jueves, 7 de junio de 2018

CUANDO HIMMLER QUISO AHORCAR A FRANCO Y A SUS OBISPOS Y CARDENALES*

Hitler saluda a Himmler

Félix Población**



Felix Kersten no sólo fue el fisioterapeuta del jefe de la SS y Reichsführer Heinrich Himmler (1900-1945), sino una persona que además de cuidar de la salud de uno de los máximos dirigentes de la Alemania nazi tuvo la oportunidad de dialogar muy a fondo con su paciente sobre cuestiones de muy diverso tipo, tal como se consigna en las páginas de este libro, editado por Christer Bergström y Arno Kersten, hijo del médico nacido en Tartu, la actual Estonia. 

Debía ser Kersten un profesional muy reputado porque, además de Himmler, el príncipe consorte Enrique de los Países Bajos y el conde Ciano, yerno de Mussolini, estaban entre sus clientes. Fue en 1939 cuando Félix Kersten empezó a aliviar los frecuentes dolores crónicos de estómago que afectaban al Reichsführer. La confidencialidad que comportaba el tratamiento le permitió a Kersten la posibilidad de salvar de la muerte a miles de personas e incluso de impedir la voladura de los campos de concentración que ordenó Hitler antes del término de la guerra. Siendo la primera vez que las memorias del fisioterapeuta se publican íntegramente en castellano, es indudable el valor e interés que tienen estas casi quinientas páginas, acompañadas de imágenes y documentos, algo que se comprueba a medida que se avanza en la lectura de la obra, donde se desvelan no pocos de los impactantes secretos del Tercer Reich. 

Gracias a estas memorias nos enteramos, por ejemplo, de que también Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler, fue paciente de Karsten, o del odio del protagonista a los homosexuales, a los que quería erradicar por todos los medios posibles, por ser en su opinión un quiste peligroso en la población sana. También hay en el diario un apartado para las ideas que Himmler tenía sobre el Gran Imperio Alemán, con la caída de Rusia bajo la jurisdicción de ese futuro imperio.


FRANCO, EL SIMIO ESPAÑOL

Aunque todo un capítulo lleva el epígrafe de Los judíos, la verdad es que en el cuarto se habla de muchos más asuntos. Himmler elogia el papel de la Inquisición en Holanda y al rey Felipe II por saber gobernar un imperio mundial. Es en este capítulo también donde Himmler califica a Franco de simio español por no querer abandonar su neutralidad, pues cuando Franco comenzó su guerra civil -dice literalmente-, juró fidelidad eterna al Führer y a Mussolini. A pesar de eso, el Reichsführer, que culpa a la iglesia española de que el dictador español sea neutral, tiene fe en la victoria y, cuando se consiga, ahorcaremos al desgraciado de Franco y sus obispos y cardenales.

El jefe de las SS culpa a los judíos de haber amasado grandes fortunas desde hace cientos de años, mediante métodos de trabajo absolutamente repulsivos, por lo que el propósito es dedicarse a recuperar lo que nos han robado. Para ello llega a decir Himmler que para los nazis hay tres formas de vida, humanos, animales y judíos, siendo preciso erradicar los últimos para que los primeros dos puedan vivir. En este mismo capítulo Karsten hace una breve y detallada descripción del carácter y personalidad de Himmler, del que dice que se creía una reencarnación del rey Enrique I de Alemania, a quien consideraba el personaje más importante de la historia. El Reichsführer calculaba totalmente en serio que en 120 años todo el pueblo alemán volvería ser de pura raza germánica.
 Kersten en el centro, con Himmler y oto militar nazi

Son especialmente reseñables las ideas que Heinrich Himmler tiene sobre la iglesia católica, a la que califica como una sociedad de accionistas que ha perdurado durante dos mil años, donde los socios mayoritarios reciben la mayor parte de los beneficios sin ofrecer nada a cambio. La genialidad de su rentabilidad -entiende- se fundamenta en la necesidad de mantener todo el capital reunido y en posesión de los socios mayoritarios. Es hablando de este tema cuando Himmler dedica los máximos elogios a Hitler, al que estima como una persona no solo necesaria para luchar contra la Iglesia, sino como un ser que, en tiempos de crisis, había bajado a la tierra para asumir una forma humana y enseñar cómo se superaba la crisis, al igual que el caballero del Grial, Parsifal. En ese mismo capítulo, el Reichsführer se despacha también a gusto contra los juristas y se tocan otros asuntos, con uno que me parece nuevamente indicativo de su devoción por el gran líder del nazismo: la tumba de Hitler.

Ese mausoleo estaría en la Königsplatz de Berlín, en un alto edificio de trescientos cincuenta metros, que se construiría al término de la guerra y cuya planificación se había iniciado en 1938 con un presupuesto de cincuenta mil millones de marcos. Para juzgar su espaciosidad basta decir que en interior tendrían cabida hasta trescientas mil personas. El sarcófago de Adolf Hitler, creador del Gran Imperio Alemán, estaría en el sótano, sería de oro, y su ubicación se ubicaría en una sala abovedada en cuyos muros estarían inscritos los nombres de todos sus colaboradores. Este edificio -en palabras de Himmler- será la sede de la auténtica religión que echará raíces en todos los corazones alemanes.


LA SÍFILIS DE HITLER Y LOS MATRIMONIOS DOBLES

Un punto muy interesante de estas memorias es el relativo a la posible enfermedad venérea del Führer, que ha sido motivo siempre de investigación y debate. La sífilis podría haber sido la causa de la ceguera temporal que afectó a Hitler cuando fue tratado en un hospital militar en 1918. El documento médico del tratamiento a que fue sometido desapareció en la década de los años veinte, pero Himmler pone en manos de Karsten otro informe que llega hasta los tiempos en que recibió ese tratamiento en Pasewalk y en donde se dice que el Führer, siendo soldado, contrajo la sífilis, y que la ceguera temporal se debió a no haber sido tratada adecuadamente la enfermedad.

En el informe que Karsten pudo leer y que en las memorias de este constituye el primer testimonio de alguien que pudo examinar el diagnóstico médico de Pasewalk después de que el documento desapareciera, se constataba que la sífilis había empeorado en 1937. Cinco años más tarde se presentaron síntomas cada vez más claros de parálisis progresiva (relacionada con la neurosífilis, tercer estadio de la sífilis), con rigidez general y rigidez en las pupilas, así como trastornos en el habla. Por el informe, firmado por los doctores Karl Brandt y Theodor Morell, quedaba claro que Adolf Hitler padecía impotencia en avanzado estado. La teoría de la ceguera provocada por la sífilis y muchos de los otros síntomas físicos y psicológicos del Führer responden a esa enfermedad, como los ataques de rabia descontrolados y paranoicos, el temblor de manos y piernas, etc.

En el capítulo sexto del libro se habla de la futura y nueva Europa, del Reich europeo, con Núremberg como capital, y también de la normativa lingüística del continente, con el alemán como lengua oficial, pero algo que interesará sobre todo al lector será el punto en que Himmler habla de los matrimonios dobles, un proyecto que Hitler tenía en su agenda para cuando finalizara la guerra.

Se trataba de cambiar las leyes matrimoniales y permitir ese tipo de matrimonios. Ese derecho se otorgará, sin anular los matrimonios ya existentes, a quienes se hayan distinguido en el combate. De ellos se puede esperar -afirma el Reichsfürher- que tengan hijos de la mejor calidad humana. Al mismo tiempo se podrán recoger las experiencias de cómo funciona un matrimonio doble y sacar conclusiones antes de tomar la decisión de anular todos los matrimonios y legalizar los matrimonios dobles para todos. Himmler llega a afirmar que hay que anular el modelo actual de matrimonio, que es obra satánica perpetrada por la iglesia católica, puesto que un hombre no puede limitarse a tener una sola esposa a lo largo de una vida entera. En este mismo punto alude el jefe de las SS en alguna ocasión a su programa Lebensborn, una serie de clínicas fundadas por Himmler al objeto de fomentar la raza aria entre mujeres que respondieran a esa condición y tuvieran hijos extramatrimoniales.


Ya en las últimas páginas del libro, cuando quedaba ya menos de un año para la caída del Tercer Reich, a Himmler se le notaba apesadumbrado, pesimista y muy preocupado por la salud de su jefe. Kersten le recomienda que Hitler debería ser internado en un hospital mental, a ser posible en una clínica para tratamientos nerviosos. Es en la conversación que tienen una noche ambos, después de la cena, cuando Himmler da la razón a su médico en algo que va a tener una gran repercusión en la salvación de muchas vidas. El Fürher pretendió el exterminio total de los judíos con la voladura de los campos de concentración, pero la opinión de Karsten pesará en el Reichsfürher para que no se cumpla esa orden y esa última acción de barbarie.

En esa charla habla Himmler de la sangre judía de Hitler, pues tanto su abuela materna como su padre eran medio judíos. El padre se llamaba Alois Hiedler, que paso a apellidarse Hitler, y tuvo tres esposas, con una de las cuales (Clara Pölzl) tuvo a Adolf. La versión de Himmler, según anota el editor, coincide con la de Hans Frank, un abogado cercano a Hitler durante su encarcelamiento en Núremberg después de la primera gran guerra. Cierto que hoy en día la mayoría de los historiadores cuestionan la teoría de la ascendencia judía del Fürher.

El último capítulo de las memorias de Felix Karsten está dedicado a Los campos de la muerte, con el comunicado firmado el 12 de marzo de 1945 por el líder de la SS, en el que se deja constancia del importante papel jugado por su médico:

Por el presente confirmo que he llegado a los siguientes acuerdos con el consejero de medicina Kersten, de Estocolmo:

1. No haré efectiva la orden de hacer volar los campos de concentración con todos los prisioneros cuando se acerquen las tropas aliadas. También se parará inmediatamente la ejecución de prisioneros.

2. Cuando las fuerzas aliadas se acerquen a los campos de concentración, se izarán banderas blancas para garantizar una entrega ordenada a los aliados.

3. Todas las ejecuciones de judíos cesarán y serán prohibidas. Los judíos tendrán el mismo estatus que el resto de los internos.

4. Los campos de concentración no serán evacuados, sino que los internos se quedarán en donde están, y todos los prisioneros recibirán alimentos de Suecia.

Según especifica el editor a pie de página, este es un documento indudablemente histórico que permitió salvar la vida a un total de ochocientas mil personas, entre las que había sesenta y tres mil judíos. El jefe del Archivo del Holocausto Yad Vashem en Israel, el doctor Shamuel Krakoski, confirmó la existencia de este acuerdo entre Heinrich Himmler y Felix Karsten, gracias muy posiblemente a los efectos terapéuticos que las curas del médico procuraron al jefe de las SS y Reichsführer.

*Las confesiones de Himmler. Diario inédito de su médico personal, por Arno Karsten. Ed. Pasado/Presente, Barcelona, 2017
*Artículo publicado en el número de junio (2018) de El viejo topo.

DdA, XIV/3870