sábado, 12 de mayo de 2018

MARIANO JOSÉ DE LARRA Y "LA SONRISA PÉRFIDAMENTE MANSA DE UNA MUJER"


Lazarillo

Es más que aconsejable que quienes visiten la ciudad de Mérida lo hagan con más detenimiento que el habitualmente reservado al impresionante anfiteatro y al circo romanos. Quienes se hayan limitado a eso, por aquello de ceñirse a una visita de urgencia como las que suelen programarse en las excursiones que tratan de ver lo más posible en una gira turística por lo general acelerada, deberán volver a la antigua ciudad extremeña para pasar al menos un par de horas en el magnífico Museo Nacional Romano de Arte Romano, obra del arquitecto Rafale Moneo, inaugurado en 1986. Se trata, en efecto, de un museo joven, con un muestrario expositivo verdaderamente sobresaliente. Tan es así que por el conjunto arqueológico que se puede observar en sus excelentes espacios expositivos, se trata de uno de los edificios catalogados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero más que del museo en sí, que merecería un artículo más desarrollado y minucioso, lo que quiere destacar este Lazarillo hoy, después de una reciente visita a la citada ciudad, es haber observado en uno de los paneles que ilustran la historia de Mérida una frase perteneciente a uno de nuestros más reputados escritores, maestro del artículo periodístico, al que leí con devoto interés en mi adolescencia. Era más que posible cierto que en aquellos lejanos años de mediados los sesenta se me pasara por alto lo que en estos tiempos llama posiblemente la atención a muchos de los que, habiendo sido lectores de Mariano José de Larra, únicamente hoy reparamos en la frasecita, perteneciente a su artículo Las antigüedades de Mérida (1835). De esa cultura venimos, siendo don Mariano un avanzado de su tiempo. "...Y un río, el Guadiana, cuyas aguas son pérfidamente mansas como la sonrisa de una mujer". ¡Hale!

DdA, XIV/3847