jueves, 22 de noviembre de 2018

RUFIÁN, BORRELL Y LA ANATOMÍA DEL ESCUPITAJO


Félix Población

Creo que el diputado Gabriel Rufían es un diputado histriónico que ha hecho de su escaño una herramienta excesivamente escénica. Puede que guste a quienes le votaron. Y hasta es posible que a buena parte de los separatistas del procés. Incluso a cierta izquierda republicana fuera de Cataluña por aquello de la mucha caña que reparte.

Yo no comparto ese gusto. Mucho menos ayer. Usted es el ministro más indigno de la historia de la democracia, es un hooligan, un militante de sociedad civil catalana, es una vergüenza para su grupo parlamentario, le dijo Gabriel Rufián a Josep Borrell, al que le tenía ganas. También, después de dirigirle una pregunta que resultó retórica sobre la valoración de su gestión en el ministerio, reiteró lo de llamar fascistas a quienes calificaran a los de su partido de golpistas. 

Borrell entendió que esto último iba por él, aunque creyó escuchar la palabra racista y no fascista, por lo que contraatacó con lo de la producción de serrín y estiércol a cuenta del Rufián parlamentario. La historia acabó con la expulsión del diputado de Esquerra Republicana por parte de la presidenta del Congreso y un supuesto escupitajo de uno de los compañeros de Rufián al paso por delante de Borrell, pues todos los de su grupo abandonaron el hemiciclo. 

Haya habido o no escupitajo como colofón a la bronca, y sin que el ministro de Asuntos Exteriores revelara la anatomía del mismo, lo cierto es que asistimos a un episodio deplorable por parte de uno y otro. Si el Sr. Rufián fuera Catilina le hubiera replicado, como Cicerón, "Quosque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?" (¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?). Pero las Catilinarias tenían un nivel oratorio imposible de comparar con el del diputado Rufián

Esto lo escribió luego el ministro Borrell en un tuit, pero me parece que al señor ministro habría que responderle con lo que leo a mi estimado Goti del Sol: Gabriel Rufián no es Catilina, pero usted, señor Borrell, tampoco es Cicerón, no se venga tan arriba. ¿Cabe la posibilidad, con todo, de que uno y otro pidan disculpas? Sería de desear.

En cuanto a la señora presidente del Congreso eliminando del diario de sesiones las palabras golpista y fascista cuando se empleen como insulto, me parece bien, pero creo que van a ser borradas muchas veces porque entre necionalistas (no es una errata) anda el juego, y el respetable está que vomita.

                      DdA, XV/4.018