miércoles, 26 de diciembre de 2018

A PROPÓSITO DEL DISCURSO DEL REY, DE SU ABUELO Y LA MEMORIA HISTÓRICA



Félix Población


El general Fidel Dávila y Arrondo Gil y Arija, (1878-1962) primer marqués de Dávila, participó en el golpe de Estado contra la segunda República que dio lugar a la Guerra de España. Fue comandante en jefe del Ejército del Norte y participó como tal en la ocupación de Bilbao, la ofensiva de Aragón, la Batalla del Ebro y la ofensiva contra Cataluña. Miembro de la Junta de Fensa Nacional, fue presidente de la Junta Técnica del Estado (origen de la administración pública en la zona sublevada) y ministro del Ejército en las primeros gobiernos de la dictadura franquista. 

Recurro a su nombre y al blog que lo lleva para ocuparme de don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII el Africano (por las cruentas guerras que hubo de soportar España en el norte de África), después de tener en cuenta el discurso de su nieto con motivo de la Navidad del año en curso. Una vez más, el rey Felipe VI ha relacionado el rencor con la recuperación de la Memoria Histórica -sin citarla-, según ha expresado en un comunicado la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). 

En ese comunicado, la ARMH defiende que "las víctimas de la represión franquista quieren justicia como las del terrorismo o cualquier otro delito y sostiene que a un jefe del Estado no electo tienen que dolerle todos los crímenes y tiene el debner de defender y respetar el derecho de las familias de 114.226 desaparecidos del franquismo". En el texto se refiere en concreto la asociación citada a estas frases de Felipe VI: "Una convivencia que se basa en la consideración y el respeto a las personas, a las ideas sy a los derechos de los demás; que requiere que cuidemos y reforcemos los profundos vínculos que nos unesn y que siempre nos deben unir a todos los españoles; que es incompatible con el rencor y el resentimiento, porque estas actitudes formasn parte de nuestra peor historia y no debemos permitir que renazcan".

En este sentido, el rey se viene a repetir sobre el discurso navideño de hace dos años, en el que afirmó: "Son tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas". La ARMH formuló en esa ocasión una queja ante el la Oficina del Defensor del Pueblo, que no sirvió de nada porque el rey no formaba parte del Estado, ya que, aunque "es jefe del Estado, su presupuesto es del Estado, trabajan a su servicio decenas de personas pagadas por el Estado, él no tiene que ver con el Estado". 

También se recuerda en el comunicado de la ARMH que las alusiones de Felipe VI al modélico consenso de la Transición no tienen en cuenta que ese consenso -según saben quienes lo vivieron- "dejó sin posibilidad de presentarse a las elecciones democráticas de 1977 a las formaciones democráticas que reclamaban el retorno de una república y que no aceptaban una amnistía para las enormes y terribles violaciones de los derechos humanos de la dictadura". Se trataba, a juicio de la citada asociación, de un consenso previamente acordado y no de un consenso nacido de un verdadero proceso de negociación entre posturas diferentes. Entre las referencias del monarca a ese tiempo siguen faltando la que se deben a la lucha y el esfuerzo de quienes se jugaron la vida e incluso la perdieron para que la democracia fuera posible.

Por todo lo anterior, me parece oportuno recordar la predisposición castrense que tuvo el abuelo de Felipe VI para incorporarse al golpe de Estado de 1936, tal y como podemos leer en el blog del general Dávila, con una fotografía muy ilustrativa. El golpe trajo consigo el periodo más aciago de la historia de España (una cuarta guerra civil), al que siguió una dictadura de casi cuatro décadas, marcada por el rencor y la represión contra los vencidos y todos aquellos que pretendieron adelantar la democracia y la libertad en nuestro país:



El 1 de Agosto de 1936  D. Juan de Borbón cruzaba la frontera por Dancharinea para incorporarse como voluntario en las filas nacionales. Le acompañaba su hermano Jaime.
Don Juan dejaba en Cannes a su joven esposa Dª. María de las Mercedes que acababa de dar a luz a su primera hija, la Infanta Pilar.
Contaba con la aprobación y el apoyo de su padre el Rey Alfonso XIII, con el que previamente había hablado por teléfono, y el ejemplo de otros miembros de su familia incorporados a las filas de Mola.
Pero sus deseos se vieron rápidamente frustrados. Al margen de las anécdotas sobre su viaje y vestimenta (en algún momento con mono azul y boina roja) el hecho concreto es que D. Juan se entrevistó en Burgos con miembros de la Junta de Defensa Nacional, (y no precisamente con el General Mola), que le disuadieron de sus propósitos por el interés de España y su futuro.


Los hechos ocurrieron exactamente así. Una mañana del mes de agosto llamaron al domicilio del General Dávila en Burgos (calle Almirante Bonifaz). Las hijas del general, Carmen y María Luisa, abrieron la puerta y asombradas gritaron ‹‹¡Es el Rey!››. Don Juan quería ver al general Dávila que en aquellos momentos no se encontraba en casa sino atendiendo a sus tareas en la Junta de Defensa Nacional de la que como ya vimos en artículos anteriores dirigía la Junta Permanente. Después de su inicial asombro las hijas del general enviaron a Don Juan a Capitanía General donde trabajaba el general Dávila. El encuentro fue exclusivamente con Dávila no estando presentes ni Cabanellas ni Mola. El agradecimiento y la amabilidad fue la nota dominante de aquella entrevista. Lo definitivo de la reunión fue la frase del general Dávila dirigida a Don Juan: ‹‹Su lugar no está en el frente sino en el futuro de España››. Nadie más intervino en aquél primer intento de alistamiento de Don Juan. Se comunicó a todos los miembros de la Junta de Defensa la decisión adoptada y nadie puso la más mínima objeción ni añadió comentario alguno. Don Juan tuvo que desistir pero antes de partir tuvo tiempo para reunirse con jóvenes familiares suyos. Con alguno de ellos sería la última vez ya que a los pocos meses morirían en combate.
Carlos de Borbón y Orleáns, alférez del Grupo Mixto de Ingenieros de Pamplona, muerto heroicamente al frente de sus hombres en Elgoibar el 27 de Septiembre de 1936. Era el hermano mayor de Dª. María, esposa de D.Juan.
Alfonso María de Borbón y Pinto, Teniente de Caballería y Comandante del Tercio de Requetés Castellano, Medalla Militar, muerto heroicamente el 21 de Diciembre de 1938 en Lérida.
José Eugenio de Baviera y Borbón, alférez de Ingenieros. Alcanzó el empleo de Comandante en el Regimiento de Transmisiones del Ejército del Aire (1940).
Don Juan insistió  en sus deseos de alistamiento en las tropas nacionales cuando Franco ya era Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos. El 7 de Diciembre de 1936 escribe a Franco solicitando su incorporación al crucero “Baleares”. Franco le contesta con una negativa en la que le dice: “…‹‹el lugar que ocupáis en el orden dinástico y las obligaciones que de él se derivan imponen a todos y exigen de vuestra parte sacrificar anhelos tan patrióticos como nobles y sentidos al supremo interés de la Patria››.
La respuesta de Franco es idéntica a la que en nombre de la Junta de Defensa le había transmitido el general Dávila.
Milagrosamente Don Juan había salvado su vida ya que el Crucero ·”Baleares” fue torpedeado y hundido, muriendo la mayoría de su tripulación, la noche del 5 al 6 de Marzo de 1938.
Poco a poco se van descubriendo retazos de la historia que aún permanece oculta o contada a modo y manera de no se sabe muy bien qué tipo de intereses.

PS. Me comunica Almudena Cros que hoy Virgilio Fernández del Real, veterano de la guerra civil española al que uno solo de nuestros políticos en activo acogió durante su última visita a España, cumple 100 años. Saludémosle y agradezcámosle su servicio voluntario en el Ejército de la segunda República Española. ¡¡Felices 100, Virgilio!!

                      DdA, XV/4.047                   

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