lunes, 23 de julio de 2018

LA ESPAÑA DE LOS BALCONES Y LAS BANDERAS

Lazarillo

Supongo que Pablo Casado, el nuevo líder del partido más corrupto de la historia de España -protagonista de un currículum universitario en extremo raudo que ya se verá en qué para-, habrá  tenido que reflexionar muy a fondo para tejer aquellas frases propias del recetario político de prensa y propaganda, capaces de propiciar su elección. No se esperaba de Casado mayor lucidez a la hora de elaborar su arribada como máximo dirigente del Partido Popular, pero sus asesores de comunicación sí han creído que había que centrarse en lo que el indepentismo catalán ha propiciado con la otra derecha (Ciudadanos), vencedora de las últimas elecciones autonómicas celebradas en aquel país. Si el hermano gemelo de don Pablo, Rivera, ha logrado situar a Inés Arrimadas como la más votada sólo con dar la réplica al nacionalismo soberanista catalán, parecía de toda lógica primaria echar mano de las banderas rojigualdas en los balcones para poner en vuelo la gaviota (o lo que sea) azul. Y ahí lo tienen, como recoge hoy Gallego Crudo, Casado viene a representar la España de las banderas y los balcones, no la de los científicos y los creadores, los maestros y los médicos, los intelectuales y los humanistas, la invención y la investigación. 
Creo recordar, según una información publicada por El Plural el mes pasado, que el responsable de comunicación de Casado, Pablo Balbín Seco, está acusado de fraude, malversación y tráfico de influencias bajo el marco del caso Púnica. En concreto, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil acusa a Balbín, cuando era el director de Comunicación del Ministerio de Educación, de ser el responsable de contratar los servicios de reputación online que prestaba la empresa de Alejandro de Pedro, EICO, para “posicionar de manera favorable a la consejera Lucía Figar en la red y contrarrestar las noticias negativas que en torno a ella aparecían en la red”.

DdA, XIV/3908