domingo, 7 de octubre de 2018

VÍCTOR PEY Y EL WINNIPEG, POEMA SOLIDARIO

 

Isabelo Herreros

Ayer falleció en Chile un gran republicano español, Victor Pey, comprometido con las libertades y los derechos humanos. Llegó a su país de exilio a bordo del Winnipeg, que transportaba a 2200 españoles republicanos exiliados, y que llegó a Valparaiso el 3 de septiembre de 1939. Dicho viaje fue gestionado por el poeta chileno Pablo Neruda, por entonces cónsul en Francia. Fue muy amigo de Salvador Allende, con cuyo gobierno colaboró, además de darle apoyo incondicional desde su diario, Clarín.
Tuve el privilegio de conocer a Victor Pey, y colaborar con él en varios proyectos de Derechos Humanos y de lucha contra la impunidad de los dictadores. Recuerdo en particular unas jornadas internacionales celebradas en Santiago de Chile en 1996; tuvimos todo tipo de amenazas y seguimientos por parte de los "milicos", y un gran silencio por parte de la prensa. Por entonces, aunque había un gobierno electo con presencia de socialistas, lo cierto es que aún mandaba mucho el general Pinochet, y esto se hacía sentir en los medios de comunicación, muy vigilados y censurados, y en el control social que aún ejercían militares y policías. Recuerdo la valentía de este hombre singular, -que había soportado dos exilios- acompañándonos en todo momento, y hablando con dureza de Pinochet y su criminal dictadura. Fue fundamental su trabajo y compromiso para la detención en Londres de Pinochet, dos años después de aquellas memorables jornadas. Pionero en muchas cosas, también lo fue en la utilización de Internet al servicio de los Derechos Humanos. Periodista, ingeniero, empresario, muy culto y conversador. En Chile era una personalidad muy respetada, y había recibido distinciones académicas. Como suele ocurrir, en España es un desconocido. Que la tierra te sea leve amigo.



LA TRAVESÍA DEL WINNIPEG, UN POEMA SOLIDARIO
   Félix Población
   27 de marzo de 2012

Acaba de ser presentado en Chile el film La travesía solidaria, de Dominique Gautier y Jean Ortiz, un documental patrocinado por el Canal 3 de la televisión pública francesa que el pasado mes de noviembre se estrenó en Toulouse y fue presentado después en 30 ciudades del vecino país.
Gautier y Ortiz, que desde hace 20 años investigan, revelan y reivindican la memoria republicana de España, cuentan en su último trabajo lo que el propio título del film enuncia: la travesía solidaria de uno de aquellos barcos de la libertad, el Winnipeg, que desde Pauillac (Burdeos) trasladó a Chile el 4 de agosto 1939 amás de 2.000 españoles, hacinados y hambrientos hasta entonces en los campos de concentración franceses que sirvieron de inhóspito refugio a la diáspora de casi medio millón de personas que cruzó la frontera huyendo de la represión franquista.
El ingeniero catalán Víctor Pey fue uno de aquellos españoles y su testimonio es una de las aportaciones documentales más valiosas del film. Fue él quien se entrevistó con Pablo Neruda y conoció por el poeta el compromiso del gobierno del frente popular de Pedro Aguirre Cerda (el Presidente de los Pobres) de trasladar a Chile al mayor número de republicanos españoles que pudiese caber en el carguero Winnipeg, habilitando para tal fin las tres bodegas del buque como dormitorios, en donde fueron instaladas literas de madera con colchones de paja. Neruda había sido nombrado cónsul en París para la inmigración y puso todo su empeño en que la travesía se verificase con la mayor diligencia y sin que primase la militancia comunista entre el pasaje elegido. No se dio esa preferencia, según Pey, cuyo padre era de Izquierda Republicana, dado que la selección la hizo el gobierno republicano español y los viajeros pertenecían a 33 partidos y asociaciones políticas distintas.
Sí pertenecía a la Internacional Comunista el barco, alquilado a la compañía France Navigation, creada con objeto de trasladar armamento soviético a España para romper la bochornosa no-intervención que dejó sola a la Segunda República frente al nazi-fascismo, sin cuyo apoyo no hubiese triunfado la sublevación franquista. Sí eran militantes comunistas los miembros de la tripulación, a los que el gobierno francés -con la complicidad del capitán del carguero- acusó de haberse amotinado a favor de Stalin a raíz de la firma del pacto germano-soviético. Encarcelados a su regreso a Francia, fueron liberados a los pocos meses, participando a continuación en la lucha contra los nazis, con los que terminaría colaborando su capitán acusador.(El Winnipeg acabaría siendo hundido por un submarino alemán durante esa guerra).
El interesante documental de Dominique Gautier y Jean Ortiz recupera la voz y la memoria conmovidas de algunos de los pasajeros del Winnipeg. Hubo discusiones en la travesía -entre los viajeros de las distintas tendencias ideológicas- a la hora de buscar responsabilidades por la derrota republicana, pero nunca fueron violentas. También se dieron todo tipo de entretenimientos para hacer más llevadero el largo viaje: recitales de poesía, conciertos, talleres de pintura, etc. Hortensia Vidal recuerda especialmente los sentimientos de fraternidad que la embargaron al contemplar desde cubierta los cerros iluminados de Valparaíso, al escuchar las palabras del joven diputado Salvador Allende en el puerto y las canciones de la Guerra de España con las que fueron recibidos en los muelles por una gran muchedumbre de ciudadanos chilenos.
Pero no todo fueron congratulaciones cuando el viejo mercante llegó a Valparaíso el 2 de septiembre de 1939, un día antes de que se declarase la segunda guerra mundial. La derecha chilena no compartía ni mucho menos el entusiasmo hospitalario de esa acogida. Uno de los periódicos conservadores de mayor difusión, El Diario Ilustrado, obsequió a los exiliados españoles con grandes titulares xenófobos en los que eran tildados no solo de agitadores políticos y rojos peligrosos, sino de violadores y asesinos, capaces de contagiar todo tipo de enfermedades y envenenados idearios con los que disolver las tradiciones patrias.
Hoy en día son 20.000 los ciudadanos chilenos descendientes de aquel pasaje solidario que huyó de la barbarie hacia la libertad y una vida más digna gracias a la mediación de Pablo Neruda. Muchos de los que se embarcaron en el Winnipeg hubieron de sufrir, más de treinta años después, el golpe militar del general Augusto Pinochet que reproduciría en su memoria lo peor de la Guerra de España. No faltó entre ellos quien recurrió entonces al discurso de Miguel de Unamuno contra Franco en Salamanca (Venceréis pero no convenceréis) para diagnosticar la nueva tragedia. Tampoco quien enfermó y murió como consecuencia del impacto redivivo de aquel nuevo golpe de estado.
Algunos, como Víctor Pey, se vieron obligados al doble exilio o al exilio circular. Amigo de Neruda y Salvador Allende, el ingeniero catalán prestó apoyo al gobierno de Unidad Popular en su condición de editor del diario El Clarín, como cabía esperar de quien fue recibido con un abrazo por el joven diputado chileno en los muelles de Valparaíso. ¡Cómo pensar en 1939 que volvería a exiliarse durante 16 años de la nueva tierra de acogida por haber correspondido a ese abrazo y por la misma causa que le obligó a salir de España!
“Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece, pero este poema, que hoy recuerdo -escribió Pablo Neruda en referencia al Winnipeg-, no podrá borrarlo nadie”. Por eso Dominique Gautier y Jean Ortiz han prestado palabra, imagen y sensibilidad rememorativa al poema solidario que constituyó aquella singladura.

Nota: El documental La travesía solidaria (DVD) se puede adquirir en Creav Atlantique (Francia): creav@creav.net

                        DdA, XV/3974