domingo, 16 de diciembre de 2018

DE LAS VIDAS ENTERRADAS A LA VIDA SIN NACIONALIDAD ESPAÑOLA DE VICENTE GARCÍA RIESTRA


Félix Población

Este domingo se nos ha ofrecido en el programa de fin de semana de la SER A vivir que son dos días un nuevo capítulo del que esa emisora califica como serial radiofónico que rescata, a través del reportaje documental, la vida y la muerte de personas asesinadas durante la Guerra Civil y el Franquismo. Hoy se nos ha hablado del cementerio de Paterna (Valencia), donde un total de 2.238 personas fueron ejecutadas. El protagonista del episodio, que no he llegado a escuchar en su integridad, fue alguien (el enterrador republicano de Paterna, encargado por el alcalde de dar sepultura a los suyos) que ofreció consuelo y humanidad a las víctimas en medio de aquella barbarie. 

A vivir que son dos días publicita esta serie con estas frases: De los protagonistas de nuestras historias apenas se conservan algunas fotografías, pero los recuerdos siguen vivos en sus hijos, en sus nietos, en sus bisnietos. Después de décadas, son ellos quienes rompen el silencio para narrar esas biografías. Cabe preguntarse, por lo tanto, y una vez más, por qué medios como la todopoderosa SER han tenido que esperar cuarenta años para emitir algo que hoy sigue siendo tan necesario de escuchar para sus cientos de miles radioyentes, por qué se ha tenido que esperar al testimonio de los nietos para contar lo que hubieran podido hacer decenios atrás los hijos. 

Ayer hablaba Iñaki Gabilondo en La sexta noche de la ignominia que hoy comporta para la democracia española mantener enterrado al dictador en una basílica consagrada, como si no lo fuera cuando este afamado profesional era una de las figuras de referencia de la radio española. Si el dictador sigue en su santo sepulcro, con ínfulas no descartadas por la iglesia católica española de ser reinhumado en la catedral de la capital del Estado, alguna responsabilidad les cabe a todos los que no lo han exigido como ciudadanos y profesionales demócratas a todos los gobiernos llamados a acabar con esa ignominia, entre los que se encuentran figuras de referencia de los medios de comunicación que comprendieron esa falta de determinación gubernamental.

Deberíamos sentirnos muy avergonzados por el retraso que llevamos en reparar tantas vidas enterradas y también por no hacerlo con las que siguen en pie. Sin ir más lejos, la del recluso asturiano de un campo de concentración nazi -el último de los sobrevivientes-, tardíamente homenajeado este fin de semana en su tierra y a quien ningún gobierno de la democracia española ha devuelto todavía la nacionalidad española que le fue arrebatada por Franco. Se llama Vicente García Riestra, tiene 94 años, fue el número 42.553 del campo de concentración de Buchenwald y es ciudadano francés porque en aquel país tuvieron la dignidad de reconocer su lucha y su memoria.
 
                      DdA, XV/4.037