domingo, 10 de junio de 2018

HISTORIA DEL VIAJERO QUE VIAJÓ EN UN ATAÚD EN LA BACA DE UN BUS

 Como Hernán Piniella es un memorioso pertinaz de la intrahistoria gijonesa y como este Lazarillo comparte con él en buena medida una parte de los recuerdos que evoca e investiga detalladamente, no me resisto a republicar esta verídica historia que difunde hoy en Fotos del Gijón Antiguo y que tiene por protagonista a un viajero de los que se subían a la baca de los buses de la posguerra, algo que en Asturias siempre comportaba un riesgo de mojadura, como es el caso, si bien el vehículo de la fotografía dispone de baca cubierta, acaso por pertenecer a la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, que en 1941 fue nacionalizada con el nombre de Red Nacional de los Ferrocarriles de España (RENFE). Viajaba en esta ocasión a la intemperie el viajero afectado por la lluvia y se le ocurrió disponer de una mercancía funeraria para evitarla, con unas consecuencias en verdad dignas de glosa. Les dejo con lo que cuenta Hernán:

No hace mucho tiempo muchas personas se desplazaban por los caminos de Asturias sobre el techo de los autobuses.
Si no se cometían imprudencias, el peligro era casi inexistente. Lo intrincado de los caminos, aunado a la escasa velocidad de aquellos medios de transporte , hacían suspirar a los niños por el día que los dejaran trepar por aquellas sencillas escalerillas y viajar sintiendo el aire de Asturias estrellándose contra la cara.
De aquellos tiempos nos llegó la historia de un suceso que bien pudo haber sucedido repetidamente en alguna de las aldeas que proveían a las ciudades y poblaciones de los tan sabrosos como sanos productos del campo astur.
Sucedía con harta frecuencia, ya que al igual que se nace se muere y por las aldeas no era lugar de paso de carruajes funerarios ni nada parecido.
Habiendo muerto una persona en una hermosa casería en lo más profundo de Fano, un familiar allegose a Gijón a comprar el necesario ataúd, y como medio de transporte eligió Autos Nazario, que era el concesionario de la ruta de Gijón a Pola de Siero y viceversa.
Como aún no era la hora de que retornaran las muchas vendedoras que en ese autobús bajaban al Mercado del Sur, la baca del mismo estaba desocupada y con no poco esfuerzo y aparatosidad allí en la calle Asturias fue colocado el féretro sobre el techo del autobús y el deudo se quedó allí arriba por cuidar de que no hubiera incidentes. 

Arrancó el Nazario casi al mediodía y en la parada de la esquina del Guanikey [conocido bar en la calle Los Moros] se subió más gente, quedando así repleta la parte inferior.
Cuando ya alcanzaban la Cruz de Ceares comenzó a diluviar y el deudo que viajaba en la baca no tuvo mejor ocurrencia que meterse dentro del ataúd. Sería por la noche en vela, sería por lo acolchado de aquel cajón, total que el vecino se quedó profundamente aletargado y no se percató que en la parada del Chingarra se subió gente a la baca con cierto repelús, si bien era algo habitual que allí arriba se colocaran todo tipo de útiles, enseres y objetos en general, ataúdes incluidos.
Siguió su lenta ruta el autobús y en Vega se subieron también a la baca unas señoras y para cuando estaban a la altura del Mecheru de Caldones, al ser dos curvas seguidas a contramano y muy pronunciadas, se rodó ligeramente el féretro. Despertando con ello al inquilino que ni corto ni perezoso, levantó imperiosamente la tapa del ataúd, desconocedor de que tenía compañía y preguntándose en alta voz;
-¿Ya habrá escampao?
No, aún orbayaba tenuemente, lo que no fue impedimento para que cuatro mujeres y dos paisanos que iban en la baca mojándose a la asturiana, saltaran del autobús en marcha, con la impresión recibida de la aparición del “muertu.” Allá frenó como pudo el chófer al ver por el retrovisor que taba lloviendo xente...

DdA, XIV/3873