martes, 20 de noviembre de 2018

MARIA MIEZI, LA NIÑA GITANA DE AUSCHWITZ


No quiero dejar sin republicar aquello que me estremece y a lo que Alberto Gil, en este caso, pone el pie de texto correspondiente. Estamos hablando mucho de fascismo últimamente, como se hablaba en los periódicos de los años treinta, pero cuando queremos tener una idea cabal de lo que ese término significó entonces y dio lugar a la mayor tragedia bélica en la historia de la humanidad, imágenes como la de esa niña gitana con el llanto contenido son de un elocuencia brutal que nos debería hacer recapacitar en los derroteros que podrían volver a conducirnos hacia similar barbarie. Con la agravante, si se volviera a dar, de haber pasado por alto lo que ya ocurrió. Dice Gil:

"Es imposible salir indemne de la exposición sobre Auschwitz (en el madrileño Centro de Exposiciones del Canal, hasta el 3 de febrero de 2019). Hay tal acumulación de objetos, documentos, imágenes, testimonios… que no ofrece el menor respiro. Cuando vuelves a la calle lo haces con una necesidad imperiosa de tomar el aire y preguntándote al mismo tiempo cómo una sociedad “cultivada” fue capaz de algo así. Y si estamos realmente vacunados.
Entre las imágenes –imagino que porque tengo nietas en esa edad– me ha conmovido particularmente esta ficha de una niña gitana de cinco años, Maria Miezi Bihari, acompañada de los datos pormenorizados del color de sus ojos, estatura, perímetro craneal…Es un ficha muy minuciosa y muy técnica, supongo que como todas las que se hacían en la llamada Oficina de Investigación de Higiene Racial y Biología Criminal, creada por los nazis en 1940. Lo único que altera la pulcritud del documento es la expresión de miedo y desconcierto de la niña, y ese “puchero” que –intuyo que por indicación del fotógrafo– contiene a duras penas. Creo que esa expresión es un resumen del horror.

                    DdA, XV/4.017