las líneas de tus manos? / Que estás viva”. ¿Se nos ha olvidado que seguimos vivos?
-Me temo que a menudo se olvida, sí. Pero es inevitable. Probablemente porque ya nacemos envenenados de neocapitalismo, ese inhibidor del individuo. Se viva a cuerpo de rey o contando céntimos a final de mes, empleamos nuestras energías en tener más, legitimando así el sistema, manteniendo vigente la fábula del asno y la zanahoria. Y eso sin contar con el último señuelo: las telecomunicaciones. Un nuevo orden escapista que ha instaurado el ocio compulsivo en nuestras vidas y la urgencia en nuestras casas. En mayor o menor medida, todos somos víctimas de una adicción sistemáticamente programada (y obsolescente, por cierto), maniobras de escapismos sustentadas en el vacío personal.
Televisión a la carta, juegos en línea, móviles de última generación… O las redes sociales, que nos permiten jugar a la ubicuidad cuando, paradójicamente, ni siquiera estamos donde estamos. En fin, que entre hipotecas varias y entretenimientos se nos olvida que estamos vivos. Se nos olvida que todo cuanto creemos poseer nos ha sido dado en préstamo. Que cuando esto acabe, habrá que devolver el traje y los recuerdos. Que ese día llegará, y que el día después seremos lo mismo que éramos el día anterior a que hubiésemos aparecido. Recapacitar sobre todo esto…, qué fastidio, ¿no? Yo por mi parte siempre llevo en mente, como quien sale a pasear con auriculares, un mantra de Carmen Martín Gaite: Lo raro es vivir.

                      DdA, XV/4.047